miércoles, 24 de junio de 2026

Tabaco dominicano: la hoja que sostiene empleo, divisas y territorio

Tabaco dominicano: la hoja que sostiene empleo, divisas y territorio

Con más de 122,000 empleos, exportaciones que superan los US$1,359 millones y una expansión productiva que ya rebasa el Cibao para tocar con fuerza al Sur, la industria tabacalera confirma que en República Dominicana no solo sobrevive una tradición: se consolida una arquitectura económica de alto valor estratégico que merece visión, institucionalidad y proyección de largo plazo.

La industria del tabaco en la República Dominicana ha dejado de ser vista únicamente como una herencia agrícola o como un renglón manufacturero de arraigo histórico para convertirse, con cifras en la mano, en una de las expresiones más nítidas de cómo una actividad productiva puede articular empleo, exportaciones, identidad territorial y política pública efectiva. Que hoy el sector genere más de 122,000 empleos directos e indirectos y haya superado los US$1,359 millones en exportaciones no es un dato aislado ni un logro coyuntural: es la confirmación de que el tabaco dominicano se ha transformado en una columna vertebral de la economía nacional.

Cuando una industria alcanza esa dimensión, ya no puede ser leída desde la nostalgia ni reducida a la imagen clásica del cultivo en los campos del Cibao. Debe ser entendida como un ecosistema económico completo. En el caso del tabaco, ese ecosistema integra producción agrícola, manufactura, zonas francas, exportación, tecnificación, financiamiento, capacitación y desarrollo regional. Su impacto tampoco se limita a una cadena de valor encerrada en sí misma; se proyecta sobre el tejido social, dinamiza comunidades, fortalece empleos formales y aporta una estabilidad particularmente valiosa en tiempos en que muchas economías luchan por conservar competitividad y capacidad exportadora.

Hay, además, una dimensión institucional que debe reconocerse sin mezquindad. El 64 aniversario del Instituto del Tabaco de la República Dominicana (INTABACO) no es apenas una efeméride administrativa. Es la ocasión propicia para observar cómo la continuidad de una política sectorial, sostenida en el tiempo, puede producir resultados concretos. El director de INTABACO, Iván Hernández Guzmán, al presentar estos avances, coloca sobre la mesa una realidad que merece más atención del debate público: cuando el Estado acompaña de manera inteligente a un sector con vocación exportadora, el país gana. Y gana no solo en ingresos, sino en capacidad de organización productiva.

Que 40,000 de esos empleos correspondan a zonas francas revela otro aspecto central del fenómeno. El tabaco ya no habita únicamente en la lógica agrícola tradicional; también se ha integrado con fuerza a la estructura moderna de exportación del país. Ser la tercera mayor fuente de empleo dentro de ese régimen, solo detrás de textiles e insumos médicos, habla de una competitividad que no es casual. Es el resultado de una combinación precisa: experiencia acumulada, calidad del producto, reputación internacional, mano de obra especializada y una red institucional que ha permitido escalar en volumen sin perder identidad.

Las cifras comparativas refuerzan todavía más el peso del sector. Desde 2019, las exportaciones han crecido un 41 %, al pasar de US$940 millones a más de US$1,359 millones al cierre de 2025. El incremento de la superficie cultivada, de 100,000 a 160,000 tareas sembradas, junto al salto en la producción de 278,634 a más de 330,000 quintales, evidencia que no se trata solo de mejor precio o mayor demanda ocasional, sino de una expansión real de capacidad productiva. Del mismo modo, el crecimiento del empleo directo desde 97,486 en 2019 hasta superar los 122,000 en 2026 confirma que el tabaco no es una industria que expulsa trabajo: al contrario, es una actividad que sigue generando oportunidades a gran escala.

Estos resultados obligan a una lectura más profunda. En la República Dominicana, con frecuencia se discute el desarrollo como si se tratara de una abstracción o de un concepto dependiente únicamente de grandes proyectos de infraestructura. Pero una economía también se levanta desde sectores que logran crear riqueza estable, arraigar población en sus territorios, abrir mercados externos y conectar la producción local con circuitos globales de alto rendimiento. El tabaco está haciendo exactamente eso. Y lo está haciendo con una eficacia que merece ser colocada en el centro de la conversación económica nacional.

Hay otro mérito que no debe pasar inadvertido: la descentralización territorial del crecimiento. El hecho de que el 93 % de las empresas de zonas francas vinculadas al tabaco se concentren en la región Norte confirma el liderazgo histórico de Santiago y el Cibao en este sector. Pero la expansión hacia Azua y San Juan introduce una novedad de gran relevancia estratégica. Cuando el Sur comienza a integrarse a una cadena productiva de esta magnitud, lo que se abre no es solo una oportunidad sectorial, sino una posibilidad de equilibrio territorial. La instalación de empresas como Tabacalera El Artista, Tabacos del Sur y La Aurora en San Juan refleja una apuesta que puede reconfigurar economías locales, reducir asimetrías regionales y ampliar la base del desarrollo industrial.

Ese movimiento hacia nuevas geografías productivas tiene un valor político y social inmenso. La mejor política pública no es la que multiplica discursos, sino la que transforma territorios históricamente rezagados en polos efectivos de empleo y producción. Si el tabaco logra ayudar a ese proceso, estará haciendo más que exportar cigarros: estará exportando una señal de confianza sobre la capacidad de la República Dominicana para diversificar su crecimiento territorial con sentido estratégico.

También debe destacarse la alianza entre sector público y sector privado como factor estructural del éxito. El financiamiento a tasas preferenciales a través del Banco Agrícola, la construcción de naves industriales impulsadas por Proindustria, la asistencia técnica, la preparación de suelos, la entrega de plántulas y semillas, el control de plagas, el respaldo a la infraestructura de curado y la facilitación de trámites de importación y exportación no son acciones menores. Constituyen, en conjunto, una política industrial en funcionamiento. Y en un país donde con frecuencia se duda de la capacidad del Estado para acompañar de manera eficiente a los sectores productivos, este caso demuestra que sí es posible construir institucionalidad útil, concreta y medible.

Sin embargo, todo éxito auténtico debe venir acompañado de una exigencia superior. Precisamente porque el tabaco ha alcanzado esta dimensión, ya no basta con celebrar cifras. Hay que pensar su siguiente etapa. El país debe proponerse consolidar una estrategia que eleve todavía más el valor agregado del sector, profundice la trazabilidad, fortalezca la formación técnica, preserve estándares de calidad, expanda mercados y garantice sostenibilidad productiva. No se trata solo de producir más, sino de producir mejor, vender más caro, posicionar mejor la marca país y blindar la reputación internacional del tabaco dominicano como sinónimo de excelencia.

En un mundo donde la competencia es feroz y donde las cadenas globales de suministro premian cada vez más la calidad, la consistencia y la confiabilidad institucional, la República Dominicana no puede darse el lujo de administrar este liderazgo con rutina. Debe convertirlo en una política de Estado de nueva generación. El tabaco no puede ser visto solo como una industria exitosa del presente, sino como una escuela de lo que el país puede hacer cuando combina tradición, técnica, visión exportadora y acompañamiento público eficaz.

Al final, la lección es más amplia que el propio sector. El tabaco dominicano está diciendo algo esencial sobre la economía nacional: que sí existen actividades capaces de unir campo e industria, historia y modernización, exportación y empleo, identidad local y competitividad global. Esa es su verdadera grandeza. Y por eso mismo, esta industria merece no solo reconocimiento, sino una defensa activa de su futuro.

Porque cuando una hoja cultivada en la tierra dominicana termina sosteniendo más de 122,000 empleos, aportando más de US$1,359 millones en divisas y expandiendo oportunidades desde Santiago hasta San Juan, deja de ser simplemente un producto de exportación. Se convierte en una prueba de madurez económica. Y las naciones serias saben distinguir cuándo están frente a un sector más y cuándo, en realidad, están frente a uno de los nervios vitales de su desarrollo.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

NOTICIAS RELACIONADAS

Industria del tabaco genera más de 122,000 empleos y supera los US$1,359 millones en exportaciones en República Dominicana
Santiago, República Dominicana.— La industria del tabaco continúa consolidándose como uno de los principales pilares de la economía nacional al generar más de 122,000 empleos directos e indirectos, según informó el director del Instituto del Tabaco (INTABACO), Iván Hernández Guzmán. De ese total, unos 40,000 corresponden a zonas francas, posicionando al sector como la tercera mayor fuente de empleo dentro de este régimen, solo por debajo de la industria textil y de insumos médicos.
El funcionario ofreció estas declaraciones durante la misa por el 64 aniversario de INTABACO, celebrada en la Catedral Santiago Apóstol, en Santiago, con la participación de la gobernadora Rosa Santos, el alcalde Ulises Jiménez y otras personalidades. Hernández Guzmán destacó que el crecimiento sostenido de la industria tabacalera es resultado del trabajo conjunto entre el sector público y privado, lo que ha permitido un incremento significativo en la producción, las exportaciones y la generación de empleos.
Indicó que en el país operan actualmente 130 empresas de zonas francas dedicadas al tabaco y sus derivados, de las cuales el 93 % están ubicadas en la región Norte, el 5 % en la región Este y el 2 % en el Sur y Santo Domingo.
En términos económicos, señaló que las exportaciones alcanzaron los US$1,359 millones al cierre de 2025, unos US$19 millones más que el año anterior, y que desde 2019 a la fecha han crecido un 41 %, al pasar de US$940 millones, con proyecciones de seguir aumentando en 2026.
Este dinamismo también se refleja en indicadores clave del sector. Los empleos directos pasaron de 97,486 en 2019 a más de 122,000 en 2026, mientras que la superficie cultivada aumentó un 51 %, al pasar de 100,000 a 160,000 tareas sembradas. De igual manera, la producción se incrementó de 278,634 a más de 330,000 quintales de tabaco.
Hernández Guzmán resaltó además que la industria tabacalera se mantiene como el tercer producto de mayor exportación del país, solo superado por el oro y los insumos médicos, consolidándose como un motor clave del desarrollo económico nacional.
Asimismo, informó que la producción se está expandiendo hacia la región Sur, especialmente en Azua y San Juan, donde el Gobierno ha impulsado la construcción y remodelación de naves industriales en zonas francas que ya generan cientos de empleos. En San Juan se encuentran instaladas empresas como Tabacalera El Artista, Tabacos del Sur y La Aurora.

Finalmente, destacó el respaldo del Gobierno al sector mediante financiamiento a tasas preferenciales a través del Banco Agrícola, la construcción de zonas francas por medio de Proindustria, así como programas de capacitación, asistencia técnica, preparación de suelos, entrega de plántulas y semillas, control de plagas, apoyo a la infraestructura de curado, facilitación de trámites de importación y exportación, donación de equipos y promoción nacional e internacional, acciones que han contribuido a fortalecer y dinamizar este importante sector productivo del país.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario