Mostrando las entradas con la etiqueta exits. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta exits. Mostrar todas las entradas

miércoles, 15 de abril de 2026

OPINIÓN | La paradoja del capital sin salida: República Dominicana ante el desafío de convertir crecimiento en liquidez

La paradoja del capital sin salida: República Dominicana ante el desafío de convertir crecimiento en liquidez

Por Luis Orlando Díaz Vólquez* | 15 de abril de 2026

América Latina vuelve a atraer capital, pero sigue sin ofrecer salidas claras. Esa es la paradoja que hoy tensiona al ecosistema emprendedor regional y que el Latin America Venture Capital Report 2026 retrata con nitidez: hay un repunte de la inversión y nuevos vehículos, pero la liquidez final —los exits— continúa siendo el eslabón roto de la cadena. En términos simples, un exit (salida) es el proceso mediante el cual inversores o fundadores venden su participación en una empresa —generalmente una startup— para capitalizar beneficios. Sin salidas, no hay reinversión; sin reinversión, el crecimiento se vuelve frágil. 

El propio informe advierte que, aunque persiste un optimismo prudente, la preocupación por la falta de liquidez es dominante: una mayoría de inversionistas encuestados califica el entorno de exits como desfavorable y ubica la ausencia de salidas entre los principales riesgos del ciclo. En paralelo, los founders señalan el mismo problema desde el otro lado de la mesa: levantar capital se ha vuelto más exigente, y llegar a la “línea de meta” —la salida— no está garantizado. 

La anatomía de esa brecha se vuelve más evidente cuando se observa el patrón regional de salidas: en 2025 —por segundo año consecutivo— no se registró una IPO (oferta pública inicial) de una startup latinoamericana; la región debió depender de un menú estrecho, dominado por fusiones y adquisiciones (M&A) y por transacciones secundarias. Dicho de otra manera: la puerta grande del mercado público siguió cerrada, y la liquidez dependió de compradores estratégicos o de ventas entre inversionistas.

Este debate no es ajeno a la República Dominicana. Por el contrario, llega en un momento en que la economía local exhibe señales claras de tracción real, incluso en medio de un entorno internacional volátil. Las cifras recientes del Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) ofrecen un punto de partida sólido: en febrero de 2026, la economía dominicana registró un crecimiento interanual de 3.9 %, el ritmo más alto de los últimos once meses, acumulando 3.7 % en enero–febrero. Ese resultado se sostuvo en sectores reales: minería (9.4 %), construcción (5.8 %) y servicios (3.5 %), con desempeños destacados en enseñanza, salud, hoteles y restaurantes, e intermediación financiera. No se trata de un rebote aislado, sino de una expansión que combina motores tradicionales con servicios de mayor complejidad. 

Este desempeño gana relieve cuando se lo coloca en perspectiva regional. El FMI proyecta para América Latina y el Caribe un crecimiento de 2.3 % en 2026 y 2.7 % en 2027, en un contexto internacional marcado por choques externos, incertidumbre y condiciones financieras más restrictivas. En ese tablero, que República Dominicana muestre un pulso por encima del promedio regional no es un detalle: en un mundo donde el capital exige visibilidad, el diferencial de estabilidad y crecimiento puede convertirse en ventaja comparativa. 

La estructura del crecimiento importa tanto como el número. El sector servicios —que explica una parte creciente del valor agregado— revela una economía más compleja, con actividades capaces de generar empresas escalables y flujos predecibles: condiciones que suelen atraer compradores estratégicos y, por tanto, abren rutas de salida. El turismo, por ejemplo, sigue siendo ancla, pero con un matiz relevante para la conversación sobre liquidez: crea mercado para soluciones en hospitalidad, pagos, movilidad, logística, experiencias y analítica de demanda, es decir, para innovación que puede transformarse en activos “comprables”. Entre enero y febrero de 2026, la llegada de pasajeros no residentes por vía aérea alcanzó 1,649,926, un aumento interanual de 10.0 %, cifra que confirma un flujo vigoroso de demanda externa y fortalece la economía de servicios alrededor del visitante. 

Ahora bien, el crecimiento por sí solo no garantiza salidas. Cuando las IPO no ocurren, la creación de liquidez depende de M&A y de transacciones secundarias, y eso exige un ecosistema corporativo capaz de comprar, integrar, escalar y retener talento. Dicho de forma cruda: el problema de los exits en América Latina no es solo financiero; es un síntoma de mercados incompletos, con escasa profundidad de compradores y pocos mecanismos institucionalizados de liquidez intermedia. 

En ese punto, la estabilidad macroeconómica dominicana se convierte en un activo de primer orden: no porque “resuelva” el problema de liquidez por sí misma, sino porque reduce el riesgo país y eleva la probabilidad de que el capital de largo plazo se mantenga, se reinvierta y encuentre ventanas para monetizar. El Banco Central reporta reservas internacionales brutas por encima de US$16,143 millones en marzo de 2026, un colchón que fortalece credibilidad externa y margen de maniobra ante choques. A esto se suma el rol de la inversión extranjera directa (IED) como pilar de sostenibilidad externa: 2025 cerró con cifras récord de IED por US$5,032.3 millones. En la misma línea, Moody’s ha resaltado la mejora del perfil soberano apoyada, entre otros factores, en una posición externa más robusta, respaldada por IED, turismo y remesas. El FMI, por su parte, ha enfatizado que la cuenta corriente se ha financiado con inversión directa y que la posición externa se mantiene en línea con fundamentos y políticas prudentes, señal clave para el capital institucional. 

Pero la conversación sobre liquidez no puede descansar únicamente en la macro. Si el país quiere ser competitivo en el “final del ciclo” —la salida— debe mirar el resto del tablero: exportaciones, zonas francas, remesas y economía digital. En materia de exportaciones, 2025 fue un año récord: ProDominicana reportó exportaciones totales por US$14,645.2 millones, mientras el Banco Central reportó cifras preliminares de exportaciones totales por US$15,930.6 millones; metodologías distintas, misma tendencia de salto exportador. Las zonas francas siguen actuando como ancla industrial y tecnológica: en el primer trimestre de 2026, las exportaciones del régimen ascendieron a US$2,085.1 millones (+4.3 %), y marzo marcó un máximo mensual histórico. En paralelo, el IMAE vincula el crecimiento de la manufactura de zonas francas con exportaciones por US$1,241.4 millones en enero–febrero de 2026, evidencia de continuidad exportadora. Las remesas completan el trípode de estabilidad externa: entre enero y marzo de 2026 sumaron US$3,019.6 millones (+1.9 %), reforzando demanda interna y estabilidad macro, variables que inciden en valuaciones y decisiones de compra. 

Sin embargo, el punto crítico —y quizás el más estratégico— aparece cuando se mira tecnología e innovación. República Dominicana muestra conectividad elevada e infraestructura digital robusta, pero enfrenta una brecha persistente: alta inversión en tecnología que no se traduce proporcionalmente en innovación local, propiedad intelectual ni captura de valor. La implicación para el debate de liquidez es directa: sin innovación local y escalabilidad, hay menos activos “comprables” y menos probabilidades de M&A tecnológico significativo. 

Aquí se conecta la macro con la micro de forma decisiva. Un país puede crecer, exportar y atraer capital; pero si no construye el “mercado de salidas”, el capital se comporta como visitante: llega, aprovecha oportunidades puntuales y busca su salida fuera. Por eso, la crisis de exits no es un problema exclusivo del venture capital: es una señal de instituciones de mercado incompletas. El desafío real consiste en cerrar el ciclo del valor: convertir participación en retorno, retorno en reinversión y reinversión en desarrollo.

Una agenda institucional para habilitar exits (y profesionalizar el M&A)

¿Qué significa, entonces, construir rutas de salida en clave dominicana desde un enfoque institucional? Significa asumir una agenda pública explícita para que la salida del capital deje de ser un evento raro y pase a convertirse en una dinámica previsible, especialmente cuando la región depende más de M&A y secundarios que de IPOs. En primer lugar, el Estado puede habilitar liquidez intermedia creando un marco claro para transacciones secundarias (ventas parciales de participaciones, vehículos de continuidad, transferencias con reglas simples y costos bajos), porque en un entorno sin IPOs la liquidez parcial sostiene el ciclo de reinversión y reduce el “riesgo de encierro” del capital. En segundo lugar, puede reducir el costo país de hacer M&A mediante ventanillas únicas y plazos predecibles para trámites societarios, registros, y aprobaciones relevantes, de modo que el comprador estratégico no enfrente fricciones administrativas que encarezcan o paralicen adquisiciones. En tercer lugar, debe impulsar un estándar nacional de “empresa comprable”: gobierno corporativo, auditoría, cumplimiento, propiedad intelectual y ciberseguridad como capacidades mínimas, no por formalidad, sino porque son el lenguaje exigido por compradores globales y por capital institucional.

La cultura de M&A, además, no se decreta: se construye. Institucionalmente, ello supone crear “músculo comprador” en el sector corporativo mediante políticas que estimulen unidades de corporate development y adopción tecnológica, así como programas de preparación para integración post-adquisición, retención de talento y valorización de intangibles. También exige crear mercados donde el Estado funcione como catalizador de demanda —por ejemplo, compras públicas innovadoras y sandboxes regulatorios— para que las startups generen ingresos recurrentes y trazabilidad, condición que eleva valuaciones y vuelve más probable un M&A. 

Finalmente, una estrategia institucional de exits debe priorizar sectores donde República Dominicana ya tiene escala, demanda y divisas: turismo y su cadena de servicios (plataformas, pagos, logística de experiencias), zonas francas y manufactura avanzada (en especial dispositivos médicos), servicios financieros y soluciones de cumplimiento, y logística vinculada al comercio exterior. La razón es simple: donde existen cadenas globales, estándares y compradores naturales, existen más probabilidades de salidas reales.

En síntesis, la República Dominicana exhibe fortalezas macroeconómicas, diversificación creciente de divisas y señales de resiliencia productiva; sin embargo, la calidad del crecimiento futuro dependerá de un salto adicional: convertir estabilidad y expansión en liquidez estructural, es decir, en un mercado donde el capital no solo pueda entrar, sino también salir con reglas claras, tiempos razonables y retornos verificables. La diferencia entre atraer capital y retenerlo —y, sobre todo, reciclarlo— está, precisamente, en cerrar ese ciclo. En un mundo donde el capital regresa pero la paciencia se acorta, el verdadero desafío ya no es levantar rondas: es cerrar el ciclo del valor. Y ese cierre, en economía y finanzas, tiene un nombre que hoy define ganadores y rezagados: exit, la salida que convierte crecimiento en liquidez y liquidez en reinversión. 

-El autor es ingeniero de sistemas, editor bibliográfico y productor de medios. Analista de temas económicos, institucionales y geoestratégicos, con énfasis en desarrollo, competitividad y modernización del Estado.

NOTICIAS RELACIONADAS

Negocios

La falta de "exits" en América Latina pone a prueba el optimismo emprendedor https://t.co/SrlZgIdJA1

— Orlando Díaz, Luis (@LuisOrlandoDia1) April 15, 2026

La falta de "exits" en América Latina pone a prueba el optimismo emprendedor

Exit

Negocios

La falta de "exits" en América Latina pone a prueba el optimismo emprendedor

Laura Mafud

El capital volvió a fluir en la región, las rondas se cierran y la confianza de los inversores se mantiene firme. Sin embargo, detrás del optimismo que destila el Latin America Venture Capital Report 2026, emerge una paradoja inquietante: mientras la inversión creció un 13,8% el año pasado y se lanzaron 15 nuevos fondos, el 73,8% de los gestores identifica la falta de exits (ventas exitosas de las compañías) como su mayor pesadilla para el futuro cercano. Los dos lados de la mesa comparten el mismo síntoma, ya que el 49% de los fundadores también teme que, aunque logren levantar capital, no encuentren una vía de liquidez final para sus empresas.

La anatomía del problema es contundente debido a que en 2025 —por segundo año consecutivo— no hubo ninguna oferta pública inicial (IPO) de una startup latinoamericana. Esta sequía en los mercados públicos forzó al ecosistema a depender de un menú limitado: el 67% de las ventas ocurrió vía fusiones y adquisiciones (M&A) y un 27% a través de transacciones secundarias, donde los inversores se venden participaciones entre sí para mover el dinero. La única excepción bursátil fue el SPAC de Securitize por US$ 1.250 millones. En este escenario, la "puerta grande" de la bolsa sigue cerrada, dejando a las empresas ante una travesía mucho más larga de lo previsto.

Una odisea de décadas y el mercado invisible

El informe de Cuantico VP es directo al señalar que la falta de liquidez no es un fallo del sistema, sino una característica propia de la región. La realidad es que los ciclos de maduración en América Latina desafían los horizontes estándar de cualquier fondo de inversión. El caso de Despegar es el ejemplo máximo; tardó 26 años en concretar su venta a Prosus N.V. por US$ 1.700 millones

“Esta adquisición es una muestra clara de nuestra estrategia de generar valor mediante la creación de un ecosistema de negocios complementario, de alta calidad. Despegar es una empresa altamente rentable, con una posición atractiva en el mercado y un equipo de liderazgo que cuenta con mucha experiencia, que se acoplará naturalmente a nuestra operación en América Latina. Vamos a acelerar el crecimiento de Despegar, apalancando los múltiples puntos de contacto que existen con nuestro portfolio, sumado a nuestra experiencia operativa y grandes capabilities en IA”, había expresado Fabricio Bloisi, CEO del Grupo Prosus, oportunamente.

Otros gigantes como ClearSale y Conta Azul requirieron 24 y 13 años respectivamente para generar retornos. Con promedios que superan ampliamente la década, el Venture Capital latinoamericano se convirtió en un ejercicio de paciencia extrema donde el éxito no se mide en meses, sino en generaciones tecnológicas.

Venture capital
Fuente: Latin America Venture Capital Report 2026.

Esta lentitud se combina con una notable opacidad, dado que menos del 20% de las operaciones de venta (M&A) revela su valor real. En Argentina, por ejemplo, se registraron 10 exits en 2025 —incluyendo nombres como Buenbit, Lara AI y Klimber—, pero todos bajo montos confidenciales, detalla el informe de Cuantico. 

Esta falta de datos sugiere que el mercado real podría ser hasta cuatro veces más grande de lo que se reporta, aunque también dificulta que los nuevos compradores tengan precios de referencia para calibrar sus ofertas. Ante este panorama, el mercado de secundarios ha surgido como la gran válvula de escape: firmas como Vercel o la fintech Plata movieron millones de dólares para dar liquidez parcial a sus inversores originales sin esperar a una venta total.

El comprador estratégico como único norte

Sin un mercado de capitales local dinámico, la liquidez en la región depende casi exclusivamente de los compradores estratégicos internacionales. En 2025, 9 de cada 10 transacciones con valor divulgado involucraron a empresas operativas que buscan tecnología o mercado, no a financieros puros. Nombres extranjeros como Visma y Warburg Pincus lideran el apetito por el talento regional, mientras que la participación de compradores locales sigue siendo marginal, con excepciones brasileñas como Totvs o Wellhub.

Venture capital
Fuente: Latin America Venture Capital Report 2026.

Más allá de la falta de liquidez, el horizonte para este año está marcado por una serie de riesgos estructurales que los actores del ecosistema monitorean con lupa. La inestabilidad política y el retiro de los inversores institucionales extranjeros (LPs) se posicionan como las mayores amenazas, con un 57,1% y un 44,4% de menciones respectivamente entre los fondos consultados. Esta cautela se traduce en una mayor selectividad: mientras que el capital para etapas avanzadas ha mostrado señales de resiliencia, el financiamiento para etapas iniciales (Pre-seed) sufrió un desplome del 40% en el último año. 

Esta contracción en la base de la pirámide no solo pone a prueba el optimismo de los emprendedores novatos, sino que amenaza con secar el flujo de acuerdos futuros, obligando a los fundadores a demostrar una eficiencia operativa impecable desde el primer día para sobrevivir a un mercado que ya no perdona el crecimiento a cualquier costo.

Para que este círculo vicioso se rompa y la liquidez fluya con más naturalidad, la previsibilidad macroeconómica es el factor determinante. Los compradores internacionales necesitan certezas para comprometer capital a largo plazo. Como bien concluye el informe, el apetito por la tecnología latinoamericana es estructural y los compradores están ahí, pero en un ecosistema donde los retornos más grandes tardaron hasta un cuarto de siglo en llegar, la paciencia no es solo una virtud: es la condición necesaria para sobrevivir en el laberinto de la liquidez regional.

https://www.forbesargentina.com/negocios/la-falta-exits-america-latina-pone-prueba-optimismo-emprendedor-n89220

En economía y finanzas, exit (salida) es el proceso mediante el cual inversores o fundadores venden su participación en una empresa, generalmente una startup, para capitalizar beneficios

Editorial

La paradoja del capital sin salida: República Dominicana ante el desafío de convertir crecimiento en liquidez

América Latina vuelve a atraer capital, pero sigue sin ofrecer salidas claras. Esa es la paradoja que hoy tensiona al ecosistema emprendedor regional y que el Latin America Venture Capital Report 2026 retrata con nitidez: la inversión repuntó y se lanzaron nuevos vehículos, pero la liquidez final —los exits— continúa siendo el eslabón roto de la cadena. En economía y finanzas, exit (salida) es el proceso mediante el cual inversores o fundadores venden su participación en una empresa, generalmente una startup, para capitalizar beneficios. Sin salidas, no hay reinversión; sin reinversión, el crecimiento se vuelve frágil. 

Este debate no es ajeno a la República Dominicana. Por el contrario, llega en un momento en que la economía local exhibe señales claras de tracción real, incluso en medio de un entorno internacional convulso, marcado por tensiones geopolíticas, presiones energéticas y condiciones financieras más exigentes. La pregunta estratégica no es si el país crece, sino si ese crecimiento puede traducirse en credibilidad, previsibilidad y rutas de salida para el capital productivo—condiciones sin las cuales el capital entra, pero no necesariamente se queda, ni retorna. 
Las cifras recientes del Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) aportan un punto de partida sólido. En febrero de 2026, la economía dominicana registró un crecimiento interanual de 3.9 %, el ritmo más alto de los últimos once meses, acumulando un promedio de 3.7 % en enero–febrero. No se trata de un rebote aislado, sino de una expansión sostenida por sectores reales: minería (9.4 %), construcción (5.8 %) y el conjunto de los servicios (3.5 %).
Este desempeño gana relieve cuando se lo coloca en perspectiva regional. El FMI proyecta para América Latina y el Caribe un crecimiento de 2.3 % en 2026 (y 2.7 % en 2027), en un contexto de elevada incertidumbre global. Que República Dominicana muestre un pulso superior al promedio regional, con un patrón de expansión más diversificado, no es un detalle: en un mundo donde los inversionistas priorizan estabilidad y visibilidad de largo plazo, ese diferencial puede convertirse en ventaja competitiva. 
El sector servicios, en particular, revela una estructura económica cada vez más compleja. El crecimiento del conjunto de servicios (3.5 %) incluye desempeños destacados en enseñanza (7.0 %), salud (6.0 %), hoteles, bares y restaurantes (5.3 %), intermediación financiera y seguros (5.2 %), servicios profesionales (4.1 %) y otras actividades (3.8 %). Esta composición importa para el debate de los exits: donde hay servicios sofisticados, hay mayor probabilidad de construir empresas escalables, con flujos predecibles y, crucialmente, con atractivo para compradores estratégicos.
El turismo sigue siendo un ancla, pero con un matiz relevante para la conversación sobre liquidez. Entre enero y febrero de 2026, el país recibió 1,649,926 pasajeros no residentes por vía aérea, un aumento de 10.0 % respecto al mismo período de 2025, y eso se reflejó en el crecimiento de hoteles, bares y restaurantes (5.3 %). Este flujo no solo sostiene divisas y empleo: también crea mercado para soluciones digitales en hospitalidad, pagos, movilidad, logística y experiencias, es decir, espacios donde la innovación puede convertirse en activos adquiribles. 
A ello se suma un dato crítico para la arquitectura de liquidez: el sistema financiero. La actividad de intermediación financiera, seguros y conexas creció 5.2 %, apoyada en gran medida por la expansión de 8.1 % del crédito al sector privado, equivalente a RD$188 mil millones adicionales frente a febrero de 2025. Esto sugiere una base para pensar no solo en venture capital (capital de riesgo), sino en instrumentos complementarios —financiamiento no dilutivo, esquemas de liquidez parcial, mercados secundarios— que en la región aún operan con escala limitada, pero que se vuelven indispensables cuando el IPO, oferta pública inicial, no es una puerta abierta. 
El sector externo también habla. La manufactura local creció 2.4 % y la manufactura de zonas francas 1.2 %, desempeño que el Banco Central vincula a exportaciones de zonas francas por US$1,241.4 millones en enero–febrero de 2026. Aunque el crecimiento industrial no sea el más alto del cuadro, el dato de exportaciones es estratégico: confirma que el país posee plataforma productiva y capacidad de cumplimiento en cadenas globales, dos atributos que aumentan la probabilidad de adquisiciones estratégicas y, por tanto, de exits reales. 
Sin embargo, el crecimiento por sí solo no garantiza salidas. El diagnóstico regional es contundente: en 2025 —por segundo año consecutivo— no hubo IPO de una startup latinoamericana, por lo que la región dependió de un menú estrecho donde 67 % de las salidas ocurrió vía M&A y 27 % vía transacciones secundarias. En la práctica, esto significa que el destino del retorno sigue dependiendo, en gran medida, de compradores estratégicos y ventanas financieras externas. Para un país como República Dominicana, la lección es clara: no basta con atraer emprendimiento; hay que construir rutas de salida
Aquí es donde la estabilidad macroeconómica se convierte en activo de primer orden. El propio Banco Central reconoce el entorno “complejo, convulso y cargado de incertidumbre” y señala que monitorea los choques de oferta asociados al aumento del precio del petróleo y sus derivados, con el objetivo de tomar medidas oportunas para contribuir al cumplimiento de la meta de inflación. Para el capital que invierte con horizonte largo, esa señal institucional —previsibilidad, capacidad de respuesta, estabilidad— suele pesar tanto como el crecimiento mismo.
La crisis de exits en América Latina no es solo un problema del venture capital; es una señal de mercados incompletos. República Dominicana, con su expansión reciente, su diversificación y su resiliencia en servicios, turismo, crédito y exportaciones, tiene una ventana para transformarse en un territorio más “invertible” también en la fase final del ciclo: la salida. Pero para lograrlo debe pasar del discurso del “ecosistema emprendedor” a una estrategia nacional de liquidez: fomentar compradores locales y regionales, profesionalizar la agenda de M&A tecnológico, habilitar mecanismos de liquidez parcial y preparar empresas para estándares de transparencia y gobierno corporativo que faciliten adquisiciones y valorizaciones comparables. 
En un mundo donde el capital regresa, pero la paciencia se agota, el verdadero desafío ya no es levantar rondas: es cerrar el ciclo del valor. Y ese cierre se llama exit—la salida que convierte participación en retorno, retorno en reinversión y reinversión en desarrollo. 

Luis Orlando Díaz Vólquez
.....