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lunes, 2 de junio de 2025

El pasado sin sosiego _ Por Sergio Ramírez

 ENFOQUE



El pasado sin sosiego
_ Por Sergio Ramírez01/06/2025 00:00

“Desde el fondo del abismo de la historia alemana y bajo el peso de millones de muertos, hice lo que los seres humanos hacen cuando las palabras fallan”, escribió Willy Brandt para explicar su gesto de arrodillarse frente al monumento a las víctimas del nazismo en el gueto judío de Varsovia en 1970, siendo entonces canciller federal.

Lo que había hecho Brandt era descubrir un sentimiento de culpa soterrado que agobiaba no sólo a la nación alemana, sino también a aquellos países de Europa donde la represión antisemita había encontrado cómplices y colaboradores para que millones de seres humanos fueran a dar a los campos de concentración.

En Berlín yo era asiduo del cine Arsenal, adonde iba religiosamente cada noche, aún bajo la lluvia helada y las tormentas de nieve, a ver las películas clásicas que presentaban por ciclos. En una de esas sesiones, en 1974, pasaron Noche y niebla de Alain Resnais, un documental de 1956 armado en base a diversos archivos que muestra el horror del genocidio en los campos de concentración, titulado así en alusión a un decreto nazi de 1941 que ordenaba el exterminio.

En la oscuridad de la sala, a medida que la proyección avanzaba, veía siluetas de espectadores que se levantaban y buscaban silenciosamente la salida, y cuando las escenas mostraron a aquellos prisioneros de cabezas rapadas y uniformes a rayas hacinados en los camastros, como espectros, las vistas de las cámaras de gas disfrazadas como baños, y las excavadoras empujando los cadáveres hacia las fosas comunes, estallaron aquí y allá en la sala los sollozos.

El sentimiento de culpa salta en las páginas de la novela de Günther Grass El tambor de hojalata, aparecida en 1959. Oskar, el niño que voluntariamente deja de crecer a los tres años, y va y viene por todas partes tocando su tambor, irrumpe en las reuniones del partido nazi haciendo repicar los palillos sobre el parche metálico, un toque incesante que no deja dormir a la historia y atraviesa los años perturbando las conciencias dormidas.

Ese mismo sentimiento de culpa ante la aniquilación ha venido siendo arrastrado a través de las décadas hasta traspasar el siglo veintiuno y marcar a la Europa moderna, al grado de que para Alemania y tantos otros países se vuelva un tabú condenar al régimen de Netanyahu por las repetidas masacres, también de aniquilación, contra el pueblo palestino en Gaza, como repuesta a las operaciones terroristas perpetradas por Hamas en octubre de 2023.

Cuando Brandt se arrodilla frente al monumento a las víctimas del nazismo en 1970, Europa quiere partir de sólidos supuestos democráticos, que sustentados en instituciones duraderas eviten en el futuro cualquier regreso a formas autoritarias, o totalitarias de gobierno. El espejo del pasado es el nazismo. El del presente, al otro lado del muro de Berlín, el mundo soviético que empieza en la República Democrática Alemana, dominado aún por el férreo estalinismo, como lo demostró la represión brutal de los tanques rusos para acabar con la primavera de Praga en 1968.

Por eso es una anomalía la aparición en aquel mismo año de 1970 de la organización terrorista de extrema izquierda Fracción del Ejército Rojo, conocida como Banda Baader-Meinhof, y cuyas acciones, asesinatos, asaltos bancarios, secuestros, habría de prolongarse, aunque de manera muy debilitada, hasta 1998; tal como es una anomalía hoy la manera en que prosperan partidos de extrema derecha que levantan banderas parecidas a las del fascismo: proclamas de superioridad racial, intolerancia frente a los emigrantes, nacionalismos exacerbados.

La Banda Baader-Meinhof era un grupo clandestino, que no apelaba a los votantes, sino al terror. Hoy, el partido Alternativa por Alemania (AfD), ha quedado en segundo lugar en las recién pasadas elecciones parlamentarias, con el 21% de los votos, no obstante que la Oficina Federal para la Protección de la Constitución, el servicio de inteligencia del estado, lo califica como una organización extremista, contraria al estado de derecho, porque “devalúa grupos de población enteros en Alemania y viola su dignidad humana”.

Las organizaciones ultras de derecha obtuvieron en las elecciones para el Parlamento Europeo del año pasado un 27% de los escaños, un porcentaje que hace 40 años no alcanzaba el 4%. Y en esas elecciones han sido la primera fuerza en Francia, Italia, Hungría, Austria, Bélgica y Eslovenia, y la segunda en otros seis países, según un análisis de Stefen Forti en la revista Nueva Sociedad.

El desprecio racial antisemita queda soterrado en su discurso oficial ante el odio discriminatorio contra los musulmanes y demás inmigrantes de diferente color de piel, religión y cultura. Pero no se trata sino de un disfraz.

En el fondo, sigue viva la concepción que llevó a millones a terminar en los hornos crematorios, como los habitantes del edificio donde llegué a vivir en Berlín. El horror que hizo a Willy Brandt caer de rodillas para pedir perdón en el gueto de Varsovia.

https://listindiario.com/puntos-de-vista/20250601/pasado-sosiego_860014.html

martes, 12 de marzo de 2024

Haití, un país en extinción __ Por SERGIO RAMÍREZ


Crisis Haiti
Un manifestante sostiene una bandera de Haití durante una protesta para exigir la renuncia del primer ministro Ariel Henry, el pasado 1 de marzo en Puerto Príncipe.ODELYN JOSEPH (AP)

Haití, un país en extinción

__ Por SERGIO RAMÍREZ

Un nuevo caudillo, el líder de una de las 200 pandillas criminales, desafía al Gobierno y quiere destituir al actual primer ministro

Crisis Haiti

 12 MAR 2024 - 05:00CET

Imaginemos un paisaje de desolación y ruina, como el que Corman McCarthy describe La carretera, o vemos en esas películas distópicas del día después. Pero no se trata de un escenario sin nombre, sino de un país real, Haití, que ha vivido un desastre continuado a lo largo de décadas, dictaduras militares, huracanes, terremotos, líderes mesiánicos, gobiernos fallidos, conspiraciones, asesinatos políticos, cofradías de narcotraficantes, oligarquías sordas y mudas; y hoy, 200 pandillas criminales que luchan por imponerse en los territorios, en guerra entre ellas, y contra el Estado.

Hay otros países de América Latina donde las bandas del crimen organizado, dueñas de verdaderos arsenales, controlan territorios que ponen bajo su soberanía, imponen candidatos en las elecciones, tienen en planilla a las autoridades civiles y a la policía, cobran impuestos a agricultores y comerciantes, asesinan periodistas, y erigen su propio sistema judicial en el que impera la pena de muerte. Pero aún no disputan el poder nacional, desde la capital.

En Haití, sí. Jimmy Chérizier, alias Barbecue, caudillo de la G-9 y Familia, una banda, o federación de nueve poderosas bandas, desafía al primer ministro de facto, Ariel Henry, que no puede regresar al país porque su Gobierno no controla el aeropuerto de Puerto Príncipe, mientras las instituciones se disuelven y el ejército y la policía son incapaces de imponerse frente al caos. El 80% del país se halla en manos de la delincuencia beligerante.

Barbecue es un antiguo policía de élite, que cuando estaba en activo ya se había visto envuelto en asesinatos. Debe su nombre de guerra, según él mismo, a que su madre vendía pollos asados por las calles de Puerto Príncipe; según otras versiones, a que suele quemar las casas con la gente que se asa adentro. Nada ajeno a la tradición del país. El dictador vitalicio Papa Doc Duvalier mandaba decapitar a sus enemigos y hacía que le llevaran sus cabezas al palacio presidencial para practicar ritos de vudú.

Barbecue habla como el jefe de un partido en armas, y sus reclamos son políticos.

“Hemos elegido tomar nuestro destino en nuestras propias manos. La batalla que estamos librando no sólo derrocará al Gobierno. Es una batalla que cambiará todo el sistema”, proclama. Y se ofende de que lo consideren un criminal. “Este sistema tiene mucho dinero y tiene el control de los medios. Ahora me hacen parecer como si fuera un gánster”.

El presidente Jovenel Moïse fue asesinado por sicarios colombianos en julio de 2021, víctima de los capos de una poderosa red de narcotraficantes. Pero según los investigadores de InSight Crime, Moïse financiaba una parte sustancial de las operaciones de Barbecue, quien completaba sus ingresos con el dinero proveniente de secuestros y extorsiones. Este apoyo habría cesado cuando Ariel Henry, el primer ministro, se quedó al mando.

La exigencia de Barbecue se concentra ahora en que Henry, varado en Puerto Rico, y que permanece en su cargo sin que haya habido nuevas elecciones, sea depuesto por la policía y el ejército: “que asuman su responsabilidad y arresten a Ariel Henry. Una vez más, repetimos, la población no es nuestro enemigo”, dice en la arenga transmitida desde su canal de YouTube.

Se comporta como un millenial que conoce las ventajas de la tecnología digital, y presenta videos de los cadáveres de quienes han sido ejecutados por órdenes suyas, por negarse a pagar los rescates.

Para apoyar su demanda de la destitución de Henry, llevó a cabo un asalto concertado a la Penitenciaría Nacional y a la cárcel Croix de Bouquets, que hizo vigilar previamente con drones, de donde liberó a 3.700 prisioneros, con un saldo de 12 muertos.

En el año 2009, recién pasados dos huracanes devastadores, y antes del terremoto que en enero del año siguiente destruyó Puerto Príncipe, estuve una semana en Haití para escribir un reportaje por encargo de EL PAÍS, dentro de la serie Testigos del horror.

Entonces me tocó entrevistar al jefe de la Misión de Estabilización de la ONU, Hédi Hannabi, en el Hotel Cristopher, donde tenía su cuartel general, y que se derrumbó con el terremoto, con el propio Hannabi entre las víctimas mortales.

“Esta no es la clásica misión de paz, porque no hay dos partes en conflicto; lo que tenemos es anarquía, la presencia de las pandillas, la ausencia de instituciones. Si nos fuera hoy de aquí, lo que vendrían sería el caos”.

Eso fue hace 15 años. El caos ha sobrevenido. Y quienes en la comunidad internacional vuelven la cabeza para mirar la catástrofe, lo hacen no sin fastidio. Kenia se comprometió a enviar una fuerza policial de mil soldados, que otros países deben financiar, desde luego Kenia está en la cola en los índices mundiales de desarrollo humano. Y en esas gestiones se hallaba Henry en Nairobi cuando se dio el asalto a las cárceles, y ya no ha podido volver.

Mientras tanto, el escenario distópico se afirma con sus colores sombríos. Y Barbecue, el nuevo caudillo, se prepara para reinar en un país en vías de extinción. https://elpais.com/opinion/2024-03-12/haiti-un-pais-en-extincion.html

jueves, 29 de junio de 2023

Ministerio de Cultura otorga Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña 2023 a los escritores Sergio Ramírez y Gioconda Belli

 CULTURA

Ministerio de Cultura otorga Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña 2023 a los escritores Sergio Ramírez y Gioconda Belli

29 DE JUNIO 2023 | 14:21
Entrega de certificados
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Santo Domingo.- El Ministerio de Cultura, otorgó hoy el Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña 2023 a los destacados escritores nicaragüenses Sergio Ramírez y Gioconda Belli.

Los nombres de los galardonados se dieron a conocer en un acto que estuvo encabezado por la ministra de Cultura, Milagros Germán, en la sala Aída Cartagena Portalatín de la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña. La funcionaria estuvo acompañada por el viceministro de Identidad Cultural y Ciudadanía, Ramón Pastor de Moya.

El jurado seleccionador estuvo presidido por la titular de Cultura, en calidad de presidente; Pastor de Moya, quien también es el comisario del premio, y los miembros Ángela Hernández, Rafael Peralta Romero, Bruno Rosario y José Enrique García.   

Milagros Germán felicitó a los miembros del jurado por la ardua labor de deliberación que realizaron para la elección de estos dos grandes intelectuales.

Asimismo, la ministra conversó vía telefónica con Sergio Ramírez, quien manifestó sentirse honrado por el reconocimiento que le otorga el Estado dominicano a través del Ministerio de Cultura. También la funcionaria llamó a Belli, pero no contestó por encontrarse en ese momento exponiendo en un evento literario.

Por su parte, Pastor de Moya, quien tuvo a su cargo la lectura del veredicto, manifestó que Gioconda Belli y Sergio Ramírez “han puesto en alto las letras latinoamericanas en todo el mundo y, a la par, se han convertido en una luminosa referencia de honestidad intelectual, firmeza en las causas humanísticas y valerosa postura frente a los abusos de poder”.

El Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña no se entregaba desde el año 2016. El Ministerio de Cultura informó que dicho galardón se concederá cada dos años en reconocimiento a la productividad, trayectoria y excelencia literaria, así como a la crítica y la creación de pensamiento de destacados intelectuales a lo largo de toda su vida. 

El pasado año, el presidente de la República, Luis Abinader, emitió el Decreto 770-22, que fortalece las bases de este lauro. Dicho decreto derogó el anterior 447-14, estableciendo que el galardón será concedido a un creador nacional, naturalizado o residente en uno de los países de Latinoamérica, España, Portugal o Francia.

Sobre los escritores galardonados

Sergio Ramírez Mercado es novelista, cuentista, ensayista, periodista, político y abogado de origen nicaragüense, también con nacionalidad española desde 2018. Ejerció como vicepresidente de su país natal desde 1985 hasta 1990.

Su obra ha sido traducida a más de 20 idiomas y en enero del año 2000 fue merecedor, de manera honorífica, de la primera edición del Premio de Narrativa José María Arguedas. En el año 2014 fue galardonado con el Premio Carlos Fuentes a la creación literaria, y en 2017 se convirtió en el primer centroamericano en ganar el Premio Cervantes.

Gioconda Belli, poeta y novelista, nació en Managua, Nicaragua. Ha obtenido importantes lauros, como el Premio Literario Casa de las Américas (1978), en Cuba, por su poemario Línea de fuego, y el premio a la Mejor Novela Política del Año en Alemania (1989), por su obra La mujer habitada.

Asimismo, entre otras distinciones, recibió los premios Biblioteca Breve de Seix Barral y Sor Juana Inés de la Cruz, de la FIL de Guadalajara (México). En 2010, su novela El país de las mujeres ganó el Premio Latinoamericano La Otra Orilla. En 2015, su obra El intenso calor de luna fue finalista en la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. Sus creaciones literarias han sido traducidas a más de veinte idiomas.

Sobre el premio

El prestigioso Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña está dotado con 25,000 dólares y un diploma acreditativo. Fue instituido por el Gobierno dominicano mediante el Decreto 770-22 para honrar la memoria de uno de los más grandes humanistas y críticos literarios de Iberoamérica.

Este galardón ha sido otorgado en sus ediciones anteriores al poeta nicaragüense Ernesto Cardenal y al periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano, ambos en 2014, así como a la periodista y escritora argentina Beatriz Sargo en 2015.

La última ocasión en que se concedió esta destacada distinción fue al escritor peruano Mario Vargas Llosa en el año 2016.

lunes, 16 de mayo de 2022

Sergio Ramírez: "El exilio es un estado de ánimo, hay que aprender a asumirlo"

CULTURA

Sergio Ramírez: "El exilio es un estado de ánimo, hay que aprender a asumirlo"

En medio de una gira por Alemania, el escritor nicaragüense habló con DW sobre el exilio, la dictadura y la esperanza de cambio, así como sobre su papel como intelectual ante la crisis que vive su país.

Sergio Ramírez.

El escritor nicaragüense Sergio Ramírez recibió el premio Cervantes -máximo galardón de las letras hispanas- en 2017. Actualmente vive exiliado en Madrid. Como parte de una gira por Alemania, invitado por el Instituto Cervantes, estuvo en la ciudad de Bremen.

La agenda ha sido intensa, física y emocionalmente. Invitado por el Instituto Cervantes, en menos de una semana Sergio Ramírez (79) ha sostenido encuentros en las ciudades de Berlín, Hamburgo, Fráncfort y Bremen. El viernes, 13 de mayo de 2022, culmina en Múnich esta gira que coincide con la publicación en alemán de su último libro, Tongolele no sabía bailar.

Novela negra y tercera entrega sobre el detective Dolores Morales, la historia se enmarca en la cruenta represión del Gobierno a los manifestantes en 2018. En Nicaragua fue prohibida y la Fiscalía acusó a Ramírez de incitar al odio y "menoscabar la integridad nacional”, además de lavado de dinero, y dictó una orden de detención en su contra en septiembre de 2021. El escritor vive desde entonces exiliado y, desde hace unos meses, asentado en Madrid. 

Cercanía con Alemania

Por estos días se ha reencontrado con sus lectores en Alemania. Aquí vivió como becado en Berlín de 1973 a 1975, dedicado a escribir, y también se publicó su primera novela traducida al alemán. "Por primera vez era traducido a un idioma extranjero, recién empezando mi tarea de escritor, con la novela Tiempo de fulgor. Fue publicada por la editorial Peter Hammer de Wuppertal, que entonces publicaba a Ernesto Cardenal y era la única que, antes del bum, se ocupaba de América Latina. Luego mis demás libros siguieron apareciendo en alemán en distintas editoriales. Yo diría que es la lengua a la que más han sido traducidos”, dice el escritor a DW.

Desde entonces, por su cercanía con la socialdemocracia y la solidaridad alemana con la causa revolucionaria en los 80, ha mantenido estrechos vínculos con intelectuales y políticos. A ese movimiento de solidaridad perteneció el exsenador y exalcalde de Bremen Henning Scherf, quien, llevado por ideales políticos y humanitarios, estuvo junto a su familia en el país centroamericano hace 40 años e impulsó la ONG cultural y social "Pan y Arte”. Allí forjó lazos con Ramírez y otros líderes como Ernesto Cardenal. En este reencuentro en Bremen revivieron recuerdos y dialogaron sobre el pasado y futuro de Nicaragua.

Miedo, corrupción y nepotismo en Nicaragua

Sergio Ramírez fue vicepresidente en el mandato de Daniel Ortega entre 1985 y 1990, pero luego se distanció ante el rumbo que tomó el Frente Sandinista: "La ética y la lucha por la democracia habían guiado la revolución, pero ese partido que existió en los 80 ya no existe. Ha sido reemplazado por un partido hegemónico con obediencia ciega a la pareja presidencial, la que está reproduciendo el esquema de la familia Somoza. Quienes lo siguen no es solo por razones ideológicas, sino también por intereses económicos. Es la degeneración absoluta de cualquier ideal revolucionario”.

Henning Scherf, Ignacio Olmos y Sergio Ramírez

Nicaragua, recuerdos y esperanzas, en el dialogo entre Henning Scherf (izq.) y el escritor Sergio Ramírez (der.), junto al director del Instituto Cervantes en Berlín, Ignacio Olmos.

El autor de "Margarita, esta linda la mar”, quien en 2017 fuera el primer centroamericano en recibir el Premio Cervantes, denuncia que en su país el miedo ha traído silencio y que hoy campean la corrupción y el nepotismo. "Los discursos de Ortega se parecen cada vez más a los de Mussolini. Nos dirigimos hacia un sistema de partido único”, dice.

DW: La invitación a este encuentro en Bremen habla de esperanza. ¿Qué le evoca esta palabra?

Sergio Ramírez: Es algo que nunca debe perderse. Las situaciones políticas en los países en América Latina llegan a ser críticas, pero en algún momento se despejan y volvemos a lo que debería ser el estado natural, que es la democracia, las libertades públicas y el respeto a los derechos humanos. Más que como una regla, tenemos que ver las dictaduras como excepciones. 

Pero en Nicaragua se ha prolongado y ha hecho que cada vez más opositores y disidentes, entre ellos usted, deban salir de su país.

Es el efecto de todas las dictaduras. Provocan cárcel, muerte, exilio, diáspora grande como la que está viviendo Nicaragua. Antes fue Chile, en un tiempo fue Argentina y ahora los que vamos por el mundo somos los nicaragüenses.

¿Cómo se vive el exilio?

El exilio es un estado de ánimo, hay que aprender a asumirlo. Hay que asumir la imposibilidad que tiene el regreso, no tomarlo como una tragedia insalvable sino como una oportunidad, también de conocer otras culturas, asentarse en otros climas, enriquecer la experiencia. Un escritor siempre busca cómo enriquecer las experiencias, por muy dolorosas que sean.

En su caso, sigue trabajando. ¿Cómo han sido estos meses?

Asentarse no es fácil, hay que reorganizar la vida. Con mi mujer pasamos de septiembre a diciembre viviendo de un lugar a otro, hasta que encontramos un domicilio definitivo y eso implica también encontrar un espacio propio para escribir, que ya lo tengo. Terminé de revisar unos cuentos que tenía escritos y se van a publicar ahora en el libro Ese día cayó en domingo. Es un libro muy diverso, con una variedad de temas, algunos sobre la situación actual de Nicaragua.

Usted decía que la esperanza no se debe perder, ¿pero qué salida ve a la dictadura en Nicaragua?

La primera salida ya fue probada en 2018, que es la resistencia pacífica contra la tiranía. Fue cegada de manera brutal con armas contra gente indefensa, mataron más de 400 muchachos. Pero no hay otra salida. Es decir, un enfrentamiento armado para acabar con una dictadura sería trágico para el país. Otra vez la sangre, otra vez la guerra, la destrucción. Si alguna oportunidad tenemos de salir de esta dictadura es por la vía pacífica y democrática. Quizás resulta un poco idealista pensarlo en estas circunstancias en que la represión se ha endurecido muchísimo, pero yo sí creo que esa es la salida.

¿Qué pueden hacer países como Alemania y la comunidad internacional?

Prestarle mucha atención a Nicaragua, no olvidar que está ahí con sus dolores y su sufrimiento político. Es muy lógico que hoy la atención de Europa esté centrada en Ucrania, pero hay que tener en cuenta que, detrás de esa cortina, está la situación de países como Nicaragua. No en balde Ortega es un aliado muy íntimo de Putin y eso nos lleva a ver cómo, si los tiranos se identifican, pues la lucha por la democracia debiera tener también una identidad.

Bremen | Sergio Ramírez | Schriftsteller aus Nicaragua und Cervantes Preisträger 2017

El escritor Sergio Ramírez junto al exalcalde de Bremen, Henning Scherf. Una amistad que se forjó en Nicaragua en la década de 1980. Junto a ellos, Mila Crespo, directora del centro del Instituto Cervantes en Bremen, e Ignacio Olmos, director del Instituto Cervantes en Berlín.

En su situación actual en el exilio, ¿se siente dividido entre escritor y activista?

No, activista no soy. No es ese muy papel. Activistas hay muchos en Nicaragua y en el extranjero, moviéndose en favor de la libertad de los presos políticos, en lucha contra la represión. Mi papel es alzar la voz como intelectual, como escritor, hablar cuando es necesario, no callarse. Yo creo que ese papel es suficiente.

¿Cómo enfrenta la censura a su último libro y la orden de detención en Nicaragua?

El poder absoluto siempre reacciona de esa manera frente a la imaginación y al humor, que son grandes enemigos del poder político absoluto. El hecho de que una dictadura prohíba un libro, de quien habla muy claro es de esa dictadura.

¿Cómo se explica que Ortega haya llegado a tales excesos, siendo que alguna vez ustedes pertenecieron al mismo sector?

Eso fue hace 40 años. Las cosas han cambiado muchísimo, de modo que hoy día no compartiría nada con Ortega. En aquel tiempo se trataba de un proyecto en que los dos participábamos y donde había mucha gente que había comprometido sus ideales para darle una salida a un país que había perdido la democracia. Hoy la ha perdido otra vez. Lo importante es de qué lado de la trinchera uno se encuentra en determinado momento de la vida.

(ms) 

 

lunes, 13 de septiembre de 2021

La Real Academia y la ONU reclaman que Nicaragua cese el acoso contra el Premio Cervantes Sergio Ramírez

 La Real Academia y la ONU reclaman que Nicaragua cese el acoso contra el Premio Cervantes Sergio Ramírez https://twitter.com/elmundoes/status/1436856763974889474?s=20

jueves, 3 de enero de 2019

Sergio Ramírez, un aguda mirada sobre el presente de Centroamérica

Fecha de publicación: 2018-12-13

Sergio Ramírez, un aguda mirada sobre el presente de Centroamérica

Ramírez, el primer esritor e intelectual nicaragüense y centroamericano en recibir el Premio Cervantes, y una de las voces más críticas sobre el presente de Nicaragua.

Por estrategiaynegocios.net

El pasado 23 de abril, Sergio Ramírez Mercado, escritor e intelectual, recibió de manos del rey Felipe VI de España la medalla y la estatua del Premio Cervantes 2017, constituyéndose en el primer centroamericano y nicaragüense en recibir ese importante reconocimiento de las letras castellanas.

“Permítanme dedicar este premio a la memoria de los nicaragüenses que en los últimos días han sido asesinados en las calles por reclamar justicia y democracia, y a los miles de jóvenes que siguen luchando, sin más armas que sus ideales, porque Nicaragua vuelva a ser República”, dijo Ramírez al iniciar un discurso en que destacó la lucha cívica en su país y la herencia cultural y poética de Rubén Darío, el Padre del Modernismo.

A esa fecha, en que Ramírez leyó su discurso de agradecimiento, en Nicaragua se registraban alrededor de 40 muertos en varias ciudades del país, de manos de las fuerzas policiales y parapoliciales del régimen de Daniel Ortega.
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Al conversar con E&N, refiere que 2018 ha sido un año extraordinario en su carrera literaria por recibir el Premio Cervantes 2017, un reconocimiento que, aseguró, marca un hito en su carrera de escritor y que lo obliga a un trabajo cada vez más responsable con la escritura.
Por otra parte, lo considera un honor concedido a Nicaragua y a Centroamérica.

Sin embargo, “lo recibí en medio de pesar de los acontecimientos que estaban empezando a ocurrir en Nicaragua. No dejó de influir en mi discurso, tenía el deber y la obligación de que se marcaran estos acontecimientos en mi discurso”, insistió Ramírez.

En 2018, en el ámbito político, considera que la gran sorpresa han sido los acontecimientos que empezaron en Nicaragua en abril pasado, ya que introduce una novedad que no sólo desestabiliza los cálculos económicos de crecimiento, sino que afecta a la región como se ha demostrado en cuanto a su balanza comercial y el tráfico de mercancías.

Pero, lo más importante –agregó- es que introduce un factor de perturbación en el panorama social y político de Centroamérica.

“Lo primero que señalaré es la migración masiva de nicaragüenses hacia la frontera con Costa Rica, me parece que es un fenómeno muy particular. La tendencia natural del nicaragüense es emigrar hacia el sur, porque sus niveles elevados en salud y en educación son señuelos muy importantes para los nicaragüenses”, reflexionó.

Para 2019, señaló que su principal reto es tener un libro, aunque considera que un escritor no está obligado a producir una obra cada año. “Estoy trabajando y espero salir adelante con algún proyecto literario en 2019, pero ha sido muy difícil para mí este año, en cuanto a la imposibilidad de quitar mi mente de lo que está pasando en Nicaragua. Es algo que me duele profundamente”, aseguró.

Ramírez indicó que “hay una cosecha muy buena de escritores” nicaragüenses y centroamericanos, para los cuales tiene estupendos auguros. Entre los literatos que admira mencionó a Horacio Castellano Moya, así como a los desaparecidos Francisco Ruiz Udiel y Ulises Juárez Polanco, jóvenes poetas nicaragüenses ya fallecidos.
https://www.estrategiaynegocios.net/lasclavesdeldia/1241940-330/sergio-ram%C3%ADrez-un-aguda-mirada-sobre-el-presente-de-centroam%C3%A9rica

martes, 31 de julio de 2018

OPINIÓN | Por qué la revolución sandinista se fue al traste

Por qué la revolución sandinista se fue al traste

El autoritarismo, los golpes de Estado, las masacres y los exilios han lastrado la historia de la república centroamericana. Hoy se trata de lograr el cambio a través de la lucha cívica

El presidente nicaragüense Daniel Ortega, en una marcha con 1.000 hombres a caballo durante su campaña.
El presidente nicaragüense Daniel Ortega, en una marcha con 1.000 hombres a caballo durante su campaña.  GETTY
En mis años de Berlín escribí un ensayo acerca de Centroamérica al que llamé Balcanes y volcanes, una historia de constantes inquinas que, tras la independencia en 1821, llevaron a una sangrienta e inútil guerra encabezada por el general Francisco Morazán, empeñado en unir a las cinco provincias dispersas en una república federal, lucha de años que culminó con su fusilamiento en 1842.
Cinco países volcánicos por explosivos y generadores de catástrofes, enfrentados con encono, aislados y dispersos, que siguieron entregados a las guerras en un largo periodo de anarquía hasta mediados del siglo XIX, cuando la invasión de las huestes del filibustero esclavista William Walker logró el arduo milagro de volver a juntarlos por el tiempo suficiente para expulsar a los invasores.
Ha sido el caudillo el que ha triunfado siempre sobre las instituciones y sigue siendo así, de Zelaya a Somoza, fundador de una dinastía, y de Somoza a Ortega
Al centro de esa cordillera ígnea, como un cráter rebosante de lava ardiente, dispuesto siempre a estallar, ha estado siempre y desde entonces Nicaragua. El régimen colonial no le heredó ninguna unidad política, y menos condiciones de estabilidad, ya no se diga instituciones. Si a lo largo de nuestra historia contamos los gobiernos democráticos que no se han basado en la pretensión del acaparamiento del poder y en la represión, nos sobrarían dedos en una sola mano.
Pero las tiranías sobran. Uno de esos dictadores del siglo XIX, el coronel Casto Fonseca, que se impuso sobre las instituciones civiles que nunca terminaron de cuajar, se ascendió él mismo al grado supremo de gran mariscal y se vestía con atuendos de opereta.
A las asonadas y los golpes de Estado se los llamó siempre revoluciones, y cuando lo fueron de verdad, como la revolución liberal de 1893, su caudillo máximo, el general José Santos Zelaya, la confiscó a los pocos meses declarándose con derecho a la reelección perpetua. Reelegirse, quedarse para siempre, encarcelar a los adversarios, suprimir el derecho a la disidencia, ha sido hasta hoy la marca imborrable.

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No le faltó talante reformista a Zelaya y creó instituciones civiles nuevas, separó la Iglesia del Estado, creó colegios técnicos, y quiso unir la costa del Caribe con la del Pacífico a través de un ferrocarril; pero como habría de ser la constante, eran reformas desde arriba, y el sistema democrático nada más que un estorbo a la mano diligente del dictador que pretendía hacer el bien, y también el mal, sin que nadie lo fiscalizara, y mientras emprendía el camino del progreso llenaba las cárceles y los cementerios.
Un alzamiento conservador amparado por Washington terminó derrocándolo, o más bien una comunicación tajante que le dirigió el 1 de diciembre de 1909 el secretario de Estado del presidente Taft, Philander Chase Knox, conminándolo de manera perentoria a dejar el poder, la que el dictador, antes tan orgulloso, no tuvo más remedio que acatar.
Si me preguntan cuándo se arruinó el proyecto de nación en Nicaragua, yo diría que desde el principio mismo de la república, cuando comenzaron las luchas de poder entre liberales y conservadores, los golpes de Estado, las masacres de prisioneros, los exilios.
La deriva autoritaria de Ortega comienza  tras el pacto en el año 2000 con el expresidente liberal Arnoldo Alemán, el jefe corrupto del partido liberal
El autoritarismo, basado en la figura del patrón, dueño de la tierra ganadera, es el modelo en que se vació el Estado. La patria rural y cerril. Mientras tanto, la democracia no fue nunca un concepto vigente, o ni siquiera existente, más que en la mente de los intelectuales ilustrados que eran escuchados con desprecio por los gamonales, y apenas salían de sus bibliotecas a las plazas públicas terminaban siendo fusilados tras la primera arenga.
Ha sido el caudillo el que ha triunfado siempre sobre las instituciones y sigue siendo así, de Zelaya a Somoza, fundador de una dinastía, y de Somoza a Ortega. De los tres, Somoza no encabezó nunca una revolución, porque la demagogia y el cinismo, más su docilidad con la intervención extranjera, y el haber mandado asesinar a Sandino en 1936, crearon su capital político.
Pero entre los tres no hay diferencia alguna. Los une su conducta absolutista, la falta de escrúpulos y la falta de piedad, la retórica vacía, el oportunismo a tiempo, la capacidad de dar la vuelta a las palabras para que signifiquen lo contrario de lo que realmente quieren decir.
Nuestra historia, siempre arcaica, da tropiezos en la oscuridad una y otra vez, y el camino que recorre a ciegas vuelve siempre a ser el mismo. Un camino circular. Caudillos que pretenden quedarse para siempre en el poder, recluidos dentro del mundo que han fabricado en sus cabezas como una tenebrosa fantasía.
Durante los ochenta, los años de la revolución sandinista, esas tentaciones del caudillismo existieron, pero no fueron realizables. El mismo origen diverso del sandinismo, basado en una coalición de fuerzas obligadas a mantener el equilibrio, lo evitó.
Ortega no era el más carismático de los jefes guerrilleros, ni el más hábil, y precisamente por eso, porque facilitaba ese equilibrio, fue designado como un primus inter pares, presidente del país, y secretario general del partido, mientras el poder se repartía en feudos.
Si logramos un cambio sin guerra civil, nos evitaremos el riesgo, tantas veces probado, de que sobre los escombros del país se erija un nuevo tirano
La deriva autoritaria comienza después, tras el pacto que firma en el año 2000 con el expresidente liberal Arnoldo Alemán, el jefe corrupto del partido liberal, juzgado y condenado por lavado de dinero, quien, a cambio de impunidad, ya Ortega en control de los tribunales de justicia, concede a su adversario, y ahora socio, una reforma constitucional que permite ganar la presidencia en primera vuelta con sólo el 35% de los votos, la cota máxima que Ortega había alcanzado en las tres elecciones anteriores, siempre derrotado.
Entonces, es que en su mundo enclaustrado toma cuerpo la idea de que nunca más permitirá que lo derroten, y que a partir del triunfo de 2006, el poder le pertenece para siempre. El poder a como sea y se pueda, una obsesión persistente. Y más ciega aún la obsesión en medio de esta espantosa crisis donde señorea la muerte, cuando no hay gobernabilidad posible, convencido de que no tiene por qué ceder, si está ganando la guerra contra el enemigo que no es otro sino un ejército de muchachos desarmados.
Hoy, en las manifestaciones organizadas por el régimen en las que comparece Ortega delante de sus partidarios fieles, que los tiene, y empleados públicos acarreados desde todas partes del país, lo reciben con gritos de “¡Daniel se queda, Daniel se queda!”. Hace ya cerca de 40 años, en un noticiero de Televisión Española se ven imágenes de otra multitud congregada para vitorear a Somoza, a un año de su caída, donde los gritos desaforados son “¡No te vas, te quedás! ¡No te vas, te quedás!”. ¿Cómo no creer entonces que, dando tropiezos, la historia se repite en Nicaragua con pasmosa y aterradora fidelidad?
El general Zelaya, el general Somoza, el comandante Ortega. Si echamos cuentas, desde el triunfo de la revolución liberal hasta su derrocamiento, Zelaya estuvo 16 años en el poder. El viejo Somoza, por sí mismo, estuvo también 16 años. Su hijo, Luis, 7 años. Su otro hijo, Anastasio, el último de la dinastía, 10 años. El comandante Ortega lleva ya 21 años, con lo que supera con holgura a los demás.
Zelaya fue derrocado tras una guerra civil en la que sus adversarios contaron con el respaldo de Estados Unidos. El último Somoza cayó tras otra guerra civilencabezada por el Frente Sandinista, que contó con el respaldo de una coalición en la que estuvieron Venezuela, Panamá, México, Cuba y, de alguna manera, los Estados Unidos de Carter. Luego el Frente Sandinista perdió las elecciones en 1990 tras otra guerra civil de una década, en la que los contras recibieron el respaldo de los Estados Unidos de Reagan, y los sandinistas el respaldo de la Unión Soviética y Cuba, una hoguera de la Guerra Fría en el trópico.
Reelegirse, quedarse para siempre, encarcelar a los adversarios, suprimir el derecho a la disidencia, ha sido hasta hoy la marca imborrable
Hoy, esta nueva tiranía enfrenta una insurrección que alcanza a todos los sectores sociales, pero el círculo vicioso de las guerras civiles parece romperse por primera vez. Se trata de fuerzas policiales y paramilitares armadas con fusiles de guerra, que actúan en conjunto, en contra de una población desarmada. Esta lucha desigual ha tenido un costo excesivo para un país tan pequeño, de apenas seis millones de habitantes: 400 muertos en tres meses. Pero es una lucha fundamentalmente cívica, esa es la novedad. Una novedad que es una esperanza.
La resistencia civil no violenta cuenta, antes que nada, con la voluntad de quienes resisten para no hacer uso de armas, y parece ser una voluntad indoblegable. Es por eso que hay que abrir bien los ojos frente a lo que ocurre en Nicaragua. Si logramos un cambio de la dictadura a la democracia sin guerra civil, nos evitaremos el riesgo, tantas veces probado, de que sobre los escombros del país se erija un nuevo tirano triunfante que se sienta en la silla del tirano derrotado militarmente.
Al contrario, lograr el cambio a través de la lucha cívica nos permitirá, por primera vez, construir instituciones firmes, tener un sistema judicial independiente y elegir libremente un nuevo Gobierno con los votos contados de manera transparente. Entonces, habremos entrado, por fin, al camino de la modernidad. https://elpais.com/internacional/2018/07/27/actualidad/1532696001_961853.html
Sergio Ramírez es escritor, político y abogado. En 2017 recibió el Premio Cervantes.