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| Ministro de Hacienda y Economía, Magín Díaz.Fuente externa |
Magín Díaz: Profesionalización del manejo de la deuda ha permitido a RD postergar reforma fiscal
La realización de una reforma fiscal en República Dominicana es una de las acciones que el gobierno y los sectores productivos mantienen en la lista de pendientes, a pesar de ser un mandato legal.
Santo Domingo, RD. | 08/05/2026 09:46 | Ángel Valdez | Deuda pública |
La realización de una reforma fiscal en República Dominicana es una de las acciones que el gobierno y los sectores productivos mantienen en la lista de pendientes, a pesar de ser un mandato legal. Tras la última reforma fiscal realizada en 2012, el Poder Ejecutivo no ha logrado el consenso para cumplir con la Ley 1-12 que establece la Estrategia Nacional de Desarrollo para el año 2030.
Es precisamente esta pieza la que ordena la ejecución de una transformación del marco tributario del país basada en la progresividad y sostenibilidad financiera a largo plazo. El ministro de Hacienda y Economía, Magín Díaz, expresó ayer lo que considera como la explicación ante el funcionamiento del sistema económico público del Estado sin una modernización fiscal: la profesionalización del manejo de la deuda.
“Eso es lo que nos ha permitido llegar, lo que nos ha permitido mantener el nivel de gasto, que ha ido aumentando, pero los ingresos no. Eso sea financiado con la profesionalización del manejo de la deuda en los últimos 15 años”, afirmó, mientras participaba en una reunión con empresarios de la Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD).
Díaz indicó que las autoridades gubernamentales están concentradas en manejar la crisis del petróleo causada por el conflicto bélico registrado en Medio Oriente, intentando reducir el impacto en los segmentos poblacionales más expuestos. No obstante, aclaró que “no hay un momento óptimo para una reforma fiscal”.
“En el 2004, en medio de la crisis bancaria económica, hubo que hacer una, en el 2011, (el expresidente) Leonel Fernández tuvo que hacer una porque lo importante es mantener la estabilidad macroeconómica, si eso está en juego, hay que hacer lo que hay que hacer”, dijo Díaz al analizar en un conversatorio la coyuntura económica internacional y el impacto que tiene en el territorio nacional.
El funcionario resaltó que los ingresos recaudados por el Estado dominicano “son cortos”. Es por esta razón que, según dijo, “en algún momento como sociedad tendremos que ver ese tema”.
Subirá el precio de los combustibles
El Poder Ejecutivo ha destinado miles de millones de pesos para mitigar el alza de los carburantes, causada por el conflicto bélico registrado en Oriente Medio.
Sin embargo, la decisión de las autoridades no podrá calmar el malestar provocado en quienes se transportan a través de vehículos, ya que el plan del tren gubernamental consiste en continuar estableciendo “aumentos graduales en los precios de los combustibles”.
“Los aumentos tendrán que ser graduales para que la población se vaya adaptando. Estamos ante un choque del precio del petróleo de una magnitud muy grande. El combustible ha aumentado en un 12%”, expresó.
Díaz precisó que han destinado en promedio RD$1,500 millones cada semana para subsidiar los distintos combustibles comercializados en el país.
“(A pesar del) aumento del precio, el gobierno está subsidiando con un monto considerable para evitar que haya un aumento desproporcionado de precio en la economía”, declaró.
Según detalló, el Presupuesto General del Estado contiene un margen para aumentar el déficit, el cual está situado en 3.2% del Producto Interno Bruto (PIB). No obstante, aclaró que en algún momento la cartera del Gobierno tendrá un límite para seguir subsidiando.
Para enfrentar el tope, las autoridades tendrían que recurrir a “reasignar partidas de gastos” contempladas en el presupuesto, permitiendo la continuidad de la subvención, “y combinarlo con aumentos graduales y razonables de los precios de combustibles”.
“Vamos a monitorear el precio internacional para ver hasta dónde el Gobierno puede llegar”, puntualizó.
20 % más rico de la población se queda con subsidios de la gasolina
Por otro lado, Díaz informó que el tren gubernamental optará por una estrategia más eficiente, a través de la cual sea la población vulnerable la más beneficiada: la focalización de los subsidios.
Estos serían aplicados en sectores como el transporte, fertilizantes, al igual que en productos de la canasta básica, si fuese necesario.
“Cuando aumenta el precio de los combustibles, vamos reduciendo los subsidios generalizados y parte de ese dinero podemos utilizarlo para mejorar los subsidios focalizados”, dijo.
De acuerdo con su explicación, el subsidio generalizado es más fácil, llega a todo el mundo, pero es ineficiente.
“La mitad del subsidio se lo lleva el 20% más rico de la población. Entonces lo ideal es ir desmontando lo generalizado y concentrarnos en los grupos más vulnerables de la población”, destacó.
Reducción del gasto corriente
Mientras tanto, el Gobierno apuesta por aplicar acciones que tienen el objetivo de eficientizar el gasto corriente del presupuesto.
“ (Reducir) gastos operativos, menos compras de bienes… vamos a tratar de optimizar para reasignar ese gasto a los subsidios o a la inversión”, reiteró.
“Hemos sobrellevado con éxito las crisis anteriores y ahora haremos lo propio salvaguardando la estabilidad macro y social del país”, contenía en imagen el cierre de la presentación que realizó Díaz ante un grupo de empresarios en la sede de la AIRD-
https://listindiario.com/la-republica/gobierno/20260508/magin-diaz-profesionalizacion-manejo-deuda-permitido-rd-postergar-reforma-fiscal_904889.html
💰🇩🇴 Magín Díaz: Profesionalización del manejo de la deuda ha permitido postergar la reforma fiscal
El ministro de Hacienda explica que, pese a ser un mandato legal, la reforma fiscal sigue pendiente gracias a una gestión más profesional de la deuda pública 📊. En un contexto de alza del petróleo por el conflicto en Medio Oriente 🌍🛢️, el Gobierno prioriza la estabilidad macroeconómica, subsidios focalizados y aumentos graduales de los combustibles 🚗⛽.
También advierte que los ingresos del Estado son limitados y que, como sociedad, el debate fiscal será inevitable 🤝.
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La deuda no puede seguir sustituyendo la reforma fiscal
La afirmación de Magín Díaz —que la profesionalización del manejo de la deuda ha permitido postergar la modernización tributaria— describe con crudeza una realidad: la estabilidad macro se ha defendido más con financiamiento que con reformas. Pero el crédito compra tiempo, no resuelve el problema de fondo.
La reforma fiscal en República Dominicana se ha convertido en ese pendiente que todos reconocen y casi nadie quiere tocar. Se admite en privado, se menciona en foros empresariales, se diagnostica en documentos técnicos y se posterga en la agenda política. El resultado es una paradoja: el país ha logrado sostener estabilidad, expandir gasto y atender shocks externos sin la modernización tributaria que la ley manda y que la economía demanda. Y ahí radica el valor —y el riesgo— de la frase del ministro de Hacienda y Economía, Magín Díaz: la profesionalización del manejo de la deuda ha permitido mantener el nivel de gasto aun cuando los ingresos no han crecido al mismo ritmo.
Ese reconocimiento, por transparente, merece una lectura seria. No es un elogio automático ni una confesión impropia. Es, más bien, la descripción de un mecanismo que ha sostenido el equilibrio: ante ingresos “cortos” y la falta de consenso para una reforma, el Estado ha recurrido a financiar la diferencia de manera cada vez más ordenada, aprovechando mejores prácticas de colocación, perfilamiento de vencimientos, manejo de riesgos y reputación de mercado. En un mundo donde el crédito es también confianza, gestionar la deuda con disciplina ha sido una forma de comprar estabilidad. Pero el tiempo comprado se agota, y el costo de seguir comprándolo puede aumentar de golpe cuando la coyuntura internacional se complica.
La Ley 1-12, que establece la Estrategia Nacional de Desarrollo con horizonte 2030, no se planteó como un texto ornamental. Ordena una transformación del marco tributario con criterios de progresividad y sostenibilidad financiera de largo plazo. Sin embargo, desde la última reforma en 2012, el país no ha logrado el consenso necesario para una revisión integral. No es solo un tema de tecnicismo fiscal: es un problema de economía política. Porque cada reforma real toca intereses, modifica equilibrios y obliga a una conversación incómoda sobre quién paga, cuánto paga y qué recibe a cambio.
Por eso resulta relevante la otra idea expuesta por Díaz: “no hay un momento óptimo para una reforma fiscal”. La historia dominicana lo confirma. En 2004, en plena crisis bancaria y económica, hubo que actuar. En 2011, también se tomaron decisiones en nombre de la estabilidad. La lección es clara: cuando la estabilidad macroeconómica está en juego, las sociedades hacen lo que no querían hacer. La pregunta, entonces, no es si habrá o no reforma; es si se hará por convicción, planificación y pacto social, o por urgencia, presiones y poco margen de maniobra.
El contexto actual agrega un ingrediente explosivo: el choque petrolero derivado del conflicto bélico en Medio Oriente. El Gobierno ha reaccionado con subsidios millonarios para amortiguar el golpe, destinando —según lo explicado— alrededor de RD$1,500 millones semanales, en medio de un aumento del combustible cercano al 12%. Esa política puede ser defendible en el corto plazo como medida de contención social y de estabilidad de precios, pero no es neutra fiscalmente. Si el Presupuesto contempla un margen de déficit de 3.2% del PIB, ese margen no es infinito. Y aun cuando exista holgura momentánea, la persistencia del shock erosiona el espacio fiscal y obliga a escoger entre opciones difíciles: o se reasignan partidas, o se recorta gasto, o se suben ingresos, o se acelera el endeudamiento, o se combina todo con un costo político notable.
Aquí entra un punto medular que el ministro también puso sobre la mesa: la focalización. Los subsidios generalizados tienen una virtud operativa —son rápidos y alcanzan a todos— pero cargan un pecado de diseño: suelen beneficiar más a quienes más consumen, y quienes más consumen suelen ser quienes más ingresos tienen. Si, como se afirmó, la mitad del subsidio a la gasolina se la queda el 20% más rico, entonces estamos ante un esquema socialmente regresivo, aunque se vista de alivio colectivo. En ese escenario, la política pública inteligente no es prolongar indefinidamente el subsidio universal, sino transitar hacia apoyos focalizados: transporte, fertilizantes, canasta básica si hiciera falta, y transferencias mejor dirigidas a quienes realmente lo necesitan.
Pero focalizar no es solo mover una perilla; es mejorar el Estado. Requiere registros sociales confiables, interoperabilidad, trazabilidad, verificación y capacidad de auditoría. Requiere, también, credibilidad: que la población crea que el retiro de un subsidio generalizado no es un castigo, sino una redistribución más justa. Y esa credibilidad se construye con transparencia y con resultados, no con discursos.
El componente de gasto también es ineludible. “Reducir gasto corriente”, “menos compras”, “optimizar” para reasignar a inversión o subsidios focalizados: todo eso suena correcto y, en teoría, debería acompañar cualquier conversación fiscal. Sin embargo, el debate público dominicano suele caer en un falso dilema: o se habla solo de impuestos o se habla solo de recortes. La sostenibilidad exige un enfoque integral: ingresos suficientes, gasto eficiente y deuda administrada con prudencia. Quitar una pata de esa mesa es condenarla a tambalearse.
Lo que está en juego no es un tecnicismo contable; es el modelo de desarrollo. Un país que aspira a crecer con más productividad, atraer inversión, sostener políticas sociales y mejorar infraestructura no puede depender permanentemente del financiamiento para cubrir una brecha estructural entre gasto e ingresos. La deuda puede ser una herramienta legítima para inversión y para manejar ciclos, pero cuando se convierte en sustituto de una estructura tributaria moderna, termina imponiendo su propia agenda: mayores pagos de intereses, menor flexibilidad presupuestaria y más vulnerabilidad ante tasas internacionales y choques externos.
La profesionalización del manejo de la deuda, entonces, es una buena noticia… hasta que se usa como coartada para no hacer lo inevitable. La reforma fiscal no debe ser un “evento” traumático, sino un proceso pactado, gradual y creíble, con metas y calendarios, con protección a los más vulnerables y con compromisos verificables de eficiencia del gasto. Postergarla puede ser políticamente cómodo, pero económicamente costoso. Y si la hacemos solo cuando la estabilidad esté a punto de romperse, la haremos tarde, a la carrera y con menor justicia.
Al final, la pregunta que debemos hacernos como sociedad no es si queremos o no pagar más. La pregunta correcta es si queremos seguir pagando de la manera menos transparente —con subsidios regresivos, déficits crecientes o deuda acumulada— o si preferimos pagar de forma más justa, más eficiente y más alineada con el desarrollo. El crédito puede comprar tiempo. La reforma compra futuro. Y el futuro, a diferencia del tiempo, no se refinancia.
Luis Orlando Díaz Vólquez

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