miércoles, 29 de abril de 2026

Un paso histórico hacia la modernización aduanera: Nelson Arroyo preside la primera reunión del Comité Nacional de Gestión de Riesgo en Materia de Comercio de Bienes

Un paso histórico hacia la modernización aduanera: Nelson Arroyo preside la primera reunión del Comité Nacional de Gestión de Riesgo en Materia de Comercio de Bienes

Este evento marca un punto de inflexión estratégico en la administración del comercio exterior dominicano y constituye un hito clave para la modernización del sistema aduanero nacional.

Santo Domingo, R.D., 29 de abril de 2026.– Ante el reto de regular la gestión integral de riesgos en el sistema aduanero de la República Dominicana y con el objetivo de lograr un equilibrio efectivo entre control, cumplimiento, recaudación y facilitación del comercio, la Dirección General de Aduanas (DGA) presidió la primera sesión de trabajo del Comité Nacional de Gestión de Riesgo en Materia de Comercio de Bienes.

El presidente del comité y director general de Aduanas, Nelson Arroyo, afirmó en sus palabras centrales que la celebración de esta reunión responde a un mandato de la Ley núm. 168-21 de Aduanas de la República Dominicana y su reglamento de aplicación, el Decreto núm. 755-22, en atención a la necesidad de fortalecer la coordinación interinstitucional en la gestión de riesgos aplicados al comercio de bienes.

Nelson Arroyo, Dir. de la DGA

“Estamos proyectando el modelo de país que queremos construir: una República Dominicana más competitiva, más confiable e integrada al comercio global. Esto no será fruto del azar, sino de decisiones estratégicas, de instituciones sólidas y de una visión compartida entre todas las entidades del Estado que concurren en el control aduanero”, destacó el titular de la DGA.

La Gestión Integral de Riesgo (GIR) será coordinada por la Dirección General de Aduanas y establece un modelo de control que permite identificar, evaluar y mitigar riesgos en todas las etapas del despacho aduanero —antes, durante y después—, integrando a múltiples instituciones del Estado que desempeñan funciones de control en puertos, aeropuertos y pasos fronterizos terrestres, bajo lineamientos comunes.

“Desde la DGA reafirmamos nuestro compromiso de seguir siendo facilitadores del desarrollo, garantes de la legalidad y socios estratégicos del comercio, convencidos de que una aduana moderna, eficiente y transparente no solo mueve mercancías: mueve oportunidades, fortalece la confianza y abre el camino hacia un crecimiento sostenible para todos”, subrayó Arroyo.


A través del Comité Nacional y de las mesas técnicas, se impulsa una gestión articulada orientada a prevenir ilícitos, mejorar la transparencia, fortalecer la seguridad de la cadena logística, promover el cumplimiento de los operadores aduaneros, reducir la discrecionalidad y optimizar el uso de los recursos. Todo ello se realiza sin detrimento de la facilitación del comercio, apoyándose en el uso de tecnología, perfiles de riesgo y análisis de información compartida.

Este primer encuentro reafirma el compromiso del país con las mejores prácticas internacionales y se alinea con las recomendaciones de la Organización Mundial de Aduanas (OMA), que sostiene que el control aduanero debe basarse en un sistema de gestión de riesgos, ya que este garantiza decisiones objetivas, transparentes y consistentes, reduciendo la posibilidad de errores, arbitrariedad o corrupción.

La reunión fue encabezada por el director general de Aduanas, Nelson Arroyo, junto a representantes de más de once entidades de distintos sectores, entre ellos: el ministro de Defensa (MIDE), teniente general Carlos Antonio Fernández Onofre; el ministro de Industria, Comercio y MIPYMES (MICM), Eduardo Sanz Lovatón; el ministro de Vivienda y Edificaciones (MIVED), Víctor Bisonó; el ministro de Agricultura (MA), Francisco Oliviero Espaillat; el director general de Impuestos Internos (DGII), Pedro Urrutia; el director general de Migración (DGM), vicealmirante ARD Luis Rafael Lee Ballester; y el titular del Instituto Dominicano para la Calidad (INDOCAL), Néstor Julio Matos Ureña.

Asimismo, participaron los subdirectores de la DGA Gabino Polanco, Anulfo Pascual, Rosa Fernández, Raquel Soriano, Francis Almonte y Frederick López, junto a la gerente de Fiscalización, Nabila Varela, el asesor Eduardo Rodríguez, entre otros funcionarios técnicos.

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Un paso histórico hacia la modernización aduanera: cuando la gestión de riesgos deja de ser discurso y se convierte en Estado

La primera reunión del Comité Nacional de Gestión de Riesgo en Materia de Comercio de Bienes —presidida por la DGA— inaugura una nueva etapa: control inteligente, coordinación interinstitucional y facilitación con transparencia. El reto ahora es convertir el hito en resultados medibles.

Opinión | Luis Orlando Díaz Vólquez

En la administración pública hay momentos que no se anuncian con estridencia, pero cambian el rumbo de las instituciones. La primera sesión de trabajo del Comité Nacional de Gestión de Riesgo en Materia de Comercio de Bienes, presidida por la Dirección General de Aduanas (DGA), pertenece a esa categoría de decisiones que marcan un antes y un después. No se trata solo de un encuentro protocolar: es la formalización de un método, la apuesta por una lógica moderna de control y la consolidación de una visión país que entiende que competir en el comercio global exige reglas claras, información compartida y capacidad real de anticipación.

La gestión integral de riesgos en aduanas no es una moda gerencial; es la columna vertebral del control contemporáneo. En un mundo donde los flujos de mercancías son cada vez más complejos —por volatilidad geopolítica, cadenas de suministro fragmentadas, contrabando sofisticado, nuevas modalidades de fraude documental y riesgos sanitarios—, el Estado no puede operar con un control reactivo, disperso y excesivamente manual. La gestión de riesgos transforma el control en inteligencia: permite concentrar recursos donde verdaderamente importa, elevar el cumplimiento sin estrangular el comercio legítimo y, sobre todo, reducir los espacios de discrecionalidad que suelen ser el terreno fértil de la arbitrariedad y la corrupción.

Por eso resulta particularmente relevante que este paso responda a un mandato normativo —Ley 168-21 y su reglamento Decreto 755-22— y no a una “iniciativa voluntarista” dependiente de coyunturas. La institucionalidad importa: cuando la coordinación interinstitucional queda sostenida en el marco legal, deja de depender de la buena voluntad y comienza a depender del deber. En ese sentido, el hecho de que el Comité convoque a múltiples entidades con roles de control en puertos, aeropuertos y fronteras terrestres coloca el tema donde debe estar: en el corazón del Estado, no como una tarea aislada de Aduanas, sino como una responsabilidad compartida.

Riesgo, facilitación y recaudación: el triángulo que decide la competitividad

La frase del director general, Nelson Arroyo, resume una aspiración estratégica: “una República Dominicana más competitiva, más confiable e integrada al comercio global”. La competitividad, sin embargo, no se decreta; se construye con sistemas. Y en aduanas, el sistema moderno se llama control basado en riesgos.

Cuando el control se basa en perfiles de riesgo, análisis de datos y trazabilidad, ocurren tres cosas al mismo tiempo: primero, mejora la seguridad de la cadena logística, porque el Estado aprende a identificar patrones y amenazas antes de que se materialicen; segundo, aumenta la facilitación del comercio legítimo, porque el operador cumplidor deja de ser tratado como sospechoso permanente; y tercero, se fortalece la recaudación, porque el fraude y la subvaluación encuentran menos grietas para prosperar. Dicho de forma simple: la gestión de riesgos es el punto donde el control deja de ser freno y se convierte en palanca.

Pero el desafío dominicano no es declarar la gestión de riesgos, sino ejecutarla con coherencia y continuidad. Históricamente, el mayor enemigo de los buenos marcos institucionales ha sido la fragmentación: cada entidad con su “lista”, cada puesto fronterizo con su cultura operativa, cada puerto con reglas no escritas y cada proceso con ventanas para el “arreglo”. El Comité Nacional, si se toma en serio, puede ser el instrumento que cambie esa realidad: convertir la gestión del riesgo en una disciplina común, con criterios homogéneos, responsabilidades claras y mecanismos de rendición de cuentas.

La GIR como arquitectura de Estado: antes, durante y después

Un aspecto crucial del anuncio es que la Gestión Integral de Riesgo (GIR) se proyecta para operar en las tres etapas del despacho: antes, durante y después. Este enfoque es el que separa a una aduana tradicional de una aduana moderna.

“Antes” significa información anticipada, cruce de bases de datos, perfiles dinámicos de riesgo y selectividad inteligente. “Durante” implica inspecciones dirigidas, uso de tecnología, procedimientos estandarizados y capacidad de respuesta en tiempo real. “Después” se traduce en fiscalización posterior, auditorías, verificación de valor y origen, y seguimiento del comportamiento del operador. Esta tercera etapa —la posterior— suele ser la gran deuda regional: sin post-control, los sistemas se vuelven meramente operativos, pero no estratégicos. En cambio, con post-control robusto, la aduana aprende, corrige, sanciona donde corresponde y, sobre todo, disuade.

Por eso, cuando se habla de “reducir discrecionalidad”, el concepto debe aterrizarse en mecanismos concretos: trazabilidad digital de decisiones, reglas de selectividad auditables, bitácoras de intervención, matrices de riesgo documentadas y una gobernanza de datos que garantice integridad y seguridad de la información. La transparencia no es un adorno; es una condición técnica para que un sistema de riesgos sea creíble. Si los perfiles se perciben como arbitrariedad, el modelo pierde legitimidad. Si se auditan y se explican, gana confianza y sostenibilidad.

La coordinación interinstitucional: el “cuello de botella” que define el éxito

La presencia de más de once entidades en la primera reunión es, en sí misma, un mensaje: la gestión del riesgo aduanero no se resuelve solo desde la DGA. Defensa, Migración, Agricultura, Industria y Comercio, Impuestos Internos, Calidad, Vivienda, entre otras, convergen en un ecosistema donde las decisiones de una institución afectan los resultados de la otra. Esa es la realidad de las fronteras modernas: la aduana ya no es una ventanilla; es una red.

Ahora bien, coordinar no es reunir. Coordinar es establecer protocolos comunes, estándares de intercambio de datos, criterios unificados de inspección, rutas de escalamiento, tiempos máximos de respuesta y un modelo de gestión que mida desempeño. Un Comité Nacional debe evitar convertirse en un espacio de actas bonitas y resultados invisibles. Su utilidad se probará cuando, gracias a esa coordinación, un operador cumplidor experimente menos fricción, un cargamento sospechoso sea detectado con mayor precisión y el Estado reduzca costos de control sin reducir control.

En esa línea, la alineación con las recomendaciones internacionales —como las de la Organización Mundial de Aduanas (OMA)— no puede quedarse en una cita. Debe traducirse en prácticas: selectividad basada en riesgo, gestión por inteligencia, interoperabilidad, integridad y mejora continua. El verdadero estándar internacional no es el discurso, sino la capacidad de sostener el modelo aun cuando aumente el volumen, cambie el gobierno o se presione por “flexibilizar” controles. Las instituciones fuertes se definen por su consistencia.

Del hito al impacto: lo que debe ocurrir después del anuncio

Si esta primera sesión representa un punto de inflexión, el siguiente paso debe ser la conversión del marco institucional en resultados medibles. En términos prácticos, el país necesita que el Comité impulse, de forma sostenida, un conjunto de metas verificables: reducción de tiempos de despacho en segmentos de bajo riesgo, aumento de efectividad en detección de ilícitos de alto impacto, mayor tasa de cumplimiento de operadores, disminución de inspecciones aleatorias y fortalecimiento de auditorías posteriores.

La modernización no se mide por la cantidad de reuniones, sino por la mejora del desempeño del sistema. Y aquí hay un detalle fundamental: la gestión de riesgos no busca “inspeccionar más”, sino inspeccionar mejor. Cuando el control se concentra en lo riesgoso y libera lo confiable, la economía gana productividad, el Estado gana autoridad y la sociedad gana seguridad.

En definitiva, esta reunión inaugural tiene el potencial de convertirse en una de las decisiones más importantes del ciclo reciente de modernización aduanera. Pero, como ocurre con toda reforma seria, el anuncio es apenas el umbral. La transformación real vendrá de la disciplina institucional: gobernanza de datos, estandarización, auditoría, tecnología, formación del talento y coordinación sostenida entre entidades. Si ese camino se consolida, la República Dominicana no solo modernizará su aduana: modernizará su relación con el comercio global, elevando su reputación como país confiable, competitivo y comprometido con la legalidad.

Porque una aduana moderna no es solo un punto de control: es una plataforma de desarrollo nacional.

Luis Orlando Díaz Vólquez
Ingeniero en Sistemas | Editor bibliográfico | Productor de medios de comunicación

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