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martes, 14 de mayo de 2019

Eduardo García MichelEl salario y la productividadLas autoridades han tendido a apreciar el peso dominicano por razones políticas, vendiendo la idea de arquetipo de estabilidad. Pero sucede que frente al espejismo de ese tipo de estabilidad resalta el hecho de que las cuentas fiscales y monetarias son desordenadas, desequilibradas y se fundamentan en la acumulación de déficit, deudas y pasivos con el exterior.

Eduardo García Michel
El salario y la productividad
Las autoridades han tendido a apreciar el peso dominicano por razones políticas, vendiendo la idea de arquetipo de estabilidad. Pero sucede que frente al espejismo de ese tipo de estabilidad resalta el hecho de que las cuentas fiscales y monetarias son desordenadas, desequilibradas y se fundamentan en la acumulación de déficit, deudas y pasivos con el exterior.
14 / 05 / 2019, 12:00 AM
Eduardo García Michel
El salario real es bajo; se desplomó después de la crisis cambiaria y bancaria, y recientemente empezó a subir moderadamente, pero se mantiene aún lejos de lo deseable.
En el estudio “Explicando la brecha entre el salario real y la productividad laboral”, de fecha julio 2017, publicado en la página web del Banco Central, se ofrecen algunas cifras que se prestan a la reflexión.
Por ejemplo, la productividad laboral creció 2.5 % en promedio para el período de 1997-2016. Más que se duplicó para explotación de minas y canteras (índice de 495.8 en 2016 versus 100 en 1996), administración pública y defensa (285.6), así como transporte y comunicaciones (232.9). Sin embargo, menos que se duplicó en la industria manufacturera (182.3); comercio, 151.8; agropecuaria (149.2); hoteles, bares y restaurantes (145.6). Y en otros servicios fue de solo 106.5.
En sentido general, hay alta productividad en algunos sectores y baja en otros.
La exuberancia en el sector de minería se explica por la fuerte inversión de capital en la explotación de oro, pero es una actividad de generación de pocos empleos. En cuanto a la administración pública habría que afinar la cifra, teniendo en cuenta la baja calidad de las prestaciones. Por su parte, transporte y comunicaciones se han beneficiado de inversiones de alta tecnología.
Según esos datos, es relativamente bajo el incremento de la productividad en sectores importantes como el industrial, comercio, agropecuaria y hotelero, lo cual apunta al funcionamiento inapropiado de algunas políticas públicas.
Pero, lo que más llama la atención es que el sector otros servicios se mantuvo estancado desde 1996 hasta 2016. Y es en ese sector donde se registran aumentos notables en el empleo, obviamente, de baja calidad.
Si se toman las cifras del ingreso real en el mercado formal, con base 100 para el año 2000, se tiene que para minas y canteras el índice en 2016 fue de 94.6 y en administración pública, 107.0. En transporte y comunicaciones, el índice fue 83.7; industria, 90.8; agropecuaria, 67.8; hoteles, bares y restaurantes, 62.4. y otros servicios, 70.4.
De ahí se desprende que los aumentos de la productividad laboral no son seguidos por incrementos proporcionales en el ingreso real. Algo ocurre que impide que así sea.
Hay que buscar las razones y remover los obstáculos que traban la correspondencia entre productividad e ingresos reales.
Se trata tanto de reivindicar la necesidad de que los salarios sean dignos, como también de fortalecer la demanda agregada, las finanzas públicas y la distribución del ingreso.
Entre las razones, consta que el aparato productivo está sometido a una fuerte tensión.
Por un lado, la existencia de un código laboral que no se ha adaptado a las necesidades de un mundo penetrado por el avance tecnológico, que exige flexibilidad tanto en la distribución de las horas de trabajo como también en la concepción de la cesantía.
Por otro, el ejercicio de una política monetaria cuya meta recurrente es mantener apreciado el tipo de cambio.
Tal tensión provoca la tendencia en las empresas a comprimir el salario para evitar que se dispare el pasivo laboral y mejorar la rentabilidad afectada por la restricción cambiaria.
Dicha tensión también las induce a insertarse en el sector informal, con la desventaja de que una alta proporción de trabajadores queda sin protección social, lo cual se robustece con una política inmigratoria laxa que incrementa la oferta de mano de obra indocumentada.
Una de las consecuencias es la expulsión de mano de obra dominicana al exterior que sale en busca de oportunidades, con lo cual se crea un problema creciente de desnacionalización y se expande el camino al ingreso masivo de remesas, que a su vez aprecia el tipo de cambio y quita dinamismo a las exportaciones.
Las remesas son un maná maldito, producto de la fragmentación y huida de la familia dominicana al exterior, cuyo efecto más dramático es la transferencia paulatina de nuestra nacionalidad a los inmigrantes ilegales.
Las autoridades han tendido a apreciar el peso dominicano por razones políticas, vendiendo la idea de arquetipo de estabilidad. Pero sucede que frente al espejismo de ese tipo de estabilidad resalta el hecho de que las cuentas fiscales y monetarias son desordenadas, desequilibradas y se fundamentan en la acumulación de déficit, deudas y pasivos con el exterior.
Se trata pues de una economía cuyo producto crece con dinamismo, pero acumula problemas formidables que repercuten sobre el mercado laboral, la sostenibilidad fiscal y los flujos de ahorro e inversión, y en el largo plazo tienden a la disrupción traumática del flujo económico. https://www.diariolibre.com/opinion/en-directo/el-salario-y-la-productividad-EB12755573

martes, 30 de abril de 2019

El poder no es eterno | Eduardo García Michel

EN DIRECTO
Eduardo García Michel
El poder no es eterno
Y pensar que nada de eso llegaría a lado alguno, por más que se empeñaran. Este pueblo ha sufrido demasiado los rigores de dictaduras como para tolerar que surja otra.
30 / 04 / 2019, 12:00 AM
$!El poder no es eterno
Entre tantos avatares y decepciones, es estimulante leer las recientes declaraciones de Guillermo Julián, presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios (Anje), efectuadas en el despacho del juez presidente del Tribunal Superior Electoral, en el sentido de que “nosotros, desde ANJE, defendemos siempre la institucionalidad y el fortalecimiento democrático y de las instituciones per se.”
Y lo dijo en un momento delicado, en el que ese alto tribunal sufría el embate de fuerzas autoritarias, lo cual honra a Julián y a Anje.
El reciente informe del PNUD sobre calidad democrática, advierte que “El país cuenta con elites ilustradas y cosmopolitas, y con una ciudadanía activa, que se organiza y participa en las esferas pública y comunitaria. Teniendo en cuenta estas fortalezas, la lentitud que se aprecia en los avances en materia institucional y social sugiere una dirigencia ensimismada, que no está incorporando, o está menospreciando, datos de la realidad que imponen actuar rápida y enérgicamente para evitar males mayores.”
Ciertamente, parte de las elites parecen ensimismadas y complacidas en el disfrute de su espléndida bonanza, y no atinan a comprender que si no ponen coto al deterioro visible y medible en los índices de calidad democrática, serán las primeras en precipitarse al abismo.
Al poder le ha seducido amarrar a su faltriquera al liderazgo nacional (empresarial, social, y al de la llamada sociedad civil), para cooptar el poder fáctico que se le atribuye y utilizarlo para su conveniencia, a cambio de concesiones particulares a algunos de sus miembros.
En la época del Dr. Balaguer, el instrumento útil fue el Consejo Nacional de Desarrollo, pues daba acceso a las alturas a un pequeño grupo que resolvía sus asuntos particulares, siendo la contraprestación el apoyo irrestricto a la conveniencia política del gobernante.
En esta época existen mecanismos parecidos.
Por eso es tan relevante la declaración de los jóvenes empresarios.
Y es que, bajo el influjo mareante de las concesiones que se reciben, se puede llegar a soñar que lo mejor es que el ejecutivo de turno se quede para siempre en el poder porque garantiza prosperidad (al grupo privilegiado) y se cierren los ojos ante intentos evidentes de debilitar aún más el ordenamiento institucional, como a ojos vista viene ocurriendo.
El desenlace no podría ser otro que el comienzo de un período de inestabilidad que de al traste con el clima de negocios y lleve a una crisis de consecuencias impredecibles.
Estudiar la historia debería servir para darse cuenta de que esta es una de las razones más poderosas del atraso social y la pobreza que aflige al pueblo dominicano.
Siendo así, la declaración de Anje es muy valiosa, ya que es vital que existan instituciones del sector privado consolidadas, cuyo funcionamiento no esté subordinado a los intereses del poder político.
En los últimos días se han sucedido declaraciones advirtiendo del peligro inminente en que se encuentra la sociedad. Unas procedentes del seno de la iglesia católica, otras de la iglesia evangélica, y muchas más de diversos sectores legítimamente preocupados por el ataque despiadado al ordenamiento institucional, que se está llevando a cabo con la intención de preparar las condiciones para la permanencia en el poder más allá de lo establecido por las normas vigentes.
Hay honda preocupación por la herida abierta que se ha infringido a la sociedad con el desmantelamiento de la Suprema Corte de Justicia. Hay también preocupación por la acometida indecorosa sobre el Tribunal Superior Electoral, en irrespeto flagrante a la independencia de los poderes.
Existe el riesgo de que la desesperación conduzca a cambiar el talante liberal y tolerante de la administración, pues a la censura que ya existe mediante mecanismos de represalia económica, pudiera agregársele una más dura montada en la represión.
Y pensar que nada de eso llegaría a lado alguno, por más que se empeñaran. Este pueblo ha sufrido demasiado los rigores de dictaduras como para tolerar que surja otra.
Lo sensato es bajar el calibre de las ambiciones, única garantía de que la salida del poder no resulte traumática.
El camino bueno no es otro que el de volver a la necesaria alternabilidad y tener en cuenta que la única manera de no temer, es haciendo las cosas bien, pues el poder no es eterno, por más que alguien se empeñe en creer lo contrario. https://www.diariolibre.com/opinion/en-directo/el-poder-no-es-eterno-KA12651964

martes, 8 de enero de 2019

Perspectivas, riesgos y fortalezas

Eduardo García Michel
Perspectivas, riesgos y fortalezas
08 / 01 / 2019, 12:00 AM
Eduardo García Michel
En los últimos decenios, solo un pequeño grupo de países ha podido generar crecimiento económico y también desarrollo. Son países en los cuales el Estado funciona, con economías orientadas a las exportaciones, que han sido capaces de promover grandes avances educativos, tecnológicos, altas tasas de ahorro e inversiones masivas.
En el caso dominicano, país de mercado interno pequeño, ha habido crecimiento pero no desarrollo: el Estado funciona mal, afectado por debilidades institucionales y el clientelismo; las políticas públicas no están orientadas a las exportaciones, el nivel educativo es precario al igual que la absorción tecnológica, y los coeficientes de ahorro e inversión son relativamente bajos.
Salvo que se efectúen las reformas necesarias, la economía dominicana está condenada a sobrevivir en base a estímulos artificiales, afectada por desequilibrios, desajustes y vulnerabilidades que constituyen verdaderos lastres.
Los factores que sostienen el crecimiento son el turismo y las zonas francas, mientras que el ingreso de las remesas tiene el doble efecto de oxigenar el consumo, a la vez que presiona a la baja al tipo de cambio, por cuya vía provoca el efecto negativo de desestimular la expansión de las exportaciones de bienes y servicios y subsidiar las importaciones.
La compresión del tipo de cambio así inducida, junto al mantenimiento deliberado de altas tasas de interés para incitar la llegada de flujos financieros, o evitar su salida, con objeto de mantener la apreciación cambiaria, tiende a drenar la rentabilidad de las actividades productivas.
Para compensar la falta de rentabilidad y la rigidez del mercado de trabajo, el salario se ajusta, lo cual, a su vez, se refuerza con la entrada masiva de inmigrantes ilegales, que contribuye a presionar los salarios a la baja, incrementa la informalidad laboral, disminuye la protección social, y cierra el círculo expulsando más dominicanos al exterior, es decir, desnacionalizando la tierra de Duarte.
Todo lo anterior es un círculo vicioso que aborta el desarrollo y condiciona el desempeño fiscal. La fiscalidad debiera ser otra, si la estructura económica y laboral fuera distinta.
Según las cifras, la economía dominicana crece comoquiera, sin que sea relevante si la gente lo percibe o no lo nota. Y sin que sea suficiente el aporte del turismo, zonas francas y remesas.
Y seguirá creciendo mientras continúe abierta la espita del financiamiento internacional para cubrir déficit públicos consecutivos acumulados por cerca de tres lustros, con la particularidad de que esa disponibilidad tiende a ir estrechándose y encareciéndose. Y también hasta tanto circulen flujos financieros informales, algunos opacos.
Es como si la economía estuviera levitando por el consumo de sustancias extrañas. Al mismo tiempo, ese es su principal cuello de botella. En ese estado de cosas el PIB crece porque lo hace en mayor medida el consumo, sobre todo de insumos y bienes importados, en un mercado interno de por si muy estrecho.
En tal virtud, sujeto a las restricciones señaladas, lo más probable es que el desempeño de la economía dominicana en 2019 sea un calco de los últimos años; es decir, crecimiento del PIB con menguado efecto derrame y estabilidad relativa de precios interna y externa.
La aspiración para 2019 debería ser iniciar los procesos de reforma que dejen atrás la autocomplacencia, a la vez que se revierte el flujo inmigratorio ilegal y se trabaja en mejorar la sostenibilidad ambiental.
Pilares importantes serían, por un lado, la puesta en vigencia de políticas contundentes que favorezcan la expansión sustancial de las exportaciones, eliminen la segmentación existente entre zonas francas y nacionales, y flexibilicen el mercado de trabajo, con vista a incrementar el empleo formal y frenar el desplazamiento de la población dominicana al exterior, en franca huida por la falta de oportunidades internas.
Y, por otro lado, redimensionar el Estado, para que funcione, sea más fuerte, institucionalizado, pequeño y racional.
Dentro de esa óptica, sería saludable que se aumentara el ahorro y la inversión, al tiempo que se indujera a que la inversión extranjera directa y de cartera se destinaran a la generación o ahorro de divisas, dado la carga creciente que significa la transferencia de utilidades y el servicio de la deuda. Además, que el ahorro financiero, incluyendo los fondos de pensiones, se canalizara en muchísimo mayor medida hacia la producción y creación de riqueza.
También que se cuidara el activo ambiental y se trabajara en la sostenibilidad de los recursos naturales, amenazados por la marea de plástico y el zargazo, la autorización de la construcción de torres de hasta 20 pisos en la cercanía de zonas costeras, la inconsistencia en el cuidado de las zonas de alta montaña generadoras de las aguas, y la permisividad ciega en la ubicación de invernaderos que dañan lugares de montaña de alto potencial turístico por su privilegiado clima.
En cuanto a los riesgos, el mayor es que se intentara acomodar el régimen jurídico para continuar en el poder más allá de lo previsto en la constitución. El otro riesgo mayor es que se produjera la pérdida de ritmo de la economía mundial y la concreción de tensiones en el sistema financiero.
El peligro latente si se concretara alguno de estos riesgos, es que condujera a un ajuste desordenado de la economía dominicana, de magnitud incierta, en razón de los desequilibrios que la afectan (cuya solución se pospone año tras año), de los serios desencuentros que se observan en el tejido social y de la fragilidad de las instituciones públicas y privadas.
La mayor fortaleza de la economía es virtual, en el sentido de que habría que construirla por medio de la corrección de los profundos desequilibrios y desajustes existentes en varios planos a la vez: fiscal, deuda, cuasi fiscal, monetario, eléctrico, laboral, seguridad social, inmigración y sostenibilidad ambiental.
Decidirse a efectuar las reformas es una verdadera oportunidad para crear condiciones favorables al desarrollo, consolidar la estabilidad y estar mejor preparados para enfrentar evoluciones adversas de la economía mundial.
Si esas reformas se acometieran, el futuro de la economía dominicana sería promisorio. De lo contrario, seguiríamos transitando anestesiados por pendientes peligrosas, a orillas de un despeñadero. https://www.diariolibre.com/opinion/en-directo/perspectivas-riesgos-y-fortalezas-BO11799989

martes, 2 de octubre de 2018

La deuda pública | por EDUARDO GARCÍA MICHEL #CrisisDeLaDeudaRD

En Directo 02 OCT 2018, 12:00 AM
La deuda pública
EDUARDO GARCÍA MICHEL
Pudiera decirse que las cifras macroeconómicas son dúctiles: se prestan a manipulación o interpretación interesada. Pudiera argumentarse que son testarudas: es posible reivindicar su utilidad, a veces menoscabada por mentes atrapadas por el opio del poder en intento vano de deformar la realidad.
Decir que el sector privado es el culpable de haber endeudado al sector público no financiero y financiero, raya en la categoría de fábula. No necesitan valedores para hacerlo.
Sus cabezas utilizan este instrumento para pasar por el poder con confort y no hacer las reformas necesarias que la sociedad requiere. Dejan de cumplir con sus deberes y optan por transferir al futuro la obligación de ajustarse el cinturón en panzas infladas por la adicción a tomar prestado.
Endeudarse tiene un costo político retardado. La gente lo percibe tarde. Y cuando se da cuenta ya los gobernantes han dejado de serlo y sus sucesores posiblemente se encuentren envueltos en problemáticos y dolorosos programas de ajuste macroeconómico. El costo político se traspasa al nuevo gobernante, pero el social lo absorbe a plenitud la población.
En cambio, acometer reformas implica asumir un costo político inmediato. Esa es la razón de que tomar prestado, tan alegremente, se haya convertido en una especie de desahogo para gobernantes y en mecanismo de impulsar su permanencia.
Pocos líderes políticos han reivindicado la política de poner a raya el endeudamiento, y, en vez de eso, lograr ahorro corriente interno como base para la inversión pública.
Uno de esos gobernantes fue Joaquín Balaguer, porque creía en la bondad del equilibrio presupuestario, y sabía muy bien, por su formación, el peligro inherente a la absorción de deuda, sobre todo externa, ya que podría conducir, como ocurrió en el pasado, a la pérdida de soberanía.
Otro fue Antonio Guzmán Fernández, acostumbrado en su vida privada a tener que generar recursos propios que superaran o por lo menos equilibraran el gasto. Y, en menor medida, Salvador Jorge Blanco, atrapado por las exigencias de los acuerdos de ajuste con el FMI.
Ellos procuraron alcanzar ahorro corriente para poder invertir, y lo lograron a pesar de que la carga tributaria era insignificante comparada con la de nuestros días.
Los demás gobernantes que los sucedieron han tenido una visión diferente, centrada en aumentar el gasto corriente hasta extinguir el ahorro propio, y recurrir a los préstamos para cubrir gasto corriente y una menguada inversión.
El factor principal que ha acelerado esa tendencia ha sido el descubrimiento de que era posible volver a emitir bonos soberanos, con la ventaja de no tener que someterse a exámenes rigurosos ni a requisitos de aportes de contrapartida local.
Antes del 2001 el financiamiento se obtenía de fuentes bilaterales y organismos multilaterales y requería de contrapartida local y seguimiento pormenorizado de los proyectos de inversión. Era difícil utilizar esos recursos; se imponía la disciplina y el uso para los fines indicados, verbigracia en presas, carreteras.
En 2001 se rompió la disciplina. Un grupo de asesores del gobierno, comprometido hasta la médula con el proyecto político, vendió con éxito la idea de que la solución era la emisión de bonos soberanos.
Mientras más bonos se colocaran, mejor calificación alcanzaría el país, proclamaban, en connivencia con firmas calificadoras de riesgo, cuyos ingresos crecían en función del monto vendido en los mercados internacionales.
En el fondo, era una solución para un proyecto político, no para el país. Y así fue como se emitieron los primeros bonos soberanos desde que el opio de comprometer la solvencia del Estado culminó en la llamada “redención de la deuda externa” de Trujillo.
La idea no era mejorar la economía sino inyectarla de esteroides con la vista puesta en la reelección. Eran recursos para invertirlos en proyectos visibles, que catapultaran la reforma constitucional. El argumento de contrición fue agregar la coletilla del “nunca jamás”, después del segundo período.
Así, la deuda total del SPNF pasó de US$4,142 millones en el año 2000 a US$7,378 millones en 2004, para una expansión del 78%.
Los gobernantes que siguieron le tomaron el gusto a la amplia trocha abierta y la convirtieron en autopista. Y también reformaron la constitución para confeccionar trajes que quedaran entallados, a la medida exacta de cada cabeza.
De esa manera, en los dos períodos de Leonel Fernández que siguieron, la deuda se remontó a US$19,463 millones, para un aumento del 163%.
El mayor desequilibrio fiscal se produjo en el año 2012, el cual cerró con un déficit histórico relacionado con el gasto electoral para propiciar la llegada al poder de Danilo Medina, candidato del mismo partido gobernante.
Entre 2012 a 2016, ya en el gobierno de Danilo Medina, la deuda aumentó desde US$19,463 millones a US$29,544 millones en 2016, para un incremento del 51.8%. Y ha seguido creciendo. A julio de 2018 estaba en US$31,400 millones.
Eso no es todo. El Banco Central genera pérdidas que se convierten en lo que llaman deuda cuasi fiscal. Su expansión al principio se relacionaba con la crisis bancaria y cambiaria, pero se produjo una recuperación sensible de activos que la redujo. La expansión posterior, y muy grande, se debe a políticas deliberadas de las autoridades para mantener a raya el tipo de cambio y proclamar a los cuatro vientos el reino de la estabilidad, que al mismo tiempo atornilla en una butaca al sector exportador.
Esa deuda cuasi fiscal no formalizada ascendía a US$414 millones en el 2000; US$1,336 millones en 2004; US$5,475 millones en 2008; US$6,679 en 2012; US$8,213 millones en 2016; y US$9,342 a julio de 2018. O sea, ¡a paso de vencedores!
En definitiva, más temprano que tarde habrá que frenar esta loca carrera de endeudamiento y retornar a los principios básicos del manejo macroeconómico, que no se diferencian de los utilizados para manejar una empresa o las finanzas personales: sobriedad, equilibrio de las cuentas, racionalización del gasto. Y una dosis, grande, muy grande, de responsabilidad.
https://m.diariolibre.com/opinion/en-directo/la-deuda-publica-MJ10919371?utm_source=google&utm_medium=organic
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martes, 15 de mayo de 2018

Primarias, cosquillas y China | por EDUARDO GARCÍA MICHEL

En Directo | 15 MAY 2018, 12:00 AM
Primarias, cosquillas y China
Se requiere con muchísima urgencia consolidar la economía local, sanearla, quitarle el ropaje que tapa lo que huele mal y esconde las fragilidades, y hacerlo cuando todavía se está a tiempo de evitar una crisis profunda. Eso es lo importante.
EDUARDO GARCÍA MICHEL
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Somos un país de rachas. Los temas de conveniencia política suelen mantenerse en la palestra por un tiempo y luego desaparecen; es probable que eso ocurra en función de estrategias y pocas veces por azar.
Ese comportamiento tiende a parecerse al de algunas personas que sufren trastornos de comportamiento y que les coge con esto o con aquello, sin ton ni son.
En aquellos casos no se trata de locura ni capricho, sino de defensa y protección de intereses.
La racha de ahora son las primarias. Unos se decantan por las abiertas, otros las satanizan y se proclaman defensores de las cerradas.
Algunos suelen ver la existencia de cosquillas en todo, aunque no las haya. Y eso significa capacidad de relacionar acontecimientos sin conexión aparente.
Así, una de las cosquillas se vincula con el momento escogido para el reconocimiento de China. Ahora, y no antes o después.
La inusual reacción del Departamento de Estado de los Estados Unidos al hacerse eco de fuentes anónimas, podría estar sugiriendo la emergencia de una turbulencia no explícita todavía, pues no es habitual que un país como el nuestro, con tan poco peso económico y poblacional a escala mundial, sea puesto como referente de posibilidad de desestabilización en áreas geográficas determinadas por haber adoptado una decisión que decenas de naciones antes hicieron suya.
Es inevitable que algunos intuyan, atando cabos, que si antes fue Brasil con su financiamiento a la clase política en base a la adjudicación de contratos mediante sobornos con la consiguiente sobrevaluación de obras, quién sabe si mañana sería China quien jugaría un rol alternativo, bajo otros mecanismos, con el financiamiento a infraestructuras y otras inversiones. Y algo así no sería ajeno al quehacer clientelar, ni al tipo de primarias que más convengan.
Otro escozor pudiera estar indicando la sospecha de cambalache para permitir la irrupción abrupta de comercio triangular haciendo provecho de la existencia del acuerdo de libre comercio, que iría en sentido contrario al equilibrio del intercambio que el coloso del norte exige a China. Si fuere así estaríamos adentrándonos en un conflicto que no nos pertenece.
No se discute que el establecimiento de primarias en los partidos políticos para elegir los candidatos, pudiera ser relevante. Y hasta constituir un paso de avance. A nadie escapa que para la nación esa no es la prioridad en este momento, aunque si un mecanismo útil para grupos que pugnan por el poder.
El marcado interés por aprobar la celebración en estos momentos de elecciones primarias en los partidos políticos, pudiera estar ligado a lo que algunos analistas señalan como la cultura de la marrulla; algo así como estar siempre preparado para encontrar la manera de engatusar al otro sin que ni siquiera se de cuenta.
Las primarias están conectadas con las elecciones generales. A los ciudadanos les interesa que sean limpias, transparentes, equitativas, sin privilegios en el uso de recursos públicos, con acceso igualitario a los medios de comunicación. Y que los recursos del Estado no se utilicen ni directa ni indirectamente para avalar la campaña de algún candidato. Y también que se respete el mandato constitucional. Es todo.
Las primarias abiertas como las cerradas son mecanismos para la expresión de las preferencias ciudadanas. No deben ser satanizadas, ni una ni otra modalidad. De por si, no son ni malas ni buenas. Ocurre lo mismo con la reelección. De por si no es ni mala ni buena.
El problema está en la debilidad institucional y el grado de atraso y pobreza de la población. Ambas, reelección y primarias abiertas estimulan y facilitan que se imponga la capacidad clientelar. Y abren las puertas a que esa mayor capacidad decida por medios espurios el futuro de la nación. Eso es todo, que no es poco.
Ahora que se está produciendo un cambio de coyuntura, hay que concentrarse en lo que es urgente, necesario, sobre todo en la marcha de la economía para prepararla ante un escenario mundial cada vez más preocupante.
La población y la clase política deben enterarse y tomar nota de que el petróleo está subiendo, las condiciones financieras internacionales se están “apretando” (y si no, piensen en Argentina), los flujos financieros a países emergentes se están encareciendo y dificultando, y la incertidumbre arropa el porvenir del intercambio comercial.
Se requiere con muchísima urgencia consolidar la economía local, sanearla, quitarle el ropaje que tapa lo que huele mal y esconde las fragilidades, y hacerlo cuando todavía se está a tiempo de evitar una crisis profunda. Eso es lo importante.
Lo demás forma parte de una cultura que más pronto que tarde tendrá que ser puesta en el amplio salón del olvido.
 https://www.diariolibre.com/opinion/en-directo/primarias-cosquillas-y-china-EL9863521


miércoles, 8 de noviembre de 2017

Transparencia fiscal - por Eduardo García Michel

Martes, 17 Octubre 2017
Transparencia fiscal 
Autor: Eduardo García Michel
Fecha: 17 de octubre del 2017 Extraído de diariolibre.com

Como en una vieja película, la vida financiera pública parecería moverse sobre un rollo de celuloide anticuado, en vez de discurrir en versión digital; se proyecta con cortes y pega, para poder unir la cinta averiada.
A veces salta lo insólito, en ocasiones lo pueril, y en otras lo que da espanto.
En el fondo, una pregunta atormentadora se mantiene reverberando: ¿resiste el país seguir transitando el siglo XXI a golpe de recursos de manigua y de máquinas Remington? Tal vez sí, pero, ¿a qué endiablado costo?
Como muestra, un botón. Veamos.
Cualquier lego podría preguntarse si el gasto público sigue adoleciendo de falta de transparencia, bajo la creencia ingenua de que si se comprobara tal ausencia o insuficiencia, podría ser corregida tan solo con evidenciarla.
Y no quedaría más remedio que responderle, a ese buen lego, que no la ha habido en el pasado, y, en gran medida, sigue no habiéndola en el presente.
Los encumbrados en el palo empinado, que no es el mismo que el ensebado, aunque en ocasiones termina en eso, pudieran argumentar, con sobrada razón, que es fácil criticar y difícil ejecutar, diciéndolo como si la carencia de transparencia fuera casual, producto de un error, en vez de algo preconcebido, hecho aposta, en pos de perfeccionar el “arte de gobernar”.
¿Arte de gobernar? Pues, en cierto modo sí. La pretensión es que agarrar la mandurria equivale a arrimar el ascua a la sardina, lo que suele interpretarse como dominar el arte de mantenerse en el poder (¿a trancas y barrancas?)
El profesor Bosch lo mencionaba refiriéndose a la cucaracha en el gallinero, en el sentido de aprender a evitar ser derrocado, pero hay otros que lo entienden como el desarrollo de un conjunto de mañas (sería muy duro hablar de simular) para mantenerse empuñando el mando por encima de la conveniencia institucional de la nación.
¡Ah! En ejercicio de la conveniencia propia. Así se percibe mejor.
Un viejo aserto establece que la maña solo se enfrenta con éxito poniéndola en evidencia; de lo contrario, te envuelve y derrota. Hay que mostrar la pifia con ejemplos concretos, a la luz de la luna, si se fuere romántico, o con la fulguración del sol y rigor espartano.
Solo valdría para derrotar el conjuro si se aportaran casos concretos, y no en forma de un pelo del bigote. Antes, para los de la manigua, aquello era de cumplimiento sagrado. Ahora, para la nueva trova, es objeto de burla porque ya no es de estilo confiar en lo que se dijo, ni honrar lo que se prometió. El poder es lo que vale.
Pero, no hay que ponerse tan serios. Solo se trata de señalar alguna evidencia, aun fuere aparente. Se recalca lo de aparente, ya que nadie sabe si pudieren surgir explicaciones verídicas que lo aclaren todo, y, ¡qué bueno que así fuera! No faltaba más.
¿Con qué propósito? Solo para saberlo. No sirve mucho más que para eso. En la epidermis de cocodrilo, resbala todo lo que se le pone encima. Aparte de que la consciencia social es frágil, quebradiza.
Para muestra, un ejemplo, por ahora, el de las aplicaciones financieras que aparecen en el proyecto de presupuesto de la nación referidas a su financiamiento, y que se dividen en dos categorías: amortizaciones y reducción de pasivos.
¿No es acaso la amortización una reducción de pasivos? Entonces, ¿qué es la reducción de pasivos por si misma, como categoría distintiva, para que sea diferente a la amortización?
Caramba, a qué tanto embrollo. Pudiera decirse que es asunto de semántica. ¿Y si no lo fuera? ¿Galimatías? Y no vengan con aquello de la metodología.
Mejor ponerlo con números, ¿les parece? Quizás así se entienda.
Las aplicaciones financieras para 2018 (lo que habrá de ser pagado por concepto de principal de la deuda), ascienden a RD$ 126,679.1 millones. Y se dividen en dos partidas, más la evolución de los activos financieros.
Esas dos partidas son, amortizaciones, por RD$63,428.0 millones. Y disminución de pasivos por RD$57,917.1 millones. Y si ambas son reducción del principal de la deuda, a qué se debe su diferenciación, pues deberían anotarse como amortización, pura y simple, ¿verdad?
Salvo que la disminución de pasivos se utilizara como un canasto zafacón para ir tirando allí todo lo que es gasto y no se consigna como tal, con formalidad presupuestaria; todo lo que es déficit y no se transparenta como lo que es, en el período que corresponde.
Si fuera gasto no consignado en el período, el déficit del gobierno central estaría siendo mayor que el reflejado en el documento presupuestario en algo más de un punto del PIB.
Hay algo curioso. El FMI estimó para 2017 y 2018 un déficit consolidado de casi el 5% del PIB. No obstante, las cifras presupuestarias lo aproximan al 3.6% del PIB. Pero, si la disminución de pasivos fuera en realidad déficit trasladado al año siguiente, entonces las cifras presupuestarias coincidirían con las del FMI. Translúcido, ¿verdad?
Pura casualidad, tal vez. Transparencia impura, quizás. O, ¿merece otro nombre?
http://crees.org.do/es/noticia/transparencia-fiscal Autores:  Eduardo García Michel

miércoles, 5 de julio de 2017

Tensión y vacío - EDUARDO GARCÍA MICHEL

En Directo 04 JUL 2017, 12:00 AM
Tensión y vacío
A lo menos que aspira la sociedad es a que, en manos de la Justicia estén los que en verdad son, sin excepciones... El peso de la ley debería recaer sobre los responsables...
EDUARDO GARCÍA MICHEL
La población se encuentra envuelta en un espeso clima de tensión, comparable a aquellos días cuando la democracia se cubría con pañales, luego de la desaparición de la dictadura.
Ahora no se trata, como entonces, de temor a la represión. Tampoco de la angustia que solía acompañar a la espera de eventuales asonadas. En estos tiempos se ha robustecido la determinación de vivir en libertad y en el ejercicio irrenunciable de los deberes y derechos políticos básicos.
A pesar de eso, el ambiente se siente sobrecargado, como si se estuviera a la espera de grandes sacudidas.
De súbito, el caso Lava Jato en Brasil, y sus derivaciones por vía de Odebrecht, ha puesto en evidencia que un país no puede desenvolverse con normalidad, ni progresar en forma inclusiva, sin instituciones fuertes, independientes, que sirvan de contrapeso a los poderes públicos.
Hay un vacío, pendiente de llenar. La tarea de fortalecer las instituciones y la independencia de los poderes públicos está inconclusa. Y es urgente culminarla.
Las instancias de control no controlan nada. Han devenido en dependientes por la práctica consuetudinaria del ejercicio del mando de la rama ejecutiva. La transparencia y rendición de cuentas, han continuado siendo asignaturas pendientes de aprobación.
La idea fija, obsesiva, que se ha mantenido con persistencia por encima de las diferencias partidarias, es personalizar el poder y perpetuarse, a toda costa. Ese, y no otro, ha sido el eje de todos los males, puesto que en ese empeño las fronteras y los límites morales, tienden a diluirse.
Desde hace mucho tiempo, solo vale y se teme al poder ejecutivo, envanecido por el control absoluto de los recursos públicos, que administra y maneja a su propia conveniencia. A lo cual se agregan los argumentos disuasorios coercitivos de que dispone.
Por vía de consecuencia, la justicia ha devenido en una caricatura de la majestad que debería adornarla. El Congreso Nacional en un lamentable ornamento. Y hasta el cuarto poder, supuesto a ejercer en profundidad la crítica como intermediario de la sociedad, se ha convertido en triste caja de resonancia.
Dentro de esas circunstancias surge la tormenta que se inició en Brasil, con el caso Lava Jato, cuya mayor virtud consiste en haber destapado un entramado latinoamericano de corrupción, en el que interactuaban como socios miembros de la clase gobernante y un grupo de empresas.
El mecanismo utilizado era simple: condicionar la concesión y ejecución de contratos de obras públicas a la obtención de contrapartidas a favor de la clase política. Las empresas participantes se aseguraban de obtener las licitaciones, ejecutar los contratos y sobrevaluar los costos.
La contrapartida consistía en distribuir sobornos para obtener las aprobaciones y compartir el monto de las sobrevaluaciones, ya fuere para enriquecer a funcionarios y/o para asegurarles financiamiento de campañas políticas y de todo aquello asociado a la aspiración de ganar o mantenerse en el poder.
Tal entramado, que estuvo operando durante muchos años, ha debilitado aun más las instituciones del país, de por si frágiles; tenido consecuencias adversas sobre el sistema de partidos políticos; dañado la competencia electoral sana; detenido reformas trascendentes.
Ahora, el empeño debe centrarse en corregir el rumbo.
Algunos quieren que lo que no se hizo en un tiempo prolongado, se haga ahora de un plumazo. Otros, los menos, dormidos en el sueño de su confort premiado, aspiran a que todo continúe como si nada hubiera pasado.
Y ni lo uno, ni lo otro. No hay espacio para la inercia, pero tampoco para la aventura.
A lo menos que aspira la sociedad es a que, en manos de la justicia estén los que en verdad son, sin excepciones; y quienes no son, dejen de ser acosados. El peso de la ley debería recaer sobre los responsables, sin cortinas de humo que distraigan la atención y desvirtúen el proceso.
El reto es enorme. Y la duda que angustia a gran parte de la población, monumental.
El gran enigma es saber si instituciones débiles podrán comportarse como si fueran fuertes.
Conocer, por ejemplo, si la justicia podrá redimirse a si misma, colocarse la venda en los ojos, retomar su augusta majestad, juzgar de acuerdo a los hechos y a las pruebas, con absoluta imparcialidad, y sin influencias de ningún tipo, ni del poder ni mediáticas.
Para que eso ocurra, los jueces tendrán que revestirse de valor, elevarse por encima de sus propias miserias humanas, de acuerdo a la oportunidad histórica que se les presenta, sacar a la luz su carácter, condición tan difícil de rescatar.
De este trance pudiera resultar que se trace una raya, la del antes y el después. O se termine en una nueva decepción.
Si fuere lo primero, se estaría en vísperas de una especie de renacimiento, a partir del cual florecerían las instituciones, el sistema político, la economía y la sociedad.
En cambio, si terminara en decepción, nadie podría anticipar las consecuencias, porque la caldera social está funcionando a temperaturas muy elevadas.
Este pueblo merece un futuro despejado, sin sobresaltos.
https://www.diariolibre.com/opinion/en-directo/tension-y-vacio-IY7540785

martes, 6 de junio de 2017

El valor de actuar - EDUARDO GARCÍA MICHEL

En Directo
06 JUN 2017, 12:00 AM
El valor de actuar
Más que aprovechar una crisis para proceder a corregir los entuertos, lo apropiado sería poner candado para que no ocurriera, corrigiendo a tiempo esas debilidades y vulnerabilidades.
EDUARDO GARCÍA MICHEL
Ahora que he leído el magnífico libro titulado El Valor de Actuar, aprecio las decisiones que tuvo que adoptar su autor, Ben Bernanke, cuando dirigía la Reserva Federal de los Estados Unidos, en medio de la crisis de las hipotecas basura, que a partir del 2008 produjo la quiebra de innumerables entidades financieras y la grave recesión que abatió la economía mundial.
Colocado en la dirección de ese importante organismo, Bernanke estuvo imbuido, en el ejercicio de su gestión, de la misión de poner en práctica los amplios conocimientos adquiridos en el plano académico y dar a la función pública lo mejor de si mismo.
Esa circunstancia le permitió llegar a la conclusión de que “adoptar decisiones políticamente impopulares por el beneficio a largo plazo del país es la razón de que la FED sea un banco central independiente. Fue creado precisamente con ese objetivo: hacer lo que hay que hacer, lo que otros no quieren o no pueden hacer”.
Tal enfoque, que guió su trayectoria como máximo responsable de la política monetaria y de supervisión de los Estados Unidos, constituye un legado valioso.
En el pasado la banca central era un templo sagrado y misterioso en que se daba por entendido que solo los sumos sacerdotes conocían los secretos del bien y del mal; y no tenían que dar cuenta de sus actuaciones.
A ese respecto, Ben Bernanke refiere que Montagu Norman, el gobernador del Banco de Inglaterra en la década de 1920, 1930, y principios de 1940, expresaba su filosofía con el siguiente lema: No explicar nada, no disculparse nunca.
Con gran sentido del humor, el autor del libro desmitifica el quehacer monetario y sugiere que la oscuridad, ambigüedad y escasa transparencia en que dicho quehacer se mantuvo y aun se mantiene en algunos lugares, se debe a algo muy mundano y hasta profano.
En efecto, sugiere que una de las razones principales de ese comportamiento “es la misma por la que los fabricantes de salchichas no ofrecen recorridos por sus fábricas: si el público conoce los secretos del producto, su atractivo se resiente.”
En El Valor de Actuar afirma que, “el secretismo es un arma de doble filo. Puede servir para dar la impresión de que los banqueros centrales son omniscientes y dotarlos de mayor movimiento a corto plazo, pero también puede confundir a la ciudadanía, desconcertar a los mercados y alimentar las teorías conspirativas. Y en un mundo donde la transparencia y la rendición de cuentas en el sector privado y en el sector público no dejan de crecer, el secretismo resulta anacrónico.”
Sin el menor rubor, expresa con clarividencia y sencillez que, “yo sabía que una política monetaria sólida podía apoyar una economía sana, pero no podía crearla.”
Ese podría ser otro principio cardinal. Si una economía tiene debilidades, hay que corregirlas, no enmascararlas.
Refiriéndose a su antecesor, Alan Greenspan, dice que “se lo había considerado tan indispensable que durante un debate de las primarias republicanas en 1999, John McCain dijo que si el presidente del FED fallecía, colocaría el cadáver en una silla, le pondría unas gafas de sol y lo mantendría en el cargo.”
Sucedió, como suele ocurrir con los mitos, que ese icono monetario que fue Greenspan, no pudo evitar, sino que más bien indujo, tal vez sin darse cuenta, a que sus políticas condujeran a la terrible crisis financiera que estalló en 2008.
En un derroche de humildad, él, Ben Bernanke, considerado uno de los mayores especialistas en el tratamiento de las crisis financieras y recesiones, confiesa que “hacia el final de mi mandato alguien me preguntó qué me había sorprendido más de la crisis financiera. La crisis, respondí.”
Agrega que “al FED le costó reconocer la crisis y calibrar su severidad. A medida que fuimos viendo las cosas claras, nuestro conocimiento de los pánicos financieros del pasado guió nuestro diagnóstico.”
En otras palabras, los expertos más encumbrados ni siquiera se dieron cuenta ni pudieron diagnosticar cuándo y cómo iba a estallar la crisis, lo cual retrata bien el estado de desamparo en que todavía se encuentra el análisis económico.
Sus reflexiones acerca de la liquidez y solvencia constituyen lecciones que se creen sabidas, pero no lo son.
Así, explica que, “en una crisis de pánico, la distinción entre falta de liquidez y falta de solvencia se difumina rápidamente...” Y que “las grandes crisis de pánico acarrean falta de liquidez y falta de solvencia; para acabar con ellas puede ser necesario tanto emitir empréstitos a corto plazo como implantar inyecciones de capital.”
Si fuere cierto como afirman algunos que en ausencia de crisis los riesgos en el sistema financiero tienden a acumularse, entonces habría que estar alerta, pues, como asegura el autor, “los desencadenantes no pueden causar un daño excesivo si no existen debilidades estructurales, vulnerabilidades del sistema, una casa con cimientos débiles.”
Siendo así, más que aprovechar una buena crisis para proceder a corregir los entuertos, lo apropiado sería poner candado para que no ocurriera, corrigiendo a tiempo esas debilidades y vulnerabilidades.
A la luz de lo anterior, quizás no sea aventurado afirmar que las crisis financieras no solo suceden por el apetito insaciable y arriesgado de los agentes económicos, sino también por la falta de compromiso de las autoridades para actuar a tiempo.
https://www.diariolibre.com/m/opinion/en-directo/el-valor-de-actuar-FY7274676

martes, 14 de marzo de 2017

La ética del trabajo - EDUARDO GARCÍA MICHEL

En Directo  14 MAR 2017, 12:00 AM
La ética del trabajo
La desmotivación al trabajo de esa nueva clase parasitaria es triple, primero por tener la suerte de que les envíen la remesa, segundo, por los subsidios que reciben del Estado
EDUARDO GARCÍA MICHEL
Filósofo Vitriólico, ¿es verdad que si la economía crece, el bolsillo se ensancha?
—Joven alumno, el bolsillo se ensancharía si el flujo de ingresos se derramara, si llegara a la gente, pero no sucede así.
Pero, si crece el todo, entonces también debería crecer cada una de sus partes, es decir el bolsillo de la gente. ¿Cuestiona usted las cifras, profesor?
—No me interrumpas, ni amañes lo que digo. Déjale eso a los expertos en retorcimientos mediáticos; de tantos que hay, apestan. Bien pagados, eso si.
Pues siga.
—La actividad económica se concentra en sectores no abiertos a la competencia internacional, enfocados en un mercado interno estrecho y en el consumo de bienes importados.
Y eso, ¿qué significa?
—Crece la construcción, zozobra la agropecuaria con caídas y repuntes. Ambos llenos de trabajadores haitianos que envían sus ahorros a su nación, y apenas consumen para sobrevivir. Se expande el comercio, en buena parte informal, y de mercancías importadas.
¿Adonde quiere llegar?
—Ni en la construcción ni en la agropecuaria ni en el comercio existe protección social suficiente, puesto que predomina la informalidad. En los dos primeros tampoco hay masa crítica de población dominicana. Por lo tanto, el potencial que poseen de desarrollar los recursos humanos es escaso.
Caramba, eso tiene lógica.
— Hay un déficit comercial muy grande con los principales socios comerciales, incluyendo los Estados Unidos y Centroamérica. Y la falta de competitividad se ha estado compensando con la creación de empleo de baja calidad y salarios bajos. Y, peor aún, con la contratación de mano de obra indocumentada de menor educación y formación.
Y, ¿qué significa eso?
—Significa crecer para seguir siendo pobres, y, peor aún, vender la nacionalidad para enriquecimiento de unos pocos.
Filósofo, es como si usted intentara culpar a alguien, ¿no es así?
— Joven alumno, lo que acabo de decir no es una casualidad ni un capricho del destino. No.
Entonces, ¿dígame lo que es?
—Es la consecuencia de políticas públicas deliberadas, ¿entiendes? Hechas aposta, con intención, sin medir las repercusiones de largo plazo.
Ahora si que no lo entiendo.
— Políticas populistas que persiguen objetivos de bienestar para grupos gobernantes, relacionados con la permanencia en el poder, y para segmentos de negocios, pero que son el mayor obstáculo para el desarrollo de la nación.
Ahora si creo que adivino por donde usted va.
—En la práctica no hay instituciones. En el Estado dominicano únicamente hay un poder, el ejecutivo. Los demás se inclinan ante su magnificencia, y a la vez le temen.
Pero, profesor he visto gente que sube al poder, bien formadas y con buenas intenciones.
—Si, también los has visto transformarse. Pasar de la humildad a la arrogancia; de la mansedumbre a la ira; de la austeridad al esplendor.
Si, es verdad que la gente cambia cuando tiene el cachimbo de fuego en sus haberes.
—El poder lo arrolla todo, pero escucha bien, ellos deberían aprender, y todos deberíamos saber que siempre hay un límite que sirve de freno al poder.
Profesor, se fue por la tangente.
—No, pero continuemos. Esas políticas deliberadas, fiscales y monetarias, han provocado la expulsión al exterior de mano de obra dominicana (emigración), y atraído mano de obra haitiana indocumentada (inmigración) que sustituye a la dominicana.
Diantre, entonces el embrollo no es chiquito. O sea, se está empobreciendo a nuestra gente, y sustituyéndola por otra todavía más pobre, hasta que nos quedemos sin nación. Filósofo, usted se ha ido muy lejos con esas afirmaciones.
—Quienes propician ese modelo, como lo llaman aquellos que quieren aparentar ser finos e ilustrados, se desviven encomiando las bondades de las remesas que se reciben, cuando no son más que la expresión más flagrante de su fracaso.
¿Cómo? Profesor, soy testigo de que mucha gente vive de esas remesas.
—Si, pero son la consecuencia de que esas familias han tenido que irse del país a causa de esas políticas y han quedado flotando en el desarraigo.
Pero le repito que mucha gente vive de eso.
— Carajo, lo sé. Con esos recursos se han creado grupos parasitarios que sobreviven con el “situado” que son las remesas y los subsidios del Estado, precarios pero subsidios al fin. Eso les permite consumir alimentos, cerveza, ron, y toda clase de bienes, sin moverse de la mesa de dominó ni apearse de un motor.
Tiene usted razón, profesor.
—La ética del trabajo, como eje para ganar la manutención con el sudor de la frente, se ha degradado.
Pues no había pensado en eso, aunque es verdad, son muchos los vagos que veo por doquier.
— La desmotivación al trabajo de esa nueva clase parasitaria es triple, primero por tener la suerte de que les envíen la remesa, segundo, por los subsidios que reciben del Estado vinculados en el fondo al clientelismo, y tercero por no tener que sudar al trabajar como lo hacen los haitianos.
Ay, caramba, este si es un lío, pero no cualquiera.
—Alumno, estudie, lea, y piense. El futuro de este pueblo está en retomar la ética del trabajo enaltecedor. Piense. No haga como los tontos de capirotes que creen que pensar es darle la vuelta al cuello, corriendo el peligro de que se descocoten como les pasa a las gallinas cuando se les retuerce el pescuezo.
http://www.diariolibre.com/opinion/en-directo/la-etica-del-trabajo-CX6563501

martes, 3 de febrero de 2015

Recompra de deuda y sostenibilidad | POR EDUARDO GARCÍA MICHEL

EN DIRECTO|03 FEB 2015, 12:00 AM|POR EDUARDO GARCÍA MICHEL
Una ley del 18 de diciembre pasado, apenas conocida, aprobada en el período navideño, en plena celebración colectiva del rito de Baco, hizo posible la emisión de bonos soberanos conectados a la recompra de la deuda con Petrocaribe, y destiñó el desmentido previo.
La página web de la Presidencia de la República lo reseñaba así: “El martes 27 de enero se cerró la transacción financiera mediante la cual se redimió de forma adelantada la deuda de US$4,027 millones de dólares acumulada con PDVSA, mediante el pago de la suma de US$1,933 millones de dólares. Esto equivale a un descuento obtenido sobre el valor facial de la deuda de un 52%; o de forma equivalente: a que se pagó un precio de 48% por la Deuda.”
La misma página agrega que: “en vista de que no contábamos con ese dinero en caja, el país emitió Bonos Soberanos la semana pasada. En total se emitieron US$ 2,500 millones de dólares, los cuales se han distribuido de la siguiente forma:
US$1,933.2 millones para pagar a PDVSA; US$563.5 millones fueron transferidos a la cuenta República Dominicana en el Banco Central como parte del Plan de Financiamiento aprobado en el Presupuesto del 2015 para su utilización durante el ejercicio presupuestario del año por parte de la Tesorería Nacional. El remanente de US$3.2 millones fue utilizado para pagar los costos de la emisión: bancos de inversión, abogados, agencias clasificadoras de riesgo.”
El mérito de esta operación se centra en la disminución de la deuda pública en 3.3% del PIB, que constituye ciertamente un alivio estadístico. También puede que lo sea que se haya logrado en un ambiente de solidaridad con el gobierno de Venezuela, necesitado de recursos líquidos, pero este último punto habrá de esperar por confirmación. No se conoce todavía si esta operación constituye el preludio para exclamar ¡Petrocaribe ha muerto! puesto que no se sabe si quedan argumentos para reclamar, en sentido contrario, ¡Viva Petrocaribe!
Por otra parte, la carga de intereses y el déficit será mayor pero se compensa con un flujo de amortizaciones más bajas, que se aplazan al vencimiento de los bonos. Parecería pues que en términos de flujos todos ganan: República Dominicana, Venezuela, y los intermediarios. Albricias. Por otro lado, no debería sorprender que se emitan otros bonos relacionados con las necesidades de financiamiento del presupuesto de la nación.
Nadie debería esperar que una operación de ingeniería financiera cambiara por si sola el grado de sostenibilidad de la deuda pública, pues no solo se trata de exhibir un coeficiente deuda/PIB más bajo, sino también de reducir con vocación de permanencia el elevado servicio de esa deuda. Y hacerlo en un contexto que demuestre un compromiso de desmontar su precaria sostenibilidad.
Se ha hecho provecho de una coyuntura apropiada, que pudiera ser prolongada o muy corta. Nadie lo sabe. El rebote de los precios del petróleo no es imposible y pudiera trastornar los planes y las predicciones bonancibles.
Reconociendo y calibrando en su justa medida la operación realizada, más importante todavía sería adoptar medidas internas que corten la tendencia al rápido crecimiento del endeudamiento, puesto que se avanzaría poco si hacemos cupo cancelando la deuda de mejor perfil para seguir endeudándonos en vez de ajustar la economía a sus posibilidades. Si resultara así, esta operación no tendría sentido en términos del interés nacional. La señal más contundente de que no será de esa manera sería la de generar un superávit primario a partir de este año 2015.
En la remozada Página Abierta del Banco Central, desprovista en sus últimas publicaciones de sus aristas más ásperas y conflictivas, aunque aún conservando algún grado de culto a la personalidad, se hace una contribución cuando se afirma que “A diciembre de 2014, el nivel de deuda, como porcentaje del producto, fue de 46.9%, muy inferior a las proyecciones de inicio de año. Más aún, de mantenerse la proyección de un déficit primario del sector público consolidado de 0.1% del PIB, el nivel de endeudamiento se mantendrá por debajo de 50% del PIB hasta el año 2018.”
Coincidimos con las afirmaciones del organismo monetario, previas a la recompra de deuda: crecimiento robusto y superávit primario es lo que permite dar sostenibilidad a la deuda pública. Y al mismo tiempo es el camino necesario para tener una economía más sana.
Ahora con precios del petróleo bajos deberíamos aprovechar esa oportunidad para hacerlo sin necesidad de esperar a que se convoque el Pacto Fiscal. Si a la disminución esperada del subsidio eléctrico se le une un mayor grado de racionalización del gasto, podría lograrse un superávit primario que fortalecería, con raíces auténticas, las perspectivas de la deuda.
Prepararse ante un eventual cambio de coyuntura menos favorable sería la mejor decisión.
http://www.diariolibre.com/opinion/2015/02/03/i995431_recompra-deuda-sostenibilidad.html