lunes, 4 de mayo de 2026

Gobierno dispone mesa permanente con transportistas para mitigar alza de combustibles y evitar aumentos en el pasaje en beneficio de los dominicanos

Gobierno dispone mesa permanente con transportistas para mitigar alza de combustibles y evitar aumentos en el pasaje en beneficio de los dominicanos

_El ministro de Industria, Comercio y MiPymes, Eduardo Sanz Lovatón informa que, para sostener estas medidas, se estima una inversión adicional cercana a los RD$800 millones de pesos, con el propósito de proteger la economía de las familias dominicanas y mantener la estabilidad del servicio de transporte a nivel nacional_

Santo Domingo, R.D., 4 de mayo de 2026.- El presidente Luis Abinader encabezó este lunes una reunión con representantes del sector transporte, en la que el ministro de Industria, Comercio y Mipymes, Eduardo Sanz Lovatón, anunció la creación de una mesa de trabajo permanente y aseguró que se trabajará “minuto a minuto y día a día” para mitigar el impacto del alza en los combustibles y evitar incrementos en el costo del pasaje en beneficio de los dominicanos.
Tras concluir una reunión con gremios del transporte celebrada en el Salón Verde del Palacio Nacional, el ministro Sanz Lovatón acompañado del ministro de la Presidencia, José Ignacio Paliza, informó que, para sostener estas medidas y garantizar que las alzas en los carburantes no sean transferidas a la población, las autoridades estiman una inversión adicional cercana a los RD$800 millones de pesos, equivalentes al 15%, con el propósito de proteger la economía de las familias dominicanas y mantener la estabilidad del servicio de transporte a nivel nacional.
El ministro de Industria, Comercio y MiPymes calificó el encuentro como un diálogo “constructivo y fructífero” entre el Gobierno y los principales representantes del sector transporte.

 Asimismo, explicó que, durante la reunión, se evaluó el comportamiento reciente de los precios de los combustibles, así como el impacto que esto podría generar en las operaciones del transporte público y en el bolsillo de los ciudadanos.  En ese sentido, indicó que el Gobierno decidió reforzar los mecanismos de apoyo económico al sector para evitar aumentos en el pasaje y garantizar que los usuarios continúen recibiendo el servicio sin mayores cargas económicas.
Sanz Lovatón destacó que el presidente Abinader ha dado instrucciones precisas para mantener un canal de comunicación abierto y permanente con las organizaciones del transporte, a fin de monitorear de cerca la evolución de la situación y adoptar medidas oportunas que permitan preservar la estabilidad del sector.
Asimismo, explicó que la mesa de trabajo permanente acordada durante el encuentro servirá para dar seguimiento continuo a los compromisos asumidos entre ambas partes, así como para discutir alternativas orientadas a enfrentar los desafíos derivados del comportamiento de los mercados internacionales de los combustibles.
El ministro señaló que el Gobierno continuará evaluando distintas acciones de apoyo y mecanismos de compensación económica que contribuyan a mantener la estabilidad del transporte público y evitar que cualquier variación en los precios de los carburantes impacte directamente a los usuarios.
En el encuentro participaron Ricardo de los Santos, presidente de Fenatrado; Antonio Marte y Jean Carlo Marte, de Conatra; Juan Hubieres y Antonio Brito, de Fenatrano; Santiago Zamora, presidente de CODOTATUR y de la Federación Regional de Trabajadores y Transporte del municipio Boca Chica; William Pérez Figuereo, presidente de CNTU; Alfredo Pulinario Mariot, presidente de Mochotran; Arsenio Quevedo y Yovanni Valenzuela, de UNATRAFIN; Reynaldo Pérez Sánchez, presidente de UNET; Eddy Francisco Sánchez, presidente de FENATRAPEGO; Oscar Domínguez, presidente de FENTRAUNI; Gervasio de la Rosa, presidente de FENATRARRENO; Nazario de los Santos Reyes y Antonio del Carmen Bera, de la Federación El Progreso; Mario Díaz, presidente de FENATTRANSC, y Pedro Gómez, presidente de FENACHO, entre otros dirigentes./

🚍🇩🇴 Gobierno dispone mesa permanente con transportistas para mitigar el alza de combustibles y evitar aumentos en el pasaje en beneficio de los dominicanos. 

💬 El ministro de Industria, Comercio y MiPymes, Eduardo Sanz Lovatón, informó que se estima una inversión adicional cercana a RD$800 millones, destinada a proteger la economía de las familias y garantizar la estabilidad del transporte público. 

👥 En el encuentro encabezado por el presidente Luis Abinader, se acordó trabajar “minuto a minuto y día a día” junto a los gremios del transporte, reforzando los mecanismos de apoyo económico para que las alzas internacionales no impacten directamente en los usuarios. 
@luisabinader @SanzLovaton @JosePaliza
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Opinión 
Gobierno dispone mesa permanente con transportistas para mitigar alza de combustibles y evitar aumentos en el pasaje en beneficio de los dominicanos

El anuncio de una mesa de trabajo permanente y un aporte extraordinario cercano a los RD$800 millones para sostener el transporte público es una medida de alivio inmediato; ahora corresponde convertir la emergencia en oportunidad para modernizar, transparentar y hacer sostenible el sistema de movilidad del país.

La decisión del Gobierno de establecer una mesa permanente de diálogo con los gremios del transporte y de destinar recursos adicionales para evitar que las alzas internacionales en los combustibles se traduzcan en aumentos del pasaje es, en términos prácticos, una respuesta responsable ante una presión que golpea con fuerza el bolsillo de las familias dominicanas. En un país donde el transporte público es el nervio que conecta hogares con trabajo, escuela y servicios, cualquier incremento en el costo del pasaje tiene efectos multiplicadores sobre la economía doméstica y sobre la capacidad de movilidad de los sectores más vulnerables. Por eso, la medida anunciada —y la promesa de seguimiento “minuto a minuto y día a día”— merece reconocimiento, pero también exige una lectura crítica y propositiva sobre lo que debe venir después del alivio inmediato.

Primero, es justo valorar que el Ejecutivo haya optado por priorizar la protección del usuario final. Evitar que la volatilidad de los precios internacionales se traslade de forma automática al pasaje es una política social que atenúa la inflación de bolsillo y preserva la capacidad de consumo de millones de dominicanos. Los RD$800 millones anunciados, si se administran con eficiencia y transparencia, pueden ser la diferencia entre que una familia llegue a fin de mes con menos apuros o que vea recortadas sus opciones de movilidad. Además, la creación de una mesa permanente institucionaliza el diálogo y reduce la improvisación: cuando las decisiones se toman en espacios de negociación continuos, hay más posibilidades de anticipar problemas y coordinar soluciones.

Sin embargo, el alivio temporal no puede convertirse en una excusa para postergar reformas estructurales que el sector transporte necesita con urgencia. El subsidio o la compensación puntual son válidos en contextos de crisis, pero no resuelven problemas de fondo: la ineficiencia operativa, la antigüedad de la flota, la falta de incentivos para la renovación vehicular, la evasión de tarifas, la ausencia de sistemas de gestión y control, y la débil articulación entre políticas de movilidad y planificación urbana. Si el Estado asume recurrentemente el costo de estabilizar el pasaje sin exigir contrapartidas claras y verificables, corre el riesgo de perpetuar un modelo que depende de transferencias públicas y no de una modernización que mejore la calidad del servicio y reduzca costos a mediano plazo.

La mesa de trabajo debe, por tanto, tener una agenda amplia y ambiciosa. Más allá de monitorear precios y acordar compensaciones, ese espacio debe impulsar un plan de transición hacia un transporte público más eficiente, seguro y sostenible. Entre las prioridades debería figurar la creación de incentivos para la renovación de la flota por vehículos menos contaminantes y más eficientes en consumo; la implementación de mecanismos de control de ingresos y de cumplimiento tarifario; la profesionalización de la gestión de las empresas y cooperativas; y la promoción de modelos de financiamiento que permitan a los transportistas invertir sin depender exclusivamente de subsidios estatales. También es imprescindible incorporar criterios de equidad: las compensaciones deben priorizar a las rutas y operadores que atienden a las comunidades más vulnerables y que, por su naturaleza, no pueden trasladar aumentos a los usuarios.

La transparencia será la prueba de fuego de este esfuerzo. Cuando se anuncian recursos públicos extraordinarios, la ciudadanía tiene derecho a saber cómo se distribuyen, bajo qué criterios y con qué resultados. La mesa permanente debe publicar acuerdos, criterios de asignación, montos desembolsados y mecanismos de verificación. Además, es razonable exigir auditorías independientes y la participación de representantes de la sociedad civil y de usuarios en los procesos de seguimiento. La confianza pública se construye con información y rendición de cuentas; sin ellas, cualquier medida, por acertada que sea en su intención, puede perder legitimidad.

Otro aspecto que merece atención es la coordinación interinstitucional. El transporte no es solo un asunto del Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes; involucra a la Presidencia, a los ministerios de Obras Públicas, Medio Ambiente, Hacienda y a los gobiernos locales. La mesa debe articular políticas fiscales, ambientales y urbanas que permitan soluciones integrales: por ejemplo, incentivos fiscales para la renovación de flotas, programas de financiamiento con tasas preferenciales, y proyectos de infraestructura que reduzcan tiempos de viaje y costos operativos. Asimismo, la política de subsidios debe diseñarse de manera que no distorsione la competencia ni favorezca prácticas opacas.

No podemos obviar la dimensión ambiental. La dependencia de combustibles fósiles hace al sistema de transporte vulnerable a choques externos y contribuye a la contaminación urbana. La inversión pública que hoy se destina a mitigar el impacto del alza de combustibles podría orientarse también a acelerar la adopción de tecnologías limpias, como vehículos eléctricos o híbridos, y a desarrollar infraestructura de apoyo, como estaciones de carga. Ese giro no solo reduce la exposición a la volatilidad internacional, sino que mejora la calidad del aire y la salud pública.

Finalmente, la mesa permanente es una oportunidad para repensar el rol del usuario. Los ciudadanos deben ser más que beneficiarios pasivos; deben participar activamente en la definición de prioridades, en la evaluación del servicio y en la fiscalización de los recursos. Un transporte público de calidad se construye con la voz de quienes lo usan a diario. Escuchar a los usuarios permitirá identificar problemas reales, desde la frecuencia de las rutas hasta la seguridad en paradas y terminales.

El anuncio del presidente y del ministro Sanz Lovatón es, en suma, una medida necesaria y oportuna. Protege a las familias en el corto plazo y abre la puerta a un diálogo sostenido con los gremios del transporte. Pero para que ese esfuerzo rinda frutos duraderos, la mesa debe trascender la gestión de crisis y convertirse en el motor de una transformación estructural: modernización de la flota, transparencia en el uso de recursos, incentivos para la sostenibilidad ambiental, coordinación interinstitucional y participación ciudadana. Si se logra eso, los RD$800 millones no serán solo un parche temporal, sino la semilla de un sistema de transporte más justo, eficiente y resiliente para todos los dominicanos.

Luis Orlando Díaz Vólquez

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Gobierno dispone mesa permanente con transportistas para mitigar alza de combustibles y evitar aumentos en el pasaje en beneficio de los dominicanos


El anuncio de una mesa de trabajo permanente y la estimación de una inversión adicional cercana a los RD$800 millones buscan proteger el bolsillo de las familias; la medida es necesaria, pero exige transparencia, condiciones claras y una visión de largo plazo para transformar el transporte público.


La decisión del Gobierno de crear una mesa permanente con los gremios del transporte y de destinar recursos extraordinarios para evitar que las alzas internacionales en los combustibles se traduzcan en incrementos del pasaje es, sin duda, una medida de carácter social y político que responde a una necesidad inmediata. En un país donde millones de ciudadanos dependen del transporte público para acceder al trabajo, la educación y los servicios básicos, cualquier aumento en el costo del pasaje tiene efectos multiplicadores sobre la economía familiar y la movilidad social. Por eso, la intervención estatal para amortiguar el golpe es bienvenida; sin embargo, no basta con parchar la emergencia: es imprescindible que ese esfuerzo se convierta en el punto de partida de una transformación estructural del sistema de transporte.


En primer lugar, hay que reconocer el mérito de institucionalizar el diálogo. La mesa permanente anunciada por el ministro Eduardo Sanz Lovatón y respaldada por el presidente Luis Abinader crea un canal formal de comunicación entre el Estado y los representantes del sector. Ese espacio puede servir para monitorear la evolución de los precios, coordinar medidas de apoyo y evitar decisiones improvisadas que terminen perjudicando a los usuarios. La promesa de trabajar “minuto a minuto y día a día” refleja la urgencia del momento y la voluntad de mantener una interlocución constante. No obstante, la continuidad del diálogo debe traducirse en acuerdos concretos, calendarios de cumplimiento y mecanismos de verificación que impidan que los recursos públicos se diluyan sin resultados tangibles.


Los RD$800 millones anunciados como inversión adicional para sostener las medidas de apoyo son una cifra significativa si se administra con criterios de eficiencia y equidad. Ese monto puede aliviar la presión sobre las tarifas y proteger a las familias más vulnerables, pero su impacto dependerá de cómo se distribuya y de las contrapartidas exigidas a los operadores. No es razonable que el Estado asuma recurrentemente la carga de estabilizar el pasaje sin exigir mejoras en la gestión, en la calidad del servicio y en la renovación de la flota. Si las compensaciones se entregan sin condiciones, se corre el riesgo de perpetuar prácticas ineficientes y de crear dependencia de subsidios que, a la larga, resultan insostenibles.


La mesa de trabajo debe, por tanto, incorporar una agenda ambiciosa que vaya más allá de la gestión de crisis. Entre sus prioridades debe figurar la modernización de la flota mediante incentivos para la renovación por vehículos más eficientes y menos contaminantes; la implementación de sistemas de control de ingresos y de cumplimiento tarifario; la profesionalización de la gestión de cooperativas y empresas; y la búsqueda de mecanismos de financiamiento accesibles que permitan inversiones sin asfixiar la operación. Asimismo, es necesario diseñar criterios claros para la asignación de los recursos, priorizando rutas y operadores que atienden a comunidades con menor capacidad de pago y que prestan servicios esenciales en zonas periféricas.


La transparencia será la prueba de fuego de este esfuerzo. Cuando se anuncian recursos públicos extraordinarios, la ciudadanía tiene derecho a conocer los criterios de asignación, los montos desembolsados y los resultados obtenidos. La mesa permanente debe publicar acuerdos, actas y reportes periódicos que permitan auditar el uso de los fondos. La participación de organizaciones de la sociedad civil y de representantes de los usuarios en los procesos de seguimiento fortalecerá la legitimidad de las decisiones y reducirá la posibilidad de prácticas opacas. Sin transparencia, cualquier medida, por acertada que sea en su intención, puede perder credibilidad y generar desconfianza.


Otro aspecto ineludible es la coordinación interinstitucional. El transporte público no es un asunto exclusivo del Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes; requiere la articulación con Hacienda, Obras Públicas, Medio Ambiente, los gobiernos locales y las autoridades de planificación urbana. Solo mediante políticas fiscales, ambientales y de infraestructura coherentes se podrán reducir los costos operativos, mejorar la eficiencia y crear incentivos para la inversión privada. Por ejemplo, exenciones temporales o facilidades crediticias para la renovación de flotas, combinadas con proyectos de infraestructura que reduzcan tiempos de viaje, pueden disminuir la presión sobre las tarifas sin sacrificar la calidad del servicio.


La dimensión ambiental tampoco puede quedar al margen. La dependencia de combustibles fósiles hace al sistema de transporte vulnerable a choques externos y contribuye a la contaminación urbana. La inversión pública destinada a mitigar el impacto del alza de combustibles debería contemplar, además, incentivos para la adopción de tecnologías limpias: vehículos híbridos o eléctricos, estaciones de carga y programas de capacitación técnica. Ese giro no solo reduce la exposición a la volatilidad internacional, sino que mejora la calidad del aire y la salud pública, generando beneficios sociales y económicos de largo plazo.


Es igualmente importante que la mesa promueva la inclusión del usuario como actor central. Los ciudadanos deben ser más que beneficiarios pasivos; deben participar en la definición de prioridades, en la evaluación del servicio y en la fiscalización del uso de recursos. Escuchar a quienes usan el transporte a diario permitirá identificar problemas reales —frecuencia de rutas, seguridad en paradas, condiciones de accesibilidad— y diseñar soluciones que respondan a necesidades concretas. La legitimidad de cualquier política pública se fortalece cuando quienes la sufren o la disfrutan tienen voz en su construcción.


Finalmente, la medida anunciada ofrece una oportunidad política que no debe desperdiciarse. Proteger el pasaje en momentos de volatilidad es una decisión sensible y necesaria, pero también es una ventana para impulsar reformas que modernicen el sector y lo hagan más resiliente. Si la mesa permanente se limita a administrar subsidios sin exigir resultados ni promover cambios estructurales, el alivio será temporal y la factura volverá a presentarse en el futuro. En cambio, si se aprovecha para establecer reglas claras, transparencia, incentivos a la inversión y una visión ambiental y socialmente responsable, los recursos públicos podrán convertirse en catalizadores de una transformación que beneficie a las generaciones presentes y futuras.


El anuncio del Gobierno es un paso en la dirección correcta. Ahora corresponde que la mesa de trabajo cumpla su promesa: que no sea solo un espacio de emergencia, sino el motor de una política pública coherente, transparente y orientada al bien común. Solo así los RD$800 millones serán más que un parche; serán la semilla de un sistema de transporte más justo, eficiente y sostenible para todos los dominicanos.

Luis Orlando Díaz Vólquez

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