jueves, 22 de enero de 2026

Aduanas y exportadores: la competitividad se construye en la coordinación

 

Aduanas y exportadores: la competitividad se construye en la coordinación

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

En el comercio exterior, la competitividad rara vez se gana en discursos; se gana en procesos. Se gana cuando un exportador puede planificar con certeza, cuando una carga sale a tiempo, cuando los trámites no se duplican y cuando la logística deja de ser un costo oculto para convertirse en un activo país. Por eso, el intercambio entre la Dirección General de Aduanas y la directiva de ADOEXPO trasciende el protocolo: pone en primer plano una verdad estratégica que el país no puede postergar más. La facilitación del comercio no es un “tema técnico”; es una política de desarrollo.

La economía dominicana ha demostrado capacidad productiva y vocación exportadora, pero el salto hacia una mayor competitividad exige atacar el punto donde muchos esfuerzos se desgastan: la fricción operativa en la cadena logística. En la práctica, cada requisito redundante, cada validación innecesaria, cada inspección mal coordinada y cada hora de espera en un puerto se traduce en dinero, pérdida de ventanas comerciales y reducción del margen de las empresas. Es ahí donde la institucionalidad se convierte en ventaja competitiva o en obstáculo silencioso.

En ese sentido, cuando se plantea fortalecer mecanismos de colaboración —bajo la lógica de una alianza público‑privada— el debate no debe quedarse en la buena intención. La conversación real debe girar alrededor de resultados concretos: simplificación de trámites, digitalización efectiva de punta a punta, interoperabilidad entre instituciones, gestión de riesgo inteligente para inspecciones y, sobre todo, reducción verificable de tiempos y costos. La eficiencia operativa no es un lujo; es una condición para competir en mercados que premian precisión y penalizan retrasos.

Lo más importante de este tipo de encuentros es que reafirman una regla de oro: la aduana moderna no es solo control; es control con inteligencia y facilitación con estándares. La función aduanera tiene la responsabilidad de proteger al Estado y a la sociedad, pero también la obligación de no convertir esa protección en una carga administrativa que encarezca al exportador formal. Si el control se ejerce con datos, perfiles de riesgo, tecnología y coordinación, el sistema puede ser más seguro y, al mismo tiempo, más ágil. Esa es la ecuación correcta.

Por su parte, el sector exportador no es un usuario pasivo del sistema; es un co‑constructor de competitividad. El diálogo con ADOEXPO debe ser aprovechado para identificar cuellos de botella con evidencia: dónde se pierde tiempo, qué procesos requieren reingeniería, cuáles pasos ya no agregan valor y qué cambios normativos o procedimentales permitirían exportar con mayor fluidez. Cuando el sector privado aporta información, experiencia y propuestas, el Estado gana capacidad de diseño; cuando el Estado escucha y ejecuta, el sector privado gana predictibilidad. Ese intercambio es, en esencia, una política pública inteligente.

La insistencia en “reducir tiempos y costos” también tiene una lectura de país: cada mejora en logística impacta no solo a la empresa exportadora, sino a la reputación nacional. Un país confiable es aquel donde los compromisos de entrega se cumplen, donde la trazabilidad es clara, donde el cumplimiento normativo es parte del método y donde el proceso es lo suficientemente estable para atraer inversión, integrarse a cadenas globales y sostener crecimiento. La competitividad no se declara; se demuestra.

De ahí que la alianza público‑privada, si quiere ser más que una etiqueta, debe institucionalizarse como una práctica permanente: mesas técnicas con agenda, cronograma, responsables, indicadores y evaluación. Porque en facilitación del comercio, lo que no se mide no se gestiona, y lo que no se gestiona no mejora. El reto es convertir cada conversación en decisiones y cada decisión en resultados verificables para el exportador y para el país.

En definitiva, la reunión con ADOEXPO envía un mensaje correcto: el comercio exterior competitivo se construye con coordinación, simplificación y eficiencia. Pero la verdadera medida del éxito será la capacidad de traducir esa voluntad en una experiencia concreta para el exportador: menos incertidumbre, menos fricción, más velocidad, más transparencia. Ahí es donde una aduana se convierte en facilitadora del desarrollo y donde el sector exportador encuentra condiciones para crecer, diversificar mercados y llevar lo mejor de lo nuestro al mundo.

22 de enero de 2026




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