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miércoles, 12 de noviembre de 2025

“Blackout” en RD: ¿Qué hace falta para que no se repita un apagón nacional?

Torre eléctrica

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“Blackout” en RD: ¿Qué hace falta para que no se repita un apagón nacional?
Hay pérdidas en la distribución, circuitos con demanda creciente y redes que no siempre se refuerzan al mismo ritmo que crece el consumo
Apagones
Paul Mathiasen
Santo Domingo, RD
12/11/2025 11:42 | Actualizado a 12/11/2025 14:26
¿Por qué todavía se va la luz en República Dominicana? La pregunta volvió a la mesa después del “blackout” de este martes, que dejó sin servicio eléctrico a casi todo el país por una avería en la subestación de San Pedro de Macorís y que, al desconectarse, hizo caer en cadena otras instalaciones para proteger las plantas.

Es decir: un punto del sistema falló y el resto se apagó para no dañarse.

Ese comportamiento en cadena no es casualidad. Las autoridades explicaron que el Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI) está pensado para operar como un todo: generación, transmisión y distribución caminando al mismo ritmo, por lo que cuando ocurre en una avería en una subestación clave como la San Pedro I (100 de 138 kilovatios) la red interpreta que hay un evento grave y se “protege” sacando otras plantas.

Esa lógica evita equipos quemados, pero para el ciudadano el resultado es el mismo: un apagón, lo cual revela la primera respuesta a la pregunta inicial: la transmisión sigue siendo un punto delicado del sistema.
Ahora bien, los apagones de todos los días no siempre tienen que ver con una gran avería. Una serie de reportajes publicados recientemente por este medio muestran que el sistema arrastra fallas de planificación, retrasos en licitaciones y, sobre todo, debilidad para sancionar a quienes no cumplen con lo que se comprometieron a entregar.
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Aparte, cuando no se ejecutan las obras a tiempo o no entra la generación prevista, el sistema opera más ajustado y cualquier salida deja huecos que se sienten en la red.
A eso se suma una historia larga: en siete décadas de reformas, el país ha intentado múltiples fórmulas, pero no ha resuelto del todo los principales problemas de costo, pérdidas e inversión.
Dentro del triángulo que maneja el sector eléctrico, se siguen identificando pérdidas en la distribución, circuitos con demanda creciente y redes que no siempre se refuerzan al mismo ritmo que crece el consumo, según los resultados mostrados en las investigaciones.

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La falta de obras e inversiones es otro de los fenómenos identificados que han impedido la mejora del sistema. Expertos consultados señalaron que hay licitaciones que no salen a la velocidad requerida y que las penalidades no siempre se aplican, advirtiendo que si no se corrige eso, el sistema seguirá operando con mayores posibilidades de fallas.
¿Significa eso que no hay capacidad de generación? No necesariamente. Las autoridades insisten en que, en condiciones normales, la generación alcanza para cubrir la demanda. El problema es que “condiciones normales” casi nunca es todos los días: hay mantenimientos, hay plantas en reparación, hay líneas en servicio restringido y hay picos de consumo por calor. Cuando varios de esos factores coinciden, se siente como si “no hubiera luz”, pero en realidad es el sistema administrando una infraestructura que no siempre está completa.
El “blackout” que sufrió el país fue un evento provocado por una falla en transmisión que se expandió por protección, según las primeras declaraciones de las autoridades. Pero la persistencia de los apagones en la vida diaria responde a algo más estructural: planificación que llega tarde, obras que no salen, redes que no crecen al ritmo del consumo y distribuidoras que todavía cargan con pérdidas y circuitos débiles.
https://listindiario.com/la-republica/20251112/blackout-rd-que-falta-repita_881996.html

El sistema eléctrico dominicano: siete décadas de reformas entre luces y sombras

¿Por qué se va la luz EN RD?
El sistema eléctrico dominicano: siete décadas de reformas entre luces y sombras
Para entender toda la problemática, este medio reconstruyó la evolución técnica e institucional del sistema eléctrico dominicano
Paul Mathiasen
22/10/2025 00:00 | Actualizado a 05/11/2025 16:47
La República Dominicana arrastra décadas de desafíos en su sistema eléctrico. Desde la electrificación del país, múltiples gobiernos han pasado y ninguno ha logrado la estabilidad necesaria que permita hacer de los apagones una pesadilla superada.

“El problema siempre ha sido planificación y cumplir planes”, resume José Luis Moreno San Juan, director del Instituto de Energía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Y es que, según explicó el especialista, desde la era de la dictadura trujillista hasta la actualidad, el sector eléctrico ha pasado por reformas, fracasos de planificación y esfuerzos de modernización que explican en buena medida los apagones persistentes y los altos costos de la energía.

Para entender toda la problemática, este medio reconstruyó la evolución técnica e institucional del sistema eléctrico dominicano: sus tropiezos históricos y los retos pendientes para garantizar un servicio estable.

De Trujillo al primer plan nacional de electrificación
En la década de 1950, bajo el régimen de Rafael Leónidas Trujillo, la electricidad empezó a ser asunto de Estado. Existía entonces una empresa eléctrica privada que servía al centro urbano, pero en 1954 fue adquirida por el gobierno.

“Mediante decreto, el Presidente Trujillo creó la Corporación Dominicana de Electricidad (CDE). Esa empresa estatal se mantuvo operando el sistema eléctrico dominicano por unas cuantas décadas”, recordó Edward Veras, director ejecutivo de la Comisión Nacional de Energía (CNE).

Trujillo buscó expandir agresivamente la electrificación: en 1956 encargó a la firma estadounidense Stone & Webster un Plan de Electrificación Total, conocido como el “Plan Trujillo”, que abarcaba de 1956 a 1976. Aquel plan incluso llegó a proyectar la instalación de una planta nuclear para suplir la creciente demanda doméstica.

“Al final del periodo incluía incluso una central nuclear que llegó a estar contratada en fase inicial, y después esa central terminó instalándose en la República Checa (entonces Checoslovaquia)”, contó Moreno San Juan. Aquella planta, pensada para el país, fue construida finalmente en Europa del Este y opera allí desde entonces, y quedó como un símbolo de las aspiraciones frustradas del proyecto trujillista.

Sin embargo, durante las décadas de los 60 y 70 distintas situaciones impidieron cumplir a cabalidad el Plan Trujillo.

El país atravesó turbulencias políticas y sociales tras la dictadura, y el sector eléctrico quedó rezagado.

“La demanda creció sin haber oferta, y la oferta siempre se quedó atrás de la demanda”.
José Luis Moreno San Juan.
José Luis Moreno San Juan
Director del Instituto de Energía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD)
Moreno San Juan indicó que entre 1956 y 1992 hubo por lo menos cuatro planes formales de expansión bajo la CDE, pero ninguno se ejecutó por completo. “De esos cuatro, el que más avanzó apenas llegó a un 60% u 80%, lo cual quiere decir que siempre se quedó la oferta por debajo de la demanda, y esa fue la historia”. Para inicios de los 90, la generación era “crónicamente insuficiente” y el país sufría apagones generalizados por falta de capacidad.

Turismo y la capitalización
A finales de los 80 e inicios de los 90, la crisis eléctrica tocó fondo. El gobierno concentró sus limitados recursos en algunos proyectos hidroeléctricos (como los complejos de Jigüey y Aguacate), descuidando la instalación de nuevas plantas térmicas, según explicó Moreno San Juan.

Poco después, con el auge turístico de Puerto Plata en esa época, la presión por suplir electricidad llevó a la contratación de generadores privados de emergencia. Se firmaron contratos denominados IPP (Productores Independientes de Electricidad en español) para suplir hoteles y zonas turísticas, sin licitación y con precios muy altos.

Algunos de esos acuerdos establecían tarifas fijas en dólares por varios años, superiores al precio que la propia CDE cobraba a los consumidores finales. “Por cada kilovatio que compraba la CDE perdía un centavo de dólar”, explica Moreno, aludiendo a que la empresa estatal vendía la energía más barata de lo que le costaba comprarla. “Estas decisiones paliativas aliviaron momentáneamente la demanda turística, pero profundizaron el déficit financiero de la CDE”, enfatizó.

Consultores extranjeros sacaron ventaja

Un caso mencionado por el especialista fue el contrato “MIG-R” que presentaba estas “malas prácticas”. Este acuerdo, a una planta de 180 megavatios (MW), presentó desde el inicio cláusulas desfavorables para el país, como una fórmula de ajuste de combustible deficiente que hubo que renegociar después.

“¿Por qué no se hizo inicialmente así (bien)? Había desconocimiento en los que estuvieron trabajando en eso, y, en el desconocimiento, los que vienen de afuera se aprovechan. Entonces, te ponen unos precios imposibles”, señaló Moreno San Juan sobre cómo consultores extranjeros sacaron ventaja de la débil capacidad local en la negociación de aquellos contratos.

Al final, varios de los contratos de generación terminaron siendo PPA (Power Purchase Agreements o contratos de compra-venta de energía a largo plazo) firmados de forma directa, sin concursos competitivos: “Se hicieron otros contratos PPA sin licitación. Una mala práctica que todavía persiste”, advirtió Moreno.

La precariedad del suministro y las pérdidas de la CDE abonaron el terreno para una reforma estructural de la industria. En 1997 se promulgó la Ley 141-97 de Capitalización, que transformó radicalmente el sector. Bajo esta ley, la vieja CDE fue desmembrada en varias empresas y se introdujo capital privado en la generación y distribución.

“La ley 141-97 dividió las empresas de la CDE en varias empresas, buscó capital privado y algunas quedaron netamente estatales, como la empresa hidroeléctrica y la de transmisión. Pero se crearon dos empresas de generación, compartidas entre el sector privado y el sector público y tres empresas de distribución que en algún momento fueron capital mixto público-privado”, detalló Edward Veras.
Edward Veras, director ejecutivo de la Comisión Nacional de Energía (CNE).Fuente externa

Así nacieron compañías de generación térmica (como Ege Haina e Itabo), una empresa de transmisión (ETED) y tres distribuidoras regionales (Edenorte, Edesur y Edeeste), entidades que permanecen hasta hoy día.
Pocos años después, en 2001, la nueva Ley General de Electricidad 125-01 completó la institucionalización del sector. Dicha legislación creó los organismos rectores y reguladores vigentes hasta hoy: “Surgen tres entidades. Surge la Comisión Nacional de Energía (CNE) como órgano de política pública. Entra la Superintendencia de Electricidad, órgano regulador y también el Organismo Coordinador, que es una ONG compuesta por todos los agentes que tienen a su cargo la operación del mercado eléctrico mayorista”, explicó Veras sobre la nueva arquitectura institucional.
La CNE quedó encargada de la planificación; la Superintendencia (SIE) de la regulación y fiscalización; y el Organismo Coordinador (OC) de la gestión técnica diaria del sistema interconectado.
No obstante, la capitalización trajo sus propios problemas. Moreno San Juan, quien fue miembro del consejo de administración de la CDE en ese momento, reveló que los contratos resultantes de la privatización fueron “muy mal elaborados, muy mal estructurados”, incluyendo esquemas de indexación de costos confusos y ventajosos para los generadores, combinando inflación y variación de combustible sobre la misma base de precio.
Esto último disparó los costos para el Estado. “En el mes de mayo del 2000 se dio un subsidio mayor que lo que se había dado completo antes de la capitalización en el 98”, recordó Moreno, comparando el rescate mensual de ese año con todos los subsidios previos a la reforma. La situación llevó al gobierno a renegociar de emergencia los contratos con los nuevos dueños privados en el llamado “Acuerdo de Madrid” (2001).
Aunque en ese pacto se logró reducir parcialmente el precio de la energía contratada, no se corrigieron por completo las distorsiones. “El Acuerdo de Madrid debió resolver eso, pero solo lo hizo parcialmente, persistiendo durante toda la historia posterior unos precios de la generación muy altos con un sobrecosto estimado de 3 a 5 centavos de dólar por kilowatt por hora (kWh)”, detalló.
Dicho sobreprecio se tradujo en cientos de millones de dólares anuales de déficit. Cada centavo adicional en el costo de abastecimiento representa alrededor de 200 millones de dólares al año que debe cubrir el Estado dominicano. Reducir el costo de generación era (y sigue siendo) imperativo, pero los generadores con contratos ventajosos difícilmente ceden esas ganancias.

Esta publicación forma parte de la serie ¿Por qué se va la luz en RD?

https://listindiario.com/la-republica/20251022/sistema-electrico-dominicano-siete-decadas-reformas-luces-sombras_879142.html