miércoles, 14 de enero de 2026

Banco Mundial prevé que la economía global crezca 2,7% en 2025 pese a gran incertidumbre | República Dominicana por encima de 3,5% gracias a servicios, consumo y remesas, necesita pasar del “aguante” a la aceleración inclusiva, con reformas que reduzcan la brecha de productividad y apalanquen capital privado | Por Luis Orlando Díaz Vólquez

EDITORIAL @GuasabaraEditor

Resiliencia sin convergencia: el diagnóstico incómodo del Banco Mundial para la economía global y América Latina (2025–2027)

La última edición de Perspectivas Económicas Globales del Banco Mundial pone sobre la mesa una paradoja: el mundo crece “mejor de lo esperado”, pero no lo suficiente para cerrar brechas. La institución proyecta una expansión del 2,7% en 2025, seguida de 2,6% en 2026 y 2,7% en 2027, y advierte que, si estos números se cumplen, los años 2020 terminarán siendo la década de menor crecimiento desde los sesenta. Más inquietante aún, una de cada cuatro economías en desarrollo continúa con ingresos per cápita inferiores a 2019, señal de una convergencia estancada. Esta lectura —difundida por EFE y recogida por Infobae— exige algo más que complacencia: pide reformas que devuelvan dinamismo a la inversión privada, el comercio y la productividad. [worldbank.org], [efe.com], [infobae.com]

El “motor oculto” de la resiliencia reciente fue un adelanto de importaciones y exportaciones ante cambios arancelarios, junto con ajustes rápidos en cadenas de suministro y un alivio paulatino de las condiciones financieras. Pero el propio Banco Mundial advierte que esos impulsos se desvanecerán en 2026, a medida que el comercio y la demanda doméstica pierdan fuerza. La ONU llega a una conclusión similar en su World Economic Situation and Prospects 2026: la economía aguanta el golpe de nuevos aranceles, pero la inversión sigue subdued y el espacio fiscal luce constreñido en muchos países; la consecuencia probable es un sendero de crecimiento más bajo y persistente. [worldbank.org], [news.un.org]

En las economías grandes, el mapa confirma que el crecimiento será desigual: Estados Unidos rondaría 2,2% en 2026, China moderaría a 4,4% y la zona euro caería hacia 0,9% antes de un tenue rebote en 2027. Este cuadro coincide con la cobertura internacional de Reuters y otros medios, y se alinea con la prudencia del OECD Economic Outlook (2,9% global en 2026) y con el IMF WEO —que, aunque algo más optimista para el agregado mundial (3,3% en 2025–2026), insiste en riesgos a la baja y en una disinflación aún “frágil”. En síntesis: hay resiliencia, sí; pero sin una aceleración clara, y con Europa particularmente expuesta. [money.usnews.com], [worldbank.org], [oecd.org], [imf.org]

Para los emergentes y en desarrollo (EMDE), el Banco Mundial prevé 4,2% en 2025, 4,0% en 2026 y 4,1% en 2027. No obstante, el dato que debería encender alarmas en los ministerios de hacienda es otro: la divergencia de ingresos per cápita persiste y el endeudamiento público y privado se mantiene en niveles récord, de modo que el margen para políticas expansivas es estrecho. El informe dedica un capítulo a reglas fiscales creíbles y bien diseñadas, asociadas históricamente a más inversión privada y mayor resiliencia financiera; UNCTAD, por su parte, subraya que sin mejor coordinación macro y financiamiento para el desarrollo, el mundo corre el riesgo de “anclarse” en una senda de bajo crecimiento. [worldbank.org], [openknowle…ldbank.org], [unctad.org]

América Latina y el Caribe sigue siendo el caso más áspero: 2,2% en 2025, 2,3% en 2026 y 2,6% en 2027; las previsiones menos favorables entre regiones, según EFE y la nota original de Infobae. ¿Por qué? Por una mezcla de baja productividad, inversión tibia, dependencia de la demanda externa y costos financieros aún elevados. CEPAL viene advirtiendo, además, que el desempeño será muy heterogéneo: con Guatemala, Panamá y República Dominicana por encima de 3,5% gracias a servicios, consumo y remesas; y con riesgos latentes para México en 2026 por el entorno de revisión del USMCA y tensiones comerciales. [efe.com], [infobae.com], [cepal.org], [riotimesonline.com]

El mensaje de Indermit Gill es claro y, en esta coyuntura, particularmente útil para la región: el mundo se muestra “más resiliente a la incertidumbre política”, pero “menos capaz de generar crecimiento”; esa divergencia no puede durar sin fracturar las finanzas públicas y los mercados de crédito. La receta: liberalizar inversión y comercio, contener el gasto público en consumo, e invertir en educación y nuevas tecnologías. El BID coincide y agrega prioridades operativas: elevar productividad mediante mejor educación, formalización de empresas pequeñas, acceso a mercados y crédito competitivo, y aprovechar el nearshoring y la reorganización de cadenas globales. UNCTAD complementa: coordinar mejor la mezcla monetaria–fiscal–industrial para estabilizar precios y atraer inversión. [worldbank.org], [iadb.org], [unctad.org]

Para República Dominicana, que ponemos en el centro de nuestros análisis, el reto no es tanto “evitar la recesión” como transformar la resiliencia en convergencia. Con un crecimiento esperado superior a 3,5% —impulsado por servicios, turismo y remesas—, la ventana de oportunidad está en cuatro frentes: (1) logística y facilitación comercial para capitalizar el nearshoring y diversificar exportaciones; (2) reglas fiscales con anclas claras de deuda y balance primario que preserven credibilidad; (3) una agenda de productividad que conecte formación técnica con demanda empresarial, y acelere la adopción de IA en servicios y manufactura; y (4) financiamiento verde y resiliencia climática para proteger el aparato productivo. Estas líneas están en sintonía con las recomendaciones del Banco Mundial, CEPAL y UNCTAD, y dialogan con el patrón de riesgos: aranceles, menor comercio y condiciones financieras volátiles. [cepal.org], [worldbank.org], [unctad.org]

Conclusión: 2025 no será un año de colapso, pero la resiliencia actual no alcanza por sí sola para revertir la divergencia. América Latina —y República Dominicana en particular— necesitan pasar del “aguante” a la aceleración inclusiva, con reformas que reduzcan la brecha de productividad y apalanquen capital privado. El informe del Banco Mundial no es un parte de optimismo ni de alarma: es una invitación urgente a reconstruir el dinamismo sobre bases fiscales creíbles, apertura inteligente y una apuesta decidida por el capital humano y tecnológico. [worldbank.org], [infobae.com]

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

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Resumen ejecutivo

Tesis central. El mundo transita un ciclo de “resiliencia sin convergencia”: la actividad crece más de lo previsto, pero no lo suficiente para cerrar brechas entre economías avanzadas y países en desarrollo. Sin reformas que eleven productividad e inversión, la década de 2020 corre el riesgo de consolidarse como la de menor crecimiento desde los años sesenta.

1) Panorama global (2025–2027)

  • Crecimiento mundial: 2,7% en 2025, 2,6% en 2026 y 2,7% en 2027.
  • Paradoja central: pese a la resiliencia ante tensiones comerciales y políticas, 1 de cada 4 economías en desarrollo mantiene ingresos per cápita por debajo de 2019.
  • Impulso transitorio en 2025: adelanto de comercio ante aranceles, ajustes de cadenas y alivio financiero; se desvanece en 2026.
  • Grandes economías: EE. UU. ~2,2% (2026), China ~4,4%, zona euro ~0,9% con leve mejora en 2027.

2) Economías emergentes

  • EMDE: 4,2% (2025)4,0% (2026)4,1% (2027).
  • Riesgo estructural: endeudamiento público/privado en máximos y espacio fiscal acotado; desinflación avanza, pero la inversión sigue tibia.

3) América Latina y el Caribe (ALC)

  • Crecimiento regional: 2,2% (2025), 2,3% (2026) y 2,6% (2027)—los más bajos entre regiones.
  • Heterogeneidad: Guatemala, Panamá y República Dominicana > 3,5% por servicios, turismo y remesas; México y el istmo, expuestos a aranceles y revisión del USMCA.
  • Diagnóstico: productividad estancada, inversión moderada, informalidad y costos financieros elevados impiden la convergencia.

4) Recomendaciones transversales

  • Abrir y catalizar inversión privada: liberalización comercial y de IED; marcos regulatorios previsibles.
  • Credibilidad fiscal: reglas con anclas de deuda y balance primario; consejos fiscales independientes.
  • Productividad y capital humano: educación técnica y superior orientada a demanda; digitalización/IA para pymes y servicios; competencia en mercados de crédito.
  • Coordinación macro: alinear política monetaria, fiscal e industrial para sostener la desinflación sin frenar la inversión.
  • Finanzas verdes: canalizar inversión climática hacia infraestructura resiliente y energía limpia.

5) República Dominicana: de la resiliencia a la convergencia

Oportunidad: crecer > 3,5% no basta si no se traduce en productividad y diversificación.
Cuatro vectores de acción:

  1. Facilitación comercial y logística para aprovechar nearshoring (aduanas digitales, puertos, energía confiable, conectividad).
  2. Regla fiscal creíble + consejo fiscal y presupuestos plurianuales de inversión.
  3. Agenda de productividad e IA (re‑entrenamiento, incentivos a adopción tecnológica, sandboxes regulatorios).
  4. Cartera verde bancable (proyectos en renovables, agua, protección costera, con taxonomía y acceso a fondos climáticos).

6) Riesgos y escenarios

  • A la baja: re‑escalada del proteccionismo, corrección financiera por valoraciones elevadas, nuevos choques de precios/energía.
  • Al alza: normalización arancelaria, difusión más amplia de inversión en IA y mejora de condiciones financieras.

7) Indicadores sugeridos de seguimiento (2026–2027)

  • Productividad laboral total y TFP (+% anual).
  • Inversión privada/PIB y IED neta (US$ y % del PIB).
  • Participación de bienes/servicios no tradicionales en exportaciones (%).
  • Adopción digital/IA en pymes (índice de madurez).
  • Ancla fiscal: deuda/PIB y balance primario estructural (objetivos anuales).
  • Flujos de financiamiento verde movilizados (US$) y proyectos adjudicados.

Mensaje final. El 2,7% de 2025 y el 2,6% de 2026 describen una economía mundial que aguanta, pero no transforma. Para América Latina—y para República Dominicana—el reto es convertir esa resiliencia en convergencia mediante credibilidad fiscal, apertura pro‑competencia, capital humano alineado a la demanda y una apuesta decidida por tecnología y sostenibilidad.

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Resiliencia sin convergencia: una lectura crítica del diagnóstico del Banco Mundial para 2025–2027

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

Introducción | El más reciente informe Perspectivas Económicas Globales del Banco Mundial proyecta que la economía mundial crecerá 2,7% en 2025, para moderarse a 2,6% en 2026 y repuntar levemente a 2,7% en 2027. La lectura que el organismo propone es, a la vez, sobria y desconcertante: la actividad global ha mostrado una resiliencia mayor a la prevista frente a la incertidumbre política y comercial, pero esa resiliencia no se traduce en convergencia entre países ricos y en desarrollo. De hecho, una de cada cuatro economías emergentes sigue con ingresos per cápita por debajo de 2019, un dato que resume el “crecimiento sin inclusión” de la década pospandemia y que proyecta la década de 2020 como la de menor dinamismo desde los años sesenta (Banco Mundial, 2026; EFE, 2026).

Este panorama no es una anomalía estadística, sino una tendencia consistente con diagnósticos de otros referentes multilaterales. La ONU estima un crecimiento global del 2,7% en 2026, también bajo respecto del promedio prepandemia; la OCDE mantiene un sesgo prudente (alrededor de 2,9% en 2026), mientras que el FMI —algo más optimista— sitúa el crecimiento próximo al 3,3% en 2025–2026, aunque con riesgos a la baja y una desinflación aún frágil. La coincidencia transversal es clara: la economía mundial resiste, pero no acelera (UN News, 2026; OCDE, 2025; FMI, 2025).

Este artículo de opinión propone una lectura crítica—y propositiva—de ese diagnóstico, con foco en América Latina y el Caribe (ALC) y una mirada particular desde República Dominicana. La tesis central es que hablamos de resiliencia sin convergencia: mantener el crecimiento por encima de cero no es suficiente si no se transforma en aumento sostenido de productividad, inversión y capital humano.


El espejismo de la resiliencia global

La “resiliencia” de 2025 tuvo motores excepcionales: adelanto de importaciones y exportaciones ante cambios arancelarios, ajustes rápidos en cadenas globales y cierto alivio en las condiciones financieras. Ese cóctel empujó por encima de lo esperado a varias economías—en particular a Estados Unidos—y explicó revisiones al alza respecto de las proyecciones de mitad de año (Banco Mundial, 2026; Reuters/Lawder, 2026). Sin embargo, el propio Banco Mundial advierte que esa inercia es transitoria: a partir de 2026, conforme el “efecto front‑loading” pierde fuerza y la demanda doméstica se enfría, lo razonable es esperar un menor impulso del comercio y un crecimiento “range‑bound” (Banco Mundial, 2026; Bloomberg, 2026).

La ONU aporta un mensaje similar: los nuevos aranceles han creado fricciones, y aunque su impacto inicial fue acotado por el anticipo de flujos comerciales, el lastre sobre inversión y productividad puede hacerse más visible en 2026, sobre todo en países con estrecho espacio fiscal (UN News, 2026; UNCTAD, 2026). En otras palabras, la aparente fortaleza del 2025 no debe confundirse con un cambio de régimen; más bien, se trató de una amortiguación coyuntural en un mundo que se encamina a un crecimiento potencial más bajo.


América Latina y el Caribe: resiliencia sin convergencia

En ALC, el Banco Mundial prevé 2,2% en 2025, 2,3% en 2026 y 2,6% en 2027. Son las tasas menos favorables entre regiones y, además, registran ligeros recortes frente a las estimaciones previas (EFE, 2026; Banco Mundial, 2026). La CEPAL ya venía advirtiendo un patrón de bajo crecimiento y desempeño heterogéneo: mientras Guatemala, Panamá y República Dominicana podrían superar 3,5% gracias al empuje de servicios, consumo y remesas, la media regional seguirá anclada en el 2%–3%, insuficiente para bajar pobreza y elevar inversión pública de manera sostenida (CEPAL, 2025; Banco Mundial, 2026).

¿Por qué la región no despega? La lista de frenos es conocida pero no por ello menos vigente: productividad estancada, inversión privada moderada, informalidad elevada, costos financieros aún altos y una dependencia externa (de EE. UU. y China) que amplifica choques comerciales y de tasas. El BID subraya, además, que la región debe acelerar reformas para aprovechar oportunidades en alimentos, energía renovable y cadenas de valor reconfiguradas (BID, 2024; OCDE, 2025). El mensaje común de estos organismos es inequívoco: sin una agenda de productividad y credibilidad fiscal, América Latina seguirá siendo resiliente, pero no convergente.


El dilema de la década: crecer con deuda récord y empleo insuficiente

Un elemento clave del diagnóstico del Banco Mundial es la asimetría entre la “capacidad de resistir” y la “capacidad de generar crecimiento”. Como resume Indermit Gill, con cada año el mundo parece más inmune a la incertidumbre política, pero menos capaz de sostener crecimiento vigoroso; esa divergencia no puede prolongarse sin consecuencias en finanzas públicas y mercados de crédito (Banco Mundial, 2026; Reuters/Lawder, 2026).

Esta advertencia resuena con dos realidades latinoamericanas: (1) deuda pública y costos de financiamiento que limitan la inversión productiva del Estado, y (2) una creación de empleo que no alcanza para absorber la demografía laboral, especialmente entre jóvenes. La edición 2026 de Global Economic Prospects dedica, de hecho, un capítulo a las reglas fiscales, mostrando que su diseño adecuado se asocia con mayor inversión privada, sistemas financieros más estables y mejor capacidad de respuesta a shocks (Open Knowledge/WB, 2026; Banco Mundial, 2026).

La UNCTAD refuerza el punto estructural: sin coordinación macro (monetaria–fiscal–industrial) y sin más financiamiento para el desarrollo, muchos emergentes podrían anclarse en una senda de bajo crecimiento, con inflación que baja pero presiones de costo de vida que persisten (UNCTAD, 2026; UN News, 2026).


República Dominicana: pasar del aguante a la aceleración inclusiva

Visto desde República Dominicana, el desafío no es tanto “evitar la recesión” como convertir la resiliencia en convergencia. La CEPAL contempla a RD dentro del grupo que podría crecer >3,5%, apoyado en servicios, turismo y remesas (CEPAL, 2025; Banco Mundial, 2026). Es una base sólida, pero no garantiza movilidad de largo plazo si no se consolida una agenda de productividad y diversificación.

Propongo cuatro vectores de política para pasar del aguante a la aceleración:

  1. Facilitación comercial y logística para el nearshoring. Simplificar trámites, modernizar ventanillas únicas, digitalizar procesos aduaneros e invertir en puertos, conectividad y energía confiable. El objetivo es posicionar a RD como hub de servicios y manufactura liviana en el Caribe y el hemisferio, aprovechando la reorganización de cadenas globales (BID, 2024; OCDE, 2025).

  2. Regla fiscal creíble con anclas de deuda y balance primario. Una regla bien diseñada—acompañada de un consejo fiscal independiente—mejora la prima de riesgo, atrae capital y crea espacio para inversión pública en infraestructura y capital humano (Open Knowledge/WB, 2026; Banco Mundial, 2026).

  3. Productividad y capital humano con énfasis en habilidades digitales/IA. Conectar formación técnica y tecnológica con demanda empresarial, acelerar la adopción de IA en procesos de servicios y manufactura, y facilitar el re‑entrenamiento laboral. Habilitar sandboxes regulatorios y créditos fiscales para proyectos de transformación digital (FMI, 2025; OCDE, 2025).

  4. Finanzas verdes y resiliencia climática. Escalar proyectos bancables en energías renovables, eficiencia hídrica y protección costera, anclados en taxonomías verdes y acceso a fondos climáticos; la estabilidad macro y una cartera de proyectos bien estructurada son esenciales para atraer capital (UNCTAD, 2026; UN News, 2026).

Estos cuatro frentes dialogan directamente con el patrón de riesgos (aranceles, menor comercio, condiciones financieras volátiles) y con la recomendación del Banco Mundial de liberalizar inversión y comercio, contener consumo público e invertir en nuevas tecnologías y educación (Banco Mundial, 2026; EFE, 2026).


Riesgos y escenarios 2026–2027: lo que puede salir bien (y mal)

Riesgos a la baja. El principal vector negativo es un rebrote del proteccionismo que erosione la inversión y el comercio; a ello se suman potenciales correcciones financieras ante valoraciones elevadas (particularmente en sectores vinculados a IA) y vulnerabilidades fiscales que tensionen primas soberanas (UN News, 2026; OCDE, 2025). Para ALC, un deterioro de términos de intercambio o una desaceleración adicional de China afectarían exportaciones y balanza externa (FMI, 2025; OCDE, 2025).

Riesgos al alza. Una normalización más ordenada de tarifas, sumada a la difusión de la inversión en IA y a una desinflación que ancle expectativas, podría elevar el crecimiento efectivo por encima del 2,7% en 2027. La diversificación de mercados (intra‑regional, UE, Asia no China) y el aprovechamiento de nearshoring y friend‑shoring son márgenes de maniobra reales si se acompaña con credibilidad macro y reformas pro‑competencia (Banco Mundial, 2026; Reuters/Lawder, 2026).


Una agenda mínima para la convergencia

De la confluencia de las proyecciones del Banco Mundial, la ONU, la OCDE y el FMI emerge un guion de política relativamente consensuado:

  • Reglas fiscales creíbles, transparentes y con cláusulas de escape definidas, que estabilicen la deuda y liberen espacio para inversión pública de alto impacto (Open Knowledge/WB, 2026; Banco Mundial, 2026).
  • Apertura inteligente: facilitar comercio e inversión, evitar medidas discrecionales que aumenten la incertidumbre regulatoria y acelerar acuerdos que reduzcan costos de transacción (Banco Mundial, 2026; OCDE, 2025).
  • Productividad: educación técnica y superior vinculada a demanda, digitalización de pymes, competencia en mercados de crédito y profundización financiera para destrabar inversión privada (BID, 2024; FMI, 2025).
  • Coordinación macro: alinear lo monetario, fiscal e industrial para estabilizar la desinflación sin asfixiar la inversión, especialmente en países con restricciones de financiamiento (UNCTAD, 2026; UN News, 2026).
  • Inserción en cadenas de valor: política de desarrollo productivo enfocada en externalidades, no en subsidios ciegos; evaluación ex ante/ex post de instrumentos para maximizar valor por peso fiscal (OCDE, 2025; FMI, 2025).

Para República Dominicana, esta agenda se traduce en pasos concretos: (i) actualizar la arquitectura fiscal (regla + consejo fiscal + presupuesto plurianual de inversiones); (ii) lanzar una Estrategia Nacional de Productividad e Inteligencia Artificial con metas verificables en adopción tecnológica, capital humano y digitalización; (iii) acelerar la plataforma de facilitación comercial con trazabilidad y analítica; (iv) estructurar una cartera verde bancable que conecte inversión privada, multilaterales y fondos climáticos.


Conclusión: del relato de la resiliencia al horizonte de la convergencia

El informe del Banco Mundial no es un parte de victoria ni un augurio fatalista: es un llamado a reconstruir el dinamismo en condiciones adversas. La resiliencia de 2025 fue útil para esquivar un tropiezo mayor, pero no basta para reducir pobreza, crear empleo de calidad y sostener la inversión pública y privada que América Latina necesita.

La región y República Dominicana tienen la capacidad y las oportunidades—nearshoring, servicios modernos, transición energética, turismo de alto valor—para cambiar la trayectoria. Pero el tránsito de la resiliencia a la convergencia exige credibilidad fiscal, apertura pro‑competencia, capital humano alineado a la demanda y adopción tecnológica con ambición. No es un menú optativo: es la condición de posibilidad para que el 2,7% de 2025 y el 2,6% de 2026 no sean la antesala de otra década perdida, sino el piso de una recuperación más profunda e inclusiva (Banco Mundial, 2026; UNCTAD, 2026).


Referencias 


Firma:
Luis Orlando Díaz Vólquez


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El informe de Perspectivas Económicas Globales destaca que la actividad mundial superó lo esperado pese a tensiones políticas y comerciales, con avances previstos en China, Estados Unidos y Europa, aunque América Latina mantiene el pronóstico menos optimista según el organismo

Por Newsroom Infobae | 13 Ene, 2026 03:47 p.m. EST

La brecha económica entre países desarrollados y en desarrollo se ha acentuado, ya que, mientras los primeros muestran ingresos per cápita superiores a los de 2019, se observa que una de cada cuatro economías emergentes o en desarrollo permanece por debajo de ese nivel. En ese contexto, el Banco Mundial señaló la urgencia de aplicar reformas capaces de revertir este fenómeno, de acuerdo con el más reciente Informe de Perspectivas Económicas Globales que presentó el organismo, según consignó la agencia EFE.

El Banco Mundial pronosticó que la economía mundial aumentará 2,7 % en 2025, cifra que supera en cuatro décimas lo que la entidad había previsto en junio, y anticipó además crecimientos del 2,6 % en 2026 y del 2,7 % en 2027, datos que también suponen un incremento respecto de sus estimaciones anteriores. Estas proyecciones, según detalló EFE, reflejan una resiliencia inesperada en la actividad económica a pesar de la persistente incertidumbre política y las tensiones comerciales a nivel internacional.

Al detallar la evolución estimada de las principales economías mundiales, el informe del Banco Mundial mencionó que Estados Unidos podría registrar en 2026 una tasa de crecimiento del 2,2 %, es decir, una décima más que este año. Para el caso de China, se espera una reducción de cuatro décimas en su expansión, hasta alcanzar el 4,4 %, mientras que la zona euro experimentaría una caída de cinco décimas para situar su avance en 0,9 %, con una recuperación estimada hasta el 1,2 % en 2027. El medio EFE remarcó que, dentro de estas tres potencias económicas, los datos actualizados representan una mejoría respecto a las previsiones anteriores del organismo.

El Banco Mundial también abordó la trayectoria de los países emergentes y en desarrollo, para quienes previó un crecimiento del 4,2 %, tres décimas por encima del cálculo divulgado en junio para el último ejercicio cerrado, seguido de expansiones del 4 % y 4,1 % en los dos años posteriores, en ambos casos dos décimas más que en las estimaciones previas. Estas cifras, publicadas por EFE, denotan una mayor solidez de lo proyectado para este grupo de países en comparación con mediciones anteriores.

Sin embargo, Latinoamérica muestra un panorama menos optimista dentro del informe. El Banco Mundial estimó para la región un crecimiento del 2,2 % en 2025 y del 2,3 % en 2026, tasas una décima por debajo de los pronósticos difundidos previamente, mientras que para 2027 la proyección se mantuvo en 2,6 %. El organismo internacional señala que estos resultados constituyen las previsiones menos favorables en comparación con otras regiones emergentes y desarrolladas, según consignó EFE.

El informe también advierte que, de cumplirse estas proyecciones, la década de 2020 se convertiría en la de menor crecimiento global desde la década de 1960, conforme señaló el Banco Mundial en el documento citado por EFE. Esta tendencia no solo disminuiría el ritmo del desarrollo económico global, sino que también ampliaría las diferencias existentes en los niveles de vida entre los distintos países, dificultando la convergencia entre economías avanzadas y aquellas en vías de desarrollo.

Indermit Gill, economista jefe del Grupo del Banco Mundial, expresó que “con cada año que pasa, la economía global se vuelve menos capaz de generar crecimiento y, aparentemente, más resistente a la incertidumbre política”, según citó EFE, dando cuenta tanto de la fortaleza ante presiones externas como de la dificultad para sostener tasas de expansión más elevadas.

En ese marco, el Banco Mundial subrayó la necesidad de que los gobiernos, tanto de economías emergentes como avanzadas, adopten medidas orientadas a liberalizar la inversión privada y el comercio, controlar el gasto público e impulsar inversiones en nuevas tecnologías y educación. Estas recomendaciones buscan evitar escenarios de estancamiento y contener el avance del desempleo, aspectos mencionados explícitamente en el informe publicado y reportado por EFE.

El reporte da cuenta de que, bajo los parámetros actuales, el menor dinamismo en el crecimiento sostendría y profundizaría las diferencias en bienestar económico, con una fracción significativa de países en desarrollo alejándose de los ingresos que tenían al inicio de la década, mientras las naciones avanzadas logran recuperarse con mayor facilidad. El organismo considera urgente una agenda de reformas que permita revertir esta divergencia y anclar mejores perspectivas de mediano y largo plazo, detalló el medio EFE.

https://www.infobae.com/america/agencias/2026/01/13/banco-mundial-preve-que-la-economia-global-crezca-27-en-2025-pese-a-gran-incertidumbre/

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