lunes, 19 de marzo de 2018

Opinión: la suegra y el caso Skripal

EL MUNDO

Opinión: la suegra y el caso Skripal

Rusia y Occidente han quedado sumidas en una espiral de desconfianza. El atentado contra un antiguo espía de la KGB en Inglaterra ha dado pie a una nueva Guerra Fría con Moscú, opina Christian F. Trippe.
UK | Nervengiftattentat auf Sergei Skripal - Ermittler in Schutzkleidung (picture-alliance/AP Photo/A. Matthews)
Rusia rechaza cualquier implicación en el atentado contra Serguei Skripal. El antiguo espía de la KGB y doble agente fue envenenado en el centro de la ciudad de Salisbury, junto con su hija, por medio de un gas que solo fue desarrollado y fabricado en la Unión Soviética. Skripal y su hija se debaten entre la vida y la muerte. Y el mundo trata de encontrar la verdad.
Para los británicos, la realidad fue identificada rápidamente tras analizar el agente nervioso: Rusia está detrás del ataque. Rusia, que aparentemente quiso sentar una vez más un precedente hacia un espía rebelde. Rusia, que no tiene reparo en romper el derecho y cualquier norma, con tal de enviar una advertencia que no podía ser más terrífica a los desertores. En Londres hay ya una larga huella de exiliados rusos –no todos ellos disidentes- que han encontrado ahí una muerte violenta. La serie mortal comenzó con Alexander Litvinenko, otro ex espía de la KGB, envenenado con polonio radioactivo proveniente de un laboratorio ruso.
Cuatro potencias contra Moscú
Las verdad de los británicos es entre tanto la verdad de todo Occidente: en una declaración conjunta, el presidente estadounidense Trump, la primera ministra británica May, el jefe de Estado francés Macron y la canciller alemana Merkel, adjudicaron a Rusia la autoría del atentado. Occidente reacciona con firmeza cuando hay una amenaza externa.
Christian F. Trippe dirige la redacción de sociedad de DW
Christian F. Trippe dirige la redacción de sociedad de DW
Pero nadie en realidad apuesta a que en Moscú exista voluntad de aclarar la verdad. Por eso es que los cuatro países adjudicaron a Moscú tal descaro en un acto de terrorismo de Estado. Incluso sin el llamado caso Skripal, es larga la lista de fechorías provenientes de Moscú: la guerra encubierta, no esclarecida y siempre negada contra Ucrania; los casos de dopaje en el deporte olímpico, y el derribamiento de un avión de pasajeros de Malasia en Ucrania oriental con un misil de los arsenales rusos. En todos estos casos, la dirigencia de Moscú ha mentido. También ha obstaculizado las investigaciones y, con argumentos inauditos ha intentado acusar a Occidente de supuestas provocaciones.
Conspiración contra Rusia
En el caso Skripal, los rusos también tienen su propia verdad. Para el Kremlin está claro que se trata de una nueva conspiración global contra Rusia. Supuestamente, se pretende cimbrar tanto al país como a su presidente en plena campaña electoral. Los medios rusos buscan desesperadamente las vías a través de las cuales llegó a Occidente el Novichok, ese veneno puramente ruso. Algunos medios moscovitas propagan una teoría según la cual la futura suegra de Julia Skripal sería la autora del ataque.
A la verdad de Occidente debe incorporarse obligadamente un elemento: la cadena de pruebas científicas debe ser tan cerrada y contundente como la declaración común. Cualquier otra cosa significaría un oprobio político de mayores dimensiones. Las cuatro potencias, con todo y los robustos aparatos gubernamentales detrás de cada uno de sus dirigentes, parecen estar seguras. Pero hasta ahora no se ha producido ninguna invitación a que Moscú colabore en el esclarecimiento del caso Skripal. Moscú no es vista como digna de merecer la oportunidad de una enmienda. ¿Se ha alcanzado así el final de la espiral de acusaciones mutuas? Es de temerse que no.
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