jueves, 8 de octubre de 2020

Los ataques y el hostigamiento mediático a que somete Haití a los dominicanos / por Ángel Lockward

Los ataques y el hostigamiento mediático a que somete Haití a los dominicanos

Por: Ángel Lockward

A propósito de los ataques y del hostigamiento mediático a que somete Haití a los dominicanos, desde Canadá me han solicitado que escriba sobre el racismo en la isla, algo que se responde en forma simple.

Cuando la nación haitiana surge, con unos 20 mil kilómetros, está poblada por aproximadamente 500 mil seres humanos de los cuales unos 25 mil eran blancos, e igual cantidad, mulatos; a los primeros los mataron a todos en una noche, a los segundos casi la mitad, en consecuencia, surge pura en términos de color: todos negros y así lo consigna su Constitución hasta que en 1915 Estados Unidos le invade y la deja sin efecto: para ser ciudadanos de Haití, es preciso ser negro y los blancos no pueden poseer tierras, consignaba.

Si bien el color era uno, negro, no lo eran el idioma ni la religión y ello da lugar a que para crear lazos de unidad y entendimiento mínimos, nazcan el creole y el vudú.

Esos tres elementos configuran la matriz de una nación, que no sólo es la única República surgida de una rebelión de esclavos en el mundo, sino que además es única en América.

Era, el día de su nacimiento, la colonia más rica del continente y, al día siguiente, se convirtió en la más pobre, camino que ha seguido hasta el día de hoy; allí, blancos y mulatos, nunca son parte del gobierno.

Ese Haití rico que tuvo un ejército de 35 mil soldados tan bien armados que pudo regalar armas a Bolívar, tenía al otro lado a una colonia española abandonada y pobre, con 70 mil almas y sin ejército, en donde el color de la piel, no era un problema, y por eso la ocupó militarmente durante 22 años.

Los fundadores de la nación dominicana, blancos, negros y mulatos, de la misma religión e idioma, tenían diferencias políticas, pero nunca las tuvieron raciales y, por eso a lo largo del siglo XIX la República Dominicana estuvo gobernada, brevemente, por muy pocos blancos; los grandes períodos y liderazgos correspondieron a mulatos como Santana, nacido en Hinca, hoy territorio haitiano; Báez, hijo de una negra esclava; y negros, como Luperón, héroe de la Restauración; y Ulises Hereaux, hijo de haitianos, y el Presidente que más tiempo gobernó, más negro que Louverture.

En Haití, la riqueza y la opresión de los blancos creó odios insuperados, en República Dominicana, la pobreza y escasa población crearon las condiciones para que las razas se mezclaran y nunca hubiera odios que generaran guerras raciales o religiosas: esa es la primera y más grande diferencia.

En el siglo XX República Dominicana tuvo que ceder, para lograr firmar el protocolo fronterizo territorios y poblaciones dominicanas, Juana Méndez, Hincha, etc., equivalentes a unos 5,000 kilómetros y, tras la intervención norteamericana de 1916, empezó un proceso de institucionalización, imperfecto, pero indetenible pasando por una dictadura, una revolución y una intervención militar extranjera auspiciada por la OEA.

Durante ese proceso de 100 años se configuró la nación dominicana sobre la base de la integración racial, el idioma español y la religión cristiana de tal manera que no existe una familia dominicana, sin mulatos: como suelen decir en barrios y campos, todos tenemos el negro detrás de la oreja. República Dominicana es un estado multirracial.

La base de la unidad nacional ha sido la ascensión social y económica surgidas del talento y el trabajo, sin segregación, de hecho, en cualquier actividad, arte, ciencia, deportes, política, profesional en que se listen los 100 mejores, 90 o más provienen de la clase más pobre y 85 son negros o mulatos y ejercen la plenitud de sus talentos en aras de realizar sus ilusiones.

En el siglo XIX cuando Haití restringía su nacionalidad a solo negros, República Dominicana la concedía a todo latinoamericano, de cualquier color; en el siglo XX mientras nadie se podía asentar en Haití, República Dominicana se llenó de colonias españolas, judías, japonesas y de negros de las islas inglesas que nos enriquecieron y, hoy, son parte integral del baseball, el sancocho y el merengue y, la alegría que nos caracteriza.

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