Mostrando las entradas con la etiqueta Presidencialismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Presidencialismo. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de noviembre de 2021

- José Luis Taveras @Josel_taveras

EN DIRECTO

José Luis Taveras

Presidente es cualquiera

Hemos tenido gobernantes de todo tipo: intelectuales, hacendados, militares, abogados, empresarios y hasta clérigos. Nos ha faltado una mujer, omisión imputable al machismo de Estado.

04/11/2021, 12:00 AM

Créalo o no, se impone una verdad cada vez más obvia: gobernar un país como el nuestro es más difícil que dirigir los Estados Unidos de América. Y para anticiparme a las reacciones, aclaro: no hablo de las responsabilidades del cargo, aludo a las complejidades de la gestión.

Las estructuras de poder en la primera potencia mundial son orgánicamente robustas, operativamente autónomas y financieramente autosuficientes. El presidente de los Estados Unidos solo dirige el Estado federal, que a su vez administra una burocracia centralizada de agencias y departamentos con estatus, presupuestos y funciones propias. No interviene políticamente en la vida de los estados, aunque es responsable de la seguridad interior y exterior del país. El presidente de una república unitaria, en cambio, controla prácticamente todo. En nuestro caso y por cultura política, se ocupa desde el pago de una cirugía a un indigente (por citar algún ejemplo) hasta una alta decisión de seguridad nacional. Nuestro presidencialismo, tan paternalista como absorbente, no discrimina campos: es arbitrario, difuso e invasivo.

El primer reporte que cada día recibe el presidente de la República es del Departamento Nacional de Investigaciones (DNI). Ese informe retrata las inéditas atenciones que debe prestar el presidente en un país endiabladamente pequeño: desde las liviandades de los funcionarios, las entrelíneas de la prensa, los corrillos y rumores de las calles hasta las incidencias en los controles fronterizos. No me imagino al presidente de los Estados Unidos recibiendo un despacho con notas tan folclóricas. En cierta ocasión un funcionario de un pasado gobierno fue requerido al despacho del presidente para que confirmara o desmintiera sus asiduas visitas a los moteles, inclusive durante los días laborables, y no precisamente con su esposa. La delación resultó de un informe de inteligencia.

Hemos tenido gobernantes de todo tipo: intelectuales, hacendados, militares, abogados, empresarios y hasta clérigos. Nos ha faltado una mujer, omisión imputable al machismo de Estado. Igualmente hemos contado con una colorida antología de temperamentos: machotes, narcisistas, esquizoides, compulsivos, intemperantes, licenciosos, bufones, maniáticos, depresivos, mitómanos y trogloditas. En algún momento todas esas exquisiteces estuvieron servidas en una sola personalidad. Báez, Lilís y Trujillo fueron un señor banquete.

Cincuenta y siete presidentes nos han gobernado y cada uno ha ocupado un espacio medido por circunstancias generalmente críticas. Solo entre siete (Santana, Báez, Heureaux, Trujillo, Balaguer, Fernández y Medina) se cuentan 108 años de gobierno, es decir las dos terceras partes de la vida republicana; los restantes 50 presidentes consumieron apenas 69 años, lo que indica que llegar al Palacio es una oportunidad tan suspirada como milagrosa. Quien sube no quiere bajar.

La República Dominicana ha vivido cambios fascinantes en los últimos cincuenta años. En ese tramo hemos casi triplicado la población; la economía cambió su perfil de base agrícola a una estructura de servicios; nuestro PIB nominal casi se centuplica; de un modelo de sustitución de importaciones transitamos a una economía abierta y globalmente integrada; tenemos una población mayoritariamente joven con otros hábitos de consumo y nuevas expectativas del bienestar; disfrutamos de mayor conexión con el mundo y acceso a la tecnología; Tokischa es un fetiche, el Alfa un fenómeno y “perreamos duro” con el reguetón. Somos otra cosa.

Pese a esa movilidad, el pensamiento político ha retrocedido. Pocos momentos de nuestra historia han estado tan ideológicamente desabrigados. Si hay alguna noción que pueda graficar esta hambruna es la que de forma atrevida yo he apelado como “la ideología de la intemperie”, una construcción maleable, vacía e inconclusa de la política en la que ella pierde su lógica conductora de las aspiraciones colectivas para asumir el contenido y la forma que le dan los intereses de ocasión. En este contexto la práctica política es solo un recurso instrumental para llegar al Estado a través de los partidos políticos, reducidos hoy a estructuras electorales de temporada.

Los políticos no saben qué es ni para qué sirve la política más allá del poder. Quienes viven de ella lo hacen por pretensiones caprichosas, por ganar un nombre público o coronar una carrera de vida. Ahí se perdió todo sentido de trascendencia colectiva. Las rutas que siguen la sociedad y su liderazgo político no solo son paralelas: están en las antípodas. Ese desencuentro hará piruetas hasta que haya estabilidad económica, única razón por la que la sociedad no toma determinaciones de choque. Pero aun esa actitud está cambiando. Hay un cansancio social que toca techo y decisiones que lucen irreversibles. Las pasadas elecciones fueron apenas un tímido ensayo.

En medio de esta silenciosa crisis ya se oye una jauría de ilusos con sueños presidenciales confirmando la queja de Moncito Dájer, mercante de frutas y vecino de trabajo, quien en cada devuelta de monedas suelta una de las letanías de Chochueca: “... y recuerda que aquí cualquier viralata sueña con ser presidente”.

Y no solo sueñan, algunos han llegado; a otros les ofusca el regreso. Ya siento el espanto solo de proferir los nombres de ciertos aspirantes. Es inevitable pensar en sus privaciones de pensamiento a pesar de tener títulos universitarios. Dudo que algunos, aparte de los textos y las viejas cátedras, hayan leído un libro completo en su vida. Y no es que aspiremos a eruditos, sino a gente con visiones abrevadas de experiencias altas de vida fuera del empirismo aldeano. De esos conozco de primera fuente sus precariedades conceptuales, esas que creen disimular con retóricas eufóricas zurcidas de clichés. Arman un discursillo con frases enlatadas y con ese cansado pertrecho salen a recoger la lealtad descerebrada, esa que aporta el voto gástrico. Son teóricos de lo obvio o de lo que todo el mundo sabe, la única diferencia es que ellos lo dicen.

Ya algunos han escogido sus temas predilectos de la confitera, esos thriller que conectan y excitan tanto como el problema haitiano. Con salidas simplonas, pero estridentes, solo dicen lo que a la gente común le gusta oír, sin proponer un plan, una ingeniería, un orden, una estrategia, una política. Otros se acreditan en su currículo público para decir que merecen estar, como si esas posiciones las ocuparan los más competentes. Acumular funciones públicas dice poca cosa en la cultura del empleo político en la República Dominicana, la que lejos de privilegiar al talento opta por la militancia o el partidismo. Con base en ese criterio, mis candidatos serían Amable Aristy Castro o Carlos Amarante Baret. ¿Han leído sus currículos de vida pública? Creo que en el 2024 abriremos una cartelera circense atestada de payasos. Estoy tan intranquilo que ya me tienen escribiendo sobre esto.

Me alienta, en cambio, la expectativa de que la población demande otros perfiles y liderazgos más orgánicos. Y no es para menos: les llegó el momento a los gobernantes cabales, esos que no pasan por una presidencia para vivir una fantasía personal o para aplazar, matizar, dilatar o endeudar como lo han hecho casi todos. Mujeres y hombres que aborden con planes los problemas que nadie ha tocado desde que nos constituimos en nación, que enfrenten los intereses de siempre, que no le huyan a los retos de las grandes reformas y que le den a esta sociedad el merecido derecho al futuro. Líderes que tomen al toro por los cuernos sin esperar los vítores.

https://t.co/ZWGMVbAwvv?amp=1 

lunes, 8 de enero de 2018

El poder pasa - Por Orlando Jorge

El poder pasa


Por: Orlando Jorge Mera 
orlandojorgemera@yahoo.com e-mail: redaccion[@]elnacional.com.do Publicado el: 3 enero, 2018

Mi primer artículo del 2018 va dedicado a todos aquellos que están en el gobierno, disfrutando de las mieles del poder. Siempre recuerdo que mi papá, antes de asumir la presidencia en 1982, nos dijo a mi hermana y a mí: “El poder es como una sombra que pasa”. Esa lección nos sirvió de mucho, porque desde antes de pasar por el poder, sabíamos que sería solo por una etapa de nuestras vidas, y no tuvimos dificultades en readaptarnos a la vida ciudadana.
Muy recientemente, Jorge Moragas, uno de los principales asesores de Mariano Rajoy, presidente del gobierno español, ha expresado que “irse del poder es difícil y doloroso”, y ha agregado que “Moncloa es una droga” (El Mundo, 31 de diciembre de 2017). Pudiera sustituirse “Moncloa” por “Palacio Nacional”, o por cualquiera de las sedes presidenciales. El que no está preparado para enfrentar la realidad de la vida, fuera del poder, no se acostumbra a vivir fuera de la burbuja.
Una generación de peledeístas solo conoce las mieles del poder
Más cuando el Comité Político del PLD tendrá para 2020 más de dieciseis años de gobiernos seguidos y consecutivos, con todo lo que esto implica. Porque no solo se trata de presencia en la Administración, sino también en todos los poderes del Estado. Hay una segunda generación de peledeístas que solo conocen las mieles del poder, pero no conocen lo amargo de la sávila. Muchos de esos están disfrutando de puestos consulares, tomando clases en universidades extranjeras, o exhibiendo la vida dulce que significa tener las ventajas del poder. Salvo honrosas excepciones, el Comité Político del PLD está disfrutando y abusando de los recursos del Estado, con la impunidad blindada por tener control de las estructuras judiciales.
Ahora que iniciamos el año 2018 es importante recordar que es contra toda la impunidad que ha establecido el PLD como método de su subsistencia, que debemos luchar para derrotarlo. Este año debe ser el inicio del cambio en nuestro país para que podamos rescatar la separación de poderes, la justicia y los derechos de la mayoría de los dominicanos. En esas tareas, el PRM tiene la primera prueba con la elección de su nueva dirección partidaria, que debe ser el resultado del equilibrio y la renovación.
El PLD que se vaya acostumbrando, desde ahora, a volver a la vida ciudadana. Que el poder pasa. Que los dominicanos mayoritariamente queremos democracia real para todos. http://elnacional.com.do/el-poder-pasa-2/

viernes, 28 de octubre de 2016

Presidencialismo en RD: Un sistema desfasado - Por: LIBERATO PEREZ

Presidencialismo en RD: Un sistema desfasado
Desde el nacimiento como nación dominicana, ésta ha sido gobernada bajo el anacrónico sistema presidencialista, donde el poder ejecutivo representa la máxima autoridad de tres poderes. El presidencialismo es un sistema de gobierno incluido en...
Por: LIBERATO PEREZ
e-mail: perezliberato64@gmail.com Publicado el: 28 octubre, 2016 
Desde el nacimiento como nación dominicana, ésta ha sido gobernada bajo el anacrónico sistema presidencialista, donde el poder ejecutivo representa la máxima autoridad de tres poderes.
El presidencialismo es un sistema de gobierno incluido en la Constitución de Estados Unidos en 1787, al elegir su primer presidente. El cual con inteligencia y visión aprovechó para desarrollarse. Aquí el presidencialismo se utiliza para enriquecer sus actores políticos, disfrutar del poder y escalar de estatus social. Sistema que ha sido incapaz de resolver el más mínimo de los problemas nacionales.
Es un sistema proveedor de presidentes, funcionarios y políticos inexpertos, sin experiencia de gestión ni con capacidad gerencial para enrumbar la nación hacia un verdadero desarrollo.
Los hechos demuestran que es un régimen desfasado, que ya cumplió su ciclo del siglo XIX, que no tiene espacio para generar gobiernos con capacidad operativa y adecuada funcionalidad.
Las características patológicas del presidencialismo es que ha venido debilitando la estabilidad democrática, la paz social, el sistema de partidos y la institucionalidad.
La concentración de los poderes en un solo partido genera desconfianza y poca representatividad en la sociedad, situación que hoy es inaceptable.
Muchos países similares al nuestro gobernados bajo ese anacrónico y concentrador modelo muy pocos han avanzado en su desarrollo.
El sistema presidencialista dominicano ha sido una rémora para impulsar el desarrollo sostenido. Mantiene el país endeudado, con elevada tasa de pobreza, corrupción, desempleo, pérdidas de valores, deficientes en los servicios públicos y debilidad institucional.
Ya ninguna nación puede ser gobernada por criterios de una persona, “presidente”, sobre todo un país con bajos indicadores en desarrollo humano.
El presidencialismo dominicano ha sido sostenido por sus agresivas políticas clientelistas, el empobrecimiento y el asistencialismo degradante de la dignidad humana.
Las naciones son empresas complejas, que demandan ser gerenciadas con alta eficiencia operativa que lo haga autogestionarias y generadoras de riquezas para todos los ciudadanos.
El presidencialismo solo ha sido fuente riquezas para los que ostentan el poder en desmedro de las clase pobre.
Urge un nuevo modelo de gestión gubernamental, con capacidad operativa y gerencial que tienda a mejorar la calidad de vida de los dominicanos y se fundamente en el arcaico sistema presidencialista.
El país demanda de un sistema que valore la honestidad, la profesionalidad, la productividad individual y el conocimiento. Que no degrade ni cualquierice las posiciones ministeriales, gerenciales ni funcionariales del Estado.
http://hoy.com.do/presidencialismo-en-rd-un-sistema-desfasado/