viernes, 15 de mayo de 2026

Ormuz: la geopolítica del petróleo selectivo en tiempos de presión global

Ormuz: la geopolítica del petróleo selectivo en tiempos de presión global

La flexibilización parcial de Irán en el estrecho de Ormuz no es un gesto de distensión, sino una maniobra estratégica que redefine el equilibrio energético y diplomático entre Washington, Pekín y los mercados asiáticos.


Por Luis Orlando Díaz Vólquez

La reciente decisión de Irán de permitir el paso de petroleros asiáticos por el estrecho de Ormuz, en paralelo a la visita del presidente Donald Trump a China para reunirse con Xi Jinping, constituye mucho más que una medida táctica de alivio logístico: es una jugada de alto nivel en el tablero geopolítico global. Teherán no ha levantado el bloqueo; lo ha refinado. Y en ese matiz reside la clave para comprender el nuevo orden energético emergente.

En efecto, la apertura parcial del tránsito marítimo beneficia principalmente a China y, en menor medida, a Japón, dos economías altamente dependientes del crudo del Golfo. Esta decisión no surge en el vacío: coincide con una coyuntura diplomática crítica en la que Washington busca alinear intereses con Pekín para garantizar el flujo energético global y evitar mayores perturbaciones del mercado. Lo que Irán hace, en esencia, es introducir selectividad en el acceso al corredor energético más importante del mundo, por donde transita cerca de una quinta parte de los hidrocarburos globales. 

Pero la pregunta central no es qué flexibiliza Irán, sino a quién y para qué. La respuesta es clara: a sus socios estratégicos y con un objetivo político bien definido. La autorización de paso, que habría permitido el cruce de decenas de buques en apenas 24 horas, responde a solicitudes directas de China, principal comprador de petróleo iraní. Este gesto confirma que Teherán está utilizando Ormuz como instrumento de diplomacia energética selectiva, recompensando a quienes se mantienen al margen de la presión estadounidense y penalizando a quienes la respaldan. 

En el fondo, se consolida una fragmentación del sistema energético internacional. Mientras Estados Unidos promueve un régimen de sanciones y control marítimo, Irán establece su propio esquema paralelo, basado en la autorización discrecional de tránsito. Este modelo introduce una lógica de “acceso condicionado” que rompe con el principio tradicional de libre navegación, generando incertidumbre jurídica, encareciendo seguros marítimos y tensionando los mercados globales. De hecho, pese a la aparente mejora en el tránsito, los precios del petróleo continúan al alza, reflejo de la desconfianza estructural en la estabilidad del corredor.

Asimismo, este episodio revela el creciente peso de Asia en la reconfiguración del orden energético mundial. China, que en 2025 adquiría más de un millón de barriles diarios de crudo iraní, se posiciona como actor clave en cualquier ecuación de estabilidad en Ormuz. La decisión iraní no solo garantiza su flujo de exportación, sino que fortalece su relación con Pekín en momentos en que Estados Unidos intenta limitar ese mismo vínculo mediante sanciones y presión diplomática. 

Sin embargo, esta estrategia encierra riesgos significativos. Al mantener el bloqueo para buques de países considerados “adversarios”, Irán no reduce la tensión, sino que la segmenta. Este enfoque selectivo puede escalar en incidentes marítimos, aumentar la militarización del estrecho y profundizar la confrontación indirecta entre potencias. La coexistencia de corredores “autorizados” y zonas restringidas transforma a Ormuz en un espacio de control híbrido, donde la seguridad depende menos del derecho internacional y más del equilibrio de poder.

Para América Latina y el Caribe, y particularmente para economías como la República Dominicana, este escenario tiene implicaciones directas. La volatilidad en los precios del petróleo impacta las finanzas públicas, la balanza de pagos y los costos logísticos. Pero más allá del impacto económico, lo que está en juego es la necesidad de comprender que las cadenas de suministro ya no están determinadas únicamente por factores de mercado, sino por decisiones políticas y estratégicas en zonas críticas como Ormuz.

En síntesis, la “apertura” iraní es una ilusión si se interpreta como distensión. Es, en realidad, un mecanismo de control más sofisticado que redefine las reglas del juego energético global. Irán no ha cedido terreno; lo ha reorganizado. Y en ese reordenamiento, el estrecho de Ormuz deja de ser un simple punto de tránsito para convertirse en un instrumento activo de poder geopolítico./

Con información de [elpais.com] y [elceo.com]

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