viernes, 14 de noviembre de 2025

La paradoja del silencio en la era de la estridencia

La paradoja del silencio en la era de la estridencia

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | Editorial @GuasabaraEditor

La tesis de Aníbal de Castro —que el sensato se repliega mientras la insolencia coloniza el debate— es un diagnóstico certero de una esfera pública tensada por incentivos que premian el grito. Desde la teoría, Jürgen Habermas advirtió que la salud democrática depende de espacios donde la argumentación racional, no la coacción o el aplauso, oriente la formación de la opinión y la voluntad colectiva (Habermas, 1991/1962; 1996). En su concepción, la esfera pública exige reciprocidad, razones públicas y normas de validez; cuando esas condiciones se erosionan, el diálogo degenera en espectáculo. [mitpress.mit.edu], [mitpress.mit.edu] [mitpress.mit.edu]

Estridencia digital y arquitectura de la conversación

La deriva actual no es sólo cultural; es también socio‑técnica. La personalización algorítmica y la segmentación de audiencias facilitan cámaras de eco y “burbujas de filtros” que reducen la exposición a perspectivas discordantes (Pariser, 2011; Sunstein, 2017). Evidencia empírica muestra que en Facebook la homofilia de las redes y las decisiones del usuario limitan más la diversidad de contenidos que el propio ranking algorítmico, aunque ambos factores cuentan (Bakshy, Messing, & Adamic, 2015). Comparativos entre plataformas (Facebook, Twitter/X, Reddit, Gab) confirman que la agregación en clústeres ideológicos domina la interacción y el consumo de noticias, acentuando la segregación informativa (Cinelli et al., 2021). [books.google.com], [press.princeton.edu] [science.org] [pnas.org]

La viralidad tampoco es neutral: en Twitter/X, las noticias falsas se propagan más rápido, más lejos y más profundo que las verdaderas, impulsadas por su novedad y carga emocional (Vosoughi, Roy, & Aral, 2018). A la vez, la indignación moral se refuerza por aprendizaje social: el “premio” de los likes/retuits incrementa la probabilidad de expresar más indignación en el futuro; y las normas del entorno —lo que “se espera” decir— moldean el tono (Brady, McLoughlin, Doan, & Crockett, 2021). Incluso sobrestimamos cuánta indignación sienten los demás al leer sus mensajes, lo que infla la percepción de hostilidad intergrupal y endurece posiciones (Brady et al., 2023). [politics.m…ia.mit.edu] [science.org] [nature.com]

Ejemplos por plataforma: cómo se premia la estridencia

  • X/Twitter. La lógica de tendencias, quote‑tweets y “ratio” alienta la confrontación performativa. Ensayos de campo hallan que exponer a usuarios a contenidos de la ideología opuesta puede aumentar la polarización, no reducirla (Bail et al., 2018). [pnas.org]
  • Facebook. Los News Feeds y Grupos facilitan comunidades ideológicamente homogéneas; la limitación de exposición a visiones contrarias emerge tanto de la selección del usuario como del ranking algorítmico, con predominio del primero (Bakshy et al., 2015) y con segregación mayor que en Reddit (Cinelli et al., 2021). [science.org], [pnas.org]
  • YouTube/TikTok. Los sistemas de recomendación orientados al engagement amplifican contenidos con alta respuesta emocional y reducen la serendipia; la literatura normativa lo vincula a riesgos deliberativos y a cibercascadas (Sunstein, 2017) y a dinámicas de plataformas y algoritmos que reconfiguran la acción colectiva (Tufekci, 2017). [press.princeton.edu], [yalebooks.yale.edu]
  • Reddit. Aunque admite deliberación más larga en ciertos subreddits, comparativos inter‑plataforma muestran menor segregación que Facebook, pero persistencia de clústeres homófilos (Cinelli et al., 2021). [pnas.org]

Mesura no es silencio: rescatar la conversación pública

Volviendo a Habermas, la deliberación exige condiciones de posibilidad: inclusión, igualdad discursiva y racionalidad comunicativa (Habermas, 1996). Callar para “evitar problemas” renuncia a esas condiciones y cede el terreno a la estridencia. Peor aún, cada silencio facilita que la desinformación gane terreno, por su ventaja estructural en la difusión, ya descrita (Vosoughi et al., 2018). [mitpress.mit.edu] [politics.m…ia.mit.edu]

No obstante, hay margen de acción:

  1. Reivindicar normas de mesura como virtud democrática —no como debilidad—: reglas editoriales claras en medios y políticas de moderación que desincentiven el brigading y la humillación pública (Habermas, 1996; Sunstein, 2017). [mitpress.mit.edu], [press.princeton.edu]
  2. Diseño y transparencia algorítmica: introducir fricción epistémica (más contexto, verificaciones, ventanas de espera) y diversidad forzada de fuentes; evidencia sugiere que el clima normativo y los refuerzos sociales moldean comportamientos, por lo que los diseños importan (Brady et al., 2021; 2023). [science.org], [nature.com]
  3. Alfabetización mediática para la era de la personalización: reconocer el efecto burbuja y las cámaras de eco como riesgos inherentes a la arquitectura social de las plataformas (Pariser, 2011; Cinelli et al., 2021). [books.google.com], [pnas.org]
  4. Exposición deliberada pero cuidadosa a disenso: no toda exposición despolariza; mal diseñada, polariza más (Bail et al., 2018). La clave es el encuadre y la norma de respeto. [pnas.org]
  5. Movilización cívica inteligente: como documenta Tufekci (2017), la conectividad acelera la convocatoria pero también fragiliza la sostenibilidad estratégica; se necesita capacidad organizativa offline para institucionalizar logros. [yalebooks.yale.edu]

Conclusión

La crudeza que De Castro retrata coincide con un entorno digital que premia la emotividad y penaliza los matices. Pero mesura no equivale a mutismo: es coraje cívico que defiende reglas del juego donde la mejor razón —y no la voz más alta— prevalece. Hablar con firmeza y respeto, exigir diseños de plataforma compatibles con la deliberación y cultivar ciudadanías críticas es la ruta para que los sensatos no desaparezcan del foro, sino que lo recuperen. (Habermas, 1991/1962; 1996; Sunstein, 2017). [mitpress.mit.edu], [mitpress.mit.edu], [press.princeton.edu]


Referencias 


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Te diré unos disparates

El debate público, un campo minado, la agresividad vs. la mesura.

Por Aníbal de Castro

"Estamos viviendo una época en la cual, la gente sensata, culta y bien educada debe hablar menos para no ofender a los brutos, ignorantes e incivilizados, que además en lugar de ser humildes son soberbios, agresivos e irrespetuosos". Jaime Bayly, el controversial comunicador peruano con reino televisivo en Miami, dispara la frase con la certeza de quien sabe que la paradoja de nuestros días está en la altanería con que la ignorancia se impone.

La escena es reconocible. La palabra mesurada se repliega mientras los gritos ocupan el debate. Irónico que el silencio ya no es prudencia, sino estrategia de supervivencia. Mejor callar para evitar la burla del mediocre. El culto mide sus palabras porque la ofensa se confunde con derecho adquirido. La educación se disfraza de arrogancia y la ignorancia se pavonea con orgullo.

En este clima, la conversación pública se convierte en campo minado. El respeto se reclama a voces pero se niega con actos. Lo que debería ser diálogo se reduce a competencia de agresividades. Quien busca la verdad corre el riesgo de ser acusado de insolencia. Quien defiende un matiz termina señalado como enemigo.

Bayly acierta en la crudeza. La época premia al insolente y castiga al sensato. La sensatez se retira no por falta de fuerza, sino porque la fuerza hoy se confunde con estridencia. Lo que antes era vergüenza hoy es bandera. Lo que antes era humildad hoy es despreciado como debilidad.

Queda flotando la pregunta de si vale la pena callar. Porque cada silencio abre espacio a la soberbia que él describe. Y cuando los brutos imponen su tono, los educados terminan aprendiendo que el mayor riesgo no es ofender, sino desaparecer de la conversación.

https://www.diariolibre.com/opinion/adc/2025/09/21/soberbia--te-dire-unos-disparates/3252508#google_vignette

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    La paradoja del silencio en la era de la estridencia
    Por Luis Orlando Díaz Vólquez | Editorial @GuasabaraEditor

    La tesis de Aníbal de Castro —que el sensato se repliega mientras la insolencia coloniza el debate— describe con precisión una esfera pública tensionada por incentivos que premian el grito. La salud democrática depende de espacios donde la argumentación racional, y no la coacción ni el aplauso, oriente la formación de la opinión y la voluntad colectiva. Cuando esas condiciones se erosionan, el diálogo degenera en espectáculo.

    La deriva actual no es sólo cultural; es también socio‑técnica. La personalización algorítmica y la segmentación de audiencias facilitan cámaras de eco que reducen la exposición a perspectivas discordantes. Las redes sociales, lejos de ampliar horizontes, consolidan clústeres ideológicos que acentúan la segregación informativa. La viralidad tampoco es neutral: las noticias falsas se propagan más rápido y más lejos que las verdaderas, impulsadas por su novedad y carga emocional. A la vez, la indignación moral se refuerza por aprendizaje social: el premio de los likes incrementa la probabilidad de expresar más indignación en el futuro, y las normas del entorno moldean el tono. Incluso sobrestimamos cuánta indignación sienten los demás al leer sus mensajes, lo que infla la percepción de hostilidad y endurece posiciones.

    Las plataformas premian la estridencia. En Twitter, la lógica de tendencias y la confrontación performativa convierten el disenso en espectáculo. En Facebook, los feeds y grupos facilitan comunidades homogéneas que limitan la exposición a visiones contrarias. YouTube y TikTok amplifican contenidos con alta respuesta emocional, reduciendo la serendipia y favoreciendo cascadas informativas que reconfiguran la acción colectiva. Reddit, aunque admite deliberación más extensa, no escapa a la formación de clústeres ideológicos.

    Callar para evitar problemas no es mesura: es renuncia. Cada silencio cede terreno a la desinformación, que goza de ventaja estructural en la difusión. La deliberación exige inclusión, igualdad discursiva y racionalidad comunicativa. Reivindicar normas de mesura como virtud democrática, introducir fricción epistémica en los diseños algorítmicos, alfabetizar mediáticamente a las audiencias y promover exposición cuidadosa al disenso son pasos urgentes. La conectividad acelera la convocatoria, pero fragiliza la sostenibilidad; se necesita organización fuera de las redes para institucionalizar logros.

    La crudeza que De Castro retrata coincide con un entorno digital que premia la emotividad y penaliza los matices. Pero mesura no equivale a mutismo: es coraje cívico que defiende reglas del juego donde la mejor razón —y no la voz más alta— prevalece. Hablar con firmeza y respeto, exigir diseños compatibles con la deliberación y cultivar ciudadanías críticas es la ruta para que los sensatos no desaparezcan del foro, sino que lo recuperen.



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