lunes, 15 de octubre de 2018

Bolsonaro refuerza sus opciones de triunfo en Brasil

Bolsonaro refuerza sus opciones de triunfo en Brasil

Los sondeos otorgan al ultraderechista el 52% de intención de voto en la segunda vuelta, mientras que Haddad se queda en el 37%

Tom C. Avendaño+
Nada frena a Jair Bolsonaro. Un nuevo sondeo confirma al ultraderechista como favorito a las elecciones por la presidencia de Brasil, con el 52% de la intención de voto frente al 37% de su rival, Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT). No es solo la cifra más alta que haya logrado hasta ahora el exmilitar desde su gran victoria en la primera vuelta de hace poco más de una semana, con un 46% del voto: es también la primera vez que Haddad le supera en los índices de rechazo, donde Bolsonaro siempre estuvo a la cabeza. Ahora, según la última encuesta del instituto Ibope, un 47% del electorado repudia a Haddad por el 35% de Bolsonaro.

El ultraderechista Jair Bolsonaro durante una rueda de prensa el pasado 11 de octubre
El ultraderechista Jair Bolsonaro durante una rueda de prensa el pasado 11 de octubre AFP

Bolsonaro tiene, por ahora, votos de sobra para ganar la presidencia de Brasil. Su capacidad para generar adeptos parece no solo ser imparable, sino también más rápida que la de su rival, Haddad, y además no se ve que requiera grandes esfuerzos del candidato. En los días desde su victoria en la primera vuelta, cuando ganó por un margen mayor de lo que muchos se habían atrevido a sospechar, el ultraderechista ha reducido sus apariciones mediáticas al mínimo posible, y a entornos extremadamente controlados, siempre con el pretexto de que la puñalada que le atestó un lunático en un acto de campaña el 6 de septiembre le exige grandes ratos de reposo.
Y así, manteniendo silencio mientras otros el critican -incluyendo hasta la ultraderechista francesa Marie Le Pen, que la semana pasada tildó sus comentarios de "extremadamente desagradables"-, solo ha logrado afianzarse. El líder de la extrema derecha sigue tan a la cabeza como en aquella votación y todavía mantiene la cómoda distancia que le separa de Haddad, el cual se ha estado esmerando mucho más en apelar a los votantes y, según los sondeos, cae peor que nunca.
Esto último supone un importante cambio de dinámica. El hecho de que, hasta los días previos a la primera vuelta, el 44% del electorado dijese que nunca votaría a Bolsonaro esperanzaba a sus críticos. Él era siempre el cadidato más impopular, y ese clamor, que en un fin de semana de manifestaciones llegó a parar el país, serviría de muro de contención. Eso sería lo que impediría que un exmilitar defensor de la dictadura y la tortura entrase en la presidencia.
Pero ya aquellos días el rechazo estaba bajando tímidamente; ahora ha descendido a un 35%, lo que significa que la extrema derecha no asusta en Brasil tanto como podía parecer en un primer momento, y que la idea de tener como presidente a alguien que en su día dijo que prefería "sobrevivir en un régimen militar que morir en democracia" no lleva a la gente suficiente a los brazos de su rival.
Haddad tiene ahora un rechazo del 47%, más de lo que Bolsonaro nunca tuvo (claro que él no tiene otros 12 candidatos entre los que repartir el rechazo). En una entrevista exclusiva con EL PAÍS realizada durante el fin de semana, Haddad se mostraba sin embargo optimista. "No creo que sea imposible llegar al 50% en 15 días", aseveró. Pero la ventaja de Bolsonaro es enorme, los pocos días que quedan para las urnas van pasando y la inquina que suscita el Partido de los Trabajadores no se suaviza ni bajo la amenaza de la extrema derecha. El milagro que muchos creen necesario para que hubiese un vuelco en la segunda vuelta debe ser cada vez mayor.
La gran estrategia de Haddad era retratar a Bolsonaro como un retrógrado irredento, sin respeto por las instituciones ni los derechos civiles, pero no se puede decir que el ultraderechista esconda sus intenciones en sus escasas apariciones públicas. Esta semana -al margen de vídeos diarios en directo en su canal de Facebook, donde ya ha alcanzado ya los siete millones de seguidores-, Bolsonaro se ha prestado a aparecer solo en una rueda de prensa, en una entrevista en una radio amiga (la cual fue grabada) en la que dijo "nunca he visto a una mujer quejarse de ganar menos que un hombre" y que quería dejar Brasil "como era hace 40 o 50 años" y en una visita a un batallón militar el lunes.
https://elpais.com/internacional/2018/10/16/america/1539640828_077674.html

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domingo, 14 de octubre de 2018

Michael J. Sandel: “Los ciudadanos tenemos derecho a opinar sobre cómo se gobierna Facebook”

EN PORTADA

Michael J. Sandel: “Los ciudadanos tenemos derecho a opinar sobre cómo se gobierna Facebook”

Entrevistamos al filósofo más popular del mundo, premio Princesa de Asturias, y asistimos a una de sus multitudinarias clases en Harvard



Michael J. Sandel, en su casa de Brookline ( Massachusetts, EE UU). En vídeo, así es una clase de Sandel.
Decenas de chicas y chicos de varias nacionalidades esperan en el interior de un edificio de ladrillo rojo, obra maestra del románico richardsoniano, en la Universidad de Harvard. Leen a Jane Austen o repasan lecciones de economía desde media hora antes de que empiece la clase; las sillas son limitadas en el anfiteatro y temen quedarse fuera del seminario Dinero, mercado y moral, de Michael J. Sandel (Minneapolis, 1953). Los 200 participantes fueron elegidos por sorteo la semana anterior entre más de 700 aspirantes a un curso en el que el célebre filósofo político repasa desde la óptica de la economía y el derecho asuntos como la ética de la especulación financiera o el “capitalismo de casino”.
Sandel, con su pinta de hombre corriente, llega acompañado por cinco ayudantes que ordenan el tráfico en el auditorio y vigilan el cumplimiento de la política “cero pantallas”. Móviles, tabletas y ordenadores personales están prohibidos durante la clase. “La distracción es el gran enemigo del saber en nuestro tiempo”, opina el profesor.



Su ritual dista mucho del de aquel viejo maestro que, aburrido de sí mismo, dicta cada año el mismo monótono saber. Él prefiere preguntar. ¿Está mal que los vendedores de agua o un vecino que tenga un generador de sobra saquen partido de un desastre natural subiendo los precios? ¿Es justo que Uber cobre más cuando llueve? ¿Y la reventa de entradas para un concierto de Beyoncé? Los alumnos se pelean por participar con argumentos que casi siempre parten de la fe tan estadounidense en los mercados mientras el profesor les muestra sus contradicciones, orienta la conversación sin dar respuestas rotundas, propone nuevos dilemas y apunta en la pizarra racimos de palabras como “utilidad, libertad, virtud” o “dinero, tiempo, necesidad”. Cuando suena la campana, las preguntas quedan en el aire.
Métodos como estos han hecho de Sandel toda una celebridad socrática en Estados Unidos y más allá: venerado en Asia como una rockstar de las ideas, el día 19 de octubre recibirá en Oviedo el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales por “haber trasladado su enfoque dialógico y deliberativo a un debate de ámbito global”, según el jurado. La fama se la debe sobre todo a su curso Justicia, que dejó de impartir hace seis años, cuando ya se había convertido en una rutina inmanejable. Las clases las daba en un teatro para una media anual de más de mil alumnos. “Necesitaba una armada de ayudantes para manejar aquello”, recuerda. “Y eso no era lo peor. Me preocupaba repetirme con los ejemplos, las explicaciones y hasta los chistes”.




PENSADOR DE MASAS


En la biblioteca. Michael J. Sandel convierte sus cursos en Harvard en libros de éxito. Lo hizo con Justicia. ¿Hacemos lo que debemos? (Debate, 2011. Traducción de Juan Pedro Campos Gómez). Y lo repitió con el seminario que imparte actualmente: Lo que el dinero no puede comprar. Los límites morales del mercado (Debate, 2012. Traducción de Joaquín Chamorro Mielke). Sus investigaciones en bioética las plasmó en Contra la perfección: La ética en la era de la ingeniería genética (Marbot, 2016. Traducción de Ramon Vilà Vernis). La editorial Gedisa mantiene en catálogo, por su parte, El liberalismo y los límites de la justicia(traducido por María Luz Melón).
En el aula virtual. La televisión pública estadounidense filmó en 2009 el curso Justicia, cuyos 24 capítulos de algo menos de una hora pueden consultarse en el canal de YouTube de la universidad y en justiceharvard.org.
En la televisión. Esta semana la plataforma audiovisual online Filmin ha estrenado con subtítulos en español El gran debate, una serie de cinco capítulos en los que Sandel aborda asuntos como la inmigración, la robotización o la privacidad.

Comenzó con ese proyecto poco después de llegar en 1980 a Harvard tras graduarse en Oxford (Reino Unido). El fenómeno creció rápido y ya era uno de sus cursos más populares de la exclusiva universidad estadounidense cuando esta lo escogió en 2009 como el primero que colgarían en aquella tierra de promisión educativa llamada Internet. Más de 30 millones de personas han visto ya a Sandel en la Red y en televisión hacer digeribles para las masas conceptos como el utilitarismo de Jeremy Bentham, el imperativo categórico de Kant o la fe en la igualdad de oportunidades de John Rawls para acabar decantándose por una teoría cercana al comunitarismo. “Para llegar a una sociedad justa hemos de razonar juntos sobre el significado de la vida buena y crear una cultura pública que acoja las discrepancias que inevitablemente surgirán”, escribe al final del best seller internacional que salió de aquellas clases: Justicia. ¿Hacemos lo que debemos? (Debate, 2011).
Pese a tan plusmarquista currículo, el diploma que reposa sobre la chimenea del salón de su casa estilo Nueva Inglaterra en el acomodado barrio judío de Brookline (Massachusetts) no certifica que una vez impartió una clase para 14.000 alumnos en un estadio de Corea del Sur, sino el récord Guinness de flexiones por minuto (52) obtenido por el mayor de sus dos hijos, Adam, un mocetón interesado en el cruce entre fitness y filosofía (el otro, Aaron, es primatólogo).
Sandel recibió a Babelia una silenciosa tarde de mediados de septiembre, tres días antes de que el mundo conmemorase la primera década desde la caída de Lehman Brothers y la profunda crisis económica que siguió a esta. “Este aniversario ha servido para certificar una oportunidad perdida”, se lamentó el profesor. “Cuando aquello pasó, muchos pensamos que había llegado el momento de repensar el papel de los mercados. Nos prometieron reinventar el capitalismo, pero no lo hicieron”. ¿Es posible humanizarlo al menos? “Creo que deberíamos debatir cómo reconciliar el sistema con los valores cívicos de una sociedad justa, partiendo de la certeza de que el neoliberalismo de las últimas tres o cuatro décadas fue el causante de aquel desastre. Un capitalismo sin regular genera desigualdad, destruye las comunidades y despoja de su poder a los ciudadanos. Fomenta una ira de la que acaba siendo víctima la democracia, como hemos visto con la elección de [Donald] Trump, con el Brexit o con el auge de los nacionalismos xenófobos en Europa”.


“La distracción es el gran enemigo del saber”, dice para explicar que prohíba los ordenadores en clase

Pese a que su formación es sobre todo en filosofía política, Sandel se ha metido de lleno en la economía en los últimos años, mal que le pese a la vieja guardia de la disciplina, algunos de cuyos más conspicuos miembros comparten claustro en Harvard. “No estoy en contra del mercado, sino de sus excesos. Me molesta cuando estos invaden áreas propias de la vida en sociedad: la familia, la educación, los medios, la salud o el civismo. Del mismo modo en que se enseña economía en los colegios, se debería impartir ética en las escuelas de negocios. Si pones la disciplina en su perspectiva histórica te das cuenta de que sus pensadores clásicos, de Adam Smith a John Stuart Mill o Karl Marx, incluso en sus profundos desacuerdos, convenían en considerarla una rama de la filosofía política y moral. Todo eso lo perdimos en el siglo XX, cuando se convirtió en una valiosa ciencia sobre el comportamiento humano y social”. Esas inquietudes dieron origen al libro Lo que el dinero no puede comprar. Los límites morales del mercado (Debate, 2013), que comienza con una certeza que suena a derrota (“Hay algunas cosas que el dinero no puede comprar, pero en nuestros tiempos no son muchas”) y conduce al lector con estilo claro y a través de ejemplos prácticos para preguntarse al final: “¿Queremos una sociedad en la que todo esté en venta?”.
El último intento de Sandel de sacar el pensamiento de las aulas toma la forma de una serie de cinco capítulos de producción holandesa titulada El gran debate,que acaba de estrenar en español la plataforma audiovisual online Filmin. En ella, el profesor toca cinco temas de nuestro tiempo —inmigración, robotización, discriminación, desigualdad y privacidad— junto a un grupo de 20 jóvenes de la más diversa procedencia: entre otros, hay artistas de cabaré, raperos, exfutbolistas e ingenieras en robótica. La mecánica se parece bastante a una de sus clases. Él lanza preguntas sobre la desigualdad, la crisis migratoria, el sueldo de Cristiano Ronaldo o esos coches que se conducen solos, y los demás confrontan ideas. El escenario es el santuario de Anthiarus, a una hora y media de Atenas, “no muy lejos de donde nació la democracia y la filosofía occidental”, explica Sandel al principio de cada capítulo. “Son tiempos difíciles. Tenemos que encontrar la manera de razonar juntos sobre cuestiones morales difíciles”, añade a continuación.




Michael J. Sandel, durante una de sus clases en Harvard.
Michael J. Sandel, durante una de sus clases en Harvard.


A la pregunta de si hemos perdido esa capacidad de escuchar al contrario en un mundo en el que los debates parecen más enconados que nunca, el filósofo lamenta que en espacios como la universidad y los medios de comunicación no se fomente, “en muchos casos en nombre de la corrección política”, la confrontación de opiniones diversas. Y pone dos ejemplos basados en su experiencia. El primero se remonta a 1971, cuando siendo estudiante en un instituto público liberal de Los Ángeles invitó a un debate a Ronald Reagan, entonces gobernador de California. “Hubo desacuerdo en casi todo, y no diría que nos convenció de sus argumentos, pero en cierto modo nos sedujo. Diez años después sería presidente”. El otro ejemplo remite a cuando aceptó participar en un comité de bioética de la Administración Bush. “Me invitaron pese a que sabían que no era ni mucho menos simpatizante, y resultó muy nutritivo”. Caso distinto es el de Trump; con su proyecto no colaboraría. “Cada día conocemos un nuevo escándalo, otro tuit inadmisible. Es un maestro en crear una tormenta de caos y controversia que deja a sus críticos en un océano de distracciones. Ha logrado hacer rehén de sus locuras al Partido Demócrata, que, como un boxeador noqueado, parece incapaz de ofrecer una alternativa”.
Sandel ya ha grabado una segunda temporada de la serie holandesa en la estación de trenes de Haarlem. “De fondo, se ve a la gente ir y venir absorta en sus asuntos cotidianos. Es nuestra manera simbólica de decir que la filosofía guarda una fuerte relación con la vida actual, que no es un asunto abstracto o académico”. ¿No teme con esas puestas en escena ser criticado por banalizar el pensamiento? “No, si en ese trayecto no se sobresimplifican o se distorsionan los mensajes… En el fondo, se trata de un método de larga tradición. Sócrates no daba sus conferencias desde un púlpito, ni siquiera escribió libros o artículos. Y sin embargo, conseguía interesar a los atenienses en los debates de ideas”.
Su éxito podría encuadrarse en cierta corriente actual de pensadores virales de distinto signo y parecido verbo directo que acumulan clics cuando los medios de comunicación les dan voz y son reclamados lo mismo por las élites del Foro Económico de Davos que por un pequeño festival de las ideas. Se diría que el público acude a ellos en busca de herramientas prácticas con las que manejarse en un mundo en permanente cambio. “Es importante, con todo”, aclara Sandel, “que no se tome la filosofía como quien compra un libro de autoayuda. Eso sí sería banal. Significaría asumir que el único asunto del que se ocupa la filosofía es el yo, cuando es obvio que va mucho más allá. Veo que hay un tremendo interés por entender, que no para de crecer entre la gente corriente y también y sobre todo entre los jóvenes. Yo lo achaco a que el discurso público está totalmente desprovisto de ideas y a que el sistema educativo tampoco fomenta los debates”.
Ese interés justificaría su enorme seguimiento en Internet, que puede contemplarse también como una historia de éxito de la educación en línea, de la que es pionero. “Aunque nada iguala”, advierte, “el aprendizaje cara a cara. Cada nueva tecnología promete aumentar el diálogo y el entendimiento. Fue así con la televisión, la radio o el telégrafo. Y a la euforia siempre sucedió el mismo sentimiento de decepción al comprobar que las tecnologías acaban sometidas a la lógica de la compraventa y la publicidad”.


En su curso sobre mercado y moral pregunta si es justa la reventa de entradas para un concierto de Beyoncé

Siguiendo ese razonamiento, la casta de Silicon Valley representa el reverso tenebroso de su confianza en la comunidad y en los valores cívicos. Los propietarios de las cinco grandes compañías tecnológicas sostienen ideas cercanas al libertarismo que preocupan a Sandel, una forma de ver el mundo en la que no tienen cabida el control estatal o la intervención para evitar los desajustes del sistema. “Tienen una responsabilidad moral con la sociedad, aunque no quieran admitirla. Piensan que basta con hacer un poco de caridad, pero no es suficiente. Cada vez ocupan un lugar más importante en nuestras vidas y en nuestras sociedades. Como son parcelas que nos incumben a todos, los ciudadanos tenemos derecho a opinar sobre cómo se gobierna una compañía como Facebook”.
Y eso afecta también a nuestra privacidad, asunto al que Sandel, que no tiene Twitter ni Facebook, dedica uno de los capítulos de El gran debate. “Ha habido mucha discusión sobre el tema”, explicó en la entrevista, celebrada en una semana en la que la amenaza que para la democracia representa Facebook copaba las portadas de las revistas políticas. “Aunque no hemos reconocido la extensión real del problema. Lo que más me intriga es que a la gente no parezca importarle. Yo encuentro tres explicaciones: o bien no se dan cuenta de la mucha información que comparten al firmar sin leer esos contratos de uso de las redes sociales, cuya letra pequeña es demasiada letra y demasiado pequeña; o tal vez no saben lo que realmente hacen las compañías con esa información; o quizá lo saben pero no les importa. En cualquiera de los tres casos es un asunto de suma gravedad”.
Este y otros temas saldrán seguramente a relucir el próximo sábado en un encuentro con estudiantes en la Universidad de Oviedo. Será al día siguiente de recibir el Princesa de Asturias, en cuya nómina de galardonados figuran intelectuales como Mary Beard, Martha C. Nussbaum o Tzvetan Todorov. Cuando supo de la concesión del premio, el profesor se congratuló por que la distinción llegara precisamente de España. Su esposa, la también profesora de Harvard Kiku Adatto, es de origen sefardí (de ahí el apellido, el nombre se lo pusieron por haber nacido en la ciudad japonesa de Yokohama) y se prepara para acogerse a la ley de 2015 que permite acceder a la nacionalidad española a los descendientes de judíos expulsados. “Su familia tiene raíces en Sevilla”, aclara el filósofo, “de allí salieron en 1492. Se instalaron en Estambul. Luego dieron el salto a EE UU. Han preservado las tradiciones, también el ladino”. Vistos los antecedentes, Sandel no descarta mudarse a vivir a España cuando se retire. https://elpais.com/cultura/2018/10/12/babelia/1539361140_534421.html?id_externo_rsoc=TW_CC

AMLO y Bolso explican el mundo | pr MOISÉS NAÍM

El candidato a la presidencia de Brasil Jair Bolsonaro,
El candidato a la presidencia de Brasil Jair Bolsonaro,  AFP
COLUMNA
AMLO y Bolso explican el mundo
Ambos políticos han entendido bien que ofrecerse como el mesías salvador del país gana más votos que hablar de instituciones que limitan el poder presidencial
Uno ya llegó al poder y el otro parece que está por llegar. Andrés Manuel López Obrador (AMLO) será el próximo presidente de México y Jair Bolsonaro (Bolso) lo puede ser de Brasil. El éxito político de estos dos líderes nos dice mucho del mundo de hoy.
Las diferencias entre el mexicano y el brasileño son profundas y sus parecidos reveladores. Sus orígenes, carreras políticas, ideologías, estilos y propuestas son radicalmente opuestas. López Obrador es de izquierda y Bolsonaro de derecha. AMLO ha antagonizado a los empresarios, mientras que Bolso promete una política económica liberal. También ha declarado una feroz guerra sin cuartel contra los criminales, mientras que López Obrador habla de una amnistía. A Bolsonaro le gustan los militares y a López Obrador los sindicalistas. Los medios de comunicación suelen caracterizar a Bolsonaro como homofóbico, misógino, sexista y racista. Naturalmente, está en contra del aborto, y del matrimonio entre personas del mismo sexo. AMLO, en cambio, elude fijar posición sobre estos temas y dice que “consultará al pueblo”. Jair Bolsonaro admira a Donald Trump y detesta a Hugo Chávez, mientras que Andrés Manuel López Obrador es cauteloso en su relación con Trump, quien habitualmente ofende a los mexicanos.
Sobre Venezuela, el presidente electo de México se ha cuidado mucho de expresar simpatías hacia Hugo Chávez o su revolución bolivariana, cosa que no han hecho algunos de sus colaboradores, conocidos por su solidaridad con el régimen venezolano. En una de sus primeras declaraciones, Marcelo Ebrard, el secretario de relaciones exteriores de López Obrador, anunció que su Gobierno tratará la crisis venezolana como un asunto interno de ese país y no intervendrá en su política doméstica. En cambio, el general Hamilton Mourão, quien será el vicepresidente de Brasil si gana Bolsonaro, ha dicho que ellos no reconocerán al Gobierno de Nicolás Maduro y que apoyan un cambio de régimen en Venezuela.
Las semejanzas de AMLO y Bolso son tan interesantes como sus diferencias. Ambos llegan al poder gracias a tendencias globales que están rompiendo con la política y los políticos tradicionales en todas partes. Los dos se presentan ante los votantes como outsiders, como políticos excluidos y hasta ahora victimizados por quienes AMLO llama “las mafias del poder”. Sus campañas se basan en el despiadado ataque a un sistema con el cual, según ellos, nada han tenido que ver. Esto último, por supuesto, no es cierto. Ambos son políticos profesionales de larga trayectoria. AMLO militó desde joven en el hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI), donde ocupó importantes cargos. Durante cinco años gobernó la populosa capital de México y fue candidato presidencial en las últimas tres elecciones. Bolsonaro, por su parte, ha sido diputado por casi tres décadas y tres de sus hijos ya son políticos exitosos.
Pero que ambos se presenten como candidatos “antisistema” no tiene nada de particular. Es lo que hay que hacer para ganar elecciones en estos tiempos. Es una tendencia mundial. Reina la antipolítica, el rechazo popular hacia todos los líderes y partidos que hayan estado cerca del poder. No es de sorprender, por lo tanto, que los políticos se estén disfrazando de nuevos y de personas sin culpa alguna de los males que tienen hartos a votantes cuyo mantra, ya universal, es: “Que se vayan todos”.
Desde esta perspectiva, AMLO y Bolso son candidatos normales.
Lamentablemente, en estos tiempos también se ha hecho normal que ganen elecciones candidatos que muestran una profunda antipatía por las normas e instituciones que limitan el poder del presidente. Socavar la independencia del congreso, sembrar el poder judicial con jueces amigos, atacar a medios de comunicación críticos con el Gobierno, crear canales alternativos de comunicación que son afines al presidente, así como el abundante y frecuente uso de mentiras que enardecen y fomentan la polarización son, tristemente, parte del menú político que vemos de Hungría a Tailandia y de Estados Unidos a Turquía.
Tanto Bolso como AMLO han tenido actuaciones y han dicho cosas que revelan que, en esto también, son políticos normales de estos tiempos.
Esta guerra mundial que busca debilitar los pesos y contrapesos que limitan el poder presidencial se beneficia mucho de la profunda desilusión que muestran los votantes por la democracia. Más de la mitad de los brasileños afirma que aceptaría un Gobierno no democrático si “soluciona los problemas”. Las mismas actitudes se encuentran en México.
La búsqueda del proverbial hombre fuerte que sea nuevo y luche contra la corrupción, los criminales y que le dé esperanza a sociedades traumatizadas por terribles niveles de violencia, domina las preferencias de los votantes en Brasil y México. Ofrecerse como el mesías salvador del país gana más votos que hablar de instituciones que limitan el poder presidencial y protegen al ciudadano, independientemente de quien sea el presidente. Esto lo han entendido bien Bolso y AMLO. 
https://elpais.com/elpais/2018/10/13/opinion/1539452431_856891.html Twitter @moisesnaim

Marcha Verde llama a ciudadanos a firmar Compromiso por el Fin de la Impunidad | #MarchaVerde #findelaimpunidad

Marcha Verde llama a ciudadanos a firmar Compromiso por el Fin de la Impunidad 


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Firma del Compromiso por el Fin de la Impunidad convocado por Marcha Verde.
Firma del Compromiso por el Fin de la Impunidad convocado por Marcha Verde.
Santo Domingo.- Marcha Verde convocó a todos los ciudadanos, ciudadanas y sectores organizados del país a suscribir a partir de hoy su propuesta de Compromiso por el Fin de la Impunidad.
El Compromiso consiste en una serie de transformaciones institucionales, y medidas penales inmediatas orientadas a terminar con el régimen de corrupción encabezado por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
El proyecto es un documento de 7 puntos en el que la persona u organización firmante renuncia y denuncia toda práctica de corrupción, promueve y ejerce el voto consciente y se compromete a participar de las acciones y luchas que tengan el objetivo de: imponer cárcel a los corruptos y recuperar el dinero robado a la población; cancelar los contratos del Estado dominicano con Odebrecht y cualquier otra empresa mafiosa; investigar penalmente la relación contractual entre el presidente Danilo Medina y el “delincuente internacional” Joao Santana.
Además conformar un sistema de Justicia independiente de los demás poderes del Estado, sacando al procurador general de la República y a los jueces que no sean de carrera del Consejo Nacional de la Magistratura y nombrando un Fiscal Anticorrupción desde el mismo CNM, por un período fijo de 6 años.
La firma del Compromiso Ciudadano por el Fin de la Impunidad Marcha Verde también implica apoyo a la sustitución de los actuales integrantes de la Cámara de Cuentas por profesionales honestos e independientes, sin vínculos orgánicos con los partidos políticos, así como adoptar e implementar en los próximos procesos electorales un nuevo marco normativo electoral, de partidos y agrupaciones políticas, garantizando la participación democrática de la ciudadanía, arbitraje imparcial, la competencia electoral equitativa y el financiamiento transparente de las campañas electorales.


Jonathan Liriano, dirigente de Marcha Verde
Jonathan Liriano, dirigente de Marcha Verde

Este marco, según se plantea, debería incluir un estricto régimen de consecuencias penales y sanciones ante violaciones de las normas.
Finalmente, el compromiso promovido por Marcha Verde propone que los cambios constitucionales que implican la propuesta deben conseguir mediante un proceso de asamblea constituyente.
“El cambio comienza en cada uno de nosotros y nosotras. Con firma avanzamos hacia la más amplia y exitosa articulación de voluntades alrededor de la causa que une hoy a todo el pueblo dominicano: el fin de la Impunidad”, concluye el documento presentado por Marcha Verde este domingo.
https://www.elcaribe.com.do/2018/10/14/panorama/pais/marcha-verde-llama-ciudadanos-firmar-compromiso-por-el-fin-de-la-impunidad/ 
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