lunes, 19 de enero de 2026

La democracia empieza en casa: renovar los partidos bajo la Ley 33‑18

La democracia empieza en casa: renovar los partidos bajo la Ley 33‑18

La “crisis” de los partidos no dicta su epitafio: exige rediseño organizativo, coherencia programática y una reconexión real con la sociedad. La Ley 33‑18 ofrece el andamiaje; falta el coraje para aplicarla con controles y sin atajos.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez


Quien aún cree posible una democracia sin partidos, rehúye una evidencia clásica: la democracia contemporánea es una democracia de partidos. Desde Kelsen, la teoría constitucional sostiene que las instituciones representativas necesitan organizaciones capaces de articular intereses, seleccionar élites y mantener el puente entre sociedad y Estado. No hay, hasta hoy, un sustituto funcional que haga todo eso con estabilidad. [easysociology.com], [sociologyd…ussion.com]

El malestar que sentimos —abstención, desafección, membresías menguantes— dice menos del fin del partido y más de su transformación. Piero Ignazi lo explica con crudeza: en las últimas décadas los partidos se hicieron fuertes en el Estado, pero débiles en la sociedad; un “Leviatán con pies de barro” que concentra recursos públicos mientras pierde confianza ciudadana. La salida no es abolirlos, sino renovarlos en tres planos: organizativo, programático y relacional. [rd.udb.edu.sv], [dialnet.unirioja.es]

Esa renovación empieza en casa. Ignazi propone cuatro condiciones —sus “cuatro caballeros” de la democracia intrapartidaria— sin las cuales cualquier “apertura” degenera en plebiscitarismo: inclusión (quién decide y con qué reglas), deliberación (debatir antes de votar), difusión del poder (descentralización y contrapesos) y pluralismo (derechos efectivos de minoría). Abrir primarias sin estas salvaguardas solo electoraliza la vida interna y refuerza liderazgos carismáticos de corto plazo. [berghahnjournals.com]

La oportunidad dominicana: la 33‑18 como palanca

La Ley 33‑18 es un marco suficiente para que la democracia empiece a practicarse dentro de los partidos. No hace magia, pero ofrece herramientas que —si se usan— elevan estándares de padrones verificables, modalidades de escogencia de candidaturas, renovación de organismos internos, transparencia financiera y supervisión, y reglas de precampaña. Es la arquitectura mínima para que los procesos internos sean auditablemente democráticos.

La norma exige registro de afiliados actualizado y entregado anualmente a la JCE —una base objetiva para cualquier selectorado— y reconoce modalidades de selección que los estatutos deben detallar (quién vota, cómo se inscribe, cuándo y bajo qué reglas). El mismo texto ordena renovación periódica de organismos, supervisión de fondos, y regula precampañas para evitar asimetrías. Si a esto sumamos las cuotas de 40% de mujeres y 10% de juventud en candidaturas y órganos —siempre que se traduzcan en posiciones competitivas—, el andamiaje existe; lo que falta es voluntad para cumplirlo con rigor. [en.wikipedia.org]

De la norma a la práctica: cuatro tareas impostergables

1) Inclusión con padrones confiables.
Sin padrón auditado y observación independiente, la inclusión es retórica. La 33‑18 ordena llevar y remitir registros por circunscripción; tocá convertir ese trámite en garantía de integridad: publicación de cortes previos, canal de impugnaciones y padrón “congelado” antes de cada proceso. Dicho de otro modo: participación sí, pero sobre listas verificadas, no sobre arenas movedizas.

2) Deliberación antes que plebiscitarismo.
Ignazi advierte que la expansión de consultas rápidas —primarias, referendos internos—, sin debate informado, fomenta liderazgos plebiscitarios y empobrece la vida orgánica. La 33‑18 abre la puerta para que los estatutos fijen “ventanas deliberativas” con actas, informes comparativos y derecho de réplica antes de cada votación. Esa es la diferencia entre decidir y simplemente ratificar.

3) Difusión del poder y contrapesos.
La ley reconoce estructuras nacional‑provincial‑municipal. Hay que usarlas para repartir competencias y presupuestos, introducir doble firma y auditorías cruzadas, y evitar la captura de la organización por la cúpula. La investigación comparada sobre “las riendas del poder intrapartidario” muestra el valor de descentralizar con reglas para mejorar control y receptividad territorial. [opd.org.do]

4) Pluralismo garantizado.
El pluralismo no es “pelea de facciones”, es competencia leal. Estatutariamente, debe traducirse en representación proporcional de minorías en órganos, acceso equitativo a información y recursos, y límites estrictos a las reservas de candidaturas —con motivación escrita y publicación oportuna— para que no vacíen los procesos abiertos. La 33‑18 lo permite: hay que practicarlo.

Sin diseños robustos, no hay milagros

Abrir puertas no garantiza resultados. Estudios comparados muestran que las elecciones internas por el liderazgo no siempre mejoran la satisfacción con la democracia entre los propios votantes del partido, y que los efectos organizativos dependen del diseño fino: quién vota, cómo se delibera, cómo se audita y qué contrapesos existen. No es la etiqueta (“primaria”, “convención”) lo que legitima, son las reglas y su cumplimiento. [academic.oup.com], [acento.com.do]

La advertencia de Michels sigue vigente: toda organización compleja tiende a la oligarquización; la “ley de hierro” no es destino, pero sí un riesgo permanente. El antídoto es institucional: límites a la reelección interna, separación entre conducción y control, publicación sistemática de actas y transparencia financiera con auditorías periódicas y acceso ciudadano. [cris.unibo.it], [books.google.com]

Un método para medir el cambio

Si queremos pasar del discurso a la evidencia, midamos: (i) porcentaje de afiliados validados sobre el padrón; (ii) proporción de mujeres y jóvenes en distritos competitivos; (iii) horas de deliberación y porcentaje de actas publicadas; (iv) presupuesto ejecutado por niveles subnacionales; (v) reservas justificadas y publicadas; (vi) informes financieros trimestrales auditados. Todo ello se desprende del espíritu y capítulos de la 33‑18 sobre padrones, estatutos y renovación, precampañas, reservas, y financiamiento/supervisión.

Conclusión

Kelsen nos recuerda por qué los partidos son indispensables; Ignazi nos muestra cómo re‑legitimarlos (inclusión, deliberación, difusión y pluralismo); Michels nos advierte qué vigilar (concentración de poder). La Ley 33‑18 provee la cancha. Corresponde a las dirigencias —y a la ciudadanía que exige— jugar con reglas. La democracia no se improvisa en campaña: empieza en casa. [easysociology.com], [cris.unibo.it]


Autor: Luis Orlando Díaz Vólquez


El autor es ingeniero de sistemas de computadora, editor bibliográfico y productor de medios de comunicación. Autor de artículos de opinión y análisis sobre geopolítica, seguridad y comercio internacional. Ha seguido y escrito sobre procesos regionales y eventos de alto impacto (ferias internacionales, congresos sectoriales y coyunturas de seguridad nacional). Su enfoque privilegia la institucionalidad, el Estado mínimo funcional y la apertura económica con compliance como pilares para la normalización y el desarrollo sostenible.

Referencias

Fuente: Opinión inspirada en el artículo "Renovar los partidos", por Eddy Olivares Ortega https://acento.com.do/opinion/renovar-los-partidos-9605594.html

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