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jueves, 9 de abril de 2020

Es el neoliberalismo, estúpido | por Xavier Ginebra Serrabou

COLUMNA INVITADA
Es el neoliberalismo, estúpido
Xavier Ginebra Serrabou
08 de febrero de 2019, 02:41
Una de las cosas que pidió el Concilio Vaticano II fue leer el sentido de los tiempos, antes de tomar las decisiones oportunas y si ese deber apremia en estas circunstancias en nuestro país, al mismo tiempo que se trata de una dificultad especialmente difícil. A veces parece imposible con la cuarta transformación, empezando por un servidor.
Pero, así como a veces las respuestas para resolver los problemas hay que iniciarlas por donde no hay que ir, de manera similar a que la mejor definición que encuentra la razón para definir a Dios consiste en empezar por señalar lo que no es, en esta ocasión de una serie de ensayos que nos ayuden a leer los referidos signos de los tiempos, esta vez empezaremos por donde no debe ir cualquier nueva solución o propuesta alternativa a la gran transformación.
Aunque no nos pongamos de acuerdo en el innombrable causante de este giro del país (“la mafia del poder”, “el neoliberalismo”), lo que está claro es que dicho modelo no funcionó, y no se trató de un problema de mala aplicación de principios. Otra cosa es la dificultad de tender puentes con la nueva administración, dado su modo binario de ver la realidad, y si no ve enemigo se lo crea, como definió Ortiz Pinchetti a AMLO, como un gallo de pelea.
Sin embargo, aunque exista la real dificultad de tender puentes que abran el diálogo, se trata de abrir nuevas brechas para aquellos más de 60 millones que no incluyó el antiguo sistema. La verdad es que con los neoliberalismos de Enrique Krauze, Luis De la Calle y otros, más de la mitad de los mexicanos tienen algún tipo de pobreza, según los niveles multidimensionales de pobreza que mide el Coneval, y 57% de la economía vive en la informalidad (con lo bueno y lo malo que implica, en lo que ahora no voy a entrar). Y para que no se me tache de neoizquierdoso, recomendaría un libro de Amartya Sen, duramente crítico del rumbo de la economía y el modelo hindú de desarrollo que pretenden implantar los Chicago Boys de la India, titulado Una gloria incierta. Sen se da cuenta de que el puro crecimiento económico no es suficiente para traer prosperidad a una nación (ello a pesar de que India lleva décadas creciendo a ritmos de 8 o 9 por ciento).
El capitalismo a ultranza busca la riqueza por sí misma, no su distribución, ni el modo de producirla. Ensalza el consumismo, considera la sociedad un aglomerado de individuos sin un fin común (el bien común), así como la importancia de las sociedades intermediarias y el papel del Estado como promotor del bien común. Considera que hay “una tasa natural de paro”, olvidando la primacía del trabajo sobre el capital y el derecho humano al trabajo. Estima que el fin de lucro es positivo en sí mismo (González de Cossío dixit) y estima que la competencia debe ser feroz, como enemigos, de acuerdo con Porter (olvidando que tenemos una común naturaleza y por tanto un objetivo común y un deber común de solidaridad).
Todo esto es fácil de decir en la teoría y difícil de resolver en la práctica. Pero hay que comenzar por deshacernos de estos entuertos si queremos llegar a modelos alternativos a la 4T y no reducir a AMLO a un populista de izquierdas, como hacen Krauze, Vargas Llosa y sus corifeos. Si no nos quitamos los lentes con los que interpretamos los “signos de los tiempos” no se tratará de un “bregar de eternidades” en que el PAN nos quedó mucho a deber, sino de un bregar sin fin, sin ver agua desde nuestros barcos que no llegarán de ninguna manera a su destino.
*Máster y doctor en derecho de la competencia, profesor investigador de la UAEM y socio del Área de Competencia, Protección de Datos y Consumidores del despacho Jalife& Caballero.
https://www.eleconomista.com.mx/opinion/Es-el-neoliberalismo-estupido-20190208-0035.html

sábado, 2 de noviembre de 2019

La economía uruguaya y sus perspectivas

ARDEN ARGENTINA, CHILE, BRASIL Y ECUADOR, ENTRE OTROS PAÍSES

La economía uruguaya y sus perspectivas

Vivimos la «era de la incertidumbre» que previó John K. Galbraith. Las políticas expansivas aumentan en EEUU, China, la Unión Europea y hasta Argentina, que huyen de la crisis global anunciada por el Financial Times. El autoritarismo avanza en el mundo, desde Estados Unidos y Europa hasta América Latina, que además arde por motivos económicos, pero no llega a Uruguay, que sigue y seguirá creciendo económicamente según el FMI y el Banco Mundial y presenta los mejores índices de equidad social.
Por Víctor Carrato
Hemos vivido una semana que quedará en la memoria histórica de América Latina.
En Argentina, Brasil, Chile y Ecuador, las políticas económicas contractivas (que fomentan una creciente desigualdad social, con aumento de la pobreza y el desempleo, además de un fracaso rotundo en el campo estrictamente económico, ya que dichos países padecen caída de su actividad económica con inflación) han provocado situaciones de grave enfrentamiento y aun estallidos sociales de magnitud nunca antes vista.
Mientras tanto, en las potencias desarrolladas como Estados Unidos, la Unión Europea y China Popular, se refuerzan las políticas de estímulos económicos.
La explosión del «modelo chileno» (que comenzó el 6 de octubre y se concreta en gigantescas manifestaciones de protesta y disturbios de gran violencia e intensidad que fueron ferozmente reprimidos) es sin duda el acontecimiento más significativo de la instancia; ha dejado en suspenso la vida democrática de la nación trasandina asombrando al mundo entero.
Al respecto, el expresidente socialista chileno Ricardo Lagos declaró en un reportaje a El País de Madrid que esta «es la mayor crisis política y social desde el retorno a la democracia en 1990, por lejos», pero agrega que «ni el tránsito de la dictadura de Pinochet a la democracia tuvo estos niveles de destrucción». La crisis chilena -que no cesa a pesar de que el presidente Piñera pidió perdón por no haber comprendido la importancia y causas del conflicto y por haber dicho que «estamos en guerra contra un enemigo poderoso» (su esposa habló de «invasión alienígena»), relevó a su gabinete ministerial y realizó concesiones sociales- dejó ya más de 19 muertos, centenares de detenidos y tanto Santiago de Chile como las principales ciudades están bajo control militar.
Por si fuera poco, la represión de los organismos de seguridad ha dejado, además de muertos, decenas de denuncias de torturas, violaciones y robos.
Chile es un país que ha crecido a tasas importantes, pero aumentado su desigualdad social y la exclusión de los más vulnerables de la riqueza generada. Se suele decir que, en el continente más desigual del mundo, América Latina, Chile es el que más ha crecido, pero es el más desigual.
¿Dónde está el origen de esa desigualdad que ha lanzado a las muchedumbres a las calles?
La respuesta es clara: ese origen está en las estructuras económicas diseñadas durante la dictadura genocida del general Augusto Pinochet Ugarte, que duró desde el 11 de setiembre de 1973 al 11 de marzo de 1990.
Las mismas fueron concebidas, planificadas e implementadas por economistas formados en la Universidad de Chicago bajo la dirección de Milton Friedman, Premio Nobel de Economía 1976, que asesoró personalmente al general Pinochet, llamados popularmente Chicago Boys.
Eran economistas neolibarales  orientados al libre mercado (cuya existencia ha sido impugnada por numerosos economistas como Joseph Stiglitz y Paul Krugman, Premios Nobel 2001 y 2008, que hablan de «ley de la selva donde predomina el más fuerte» y de «darwinismo social»), e implementaron la liberalización económica, la privatización de la seguridad social y empresas estatales, la prohibición de los sindicatos y la eliminación de las protecciones arancelarias para la industria local, lo que determinó una economía fuertemente primarizada.
Estas medidas provocaron inicialmente un importante crecimiento económico, que Milton Friedman y sus admiradores llamaron el «milagro chileno», y un aumento dramático en la desigualdad social, el crecimiento de la pobreza y la desigualdad, así como la caída del consumo, que produjeron una gravísima crisis económica en 1982.
Como correlato de estas políticas económicas y sus consecuencias sociales, en la dictadura del general Pinochet se cometieron graves violaciones de los derechos humanos, condenadas por los organismos de la Organización de Naciones Unidas y organizaciones humanitarias de todo el mundo.
La dictadura chilena persiguió a sus opositores (siendo emblemáticos los asesinatos del general Carlos Prats, ocurrido en Buenos Aires en 1974 y el del excanciller de Salvador Allende, Orlando Letelier, en Washington en 1976) provocado muertes, la detención de unas 80.000 personas y la tortura de decenas de miles. Según las cifras oficiales, el número de ejecuciones y desapariciones forzadas fue de 3.095 personas.
Con gran claridad, algunos referentes del fútbol chileno han sido explícitos sobre las causas de la explosión social, siendo muy expresivos los mensajes de Claudio Bravo, Gary Medel y Marcelo Díaz a través de las redes sociales.
Bravo, arquero de la selección y del Manchester United afirmó en Twitter que «vendieron a los privados nuestra agua, luz, gas, educación, salud, jubilación, medicamentos, nuestros caminos, bosques, el salar de Atacama, los glaciares, el transporte. ¿Algo más? ¿No será mucho? No queremos un Chile de algunos pocos. Queremos un Chile de todos. Basta».
Medel, bicampeón de América, escribió: «El descontento de Chile es evidente. Ojalá las autoridades escuchen al pueblo y dejen de jugar con él. Es hora de que se pronuncien y dejen el silencio para que la violencia no siga», agregando la imagen de un volante que dice: «No es el metro. Es salud, es educación, es pensiones,es vivienda, es el sueldo del parlamentario, es el aumento de la luz, es el aumento de la bencina, es el robo de las fuerzas armadas, es el perdonazo al empresario, es la dignidad de una sociedad».
Marcelo Díaz, actual jugador de Racing, expresó en Twitter: «Exhibo con orgullo mi bandera empatizando con mi pueblo y la lucha por los derechos que les pertenecen. ¡No más abusos, no más excesos!».
«No permitamos que nuestro país caiga al piso, busquen una solución rápida y beneficiosa para todos. Están a tiempo. El pueblo unido jamás será vencido».
Esto sigue ocurriendo en el país transandino que es señalado como modelo por políticos uruguayos, como el economista por la Universidad de Chicago Dr. Ernesto Talvi.
Argentina en transición
Las elecciones del 27 de octubre consagraron, como se esperaba, la victoria de la fórmula Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner, clara respuesta al gobierno ineficaz encabezado por Mauricio Macri.
Si bien el mandatario electo se ha reunido con el perdidoso, la transición hasta la entrega del poder el próximo 10 de diciembre se vislumbra como repleta de riesgos por las tensiones sociales que se han acumulado en la población (la pobreza supera 35% y va en ascenso); la inflación supera 55% anual y el Producto Interno Bruto (PIB), que cayó -2,5% en 2018, caerá 4,1% en 2019 y -1,3% en 2020 según el más reciente informe Perspectivas de la Economía Mundial, emitido por el FMI a mediados de este mes; así como por la posibilidad de nuevas turbulencias económicas como las que llevaron el valor del dólar de 18,65 $A al 2 de enero de 2018 a $A 25 al 31 de mayo de 2019 (34% de aumento) y $A 68 al miércoles 30 de octubre (164%).
Caras y Caretas ya detalló cómo el presidente Macri optó en mayo-junio de 2018 por realizar un acuerdo stand-by con el FMI que implicó la toma de un préstamo de US$ 57.100 millones, el peor error del organismo multilateral, que responde a los países que tienen mayor poder de voto (EEUU tiene 16,74%), y que el nuevo gobierno argentino deberá necesariamente reprogramar.
Uruguay, en cambio, crecerá 1% de su Producto Interno Bruto (PIB) en 2019 según el Banco Mundial.
Uruguay luego del 27 de octubre
Nuestro país creció 1,6% de su PIB en 2018 y crecerá 0,4% en 2019 y 2,3% en 2020 según el citado informe del FMI. Actualmente es el país con mejores indicadores sociales de América Latina y el Caribe según el FMI, el Banco Mundial, la CAF y la Cepal. El déficit fiscal se ubica en 3,1% del PIB según el BCU. Según el último informe divulgado por el Banco Central del Uruguay (BCU), la deuda pública consolidada del Estado uruguayo fue al cierre del segundo trimestre del año de US$ 38.161 millones, lo equivale a 65,79% del PIB de US$ 58.000 millones; en tanto que la deuda neta se situó en US$ 18.801 millones, 32,41% del PIB.
Ninguna de las dos últimas cifras resultan demasiado preocupantes si tomamos en cuenta que para el último trimestre de 2019, y sobre todo en el curso del año 2020, tendremos el impulso brindado por la construcción de UPM II y el Ferrocarril Central, así como la buena cosecha que se avecina y el incremento de las compras de carne que se está verificando.
Nuestros Activos de Reserva, los más altos de la historia al decir del ministro Cr. Astori, ascienden a US$ 14.500 millones.
La situación de Uruguay es buena, y excelente si la comparamos con la región, o sea con Chile, Argentina, Brasil y Paraguay.
Lo que está en discusión es qué políticas económicas se deben aplicar en tiempos de turbulencia.
Al respecto podemos citar el editorial titulado ‘Nuevo consenso’, publicado por El País de Madrid al finalizar la Asamblea Conjunta del FMI y el Banco Mundial de este mes. Allí se afirma que «la economía global exige políticas presupuestarias y fiscales anticíclicas», que «la OCDE, el BCE y varios organismos multilaterales reclaman más inversión pública», y que «forma parte de este consenso económico la percepción de que la economía global necesita regulaciones específicas centradas en corregir los efectos de la globalización financiera. Gita Gopinath, economista jefa del FMI, lo ha explicado con claridad meridiana en una entrevista publicada en El País: las políticas fiscales domésticas tienen hoy la tarea principal de corregir la desigualdad, quizá el efecto más indeseable de la crisis financiera. La corrección tiene que fundamentarse en una política fiscal anticíclica de cada Estado, con el fin de estabilizar la economía internacional».
Esas son las políticas, reiteramos, que siguen las grandes potencias como Estados Unidos, la Unión Europea, empezando por Alemania, y China Popular.
Del otro lado, el FMI continúa recomendando a los países periféricos políticas económicas contractivas y recesivas, con ajustes fiscales permanentes, que son seguidas por los dirigentes y economistas conservadores, defensores de los intereses de las minorías privilegiadas.
Uruguay: principales indicadores y proyecciones
Años 2017 2018 2019* 2020*

PIB (Var. en %) 2,6% 1,6% 0,6% 3,1%
PIB (millones US$) 59.587 59.615 58.000 56.000
PIB per cápita (US$) 17.058 17.004 15.900 15.300
Tasa media de desempleo (prom. anual) 7,9% 8,3% 8,9% 9,5%
Resultado Fiscal Primario (% del PIB)1/ -0,2% -0,8% -1,5% -1,3%
Resultado Fiscal Global (% del PIB) 1/ -3,5% -4,2% -4,9% -4,5%
Inflación (dic-dic) 6,6% 8,0% 8,8% 8,7%
Tipo de Cambio (prom. dic) 28,85 32,21 39,00 44,00
Devaluación (prom. dic – prom. dic) 0,3% 11,7% 18,0% 10,5%
Salario Real Privado (var. prom. anual) 3,5% 0,0% 1,1% -0,5%
Balanza Comercial (millones US$) 3.635 3.558 3.693 3.510
Exportaciones (FOB) 15.820 16.413 16.000 15.604
Importaciones (FOB) 12.185 12.855 12.307 12.094
Cuenta Corriente (millones US$) 465 -348 -217 -400
Cuenta Corriente (% PIB) 0,8% -0,6% -0,4% -0,7%
Activos de reserva del BCU (mill. US$) 15.959 15.552 14.500 15.000

*Cifras proyectadas.
1/ Cifras de 2018 y proyecciones ajustadas por efecto Ley N° 19.590 («cincuentones»).

Fuente: Ministerio de Economía y Finanzas, Banco Central del Uruguay, FMI, Cepal y consultoras.

lunes, 15 de julio de 2019

ECONOMÍA Los mercados tienen a su favorito en Argentina

Los mercados tienen a su favorito

(Foto: Presidencia)
Por Carlos Heller - Presidente Partido Solidario
14 de Julio de 2019
Categórico: “los mercados siguen teniendo un rol crucial que desempeñar a la hora de facilitar la cooperación social, pero sólo cumplen este propósito si están subordinados al régimen de derecho y son objeto de controles democráticos”. Son palabras de Joseph Stiglitz, en una nota publicada en Clarín (9/6/19), al citar una de las cuatro prioridades que permitirían salir del “experimento neoliberal que ha fracasado”. Si bien se refiere principalmente a los EE UU y a otros países desarrollados, puede aplicarse para Argentina.
Y esta falta de subordinación al régimen de derecho se explicita en nuestro país ante las próximas elecciones, pues los inversores ya están apostando cómo tratarán a la economía argentina según quién gane. El periodista Claudio Jacquelin (La Nación, 8/7/19) refleja claramente esta situación.
Jacquelin comienza con una obviedad: “ya se sabe que el 11 de agosto todos los ciudadanos en condiciones de sufragar debemos (sí, es obligatorio) concurrir a las PASO”, para luego comentar “pero el 12 habrá otra votación clave, supeditada al resultado de la gran encuesta nacional del día anterior”. El periodista explica que “ese lunes, el mercado, los inversores o como quiera llamarse a ese ente abstracto, pero de existencia y peso nada virtuales, expresarán en los indicadores financieros su confianza o sus temores sobre el rumbo del país”.
En verdad, los mercados ya vienen marcando la cancha a partir de las confirmaciones de las distintas fórmulas presidenciales, y aún antes. De todas formas, lo que dirige las operaciones de los inversores externos sigue siendo la especulación, aprovechando la incertidumbre que genera todo cambio de presidencia en este o cualquier otro país. Se intenta mantener “adormecido” al dólar para tratar de ir reduciendo la inflación, que igualmente sigue siendo alta. En este entorno, el riesgo país fue bajando, de casi tocar mil puntos a ubicarse cerca de los 800, un piso que le cuesta perforar. Como ya he expresado en anteriores columnas, no hay gran diferencia entre mil puntos de riesgo país y 800: ambos son inviables. En un medio especializado se sostiene que los “800 puntos de riesgo país no es Macri ganador”, dando idea de las dudas que existen sobre la reelección del actual presidente, pero también de lo “riesgoso” de otro gobierno.
Estas definiciones llevan también a la necesidad de abordar otra cuestión esencial: si los mercados van a votar el 12 de agosto, y la elección del día anterior da como clara ganadora a la fórmula de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, podría suceder que comiencen a complicarse los indicadores financieros, suba el riesgo país, se incremente el dólar (lo cual no sería extraño, ya que está comprimido artificialmente en valores muy bajos para lo que requiere el modelo) y los bonos de deuda pública comiencen a bajar de precio. Estas variables indicarían, entonces, que ante una opción distinta a la de Macri, el país “no sería viable”. Una presión política de mercados que intentan impulsar la continuidad del ajuste.
Acuerdo Mercosur-UE: la importancia de la letra chica
En una reciente reunión en Hacienda, el ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, y el Canciller, Jorge Faurie, le prometieron a los ministros de Producción de las provincias que en el acuerdo entre el Mercosur y la UE “no habrá letra chica”. Una promesa insólita, dado que para analizar los impactos económicos y sociales de estos acuerdos de libre comercio, la letra chica es fundamental. De hecho, estos tratados se firman luego de lograr acuerdos amplios, si no unánimes, sobre esa letra chica.  
Francia ya ha sido explícita y ha fijado condiciones medioambientales, sanitarias y de salvaguarda. El gobierno galo solicita que se respeten las normas sanitarias europeas no solo en los productos que puedan ser importados hacia la UE, sino también en los procedimientos para su fabricación. Más aún, promueve la creación de “inspectores europeos en los países del Mercosur para verificar sobre el terreno”. Queda claro que todos estos son artilugios para frenar las exportaciones del Mercosur a la UE en temas que definen “sensibles”, como carnes, y bienes agrícolas.
Imitando a Francia, la Comisión Europea ya emitió un documento sobre el acuerdo (El Cronista, 11/7/19). Allí se sostiene que la ventaja competitiva de los países del Mercosur proviene de controles sanitarios laxos, legislaciones laborales relajadas o del uso abusivo de agroquímicos. Un duro comentario para un socio que está cerrando un acuerdo.
También aparece la prohibición a los organismos genéticamente modificados (la casi totalidad de la producción granaria argentina exportable –salvo el trigo–), residuos de pesticidas o medicación veterinaria.
Para cerrar este escudo proteccionista, que seguirá funcionando con tratado o sin él, se menciona que entre lo acordado hasta el momento se incluye un “principio de precaución”, por el cual la UE puede cerrar sus fronteras “en aras de resguardar la salud alimentaria, animal, vegetal o de sus ciudadanos, incluso cuando la evidencia científica no es concluyente”. Conceptos tan amplios que permiten la interpretación más absurda.
Las cifras lo avalan: según el relevamiento de Global Trade Alert, desde la crisis del 2008 a la fecha los países han tomado 6720 medidas proteccionistas y sólo 2414 de liberalización. El primer puesto de los países con más medidas de protección es EE UU (428) seguido por India (324) y Rusia (232). Le siguen los 28 países de la UE, que, en conjunto, han tomado 3696 medidas proteccionistas, liderados por Alemania (174), Italia (166) y el Reino Unido (163). 
Queda claro que el análisis, más allá de la “letra chica”, también tiene que ver con la postura respecto a las políticas comerciales y lo que pretende cada uno de los bloques que se asocian. Europa desea poder venderle al Mercosur sus productos manufacturados sin aranceles, sin dejar de proteger al sector agrícola, una conducta que es histórica, e incluso constitutiva de la propia UE. Pensar que Europa dejará sin protección a sus productos agrícolas y ganaderos es casi una quimera.
El impacto del acuerdo no se acaba en estas consideraciones. En Argentina se lo está utilizando como una herramienta para intensificar las reformas estructurales que serían “indispensables para poder ser competitivos con Europa”. Así, se propone avanzar sobre la reforma previsional, y también sobre la laboral.
Los reclamos flexibilizadores han tenido esta semana una crudeza especial. Un empresario del café de apellido Cabrales comentó: “queremos que haya mayor flexibilización, que sea más fácil despedir y contratar gente”. A esta postura se sumó el presidente de la Cámara de la Construcción, Julio Crivelli, quien sostuvo que “hay muchas empresas que no son grandes por empleados de baja productividad”, para luego agregar: “necesitamos poder despedir sin causa a empleados en todas las industrias y comercios”. Despido sin causa, realmente un concepto repudiable, y que intenta convertir a los trabajadores en un insumo descartable.
Entre otras cuestiones, el dirigente de la construcción intentó justificar sus dichos en que “si no mejoramos la productividad, el convenio con la Unión Europea es impracticable”. Como ya expresamos, Bruselas critica “las condiciones laborales relajadas” en el Mercosur, con lo cual el tema de la flexibilización laboral como condición sine qua non queda bastante desdibujada.
Lo cierto es que, de firmarse este tratado, se produciría una pérdida de soberanía importantísima, con perjuicios especialmente para las industrias manufactureras, las pymes, y también muchas economías regionales.  « https://www.tiempoar.com.ar/nota/los-mercados-tienen-a-su-favorito

martes, 2 de julio de 2019

Por un capitalismo progresista, hacia un Estado de bienestar

1 JULIO, 2019 
Por un capitalismo progresista, hacia un Estado de bienestar
Tomamos la expresión de Joseph Stiglitz, “capitalismo progresista”, para abrir una ventana de reflexión sobre las posibilidades de un modelo de economía y sociedad alternativo al neoliberalismo.
Ilustración: Víctor Solís
Hay que cambiar la economía pero hay también que redirigir los esfuerzos de la política hacia la construcción de un Estado de bienestar, en el espíritu de la tradición socialdemócrata, la única que ha ofrecido alternativas de igualdad y prosperidad  a la desigualdad inherente al capitalismo. Este es el rumbo de la reflexión del propio Stiglitz, de Rolando Cordera, y de Nora Lustig y John Scott en las páginas que siguen. 
Stiglitz despliega su visión del capitalismo progresista alternativo al orden vigente. Cordera nos recuerda que no se construye un Estado de bienestar en una lógica de austeridad presupuestal hecha a tijeretazos. Nora Lustig y John Scott vuelven al hecho duro: sin una política fiscal fortalecida, sin más ingresos estables del Estado, no puede construirse ninguna política de inclusión y bienestar social sostenible, duradera.
En la edición electrónica de este número pueden leerse también los textos de Hans Mathieu: Socialdemocracia: ¿Qué futuro?, Graciela Bensusán: La (r)evolución sindical, Luis Emilio Jiménez Cacho: La reforma que entró por la ventana, Jesús Rodríguez Zepeda: Momentos socialdemócratas mexicanos, Raghuram G. Rajan: La dimensión local. https://www.nexos.com.mx/?p=43105

jueves, 3 de enero de 2019

Joseph Stiglitz: La guerra comercial de Trump traerá más pobreza para todos | ECONOMIA @JosephEStiglitz

Fecha de publicación: 2018-12-28

Joseph Stiglitz: La guerra comercial de Trump traerá más pobreza para todos

De acuerdo con el nobel de Economía las políticas comerciales del Gobierno de Trump también están perturbando a los mercados y alterando las cadenas de suministro. Muchas empresas exportadoras estadounidenses, que dependen de insumos chinos, ahora tienen buenos motivos para trasladar operaciones al extranjero.

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Por Joseph Stiglitz

A finales de 2017, el Gobierno del presidente estadounidense Donald Trump y los congresistas republicanos lograron impulsar una rebaja de impuestos corporativos por un billón de dólares, compensada en parte por el aumento de impuestos a la mayoría de los estadounidenses de clase media. Pero en 2018, la celebración de la comunidad empresarial en Estados Unidos por este regalo comenzó a dar paso a la preocupación por Trump y sus políticas.

Hace un año, la codicia desenfrenada de los líderes empresariales y financieros de Estados Unidos les hizo olvidar su aversión al déficit fiscal. Pero ahora están viendo que el paquete impositivo de 2017 fue la ley tributaria más regresiva y a destiempo de la historia. En la más desigual de todas las economías avanzadas, millones de familias estadounidenses sufren problemas económicos y las generaciones futuras tendrán que pagar las rebajas de impuestos destinadas a los multimillonarios. Aunque Estados Unidos tiene la menor expectativa de vida de todas las economías avanzadas, la redacción de la nueva ley tributaria implica que otros 13 millones de estadounidenses se queden sin seguro médico.

Como resultado de la ley, el Departamento del Tesoro prevé para 2018 un déficit de un billón de dólares; el mayor déficit anual en tiempos de paz no recesivos que haya tenido cualquier país en toda la historia. Y para colmo, el prometido aumento de inversiones no se ha materializado. Después de dar algunas migajas a los trabajadores, las corporaciones destinaron la mayor parte del dinero a recomprar acciones y pagar dividendos. Nada de qué sorprenderse: las inversiones necesitan certezas, pero Trump medra en el caos.

Además, el apuro por aprobar la rebaja impositiva ha llevado a que esté llena de errores, incoherencias y privilegios metidos de contrabando en la distracción general. La falta de un apoyo popular para la ley es casi la certeza de que terminará derogada en su mayor parte cuando cambien los vientos políticos (y los empresarios lo saben).

Como muchos advertimos en el momento, la rebaja impositiva (que se combina con un aumento temporal del gasto militar) no estaba diseñada para dar a la economía un estímulo sostenido, sino más bien el equivalente a un pasajero subidón de azúcar. La amortización acelerada del capital implica que las ganancias después de impuestos sean mayores en el corto plazo, pero que se reduzcan después. Y como en la práctica la ley reduce la capacidad de deducir pagos de intereses, aumenta en definitiva el costo después de impuestos del capital, lo que desalentará la inversión (que en buena medida se financia con deuda).

En tanto, el inmenso déficit de Estados Unidos tendrá que financiarse de algún modo. Como la tasa de ahorro estadounidense es baja, la mayor parte del dinero tendría que proceder de prestamistas extranjeros; es decir, Estados Unidos estaría enviando grandes sumas de dinero al exterior para hacer frente a sus deudas. Es casi seguro que dentro de una década la renta total de Estados Unidos será menor que sin la rebaja impositiva.

Además de la desastrosa ley tributaria, las políticas comerciales del Gobierno de Trump también están perturbando a los mercados y alterando las cadenas de suministro. Muchas empresas exportadoras estadounidenses, que dependen de insumos chinos, ahora tienen buenos motivos para trasladar operaciones al extranjero. Todavía es demasiado pronto para evaluar los costos de la guerra comercial de Trump, pero no es arriesgado suponer que el resultado será más pobreza para todos.

En tanto, las políticas de Trump contra los inmigrantes están alentando a las empresas que dependen de ingenieros y otros trabajadores cualificados a trasladar al extranjero laboratorios de investigación y plantas de producción. Es sólo cuestión de tiempo que empecemos a ver escasez de trabajadores en otros sectores de Estados Unidos.

Trump llegó al poder explotando las promesas incumplidas de la globalización, la financierización y la economía del derroche. La crisis financiera global y una década de escaso crecimiento desprestigiaron a las élites, y entonces apareció Trump para repartir culpas. Pero por supuesto, ni la inmigración ni las importaciones son la causa de la mayoría de los problemas económicos que Trump supo explotar para obtener ventajas políticas. Por ejemplo, la pérdida de empleos industriales se debe en gran medida al cambio tecnológico. En cierto sentido, hemos sido víctimas de nuestro propio éxito. Pero es indudable que las autoridades podían responder mejor a estos cambios, para asegurar que el incremento de la renta nacional llegara a todos, no sólo a algunos. La dirigencia empresarial y los financistas se dejaron cegar por la codicia, y el Partido Republicano, en particular, accedió de buen grado a todas sus demandas. El resultado fue estancamiento de los salarios reales (ajustados por inflación) y abandono de los que resultaron desplazados por la automatización y la globalización.

Como si las políticas de Trump no fueran suficientemente malas por el lado económico, son todavía peores por el lado político. Y lamentablemente, su modelo de racismo, misoginia y provocación nacionalista tiene réplicas en Brasil, Hungría, Italia, Turquía y otros países. Todos ellos experimentarán problemas económicos similares (o peores), así como todos enfrentan las consecuencias reales del incivismo en el que prosperan sus líderes populistas. En Estados Unidos, la retórica y las acciones de Trump han desatado fuerzas oscuras y violentas que ya se están saliendo de control.

La sociedad sólo puede funcionar cuando los ciudadanos confían en el Gobierno y en las instituciones, y se tienen confianza mutua. Pero la fórmula política de Trump se basa en erosionar la confianza y maximizar la discordia. ¿Dónde termina esto? ¿En el asesinato de once judíos en una sinagoga de Pittsburgh? ¿En una Kristallnacht estadounidense?

No hay modo de saberlo. Mucho depende de cómo evolucione la situación política actual. Si los que hoy apoyan a los líderes populistas se decepcionan por el inevitable fracaso de sus políticas económicas, podría ocurrir que se acerquen todavía más a la derecha neofascista. O, siendo más optimistas, que se los pueda traer de vuelta al rebaño de la democracia liberal (o que al menos la decepción los desmovilice).

Lo único que sabemos es lo siguiente: la política y la economía están conectadas y se retroalimentan la una a la otra. En 2019 serán mucho más visibles las consecuencias de dos años de medidas erradas y de un modo de hacer política todavía peor.
© Project Syndicate
https://www.estrategiaynegocios.net/lasclavesdeldia/1245717-330/joseph-stiglitz-la-guerra-comercial-de-trump-traer%C3%A1-m%C3%A1s-pobreza-para-todos

lunes, 12 de noviembre de 2018

De la autoridad del Premio Nobel de Economía, JOSEPH STIGLITZ #SepaQue “Los datos son abrumadores. Subir el salario mínimo no daña al empleo" |Entrevista | @stiglitzian @JosephEStiglitz

“Los datos son abrumadores. Subir el salario mínimo no daña al empleo”

El economista norteamericano cree que Italia supone un peligro para la eurozona "a corto y medio plazo"

EN VIDEO, Joseph Stiglitz: "Que España suba el salario mínimo es lo correcto"
Joseph Stiglitz parece disfrutar desmontando verdades que otros colegas consideran indiscutibles. Nacido hace 75 años, este nobel de Economía exasesor de los presidentes Bill Clinton y José Luis Rodríguez Zapatero y ex economista jefe del Banco Mundial ejerce hoy como profesor en Columbia y polemista habitual. Forma, junto a Paul Krugman, el dream team de los economistas progresistas estadounidenses. Con una sonrisa perenne y mirando siempre a los ojos de su interlocutor, ataca con igual fiereza el auge de líderes populistas, el aumento de la desigualdad o la gestión europea de la crisis. Pero, sobre todo, ha encontrado su archienemigo en Donald Trump, un presidente al que acusa no solo de una política fiscal desastrosa y de impulsar una guerra comercial de consecuencias imprevisibles, sino de atacar “los ideales americanos de libertad, democracia y justicia para todos”.
La victoria del Partido Demócrata en la Cámara de Representantes —y su fracaso en el Senado— cogió a Stiglitz en Madrid, donde el miércoles participó en un foro de innovación invitado por Mastercard. A las pocas horas de conocerse los resultados de las legislativas, el autor de El malestar en la globalización basculaba entre la esperanza por la conquista demócrata de una de las dos Cámaras —“Los republicanos no van a lograr aprobar ninguna ley en el Congreso. No va a haber fondos para el muro, que está acabado”, asegura— y la frustración por el hecho de que el aumento de votos demócratas no vaya a traducirse en un giro radical en la política estadounidense.
“Tras las elecciones, Trump no tendrá el sí del Congreso para obtener fondos para planes como el muro”
Stiglitz no elude ningún charco. Prototipo de lo que en EE UU denominan “liberal”, aplaude sin ambages la decisión del Gobierno español de aumentar un 22% el salario mínimo, hasta 900 euros mensuales, un paso, según dice, “largamente esperado”. Frente a los augurios catastrofistas del Banco de España —que cifra en 150.000 empleos el coste de subir el suelo salarial— o a la más moderada Comisión Europea —que esta semana redujo el impacto a 70.000 puestos de trabajo—, Stiglitz niega la mayor.
Subir el salario mínimo tiene un impacto “insignificante o incluso positivo” sobre el empleo, sostiene. Para justificar esta opinión, cita un centenar de estudios hechos en EE UU. “Allí, los datos son abrumadores. Y no se refieren a subidas del 22% como en España, sino incluso del 100%, como en Seattle”, asegura. Stiglitz atribuye las críticas a la decisión de Pedro Sánchez a una visión antigua basada en la presunción de que el mercado de trabajo funciona como cualquier otro mercado definido por la oferta y demanda, idea que Stiglitz considera “una especie de creencia religiosa”. “Los estudios muestran que no es así”, concluye.
Otra polémica en la que chapotea con gusto es el choque con Bruselas del nuevo Gobierno italiano a costa de su presupuesto. Considera a la tercera economía del euro “un peligro real para la eurozona, tanto a corto como a medio plazo”. A partir de aquí, Stiglitz tiene críticas para todos. Al Ejecutivo populista de Di Maio y Salvini reprocha unas cuentas poco realistas, basadas en la idea errónea de que reduciendo impuestos lograrán aumentar la recaudación. “Es una idea que ya usó Reagan. No ocurrió entonces y probablemente no va a hacerlo ahora”, asegura. Pero el estadounidense —cuyo último libro, El euro: cómo la moneda común amenaza el futuro de Europa, describe al euro como un error fruto de “políticos no versados en economía que pretendían crear su propia realidad”— también tiene munición contra la Comisión Europea. “Sus reglas de gasto son erróneas. Tiene que haber reformas. Italia tiene razón en ello”, dice.
El economista no cree que el Gobierno italiano vaya a dar marcha atrás, como hizo el griego. Y como desenlace más probable de esta crisis vislumbra un escenario en el que Roma lance un órdago a la Comisión Europea, obligándole a elegir entre expulsar a Italia del euro o aceptar que se salte a la torera las normas europeas. “Salvini y los suyos apuestan a que será Bruselas la que dé marcha atrás. Y creo que es una buena apuesta”, anticipa.
“Merkel paga la penitencia por sus pecados en la crisis del euro”
En la gestión de la crisis del euro, Stiglitz señala a una gran culpable: la canciller alemana Angela Merkel. “Fue inconcebible cómo estaba dispuesta a sacrificar a Grecia para salvar a los bancos alemanes. Además, ella misma creó un problema interno. Su retórica de situar a Grecia como responsable de la crisis por su derroche —cuando países como España, con superávit público, también cayeron en la crisis— lo puso muy difícil para los políticos alemanes que querían ofrecer una visión más equilibrada”, asegura. Justo cuando la líder europea más importante de los últimos 15 años empieza a despedirse, Stiglitz solo le reconoce la valentía con la que se enfrentó a la crisis migratoria. “Pero entonces tampoco logró sus objetivos. Ha sido su penitencia por sus pecados en la crisis del euro”, añade con una sonrisa maligna.
Cuando se le pregunta por los grandes peligros de la economía mundial, Stiglitz no duda un instante: la guerra comercial —lo dice él, gran crítico de los megatratados que EE UU negociaba con la UE y con los países del Pacífico, acuerdos a los que Washington ha dicho no— y el lento adiós al dinero ultrabarato por la progresiva subida de tipos de interés.
Sobre la primera amenaza, apunta a un claro responsable: Trump. “Una guerra comercial entre las dos grandes potencias mundiales sería muy dañina. Ahora mismo es muy posible que estalle el conflicto. Aunque solo pongo un pero: Trump no es racional. Y en cualquier momento puede cambiar de opinión sin ninguna justificación racional, como ya hizo con Corea del Norte”, concluye.

“LA TENDENCIA DE MAYOR DESIGUALDAD CEDE TERRENO”

Al volver la vista sobre Estados Unidos, Stiglitz pone en duda la avalancha de buenos datos macroeconómicos. Cuando se le menciona el periodo inusualmente largo de crecimiento en su país, matiza que este se refiere solo al PIB, no a otros indicadores. “El crecimiento actual es un subidón de azúcar que va a terminar. El déficit comercial va a aumentar. Pese a la caída del paro, el empleo no está aún en su nivel de 2007. Los salarios no crecen tan rápido como la economía. Y la desigualdad se agrava pese al crecimiento”, añade.
En este panorama, el revolucionario plan fiscal impulsado por el presidente Trump es una de las grandes bestias negras de Stiglitz, que, según pronostica, contribuirá a aumentar su gran preocupación: la creciente desigualdad social. “La rebaja de impuestos es un regalo para grandes empresas y multimillonarios en el país con más desigualdad entre los desarrollados. Y aumenta los impuestos a las clases medias en un país donde la esperanza de vida cae como efecto de los millones de personas que se están quedando sin seguro médico. Va exactamente en la dirección contraria a la que debería. Y agrava los problemas”, dispara. Define la política económica de la Administración Trump como “una extraña mezcla de populismo y corporativismo”.
Pese al negro diagnóstico sobre el Gobierno de su país, Stiglitz es moderadamente optimista sobre el futuro inmediato del mundo. Este economista buen conocedor de España, donde pasa uno o dos meses al año en su casa de Cadaqués, cree que la tendencia de creciente desigualdad que comenzó con la revolución conservadora de los años ochenta del pasado siglo comienza a remitir. “La gente ha visto que ha ido demasiado lejos”, explica. Y señala algunos síntomas de la renovada fuerza de políticas redistribuidoras, como la extensión de la educación infantil gratuita en Nueva York o la subida del salario mínimo en España.
https://elpais.com/economia/2018/11/09/actualidad/1541781846_612159.html

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