Aduanas enfrenta el comercio ilegal y la evasión: incauta cientos de miles de mercancías en lo que va de año
La DGA ha retenido cientos de televisores y aires acondicionados, además de cientos de miles de bebidas, medicamentos, municiones, pertrechos militares y divisas, detectados en puertos y aeropuertos del país.
24 de febrero de 2026 | GE
Santo Domingo, R.D.– La Dirección General de Aduanas (DGA), a través de su Gerencia de Inteligencia, mantiene operativos permanentes para detectar y neutralizar la importación ilegal de mercancías con fines comerciales, así como el ingreso irregular de suplementos nutritivos, municiones, pertrechos militares y armas, entre otros artículos.
Entre las retenciones más relevantes registradas
en lo que va de año, se destacan
236 aires acondicionados y
306 televisores. En estos casos, se intentó evadir el pago de
RD$3,499,367.00 en impuestos.
Asimismo, la DGA retuvo más de 9,000 productos para el cuidado personal, principalmente cremas y perfumes; 2,297 suplementos nutritivos; más de 60,000 kilogramos de ropa usada y 462 pares de tenis, entre otras mercancías.
En otro operativo, las autoridades aduaneras ocuparon US$196,000, que pretendían ser ingresados al país de manera irregular.
Además, se retuvieron 15,798 cigarrillos, siete armas de fuego, 40,880 municiones, 75 bebidas alcohólicas, 50 pertrechos militares, 27 partes de vehículos y nueve vehículos, entre otros artículos.
Como resultado de estos hallazgos, la Gerencia de Inteligencia ejecutó tres allanamientos, realizó cuatro entregas controladas y arrestó a una persona, mientras las investigaciones continúan en curso.
Dentro de las municiones ocupadas figuran pólvora para cartuchos, perdigones de distintos calibres y partes de armas. En cuanto a los pertrechos militares, se incluyen chalecos antibalas, binoculares, gorras e insignias tipo militar, además de catanas, ballestas y pistolas de hidrogel.
Estas mercancías fueron retenidas por haber sido importadas mediante declaraciones falsas o por carecer de los permisos requeridos, especialmente en el caso de productos de consumo regulado y artículos de naturaleza farmacéutica.
Las detecciones se realizaron en la Administración de Haina, Puerto Plata y el área de carga del Aeropuerto Internacional de Las Américas.
Con estas acciones, la DGA evita que artículos introducidos irregularmente lleguen al mercado local, reafirmando su rol de protección a la sociedad y de fortalecimiento del comercio lícito.
La institución informó, además, que continuará intensificando las labores de inteligencia y adoptando medidas adicionales para impedir la importación irregular de mercancías que puedan afectar la seguridad y la tranquilidad ciudadana, ya sea mediante falsas declaraciones o por ocultamiento en cargas consolidadas.
Aduanas frente al contrabando: inteligencia que protege el comercio y la seguridad
Por Luis Orlando Díaz Vólquez
En un país abierto al intercambio, con puertos y aeropuertos que conectan a la República Dominicana con las cadenas globales de valor, la línea que separa el comercio lícito del negocio clandestino puede ser más delgada de lo que muchos imaginan. Por eso, cuando la Dirección General de Aduanas (DGA) presenta resultados como los reportados en lo que va de año —retenciones de electrodomésticos, suplementos, divisas, cigarrillos, municiones, armas y pertrechos militares— no estamos ante un simple parte informativo: estamos frente a una señal de autoridad del Estado, de defensa del mercado formal y, en los casos más sensibles, de protección directa a la seguridad ciudadana.
Las cifras son elocuentes y ayudan a dimensionar el impacto real de la evasión. La retención de 236 aires acondicionados y 306 televisores, con una evasión estimada de RD$3,499,367.00 en impuestos, pone en evidencia una práctica recurrente: importar mercancías de alta demanda mediante subvaluación o declaraciones falsas para reducir el pago tributario y obtener ventajas indebidas. Ese “ahorro” ilegal produce un daño doble: debilita las finanzas públicas —que sostienen servicios esenciales— y castiga al comercio formal que cumple con sus obligaciones fiscales, regulatorias y logísticas. En otras palabras, el contrabando no “abarata” el mercado; lo distorsiona, desplaza al que hace las cosas bien y premia al que viola las reglas.
Sin embargo, el fenómeno va más allá de lo fiscal. La ocupación de US$196,000 que pretendían ser ingresados al país de manera irregular, junto con 15,798 cigarrillos, siete armas de fuego, 40,880 municiones y 50 pertrechos militares, sitúa el tema en un plano que no admite ambigüedades: el de la seguridad y el orden público. Cuando el control aduanero intercepta municiones, pólvora para cartuchos, perdigones de distintos calibres y partes de armas, no se trata de mercancía “atípica”, sino de insumos que pueden alimentar circuitos de violencia y criminalidad. Y cuando, además, aparecen pertrechos militares —chalecos antibalas, binoculares, gorras e insignias tipo militar— junto con objetos potencialmente peligrosos como catanas y ballestas, el mensaje es inequívoco: la frontera comercial también es una frontera de prevención y disuasión.
Hay un punto adicional que merece resaltarse: el rol de la inteligencia. Estos resultados no lucen como hallazgos aislados, sino como el producto de una estrategia de monitoreo, análisis de riesgo y operaciones coordinadas. Prueba de ello es que los decomisos no se quedaron en la estadística, sino que derivaron en tres allanamientos, cuatro entregas controladas y el arresto de una persona, con investigaciones en curso. Ese giro —del decomiso a la identificación de redes— es esencial. El contrabando moderno opera como una industria: financia su logística, utiliza documentación falseada, aprovecha rutas, intermediarios y métodos de ocultamiento, y suele apoyarse en cargas consolidadas para disimular el ilícito. Si la respuesta institucional se limitara a retener mercancías, el infractor asumiría la pérdida como un “costo operativo”. Cuando se investiga, se judicializa y se sigue la trazabilidad, el cálculo cambia: el riesgo se multiplica y el negocio se vuelve menos rentable.
También conviene mirar con atención el componente de salud y consumo. La retención de más de 9,000 productos de cuidado personal —cremas y perfumes— y 2,297 suplementos nutritivos, así como más de 60,000 kilogramos de ropa usada y 462 pares de tenis, abre una discusión que a menudo se subestima. En estos rubros, el problema no es únicamente tributario; es regulatorio y sanitario. Cuando mercancías de consumo regulado ingresan sin permisos, fuera de control y sin trazabilidad, se amplía la posibilidad de falsificaciones, adulteraciones, vencimientos alterados o almacenamiento inadecuado. En cosméticos y perfumes, lo falsificado puede incluir sustancias irritantes o contaminantes. En suplementos, el riesgo se agrava porque se venden bajo promesas de salud sin respaldos verificables. Y en ropa usada, además del marco normativo, aparecen preocupaciones de manejo, higiene y control. El resultado final es el mismo: el consumidor queda expuesto y el comercio formal compite en desventaja frente a quien evade los costos de cumplir.
Que las detecciones se hayan producido en la Administración de Haina, Puerto Plata y el área de carga del Aeropuerto Internacional de Las Américas refuerza otra idea clave: la reputación logística de un país se construye con eficiencia, sí, pero también con control. Aspirar a ser un hub regional implica garantizar que la facilitación del comercio conviva con la integridad institucional. Un Estado que cede terreno en el control aduanero termina pagando la factura en recaudación, en seguridad, en confianza de los operadores y en prestigio internacional. En cambio, una aduana fuerte no frena el intercambio; lo ordena, lo hace más confiable y protege la competencia.
El reto, por tanto, no es solo exhibir resultados, sino sostenerlos y convertirlos en una política de continuidad. Eso implica profundizar el análisis de riesgos, reforzar la coordinación interinstitucional, perseguir la economía del ilícito donde más duele —la financiación y las redes— y garantizar que las sanciones sean efectivas para que el costo de delinquir supere cualquier potencial ganancia. Al mismo tiempo, es importante que el operador confiable encuentre en la institucionalidad una aliada: control firme para el riesgo alto, agilidad para el cumplimiento. Esa combinación es la que legitima el control y fortalece el comercio lícito.
En tiempos en que el contrabando intenta normalizarse como si fuese una “alternativa” de mercado, conviene reiterarlo con claridad: no es un truco, es una agresión al empleo formal, a la competencia justa, a la salud del consumidor y a la seguridad del país. Las retenciones de electrodomésticos por evasión muestran el rostro económico del problema; las armas, municiones y pertrechos, su cara más peligrosa; y los productos regulados, el riesgo silencioso que afecta a miles. La DGA, al sostener operativos permanentes y activar herramientas de inteligencia, reafirma una idea esencial: el comercio lícito no se defiende solo con discursos, sino con vigilancia, investigación y consecuencias. Y en ese esfuerzo, cada declaración falsa detectada y cada carga irregular retenida no es solo una victoria administrativa; es una defensa concreta de la sociedad.
Autor: Luis Orlando Díaz Vólquez
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