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sábado, 31 de julio de 2021

Colombia: Mario Montoya será imputado por más de 100 "falsos positivos"

 COLOMBIA

Colombia: Mario Montoya será imputado por más de 100 "falsos positivos"

"Lo vamos a imputar como el determinador por homicidio agravado de 104 de los llamados falsos positivos", dijo Francisco Barbosa.

Foto de imágenes de víctimas de falsos positivos en una protesta de Colombia

Foto de archivo

El general en retiro Mario Montoya será imputado por las ejecuciones de 104 personas presentadas como rebeldes abatidos en combate durante su tiempo al mando del Ejército de Colombia (2006-2008), anunció este sábado (31.07.2021) la Fiscalía.

"Lo vamos a imputar como el determinador por homicidio agravado (...) de 104 de los llamados falsos positivos", dijo a la revista Semana el fiscal general, Francisco Barbosa, aludiendo al escándalo en el que militares ejecutaron a miles de civiles entre 2002 y 2008 para hacerlos pasar por bajas en medio de su lucha antiguerrillera.

Según el ente investigador estos asesinatos ocurrieron entre 2007 y 2008 y cinco de las víctimas eran niños. "Todos los autores materiales fueron miembros activos del Ejército", agregó Barbosa. Montoya se sometió en 2018 a la Justicia Especial de Paz (JEP), que investiga los peores crímenes del conflicto y que ofrece penas alternativas a la cárcel a quienes confiesen sus crímenes y reparen a las víctimas. Su expediente no ha sido resuelto. 

La JEP estima que más de 6.400 civiles fueron asesinados durante el Gobierno de Álvaro Uribe por militares incentivados por un body count o conteo premiado de cuerpos. La imputación de la Fiscalía busca "ayudar" al tribunal surgido de los acuerdos con la guerrilla FARC en 2016 a esclarecer estos crímenes, explicó Barbosa.  

Por su parte, el director ejecutivo de Human Rights Watch (HRW) para América, José Miguel Vivanco, celebró la decisión a través de su cuenta de Twitter, pero lamentó "que esta decisión recién ocurra ahora. Debido a la competencia de la JEP, la relevancia jurídica de esta imputación hoy es mayormente simbólica".

Varios subordinados de Montoya han admitido ante la JEP que asesinaron a civiles para presentarlos como bajas en combate a cambio de días de vacaciones y otros beneficios. El entonces mayor del Ejército Gustavo Soto relató a la agencia AFP en 2020 que Montoya medía los resultados operacionales "en muertos".  

Según Barbosa, el oficial retirado "fue a las brigadas, a los batallones, a las divisiones (...) con la política de premios por esas ejecuciones". Pero el general niega haber instigado estos crímenes y su defensa sostiene que "en ningún momento existió una directiva o directriz al Ejército para hechos tan atroces".

ama (afp, semana, el tiempo, el país)

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Falsos positivos: madres colombianas buscan la verdad

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miércoles, 5 de mayo de 2021

Colombia se hunde en la polarización

OPINIÓN

Colombia se hunde en la polarización

El presidente Duque se enfrenta a un difícil último año de mandato, marcado tanto a nivel nacional como internacional por las oportunidades perdidas y los retos no resueltos, opina Günther Maihold.

Weltspiegel | Kolumbien Protest gegen Polizeigewalt und Armut in Bogota

Pocas veces un país ha echado a perder su reputación internacional tan rápidamente como Colombia bajo el gobierno del Presidente Iván Duque. Tras el celebrado acuerdo de paz con los rebeldes de las FARC en 2016, el país parece alejarse de nuevo del fin de los conflictos internos: las guerrillas rearmadas, las bandas de narcotraficantes y la apropiación ilegal de los recursos naturales presentan un panorama de violencia creciente que suele acabar de forma fatal para los defensores de los derechos humanos y los activistas medioambientales o los líderes indígenas.

El presidente Duque está volviendo a las viejas recetas en la lucha contra los cultivos de coca, utilizando de nuevo la fumigación con el herbicida glifosato. El gobierno respondió a la afluencia masiva de 1,5 millones de migrantes de Venezuela, que huyeron a Colombia para escapar de la opresión y la crisis humanitaria en su propio país, con una política de brazos abiertos y posteriormente legalizó el estatus de residencia de los refugiados. Esta decisión, aclamada por el Secretario General de la ONU como un "gesto humanitario ejemplar para la región y el mundo", le valió al país y a su gobierno un gran reconocimiento internacional, aunque haya habido pocos imitadores de esta medida en Sudamérica.

Pero esta fase de mayor prestigio no duró mucho. Los enfrentamientos masivos en las calles del país entre manifestantes y fuerzas de seguridad, tras el anuncio de una reforma tributaria por parte de Duque, volvieron a ensombrecer la imagen de Colombia. El país no parece ser capaz de encontrar un modo para resolver de manera no violenta sus problemas futuros.

De la "Gran Conversación Nacional" al "consenso solidario"

Para el presidente Duque, las imágenes se repiten: lo que ocurrió en abril/mayo de 2021 en muchas ciudades del país en términos de violencia y contraviolencia, en el marco del paro nacional convocado por los sindicatos, ya se produjo en menor escala en noviembre de 2019: disturbios y saqueos en las calles, un uso masivo de la fuerza por parte de las fuerzas de seguridad y luego el llamado del presidente a la unidad y al diálogo. Pero la "Gran Conversación Nacional" proclamada entonces quedó en nada. Muchos observadores temen ahora que ocurra lo mismo con la nueva iniciativa de "consenso solidario" que se acaba de anunciar, después de que el presidente retirara su proyecto de reforma fiscal y el ministro de Economía anunciara su dimisión.

Günther Maihold

Günther Maihold, director del Instituto alemán para Política Internacional y Seguridad

No cabe duda de que Colombia se encuentra en una crisis de sus finanzas públicas; las cargas del presupuesto nacional por las obligaciones del proceso de paz, la atención a los migrantes y las consecuencias de la pandemia son extremas. Mientras tanto, el gobierno de Duque no logra establecer un diálogo sólido con los grupos sociales para evitar la movilización en las calles y consultar antes de presentar su propia propuesta legislativa. Ahora se está intentando aumentar los ingresos tributarios mediante regulaciones temporales, pero el conflicto de fondo existente en la sociedad colombiana sigue latente.

Una polarización destructiva

Sin embargo, las violentas protestas de los últimos días van más allá de la presión tributaria sobre la clase media y los grupos sociales más vulnerables. Se trata de resolver cuestiones sociales fundamentales que ni el gobierno de Duque ni amplios grupos del país quieren abordar: ¿Cómo lograr cerrar las heridas de la guerra civil que duró más de 50 años y lograr la reconciliación entre los bandos hostiles? ¿Cómo se puede lograr el equilibrio social en una sociedad extremadamente desigual en la que los grupos de élite y la oligarquía terrateniente niegan el acceso a la prosperidad a amplios sectores de la población? ¿Cómo se puede redefinir el excesivo papel de los órganos de seguridad (policía y ejército) de manera que se ajuste a la búsqueda de la paz y la convivencia no violenta?

Sin embargo, estas y otras cuestiones abiertas no se acercan a una solución en el país; lo más rentable desde el punto de vista político es azuzar siempre nuevo la polarización social y política en el país. Una vez más le tocó al ex presidente Álvaro Uribe echar gasolina a las brasas: en varios tuits habló de "terrorismo vandálico" en el país, contra el que los soldados y la policía también pueden usar la fuerza de las armas. Continúa así su estrategia de utilizar la justificación de una "amenaza de terrorismo" para reforzar el papel dominante de los órganos de seguridad como instrumento político central del Estado.

Con vistas a las elecciones presidenciales de mayo de 2022, ya se están delineando las posiciones en las que Uribe, como rey de su campo político, volverá a ejercer una influencia masiva. Es previsible que esto perpetúe una vez más el pensamiento del antagonismo de bandos opuestos y es probable que se imponga a los esfuerzos por un futuro común y una coexistencia pacífica. Esto significa que los planteamientos para resolver las cuestiones no resueltas del país sobre el futuro volverán a quedar en segundo plano.

Los actuales conflictos internos golpean a Colombia en un momento en que el país podría desempeñar un papel relevante a nivel internacional. Ha asumido la presidencia de la Alianza del Pacífico, de la Comunidad Andina y del foro político regional PROSUR, una coincidencia que ofrecería las mejores oportunidades para dinamizar los precarios procesos de integración regional.

No en vano, debido a la pandemia, muchos gobiernos miran hacia dentro y están menos dispuestos a participar en el entendimiento transfronterizo. Sin embargo, es precisamente ahí donde podrían estar las oportunidades para afrontar mejor las consecuencias económicas y sociales de la pandemia. Pero la difícil situación interna ha privado al gobierno de Colombia de la oportunidad de dar nuevos impulsos y de asumir un papel más activo en la política exterior.

El presidente Duque se enfrenta a un difícil último año de mandato, marcado tanto a nivel nacional como internacional por las oportunidades perdidas y los retos no resueltos. Cinco años después de la firma del acuerdo de paz, hay mucho en juego para Colombia.

(gg)

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Por qué Cali es considerada el epicentro de las protestas en Colombia


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 Por qué Cali es considerada el epicentro de las protestas en Colombia
Conocida como la 'ciudad de los desplazados', la capital del Valle de Cauca ha padecido mayor violencia y represión, pero las causas de ese desborde van más allá del rechazo a la reforma tributaria de Iván Duque.
Por qué Cali es considerada el epicentro de las protestas en Colombia

Cali arde desde antes. La tercera ciudad más importante de Colombia, después de Medellín y Bogotá, es el foco de atención de los medios en los últimos días por las impactantes imágenes de violencia, represión policial y desmanes, pero el polvorín se ha formado durante años. La reforma tributaria del Gobierno de Iván Duque, lanzada (y retirada) durante la pandemia, solo lo hizo explotar.

La capital del Valle del Cauca, ubicada entre las regiones Andina y Pacífico, es considerada como "la ciudad de los desplazados". En esa etiqueta se evidencia el saldo más doloroso de la violencia armada, que persiste a pesar de haberse firmado la paz con la guerrilla más antigua de la región, y que se traduce en un conflicto latente de desigualdad económica y estigmatización social, agravada por la herencia del narcotráfico.

En ese contexto se han desarrollado las protestas de la última semana. Hasta el momento, las autoridades han confirmado al menos 19 muertos, cientos de heridos y más de 80 desaparecidos, mientas Cali se mantiene militarizada.

Las imágenes de la violencia, que han sido profusamente difundidas en redes sociales, dan cuenta del uso de armas de fuego por parte de las autoridades, pero también de civiles, así como el bloqueo a vías de acceso a la ciudad, el desabasto en comercios, la destrucción de mobiliario público, vandalismo y una indignación que empieza a rebasar la coyuntura para poner el dedo en una herida más profunda. Entonces, ¿por qué Cali?

"Halcones de la muerte"

La nueva ola de protestas se inició en toda Colombia desde el 28 de abril. Pero el viernes pasado, un tuit del expresidente Álvaro Uribe llamando a respaldar el uso de armas de fuego contra los manifestantes levantó la indignación a tal punto que Twitter tuvo que eliminarlo.

Para Uribe, jefe político del presidente Iván Duque, los policías y soldados debían usar su armamento para "defender a la población" de la "acción criminal del terrorismo vandálico", en un discurso que además se volcó a criminalizar las protestas. Un día después, el propio ministro de Defensa, Diego Molano, aseguró que detrás de las manifestaciones estaban factores del narcotráfico, así como las disidencias de las FARC y el ELN, una versión que fue respaldada este miércoles por la Fiscalía.

Aunque el fiscal general de la nación, Francisco Barbosa Delgado, prometió investigar "todas las agresiones" perpetradas por la fuerza pública contra los manifestantes, insistió en que también se pondría la lupa en las acciones contra la policía y los militares, destacando que el derecho legítimo a la protesta tiene "un límite" y no será "permeado por la delincuencia organizada".

Del lado de los manifestantes, sin embargo, la situación es otra. Con llamados de "paren esta masacre" y "nos están matando", las personas que han tomado las calles para expresar su repudio a la gestión de Duque y padecido la represión, no cesan de mostrar en redes sociales la acción desproporcionada de agentes que disparan armas de fuego contra multitudes, detienen arbitrariamente a la población, corretean a quienes se reúnen para reclamar y arremeten contra las poblaciones más desfavorecidas de Cali, como Siloé y La Luna. 

En contraste con los llamados a diálogo que ha hecho el Gobierno nacional, en redes sociales abundan las denuncias de los caleños por los abusos policiales, el sabotaje a internet para impedir la transmisiones que les permiten sortear el silencio de los medios tradicionales en Colombia, y la indefensión frente a las muertes, desapariciones, detenciones y centenares de heridos, que ni siquiera han sido consolidadas oficialmente. Los números de víctimas varían dependiendo de quien dé las cifras.

El lunes, tras conocerse la muerte de Nicolás Guerrero, el alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, no ocultó su consternación ante la situación. "Condeno radical y absolutamente que se hayan utilizado armas de fuego, condeno completamente que algunos halcones de la muerte quieran utilizar a Cali como teatro de operaciones, como escenario de confrontación armada. Tenemos que desescalar esta circunstancia, tenemos que convocar a la vida", dijo. Y añadió: "Hay manos criminales en esas actividades".

Desigualdad, desplazamiento y narcotráfico

La imagen opuesta de la represión policial en las zonas populares de Cali está en Ciudad Jardín, uno de los barrios más acomodados de la capital de Valle del Cauca, donde sus habitantes han amenazado con usar sus armas para repeler cualquier ataque de los "vándalos".

El martes, los videos de camionetas de lujo blindadas colmaron las redes sociales para mostrar cómo los vecinos de ese sector bloqueaban los accesos a la urbanización, situada en el sur de Cali. Esa postal, aunque particular, es muestra de los niveles de desigualdad social que están en el sustrato de esa ciudad.

Según el reporte más reciente del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), unas 6,3 millones de personas se sumaron a las filas de la pobreza en Colombia durante 2020. En el conteo de las ciudades, Cali está en el segundo puesto, después de Bogotá, con mayor número de pobres

Esos datos, que reflejan el impacto de la pandemia en el país, tienen especial significado en Cali, donde buena parte de la población de los estratos populares vive del trabajo informal, se ha visto más afectada por las cuarentenas, reclama atención del Estado y rechazaba un proyecto tributario, como el de Duque, que pretendía imponer mayores tributos al consumo.

Además, la identificación de la capital del Valle Cauca como una ciudad que recibe a desplazados de las zonas de conflicto agrega una carga mayor a la situación, ya que estas personas no solo son víctimas económicas de la pandemia, sino también de la violencia en sus territorios, del narcotráfico y la precariedad.

De hecho, la ubicación geográfica de Cali entre zonas como el Chocó, el Cauca y el Valle del Cauca, donde el narcotráfico, el paramilitarismo y los grupos armados tienen el control ante la ausencia del Estado –desde mucho antes de las protestas–, la hacen especialmente vulnerable a flagelos como el tráfico de armas, un asunto que varios analistas han apuntado como la razón de que la situación haya escalado con mayor violencia y, hasta el momento, parezca difícil de controlar.

Por el momento, los manifestantes siguen empeñados en visibilizar sus reclamos y denunciar los excesos de la policía, mientras que el Gobierno ha convocado a un "diálogo" para tratar de calmar las críticas que se empiezan a oír, aunque con timidez, por parte de la comunidad internacional. No obstante, hay algo que está claro: Cali arde desde antes, pero ahora se ve.

Nazareth Balbás

https://actualidad.rt.com/actualidad/391317-cali-considerada-epicentro-protestas-colombia