miércoles, 15 de julio de 2026

Confianza

Confianza internacional y obra de gobierno: el reto dominicano de convertir reputación en bienestar

Las valoraciones positivas de J. P. Morgan, Bank of America, Fitch Ratings y Santander no surgieron en el vacío: son el resultado de una ruta de estabilidad, reapertura, inversión, turismo, zonas francas, disciplina macroeconómica, reformas institucionales y recuperación de la confianza impulsada desde el Poder Ejecutivo a partir del 16 de agosto de 2020. Pero el desafío mayor sigue siendo transformar esa confianza externa en productividad, empleos formales, desarrollo territorial y bienestar tangible para la ciudadanía.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

Documento académico-editorial preparado para publicación, con gráficos comparativos y referencias en formato APA.


 

Resumen

La República Dominicana atraviesa una coyuntura económica de alta relevancia estratégica. En un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas, volatilidad petrolera, inflación persistente, tasas de interés elevadas y reconfiguración de las cadenas globales de suministro, bancos de inversión, calificadoras de riesgo y organismos multilaterales han coincidido en destacar la fortaleza de los fundamentos macroeconómicos dominicanos, la credibilidad de su política económica y fiscal, y las perspectivas favorables de su perfil crediticio. J. P. Morgan revisó al alza su proyección de crecimiento económico para 2026, de 3.5 % a 4.3 %; Bank of America elevó su recomendación sobre la deuda externa dominicana; Fitch Ratings valoró los efectos fiscales de la Ley 30-26; y Santander consideró que el Plan Anticrisis fortalece la flexibilidad fiscal, la liquidez y la sostenibilidad de la deuda.

Estas señales favorables se producen en un entorno interno en el que el Banco Central reporta una expansión interanual del Indicador Mensual de Actividad Económica de 4.7 % en mayo de 2026, una inflación interanual de 5.67 % en junio, una tasa de política monetaria de 5.25 % en julio y reservas internacionales brutas por US$15,821.6 millones. A ello se suman el dinamismo turístico, con 6,616,671 visitantes entre enero y junio de 2026, y las remesas, que alcanzaron US$6,219.3 millones en el primer semestre del año.

Este paper sostiene que la confianza internacional es un activo estratégico construido mediante estabilidad macroeconómica, reapertura económica, recuperación del turismo, fortalecimiento de zonas francas, promoción de inversión extranjera, expansión de infraestructura, disciplina monetaria y posicionamiento del país como plataforma regional para el nearshoring. Sin embargo, también plantea que dicha confianza no debe convertirse en complacencia. La República Dominicana debe transformar la reputación ganada en productividad, empleos formales, reforma fiscal legítima, educación técnica, innovación, desarrollo regional, resiliencia climática y calidad del gasto público.

Palabras clave: economía dominicana, confianza internacional, política fiscal, estabilidad macroeconómica, nearshoring, zonas francas, productividad, inversión extranjera, reforma fiscal, desarrollo territorial.

Introducción

La República Dominicana vive un momento económico que merece ser leído con equilibrio, sin triunfalismo, pero también sin mezquindad. Las valoraciones favorables de J. P. Morgan, Bank of America, Fitch Ratings y Santander confirman que el país ha logrado construir una reputación de estabilidad, solvencia y credibilidad en medio de un escenario internacional complejo.

Esa confianza no es una casualidad estadística ni una cortesía diplomática. Es el reflejo de una economía que, pese a sus vulnerabilidades, ha mostrado capacidad de recuperación, disciplina macroeconómica, manejo prudente de escenarios adversos y una narrativa institucional que los mercados internacionales están valorando positivamente.

La revisión de J. P. Morgan, que elevó su proyección de crecimiento económico para 2026 de 3.5 % a 4.3 %, resulta significativa porque coloca a la República Dominicana en una posición favorable dentro del universo de mercados emergentes. Bank of America destacó la fortaleza del turismo como soporte del crecimiento y como factor de atractivo para los bonos soberanos; Fitch Ratings valoró la Ley 30-26 como instrumento de mitigación fiscal ante choques internacionales; y Santander consideró que el Plan Anticrisis mejora la flexibilidad fiscal y la sostenibilidad de la deuda.

La lectura inmediata es positiva: los mercados observan una economía con capacidad de resistencia, estabilidad relativa y fundamentos macroeconómicos confiables. Pero la lectura estratégica debe ser más profunda. La pregunta central no es únicamente si los mercados creen en la República Dominicana, sino qué hará el país con esa confianza.

La obra de gobierno desde 2020: recuperación, estabilidad y reputación

Desde el 16 de agosto de 2020, el Poder Ejecutivo asumió la administración pública en una de las coyunturas más difíciles de la historia reciente: pandemia, caída del turismo, contracción económica, presión sanitaria, endeudamiento de emergencia, pérdida de empleos y desconfianza generalizada. La estrategia inicial combinó reapertura gradual, vacunación, apoyo social, financiamiento de emergencia, estímulos a sectores productivos, protección del empleo, recuperación del turismo, estabilidad monetaria y promoción internacional del país como destino confiable para inversión.

En su rendición de cuentas de 2024, el presidente Luis Abinader sostuvo que entre 2021 y 2023 la economía dominicana creció en términos reales a un promedio anual de 6.43 %. También señaló que el PIB pasó de US$78,923 millones en 2020 a una estimación de US$120,629 millones en 2023, y que la renta per cápita aumentó de US$8,583 en 2019 a US$11,156 en 2023, lo que representa un incremento de 30 %.

Ese proceso de recuperación descansó en varios pilares. El turismo fue relanzado como industria estratégica, hasta superar los 10 millones de visitantes en 2023 y más de 11 millones en 2025. Las zonas francas consolidaron su papel como plataforma exportadora, con más de 200,000 empleos directos y una participación superior al 60 % de las exportaciones nacionales. La inversión extranjera directa alcanzó US$4,381 millones en 2023 y superó los US$5,000 millones en 2025, según cifras destacadas por el presidente en foros nacionales e internacionales.

A ello se agregan reservas internacionales robustas, estabilidad cambiaria, recuperación del crédito, expansión de infraestructura, promoción internacional a través de ProDominicana, fortalecimiento de alianzas público-privadas, modernización de procesos institucionales y una política activa para reposicionar al país como plataforma logística, turística, industrial y de servicios globales. Este conjunto de decisiones no elimina los problemas estructurales, pero ayuda a explicar por qué la República Dominicana ha mejorado su reputación económica en los mercados internacionales.

“La confianza es la moneda más valiosa de la economía moderna”, afirmó el presidente Luis Abinader en el Americas Investment Forum 2026. El mandatario agregó que esa confianza “convierte una idea en inversión y una oportunidad en empresa”.

Marco macroeconómico reciente: resiliencia con presiones latentes

Los indicadores recientes muestran que la economía dominicana mantiene señales importantes de recuperación, aunque dentro de un contexto global exigente. El Banco Central reportó que el Indicador Mensual de Actividad Económica registró una variación interanual de 4.7 % en mayo de 2026 y una expansión acumulada de 4.2 % entre enero y mayo. Estos datos sugieren una mejora del ritmo económico después de un crecimiento del PIB real de 2.1 % en 2025, inferior al 5.0 % registrado en 2024.

En materia de precios, la inflación interanual alcanzó 5.67 % en junio de 2026, mientras la inflación subyacente se ubicó en 4.96 %. La tasa de política monetaria se mantenía en 5.25 % anual en julio de 2026. Aunque estas cifras reflejan presiones inflacionarias superiores al centro de la meta, también muestran un marco de política monetaria activo y vigilante frente a los riesgos de precios.

El frente externo ofrece señales relevantes de fortaleza. Las reservas internacionales brutas se ubicaron en US$15,821.6 millones en junio de 2026, mientras la cuenta corriente pasó de un déficit de 3.7 % del PIB en 2023 a 3.0 % en 2024 y 1.2 % en 2025. Estos indicadores contribuyen a sostener la confianza de inversionistas, acreedores, calificadoras y organismos multilaterales.

El Ministerio de Hacienda y Economía, en su Panorama Macroeconómico 2026-2030, proyectó para 2026 un crecimiento del PIB real en un rango de 3.50 % a 4.00 %, con un valor central de 3.75 %. A su vez, la CEPAL estima un crecimiento de 4.0 %, J. P. Morgan elevó su previsión a 4.3 %, y el FMI anticipa una expansión de 4.5 %.

Figura 1. Proyecciones comparadas de crecimiento de la República Dominicana para 2026

Nota. La figura compara las principales proyecciones de crecimiento económico para la República Dominicana en 2026. La convergencia de estas estimaciones confirma que, pese a la incertidumbre externa, la economía dominicana mantiene expectativas favorables dentro del contexto regional y de los mercados emergentes.

Lectura analítica. Esta comparación permite observar que las principales fuentes institucionales y financieras coinciden en una recuperación moderada, pero consistente. La diferencia entre las proyecciones no altera la tendencia principal: la República Dominicana mantiene una expectativa de crecimiento superior al promedio regional, aunque condicionada por factores externos como los precios energéticos, las tasas internacionales, la inflación global y la evolución de la inversión.

Turismo, remesas y estabilidad externa

El turismo continúa siendo una de las columnas centrales del modelo económico dominicano. Durante el primer semestre de 2026, la República Dominicana recibió 6,616,671 visitantes, un crecimiento de 7.7 % respecto al mismo período de 2025 y de 11 % en comparación con 2024. Del total, 4,963,542 correspondieron a turistas por vía aérea y 1,653,129 a cruceristas por vía marítima.

Estas cifras confirman la relevancia del turismo como generador de divisas, empleo, inversión, conectividad y posicionamiento internacional. También explican por qué Bank of America destacó este sector como uno de los soportes del crecimiento dominicano y como factor favorable para el atractivo de la deuda soberana.

Sin embargo, el éxito turístico no debe conducir a complacencia. La dependencia de mercados emisores específicos, la vulnerabilidad climática, el sargazo, los costos energéticos, la congestión territorial y las presiones ambientales obligan a repensar el modelo. El dato de que Estados Unidos representó el 53 % de los turistas recibidos en junio de 2026 evidencia la importancia de ese mercado, pero también la necesidad de diversificar origen de visitantes, productos turísticos y destinos internos.

Las remesas constituyen otro soporte clave de la estabilidad externa. El Banco Central informó que los flujos de remesas alcanzaron US$6,219.3 millones entre enero y junio de 2026, con un crecimiento interanual de 6.7 %. En junio se recibieron US$1,049.3 millones, cifra 13.6 % superior a la de igual mes de 2025. Estados Unidos originó el 81.4 % de los flujos formales recibidos en junio, lo que confirma el peso económico de la diáspora dominicana.

No obstante, las remesas no deben ser vistas únicamente como ingreso de consumo. Deben convertirse en una plataforma de ahorro, inversión, vivienda, emprendimiento, bancarización y desarrollo provincial. Una estrategia económica madura debe crear instrumentos para que la diáspora participe en proyectos productivos seguros, transparentes y territorialmente relevantes.

Figura 2. Turismo y remesas como pilares externos de la economía dominicana, enero-junio de 2026

Nota. La figura presenta dos fuentes fundamentales de divisas y estabilidad externa para la República Dominicana durante el primer semestre de 2026: turismo y remesas.

Lectura analítica. El turismo y las remesas funcionan como amortiguadores de la balanza externa, sostienen el consumo interno, aportan liquidez en divisas y fortalecen la estabilidad macroeconómica. Sin embargo, el reto estratégico consiste en evitar que estos flujos se limiten al consumo inmediato. El turismo debe convertirse en encadenamientos productivos con agricultura, agroindustria, transporte, cultura, gastronomía y mipymes; mientras las remesas deben transformarse progresivamente en ahorro, inversión, vivienda, emprendimiento y desarrollo provincial.

Perspectivas internacionales: de la resiliencia a la transformación estructural

Las valoraciones positivas de bancos de inversión y calificadoras deben complementarse con el diagnóstico de organismos multilaterales que han estudiado restricciones estructurales más profundas. El Banco Mundial sostiene que la República Dominicana ha crecido con rapidez en comparación con el promedio latinoamericano durante las últimas dos décadas y que casi tres millones de personas han salido de la pobreza. Sin embargo, advierte que el país debe elevar la productividad, crear empleos de calidad y fortalecer el capital humano si aspira a convertirse en una economía de ingresos altos hacia 2036.

El Banco Mundial también ha señalado que la pobreza alcanzó 14.0 % en 2024 bajo la línea de US$8.30 diarios en paridad de poder adquisitivo de 2021, que la deuda pública se mantiene por encima de niveles prepandemia, alrededor de 58 % del PIB, y que los pagos de intereses absorben más de 3 % del PIB, reduciendo el espacio fiscal para inversión pública.

La OCDE, a través de su Estudio Multidimensional de la República Dominicana, identificó tres áreas críticas para avanzar hacia un desarrollo más inclusivo y sostenible: creación de mejores empleos, movilización de más recursos financieros para el desarrollo y transformación digital como motor de progreso. En esa misma línea, el análisis de la OCDE recomienda racionalizar exenciones fiscales para aumentar la capacidad recaudatoria y mejorar el impacto del sistema tributario en términos de equidad, eficiencia y simplicidad.

El BID aporta una dimensión adicional. En su informe macroeconómico regional de 2026, el organismo plantea que América Latina y el Caribe enfrenta un escenario global complejo, marcado por tensiones geopolíticas, cambios en políticas comerciales y tasas de interés internacionales todavía elevadas. No obstante, reconoce que la región ha mostrado resiliencia gracias al fortalecimiento de sus marcos de política económica.

La CEPAL, por su parte, ha advertido que la región latinoamericana continúa atrapada en una dinámica de bajo crecimiento, con escasa inversión, productividad insuficiente, mercados laborales poco dinámicos y altos niveles de desigualdad. Aunque la CEPAL revisó al alza la proyección de crecimiento dominicano para 2026, ubicándola en torno al 4.0 %, también subrayó que el contexto regional permanece condicionado por tensiones geopolíticas, condiciones financieras restrictivas e inflación global.

El problema estructural: crecimiento sin suficiente productividad formal

Uno de los principales desafíos dominicanos es que el crecimiento económico no siempre se traduce en productividad, formalización laboral y salarios de calidad. La informalidad continúa siendo una restricción central del modelo. Informes recientes basados en la Encuesta Nacional Continua de Fuerza de Trabajo indican que en el primer trimestre de 2026 la economía dominicana sumó 118,631 nuevos ocupados, pero 98,127 fueron empleos informales, equivalentes al 82.7 % de los nuevos puestos creados. La tasa de informalidad laboral se ubicó en 54.1 %.

AMCHAMDR ha señalado que la informalidad persiste incluso durante períodos de crecimiento económico, lo que confirma que no se trata de un fenómeno coyuntural, sino de una condición estructural que requiere políticas específicas. Una economía puede crecer sin formalizar suficientemente, crear ocupación sin protección social, expandir servicios sin elevar productividad y atraer inversión sin encadenar proveedores nacionales.

Por eso, la agenda de desarrollo debe concentrarse en producir más valor por trabajador, formalizar unidades productivas, reducir trabas regulatorias, mejorar acceso a financiamiento, capacitar fuerza laboral y conectar sectores dinámicos con mipymes nacionales. Si la economía dominicana no resuelve la brecha entre crecimiento y productividad formal, la estabilidad macroeconómica seguirá siendo vulnerable a la frustración social, la desigualdad territorial y el bajo nivel de movilidad laboral.

Reforma fiscal, sostenibilidad y legitimidad del desarrollo

La reforma fiscal dominicana debe ser entendida como una cuestión de Estado, no como un simple expediente recaudatorio. El debate fiscal no puede limitarse a la pregunta de cuánto debe recaudar el Gobierno, sino a una interrogante de mayor profundidad institucional: qué tipo de Estado necesita la República Dominicana para financiar su transición hacia una economía más productiva, formal, innovadora, territorialmente equilibrada y socialmente cohesionada.

El Banco Mundial ha señalado que el país necesita mejorar la eficiencia del gasto público y ampliar la base tributaria para sostener una trayectoria de crecimiento inclusivo, mientras la OCDE ha recomendado racionalizar exenciones fiscales para aumentar la capacidad recaudatoria y mejorar la equidad, eficiencia y simplicidad del sistema tributario.

El punto de partida es claro: la República Dominicana exhibe estabilidad macroeconómica y credibilidad externa, pero mantiene restricciones fiscales importantes. El Banco Mundial ha advertido que la deuda pública permanece por encima de los niveles prepandemia, alrededor de 58 % del PIB, y que los pagos de intereses absorben más de 3 % del PIB, reduciendo el espacio fiscal disponible para inversión pública, infraestructura, salud, educación, seguridad, agua, transporte y resiliencia climática.

Esta realidad obliga a superar la falsa dicotomía entre disciplina fiscal y desarrollo social. Sin disciplina fiscal, el desarrollo se vuelve financieramente vulnerable; pero sin desarrollo social, la disciplina fiscal pierde legitimidad ciudadana. Una reforma fiscal moderna debe descansar sobre cuatro pilares: suficiencia recaudatoria, equidad distributiva, eficiencia económica y legitimidad institucional.

La revisión de exenciones, incentivos y tratamientos especiales debe ocupar un lugar central. No se trata de desmontar de manera indiscriminada regímenes que han sido relevantes para atraer inversión, empleo y exportaciones. Se trata de evaluarlos con criterios de impacto. Un incentivo fiscal debe justificar su existencia mediante generación de empleo formal, transferencia tecnológica, aumento de exportaciones, encadenamientos productivos, inversión territorial, innovación, productividad y retorno fiscal neto.

Una reforma fiscal con legitimidad social debe incluir un contrato verificable de gasto público. La ciudadanía solo aceptará mayores cargas fiscales si percibe que el Estado responde con servicios de calidad, transparencia, control del despilfarro y resultados tangibles. Por ello, el país debería adoptar presupuestos por desempeño, auditorías de impacto, evaluación independiente de programas, publicación ciudadana de indicadores y revisión periódica de subsidios.

Nearshoring, zonas francas y transformación productiva

El nearshoring representa una de las oportunidades estratégicas más relevantes para la República Dominicana en la actual reconfiguración de la economía global. La relocalización de cadenas de suministro, impulsada por tensiones comerciales, riesgos geopolíticos, costos logísticos y búsqueda de mayor cercanía a los mercados de consumo, abre una ventana para economías con ubicación estratégica, estabilidad política, infraestructura logística, acuerdos comerciales y capacidad manufacturera.

La República Dominicana parte de una base relevante: su régimen de zonas francas. El Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación reporta que el sector contaba en 2025 con 858 empresas operando, más de 200,000 empleos y exportaciones por US$8,604.6 millones. En el primer trimestre de 2026, las exportaciones de zonas francas alcanzaron US$2,085.1 millones, un crecimiento de 4.3 % frente a los US$1,998.9 millones de igual período de 2025. Además, marzo de 2026 registró exportaciones por US$841.2 millones, la cifra mensual más alta desde el establecimiento del sector.

La fortaleza sectorial se aprecia en áreas de alto valor estratégico. El CNZFE informó que la actividad de dispositivos médicos lideró las exportaciones del primer trimestre de 2026 con US$721.5 millones y un crecimiento de 9.3 %, mientras productos eléctricos crecieron 17 %, tabaco 16.6 %, químicos 16.9 % y calzados 6.6 %. Esta composición revela que el país no debe limitarse a competir por costos laborales o cercanía geográfica, sino que puede avanzar hacia manufactura avanzada, servicios globales, dispositivos médicos, componentes eléctricos, logística regional, comercio electrónico y economía digital.

En el Congreso Mundial de Zonas Francas, el presidente Abinader afirmó: “La República Dominicana es hoy una de las mejores decisiones de inversión en el hemisferio”, y añadió que en el país “invertir es sencillo, operar es eficiente y crecer es posible”.

Pero el nearshoring no se captura automáticamente. La ubicación geográfica es una ventaja, pero no una garantía. La atracción de inversión de segunda generación dependerá de la capacidad efectiva de reducir costos operativos, asegurar energía confiable, formar talento especializado, agilizar permisos y fortalecer encadenamientos productivos.

El nearshoring dominicano debe concebirse como una estrategia de transformación productiva, no solo como una política de captación de inversión extranjera. Si el país se limita a recibir empresas que operan como enclaves desconectados de la economía nacional, el impacto sobre productividad, salarios, innovación y desarrollo regional será limitado. La verdadera oportunidad consiste en conectar zonas francas con proveedores locales, universidades, centros de investigación, mipymes, formación técnica, infraestructura logística y políticas de innovación.

Figura 3. Zonas francas y nearshoring: indicadores estratégicos para la transformación productiva

Nota. La figura resume indicadores claves del sector zonas francas y su vinculación con el potencial del nearshoring. Las exportaciones de zonas francas alcanzaron US$2,085.1 millones en el primer trimestre de 2026, frente a US$1,998.9 millones en igual período de 2025. Además, marzo de 2026 registró exportaciones por US$841.2 millones, la cifra mensual más alta desde el establecimiento del sector. El régimen mantiene más de 200,000 empleos directos y constituye una de las principales plataformas exportadoras del país.

Lectura analítica. El desempeño de las zonas francas confirma que la República Dominicana posee una base real para aprovechar el nearshoring. No obstante, la oportunidad no se captura automáticamente. La ubicación geográfica, por sí sola, no basta. El país necesita energía confiable, logística eficiente, capital humano especializado, reducción de burocracia, seguridad jurídica, digitalización aduanera, financiamiento competitivo y proveedores nacionales capaces de integrarse a cadenas de valor. Solo así las zonas francas dejarán de ser una plataforma exportadora aislada para convertirse en motor de innovación, productividad, salarios de mayor valor y desarrollo territorial.

Propuestas de políticas públicas para convertir confianza en desarrollo

1. Pactar una Estrategia Nacional de Productividad. Articular Gobierno, sector privado, academia, sindicatos, zonas francas, turismo, agroindustria, mipymes e instituciones de formación técnica, con metas verificables en productividad laboral, innovación, digitalización, logística, formación dual y transferencia tecnológica.

2. Revisar los incentivos fiscales bajo criterios de impacto. Evaluar todo régimen especial según inversión nueva, empleo formal, exportaciones, innovación, transferencia tecnológica, encadenamientos locales, desarrollo territorial y retorno fiscal neto.

3. Impulsar una reforma fiscal integral con legitimidad social. Ampliar la base tributaria, combatir evasión, revisar exenciones regresivas, simplificar obligaciones para mipymes, fortalecer la administración tributaria y garantizar que los nuevos recursos financien servicios públicos visibles.

4. Crear un sistema nacional de evaluación del gasto público. Adoptar auditorías de desempeño, presupuestos por resultados, indicadores de impacto, revisión de programas duplicados y publicación ciudadana de resultados.

5. Formalizar el empleo mediante incentivos inteligentes. Diseñar un régimen simplificado para microempresas, seguridad social gradual para trabajadores independientes, reducción de costos de entrada, ventanilla digital única e incentivos temporales a nuevos empleos formales.

6. Convertir el turismo en plataforma productiva territorial. Promover compras locales certificadas en hoteles, encadenamientos con agricultura, pesca, agroindustria, artesanía, gastronomía, industrias creativas, transporte local, cultura y turismo comunitario.

7. Promover una política de nearshoring de segunda generación. Orientar la estrategia hacia manufactura avanzada, dispositivos médicos, farmacéutica, logística regional, servicios globales, comercio electrónico, semiconductores auxiliares, energías limpias y economía digital.

8. Reformar la educación técnica y la formación profesional. Alinear INFOTEP, universidades, politécnicos, zonas francas y empresas en programas de formación dual en dispositivos médicos, manufactura avanzada, logística, mecatrónica, inglés técnico, programación, ciberseguridad, inteligencia artificial, comercio exterior y gestión de calidad.

9. Acelerar la reforma del sector eléctrico. Reducir pérdidas, mejorar la gestión de distribuidoras, revisar subsidios, fortalecer redes, expandir energías renovables y transparentar costos para reducir presiones fiscales y elevar competitividad.

10. Crear fondos regionales de inversión productiva. Financiar agroindustria, innovación local, turismo sostenible, manufactura ligera, logística, economía naranja y mipymes exportadoras para que la confianza internacional llegue a las provincias.

11. Adoptar una Estrategia Nacional de Nearshoring 2026-2036. Definir sectores prioritarios, corredores logísticos, requerimientos de talento, necesidades energéticas, política de suelo industrial, promoción internacional e indicadores de impacto.

12. Crear un Observatorio de Productividad y Competitividad Territorial. Medir productividad por provincia, sector, tamaño de empresa y nivel de formalidad para orientar inversión pública, formación técnica, crédito productivo y política industrial.

Conclusión

La República Dominicana ha conquistado un activo valioso: confianza. La revisión al alza de J. P. Morgan, las valoraciones de Bank of America, Fitch Ratings y Santander, el reconocimiento del FMI a los fundamentos económicos dominicanos, las recomendaciones del Banco Mundial sobre productividad y empleos de calidad, las advertencias de la OCDE sobre capacidad fiscal y transformación digital, los análisis del BID sobre productividad y resiliencia, y la lectura de la CEPAL sobre el bajo crecimiento regional configuran un diagnóstico convergente: el país tiene estabilidad, reputación y potencial, pero necesita profundizar reformas para convertir crecimiento en desarrollo.

La confianza internacional no debe ser el punto final del camino. Debe ser el inicio de una etapa más exigente. La República Dominicana no puede conformarse con ser una economía bien vista por los mercados. Debe aspirar a ser una sociedad mejor vivida por su gente. La credibilidad financiera importa, pero la credibilidad social es indispensable.

El Poder Ejecutivo ha contribuido, desde el 16 de agosto de 2020, a construir una ruta de recuperación, estabilidad, promoción internacional, relanzamiento turístico, fortalecimiento de zonas francas, atracción de inversión extranjera, expansión de infraestructura y posicionamiento del país como plataforma logística, turística e industrial. Pero esa ruta debe profundizarse con políticas más audaces: reforma fiscal legítima, productividad, formalización laboral, educación técnica, reforma eléctrica, innovación, inteligencia artificial, inversión territorial y encadenamientos productivos.

Ahí reside la verdadera prueba de madurez nacional. Cuando la estabilidad macroeconómica se convierte en bienestar tangible, cuando la inversión se transforma en empleos dignos, cuando la disciplina fiscal financia servicios públicos de calidad, cuando el nearshoring genera innovación y salarios de mayor valor, y cuando la confianza internacional se traduce en esperanza ciudadana, entonces la República Dominicana no solo mejora su calificación: mejora su destino.

Referencias

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Acento. (2026, 13 de mayo). Abinader promociona a RD como destino clave para inversión y nearshoring en Congreso Mundial de Zonas Francas. https://acento.com.do/economia/abinader-promociona-a-rd-como-destino-clave-para-inversion-y-nearshoring-en-congreso-mundial-de-zonas-francas-9677485.html

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Presidencia de la República Dominicana. (2026, 1 de julio). Presidente Abinader destaca que la confianza y la estabilidad hacen de República Dominicana un imán para la inversión. https://presidencia.gob.do/noticias/presidente-abinader-destaca-que-la-confianza-y-la-estabilidad-hacen-de-republica

Presidencia de la República Dominicana. (2026, 13 de mayo). Presidente Abinader presenta a la República Dominicana como una de las mejores decisiones de inversión del hemisferio en el Congreso Mundial de Zonas Francas. https://presidencia.gob.do/noticias/presidente-abinader-presenta-la-republica-dominicana-como-una-de-las-mejores-decisiones-de

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