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Trump y sus hijos son investigados por fraude fiscal https://youtu.be/8OA9H6MUWWk
La fiscalía de Nueva York investiga si la Organización Trump manipuló el valor de sus propiedades para obtener préstamos más favorables y obtener ventajas fiscales.
Aplazan para enero revisión medida cautelar a empresario José Luis Asilis
El Segundo Juzgado de la Instrucción del Distrito Nacional aplazó la revisión obligatoria a la medida en contra de Asilis, debido a que el imputado no fue trasladado hacia la Fiscalía del Distrito Nacional.
SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Fue aplazada para el 16 de enero, la medida de coerción cautelar que pesa en contra el empresario José Luis Asilis, acusado de fraude fiscal, estafa, asociación de malhechores y lavado de activos.
El Segundo Juzgado de la Instrucción del Distrito Nacional aplazó la revisión obligatoria a la medida en contra de Asilis, debido a que el imputado no fue trasladado hacia la Fiscalía del Distrito Nacional.
En agosto pasado, el juez Alejandro Vargas, de la Oficina de Atención Permanente del Distrito Nacional, impuso al empresario, como medida de coerción, arresto domiciliario, una garantía económica de cinco millones de pesos e impedimento de salida.
El empresario admitió esa vez que ha retenido impuesto en sus empresas y dijo que su intención nunca ha sido evadir impuestos.
El Ministerio Publico y los abogados de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) explicaron que la retención de impuestos está establecida en la ley, lo que implica cargo penal de seis meses a tres años de cárcel.
Es posible que no le haya hecho justicia al presidente Donald Trump.
Verán, siempre he dudado cuando afirma que es un gran negociador de acuerdos. Sin embargo, nos acabamos de enterar de que sus dotes negociadoras comenzaron a temprana edad.
De hecho, fueron tan impresionantes que ya ganaba 200.000 dólares al año a una muy corta edad. En específico, eso era lo que ganaba cuando tenía 3 años. Para los 8 años ya era millonario.
Claro que el dinero salió de su padre, quien pasó décadas evadiendo impuestos que legalmente tenía que pagar por el dinero que les daba a sus hijos.
El reportaje de The New York Times sobre la historia del fraude de la familia Trump en realidad tiene que ver con dos tipos diferentes de fraudulencia, aunque vinculados.
Por una parte, la familia cometió fraude fiscal a gran escala al usar diversas técnicas de lavado de dinero para evitar pagar lo que debía. Por la otra, la historia que Donald Trump cuenta sobre su vida —esa imagen que tiene de sí mismo como un empresario que se forjó solo y que hizo miles de millones de dólares de la nada— siempre ha sido una mentira: no solo heredó su fortuna, pues recibió el equivalente (en dólares actuales) a más de 400 millones de dólares de su padre, sino que además Fred Trump rescató a su hijo cuando sus negocios salieron mal.
Algo que se puede inferir de estas revelaciones es que los seguidores de Trump que imaginan haber encontrado a un líder al que le gusta decir las cosas como son y que promete “drenar” el “pantano” político, mientras usa su perspicacia empresarial para lograr que Estados Unidos vuelva a ser grandioso, han sido tremendamente engañados.
Sin embargo, la historia del dinero de Trump forma parte de otra más amplia. Incluso entre quienes están molestos por la era de gran desigualdad y creciente concentración de la riqueza en la que vivimos hay una tendencia a creer que la gran riqueza, casi siempre, se gana más o menos de manera honesta. Es ahora cuando la corrupción descarada y los delitos subyacentes en nuestra marcha hacia la oligarquía han comenzado a ser evidentes.
Hasta hace poco, mi suposición era que la mayoría de los economistas, incluso los expertos fiscales, habrían estado de acuerdo en que la elusiónfiscal de las empresas y los ricos —que es legal e implica el uso de las leyes fiscales para reducir la carga impositiva— era un problema importante, pero que la evasión fiscal —ocultar dinero al recaudador— era un problema menor. Era evidente que muchos ricos se aprovechan de vacíos legales, aunque moralmente dudosos, presentes en el código fiscal, pero la opinión prevaleciente era que sencillamente defraudar a las autoridades fiscales, y por ende a la gente, no era algo tan generalizado en los países avanzados.
Las oficinas del servicio de administración tributaria estadounidense, en Washington, D. C.CreditAndrew Harrer/Bloomberg
No obstante, esta opinión siempre se sustentó en bases inestables. Después de todo, la evasión fiscal, casi por definición, no aparece en las estadísticas oficiales y los millonarios no tienen el hábito de hablar de lo magníficos que son como evasores fiscales. Para darnos una idea más completa del tamaño del fraude, tenemos que hacer lo que hizo el Times (investigar de manera exhaustiva las finanzas de una familia en específico) o depender de golpes de suerte que revelen lo que suele estar oculto.
Hace dos años, un enorme golpe de suerte apareció cuando se divulgaron los Papeles de Panamá, un tesoro de datos filtrados desde un bufete jurídico panameño especializado en ayudar a la gente a ocultar su riqueza en paraísos fiscales, y por una filtración más pequeña desde el banco HSBC. Aunque los detalles revelados por esas filtraciones llegaron de inmediato a los titulares, su verdadero significado solo ha quedado claro con el trabajo que han hecho Gabriel Zucman y sus colegas en la Universidad de California en Berkeley, en colaboración con las autoridades fiscales escandinavas.
Al comparar la información de los Papeles de Panamá y otras filtraciones con los datos fiscales nacionales de esa región europea, los investigadores descubrieron que la evasión fiscal descarada es grande entre los más ricos. Los muy ricos acaban pagando una tasa impositiva efectiva mucho más baja que los más o menos ricos no porque haya vacíos en las leyes fiscales, sino porque violan la ley. Los contribuyentes más ricos, según descubrieron los investigadores, pagan en promedio 25 por ciento menos de lo que deben, y claro, muchos individuos pagan incluso menos que eso.
No solo nos gobiernan evasores fiscales; tenemos un gobierno de evasores fiscales por y para evasores fiscales.
Se trata de una cantidad considerable. Si los ricos de Estados Unidos evaden impuestos en la misma medida (cosa que seguramente hacen), tal vez le cuestan al gobierno tanto como el programa de cupones y subsidios de alimentos para los estadounidenses más pobres y que ahora las autoridades amenazan con eliminar. Además, usan la evasión fiscal para atrincherarse en sus privilegios y transferirlos a sus herederos, como sucedió con Trump.
La pregunta obvia es: ¿qué están haciendo nuestros representantes electos con esta epidemia de defraudación? Bueno, los republicanos en el Congreso han estado en ello desde hace años: de manera sistemática, han reducido el financiamiento del Servicio de Rentas Internas (IRS) para paralizar su capacidad de investigar la defraudación fiscal. No solo nos gobiernan evasores fiscales; tenemos un gobierno de evasores fiscales por y para evasores fiscales.
Por tanto, lo que estamos aprendiendo es que la historia de lo que está ocurriendo en nuestra sociedad es aún peor de lo que creíamos. No solo se trata del presidente de Estados Unidos que, como lo dijo el reportero fiscal David Cay Johnston, es un “vampiro financiero” que engaña a los contribuyentes como ha engañado a casi todos los que hacen tratos con él.
Además de eso, nuestra tendencia hacia la oligarquía —el gobierno de los pocos— también se ve cada vez más como una kakistocracia, el gobierno de los peores o, al menos, de los menos escrupulosos. La corrupción no es sutil; todo lo contrario, es más descarada de lo que cualquiera se imaginó. Además es profunda y ha infectado nuestra política, de manera muy literal, hasta los niveles más altos.
La tentación de defraudar es mayor cuando hay mucho dinero de por medio, sucede con nuestro ITBIS e Impuesto Sobre la Renta por las múltiples grietas del Código Tributario. Por lo general, cuando el agujero del primero es elevado, también lo es el del segundo, de lo potencialmente cobrable Magín Díaz estimó que al Fisco no ingresó 43% y 60% en 2017, lo que supone RD$100,000 millones y RD$128,000 millones, respectivamente, un total de RD$228,000 millones, se situó en 6% del PIB.
Monto que justifica los esfuerzos de la DGII para acabar con el fraude, lo hace con un costo relativamente bajo, lo estimo en menos de ocho pesos por cada 100 pesos que se evadió por ambos impuestos en 2017, me refiero al presupuesto de la Agencia para mejorar la eficiencia en la Administración Tributaria/total fraude 2017. Estrecha el cerco a los invasores sabiendo que en ninguna parte el fraude se elimina totalmente. Para combatir la situación, su plan tributario de este año incluye aumento de la recaudación del ITBIS e Impuesto Sobre la Renta, con medidas concretas e inmediatas de controles masivos de contribuyentes que cometen fraude, de manera específica, contribuyentes que no han tenido ni tienen intención de pagar y los que buscan atajos para pagar menos. Contando con su base de datos, que es muy buena, introdujo cambios de normas, principalmente en los comprobantes fiscales, tendrán fecha de vencimiento y se evaluará el perfil de riesgo de sectores. Se busca tener mayor control sobre la cantidad de factura en circulación, para eliminar el millonario mercado secundario que se ha desarrollado, donde se venden y compran comprobantes fiscales ficticios y se roban secuencias. Otras novedades, los profesionales liberales y trabajadores con más de un salario en instituciones distintas, deberán escoger un solo agente de retención, además de ponerse al día. Y negocios de diferentes tamaños que minimizan la factura tributaria, deben pagar rentas no declaradas. Cambios de procedimientos que debemos apoyar porque en el fraude inciden aspectos tangibles que ahora se corrigen relativos a la fortaleza de la DGII. Además, el fraude es un concepto jurídico que supone violación de normas para no pagar los tributos. Poca seria la probabilidad de éxito del programa si se mantienen intactos los procedimientos que han sido superados por evasores. Una información importante, los cambios se realizan dentro del espacio permitido por el Código Tributario de 1992, es decir, sin intermediar cambios de leyes. Debemos apoyarlos, por otra parte, porque la reducción del fraude favorece el crecimiento de la actividad empresarial al disminuir la pérdida de competitividad, y la economía en general al aumentar el ahorro, a diferencia de lo que sucede con los beneficios no declarados, que engordan la economía soterrada, no se usan, por ejemplo, para innovar aunque existan oportunidades. Y porque beneficia las rentas que más tributan, recordando que el fraude es uno de los factores por lo que la presión fiscal es superior. Si se redujera en diez puntos porcentuales en tres años, la recaudación aumentaría en 1.5 puntos del PIB. Aunque insuficiente para eliminar el déficit del presupuesto, los ingresos adicionales ayudarían la estabilidad y sostenibilidad de las finanzas públicas. http://hoy.com.do/nuevas-normas-para-reducir-el-elevado-fraude-fiscal/