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martes, 31 de julio de 2018

La política y la condición humana Nelson Espinal Báez

La política y la condición humana
Nelson Espinal Báez
22 mayo, 2018
¿Podrán ellos darse cuenta de que, si han abrazado como válido el discurso del contrario, sin ningún sonrojo evidente, es muy fácil aceptar aquella parte del contrario que es realmente el discurso nuestro?
NELSON ESPINAL BÁEZ
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Hannah Arendt inicia su libro La condición humana relatando un hecho que en el presente no es nada especial, el lanzamiento de un satélite artificial: “En 1957 se lanzó al espacio un objeto fabricado por el hombre, y durante varias semanas circundó la Tierra, según las mismas leyes de gravitación que hacen girar y mantienen en movimiento a los cuerpos celestes: Sol, Luna, Estrellas”.
Lo que más le sorprendió fue que la reacción frente a ese hecho, que mostraba la capacidad de la ciencia y la tecnología, no fue de orgullo o de temor sino el sentimiento de un deseo cumplido: escapar de la prisión terrena, la alegría de sentirse liberados de tal prisión.
En el fondo el ser humano anhela cambiar las circunstancias de su entorno por una realidad construida para su beneficio y prosperidad. En este empeño es importante la postura que cada ser humano asume al tratar de entender y transformar la realidad que percibe.
La política, que es una herramienta de transformar la realidad, un medio para alcanzar fines, ha sido vista como redención o simplemente como articulación de intereses. Quienes abrazan la primera postura, le llaman idealistas; los que prefieren la segunda, realistas. Ninguno de los dos se equivoca en sus aproximaciones. Pero ambos quedan cortos, parcializados. La frustración de los idealistas es producida por excluir en sus análisis la comprensión objetiva de los realistas. La política se nutre de realidad, decía Juan Bosch.
Por su parte, el abuso de los realistas viene por excluir las posibilidades de cambio y transformación que son aspectos esenciales de un quehacer político transformador e importantes de la mentalidad idealista en su aproximación o comprensión de la realidad. Lo que falta es asumir parte del discurso contrario para complementar y hacer ambas posturas inclusivas y viables.
Realismo e idealismo no son opuestos, sino complementarios. El realismo nos indica qué hacer cada mañana, el idealismo nos recuerda el horizonte al que nos dirigimos cada día.
El realismo es entrar en contacto con la gente, con los hechos. Significa no mentirse ni vivir en un estado de autoengaño. Significa pensar, además de sentir; ser objetivo, además de subjetivo; ser racional, además de intuitivo.
Por su parte, un idealista es el que pone su corazón al servicio de una causa. Es aquel que cree que lo esencial puede ser alcanzado. Es el que no conoce la palabra imposible y siempre piensa en el bien de la humanidad. Para este, el conocimiento solo es útil cuando tiene una función social.
Estos conceptos y visiones nos dan luz sobre lo que ahora ocurre en el ámbito de la educación.
El Ministerio de Educación, que tiene el poder y suele ser el llamado a hacer la política como un medio de articulación de intereses, sin embargo, asume el discurso y levanta la antorcha de redimir la educación, de sacarla de su trance politiquero. Ello es de admiración y aplauso. Mientras el sindicato de profesores ADP, por otra parte, se olvida de la redención, de auspiciar el cambio, y asume el discurso y levanta la antorcha de la articulación de intereses. Esto es desconcertante, pero nada humano nos es ajeno. Ambos sectores han abrazado una postura que es sustentada por la parte menor de su percepción de la realidad, y que constituye el centro de la mentalidad opuesta.
¿Podrán ellos darse cuenta de que, si han abrazado como válido el discurso del contrario, sin ningún sonrojo evidente, es muy fácil aceptar aquella parte del contrario que es realmente el discurso nuestro? Porque lo que está en juego no es la postura con la cual vemos el mundo, sino la posibilidad de implementar una acción de la que resulte un mundo mejor para todos.
Al ministro Navarro y al presidente de la ADP señor Hidalgo, les comparto una expresión que siempre utilizo: “Un buen negociador no es el que se sale con la suya, sino con la nuestra.”
...
Nelson Espinal Báez, Associate MIT- Harvard Public Disputes Program, Universidad de Harvard.
https://nelsonespinalbaez.wordpress.com/2018/05/22/la-politica-y-la-condicion-humana/

lunes, 6 de febrero de 2017

El mundo recurre a Hannah Arendt para explicar a Trump

EL MUNDO

El mundo recurre a Hannah Arendt para explicar a Trump

"1984" de George Orwell no es el único clásico que está celebrando una reaparición. También crece el interés por el ensayo filosófico de Hannah Arendt "Los orígenes del totalitarismo". Aquí, el por qué de su relevancia.
Wissenschaft des Judentums (Leo Baeck Institute)
Hannah Arendt (1906-1975), nacida en Alemania, huyó cuando Adolf Hitler subió al poder en 1933. Pasó un buen tiempo como refugiada apátrida en Francia y fue deportada a un campo de internamiento bajo el régimen de Vichy. En 1941, emigró a Estados Unidos y más tarde se convirtió en ciudadana de este país.
Después de haber experimentado de primera mano el colapso cercano de una civilización avanzada, se convirtió en una de las primeras teóricas políticas en analizar, a principios del siglo XX, cómo podían erigirse movimientos totalitarios. Las raíces del nazismo y el estalinismo se describen en su primer libro importante, "Los orígenes del totalitarismo".
Publicado originalmente en inglés en 1951, este trabajo político denso de más de 500 páginas ha sido desde entonces lectura obligatoria para muchos estudiantes universitarios. Y, aunque no es típicamente un bestseller, ha estado volando en las estanterías de Estados Unidos desde que Trump asumió la presidencia; incluso en Amazon se agotaron brevemente las existencias esta semana.
Estos nuevos fans de Arendt están probablemente tratando de entender lo que podría acarrear la presidencia de Trump. Y como puede tomar un tiempo para que los lectores lleguen a consumir sus pesados ​​ensayos en totalidad, he aquí algunos spoilers: "Trump no es un totalitario, según el punto de vista de Arendt, sino más bien alguien que incorpora lo que ella llama 'elementos' del totalitarismo", explicó, en una reciente entrevista con DW, Roger Berkowitz, profesor que dirige El Centro Hannah Arendt de Política y Humanidades, en el Bard College de Nueva York.
Sin embargo, no debemos ignorar las fuertes señales de advertencia, añadió Berkowitz: Arendt creía que "uno de los elementos centrales del totalitarismo es que está basado en un movimiento (...) y Trump se ha llamado explícitamente a sí mismo portavoz de un movimiento. Esta es una situación muy peligrosa para un político".
Populismo: fácil arreglo en tiempos de ansiedad global
El análisis de Arendt se centra en los acontecimientos de ese período. A pesar de que sus observaciones, obviamente, no pueden explicar todo acerca de los complejos desarrollos políticos de hoy en día, muchos todavía son reveladores. El populismo de derecha que se está extendiendo por Europa y Estados Unidos recuerda de diferentes maneras la situación que permitió erigir regímenes totalitarios nazis y  comunistas, en las décadas de 1920 y 1930.
Sus libros proporcionan una visión de los mecanismos que posibilitan que tantas personas acepten fácilmente las mentiras en tiempos de incertidumbre global. Mientras periódicos importantes –desde The New York Times hasta The Washington Post– están revisando sus escritos, los usuarios de redes sociales comparten ampliamente citas como ésta:
DW News Hannah Arendt Zitate ENG
"En un mundo siempre cambiante e incomprensible, las masas alcanzaron un punto en el que, al mismo tiempo, creían en todo y no creían en nada, pensaban que todo era posible y que nada era cierto."
"Declaraciones fantásticas" vistas como inteligencia táctica
En este contexto, los argumentos repetidos, simplificados y falsos –que culpan a chivos expiatorios y ofrecen soluciones fáciles– son preferidos sobre el análisis más profundo que conduce a opiniones informadas. Este enfoque fue aplicado por líderes totalitarios como Hitler, escribió Arendt. En este sentido, la estrategia de Trump de culpar a los musulmanes o mexicanos por el terrorismo, el crimen o el desempleo, y afirmar que una prohibición de viajar o que un muro serán una solución fácil, no es algo nuevo.
Según escribió Arendt, en "Los orígenes del totalitarismo", los líderes totalitarios a principios del siglo XX basaron su propaganda en esta suposición:
"Uno podía hacer creer a la gente las más fantásticas declaraciones un día y confiar en que, si al día siguiente recibía la prueba irrefutable de su falsedad, esa misma gente se refugiaría en el cinismo. En lugar de abandonar a los líderes que les habían mentido, asegurarían que siempre habían creído que tal declaración era una mentira, y admirarían a los líderes por su superior habilidad táctica."
Trump ha impulsado este enfoque a nuevos extremos; a pesar de que nunca hubo tantos verificadores de hechos dedicados a exponer sus descaradas mentiras, la táctica astuta del presidente es desacreditar estos informes como provenientes de medios "deshonestos". Mientras tanto, las creencias de su movimiento están respaldadas por cada vez más extendidas "fuentes alternativas".
DW News Hannah Arendt Zitate ENG
"Si todo el mundo siempre le miente, la consecuencia no es que usted crea las mentiras, sino más bien que nadie crea ya en nada más".
La "banalidad del mal"
En su informe sobre el juicio de 1961 a uno de los principales organizadores del Holocausto, Adolf Eichmann, Arendt se refirió a la frase "la banalidad del mal" para describir su opinión de que el mal podría no ser tan radical como cabría esperar. El libro resultante, "Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal", explica cómo los crímenes fueron cometidos por personas que obedecieron irreflexivamente órdenes para integrarse a las masas: "Hay una extraña interdependencia entre la irreflexión y el mal", afirma.  
Por supuesto, estas citas tomadas fuera de contexto pueden ser fáciles y reconfortantes para compartir en línea, pero no reflejan la totalidad de las ideas de Arendt. Del mismo modo, aquellos que esperan encontrar todas las respuestas en "Los orígenes del totalitarismo" están destinados a decepcionarse. Arendt no escogió ese título ella misma, sino que su editor lo hizo. Ella creía que el mundo era demasiado complejo y desordenado para señalar las raíces del totalitarismo, según Berkowitz.
Al revisar sus obras, también podemos encontrar consuelo en otra de las observaciones de Arendt, quien consideraba que la desobediencia civil era una parte esencial del sistema político estadounidense. Algo que las fuertes protestas actuales en ese país demuestran de nuevo.
 
 
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Banalidad del mal: el cine honra a Hannah Arendt

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