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lunes, 14 de mayo de 2018

La belleza del Big Data

CREATIVIDAD, CULTURA, TECNOLOGÍA

La belleza del Big Data

Por Zuberoa Marcos | Pedro García Campos | 10-05-2018

Giorgia Lupi

Giorgia Lupi

Diseñadora y artista visual
Bertrand Russell, uno de los pensadores esenciales para entender el siglo XX, filósofo, matemático y activista social, defendió siempre que “las matemáticas, correctamente vistas, poseen no solo verdad, sino belleza suprema” y así lo expresaba en su obra Misticismo y lógica: “una belleza fría y austera, como la de la escultura, sin apelar a ninguna parte de nuestra naturaleza más débil, sin los maravillosos adornos de la pintura o la música, pero sublimemente pura y capaz de una perfección tal como solo el mejor arte puede mostrar. El verdadero espíritu de deleite, la exaltación, la sensación de ser más que humano, que es la piedra de toque de la más alta excelencia, se encuentra en las matemáticas tan seguramente como en la poesía”.
Los datos, que en estos tiempos parecen haberse convertido en la piedra filosofal de todo (imprescindibles tanto para regular el tráfico de las ciudades inteligentes como para optimizar una aplicación de fitness), son también, en bruto, matemáticas. Es decir, susceptibles según Russell de ser convertidos en algo bello. Giorgina Lupi ve esta belleza en los datos. Desafía su aparente frialdad construyendo narrativas en las que vuelve a concetar los números con lo que representan: historias, ideas, personas… “Siempre he mirado a los números, he pintado el tiempo con los números, y después he encontrado caminos para representarlos de forma personalizada” asegura la artista italiana.
El trabajo de Lupi trata de conjugar dicotomías aparentemente opuestas: la frialdad de los datos con la calidez de las historias personales, el análisis matemático con la intuición o la grisacea apariencia de los números con la paleta multicolor del dibujo. Sus obras han sido expuestas en numerosas galerías y museos, y alguno de sus trabajos forma parte de la exposición permanente del MOMA de Nueva York. Es una artista contemporánea que sintetiza como pocos el mundo digital con el analógico; John Maeda, uno de los grandes referentes de la cultura digital y fundador del Grupo de Computación y Estética del MediaLab del MIT, la describe como “una ilustradora que piensa como una computadora, que trabaja con precisión mecánica, pero con el corazón de un ser humano” y asegura que su trabajo es “una maravillosa síntesis, una mezcla precisa”. La mejor representación de la forma de entender las ideas de Giorgia Lupi es su libro Dear Data, creado junto a la también ilustradora Stefanie Posavec, en el que con tarjetas postales -sí, como si fuera una obra epistolar del siglo XIX- ambas comparten datos de su día a día. Lupi lo define como “un medio para abstraer nuestra realidad y transmitir las historias que queremos contar”. Pero es también, y aquí radica la esencia de lo que busca, un objeto hermoso que sobrevuela los números para hablarnos de la vida cotidiana de dos mujeres. Y en toda vida hay algo bello que contar. https://elfuturoesapasionante.elpais.com/la-belleza-del-big-data/
Edición: Pedro García Campos | Manuel Díaz
Texto: José L. Álvarez Cedena
Temas: ArteBig DataCreatividadTecnología

lunes, 16 de enero de 2017

Controlar el ciberespacio

Controlar el ciberespacio

Internet ha pasado del mito del de la neutralidad a las relaciones de poder

Altos cargos de seguridad nacional e inteligencia testifican en Senado de EEUU sobre los ciberataques rusos durante la campaña presidencial. 
Bajo las grandes convulsiones que fueron el Brexity la elección de Donald Trump, asoma la revolución digital, que ha cambiado de naturaleza. Antes, las sacudidas eran sobre todo económicas y afectaban a las cadenas de valor y la jerarquía empresarial. Ahora son políticas y estratégicas, tanto los populismos impulsados por la desestabilización de las clases medias y las redes sociales como el hecho de que la doctrina del cambio de régimen se vuelva en contra de las democracias.
La revolución digital se caracteriza por su velocidad de propagación y transformación. La máquina de vapor tardó 160 años en generalizarse, pero ha bastado un decenio para que tuvieran acceso a internet 4.500 millones de personas. La producción y la distribución y, por tanto, la estrategia de las empresas, se centran en el control de los datos, y evolucionan en paralelo a las plataformas de servicios, que tienen el monopolio del valor. Como consecuencia, el empleo en los países desarrollados depende mucho más de la robotización que de la competencia de los países emergentes.
La inteligencia artificial trastoca todos los campos del saber y de actividad, y plantea enormes problemas éticos al situar al ser humano como manipulador de su propia naturaleza. La web está revelando su cara oscura. El volumen de negocios de la ciberdelincuencia alcanza ya unos 450.000 millones de dólares anuales. Y la guerra cibernética es un arma asimétrica de temible eficacia en manos de China y Rusia y las potencias que se oponen al orden internacional —Irán o Corea del Norte—, pero también de los yihadistas. El terrorismo islámico es un camaleón cuya próxima mutación será en forma de una red social en las sociedades avanzadas.
El volumen de negocios de la ciberdelincuencia alcanza ya unos 450.000 millones de dólares anuales
Pensemos además en dos hechos recientes: el recurso de los partidos populistas a las redes sociales para desestabilizar las democracias y la intromisión rusa en la web del Partido Demócrata estadounidense, que influyó en el resultado electoral. De ahí la rebelión de los Estados y los ciudadanos contra el mundo cibernético. Se multiplican los movimientos sociales contra las plataformas que acaparan valor económico en detrimento de los productores de bienes y servicios.
Los Estados, los gobiernos locales e incluso la UE, con los correctivos impuestos a Apple y Amazon, luchan contra la evasión estructural de la economía digital y tratan de someter a sus dueños al principio de territorialidad fiscal. A los ciudadanos les preocupan las amenazas contra su identidad digital, la pérdida de control y la explotación abusiva de sus datos. Sin instituciones ni reglas, el mundo cibernético está pasando del mito libertario de la autorregulación, la neutralidad y el intercambio altruista a la balcanización y la relación de fuerzas. La red se configura en sistemas regionales o estatales que se superponen, con el consiguiente peligro para la infraestructura mundial y los servidores que garantizan su funcionamiento. Conviven bloques normativos heterogéneos: Estados Unidos defiende el oligopolio de GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon), China y Rusia, el control del Estado, y Europa, la libertad de sus ciudadanos mediante el Escudo de Privacidad aprobado en 2016.
Internet se ha convertido en un reto para la seguridad y la soberanía
Internet se ha convertido en un reto para la seguridad y la soberanía y va a determinar la capacidad de las democracias para superar la crisis que viven. Las estrategias deben ser globales. En el plano tecnológico, hay que favorecer la inversión y la innovación, sin limitarse a los servicios y evitando dejar el monopolio de la infraestructura de la red en manos de Estados Unidos y China. En el plano económico y social, la prioridad debe ser un desarrollo integrador que incluya un amplio esfuerzo de formación durante toda la vida. En lo jurídico, hay que apartar la red de la tutela estadounidense para confiarla a un organismo mundial, como se hizo con ICANN (el organismo que asigna direcciones IP) y con la energía nuclear en los años cincuenta. Por último, hay que hacer grandes inversiones en seguridad digital, como está haciendo Francia.
El mundo cibernético, como toda tecnología, no es bueno ni malo. Depende de cómo se use. Internet es al mismo tiempo un bien común de la humanidad y un nuevo espacio de confrontación. La revolución digital puede dinamizar el crecimiento, impulsar el progreso social, fortalecer la democracia y contribuir a la paz, o aumentar las desigualdades, propagar la violencia y amenazar las libertades. No puede sustituir a la política ni a los seres humanos, que son los que deben recuperar el control en la época de los datos.
Nicolas Baverez es historiador.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
http://elpais.com/elpais/2017/01/13/opinion/1484339295_899598.html