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lunes, 24 de septiembre de 2018

Sobre derechos del PRSC, Caram escribe a la Defensora del Pueblo | @GuillermoCaram

Santo Domingo, 18 de septiembre de 2018
Doctora,
Zoila Martínez Guante,
Defensora del Pueblo,
Su Despacho.-
Distinguida Dra. Martínez Guante:
El artículo 191 de la Constitución establece entre las funciones esenciales del Defensor del Pueblo la de “contribuir a salvaguardar los derechos fundamentales de las personas y los intereses colectivos...establecidos en esta Constitución y las leyes, en caso de que sean violados por ...particulares que afecten intereses colectivos”.

Amparados en sus funciones constitucionales y en su reconocida labor conciliatoria entre los ciudadanos, me dirijo a Usted, como Defensora del Pueblo, como Doña Zoila y como nuestra amiga de antaño, para solicitarle que interponga sus buenos oficios de intermediación neutral para que sean salvaguardados los derechos de un amplio segmento de ciudadanos reformistas, que actualmente estamos impedidos de contribuir a velar por los intereses de la nación, a causa de los conflictos internos que se están escenificando en el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) provocados por pugnas intestinas a irracionales entre distintos grupos.
El artículo 39 numeral 3 de nuestra Carta Magna establece que “el Estado debe promover las condiciones jurídicas y administrativas” para que los derechos fundamentales como en este caso los civiles y políticos se cumplan, estando obligado a adoptar las “medidas para prevenir y combatir…la exclusión” que sentimos los reformistas al no poder incidir debidamente en los destinos nacionales por la inoperatividad que afecta a nuestro partido político.
La mayoría de los reformistas y nosotros que buscamos de su intermediación, intentamos cumplir con nuestro deber ciudadano y patriótico de “velar por el fortalecimiento y la calidad de la democracia” (Art. 75.12 de la Constitución). Deber que hemos optado, desde hace décadas, por cumplirlo a través de un partido históricamente valioso y nacionalista como el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) el cual, al igual que todo partido, se encuentra amparado y protegido por el artículo 216 de la Carta Magna.
Durante los últimos años el PRSC ha venido sufriendo por conflictos internos que están afectando, no sólo al partido mismo, sino también a toda la nación. Esto impide que los reformistas podamos cumplir con nuestros deberes constitucionales, al tiempo que se conculcan nuestros derechos de participar y contribuir debidamente en el diseño e implementación de políticas públicas que contribuyan al interés nacional, bienestar y desarrollo integral.
Muchos de los conflictos que están destruyendo nuestra organización política se han llevado al Tribunal Superior Electoral (TSE). Pero la experiencia de años ha sido que los dictámenes de esa alta corte lo único que han logrado es profundizar las guerras internas, el caos y las heridas entre los miembros de nuestra familia política.
Ante cada sentencia razonable del TSE, las pugnas, en lugar de disiparse, se recrudecen y emanan con mayor fuerza; situación que es tomada por particulares que controlan segmentos institucionales del reformismo para no ejercer las responsabilidades que la Constitución establece a los partidos y para impedir que los reformistas ejerzamos nuestros derechos de garantizar la salvaguarda de las conquistas sociales y políticas consagrados en nuestra constitución.
En otras palabras, no han bastado ni parece que bastaran dictámenes judiciales para hacer valer los derechos de los reformistas, segmento de la población que en algún momento llegó a superar la cuarta parte de los electores nacionales.
En consecuencia, entendemos que se necesita recurrir a otras opciones e instituciones de garantía de derechos que nos ofrece el mismo Estado dominicano. La mejor de esas opciones ya han dejado de ser los jueces y sus sentencias. Ahora es el Defensor del Pueblo y su creciente prestigio institucional como ente neutral conciliador.
Doña Zoila, es por lo antes dicho que reiteramos nuestra intención de solicitarle que, en la medida de sus posibilidades y de su equipo de profesionales, desarrolle una labor conciliatoria entre las autoridades y los distintos sectores de la familia reformista, a fin de detener la progresiva destrucción del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), una de las más importantes expresiones políticas históricas del pueblo dominicano.
...
Muy atentamente,
.....
Ing. Guillermo Caram Herrera
Vicepresidente del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC)
Ex Gobernador del Banco Central

lunes, 27 de noviembre de 2017

Elecciones en Cuba o farsa continuista? | América Latina

¿Elecciones en Cuba o farsa continuista?

 | América Latina | DW | 24.11.2017
En Cuba, el número de ciudadanos que no van a las urnas, votan en blanco o anulan la boleta electoral ha ido aumentando en la última década. Nada apunta a que esa tendencia vaya a cambiar en los comicios de este domingo.
Kuba Wahlen Volkskongress 2013 Havanna (AFP/Getty Images)
Un cubano vota en los comicios de 2013. (Archivo)
Cuba avanza en el proceso electoral que debe culminar en febrero de 2018, con el anunciado retiro de Raúl Castro y su posible sustitución por Miguel Díaz-Canel, elegido vicepresidente en los comicios de 2013. Y aunque para muchos se trata de una farsa, las elecciones que se realizarán en toda la isla el 26 de noviembre ofrecen legitimidad a la complicada estructura electoral dirigida desde las oficinas del Partido Comunista de Cuba, única fuerza política permitida por el Artículo 5 de la actual Constitución Cubana.
Ese proceso electoral coincide "casualmente" con una serie de homenajes que el Gobierno organiza entre el 25 y el 30 de noviembre a nivel nacional para "ratificar el legado” de Fidel Castro, a un año de su muerte.
Un total de 6.746.867 personas (78,35 por ciento del padrón electoral) realizaron el proceso de nominación de los más de 60.800 candidatos a delegados a las asambleas municipales del Poder Popular, de cara a estas elecciones; un complicado proceso que es necesario explicar.
Kuba Trauerfeier Fidel Castro (Getty Images/AFP/J. Barreto)
En Cuba está por conmemorarse el primer aniversario de la muerte de Fidel Castro.
El engranaje “democrático” de Cuba
La etapa electoral en Cuba se inicia cuando el Consejo de Estado (integrado por las más altas figuras del Partido Comunista) designa "a dedo" la Comisión Electoral Nacional con representantes de las organizaciones de masas: la Central de Trabajadores de Cuba, los Comités de Defensa de la Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas, la Asociación de Agricultores Pequeños, la Federación Estudiantil Universitaria y la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media, como se sabe, todas creadas y financiadas por el Partido Comunista.
La Comisión Electoral Nacional crea las Comisiones Electorales Provinciales (15) y Municipales (168). Cada Comisión Electoral forma un grupo de trabajo que fiscalizará todo el proceso de elección de candidatos: la Comisión de Candidatura (una Comisión Nacional, 15 Comisiones Provinciales y 168 Comisiones Municipales). Las Comisiones Municipales son las encargadas de convocar las Asambleas de Nominación de Candidatos.
Kubanischer Präsident Raul Castro (Reuters/C. Barria)
Raúl Castro sigue siendo el “hombre fuerte” de La Habana.
El momento en que el proceso se corrompe
En estas Asambleas, que se celebran en los barrios, los candidatos son nominados, unos por las organizaciones de masas y otros por el pueblo. Luego de ser analizados por la correspondiente Comisión de Candidatura Municipal, esos candidatos integran las Asambleas Municipales del Poder Popular. Se supone que estas Comisiones Municipales son las grandes protagonistas "democráticas", pues son ellas las que proponen los candidatos que integrarán las Asambleas Provinciales y de la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento). Pero llegado este momento, el proceso "democrático" se corrompe totalmente: las Comisiones Municipales sólo pueden proponer el 50 por ciento de los candidatos; la otra mitad de cada Asamblea Provincial y de la Asamblea Nacional es designada discrecionalmente a partir de propuestas de las organizaciones de masas a nivel provincial y nacional.
El pueblo cubano tendrá que votar entonces, pero no en un proceso de elección, sino de "ratificación" de delegados (parlamentarios) provinciales y nacionales. No vota nunca directamente por quiénes dirigirán, sino por quiénes lo representarán, pues los cargos directivos en ambos niveles (provinciales y nacional) son propuestos por las Comisiones de Candidatura en una reunión donde sólo participan los delegados ratificados en las llamadas elecciones generales. Finalmente, en el marco de un proceso que debe consumarse en 2018, los cargos más altos del país serán propuestos a la Asamblea Nacional del Poder Popular por la Comisión de Candidatos Nacional, y hasta la fecha siempre se ha elegido esos cargos a partir del 50 por ciento que ha propuesto previamente esa Comisión, es decir, candidatos que no han sido seleccionados por el pueblo. Así son elegidos tanto los miembros y la presidencia del Consejo de Estado como el presidente y el vicepresidente del país.
La voz de la oposición
Aprovechando la única grieta de este proceso que permite una real votación popular: la nominación de candidatos en las asambleas de los barrios, seis agrupaciones opositoras, encabezados por los proyectos "Candidatos por el Cambio" y "#Otro18", se propusieron participar en los comicios este año. Pero a inicios del proceso, el vicepresidente Miguel Díaz-Canel advirtió en una conferencia que a "los contrarrevolucionarios” no se les daría la menor oportunidad de ser elegidos. Y así sucedió: a todos, sin distinción, se les impidió asistir a las asambleas de nominación, fueron difamados, acosados, amenazados y algunos incluso puestos en prisión por la policía política.
Eso ayuda a comprender por qué, en la última década, el número de ciudadanos que no van a las urnas, votan en blanco o anulan la boleta electoral ha ido aumentando. Y nada apunta a que esa tendencia vaya a cambiar en los comicios de este domingo (26.11.2017).
Amir Valle (ERC)

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domingo, 16 de octubre de 2016

La paz posible MARIO VARGAS LLOSA

Puntos de vista domingo, 16 de octubre de 2016
La paz posible
MARIO VARGAS LLOSA
Algo mareados por los fastos de la espectacular movilización con que se celebró la firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno colombiano y las FARC, los partidarios del “Sí” nos llevamos una mayúscula sorpresa cuando, desmintiendo todos los sondeos, el “No” se impuso en el plebiscito. Lo más desconcertante de aquella consulta no han sido los pocos miles de votos que derrotaron a quienes estaban a favor, sino el casi 63% de electores que se abstuvieron de ir a votar.
Conviene hacer un esfuerzo y juzgar aquel resultado con la cabeza fría. Es evidente que no hay ni puede haber tres cuartas partes de Colombia a favor de esa guerra que, desde hace más de medio siglo, causa estragos en el país, con los millares de muertos y heridos, los secuestrados y chantajeados, el terrorismo, el obstáculo que significa para la vida económica las vastas regiones paralizadas por las acciones armadas,  la inseguridad reinante y la letal alianza de la guerrilla y el narcotráfico  fuente de copiosa corrupción institucional y social.  El voto negativo y la abstención no  implican un rechazo a la paz; manifiestan un escepticismo profundo frente a la naturaleza del acuerdo firmado en el que, con razón o sin ella, una gran mayoría de colombianos ve a las FARC como la gran triunfadora de la negociación y beneficiaria de concesiones que le parecen desmedidas e injustas.
No tiene sentido discutir si esta opinión sobre el tratado de paz es justa o injusta, porque los defensores de una u otra alternativa jamás se pondrán de acuerdo al respecto. En una democracia una mayoría puede acertar o equivocarse y el veredicto de una consulta electoral, si es legítimo, hay que aceptarlo, nos guste o nos disguste; en ello reside la esencia misma de la cultura democrática.
 ¿Significa esto que la guerra debe inevitablemente regresar a Colombia? En absoluto. Las reacciones tanto del Gobierno como de las propias FARC indican que ni uno ni otro lo creen así. Por su parte, los propios líderes de los partidos que promovieron el “No” -los ex Presidentes Uribe y Pastrana- insisten en que su oposición al Acuerdo no lo era a la paz, sino a una paz injusta, por lo que estimaban concesiones excesivas a la guerrilla sobre todo en lo concerniente a la impunidad para los autores de delitos de sangre y los “crímenes contra la humanidad”  así como los privilegios que obtenían las FARC en su mutación de movimiento subversivo a fuerza política legal. Esto significa que queda siempre una oportunidad para la paz; basta que prevalezca en ambas partes cierto espíritu pragmático y una pizca de buena voluntad.
A mí, en medio de la desazón que me produjo el resultado del plebiscito, me levantó algo el ánimo -más todavía que las palabras alentadoras con las que Timochenko comentó el resultado de la votación- ver a los jefes guerrilleros, en La Habana, con sus impecables guayaberas, sus puros entre los dedos y, acaso, los vasos de ron al alcance de la mano, siguiendo expectantes el recuento del escrutinio. No era ese el espectáculo de combatientes nostálgicos de la dura y sacrificada vida del monte y la intemperie, sino la de un grupo de hombres envejecidos y cansados, acaso conscientes en el fondo de sus corazones (aunque nunca lo reconocerían) que aquello que representan está ya fuera del tiempo y de la historia, condenado irremisiblemente a desaparecer. Si no fuera así, no hubiera habido Acuerdo de Paz. Y puede volver a haberlo, a condición de que las partes saquen las conclusiones adecuadas de la consulta democrática que acaba de ocurrir.
La primera de ellas es que la popularidad de las FARC, que en algunos momentos del medio siglo transcurrido llegó a ser alta, ha caído en picada y que una clara mayoría del pueblo colombiano no cree ya en lo que hacen ni en lo que dicen. Y  que su aspiración máxima es que no sólo se vayan de las montañas y la selva sino también de la vida política. Eso significa que a los antiguos guerrilleros les costará muchos esfuerzos y una entrega real al quehacer político pacífico para recuperar un papel importante en la Colombia del futuro.
Los partidarios del “No”, ganadores del plebiscito, no deben dejar que los obnubile la victoria y demostrar con hechos que, efectivamente, quieren la paz. Una paz mejor que la que proponía el Acuerdo, pero la paz, no de nuevo la guerra. Eso implica negociar, hacer y conseguir concesiones del adversario, algo perfectamente realista, a condición de que no confundan el triunfo del “No” con unas FARC derrotadas a las que se puede humillar e imponer toda clase de exigencias.
Será difícil llegar a ese nuevo acuerdo, pero no es imposible. No todavía. Lo han conseguido en Centroamérica y en Irlanda del Norte, donde quienes se entremataban con ferocidad sin igual  hace pocos años, hoy coexisten y, mal que mal, se aclimatan a la democracia.  Lo importante es ser conscientes de que la vieja idea-fuerza, que en los años sesenta y setenta movilizó a tantos jóvenes, que la justicia social está en los fusiles y las pistolas, es ahora letra definitivamente muerta. Quienes murieron fascinados por esa ilusión mesiánica no contribuyeron un ápice a disminuir la pobreza y las desigualdades y sólo sirvieron de pretexto para que se entronizaran atroces dictaduras militares, murieran millares de inocentes, y se retrasara todavía más la lucha contra el subdesarrollo. En América Latina ha ido renaciendo, en medio de ese aquelarre de revoluciones y contrarrevoluciones, la idea de que, a fin de cuentas, la democracia  es el único sistema que trae progreso de verdad, ataja la violencia y crea unas condiciones de coexistencia pacífica que permiten ir dando solución a los problemas. Es menos vistoso y espectacular de lo que quisieran los impacientes justicieros, pero, juzgando con los pies bien asentados sobre la tierra, ¿cuáles son los modelos revolucionarios exitosos? ¿La trágica y letárgica Cuba, de la que millones de cubanos siguen tratando de escapar, cueste lo que les cueste? ¿La destrozada Venezuela, que se muere literalmente de hambre, sin medicinas, sin trabajo, sin luz, sin esperanzas, secuestrada por una pequeña pandilla de demagogos y  narcotraficantes?
Los partidarios del “No” que agitaban el espectro de una Colombia que podría volverse “castrochavista” si ganaba el “Sí”, sabían muy bien que no era cierto.  Si en algún momento “el socialismo del siglo XXI” ejerció alguna influencia en América Latina, aquello ya quedó muy atrás y, dado el estado calamitoso adonde ha llevado a Venezuela, el chavismo se ha convertido más bien en el ejemplo luminoso de lo que no hay que hacer si se quiere vivir con paz y libertad y progresar. 
Colombia ha seguido siendo una democracia en el medio siglo y pico que ha durado la guerrilla y eso es ya un extraordinario mérito. Un esfuerzo más, de todos, para que la paz sea posible.
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