Primer Ministro de Pakistán: Los costos de importación de petróleo han aumentado un 167% desde que comenzó la guerra con Irán
Por Alex Kimani - 29 de abril de 2026, 11:30 a. m. CDT
El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, anunció el miércoles que la factura de importación de petróleo del país se ha disparado un 167%, hasta alcanzar los 800 millones de dólares semanales, en medio de la guerra en Irán, frente a los aproximadamente 300 millones de dólares semanales previos al conflicto. El crudo Brent para entrega en junio cotizaba a 114,75 dólares por barril a las 7:00 a. m. (hora del este) del miércoles, un aumento considerable respecto a los 70 dólares previos a la guerra, mientras que el contrato correspondiente de crudo WTI se negociaba a 103,33 dólares por barril, frente a los 60 dólares de finales de febrero.
Según el primer ministro Sharif, el aumento vertiginoso de los precios del combustible ha "perjudicado los esfuerzos colectivos" de los últimos dos años para estabilizar la economía de Pakistán.
La economía de Pakistán sigue siendo muy vulnerable a la volatilidad de los precios mundiales del petróleo, y las recientes tensiones geopolíticas en Oriente Medio han exacerbado este ciclo. El consumo total de petróleo de Pakistán ronda los 440 000 barriles diarios, cinco veces la producción nacional de entre 80 000 y 90 000 barriles diarios, lo que obliga al país a depender de las importaciones para cubrir el 80 % de sus necesidades . El aumento de los precios mundiales del petróleo ha provocado que los precios de la gasolina en Pakistán alcancen máximos históricos, elevando los costos del transporte, la energía y, en general, los del consumidor.
Además, cuando suben los precios del petróleo, el país debe gastar una mayor parte de sus limitadas reservas de divisas, lo que suele provocar una devaluación de la moneda y, en consecuencia, un aumento de los precios de todo lo demás. Los economistas advierten que la persistencia de precios elevados de la energía podría frenar el crecimiento del PIB hasta el 1,8 % en el ejercicio fiscal de 2027, frente a las estimaciones previas del 3,2 %.
El gobierno pakistaní está implementando medidas de ahorro energético a nivel nacional para mitigar la grave crisis de combustible, con cierto éxito. Las oficinas del sector público están adoptando una semana laboral de cuatro días, con el 50% del personal trabajando desde casa, excepto en los servicios esenciales. Los mercados, centros comerciales y establecimientos comerciales de todo el país (excepto en Sindh, donde se están llevando a cabo consultas) deben cerrar a las 20:00 hora local, mientras que los restaurantes, cafeterías y panaderías deben cerrar a las 22:00. Aproximadamente el 60% de los vehículos oficiales han sido inmovilizados y las asignaciones de combustible para los departamentos gubernamentales se han reducido a la mitad.
El primer ministro ha informado de que estas medidas están dando sus frutos, y que el consumo de combustible está empezando a disminuir.
Por Alex Kimani para Oilprice.com
https://oilprice.com/Latest-Energy-News/World-News/Pakistan-PM-Oil-Import-Costs-Up-167-Since-Iran-War-Began.html
El shock petrolero global y la prueba de resiliencia para la República Dominicana
El aumento de 167% en la factura de importación de petróleo de Pakistán, revelado esta semana por su primer ministro, es mucho más que una noticia lejana. Es una señal inequívoca de cómo la guerra en Irán y la escalada de tensiones en Medio Oriente están reconfigurando, con rapidez y dureza, el tablero energético y macroeconómico global. Con el Brent por encima de los US$114 por barril y el WTI acercándose a los US$108, el petróleo vuelve a convertirse en un factor de inestabilidad sistémica para las economías importadoras.
Pakistán ilustra con crudeza los riesgos: mayor presión fiscal, deterioro de reservas internacionales, devaluación cambiaria, inflación acelerada y una proyección de crecimiento significativamente menor. Cuando un país depende de las importaciones para cubrir cerca del 80% de su consumo energético, el alza del crudo no es solo un problema de precios, sino un choque estructural que atraviesa toda la economía.
Este escenario obliga a mirar con atención la realidad de la República Dominicana. Aunque el país ha logrado avances importantes en estabilidad macroeconómica, crecimiento sostenido y diversificación parcial de su matriz energética, sigue siendo una economía altamente dependiente de los combustibles fósiles importados. En un contexto de precios elevados y volatilidad geopolítica persistente, esa dependencia se traduce en riesgos claros: presiones inflacionarias sobre la canasta básica y el transporte, mayores costos de generación eléctrica, tensiones fiscales por subsidios y una mayor exposición de la balanza de pagos.
La diferencia clave entre Pakistán y la República Dominicana no está en la naturaleza del shock, sino en la capacidad de absorción y respuesta. El país cuenta hoy con un marco macroeconómico más sólido, acceso relativamente favorable a financiamiento, un sector turismo resiliente y un proceso gradual —aunque aún insuficiente— de diversificación energética. Sin embargo, este nuevo contexto global deja una advertencia clara: la estabilidad lograda puede erosionarse rápidamente si el shock energético se prolonga.
Para la economía dominicana, el reto no es solo resistir el impacto inmediato, sino acelerar decisiones estratégicas. Reducir la intensidad energética del crecimiento, profundizar la transición hacia fuentes renovables, mejorar la eficiencia en transporte y logística, y fortalecer los mecanismos de gestión de riesgos externos ya no son opciones de mediano plazo; son imperativos de política económica.
La experiencia pakistaní demuestra que, cuando el petróleo se convierte en un multiplicador de vulnerabilidades, los gobiernos se ven forzados a aplicar medidas de austeridad energética y restricciones al consumo con alto costo social. Evitar ese escenario exige anticipación, coherencia y una visión de desarrollo que entienda que la seguridad energética es parte integral de la seguridad económica.
En un mundo donde la geopolítica vuelve a dictar el precio de la energía, la República Dominicana enfrenta una prueba decisiva: convertir su relativa estabilidad en resiliencia estructural, o quedar expuesta a un shock externo que no controla. La lección es clara y urgente: en la economía global actual, la dependencia energética es también una forma de vulnerabilidad estratégica.
Luis Orlando Díaz Vólquez

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