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jueves, 2 de agosto de 2018

Y dónde está la visa? | José Luis Taveras @Josel_taveras

¿Y dónde está la visa?

José Luis Taveras - 31 de julio de 2018 - 12:12 am
José Luis TaverasLa República Dominicana ha sido uno de los pocos países de América Latina intervenido militarmente en dos ocasiones por los Estados Unidos. Ese trauma ha generado escasas simpatías a las políticas de Washington. A pesar de la histórica aversión al establishment imperial, la sociedad de hoy ha visto con agrado la cancelación del visado a funcionarios o a personas sindicadas como autores de hechos ilícitos. El ejercicio de esta facultad se ha convertido virtualmente en la única “sanción” a la imperturbable impunidad pública que nos arropa. La cancelación del visado constituye un estigma social por suponer una presunción de corrupción que marcará o no el nombre del afectado dependiendo de su relevancia política, marca social o la estima que este tenga de su propia imagen pública.
Las autoridades estadounidenses tienen la potestad de cancelar las visas a las personas que entiendan con indicios razonables de estar asociadas a actividades ilícitas, aunque no haya una querella formal ni un procedimiento judicial en curso en el país ni en cualquier jurisdicción estatal o federal estadounidense, porque ese permiso (la visa) no es considerado como un derecho del beneficiario; es un privilegio que otorga potestativamente el gobierno estadounidense a los extranjeros. Tampoco es injerencia; es un acto de soberanía.
La Ley Federal de Inmigración y Nacionalidad de los Estados Unidos (INA) establece en la sección 212 los distintos motivos de inadmisibilidad del visado. El proyecto de ley McCarran-Walter de 1952, Ley Pública núm. 82-414, recogió y codificó muchas de las disposiciones dispersas existentes, reorganizando así la estructura de la ley de inmigración. Esta ley ha sufrido varias modificaciones, pero sigue siendo el cuerpo normativo básico del régimen inmigratorio. Las condiciones y causas de la no admisibilidad están taxativamente enumeradas; son tan diversas como laxas y van desde la prostitución, enfermedad (física, mental o de trasmisión sexual) terrorismo, narcotráfico, lavado, espionaje o pertenencia a un partido nazi hasta cualquier delito que implique alguna depravación moral.
La política de inteligencia del Departamento de Estado de los Estados Unidos, a través de las embajadas, consiste, en parte, en acopiar información relevante no solo del Gobierno dominicano como entidad pública o de su principal ejecutivo, sino de los comportamientos particulares de funcionarios, legisladores, fiscales, jueces y de manera general de las personas naturales o jurídicas públicas o privadas sensibles a los intereses y la seguridad de los Estados Unidos.
Es posible que la data acopiada nunca se revele y que posteriormente sea desclasificada según los procedimientos, plazos y causas vigentes; solo se tiene en archivo para, en el momento requerido, invalidar a esa persona como elegible para cualquier solicitud de entrada, residencia o ciudadanía en ese país o para hacer negocios o inversiones e incluso para cualquier proceso penal abierto o por abrir en los Estados Unidos. Los cables publicados por WikiLeaks hace ya varios años revelaron los formatos y contenidos de los despachos de las embajadas, muchos de los cuales aludían a temas aparentemente irrelevantes. Esos “reportes” no son protocolos nuevos, forman parte de las líneas convencionales de información reservada de las embajadas de Estados Unidos en el mundo.
Dentro de nuestra cultura popular, el visado “americano” ha sido una pretensión de fuerte inspiración social. Es la vía legal para escapar. New York, tierra de promisión, es la meca de viejos ensueños en los estamentos bajos, donde seis de cada diez desean emigrar. En el imaginario común no es fácilmente digerible la idea de que la gente de poder no pueda ir a “Nueva Yol”, en tanto ellos, tratados como parias, pueden viajar con sus doce maletas. El impacto sociológico de la cancelación de la visa es más sensible en términos punitivos que la condena de un tribunal dominicano.
La corrupción pública ha sido considerada como tema de primera atención para la política exterior de la administración Trump en América Latina. La República Dominicana está en el foco vivo de esos intereses.  El asunto es más sensitivo de lo que imaginamos, atizado por la difusa agenda que ha manejado el Estado dominicano en tópicos no concurrentes con los intereses regionales de los Estados Unidos, como son el respaldo al gobierno de Venezuela, la apertura de relaciones diplomáticas con China y las compras y contrataciones de bienes y servicios en Brasil con preferencia a las ofertas estadounidenses. Al margen de esos motivos, que son muy propios, coyunturales e interesados, los Estados Unidos abren una nueva ventana en sus relaciones continentales marcada por la intolerancia hacia la inmigración ilegal, la corrupción y la impunidad. Recientemente la Cámara de Representantes dispuso que el Gobierno estadounidense aumentara el escrutinio de los casos de corrupción en Centroamérica a través de una enmienda incluida en la Ley de Autorización de Defensa Nacional (NDAA). En virtud de esa reforma, el secretario de Defensa debe elaborar una lista de funcionarios de los gobiernos centroamericanos que estén involucrados en casos de corrupción. La reciedumbre de esa política ha evitado que los Estados Unidos siga siendo el territorio de escape y destino de expresidentes perseguidos judicialmente en sus países.
Existe una voluntad muy determinada del Gobierno de los Estados Unidos con la agenda en contra de la impunidad, sobre todo en Centroamérica y el Caribe.  Hay una mayor apertura para atender las demandas ciudadanas de otros países para abrir procesos judiciales en cortes estadounidenses  en contra de expresidentes y exfuncionarios que han utilizado el sistema financiero y de pagos de los Estados Unidos o hayan realizado transacciones comerciales.  El Gobierno de los Estados Unidos a través del Departamento de Estado, el Departamento de Justicia, el Departamento de Seguridad Nacional y del propio Departamento de Defensa dispone de los instrumentos, dispositivos, normas y procedimientos para sustentar cualquier esfuerzo meritorio en ese sentido.
En estos últimos tres meses se ha dispuesto la cancelación de visados a jueces, legisladores, exfuncionarios y burócratas públicos dominicanos. Vienen más. No son acciones aisladas; son parte de una política que tomará cuerpo y alcance cuando la nueva embajadora asuma sus funciones. Creo que en lo adelante cualquier precandidato a la presidencia de la República que pueda verse afectado por esta situación está en el deber de comunicarlo sin desmedro de las implicaciones. Es un asunto de absoluto interés público que tarde o temprano se sabrá; callarlo es peor.
https://acento.com.do/2018/opinion/8592069-donde-esta-la-visa/
José Luis TaverasLetras Libres
Abogado corporativo y comercial, escritor y editor.

lunes, 4 de junio de 2018

Opinión: EE. UU. atiza la división de Europa

EUROPA

Opinión: EE. UU. atiza la división de Europa

El anuncio del embajador de EE. UU. en Alemania sobre que piensa inmiscuirse directamente en la política europea provocó un escándalo. Pero no basta con indignarse, dice la redactora en jefe de DW, Ines Pohl.
Richard Grenell es el nuevo embajador de EE. UU. en Alemania.
Richard Grenell es el nuevo embajador de EE. UU. en Alemania.
Alemania está indignada. Pocas horas después de la publicación de una entrevista con el embajador estadounidense en Alemania, Richard Grenell, se empiezan a alzar las voces que piden que se lo expulse del país. El motivo: en una conversación con el portal estadounidense de derecha Breitbart, este hombre de Trump declaró que quiere apoyar a las fuerzas conservadoras en Europa que están en contra del establishment. Los pasajes en los que habla de una "mayoría silenciosa”, del bienestar del ciudadano trabajador, de la crítica a la política actual hacia los refugiados y del alejamiento de la realidad de las élites políticas, bien podría repetirlos en un acto de campaña del partido populista de derecha Alternativa para Alemania (AfD). Seguramente se ganaría el aplauso del público. Sin embargo, no es la primera vez que Grenell se entromete tan explícitamente en asuntos alemanes. Apenas asumió su cargo, exhortó a las empresas alemanas que se retiraran de sus negocios en Irán, con el trasfondo de la disputa transatlántica en torno al acuerdo nuclear con ese país.
Intromisión inusitada
Ines Pohl, redactora en jefe de Deutsche Welle.
Ines Pohl, redactora en jefe de Deutsche Welle.
De hecho, es algo inusitado, hasta ahora, que un embajador se entrometa tan directamente en la política del país en el que ejerce la diplomacia. Hasta el momento, la tarea de un embajador consistía en manifestarse acerca de la política del propio país, en tender puentes y en pacificar conflictos. Pero, quien ahora se irrita y se sorprende de que Grenell defina su tarea de manera tan diferente, todavía no entendió que, con Trump en la Casa Blanca, todo ha cambiado. También la tarea diplomática.
Trump es un hombre de negocios y viene del negocio del espectáculo, donde ha logrado sus mayores éxitos. Su concepto de política no es "el arte de lo posible”, como lo definió una vez Otto von Bismarck, primer canciller del Imperio Alemán. Como para todos los populistas, lo importante para Trump y su equipo es causar el mayor efecto posible. Cuando Grenell habla de migración en cadena y, al mismo tiempo, elogia al canciller austríaco Sebastian Kurz, conocido por su línea dura, sabe exactamente lo que está haciendo. Quiere animar a las fuerzas europeas que, como Trump, desafían al orden establecido. Sus declaraciones están dirigidas a los jefes de Gobierno de la derecha nacionalista, como el del Hungría o el de Polonia. Es decir, a aquellos que cuestionan a Europa en su forma actual.
El objetivo es debilitar la unidad europea
Para sumar puntos, Grenell utiliza, con mucha habilidad, como lo hace el presidente de su país, no solo los miedos de la gente. También aprovecha la debilidad del sistema a fin invocar un nuevo orden en el Viejo Continente. Un orden que debilitaría la unidad de la Unión Europea y que solo beneficiaría a EE. UU.
Las respuestas estridentes, la irritación y los pedidos de renuncia de Grenell no ayudan a enfrentar esta estrategia de debilitamiento de la UE. En esta competencia por el tono más fuerte siempre ganará Trump. A Alemania y a sus socios europeos no les queda otra alternativa que aceptar que en Donald Trump ya no se puede confiar y que, por el contrario, el presidente estadounidense ya no solo amenaza con una guerra comercial contra Europa, sino que ahora también utiliza a su élite diplomática en Europa para acelerar la división de la UE.
Solo puede haber una respuesta a este nuevo estilo de relación transatlántica: un claro acuerdo para el futuro de Europa en el que no solo jueguen un papel los grandes países sino también los pequeños. Aunque sea amargo, el antiguo aliado EE. UU. se ha convertido, por el momento, en un peligro que atiza la división de la Unión Europea. Después de esta entrevista, ya no queda ninguna duda.
Autora: Ines Pohl (CP/ERS)

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lunes, 8 de enero de 2018

Establishment, statu quo y movimiento / por Cándido Mercedes

Mercedes - 8 de enero de 201
Establishment, statu quo y movimiento 

Cándido Mercedes


Cándido Mercedes“Tenemos dos opciones. Podemos ser pesimistas, abandonar y contribuir a que ocurra lo peor sin vuelta atrás. O ser optimista, atrapar las oportunidades que sin duda existen y contribuir, tal vez, a que el mundo sea un lugar mejor. No es una elección demasiado difícil.” (Noam Chomsky: Optimismo contra el desaliento).
Rita Vásquez, coautora del libro Sociedades peligrosas. La historia detrás de los Panamá Papers, nos señala “El mal comportamiento es causado por hacer un mal uso de un buen recurso”. En nuestra sociedad cuasi no tenemos hombres y mujeres de Estado, ni siquiera Tecnócratas, en el sentido lato del concepto. La parcialización y atraso social institucional, hace que no existan personas “del sistema”, del Establishment. Somos ubicados “partidariamente” si trabajamos en un momento determinado en una coyuntura política, de un partido determinado.
Es más, nos “colocan” en un determinado estamento organizacional, de acuerdo a nuestro análisis político. A quien conviene ese discurso. No ven tu coherencia y consistencia en la integralidad de tu retórica en defensa de principios y valores democráticos. Giran en un minimalismo y cultura maniquea que asombra los postulados de sus convicciones. Son seres humanos del statu quo.
Hay una diferencia entre el Establishment y el statu quo. En el Establishment, el sujeto es una persona del sistema. Su compromiso va más allá del statu quo y su defensa del momento y de los actores protagónicos fundamentales, de un tiempo dado. La persona del Establishment mira al conjunto de la sociedad, lo que le conviene desde una perspectiva holística, global. Asume el statu quo como una palanca para que el sistema gire, como dinámica inicial. Empuja, no se amilana y los intereses van más allá de los individuos. Visualiza, desde el compromiso con el futuro. Por eso, no se arredra en el convencionalismo de la amistad. Sacrifica los intereses individuales, particulares y corpóreos, para que el cuerpo social encuentre espacio de la manera más llevadera.
El statu quo es la modorra que nos caracteriza. El eje de que todo anda bien, la supremacía de la cultura de la autocomplacencia. Objetivizamos linealmente en lo que éramos hace 30, 40 y 50 años con lo que somos hoy, nunca con lo que pudimos ser. No nos interrogamos como siendo una sociedad con ingresos medios, donde el Producto Bruto Interno alcanza los US75, 000 mil millones de dólares y el Ingreso per cápita ronda los US7, 300 millones de dólares, sin embargo, tenemos el 62% de las provincias con desarrollo humano bajo, con tasa de mortalidad infantil de un país del África Subsahariana y una mortalidad materna (90/100,000), que espanta.
Es que el statu quo es la mirada del derrame sin memoria, aquello que por el tiempo ha de cambiar. Por ello, la persona del statu quo no se renueva, no se confronta con los desafíos ni enfrenta las oportunidades a través de los cambios estructurales en el mismo sistema económico social. La persona del statu quo que vive promulgando el progreso, no en el bienestar de la gente, en su calidad y nivel de vida, sino en la infraestructura. Ahí descansa su manera de ver la sociedad: los edificios, las carreteras, los túneles, el número de vehículos, cuando hoy sabemos que son necesarios, empero, nunca suficientes. Es la esperanza de vida al nacer, es la calidad de vida, los niveles de vida, el promedio de escolaridad, la calidad de la enseñanza, los niveles de organización de la sociedad, el grado de disciplina colectivo de una sociedad, el desempleo, la inversión y gasto en salud, el compromiso con el medio ambiente, el ritmo de la convivencia social, la manera como se abordan las diferencias y se gestionan los conflictos y el grado de los niveles de tolerancia y el respeto a la diversidad.
Solo miran, los apologistas del statu quo, lo que éramos y lo que somos, sin cuestionar que otras sociedades han alcanzado más y tienen mejores niveles de organización social institucional, sin haber alcanzado los grados de crecimiento económico como nosotros. Está claro, es una verdad de Perogrullo, que si no estamos frente a un Estado fallido o un país que haya estado en guerra, sus condiciones materiales hoy, tienen que ser mejores que ayer. Pregunta vital, sustancial, es, ¿cuáles cambios estructurales hemos llevado a cabo en los últimos 21 años, cuando el tamaño de la economía es 3 veces mayor? ¿Cuál es la movilidad social hoy y cómo era la movilidad social hace 30, 40 años? ¿Cuál es el modelo económico hoy, sino es el de los años 80, 90 del siglo pasado?
El ser humano del Establishment ve las cuatro esquinas. El del statu quo se queda en una sola esquina, blasonando sus éxitos, de lo que tiene hoy, tratando de “derrotar” el pasado, pero sin ir a sus raíces y con un profundo miedo al futuro. Cree que éste no existe y que no tenemos conciencia del entorno. Que seguimos siendo una isla en todo el entramado de sus dimensiones.
Tanto la persona del statu quo como del Establishment son del sistema, pero, uno es más decente y hace que la manecilla del reloj corra para el conjunto de la sociedad. Se preocupa de manera societal por el deterioro del clima institucional, por el deterioro del clima de negocios, del clima de inversión, de la verdadera competitividad, por el cumplimiento de las leyes y no ve con buenos ojos la telaraña de la opacidad, que trata de ocultar de manera sistémica y estructural la lacerante corrupción.
A ojos vistas, adolecemos de un think tank del Establishment que recree y flote sus pensamientos y sus ideas acerca de lo que más le conviene al sistema. Si existiera, es claro que todos sus argumentos fueran a evitar que Danilo, Leonel e Hipólito fueran candidatos. Al sistema, como tal, no le conviene. Las cadenas seguirán oxidadas. Requiere nuevas grasas para recomponer la bicicleta o un nuevo alternador y termostato, para que el motor del vehículo no se funda por un calentamiento brutal.
Al hombre o mujer del statu quo no le preocupa la desigualdad, la igualdad de oportunidades, la justicia. Solo lo asumen frente a una crisis. El ser humano del Establishment visualiza en perspectiva, ve los desafíos y los asume como parte catalizadora de su devenir cotidiano. Sabe que mientras más cohesión social existe, más confianza en las instituciones, más legitimidad, más en armonía se encuentra el sistema y menos incertidumbre pueden eclosionar.
Los apologistas del statu quo que diseñan los cambios a través de la modernización, que es lenta y muy excluyente, pues no producen políticas públicas agresivas que ataquen las distorsiones e inequidad que genera el mercado, no van a los factores estructurales nodales que generan la asimetría social. ¡Dejan al tiempo el derrame de un supuesto bienestar que nunca llega!
El hombre del Establishment hace reformas proactivas como parte medular de las proyecciones del cambio social. Produce movimiento deliberado, de alcance para el conjunto de la sociedad. No hace al más rico menos rico ni hace al más pobre menos pobre. No vislumbra la autoperpetuación de las elites en las personas mismas, sino en las dinámicas de las instituciones. El del statu quo, apela constantemente a la edad teológica de la infancia, donde no le importa, por su vigencia, tomar el fetichismo más asombroso de la bruma de la ignorancia. ¡La sociedad requiere nuevos escenarios, nuevos movimientos que impulsen una mejor forma de interactuación social.
https://acento.com.do/2018/opinion/8524776-establishment-statu-quo-movimiento/
Cándido Mercedes
Deshojando paradigmas
Sociologo.
Experto en Gerencia.
Especialidad en Gestion del Talento Humano;
Desarrollo Organizacional y Gerencia Social y Sociologia Organizacional.
Consultor e Instructor Organizacional.
Catedratico Universitario.

Director Maestrias de Administracion y de Recursos Humanos, de La UCE

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Desde Trump y Le Pen hasta Morales, Correa o Podemos: ¿qué es el populismo?

Desde Trump y Le Pen hasta Morales, Correa o Podemos: ¿qué es el populismo?

Publicado: 16 nov 2016 08:39 GMT
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Las connotaciones negativas de un término que hace referencia a la voz del pueblo frente al "establishment".
Andrea ComasReuters
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"¿Quién queréis que gobierne América.? ¿La clase política corrupta o la gente?". Así se pronunciaba Donald Trump la noche preelectoral en el estado de New Hampshire. La voz del pueblo frente al sistema, el "establishment" que encarnaba Hillary Clinton
Un día después, la victoria del magnate en las elecciones presidenciales de EE.UU. desencadenaba una ola de reacciones mundiales que, una vez más, como ya ocurrió con el Brexit o la victoria de Syriza, centraban las interpretaciones en torno al carácter populista del republicano.  
El mundo subestimó las posibilidades de Trump. Ni siguiera los más prestigiosos analistas políticos o periodistas supieron leer entre líneas el discurso del magnate más allá de sus siempre polémicos comentarios, que le han otorgado la merecida fama de xenófobo y machista. 
Nadie analizó que su postura contra la globalización económica, así como su fuerte carácter proteccionista y su posición contra todo lo que representa Wall Street, estaba calando entre millones de ciudadanos, quienes han sufrido las consecuencias del neoliberalismo salvaje y agresivo estadounidense. Populismo en su más pura esencia. 

El populismo, desde Europa a Latinoamérica

Pero, ¿qué es populismo? La Real Academia Española (RAE) define este término como una "tendencia política que pretende atraerse a las clases populares". Sin embargo, su significado no es tan evidente, ya que su uso en los medios de comunicación y partidos políticos tradicionales, aquellos que defienden el "establishment", le han ido atribuyendo connotaciones negativas hasta convertirlo en un término peyorativo. 
Seguidores de Donald Trump celebrando su victoria durante la noche electoral
Seguidores de Donald Trump celebrando su victoria durante la noche electoralJonathan ErnstReuters
Al grito de "es un populista"cualquiera puede ser desprestigiado como político. Como si erigirse en defensa de la voz del pueblo, luchar por los anhelos de las clases medias y bajas, fuese algo malo. 
Así, hemos escuchado tachar de populistas a figuras que recorren todo el abanico político, desde la derecha hasta la izquierda. Populistas son Donald Trump y Marine Le Pen, pero también lo son Podemos y Syriza. En Latinoamérica sucede lo mismo: Néstor Kirchner, Lula da Silva, Rafael Correa, Dilma Roussef, José Mujica o Evo Morales, son solo algunos de los más recientes ejemplos de líderes acusados de ser populistas. 
De esta manera, cualquier político que tenga en cuenta losintereses de los menos privilegiados y quiera transformar las leyes que rigen en la sociedad para defenderlos de las élites que encarnan el capitalismo, es acusado reiteradamente de populista. 
El escritor y periodista argentino Mempo Giardinelli defendió en un artículo publicado en 'Página 12' cuál ha sido el error de estas figuras políticas populistas: "No asumieron sin temores y hasta con orgullo el nombre que desde el capitalismo más salvaje se les encajaba negativamente: Populismo".

El caso de Podemos

En España, las propuestas de Podemos en defensa de los intereses de las clases medias y bajas han provocado que medios de comunicación tradicionales y principales partidos políticos acusen a la formación de Pablo Iglesias de populista, un término que, a fuerza de utilizarlo mal, han conseguido que tenga connotaciones negativas. 
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, rodeado de seguidores durante un acto de campaña
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, rodeado de seguidores durante un acto de campañaSantiago FerreroReuters
Con la victoria de Trump, estos mismos sectores tenían fácil la comparación. Pero, ¿son Donald Trump y Pablo Iglesias populistas? Probablemente, sí. ¿Tienen algo que ver? Con toda seguridad, no. 
La voz del pueblo se puede defender a través de medidas de derechas o propuestas de izquierdas. Esa es la diferencia principal entre Donald Trump o Marine Le Pen y Podemos o Syriza. Sucede lo mismo al contrario: los intereses de las élites se pueden defender desde argumentos típicos de la derecha hasta ciertos posicionamientos que dicen ser de izquierdas, solo hay que echar un vistazo a los partidos políticos que nos rodean. 
María Jesus Vigo Pastur
https://actualidad.rt.com/actualidad/223711-trump-podemos-eeuu-populismo