Del despacho al territorio: primeros pasos y desafíos del MICM de Yayo Sanz Lovatón bajo la visión de Luis Abinader
Por Luis Orlando Díaz Vólquez*
El 6 de enero de 2026, con el Decreto 3‑26, el presidente Luis Abinader designó a Eduardo “Yayo” Sanz Lovatón como ministro de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), un movimiento de gabinete que prioriza competitividad, logística e impulso a las Mipymes en la nueva etapa del Gobierno. El 8 de enero fue juramentado por la vicepresidenta Raquel Peña, dejando anclada una promesa de continuidad: convertir a la República Dominicana en centro logístico regional y mantener a las Mipymes en el corazón del empleo formal y la movilidad social.
En cuestión de días, la gestión dio señales de orden y previsibilidad. El MICM mantuvo sin variación los precios de combustibles de mayor consumo mediante subsidios extraordinarios de RD$44.2 millones para la semana del 10 al 16 de enero y de RD$92.6 millones para la del 17 al 23 de enero, protegiendo el poder de compra de los hogares y la estructura de costos del transporte y la industria. De forma paralela, la entidad comunicó la implementación y auditoría de su Sistema de Gestión de Seguridad de la Información conforme a la norma ISO/IEC 27001, un hito de ciberconfianza que fortalece el ecosistema de trámites y servicios digitales para empresas.
También hubo una acción contundente contra la informalidad nociva del mercado: la incineración de 24,633,579 unidades de mercancías ilícitas (medicamentos, alcohol, tabaco y otros), que eleva a más de 177 millones los productos destruidos desde la creación de la Mesa de Ilícitos. Este tipo de mensajes no solo disuade el contrabando: devuelve espacio a la empresa honesta, protege la salud del consumidor y cura distorsiones que encarecen el crédito y la inversión en el largo plazo.
Pero gobernar la economía real exige, además, diálogo y coordinación. El 14 de enero, el presidente del Senado, Ricardo de los Santos, visitó al nuevo titular del MICM para reafirmar la cooperación interinstitucional; un día después, Sanz Lovatón se reunió con asociaciones del comercio y Mipymes, comprometiéndose a mediar en la implementación de la Ley de Residuos Sólidos y a sostener una agenda de seguimiento con metas y plazos. Esa misma vocación de articulación se evidenció en el encuentro con la Cámara de Comercio y Producción de Santo Domingo para “destrabar nudos críticos” de la facilitación productiva, lazos que se complementan con la interlocución permanente que mantiene AMCHAMDR sobre clima de inversión.
La internacionalización no se improvisa, se prepara. Por eso fue oportuna la jornada técnica con la Corporación Financiera Internacional (IFC) enfocada en la estrategia de ferias y agendas B2B, crucial para que las empresas dominen inteligencia de mercados, storytelling de oferta y métricas de retorno. Esta línea de trabajo conversa con otra prioridad de la administración: convertir el potencial agroindustrial en divisas y empleo calificado, como sugiere la ruta de la ENFA (Estrategia Nacional de Fomento a la Agroindustria) y el Pacto por la Agroindustria, que proponen encadenamiento, calidad, sostenibilidad y marca origen para productos tractor como aguacate, cacao y frutas tropicales.
Pero una política industrial moderna no puede perder de vista la cohesión social, indispensable para la “licencia” de operar y crecer. En San Antonio de Guerra, junto a la primera dama Raquel Arbaje y Gildan, el MICM acompañó la intervención número 21 del programa “Parques Recreativos: De la Industria a la Comunidad”: parque infantil y play de béisbol remozado, con RD$4.2 millones invertidos y criterios de inclusión y reciclaje, un gesto que ancla a la industria en su territorio. En la misma lógica cultural, la Caminata 5K “Alianza por el Bienestar”—plataforma de la AIRD con apoyo público—volvió a movilizar a cientos de personas y a empresas que entienden el bienestar como palanca de productividad y orgullo corporativo.
De este arranque pueden extraerse tres lecciones. Primero, la previsibilidad vale tanto como un incentivo fiscal: estabilizar combustibles, publicar reglas claras y transparentar criterios de intervención es una política de competitividad en sí misma. Segundo, la seguridad jurídica y técnica —desde la lucha contra ilícitos hasta la certificación ISO— reduce el costo país, aproxima crédito y mejora la calidad regulatoria que exigen las cadenas globales. Tercero, la concertación es el método: Congreso, cámaras, gremios y multilaterales en mesas con indicadores y cronogramas verificables, desde la gestión de residuos hasta el salto exportador de las Mipymes.
Quedan, sin embargo, tareas ineludibles para los próximos doce meses. El MICM debe “traducir” la visión logística y de nearshoring en metas públicas de tiempos y costos de despacho, integrando Aduanas, Zonas Francas y la ventanilla de inversión para que el país compita por proveedores regionales en sectores como dispositivos médicos, agroprocesados y manufacturas livianas.
Con Mipymes, urge profundizar la simplificación de trámites y la adopción de facturación electrónica, y escalar las Buenas Prácticas de Manufactura (BPM) en cadenas sensibles —harina y panificación— con INDOCAL e INABIE para que calidad e inocuidad dejen de ser una barrera de entrada. En agroindustria, la ENFA debe aterrizar en pilotos provinciales con contratos, certificaciones y logística de frío, de la mano de la FAO, ferias especializadas y banca de desarrollo. Finalmente, la Mesa de Ilícitos necesita KPIs públicos por rubro —participación del ilícito, decomisos con condena, reducción de reincidencia— para que el mercado formal gane espacio de manera sostenible.
Sanz Lovatón llega al MICM con un activo político en proceso de consolidación en la gestión pública: conocimiento operativo de la frontera del comercio, forjado en Aduanas, y una red de colaboración público–privada que ya dio resultados en facilitación, recaudación y cooperación internacional; si a eso se suma una medición rigurosa de políticas y una comunicación enfocada en resultados, el ministerio puede consolidar el paso de la retórica a la evidencia. En un contexto internacional de costos logísticos fluctuantes y reconfiguración de cadenas, la República Dominicana tiene una ventana de oportunidad que no admite intermitencias: o profesionalizamos la política industrial hasta el último kilómetro, o resignamos parte del futuro al azar.
La oportunidad se mide en más exportaciones, empleos formales y mercados más justos; el método, en mesas que resuelven nudos concretos y en tableros de control que cualquier ciudadano pueda leer. El Gobierno ya fijó la dirección, y el MICM ha empezado a mover la aguja; ahora toca acelerar con disciplina, para que la competitividad no sea un eslogan, sino un resultado.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario