martes, 28 de abril de 2026

AIRD resalta crecimiento económico y atribuye avances a la planificación del Gobierno | Luis Orlando Díaz Vólquez

 

AIRD resalta crecimiento económico y atribuye avances a la planificación del Gobierno

Julio Virgilio Brache afirma que el primer trimestre muestra un desempeño “sólido como nunca antes” en los últimos 12 meses, con alzas de doble dígito en recaudaciones, récords en turismo y exportaciones, y una aclaración clave sobre el recargo en fletes: “es un surcharge solamente por el combustible”.

Santo Domingo, RD, 28 de abril de 2028. – El presidente de la Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD), Julio Virgilio Brache, ponderó la planificación económica del Gobierno al destacar que el país exhibe un dinamismo “sólido como nunca antes” durante el primer trimestre del año, aun en un entorno internacional complejo. “El resultado es que ha habido un crecimiento en el país en este primer trimestre sólido como nunca antes en los últimos 12 meses”, expresó, al subrayar que el desempeño observado en marzo supera el comportamiento registrado en el año previo: “el crecimiento que hubo en marzo no lo ha habido en los últimos 12 meses anteriores”.

Brache sostuvo que esa tendencia se refleja en indicadores fiscales concretos. “Eso se comprueba también por las recaudaciones del Estado”, afirmó, al indicar que la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) ha mostrado un incremento de doble dígito. “La Dirección General de Impuesto Interno ha recaudado doble dígito en este primer trimestre, más de un 10%. Al igual ha pasado con el ITBIS”, declaró, al señalar que estos resultados constituyen evidencia del ritmo de la actividad económica.

El presidente de la AIRD añadió que el crecimiento no se limita a la dimensión tributaria, sino que se apoya en otros sectores estratégicos. “Vemos el tema del mismo turismo, como está; ha habido un récord de turismo, ha habido también un récord en las exportaciones”, dijo, al considerar que el desempeño general confirma una trayectoria favorable: “la economía va en un progreso ascendente”.

En su valoración, los resultados responden a una conducción planificada de las políticas públicas frente a riesgos externos. “Todo eso es debido a una planificación. Si no hay planificación en este entorno de guerra que tenemos a nivel mundial, no se hubiera logrado este crecimiento que tenemos hoy en día”, sostuvo, enfatizando la importancia de sostener previsibilidad y coordinación para proteger la estabilidad interna y el clima de inversión.

Respecto a la situación de los fletes y los recargos en la logística marítima, Brache informó que se ha producido una aclaración relevante tras conversaciones con navieros. “Precisamente ahora mismo… hemos tenido una conversación con un naviero y ellos me han aclarado que lo que están aplicando es un surcharge, cargos adicionales al precio base, por el costo del bunker”, explicó. En ese sentido, indicó que el recargo no está asociado a la guerra: “ya no se está aplicando el surcharge de la guerra, sino un surcharge solamente por el combustible”, lo que consideró un avance para reducir incertidumbre en la cadena de suministro: “hemos logrado un paso de avance en ese sentido”.

La AIRD reiteró que continuará dando seguimiento a los factores que inciden en la competitividad del aparato productivo nacional, incluyendo costos logísticos y condiciones del entorno internacional, al tiempo que resaltó la importancia de preservar un marco de estabilidad y planificación para sostener la senda de crecimiento.

Opinión

Cuando los números hablan: industria, recaudaciones y la importancia de planificar en tiempos inciertos

Las declaraciones de Julio Virgilio Brache (AIRD) vuelven a poner el foco en lo medible —recaudaciones al alza, dinamismo sectorial y mayor claridad en fletes—, mientras el Estado insiste en un enfoque de metas 2024–2028 y en un “Gran Acuerdo Nacional” para amortiguar choques externos.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GusábaraEditor

Hay momentos en que el debate público se llena de ruido y la incertidumbre termina imponiéndose, no por ausencia de datos, sino por falta de una narrativa capaz de ordenarlos. En esos escenarios, el país necesita volver a lo esencial: resultados verificables, señales macroeconómicas consistentes y decisiones que reduzcan la ansiedad colectiva. Por eso resultan especialmente relevantes las declaraciones de Julio Virgilio Brache, presidente de la Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD), cuando subraya que “ha habido un crecimiento en el país en este primer trimestre, sólido como nunca antes en los últimos 12 meses”, y que esa tendencia “se comprueba también con las recaudaciones del Estado”. En un contexto internacional marcado por tensiones, costos logísticos volátiles y expectativas frágiles, el mérito de los datos no es solo su frialdad; es su capacidad para desmentir percepciones extremas.

El primer ángulo de lectura es fiscal, porque la recaudación suele ser un termómetro de actividad: cuando la economía se mueve, la caja tributaria lo siente. Brache afirma que ese empuje se refleja en un crecimiento de “más del 10 %” en las recaudaciones de la Dirección General de Impuestos Internos, y acompaña el señalamiento con la idea de que el desempeño del trimestre rompe con la inercia del año previo. Lo importante aquí no es convertir el dato en consigna, sino entender su implicación: una recaudación que crece con vigor amplía el margen de maniobra del Estado para sostener servicios, inversión pública e instrumentos de protección social cuando el entorno externo se pone más caro e impredecible. Y en economía abierta, “margen” es sinónimo de resiliencia: la diferencia entre amortiguar un golpe o trasladarlo sin filtros al consumidor. 

El segundo ángulo es sectorial. Brache insiste en que el crecimiento no se sostiene con una sola variable, y por eso apunta a motores que, en el imaginario económico dominicano, funcionan como pruebas visibles de desempeño: turismo y exportaciones. En la cobertura reciente de sus declaraciones se resalta que el sector turístico “ha demostrado ir en crecimiento” y se enmarca su lectura en un primer trimestre de desempeño favorable. Cuando esos frentes se comportan bien, el efecto se multiplica: entra divisa, se fortalecen encadenamientos, y la formalidad encuentra terreno más fértil. Sin embargo, la lección más importante no es el aplauso coyuntural, sino la disciplina estratégica: si el turismo y las exportaciones son pilares, entonces la competitividad —infraestructura, facilitación, capital humano y seguridad jurídica— no puede tratarse como un tema “para después”, porque en tiempos inciertos “después” llega con factura. 

El tercer ángulo —quizá el más político en el sentido serio de la palabra— es la planificación. Brache lo dice sin rodeos: la economía “va en un proceso ascendente y todo eso es debido a una planificación”, y añade que “sin una planificación, en este entorno de guerra, no se hubiese logrado este crecimiento”. Aquí conviene una pausa: planificar no es redactar documentos; es anticipar shocks, coordinar instituciones, cuidar expectativas, evitar improvisaciones costosas y mantener un hilo conductor entre lo fiscal, lo monetario, lo productivo y lo social. Eso exige algo que a menudo subestimamos: continuidad, monitoreo y capacidad de ejecución. No basta con prometer “metas”; hay que seguirlas, medirlas y corregir con rapidez cuando la realidad cambia.

En ese punto, la planificación deja de ser un concepto abstracto y se conecta con una hoja de ruta concreta. El gobierno del presidente Luis Abinader ha insistido en priorizar metas para el período 2024–2028 con mecanismos de seguimiento, incluyendo un esquema de monitoreo tipo “Delivery Units” y objetivos vinculados a consolidación de clase media, reducción de pobreza, aumento de empleo formal, impulso a exportaciones e inversión, y metas ambiciosas en turismo. Dicho de forma simple: si el país aspira a resistir choques externos sin sacrificar bienestar interno, necesita metas claras y un sistema que las persiga sin excusas. El valor de ese enfoque no es que prometa perfección; es que reduce la improvisación, que suele ser el impuesto más caro en coyunturas globales volátiles. 

Y precisamente ahí entra un tema que suele pasar desapercibido hasta que golpea el bolsillo: los fletes. La logística internacional es, para una economía abierta, una arteria. Si esa arteria se congestiona o encarece sin explicación, el costo termina trasladándose —al productor, al comerciante y, finalmente, al consumidor— con impactos directos en precios y abastecimiento. En este debate, la transparencia importa tanto como el precio. Brache destaca que, tras conversaciones con navieros, se logró una aclaración relevante sobre los recargos: el “surcharge” responde al costo del combustible marítimo (bunker) y no a un recargo asociado a la guerra. Esa precisión, que parece técnica, tiene una implicación política y económica enorme: delimitar la causa reduce la especulación, mejora la previsibilidad y fortalece la capacidad de negociación y planificación de inventarios. En términos simples: cuando el recargo está explicado por combustible, se discute con datos; cuando se diluye en “la guerra”, se abre la puerta a la arbitrariedad. 

Ahora bien, si el mundo se está moviendo en un tablero inestable, el país necesita, además de planificación, un mecanismo de conversación nacional que produzca certezas y evite respuestas fragmentadas. En ese contexto se coloca la convocatoria del presidente Luis Abinader a un “Gran Acuerdo Nacional” para consensuar medidas orientadas a mitigar el impacto de la crisis global sobre las familias y sostener expectativas de crecimiento, mediante consultas con sectores productivos, políticos y sociales. Más allá del titular, lo relevante es el enfoque: no se trata de “hablar por hablar”, sino de socializar medidas, escuchar propuestas y construir un marco de corresponsabilidad donde el Estado, el sector productivo y la sociedad alineen expectativas. En tiempos de shock, la peor política pública es la que llega tarde; y la peor comunicación es la que deja espacio para el pánico. 

Por supuesto, una columna de opinión no puede quedarse en la complacencia. La pregunta de fondo es: ¿cómo convertimos señales positivas en estabilidad duradera? La respuesta pasa por coherencia y por ejecución. Si la recaudación crece, conviene traducir parte de esa fortaleza en servicios públicos más eficientes, inversión logística y un entorno regulatorio que favorezca la formalidad. Si turismo y exportaciones sostienen dinamismo, conviene blindar esos sectores con productividad, facilitación comercial y talento. Y si el recargo de fletes se explica por bunker, conviene fortalecer observatorios de costos logísticos y mecanismos de vigilancia competitiva para anticipar presiones inflacionarias antes de que se trasladen sin filtro a la canasta familiar. En un país donde la conversación pública suele polarizarse entre “todo está bien” y “todo está mal”, lo responsable es sostener matices: reconocer avances, identificar riesgos y exigir consistencia.

Si algo dejan claro las palabras de Brache —y los movimientos institucionales hacia metas verificables y acuerdos amplios— es que la economía no se defiende con consignas, sino con resultados, coordinación y transparencia. Cuando los números hablan, el país debe escuchar; y cuando la incertidumbre sube, el Estado, el sector productivo y la sociedad deben aferrarse a lo que reduce el riesgo: planificación, evidencia y diálogo que produzca certezas.

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Sobre el autor, Luis Orlando Díaz Vólquez, es ingeniero de sistemas de computadora, editor bibliográfico y productor de medios de comunicación. Autor de artículos de opinión y análisis sobre geopolítica, seguridad y comercio internacional. Ha seguido y escrito sobre procesos regionales y eventos de alto impacto (ferias internacionales, congresos sectoriales y coyunturas de seguridad nacional). Su enfoque privilegia la institucionalidad, el Estado mínimo funcional y la apertura económica con compliance como pilares para la normalización y el desarrollo sostenible.

Palabras clave

Economía dominicana, Crecimiento económico, Recaudaciones fiscales, DGII, ITBIS, AIRD
Julio Virgilio Brache, Planificación económica, Estabilidad económica, Luis Abinader
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