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martes, 10 de febrero de 2026

La soberanía no se improvisa: lo que Bruselas le recordó a Europa y lo que Santo Domingo ya está haciendo bien

Luis Abinaer, presidente de la República Dominicana

La soberanía no se improvisa: lo que Bruselas le recordó a Europa y lo que Santo Domingo ya está haciendo bien

/ Por Luis Orlando Díaz Vólquez

La presión migratoria que soporta la República Dominicana —en gran medida asociada al colapso de la seguridad pública en Haití y al control territorial de bandas criminales— ha convertido la gestión migratoria en un asunto de Estado que rebasa coyunturas partidarias. En un país insular con frontera terrestre activa, cada vacío institucional se traduce en riesgos medibles: expansión de redes de tráfico, informalidad laboral, tensión sobre servicios sanitarios y educativos, y deterioro de la confianza ciudadana en el cumplimiento de la ley. En esa perspectiva, el reciente choque entre la Comisión Europea y el Gobierno español por una regularización amplia ofrece una enseñanza comparada valiosa: incluso sistemas con alta capacidad administrativa temen el “efecto señal” que envían las amnistías migratorias masivas, especialmente cuando el marco general de política pública apunta en dirección contraria. 

De acuerdo con Euronews (10 de febrero de 2026), la Comisión Europea expresó “serias reservas” ante el anuncio español de conceder estatus legal a alrededor de 500.000 personas en situación irregular, con un permiso de residencia por un año y derecho a trabajar, bajo criterios de entrada previa a finales de 2025 y requisitos mínimos de arraigo. Bruselas no discutió únicamente la legitimidad moral de ordenar una realidad existente; subrayó un problema de coherencia estratégica: una regularización de esa escala puede proyectar hacia fuera un mensaje distinto al que la UE intenta comunicar para disuadir la migración irregular, y puede generar externalidades en un espacio de libre circulación donde el estatus legal obtenido en un país incide en los demás.

La objeción comunitaria se entiende mejor a la luz del giro procedimental que vive Europa. El Consejo de la Unión Europea explica que el Pacto sobre Migración y Asilo, adoptado en mayo de 2024, busca gestionar llegadas de manera ordenada, armonizar reglas, hacer más eficientes los procedimientos y reducir desplazamientos secundarios. En diciembre de 2025, ese rumbo se reforzó con acuerdos sobre el concepto de “tercer país seguro” y una lista común de “países de origen seguros”, con el objetivo de acelerar tramitaciones y elevar la eficacia del sistema. Es decir: la UE está construyendo un mensaje institucional de disuasión y control, mientras cuestiona decisiones que puedan neutralizarlo. Esa coherencia —más allá del debate ético— es el punto duro de la crítica.

¿Por qué esto importa a la República Dominicana? Porque la política migratoria es, ante todo, una arquitectura de incentivos. Cuando un Estado transmite que la irregularidad puede transformarse en un atajo hacia la legalidad, aumenta el atractivo del cruce irregular y se encarece el costo político y administrativo del control. Esa es la preocupación que Euronews recoge de fuentes comunitarias: una regularización masiva, en plena estrategia europea de endurecimiento, puede enviar un “mensaje diferente” a redes y migrantes respecto a los riesgos reales de entrar fuera de regla. En una frontera como la dominicana —donde la presión es cotidiana y los márgenes fiscales son estrechos— esa lógica se vuelve más determinante: la señal equivocada se multiplica por la proximidad geográfica, la informalidad del mercado de trabajo y la vulnerabilidad de quienes migran

En el plano interno, la defensa de la soberanía dominicana no descansa solo en patrullajes; descansa en la seguridad jurídica del registro y la identidad, que son la frontera administrativa del Estado. La Sentencia TC/0168/13, publicada por el Tribunal Constitucional el 23 de septiembre de 2013, se ubica precisamente en ese núcleo: aborda la nacionalidad como vínculo jurídico, sociológico y político; reafirma la potestad del Congreso para reglamentar cuestiones migratorias; y desarrolla elementos relativos al registro civil, la verificación documental y la competencia estatal para decidir sobre actos del estado civil en contextos de controversia. En términos institucionales, su valor para el debate soberano es claro: un Estado que no protege la integridad del registro y la identificación pierde capacidad de planificar derechos, deberes y políticas públicas, y abre espacios para el fraude, la suplantación y la expansión de economías ilegales.

Ahora bien, la soberanía no se afirma solo con doctrina constitucional; se sostiene con capacidad estatal y medidas operativas verificables. En abril de 2025, el Gobierno dominicano, presidido por el presidente Luis Abinader Corona, anunció un paquete de quince medidas para enfrentar la migración ilegal y garantizar la soberanía nacional ante la crisis haitiana, decisiones orientadas a reforzar el control migratorio, reorganizar el despliegue fronterizo, acelerar infraestructura y endurecer sanciones contra el tráfico y la facilitación de la irregularidad. Allí se incluyeron medidas de reorganización de brigadas fronterizas, incremento de personal militar, licitación para ampliar la verja perimetral, fortalecimiento institucional de la autoridad migratoria con nuevos agentes y oficinas provinciales, y reformas para sancionar a quienes faciliten el ingreso irregular —incluidos funcionarios y reincidentes— y a quienes se beneficien económicamente de la irregularidad.

Lo relevante es reconocer el avance comprobable de las medidas oficiales: la política se tradujo en implementación. A los 44 días del anuncio, reportes periodísticos describieron una ampliación del despliegue con más de 11,000 efectivos en la frontera tras sumar 1,500 adicionales, así como el fortalecimiento de la vigilancia mediante drones y cámaras operadas desde centros de mando y unidades especializadas. También se inició la licitación para añadir trece kilómetros a los cincuenta y cuatro ya construidos en la verja perimetral.

En la misma línea, se documentó el aumento de las capacidades administrativas con la incorporación de 750 nuevos agentes migratorios, la instalación de oficinas en distintas provincias y ajustes regulatorios para evitar que los mercados binacionales funcionen como vías de cruce irregular. A ello se suman la creación de instancias de seguimiento ciudadano y unidades de investigación para combatir el tráfico ilícito de migrantes y delitos conexos.

Este es, en rigor, el tipo de “éxito” que se puede defender en un plano académico: la política pública dejó de ser declaración y se convirtió en un esquema de gobernanza con instrumentos, recursos, protocolos y coordinación. Un ejemplo especialmente sensible es el protocolo en hospitales públicos que exige identificación, carta de trabajo y prueba domiciliaria, aplicado desde abril de 2025 según reportes de prensa, con un enfoque que combina atención sanitaria con verificación migratoria y posteriores procedimientos de repatriación cuando corresponda. Se puede debatir su diseño y sus salvaguardas —y de hecho se ha debatido— pero como instrumento de política pública responde a la misma lógica europea: reducir el incentivo estructural de que la irregularidad opere sin costo administrativo.

Aquí aparece el vínculo más importante con la discusión europea: Bruselas cuestiona regularizaciones masivas porque desalinean el sistema de incentivos; la República Dominicana, en cambio, está construyendo una señal opuesta: que la permanencia y el acceso pleno a beneficios estatales requieren trazabilidad, documentación y cumplimiento de reglas, sin dejar de atender urgencias humanas. Esa coherencia no solo fortalece la soberanía; también reduce la discrecionalidad corrupta, porque cuando la regla es clara y el procedimiento es verificable, se estrecha el espacio para arreglos informales. Al mismo tiempo, el énfasis en sancionar facilitadores —funcionarios, redes y empleadores— reconoce un principio clave de la política migratoria moderna: la irregularidad no se reproduce solo por “oferta” (personas que cruzan) sino por “demanda” (trabajo y renta ilegal). 

Queda, sin embargo, el desafío de consolidar el paquete en reformas legislativas duraderas, porque la soberanía no debe depender de ciclos de crisis. Y aquí conviene retomar la lección europea: el control funciona cuando es “sistémico”, no episódico. El Pacto europeo articula procedimientos fronterizos, gestión digital, criterios de asilo y retornos, precisamente para evitar que una pieza del sistema contradiga al resto. La República Dominicana debería profundizar su ruta con reformas que conviertan medidas administrativas en obligaciones legales estables: tipificación robusta del tráfico y la facilitación, sanciones efectivas al empleador reincidente, interoperabilidad de bases de datos para identificación y control de permanencia, y un procedimiento de retorno con garantías mínimas para preservar legitimidad estatal. Ese punto último es crucial: Europa enfrenta críticas por endurecer el asilo y por ampliar figuras como “tercer país seguro”; esas críticas muestran que el control sin garantías erosiona legitimidad y, con ella, sostenibilidad política.

En ese marco, la Sentencia TC/0168/13 debe leerse como un recordatorio de que la integridad del Estado también se juega en los papeles, en el registro, en la prueba y en la competencia institucional para verificar identidades y actos civiles. Y las quince medidas dominicanas deben leerse como el complemento operativo: más vigilancia, más capacidad administrativa, más coordinación y un intento explícito de atacar la economía política de la irregularidad, desde el control fronterizo hasta el empleo y los servicios.

La conclusión, entonces, es doble. Primero, la República Dominicana tiene razones legítimas —jurídicas e institucionales— para defender su soberanía migratoria: no solo por el contexto de seguridad regional, sino porque el control de identidad, registro y fronteras es condición de orden constitucional y de planificación pública, tal como reconoce la propia arquitectura de su jurisprudencia constitucional. Segundo, la experiencia europea confirma que las regularizaciones masivas, en ausencia de coherencia sistémica, pueden convertirse en incentivos de nuevas irregularidades; por eso, el camino más sostenible es el que ya se está reforzando: reglas claras, procedimientos verificables, fortalecimiento institucional y sanciones a facilitadores, con salvaguardas que preserven dignidad humana y debido proceso.

Si Europa, con sus recursos, teme el costo estratégico de una señal contradictoria, la República Dominicana —con frontera viva y presión constante— no puede permitirse incoherencias. La soberanía, en el siglo XXI, no es una consigna: es un sistema.


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Sobre el autor

 

Luis Orlando Díaz Vólquez es ingeniero de sistemas de computadora, editor bibliográfico y productor de medios de comunicación. Autor de artículos de opinión y análisis sobre geopolítica, seguridad y comercio internacional. Ha seguido y escrito sobre procesos regionales y eventos de alto impacto (ferias internacionales, congresos sectoriales y coyunturas de seguridad nacional). Su enfoque privilegia la institucionalidad, el Estado mínimo funcional y la apertura económica con compliance como pilares para la normalización y el desarrollo sostenible.

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lunes, 19 de enero de 2026

La salud de la justicia dominicana en tiempos de turbulencia regional | Milton Ray Guevara admira al presidente Luis Abinader por que no se dejó doblegar con tema haitiano | Lo que nadie dice sobre Maduro y EE.UU. | #PabloMcKinney @pablomckinney

Milton Ray Guevara expresa profunda preocupación por la salud de la justicia dominicana

En conversación con el periodista Pablo McKinney, el ex presidente del Tribunal Constitucional advirtió sobre vacíos normativos y riesgos de discrecionalidad en el sistema de administración de justicia, y llamó a una agenda de reformas que blinde la institucionalidad frente a la polarización y las tensiones geopolíticas regionales.

12 de enero de 2026 | @GuasabaraEditor

Santo Domingo, República Dominicana —  El jurista dominicano Milton Ray Guevara reactivó el debate sobre la salud de la justicia nacional tras su participación en el espacio de Pablo McKinney, emitido el 10 de enero de 2026, donde analizó el conflicto entre el gobierno de Nicolás Maduro y Estados Unidos y sus posibles impactos en el Caribe y en la República Dominicana. A juicio del ex presidente del Tribunal Constitucional, la fortaleza de la democracia se juega en la consistencia de las reglas y en la capacidad de los poderes públicos para resistir presiones coyunturales, razón por la cual subrayó la urgencia de cerrar vacíos legales en procesos claves del sistema de justicia y del régimen electoral. El análisis completo puede verse en el canal de YouTube de Pablo McKinney: https://youtu.be/mRRJgnslIqc?si=wubBoQXDtzkkpgVs.

En su intervención, Ray Guevara insistió en que el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) requiere una ley específica de evaluación de desempeño de jueces de altas cortes, con parámetros definidos, motivación reforzada, publicidad razonable y derecho a contradicción, a fin de evitar percepciones de discrecionalidad y fortalecer la confianza ciudadana en la independencia judicial. Para el jurista, la gobernanza del sistema de justicia no puede descansar exclusivamente en reglamentos, pues la ausencia de un marco legal robusto abre espacio a interpretaciones y a incertidumbres que, en momentos de alta polarización, se traducen en inestabilidad institucional.

Otro punto neurálgico abordado por el ex magistrado fue la regulación de las candidaturas independientes, tema que —según advirtió— debe armonizarse con la Constitución para prevenir contradicciones en sustituciones, vacancias y responsabilidades institucionales. La apertura al pluralismo requiere reglas proporcionales y claras que permitan la participación sin comprometer la gobernabilidad. En este sentido, Ray Guevara consideró imprescindible que la Junta Central Electoral elabore propuestas técnicas con evidencia comparada y que el Congreso Nacional las debata y apruebe con visión de Estado.

El contexto regional atravesó el diálogo: al referirse a la crisis venezolana y a su tensión con Estados Unidos, el jurista orientó la discusión hacia la prevención de riesgos de “contagio institucional” en el Caribe, donde la desinformación y la normalización de excepciones pueden erosionar el Estado de derecho si los sistemas no están debidamente inmunizados. La mejor defensa, sostuvo, es una institucionalidad sana: reglas estables, poderes independientes, datos abiertos de gestión y una ciudadanía formada en cultura constitucional. En esa línea, remarcó la importancia de mantener una pedagogía pública sobre la supremacía de la Carta Magna, incorporar educación cívica‑constitucional en currículos escolares y universitarios, y reforzar mecanismos de transparencia y rendición de cuentas en toda la administración de justicia.

Asimismo, Ray Guevara valoró positivamente la postura del presidente Luis Abinader frente al tema haitiano, destacando que una política de frontera y de control migratorio debe articular soberanía y respeto a los derechos bajo parámetros constitucionales. En su criterio, la firmeza institucional en asuntos de seguridad y migración es consistente con la necesidad de proteger el orden jurídico y evitar que crisis externas se conviertan en palancas de desinstitucionalización doméstica.

El llamado que se desprende de sus reflexiones es claro: pasar del diagnóstico a la ejecución. Entre las prioridades señaladas sobresalen la aprobación de una ley del CNM para la evaluación de altas magistraturas; la armonización del régimen electoral ante la realidad de candidaturas independientes, con reglas específicas y cláusulas de transición; el fortalecimiento de la independencia funcional y presupuestaria del Ministerio Público; y la adopción de indicadores públicos de gestión judicial —tiempos de respuesta, tasas de congestión y cumplimiento de sentencias— que faciliten el escrutinio ciudadano y mejoren la experiencia del usuario ante los tribunales.

Para Milton Ray Guevara, la salud de la justicia dominicana no es un asunto de retórica, sino de diseño institucional y de disciplina democrática. En un Caribe tensionado por reacomodos geopolíticos, la consistencia de las reglas y la cultura de límites son condiciones esenciales para que la República Dominicana preserve su estabilidad y eleve su umbral de resiliencia frente a la polarización y la economía de la desinformación. “La Constitución debe ser brújula y dique”, sintetiza el espíritu de su mensaje: un país que se toma en serio su justicia se toma en serio su democracia.

Enlace de referencia del programa:
Pablo McKinney – “Milton Ray Guevara: Lo que nadie dice sobre Maduro y EE.UU.” (10 de enero de 2026)
https://youtu.be/mRRJgnslIqc?si=wubBoQXDtzkkpgVs

Luis Orlando Díaz Vólquez – Articulista
Correo: [guasabara.editor@gmail.com] | Santo Domingo, República Dominicana

Milton Ray Guevara Expresa Profunda Preocupación por la Salud de la Justicia Dominicana

Milton Ray Guevara: Lo que nadie dice sobre Maduro y EE.UU. | #PabloMcKinney

Pablo McKinney 10 ene 2026
https://youtu.be/mRRJgnslIqc?si=wubBoQXDtzkkpgVs a través de @YouTube

¿Qué planean contra Venezuela? La cruda advertencia de Milton Ray Guevara

¿Estamos ante un nuevo orden en el Caribe? El Dr. Milton Ray Guevara analiza el conflicto entre Maduro y EE. UU. y cómo impactará directamente en la República Dominicana. No es solo política, es el futuro de nuestra región.
Milton Ray Guevara: Lo que nadie dice sobre Maduro y EE.UU. |
Admira al presidente Luis Abinader por que no se dejó doblegar con tema haitiano#PabloMcKinney ...
@luisabinader #PabloMcKinney @pablomckinney ... https://youtu.be/mRRJgnslIqc?si=wubBoQXDtzkkpgVs a través de @YouTube
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Enfoque académico

Milton Ray Guevara y la salud de la justicia dominicana: una alarma oportuna en tiempos de turbulencia regional

Por Luis Orlando Díaz Vólquez


Resumen | El jurista Milton Ray Guevara —expresidente del Tribunal Constitucional (TC) de la República Dominicana— ha reactivado el debate público sobre la “salud” de la justicia dominicana y su resiliencia institucional frente a un entorno hemisférico de alta incertidumbre. Sus intervenciones más recientes, incluidas las conversaciones con Pablo McKinney (10 de enero de 2026) sobre el conflicto entre Estados Unidos y el régimen de Nicolás Maduro, y sus llamados a corregir vacíos normativos en el sistema judicial y electoral, constituyen una alerta que trasciende la coyuntura y demanda una agenda de reformas de Estado. Esta pieza propone una lectura académica y crítica de ese conjunto de advertencias, su fundamento en el derecho constitucional comparado y su aplicación práctica para robustecer el Estado de derecho dominicano.


Introducción

En el ecosistema institucional dominicano, la figura de Milton Ray Guevara ocupa un lugar de referencia por trayectoria, rigor doctrinal y liderazgo institucional. Primer presidente del TC (2011–2023), docente y exlegislador, su voz ha sido decisiva en debates sobre migración, sistema de partidos y diseño constitucional, con impacto en sentencias paradigmáticas y en procesos de reforma. La biografía oficial del TC y su perfil enciclopédico dan cuenta de su formación y aporte sistemático a la institucionalidad democrática del país.

Esa autoridad —sumada a intervenciones públicas frecuentes— le permite hoy advertir en dos planos interconectados: (a) la necesidad de fortalecer la justicia dominicana mediante reglas claras, controles y transparencia; y (b) el impacto que las inestabilidades políticas regionales —como la crisis venezolana y su dimensión geopolítica respecto de EE. UU.— pueden tener sobre la estabilidad democrática y el Estado de derecho en la República Dominicana. Sus diálogos recientes y notas periodísticas de referencia muestran un hilo conductor: cerrar brechas normativas antes de que la polarización y la desinformación las conviertan en palancas de desinstitucionalización.


I. Trayectoria y autoridad epistémica

Ray Guevara no habla desde la opinión ligera, sino desde la experiencia de gobierno judicial y el conocimiento del diseño constitucional. Su paso por el TC, su liderazgo en la sentencia 168‑13 sobre nacionalidad y su rol como coordinador de comisiones técnicas en materia migratoria evidencian una comprensión integral de la relación entre Constitución, derechos fundamentales y políticas públicas. Esta dimensión biográfica —verificada por fuentes oficiales y periodísticas— otorga contexto y peso a sus advertencias actuales.

Además, su despedida del TC en 2023 y los reconocimientos de la Suprema Corte y de entidades públicas subrayan la legitimidad de sus aportes al sistema institucional. En sus rendiciones de cuentas y actos de homenaje se resaltan cifras de ejecución de sentencias, logros en educación constitucional y un compromiso sostenido con la supremacía de la Carta Magna, lo que refuerza el carácter técnico de su voz pública.


II. La “salud” de la justicia: gobierno judicial, evaluación y transparencia

1. El CNM y la evaluación de jueces.
Ray Guevara ha señalado que el Consejo Nacional de la Magistratura requiere una ley —no solo reglamentos— que regule de manera suficiente la evaluación de desempeño de jueces de altas cortes. La ausencia de parámetros claros, garantías de publicidad y motivación robusta abre espacio a discrecionalidades que erosionan la confianza social y la percepción de independencia judicial. En entrevistas recientes y análisis televisivos, el exmagistrado ha enfatizado que la evaluación judicial, por su impacto en la carrera y estabilidad de los jueces, demanda certeza normativa para evitar ciclos de politización.

Este reclamo se alinea con estándares comparados: donde los procesos de evaluación carecen de rango legal y criterios verificables, la gobernanza judicial se vuelve frágil y la justicia deja de ser vista como poder “extrapoder” y pasa a ser un espacio vulnerable a mayorías coyunturales. La crítica de Ray Guevara, por tanto, no es una postura corporativa sino un argumento de seguridad jurídica para la arquitectura del sistema.

2. Gestión institucional y ejecución de sentencias.
El TC ha mostrado históricamente indicadores relevantes de cumplimiento y publicación oportuna de sentencias. La continuidad de esa cultura de gestión —con datos que el propio tribunal ha comunicado en rendiciones recientes— debería extenderse como buenas prácticas a otras instancias del sistema de justicia, con mecanismos de auditoría pública, trazabilidad y control de tiempos procesales. La insistencia en gobernanza judicial abierta es coherente con el legado institucional que el TC describe y que la prensa recoge en reseñas.


III. Sistema de partidos y candidaturas independientes: una armonización urgente

El segundo eje de preocupación recurre al tema de las candidaturas independientes. Ray Guevara ha advertido que la sentencia del TC que promueve su regulación puede resultar “grave” si no se armoniza cuidadosamente con la Constitución y con el régimen de sustituciones, vacancias y responsabilidades institucionales. Su tesis no niega la participación ciudadana, sino que subraya la necesidad de evitar contradicciones sistémicas que podrían desembocar en crisis de gobernabilidad en futuras elecciones.

La propuesta práctica que surge de esa advertencia es doble: encargar a la Junta Central Electoral (JCE) la elaboración técnica de un proyecto legislativo —con evidencia comparada, proporcionalidad de requisitos y garantías de fiscalización— y someter al Congreso un debate abierto que produzca una norma integrada, evitando la reproducción literal de cargas pensadas para partidos en aspiraciones no partidarias. El llamado a la JCE y al Congreso aparece reiterado en medios, y la crítica a la confusión normativa se articula con referencias históricas sobre la presencia de candidaturas independientes en el país.


IV. Reformas constitucionales y cultura de límites

Ray Guevara también ha respaldado iniciativas orientadas a blindar la Constitución frente a reformas oportunistas —el “candado” a la reelección, por ejemplo— y a reforzar la independencia funcional y presupuestaria del Ministerio Público. Su apoyo a ajustes que impidan la manipulación del texto constitucional por mayorías de turno se funda en una visión de estabilidad de reglas que protege la justicia contra interferencias circunstanciales. En declaraciones recogidas por medios audiovisuales, el jurista contextualiza estas propuestas dentro de una pedagogía de límites y de respeto a la supremacía constitucional.

El énfasis en educación constitucional —en escuelas y universidades— complementa esa cultura de límites y fortalece la inmunidad social frente a prácticas antidemocráticas (compra de votos, voto asistido, captura de instituciones). Diversas entrevistas de referencia han insistido en que la ciudadanía informada es condición para que la justicia conserve legitimidad en escenarios de alta polarización.


V. El espejo venezolano: geopolítica, desinformación y riesgos de contagio

Los diálogos con Pablo McKinney (10 de enero de 2026) agregan un vector regional a la alerta institucional: la crisis venezolana, con su disputa de legitimidad y su tensión con EE. UU., genera presiones que pueden amplificar discursos extremos y normalizar excepciones. Ray Guevara subraya que la erosión del Estado de derecho no ocurre de golpe, sino por acumulación de “pequeñas” excepciones, captura institucional y desinformación. La conversación pública ha estado cruzada por contenidos virales, incluidos materiales que reportan supuestas detenciones de Nicolás Maduro, lo que obliga a reforzar el compromiso con verificación y prudencia informativa.

Más allá de la veracidad de cada pieza viral, el punto del jurista es preventivo: cuidar la alternancia y la independencia de los poderes en República Dominicana, evitando que la importación de narrativas externas degrade nuestra institucionalidad. El caso venezolano —con expedientes en foros internacionales y persistentes denuncias de abusos— funciona como recordatorio de que la estabilidad democrática es frágil cuando se desdibuja la separación de poderes y se toleran “excepciones permanentes”. La prensa local ha reflejado este enfoque, subrayando el contraste entre la estabilidad dominicana y el deterioro sostenido del orden democrático en Venezuela.


VI. Migración, nacionalidad y seguridad: el cruce con la justicia constitucional

La trayectoria de Ray Guevara también se vincula con discusiones sobre migración y nacionalidad, donde su liderazgo en la sentencia 168‑13 y su posterior designación para revisar la normativa migratoria han sido decisivos. Aquí, la salud de la justicia no es solo un debate doméstico: es un componente de política de Estado que debe ordenar derechos, procedimientos y garantías en clave de seguridad y de respeto a la Constitución. El equilibrio entre soberanía y derechos —en un contexto de crisis haitiana y presiones regionales— demanda instituciones estables, jueces protegidos del vaivén político y marcos normativos claros.

Estas materias —sensibles por su impacto social— exigen un tribunal constitucional fuerte, una JCE competente y un CNM regido por ley. La “salud” de la justicia se prueba en casos límites: donde se deciden estatus de personas, fronteras normativas y garantías de no discriminación. La combinación de jurisprudencia y política pública que el jurista ha empujado indica el tipo de institucionalidad que el país necesita para resistir presiones y preservar derechos.


VII. Agenda mínima de reformas y políticas públicas

A la luz de las advertencias y del inventario de temas levantados por Ray Guevara, una agenda académica y de política pública para robustecer la justicia dominicana podría contener, al menos, los siguientes ejes:

  1. Ley del CNM y evaluación judicial con rango legal.

    • Definir parámetros de desempeño, garantías de transparencia (con salvaguardas), motivación reforzada y derecho a contradicción; establecer estándares probatorios y escalas de proporcionalidad para medidas disciplinarias.
    • Incluir mecanismos de auditoría externa y reportes periódicos a la ciudadanía, evitando que reglamentos generales sustituyan el mandato del legislador.
  2. Armonización de la Ley 20‑23 y candidaturas independientes.

    • Diseñar requisitos específicos para aspiraciones no partidarias que eviten vacíos (sustituciones, financiamiento, fiscalización), sin replicar las cargas idénticas de los partidos que desnaturalicen lo “independiente”.
    • Mandatar a la JCE la elaboración de propuestas técnicas y al Congreso su debate con evidencia comparada; prever cláusulas de transición para 2028‑2032.
  3. Blindajes constitucionales y cultura de límites.

    • Discutir candados frente a reformas coyunturales; reforzar independientes del Ministerio Público y su sostenibilidad presupuestaria.
    • Implementar educación cívica‑constitucional en currículos escolares y universitarios; campañas públicas contra prácticas antidemocráticas en procesos electorales.
  4. Gobernanza judicial abierta.

    • Publicar indicadores de gestión (tiempos de respuesta, ejecución de sentencias, tasas de congestión) en formatos de datos abiertos; establecer metas anuales de reducción de mora.
    • Crear mesas permanentes de diálogo con colegios de abogados, academia y sociedad civil para monitorear la “salud” del sistema.
  5. Política de integridad y anticaptura institucional.

    • Protocolos de conflicto de interés en nombramientos; procedimientos claros de recusación y transparencia patrimonial de altos cargos judiciales.
    • Protección de denunciantes y trazabilidad de decisiones en procesos sensibles (electorales, disciplinarios, migratorios); auditorías externas periódicas.

VIII. Comparación regional: lecciones para inmunizar la institucionalidad

Las democracias latinoamericanas que han resistido con mayor éxito los ciclos de polarización comparten ciertas características: cortes con independencia funcional y presupuestaria, mecanismos de evaluación y nombramiento con rango legal y transparencia, y sistemas electorales con reglas claras y previsibles. La experiencia dominicana —por su relativa estabilidad y por la consolidación del TC en su primera década— ofrece una base sobre la cual construir blindajes adicionales. La propia narrativa institucional del TC y las crónicas sobre el cierre del período de Ray Guevara aluden a esa arquitectura en proceso de maduración.

Mirar el espejo venezolano —y la circulación de contenidos de alto impacto emocional— debe empujarnos a fortalecer protocolos de verificación y a sostener una pedagogía de prudencia informativa. La convergencia de geopolítica y comunicación digital puede amplificar la presión sobre instituciones si hay vacíos normativos que abren puertas a decisiones discrecionales. La insistencia de Ray Guevara en cultura de límites y reglas claras apunta justamente a ese umbral de resiliencia.


Conclusión: de la alarma a la ejecución

La advertencia de Milton Ray Guevara sobre la salud de la justicia dominicana no es un gesto retórico: es una invitación a pasar del diagnóstico a la ejecución legislativa y administrativa. La estabilidad democrática no se preserva con buenos discursos, sino con instituciones sanas y reglas que resistan presiones internas y externas. Fortalecer el gobierno judicial, armonizar el régimen electoral y estabilizar el orden constitucional son acciones preventivas que elevan el umbral de resiliencia institucional frente a ciclos de polarización y desinformación.

El caso venezolano —en su complejidad y en la manera en que permea el debate público regional— sirve como recordatorio de que la normalización de excepciones, la captura de instituciones y la desinformación pueden degradar rápidamente un sistema político. La República Dominicana tiene la ventaja de contar con una comunidad jurídica activa, un TC que ha acumulado buenas prácticas y una ciudadanía cada vez más involucrada en el escrutinio público. La responsabilidad que surge de las advertencias de Ray Guevara es cristalina: cerrar los vacíos con ley, blindar la Constitución con cultura de límites y abrir la justicia con métricas, transparencia y educación cívica.

Si ese tránsito del diagnóstico a la ejecución se materializa, la “salud” de la justicia dominicana no solo mejorará hoy: quedará inmunizada para resistir las turbulencias de mañana.


Referencias (selección y verificación)

  • Perfil y biografía institucional de Milton L. Ray Guevara. Tribunal Constitucional de la República Dominicana.
  • Perfil enciclopédico: Milton Ray Guevara, Wikipedia en español.
  • Entrevista y análisis sobre CNM, evaluación de jueces y reforma laboral: CDN 37.
  • Artículo analítico sobre omisión legislativa en evaluación de jueces y crítica al vacío normativo: noticia.do.
  • Debate sobre candidaturas independientes y armonización con la Constitución: 7dias.com.do; Prensa Libre Independiente.
  • Rendición de cuentas y gestión del TC bajo Ray Guevara: CDN (cobertura de 2023).
  • Reconocimiento institucional por la Suprema Corte y defensa de valores constitucionales: Poder Judicial (nota de prensa, 2024).
  • Apoyo a blindajes constitucionales y cultura de límites: RNN (declaraciones sobre reforma y “candado”).
  • Conversación con Pablo McKinney (10 ene 2026): “Lo que nadie dice sobre Maduro y EE. UU.”, canal de YouTube de Pablo McKinney.
  • Cobertura de Color Visión sobre la coyuntura venezolana y el enfoque de Ray Guevara (7 ene 2026).
  • Trayectoria en migración y normativa (designación como coordinador, 2025): Diario Libre; Infórmate Diario.

⚖️ Artículo de opinión: La salud de la justicia dominicana en tiempos de turbulencia regional.
A partir del diálogo entre Milton Ray Guevara y Pablo McKinney (10 de enero de 2026), planteo una agenda mínima: ley del CNM para la evaluación judicial, regulación proporcional de candidaturas independientes, blindajes constitucionales, y gobernanza judicial abierta con métricas de gestión y ejecución de sentencias.
La presión geopolítica (Venezuela–EE. UU.) y la economía de la desinformación exigen instituciones resilientes. Destaco además la firmeza del presidente Luis Abinader en el tema haitiano, como ejemplo de política de Estado respaldada por reglas y límites.
📺 Contexto: https://youtu.be/mRRJgnslIqc?si=wubBoQXDtzkkpgVs

#JusticiaRD #Gobernanza #PolíticaPública #ConstituciónRD #MiltonRayGuevara #PabloMcKinney #Transparencia #Compliance #RuleOfLaw #RepúblicaDominicana #LuisAbinader

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Milton Ray Guevara Expresa Profunda Preocupación por la Salud de la Justicia Dominicana

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

El debate sobre la salud de la justicia dominicana ha recobrado intensidad a partir de las recientes intervenciones públicas de Milton Ray Guevara, primer presidente del Tribunal Constitucional durante su primera década de vida institucional y una voz respetada por su rigor doctrinal, su experiencia en gobierno judicial y su constante pedagogía constitucional. En su conversación con Pablo McKinney, el 10 de enero de 2026, a propósito del conflicto entre Nicolás Maduro y Estados Unidos, y de los posibles reacomodos de poder en el Caribe, el jurista articuló una advertencia que excede la coyuntura: las instituciones que administran justicia —cuando operan con vacíos normativos, discrecionalidades y debilidades de control— se exponen más fácilmente a la presión política, a los ciclos de polarización y a la erosión del Estado de derecho. Bajo esa premisa, la preocupación no es meramente descriptiva; es prescriptiva y convoca a una agenda de reformas que blinde el sistema frente a la imprevisibilidad regional y la volatilidad de la política doméstica.

El peso de la palabra de Ray Guevara proviene de una autoridad epistémica ganada a pulso, no solo por el volumen y la calidad de las decisiones que le tocó conducir en el Tribunal Constitucional, sino por su participación en reformas clave, su rol docente y su interacción permanente con el debate público. Desde esa plataforma, el jurista insiste en que la salud de la justicia no es una cuestión abstracta ni de elites; es el núcleo que garantiza derechos, equilibra poderes y delimita fronteras entre las mayorías eventuales y la supremacía de la Constitución. En términos prácticos, su advertencia se concentra en dos planos interconectados: la necesidad de reglas claras, controles efectivos y transparencia para el gobierno judicial, y la urgencia de inmunizar el sistema frente a las tensiones geopolíticas del entorno, que, por la vía de la desinformación o la importación de narrativas extremas, pueden desestabilizar instituciones si estas exhiben grietas normativas.

Un primer aspecto que Ray Guevara ha subrayado con insistencia es el relativo al Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) y a los procesos de evaluación del desempeño de jueces de altas cortes. La lógica que propone es sencilla y contundente: sin una ley que regule con jerarquía suficiente la evaluación, los criterios de valoración quedan a merced de reglamentos generales y prácticas administrativas que, por definición, carecen del blindaje de un mandato legislativo claro y susceptible de control democrático. Cuando la evaluación no está parametrizada con estándares verificables, garantías de motivación reforzada, publicidad razonable y derecho a contradicción, el riesgo de discrecionalidades —y con ellas, de una erosión de confianza ciudadana y de percepción de independencia— se multiplica. No es una defensa corporativa de los jueces; es la defensa de la seguridad jurídica del sistema de justicia como infraestructura crítica de la democracia. La evaluación de magistrados impacta carreras, legitimidades y la integridad del diseño constitucional que descansa en poderes capaces de resistir los vaivenes de la política, por lo que el régimen de evaluación, lejos de ser un apéndice técnico, es una pieza estructural del Estado de derecho.

A esa dimensión se suma la necesidad de consolidar una cultura de gestión y de ejecución de sentencias que se convierta en práctica trans-sistémica, y no solo en emblema de una jurisdicción constitucional. La salud de la justicia también se mide por su capacidad de cumplir, de publicar oportunamente y de comunicar de forma inteligible los razonamientos que sostienen sus decisiones. Esa cultura de métricas y transparencia, con indicadores de tiempos de respuesta, tasas de congestión y ejecución efectiva de fallos, fortalece la confianza pública y ofrece herramientas para la rendición de cuentas, sin las cuales el discurso sobre independencia se vuelve retórico. En un ecosistema informacional saturado de mensajes virales y narrativas emocionales, el lenguaje de datos abiertos y de trazabilidad institucional actúa como antídoto contra la volatilidad del rumor y como marco para el escrutinio informado, indispensable para una ciudadanía constitucionalmente educada.

El segundo eje que el jurista ha puesto sobre la mesa es complejo y delicado: la regulación de las candidaturas independientes a partir de la jurisprudencia más reciente. Para Ray Guevara, el reconocimiento y la promoción de estas figuras no pueden desvincularse de una armonización cuidadosa con la Constitución y con el sistema de partidos, en especial con los regímenes de sustituciones, vacancias y responsabilidades institucionales. Sostener que la apertura a candidaturas independientes amplía la participación ciudadana es correcto; concluir de ello que las reglas partidarias pueden trasladarse sin adaptación a aspiraciones no partidarias es apresurado y riesgoso. La gobernabilidad futura no debería depender de remiendos jurisprudenciales ni de soluciones de emergencia ante vacíos mal previstos. La salida, de naturaleza técnica y política, pasa por un mandato claro a la Junta Central Electoral para que elabore propuestas legislativas proporcionales y funcionales —diseñadas con evidencia comparada y sensibilidad constitucional— y por un debate en el Congreso que produzca una norma integrada, con cláusulas de transición, que preserve el equilibrio entre pluralismo y estabilidad. Aquí, de nuevo, la salud de la justicia exige diseño, no improvisación.

Todo ello se entrelaza con una visión de reformas constitucionales que prioricen el blindaje frente al oportunismo de mayorías de turno. Ray Guevara ha defendido la cultura de límites, incluidos los denominados “candados” contra la manipulación del texto constitucional para fines coyunturales, y aboga por reforzar la independencia funcional y presupuestaria del Ministerio Público. Esta postura se sostiene en un principio sencillo: la previsibilidad de las reglas es condición para la eficacia de la justicia. Cuando cada ciclo político ensaya reescrituras del terreno de juego, el poder judicial entra, quiera o no, en el horizonte de la disputa, y las garantías que le hacen “extrapoder” se degradan. El blindaje no es inmovilidad; es límites razonables que impiden la captura institucional bajo el pretexto de la reforma. Esta cultura de límites, sin embargo, se vuelve insuficiente si no es acompañada por una educación constitucional sistemática. Enseñar la Constitución, sus principios y sus técnicas de interpretación no es lujo académico, sino política pública para construir ciudadanía, defender el voto libre de prácticas antidemocráticas y comprender la diferencia entre crítica legítima y hostilidad contra instituciones.

La conversación con McKinney introdujo, además, el espejo venezolano como advertencia extendida al Caribe. La crisis de legitimidad, las tensiones con Estados Unidos y las piezas virales que circulan con afirmaciones de alto impacto emocional sobre el destino de Nicolás Maduro y su entorno ponen a prueba la prudencia informativa y la capacidad de las instituciones dominicanas para resistir la presión externa. El mensaje del jurista fue claro: la erosión del Estado de derecho a menudo se cocina en la normalización de “pequeñas” excepciones que, sumadas, terminan capturando instituciones y habituando a la sociedad a un régimen de excepcionalidad permanente. En ese contexto, preguntarse si estamos ante un “nuevo orden en el Caribe” no es retórica geopolítica; es evaluar cómo la reconfiguración de alianzas, sanciones y presiones puede afectarnos en migración, seguridad, energía y discurso público, y cómo nuestras instituciones responden con reglas y transparencia, o con improvisación y discrecionalidad.

El caso venezolano, con su carga simbólica y su potencia viral, obliga a un doble cuidado. En primer lugar, evitar que narrativas externas —a menudo polarizadas y diseñadas para el impacto inmediato— contaminen el sistema dominicano, empujándolo a decisiones impulsivas sin el debido proceso institucional. En segundo lugar, reconocer que la solidez de un Estado de derecho no se mide en su capacidad para reaccionar con dureza a cada episodio, sino en su capacidad para mantener reglas, derechos y límites aun bajo presión. Ese es el punto en el que la preocupación de Ray Guevara sobre la salud de la justicia dominicana se vuelve una tesis estratégica: la mejor defensa frente a la turbulencia regional es una institucionalidad sana, una arquitectura de reglas que minimice la discrecionalidad y una ciudadanía capaz de distinguir entre información verificada y espectáculo digital.

La reflexión no sería completa sin abordar el cruce entre migración, nacionalidad y seguridad, donde el jurista ha sido actor y referente. Su liderazgo en la sentencia 168‑13 y su posterior participación en la revisión de la normativa migratoria le han dado una perspectiva integral sobre la necesidad de equilibrar soberanía y derechos bajo parámetros constitucionales claros. En este punto resulta pertinente reconocer la admiración que ha expresado hacia el presidente Luis Abinader por no haberse “doblegado” en el tema haitiano, preservando una política de frontera y de control que, en su lectura, responde al deber primario del Estado de proteger su territorio y su orden jurídico. Esa admiración no impide —y, de hecho, exige— que el enfoque migratorio se encuadre en reglas escrupulosas, procedimientos garantistas y comunicaciones públicas responsables, pues la legitimidad de toda política de soberanía se sostiene tanto en su eficacia como en su apego a derechos y a la Constitución.

Si la salud de la justicia se prueba en los casos límites, pocos ámbitos son más desafiantes que el régimen migratorio y de nacionalidad. Allí confluyen emociones, desigualdades y tensiones históricas que requieren un tribunal constitucional con prestigio, una JCE competente y un CNM regido por ley. De lo contrario, cada expediente difícil amenaza con convertirse en detonante de polarización y con convertir la justicia en moneda de cambio de la política de corto plazo. Resistir esa dinámica implica institucionalizar procesos, educar, medir y comunicar.

Una agenda académica y de política pública coherente con las advertencias del jurista debería desplegarse como narrativa y como práctica. Narrativa, para consolidar una cultura de límites y de supremacía constitucional que desacople la justicia de la ansiedad coyuntural. Práctica, para concretar una ley del CNM que especifique criterios, garantías y controles; para encargar a la JCE proyectos legislativos que regulen candidaturas independientes con proporcionalidad y claridad; para establecer métricas abiertas y metas de reducción de mora judicial que dignifiquen la experiencia del ciudadano ante los tribunales; para implementar protocolos de integridad y prevención de captura institucional en nombramientos, recusaciones y gestión patrimonial de altos cargos; para incorporar educación cívica‑constitucional en la formación escolar y universitaria, de manera que el voto y la opinión se ejerzan con responsabilidad y conocimiento. Al final, la institucionalidad no se afirma con consignas, sino con diseño, con datos y con coherencia entre discurso y práctica.

La comparación regional aporta más argumentos. Las democracias latinoamericanas que han resistido con mayor éxito ciclos de polarización comparten cortes con independencia funcional y presupuestaria, sistemas electorales con reglas previsibles y mecanismos de evaluación judicial con rango legal y transparencia. La experiencia dominicana ofrece una base valiosa: un Tribunal Constitucional que, en su primera década, acumuló jurisprudencia y buenas prácticas; una ciudadanía cada vez más activa en el escrutinio público; y una narrativa que reivindica la supremacía de la Carta Magna. Pero esa base necesita ser reforzada. La geopolítica del Caribe no va a conceder tregua; la comunicación digital no va a disminuir su intensidad; y los conflictos de legitimidad en países vecinos seguirán proyectando sombras y luces sobre nuestro propio debate. La salud de la justicia, como la salud en general, depende de prevención, hábitos y disciplina, no de intervenciones ocasionales cuando el síntoma se vuelve insoportable.

De la alarma a la ejecución, el trayecto que propone Milton Ray Guevara es exigente pero factible. Redactar la ley que el CNM necesita, armonizar con prudencia el régimen electoral ante la realidad de candidaturas independientes, blindar la Constitución frente a la tentación de rehacerla en cada ciclo político, abrir la justicia con métricas y transparencia, profesionalizar el discurso público con educación constitucional y combatir la desinformación con verificación y responsabilidad: esa es la receta para que República Dominicana convierta las advertencias en resiliencia. No se trata de replicar modelos ajenos, sino de profundizar el propio, bajo el entendido de que la democracia no se defiende con ocurrencias ni con excepcionalidades, sino con reglas y con límites que, a la vez, habilitan el pluralismo y protegen la esencia del Estado de derecho.

El Caribe vive tiempos de turbulencia, y la conversación con McKinney, al vincular la coyuntura venezolana con la salud institucional dominicana, ofreció un marco para pensar con frialdad en medio del ruido. Si el objetivo es asegurar que nuestras instituciones no sucumban al vértigo de la polarización ni al magnetismo del espectáculo, entonces la respuesta no puede ser otra que la disciplina del diseño institucional, la humildad ante la complejidad y la persistencia en la cultura de límites. Al final, la justicia dominicana será tan sana como lo sean sus reglas, sus hábitos y su ciudadanía. La advertencia de Milton Ray Guevara nos recuerda, con autoridad y urgencia, que esa salud no se da por sentada: se construye, se defiende y se renueva antes de que la tormenta llegue.

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⚖️🇩🇴 La justicia dominicana necesita ley, límites y datos.
Del debate Maduro–EE. UU. al Caribe: blindar instituciones es prioridad.
🎥 Contexto: #PabloMcKinney
🔗 https://youtu.be/mRRJgnslIqc?si=wubBoQXDtzkkpgVs
#JusticiaRD #ConstituciónRD #MiltonRayGuevara #Democracia #Caribe #Geopolítica #LuisAbinader

lunes, 13 de octubre de 2025

Milton Ray Guevara afirma RD debe perder la capacidad de diálogo y concertación

Milton Ray Guevara reafirma que el diálogo y la concertación son pilares esenciales para la paz social y el desarrollo institucional de la República Dominicana.

El expresidente del Tribunal Constitucional, Milton Ray Guevara, ha reiterado en múltiples escenarios la importancia de preservar la capacidad de diálogo y concertación como fundamentos de la estabilidad democrática y el progreso económico del país. En una entrevista especial para CDN y elCaribe, y durante conferencias recientes, Ray Guevara advirtió que la pérdida de estos mecanismos pondría en riesgo la paz social y la legitimidad de las reformas institucionales.

🏛️ Reforma del Código Laboral y el CNM
- Ray Guevara instó al Congreso a aprobar la reforma del Código Laboral surgida del diálogo tripartito, subrayando que los cambios impuestos sin consenso generan incertidumbre y afectan derechos adquiridos como la cesantía.
- Rechazó propuestas como incluir propinas de delivery como salario, calificándolas de ilegales e injustas.
- Sobre el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), criticó la falta de una ley que regule la evaluación de desempeño de jueces, como exige la Constitución, y llamó a evitar repetir errores históricos como la exclusión de sectores sociales no partidistas.

🗣️ Cultura del diálogo como legado nacional
- En el Congreso Internacional de Derecho del Trabajo, Ray Guevara destacó que la cultura del diálogo ha sido clave en el desarrollo económico y la paz social del país, citando como ejemplo la concertación que permitió la creación del Código de Trabajo de 1992.
- Afirmó que el trabajo no solo es un medio de subsistencia, sino también una vía para la realización personal y la perfección del espíritu, en línea con los principios constitucionales dominicanos.

🧭 Llamado a la sensatez institucional
- Ray Guevara hizo un llamado a la sensatez de los actores políticos, sindicales y empresariales, recordando que el Consejo Económico y Social sigue siendo un instrumento vital para sostener el diálogo nacional.
- En sus palabras: “Las garantías de perdurabilidad que otorga un texto consensuado no lo garantiza uno impuesto”, reafirmando que la legitimidad institucional nace del acuerdo social.

 

lunes, 13 de enero de 2025

Ray Guevara ve "grave" fallo del TC sobre "candidaturas independientes"; pide JCE y Congreso intervenir ante el conflicto


Ray Guevara ve "grave" fallo del TC sobre "candidaturas independientes"; pide JCE y Congreso intervenir ante el conflicto

Santo Domingo, RD.- “Como muy grave” califica el expresidente del Tribunal Constitucional, Milton Ray Guevara, la sentencia emitida por esa alta corte a favor de la postulación de candidaturas independientes, fallo que también ha desatado reacciones de rechazo de parte de los partidos Revolucionario Moderno (PRM), de la Liberación Dominicana y de la Fuerza del Pueblo.

Guevara entiende que el Congreso Nacional es la única vía de solución al conflicto surgido con el fallo del Tribunal Constitucional y que asume como contrario a lo establecido en el país sobre las facultades legales atribuidas a los partidos políticos.

Entrevistado en el programa Hoy Mismo, que se transmite por Color Visión y la emisora La Súper 7, el exjuez advierte que la sentencia de la alta corte abre el camino para que cualquier persona, al margen de los partidos, pudiera aspirar a cargos electivos.

Pero refirió que en la Constitución se estipula que, en caso de vacantes del Presidente, Vicepresidente y otros funcionarios cargos electivos, corresponden a la Asamblea Nacional y a los partidos políticos presentar quién o quiénes serían los responsables de llenar esos puestos.

Se preguntó que pudiera ocurrir en caso de la vacancia de un candidato “independiente”.

Guevara precisó que corresponde a la Junta Central Electoral depositar ante el Congreso Nacional un proyecto que regule las “candidaturas independientes”, por el tema ser parte de su jurisdicción.

Dijo que el Senado de la República y la Cámara de Diputados pueden aprobar una legislación, al considerar “grave” lo que pudiera ocurrir con las candidaturas presidenciales.

“El Estado dominicano en Estado de partidos políticos”, agregó Guevara, al hacer alusión a varios expertos constitucionalistas.

Aseguró que, de acuerdo a la Constitución dominicana, el monopolio de la participación de los ciudadanos en los procesos electorales está consagrado a los partidos.

Hizo alusión a las implicaciones que tiene la sentencia del Tribunal Constitucional. En primer lugar, “ahí no te toma en cuenta especificidades de la Constitución de la República. La Constitución, cuando hay sustitución de legisladores, en el artículo 77, numeral 1 dice: cuando por cualquier motivo ocurran vacantes de senadores o diputados, la cámara correspondiente escogerá sus sustitutos de las ternas que les presenten el organismo superior del partido que los postuló”, agregó.

“Ahora escogen a un independiente, que puede ser de una provincia de la frontera y pueden ciudadanos no dominicanos; claro, de ascendencia extranjera”, indicó Guevara ante la reacción de los comentaristas de Hoy Mismo sobre lo indicado en torno a la “ascendencia extranjera”.

“Supóngase que fallezca o denuncie, es el partido que tiene que sustituirlo, dice la Constitución.

“Murió el independiente, ¿quién lo va a sustituir?”, preguntó el expresidente Milton Ray Guevara, quien desempeñó esa función por doce años, desde la fundación de la alta corte.

“Eso es muy grave (en referencia a la sentencia sobre las candidaturas independientes), al considerar que nadie puede obviar que los partidos políticos son el sustento de la democracia. https://7dias.com.do/2025/01/13/ray-guevara-ve-grave-fallo-del-tc-sobre-candidaturas-independientes-y-pide-jce-y-congreso-intervenir-ante-el-conflicto/