lunes, 6 de abril de 2026

Cuando la aduana deja de ser frontera y se convierte en plataforma

DGA en marzo de 2026: cuando la aduana deja de ser frontera y se convierte en plataforma

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

Hay instituciones que se miden por su presencia cotidiana y otras que se evalúan por su capacidad de anticiparse a los riesgos del tiempo que les toca vivir. En un mundo donde el comercio se reconfigura, las cadenas de suministro se estresan y la seguridad se vuelve inseparable de la economía, la Dirección General de Aduanas (DGA) aparece —según el número 92 del Boletín de la DGA, correspondiente al mes de marzo de 2026— como una de las bisagras más decisivas entre el Estado que protege y el país que produce. No se trata únicamente de recaudar, controlar o autorizar; se trata de diseñar un modelo institucional que facilite el intercambio, fortalezca la competitividad y, al mismo tiempo, cierre las brechas que aprovechan las economías ilícitas.

El boletín describe una DGA que reafirma su misión esencial: facilitar el comercio exterior, garantizar la seguridad del Estado, proteger la salud de la población y elevar la competitividad nacional mediante una gestión moderna, eficiente y transparente. Ese enunciado, en sí mismo, podría parecer protocolar si no viniera acompañado de hechos y programas con impacto operativo. Pero precisamente lo que destaca del contenido es la coherencia entre misión y acciones: logística, digitalización, control, cultura institucional y programas sociales aparecen conectados bajo una misma lógica de fortalecimiento del Estado y de mejora del clima económico.

Uno de los ejes con mayor proyección estratégica es la consolidación del Consejo Nacional de Logística (CNL). La aprobación de licencias para nuevas empresas bajo la Ley 30-24 y la designación de una coordinación operativa apuntan a algo más grande que un trámite: a la construcción de un sistema logístico con reglas, gobernanza y continuidad. El mensaje es inequívoco: República Dominicana no puede aspirar a ser un hub regional únicamente por ubicación geográfica; necesita institucionalidad logística, procedimientos ágiles, interoperabilidad público‑privada y estándares que permitan competir por cargas, inversiones y rutas. El CNL, tal como se presenta, funciona como la mesa donde el país alinea intereses productivos y capacidades estatales para reducir fricciones, tiempos y costos.

En paralelo, el boletín coloca el acento en una idea que pocas veces se aborda con claridad en la gestión aduanera: la competitividad también se construye desde el cuidado de la vida. La entrega de 2,500 cascos protectores a empleados de zonas francas en San Pedro de Macorís, integrada a un programa de educación y seguridad vial en colaboración con INFOTEP y el sector industrial local, es un recordatorio de que la productividad no puede separarse de la responsabilidad social. Un accidente menos es un hogar preservado, un trabajador que no se ausenta, una empresa que no pierde experiencia y un sistema de salud que no carga costos evitables. Cuando la seguridad vial se incorpora a la agenda institucional, el Estado está diciendo: el desarrollo no es solo crecimiento; es protección y dignidad.

El diálogo con actores económicos, representado por el acercamiento con la Coalición Dominicana por la Competencia Justa (CODOCOM), reafirma otra dimensión clave: la formalidad no se impone únicamente con sanción, también se construye con concertación y reglas claras. Promover el comercio legal y la competencia justa exige, al mismo tiempo, controles efectivos y canales de comunicación permanentes para que el sector privado identifique rutas de regularización y colaboración. Esta visión es particularmente importante en contextos donde la informalidad y el contrabando generan asimetrías que castigan al productor formal, erosionan la base tributaria y distorsionan precios.

La modernización tecnológica del servicio aduanero ocupa un capítulo con implicaciones prácticas inmediatas: la implementación de pagos de impuestos aduanales con tarjetas de débito y crédito, iniciando con pilotos en administraciones y aeropuertos y con planes de expansión hacia plataformas digitales. Si se ejecuta con seguridad, trazabilidad y cobertura amplia, esta medida reduce barreras de cumplimiento, facilita la formalización de Mipymes y disminuye costos de transacción. En términos simples: una aduana que cobra mejor no es la que cobra más duro, sino la que cobra con menos fricción, más transparencia y mejor experiencia para el usuario. La transformación digital, bien aplicada, también fortalece la integridad institucional: cada transacción registrada reduce espacios de discrecionalidad y mejora la auditoría.

El boletín no se queda en la lógica de servicio: enfatiza que la DGA también es una institución de seguridad. La detección de un cargamento significativo de presunta cocaína en un contenedor de tránsito y el decomiso de dinero no declarado en un aeropuerto evidencian que la frontera económica es también frontera criminal. Aquí, el desafío de política pública es equilibrar velocidad y control: facilitar comercio sin abrir puertas al delito, acelerar despachos sin perder capacidad de inspección inteligente. La clave está en la gestión de riesgo, en el uso estratégico de inteligencia y tecnología, y en la coordinación interagencial, porque el crimen organizado opera precisamente donde el Estado se fragmenta.

En ese punto se entiende mejor la importancia de los programas de facilitación del comercio: mejoras al “Despacho en 24 Horas”, fortalecimiento del Comité Nacional de Facilitación del Comercio (CNFC) e impulso al horario extendido en puertos y aeropuertos. El objetivo final no es una meta administrativa, sino una promesa nacional: que mover mercancías en República Dominicana sea más rápido, más predecible y más barato, sin sacrificar control. Ese equilibrio es el que transforma a un país en plataforma logística. Y, en la práctica, es lo que permite que las zonas francas compitan, que el exportador cumpla tiempos, que el inversionista encuentre predictibilidad y que el consumidor final reciba precios más eficientes.

El componente de capital humano y certificaciones confirma una apuesta de largo plazo. La capacitación en gestión de riesgos y procesos aduaneros, junto con la entrega de certificaciones del programa Operador Económico Autorizado (OEA) —con cientos de empresas certificadas según el boletín— se alinea con estándares globales que premian la confianza y la trazabilidad. Una aduana moderna no inspecciona “más”; inspecciona “mejor”, priorizando según perfil de riesgo y creando incentivos para que el sector privado invierta en cumplimiento. En términos estratégicos, el OEA es un lenguaje común entre aduanas del mundo: dice “esta empresa es confiable” y, por tanto, merece facilidades. Eso se traduce en ventajas competitivas reales.

La mención de visitas y cooperación internacional, incluida la presencia de la Organización Mundial de Aduanas (OMA) para constatar avances, sitúa el boletín en un plano más amplio: la modernización aduanera no se valida solo dentro del país; se valida en su capacidad de interoperar con el ecosistema global. Cuando una aduana se alinea con mejores prácticas internacionales, gana credibilidad, reduce costos reputacionales y fortalece la confianza de socios comerciales. En un mundo de tensiones geopolíticas y crecientes requisitos de trazabilidad, esa credibilidad puede ser tan valiosa como un incentivo fiscal.

A todo esto se suma un elemento que suele pasar desapercibido en los análisis técnicos: la cultura institucional. Conmemoraciones patrias, símbolos compartidos y programas como “Mujeres en Conexión” —orientados a mentoría, liderazgo femenino y equidad— muestran que la DGA intenta construir identidad interna y cohesión. En instituciones de control, la ética y la integridad no son “valores decorativos”; son infraestructura invisible. Una cultura organizacional sólida reduce vulnerabilidades, mejora el servicio y eleva el estándar del trato al ciudadano y al operador económico.

Finalmente, el boletín destaca resultados de recaudación y proyecciones de cumplimiento anual, elemento que cierra el círculo: facilitar, digitalizar, certificar y controlar también se refleja en rendimiento fiscal. Pero el verdadero debate editorial no es celebrar cifras, sino sostener el principio de sostenibilidad: recaudar más con mejor gestión y con una economía formal que crece, no con presión desordenada que castigue productividad. Si la DGA consolida su enfoque de eficiencia, transparencia y coordinación público‑privada, el país gana por múltiples vías: más competitividad, más seguridad, más ingresos y mejor reputación internacional.

En suma, el Boletín DGA #92 sugiere una institución que intenta ocupar su rol completo: no solo “aduana” en el sentido clásico, sino plataforma nacional de competitividad y seguridad. El reto, como siempre, está en la ejecución consistente: que la digitalización se generalice sin brechas, que la facilitación conviva con control inteligente, que la logística se gobierne con continuidad y que la integridad institucional siga siendo la columna vertebral. En un contexto regional donde muchos compiten por ser hub, la diferencia no la hará el discurso, sino la capacidad de convertir cada proceso —del pago al despacho, del riesgo al OEA— en confianza ....

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