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miércoles, 13 de septiembre de 2023

Haciendo de tripas corazón en un callejón fiscal __ Por Magín J. Díaz

Haciendo de tripas corazón en un callejón fiscal
__ Por Magín J. Díaz
El Gobierno está haciendo de tripas corazón para mantener un déficit razonable dada la coyuntura. A pesar de esto, los ingresos totales no dan para cubrir los gastos corrientes.

Magín J. Díaz

Por Magín J. Díaz

Cada año se arma tremenda alaraca cuando el Gobierno envía al Congreso un proyecto de modificación presupuestaria. Es lo que ha pasado en estas semanas.

En realidad, este es un trámite normal porque son muchas cosas las que cambian entre el momento en que se formula el Presupuesto Anual (entre julio y septiembre del año anterior) y las condiciones de la economía, las prioridades de gasto o bien las estimaciones de los ingresos del Gobierno en el transcurso del año corriente. Por lo general los Gobiernos envían al menos una modificación presupuestaria durante el año. Pero nada impide que puedan tramitar más, como de hecho ha ocurrido en el pasado.

Veamos algunos puntos que resultan del análisis de este proyecto de modificación presupuestaria:

  1. Es interesante notar que las condiciones macroeconómicas han cambiado mucho desde el año pasado, pero lo que se infiere de los datos contenidos en el proyecto es que se sigue utilizando el mismo marco del presupuesto original. Esto resulta curioso, sobre todo porque el mismo Gobierno actualizó sus estimaciones de crecimiento e inflación el pasado mes de junio y ahora más recientemente en agosto.
  2. Sobre el déficit: este aumenta de 3.0% a 3.2% del PIB. Nada relevante hasta aquí. Pero hay que considerar que la estimación de ingresos incluye adelantos de impuestos por 0.4% del PIB. Si queremos tener una idea del problema estructural de las finanzas públicas, el déficit sin esos adelantos es de 3.6% del PIB.
  3. Y sería aún más alto si se utiliza la estimación más reciente del crecimiento que acaba de publicar el Gobierno.
  4. La estimación de ingresos totales del Gobierno, que incluye adelantos de impuestos, transferencias de instituciones descentralizadas y autónomas; y otros ingresos no tributarios, alcanzaría un nivel de 15.8% del PIB. Este monto podría parecer alto, pero lo importante es analizar en términos relativos y al hacerlo nos damos cuenta de que por cuarto año consecutivo los ingresos totales del Gobierno no van a alcanzar para cubrir los gastos corrientes (que en 2023 se proyectan en 16.2% del PIB). Esto es un legado del COVID.
  5. Se está aumentando el Gasto de Capital de 2.3% a 2.8% del PIB como una forma de ayudar a dinamizar la actividad económica a través de un impulso fiscal.
  6. El gasto total alcanzaría un nivel de 19.0% del PIB. Este monto es superior en más de 1% del PIB al gasto total promedio del periodo 2013-2019.
  7. Lo mismo ocurre con el gasto primario (excluyendo intereses), el cual alcanzaría un nivel cercano al 15.7% del PIB, cifra que también es mayor al promedio observado previo al COVID, en al menos 1% del PIB.

Lo que esto significa es que luego de la COVID y de la crisis internacional de precios de alimentos y energía, nos hemos quedado de manera permanente con un nivel de gasto más alto. Es muy difícil políticamente desmontar todos los programas y subsidios que se dan en medio de una crisis. Algo similar ocurrió luego de la crisis del 2008.

  1. El artículo 11 del proyecto llama la atención. Básicamente el Gobierno (de forma correcta) pide autorización al Congreso para imputar gasto al ejercicio fiscal 2023 que corresponden al año anterior y “cuyo trámite fue interrumpido por el debido cumplimiento de los procesos y regularización de la etapa de cierre del año 2022.” En otras palabras, al momento del cierre presupuestario del año anterior quedó un gasto volando que no fue registrado en 2022 y que ahora el Gobierno quiere registrar este año.
  2. Este presupuesto es compatible con la estabilidad macroeconómica. Que el déficit sea 3.2% del PIB o que llegue en un escenario pesimista a 4.0% (como plantea un informe reciente del Bank of America) no implica un problema para la economía dominicana en el corto plazo. Simplemente el Gobierno tendría que buscar más financiamiento. Y tiene la credibilidad para hacerlo.
  3. Pero lo que sí refleja es el problema estructural: el Gobierno está haciendo de tripas corazón para mantener un déficit razonable dada la coyuntura. A pesar de esto, los ingresos totales no dan para cubrir los gastos corrientes. El Gasto público ahora es más alto que antes y está claro que no va a bajar a pesar de todo el esfuerzo que se hace para eficientizarlo y evitar el dispendio.

En palabras del presidente: “Hemos ahorrado y arañado para hacer las obras que necesita el pueblo.” Estamos en un callejón fiscal cuya única salida será…

https://acento.com.do/opinion/haciendo-de-tripas-corazon-en-un-callejon-fiscal-9244236.html
Magín J. Díaz 


lunes, 29 de mayo de 2017

El riesgo de una carrera hacia abajo - Por Pavel Isa Contreras @IsaPavel ‏


El riesgo de una carrera hacia abajo

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(Fuente Externa)
En los últimos meses, el ímpetu de la derecha antiglobalización ha amainado al calor de varias derrotas importantes. El triunfo electoral de Emmanuel Macron en Francia frente a Marie Le Pen del Frente Nacional fue el último revés. Hace algunas semanas lo fue el resultado electoral adverso para esa ala en las elecciones en Países Bajos.

En Estados Unidos, el impulso proteccionista también ha perdido mucha energía. En este momento, hay un evidente repliegue de ese discurso y los bramidos del Presidente Trump se han venido apagando al calor de realidades productivas e institucionales que han hecho evidente las dificultades que éste enfrenta para transitar por un camino como ese, aunque también por los terribles problemas políticos a los que Trump se viene enfrentando.

La renegociación del NAFTA

Es cierto que la semana pasada Trump notificó formalmente al Congreso de su país el propósito de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, o NAFTA por sus siglas en inglés) del cual forma parte junto a México y Canadá. Aunque la lectura superficial de la información sugeriría que Donald Trump avanza en su agenda antiglobalizadora, un repaso más detenido apunta más bien a lo contrario. La misiva del Presidente al Congreso de Estados Unidos no habla de “corregir” sino de modernizar, en referencia a la necesidad de incorporar un conjunto de temas que han venido emergiendo a lo largo de este casi cuarto de siglo de vigencia del acuerdo, y que pueden ameritar un tratamiento normativo en los acuerdos comerciales.

Esos temas son precisamente algunos de los más innovadores que aparecen en la propuesta del Tratado Trans-Pacífico, del que Trump hizo renegar a Estados Unidos en noviembre pasado. Los más destacados son el comercio electrónico, las políticas de competencia, el comportamiento de las empresas estatales, las pequeñas y medianas empresas, temas vinculados al desarrollo y el fomento a un crecimiento de base amplia, medidas a favor de la transparencia y la lucha contra la corrupción, y la actualización de las disposiciones en materia laboral y medioambiental. Se trata de un acuerdo de nueva generación que amplía el espectro de temas sujetos a normativas y que apunta a profundizar la transnacionalización de la economía, de la política económica y de las políticas públicas en general, sujetando aún más su ejercicio a acuerdos supranacionales.
En la negociación es posible que Estados Unidos logre sacar algunas concesiones de sus socios, especialmente de México, quizás en el ámbito del comercio automotriz y otras manufacturas, buscando que Trump pueda tener algún “trofeo” que mostrar a nivel político. Pero difícilmente habrá un giro drástico en la política comercial o algún cambio importante que, desde ese ámbito modifique los densos tejidos económicos transnacionales tejidos a lo largo de las últimas décadas.

Los cambios necesarios

A pesar de eso, la presión política sobre la nueva arquitectura económica global se prolongará porque los excluidos de ella continuarán siéndolo, a menos que se empiecen a hacer las cosas de otra manera, y que la protección social, la educación y la salud pública, la vivienda, y el fortalecimiento de las habilidades laborales de las personas y sus capacidades para aprender e innovar se conviertan en temas de altísima prioridad pública. Son esas las políticas las que habilitan a las personas para adaptarse y responder a los desafíos de un entorno cambiante.

También es importante preservar espacios de política a nivel nacional. La integración económica internacional no sólo es una realidad concreta sino que también puede ser una fuente para un bienestar amplio. Los acuerdos económicos internacionales le dan certidumbre a esas relaciones y proveen un marco normativo que contribuye a evitar la discrecionalidad y el abuso de poder por parte de los países más grandes y poderosos. Pero cuando esos acuerdos arrebatan a los países de instrumentos críticos para promover la transformación productiva y la equidad, se convierten en trampas que comprometen el desarrollo. Por eso, si hablamos de reformar los acuerdos comerciales internacionales, hay que pensar principalmente en eso, en especial para los países de menor ingreso cuyas capacidades productivas continúan siendo muy bajas e incapaces de proveer una base material mínima para el bienestar amplio.

El peligro: la carrera hacia abajo

En ambos casos, se trata de reformas de largo plazo. Mientras tanto, difícilmente Trump se quedará tranquilo. Buscará alcanzar victorias más contundentes en materia de industria y empleo para evitar que sus bases de apoyo continúen erosionándose. Y la forma más inmediata de lograrlo es impulsando un drástico recorte impositivo y tratamientos tributarios excepcionales para las corporaciones que trasladen sus operaciones manufactureras a Estados Unidos.

Este es probablemente uno de los riesgos más grandes en este momento, porque una movida de ese tipo puede desatar una “carrera hacia abajo”. A fin de evitar la fuga de empresas desde sus territorios hacia Estados Unidos, muchos países podrían hacer lo mismo, o podrían sentirse tentados a proveer subsidios o incentivos adicionales en los casos donde ya no hay más impuestos por recortar. El riesgo es particularmente elevado para países como México, los de Centroamérica y la República Dominicana en los que la Inversión Extranjera Directa (IED) en manufacturas que se origina en Estados Unidos es la de mayor peso.

Un escenario como este arrastraría a no pocos países a una corrida que debilitaría aún más las bases fiscales sin que se generen nuevos beneficios porque lo único que haría sería tratar de contener la huida. Las claras ganadoras serían las corporaciones, aquellas que se muevan y aquellas que no, porque verían mejorar sus estados financieros gracias a los subsidios públicos. Otros resultados, incluyendo el de los empleos, serían inciertos. Estados Unidos apostaría a crear empleos manufactureros en su territorio recortando impuestos, pero si el resto de los países responde haciendo lo mismo u otorgando subsidios, puede que no pase mucho, más que la transferencia de dinero público hacia esas corporaciones.

Las desastrosas implicaciones fiscales se podrían traducir en más deuda pública y tasas de interés más elevadas, recortes de empleos y servicios públicos, y menor dotación de infraestructura pública. En pocas palabras, menos servicios económicos, y menos protección y servicios para la gente, a quienes la política supuestamente quería apoyar en primer lugar.

Fuimos testigos de algo como eso en los ochenta y noventa cuando, en su afán por atraer inversiones y capear la crisis de los productos primarios de exportación, muchos gobiernos de países en desarrollo (e incluso de países ricos) introdujeron generosos esquemas fiscales como los de zonas francas. Aunque en varios casos contribuyó a salir del bache, estos esquemas han dejado atrapadas a muchas economías, liberando a amplios sectores económicos de las obligaciones tributarias, contrayendo las bases fiscales y haciendo a los Estados más pobres.
El de la “carrera hacia abajo” es el peor de los mundos porque deja a todo el mundo peor que como inició. Hay que resistirse a caer en esa trampa. Hay alternativas, pero eso ameritaría otro espacio. 

http://www.elcaribe.com.do/2017/05/27/riesgo-una-carrera-hacia-abajo

jueves, 5 de febrero de 2015

La Nueva Fiscalidad - porc

AM.|05 FEB 2015, 12:00 AM|POR INÉS AIZPUN
Guarocuya Félix tiene razón. Aquí, los partidos políticos disputan el control del mercado de trabajo. No es otro el objetivo. El problema, pues, no es político o institucional. El problema es el desempleo.
Pero como el clientelismo no es la solución, sino que agrava el problema, tendremos que empujar a los partidos a desmontar ese cáncer que hasta "justifica" que se combata la pobreza a base de inflar la nómina pública.
Habla Félix de una Nueva Fiscalidad, un objetivo superior a una subida o una reestructuración del sistema impostivo. Pero el país es pequeño y entre los que evaden impuestos cobrando en sus consultorios en efectivo, pasando por los que evaden desde el poder hasta los que sencillamente no tienen cómo pagar nada... los "Nuevos Fiscalizados" siempre serán el puñado de "elegidos".
El crecimiento no se redistribuye. El poder adquisitivo se ha deteriorado. La clase media, la que cuando crece es el síntoma del desarrollo nacional, mengua. La clase política se enriquece. Ese poder económico que detenta la clase política nos va a costar la posibilidad de alcanzar el equilibrio social.
Guarocuya tiene razón: hay que buscar soluciones rápidas. Eliminar el anticipo para que las pequeñas empresas puedan arrancar. Evitar ahogar a las grandes para que no pierdan competitividad y cierren o reduzcan personal. Dejar discusiones estériles. Combatir la evasión cada vez más eficazmente.
Ideas hay, pero otra vez, estamos en elecciones...

IAizpun@diariolibre.com 

http://www.diariolibre.com/opinion/2015/02/05/i999591_nueva-fiscalidad.html