lunes, 12 de noviembre de 2018

Sobre matar a Sánchez, #SepaQue entre los Desvaríos de Manuel Murillo, escribió: "Tenemos que volver al far west, todos con el revólver al cinto"

CRÓNICA

Desvaríos de Manuel Murillo: "Tenemos que volver al far west, todos con el revólver al cinto"

Una de las pasiones de Manuel Murillo son las motos. En la fotografía está subido encima de una BMW de alta cilindrada.

Todos han querido convertir a Manuel Murillo Sánchez en el Oswald del JFK español. Pero este tipo de 63 años, campeón de España de ultramaratones (100 kilómetros) en los 90, actual vigilante de seguridad, tirador mediocre, fabricante de balas y flechas y empleado de la Nasa (según su Facebook), tenía en mente otro filme del que habló por su grupo de WhatsAppUna bala para el Rey, sobre el intento de magnicidio en Mallorca de Juan Carlos I por un comando etarra.
También tenía otro mensaje para una coordinadora local de Vox en Barcelona: «Necesito algún periodista que me pase información de la agenda de Pedro SánchezPienso alquilar un piso cerca y preparar todo como en la peli 'Una bala para el Rey'. Soy bastante bueno disparando. Sería lo más rápido para que hubiese elecciones ya y sacar a ese hijo de puta de en medio».
Y la afiliada del partido de ultraderecha se lo tomó enserio y lo denunció a los Mossos d'Esquadra. Por eso ahora figura como testigo protegido y su jefe, Santiago Abascal, pide que no trascienda su nombre «porque el francotirador puede salir de la cárcel y tomar represalias contra ella».
Los amigos de Murillo dicen que ni es un francotirador de verdad, ni quiere inmolarse por España, pero que sí anda ahora preocupado por su madre (con alzhéimer), su hermana (con esquizofrenia) y sus dos hijas (está divorciado). Desde mediados de septiembre está en prisión, aunque la noticia de sus intenciones de matar a Pedro Sánchez se publicó este miércoles, coincidiendo con dos polémicas que han afectado al PSOE esta semana (el fallo de las hipotecas y la comparecencia de Susana Díaz en el Senado, en la Comisión de investigación de la financiación de los partidos).
Murillo se justificó diciendo que lo que escribió fue «una fantasía estúpida provocada por la ingesta de alcohol porque quería quedar de patriota ante la representante de Vox». Aunque ni el juez de instrucción de Terrassa ni el inspector Albert Oliva, de los Mossos, creen su versión exculpatoria ante el juez:
«El día en el que le propuse el asesinato a la representante de Vox había bebido. Tomé una botella entera de vino. Recuerdo que lo hice en un hostal al que suelo acudir. Casi siempre que voy me bebo una botella. Creo que bebí también algunas cervezas por la mañana. Ese día me afectó más de lo normal. Empecé a mandar mensajes sin pensarlo. Nunca había pensado en matar a Pedro Sánchez ni a nadie. Se me fue ocurriendo según lo escribía, probablemente fruto del alcohol. Los leo y me doy cuenta de que son tonterías, porque no tengo dinero para alquilarme un piso para desarrollar un plan criminal».
Ésta es la historia del cuatro veces campeón de España de ultramaratón (de 1993 a 1996) que fantaseaba con «tener un día en el punto de mira» al presidente del Gobierno y que, en sus círculos de amigos, que en general no le terminan de tomar en serio del todo, decía que «si no hay elecciones pronto y sigue este desgobierno de ineptos corruptos y traidores, que consienten la invasión y destrucción de España y no tienen ningún interés patriótico... debemos volver al oeste del far west. Todos con el revólver en el cinto»...
Y desde los Mossos tuvieron bastante claro cómo debían actuar: «Al principio se podía creer que era un simple loco, hasta que vimos todo el armamento que tenía en su casa», ha dicho una fuente de la Policía autonómica catalana, que atribuye a Murillo la «clara intención de matar al presidente del Gobierno».
Porque cuando entraron en su casa encontraron pistolas, subfusiles -un Skorpion vz.61, que puede disparar hasta 850 proyectiles por minuto y otro de asalto militar Cetme- , cuatro rifles de precisión, así como varias flechas y ballestas de fabricación casera. En el maletero de su coche hallaron una carabina y una pistola de aire comprimido que iba dentro de su caja.
«Tengo un armamento de grado tres pequeño, y como no tengo sitio para ponerlo, lo tengo desmontado. Reconozco que tengo un Cetme. En principio estaba inutilizado, pero soy inventor y bastante manitas, y un día me puse a arreglarlo para que funcionara. Las ballestas y flechas las fabriqué para practicar la puntería dentro de casa», testificó el detenido en el juzgado.
¿Quería realmente Manuel Murillo ser el Lee Harvey Oswald español? La verdad es que no es ningún ex marine de Nueva Orleans, sino un vigilante de seguridad sin antecedentes penales que nació en Rubí (Barcelona) en 1955. Su padre, Manuel Murillo Iglesias, químico de profesión y acérrimo franquista, fue alcalde de Rubí entre 1962 y 1977. «No puedo seguir en mi cargo porque no estoy de acuerdo con la política del Gobierno. Soy antidemócrata porque soy falangista», explicó Murillo padre, ya fallecido, en un pleno municipal cuando dimitió como edil. Y a su hijo se le pegó esa rama falangista.
Por eso simpatizó con Fuerza Nueva a finales de los años 70. Y desde que se inició el desafío independentista en Cataluña, ha marchado en protestas con movimientos de extrema derecha como Nudo Patriota Español, Somatemps, o Democracia Nacional.
Murillo se crió en Rubí, pero ahora vivía solo en Terrassa, en el barrio de Vallparadís, aunque la mayor parte de su tiempo lo pasaba en un piso cercano donde residen su madre y su hermana. «Están enfermas y él las cuidaba», cuenta un vecino que solía compartir con Manuel los cafés después de comer en un bar del barrio.
Precisamente, las responsabilidades familiares que tenía con su madre y su hermana han sido los argumentos de su abogado para que Manuel saliera en libertad provisional del Centro Penitenciario Brians-2, en Sant Esteve Sesrovires (Barcelona), donde lleva desde el 21 de septiembre.
Aunque el 4 de octubre, el Juzgado de Instrucción número 3 de Terrassaratificó la prisión provisional comunicada y sin fianza por los delitos de conspitración para atentar contra autoridad, de amenazas graves, de tenencia ilícita y depósito de armas, municiones y explosivos y un delito de odio. «Siempre ha tenido unos ideales muy radicales y se jactaba de tener un montón de pistolas [disponía del permiso de armas C]. Pero dentro del grupo que nos juntábamos en el bar, nunca insinuó nada de usarlas contra el presidente ni contra nadie», sentencia el vecino.
«He leído que se presentaba como un buen francotirador, pero era de los peores tiradores del club, de cuarta categoría», cuenta Manuel Moreno, el presidente del club de tiro de Terrassa al que Murillo acudía a entrenar una vez por semana desde hace nueve años.
Las advertencias del tirador empezaron en agosto en uno de sus grupos de WhatsApp, en el que chateaba con otras personas con las que compartía la misma ideología de extrema derecha, entre los que estaba la representante de Vox que le denunció posteriormente. «Él llevó demasiado al extremo lo que pensaba hacer para defender a España», confiesa uno de los integrantes de aquel grupo. «Es fuerte lo que dijo, pero lo vimos como una broma sin gracia, Manuel nunca mataría a nadie, es una locura todo lo que se ha liado», sentencia.
En el chat, Murillo escribió mensajes como este del 21 de agosto: «Si quieren sacarlo [a Franco del Valle de los Caídos] la vamos a liar a tiros. Si lo sacan me cargo a Sánchez, lo juro. Como juré la bandera. Necesito ayuda pero tengo muchas armas y munición».
O este mensaje del 12 septiembre, dirigido a la política de Vox: «Me gustaría comentar mi plan con Santiago Abascal. Yo soy francotirador, y con un tiro preciso se acaba con Sánchez. Necesito información para acabar con el Gobierno. Me ofrezco como experto tirador para acabar con Sánchez. No me importaría morir si se salva a España».
El último mensaje lo soltó el 17 de septiembre, dos días antes de que los Mossos le detuvieran en el portal de su casa. «Hago un llamamiento al Ejército y a la Legión, mi gran preferida, a quien se alce con algún general valiente y salvamos España. Si no tendremos que ir de francotiradores anónimos cargándonos a estos hijos de puta poco a poco y dando la vida con orgullo por nuestra patria. Arrasaré el Valle de los Caídos. No quedará ni el sepulturero.Necesito ayuda y organización pero tengo muchas armas y munición...».
Por todas esas bravuconadas de odio y otros desvaríos Manuel Murillo, 63 años, está en la cárcel. https://amp.elmundo.es/cronica/2018/11/12/5be6c5f0ca4741ce698b45c9.html?__twitter_impression=true

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