lunes, 2 de marzo de 2026

Editorial | Cuando pagar se vuelve más fácil, el país se vuelve más competitivo

 

Editorial | Cuando pagar se vuelve más fácil, el país se vuelve más competitivo

La modernización del Estado no siempre se anuncia con grandes obras visibles. A veces llega en forma de un cambio aparentemente sencillo, pero con efectos inmediatos en la vida real de quienes producen, importan, exportan y generan empleo. En su Rendición de Cuentas del 27 de febrero de 2026, el presidente Luis Abinader resaltó una medida que apunta exactamente a ese tipo de transformación práctica: los impuestos y tasas aduanales podrán pagarse también con tarjetas de débito y crédito, ampliando canales y reduciendo fricciones para las Mipymes. 

Este anuncio es más que una comodidad tecnológica. Es una señal de política pública orientada a un principio clave: cumplir debe ser más simple que evadir. Cuando el Estado elimina barreras, ahorra tiempo y reduce costos operativos, mejora la competitividad sin necesidad de discursos grandilocuentes. En el enfoque oficial, el objetivo es claro: permitir un cumplimiento “ágil, simple y transparente”, disminuyendo tiempos y costos, tal como ya ocurre en otros componentes del sistema tributario.

Desde la perspectiva institucional, la medida encaja con la naturaleza estratégica de la Dirección General de Aduanas (DGA), que trasciende la recaudación: es autoridad nacional de frontera con responsabilidades de control, facilitación del comercio y resguardo de la seguridad. En su propia definición, la DGA asume el rol de ente facilitador del comercio exterior, con fiscalización adecuada, gestión de riesgo y estándares de calidad sustentados en la integridad de su gente. En ese marco, ampliar los medios de pago no es un detalle administrativo: es parte del ecosistema de facilitación que determina si un contenedor sale hoy o mañana, si un insumo llega a tiempo o se convierte en un costo adicional para la cadena productiva. 

Además, el anuncio no parte de cero. Se informó que la DGA inició un plan piloto de pagos en administraciones y aeropuertos y que se prevé habilitar pagos SIGA/Web, sumando también modalidades asociadas al PIN para ampliar el alcance del sistema. Este detalle es crucial: la credibilidad de una reforma depende de su ejecución. Cuando el ciudadano percibe que la medida ya está caminando —en piloto, con cronograma y expansión— aumenta la confianza y la adopción se acelera. 

En términos de formalización, la medida puede convertirse en un “empujón” silencioso, pero potente. Un pago con tarjeta no solo reduce filas y trámites presenciales; también aumenta trazabilidad, fortalece controles y ayuda a construir un entorno donde la transparencia se vuelve la norma. En paralelo, la DGA ha reiterado en distintos espacios su compromiso con la honestidad, la transparencia y la integridad institucional como valores centrales del servicio público. Y ese énfasis cobra mayor sentido en un contexto donde el Estado busca que el comercio lícito sea más competitivo que la informalidad. 

Pero sería ingenuo pensar que el éxito está garantizado por el anuncio. Para que el pago con tarjetas sea verdaderamente transformador, hay condiciones que deben cumplirse con rigor: claridad sobre comisiones, interoperabilidad con el ecosistema bancario, continuidad operativa, ciberseguridad y una experiencia digital simple para el usuario final. Y aquí la modernización debe entenderse como un proceso integral, no como un módulo aislado. La propia agenda institucional destaca acciones de capacitación y mejora de procesos —como el fortalecimiento del uso de la Ventanilla Única de Comercio Exterior (VUCE) para reducir errores y agilizar trámites—, que apuntan en la dirección correcta: menos fricción, más eficiencia.

En el fondo, el país está discutiendo algo mayor que un método de pago: está definiendo el tipo de relación que quiere entre Estado y contribuyente. Una Aduana moderna no es solo la que recauda más, sino la que recauda mejor: con reglas claras, controles inteligentes, servicios ágiles y un enfoque que respete el tiempo del ciudadano y la dinámica del comercio. Eso es coherente con la misión institucional de facilitar el comercio exterior, elevar la competitividad y mantener vigilancia efectiva del tráfico internacional de mercancías.

Si esta iniciativa se implementa con excelencia, el beneficio será doble: por un lado, las Mipymes ganarán velocidad y previsibilidad; por otro, el Estado fortalecerá la formalidad, la trazabilidad y la confianza. En una economía que compite por inversión, cadenas de suministro y acceso a mercados, simplificar el cumplimiento no es una concesión: es una estrategia de desarrollo. Y en esa estrategia, permitir que pagar sea más fácil es, también, permitir que el país avance más rápido.

Autor: Luis Orlando Díaz Vólquez

No hay comentarios.:

Publicar un comentario