Pedernales enciende la nación
La antorcha de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 no es solo un fuego ceremonial: es una invitación a la unidad, a la disciplina y a la esperanza compartida en torno al deporte como escuela de ciudadanía.
Cuando el presidente Luis Abinader recibió en el Palacio Nacional la antorcha de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, no asistimos únicamente a una escena protocolar, sino al comienzo visible de una narrativa país. En tiempos en que la conversación pública suele concentrarse en urgencias, tensiones y polarizaciones, la “Llama de los Valores” propone otro lenguaje: el de la superación, el esfuerzo colectivo y la pertenencia. Y ese giro, aunque parezca simbólico, tiene consecuencias muy concretas para la cohesión social, la formación de la juventud y la proyección internacional de la República Dominicana.
El mensaje del mandatario, al llamar a fortalecer el espíritu deportivo y subrayar su impacto en la juventud, toca un punto esencial: el deporte no es un ornamento del desarrollo, es uno de sus motores silenciosos. Lo es porque enseña reglas, refuerza hábitos, disciplina el carácter y ofrece, especialmente a las nuevas generaciones, una brújula moral y emocional para la vida en comunidad. Donde hay entrenamiento, hay método. Donde hay competencia sana, hay respeto. Donde hay equipo, hay solidaridad. Por eso, la antorcha que llega a la sede del Gobierno no se limita a anunciar fechas y sedes; anuncia, sobre todo, la posibilidad de convertir un evento regional en una experiencia nacional de valores.
La decisión de lanzar la ruta desde Pedernales, punto de partida formal este 8 de mayo, habla con fuerza sobre el país que aspiramos a ser. No es un detalle menor que el inicio se sitúe en el extremo suroeste, en una provincia que simboliza la frontera de nuestra geografía y, muchas veces, también la frontera de nuestras prioridades históricas. Pedernales como origen envía una señal de inclusión territorial, de reconocimiento a la República Dominicana completa, esa que no cabe únicamente en los mapas económicos tradicionales ni en la centralidad del Gran Santo Domingo. La llama que recorrerá las 31 provincias y el Distrito Nacional sugiere que la identidad nacional no se concentra: se distribuye, se comparte y se celebra.
Hay, además, una dimensión histórica y ética que eleva este recorrido. La ruta honra el legado de Juan Ulises “Wiche” García Saleta, figura cardinal del olimpismo y del deporte institucional dominicano. Recordarlo en esta edición es recordar que el deporte, bien entendido, es una política de Estado sostenida por visión, instituciones y cultura cívica. Wiche representa esa idea de que el país se construye también en canchas, pistas y tatamis; que la reputación nacional se forja tanto en el trabajo silencioso de la organización como en el brillo de la competencia. Nombrar la travesía como “Ruta Wiche García Saleta: la llama de los valores” coloca una vara alta: la de honrar su legado con excelencia, transparencia y eficiencia.
La ceremonia de recibimiento, marcada por el paso de la antorcha por manos de atletas y autoridades, refuerza el carácter colectivo del proyecto. Que el fuego sagrado fuese portado por Gabriel Mercedes y entregado a Bernardita García Smester, hija de Wiche, antes de continuar por la alcaldesa Carolina Mejía, el ministro Kelvin Cruz, Luisín Mejía, José Monegro, Garibaldi Bautista y finalmente la atleta Crismery Santana, convierte el trayecto en un relato humano. En esa secuencia se sintetiza una verdad: los Juegos no pertenecen a una sola institución, ni a un comité, ni a un gobierno; pertenecen a un país que se prepara para recibir a miles de visitantes y, sobre todo, para mirarse a sí mismo a través del espejo del deporte.
Las palabras de José Monegro, al afirmar que serán “los juegos más grandes de la historia” y al destacar valores como honestidad, disciplina, solidaridad y perseverancia, plantean una promesa que debe ser cuidada con rigor. La grandeza de unos juegos no se mide únicamente en el número de pruebas, sedes o delegaciones, sino en la calidad del legado: infraestructura útil después del evento, participación ciudadana real, gestión austera y transparente, y una experiencia digna para atletas y público. Si la mascota inspirada en el barrancolí busca representar identidad y espíritu nacional, el desafío es que esa identidad no sea solo estética, sino práctica: que se traduzca en organización impecable, hospitalidad memorable y orgullo sostenible.
En esa misma línea, la valoración de Luisín Mejía Oviedo sobre el involucramiento directo del presidente Abinader coloca el listón de expectativas en un punto alto. Cuando el jefe de Estado asume seguimiento constante de un evento de esta magnitud, el país gana un impulso político y administrativo relevante, pero también asume una responsabilidad mayor ante la comunidad internacional. El mundo deportivo regional mirará a Santo Domingo 2026 como vitrina de capacidad institucional. Una sede exitosa fortalece reputación; una sede improvisada la compromete. Por eso, más allá de la retórica, el compromiso debe traducirse en coordinación interinstitucional efectiva, seguridad, movilidad, servicios y una ejecución que no deje espacio a la duda.
La antorcha, cuyo ciclo comenzó el 11 de abril en la Zona Arqueológica de Teotihuacán, México, añade un simbolismo regional que merece ser valorado: conecta raíces ancestrales con el presente deportivo. Esa continuidad cultural refuerza el sentido de pertenencia a una comunidad centroamericana y caribeña que comparte historias, desafíos y aspiraciones. Y ahora, al recorrer la geografía dominicana, esa llama tendrá la oportunidad de tocar escuelas, clubes, comunidades y barrios; de motivar a miles de ciudadanos; de activar, por semanas, una conversación pública distinta, centrada en lo que construye y no solo en lo que divide.
Los números del evento impresionan, y deben inspirar planificación: más de 6,200 atletas de alrededor de 36 países y territorios; decenas de disciplinas; unas 470 pruebas en múltiples sedes. Pero la verdadera cifra a cuidar es otra: la confianza ciudadana. La “Llama de los Valores” se llama así porque exige coherencia. Si el discurso exalta honestidad y perseverancia, el proceso organizativo tiene que reflejarlo con una administración responsable, contratos claros, comunicación oportuna y rendición de cuentas. En un país donde la ciudadanía demanda cada vez más transparencia, el deporte puede ser un gran punto de encuentro, pero solo si se gestiona con integridad.
La frase del presidente —“Que viva el deporte y la República Dominicana”— puede leerse como celebración, pero también como mandato. Que viva el deporte significa que viva la inversión en juventud, que viva la prevención a través de hábitos sanos, que viva la disciplina como cultura, que viva el juego limpio como ética pública. Y que viva la República Dominicana significa que esta ruta no sea un desfile aislado, sino un mecanismo de movilización nacional, de orgullo y de esperanza compartida.
La antorcha que parte desde Pedernales tiene el potencial de iluminar algo más que escenarios: puede iluminar una conversación sobre el país que queremos ser en 2026 y más allá. Si convertimos esta ruta en una escuela itinerante de ciudadanía, si acercamos el deporte a cada provincia con sentido de inclusión, si honramos a Wiche García Saleta con excelencia institucional y si hacemos de Santo Domingo 2026 un estándar de organización y transparencia, entonces la llama habrá cumplido su propósito. Porque, al final, el fuego no se apaga cuando termina la ceremonia. Se apaga cuando el país deja de creer en sí mismo. Y hoy, por fortuna, esa llama vuelve a encender una razón común para creer.
Luis Orlando Díaz Vólquez
En Vivo | Acto de entrega de la llama Centroamericana y del Caribe - Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026.
— Luis Abinader (@luisabinader) May 6, 2026
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🔥🇩🇴 La Llama de los Valores inicia su recorrido nacionalOpinión | Pedernales enciende la nación
— Orlando Díaz, Luis (@LuisOrlandoDia1) May 7, 2026
*La antorcha de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 no es solo un fuego ceremonial: es una invitación a la unidad, a la disciplina y a la esperanza compartida en torno al deporte como escuela de ciudadanía.*… pic.twitter.com/cU1uTEAqIA