viernes, 20 de febrero de 2026

República Dominicana: de “usuaria” a protagonista digital — una agenda país para que el Puerto de Intercambio Digital sea palanca de soberanía, productividad e innovación | Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GoogleEnRD @GuasabaraEditor


República Dominicana: de “usuaria” a protagonista digital — una agenda país para que el Puerto de Intercambio Digital sea palanca de soberanía, productividad e innovación

Por: Luis Orlando Díaz Vólquez


1) Tesis: la frase correcta, el reto verdadero

Cuando el presidente Luis Abinader afirma que “La República Dominicana no quiere ser solo usuaria de tecnología; quiere ser protagonista en su desarrollo”, coloca el debate donde debe estar: en la ambición estratégica, no en el fetichismo de la infraestructura.
Pero la historia enseña que el “protagonismo” no se decreta: se diseña, se gobierna y se mide. Y ahí reside el reto real del anuncio del Puerto de Intercambio Digital impulsado por Google: convertir una obra de conectividad en un proyecto de transformación productiva, con reglas, capacidades y compromisos que eviten que la promesa se quede en “más velocidad” sin “más desarrollo”.


2) Qué se anunció (y por qué importa): infraestructura como ventaja geoestratégica

El Gobierno formalizó la prioridad nacional de estos proyectos mediante el Decreto 113-26, orientado a la construcción de puertos de intercambio digital y al despliegue/operación de cables submarinos para reforzar la infraestructura y servicios digitales.
En términos técnicos y de arquitectura regional, se comunicaron elementos de alto impacto: un puerto “abierto y neutral” con capacidad para albergar hasta cuatro cables; el salto de uno a tres cables directos hacia Estados Unidos; y el incremento de diez veces en pares de fibra hacia ese mercado, además del primer anillo internacional de cable submarino desde RD hacia EE. UU., con conmutación en tiempo real para resiliencia.

¿Traducción a lenguaje país? Menor latencia, redundancia real (menos “puntos únicos de falla”), y un argumento plausible para atraer centros de datos, servicios digitales y actividades de economía del conocimiento, como subrayó el propio mandatario. 


3) El “círculo virtuoso” existe… si se gobierna

Abinader alude a un patrón internacional: conectividad de alta capacidad → llegada de data centers y servicios → empleo especializado → más innovación.
La evidencia anecdótica en la propia cobertura del proyecto refuerza el diagnóstico de demanda: crecimiento del tráfico de internet superior al 500 % en cinco años, alta dependencia de tráfico desde EE. UU., y envejecimiento de varios cables existentes, lo que vuelve urgente modernizar.

Sin embargo, el círculo virtuoso no es automático. La conectividad es condición necesaria, no suficiente: sin talento, energía confiable, seguridad jurídica, competencia efectiva, ciberseguridad y datos, el país puede terminar como simple “territorio de paso” para bits, sin capturar valor agregado.


4) Protagonismo no es “hosting”: es capturar valor en la cadena digital

El anuncio posiciona a RD como nodo entre Norte, Centro y Suramérica, y como punto estratégico para el flujo de información y procesamiento vinculado a IA, según explicaciones de ejecutivos de Google citadas en la comunicación oficial.
Ese posicionamiento abre tres rutas de captura de valor:

  1. Productividad doméstica: reducción de latencia y mejora de resiliencia para banca, comercio, gobierno digital, salud y educación.
  2. Exportación de servicios: BPO/ITO, desarrollo de software, ciberseguridad, analítica y servicios cloud/IA.
  3. Atracción de capital intensivo: data centers, CDNs, y servicios de infraestructura digital asociados a conectividad de clase mundial. 

Pero para que esas rutas se materialicen, el país debe resolver el dilema central: cómo convertir una inversión ancla (Google) en un ecosistema plural (proveedores, universidades, startups, telcos, Estado) sin asfixiar la competencia ni concentrar riesgos sistémicos. 


5) Riesgos estratégicos: cuando la infraestructura crea nuevas dependencias

Una lectura “think tank” obliga a mapear riesgos con la misma seriedad con que celebramos oportunidades:

a) Riesgo de concentración y “single point of governance”

Aunque se comunique como “abierto y neutral”, el puerto será un activo con enorme poder de configuración del mercado (interconexión, peering, condiciones técnicas). Eso exige regulación procompetencia, transparencia y supervisión técnica independiente. 

b) Ciberseguridad y continuidad nacional

Más cables y anillo internacional reducen vulnerabilidad física por cortes, pero aumentan superficie de ataque (routing, DNS, DDoS, supply chain). La resiliencia técnica no sustituye una estrategia país de ciberresiliencia

c) “Brecha de IA” como brecha de productividad

Google advierte que la infraestructura evita que la brecha digital se convierta en brecha de IA; el punto es correcto.
Pero si la IA se adopta solo en sectores de alta renta y no permea MIPYMES, agroindustria y servicios públicos, la brecha se traslada a desigualdad regional y salarial. 

d) Energía y sostenibilidad

Infraestructura digital de clase mundial demanda energía estable, costos competitivos y licenciamiento ambiental serio. Parte de la cobertura señala la necesidad de estudios/gestión ambiental para el despliegue.


6) La agenda de política pública: 10 decisiones para convertir conectividad en desarrollo

A continuación, una hoja de ruta para “protagonismo” real —medible— alineada con lo anunciado (puerto, cables, anillo, baja latencia, atracción de inversión, empleo joven). 

1) Gobernanza del proyecto con rendición de cuentas

Publicar un marco de gobernanza (roles, hitos, KPIs, gestión de riesgos). La prioridad decretada debe traducirse en metas trimestrales verificables.

2) Reglas “open & neutral” auditables

Definir y auditar criterios de acceso, interconexión, tarifas y no discriminación para telcos, ISPs, banca, CDNs y nuevos entrantes. “Neutralidad” debe ser operativa, no solo declarativa. 

3) Estrategia de “peering nacional” y reducción de tránsito internacional

Aprovechar el puerto para fortalecer intercambio local de tráfico (IXP/peering) y reducir costos/latencia internos, mejorando servicios públicos digitales.

4) Ciberresiliencia crítica: del cable al Estado

Crear un programa país de ciberresiliencia ligado a la nueva infraestructura (ruteo seguro, monitoreo, respuesta a incidentes, simulacros). La resiliencia técnica del anillo no cubre ataques lógicos. 

5) Talento: 20,000 profesionales en 5 años (meta sugerida)

El presidente habló de empleo especializado y oportunidad juvenil; eso exige una meta explícita de formación con rutas (networking, cloud, IA, ciberseguridad, data engineering). 

6) “Compute para innovar”: acceso a nube/IA para MIPYMES y startups

Si habrá conectividad de baja latencia a regiones de Google Cloud en EE. UU., el Estado debe negociar/impulsar programas para emprendimiento, universidades y pymes (créditos cloud, sandboxes, compras públicas innovadoras). 

7) Paquete país para data centers

Atraer centros de datos requiere: permisos ágiles, seguridad jurídica, energía, agua, conectividad, y un régimen claro de protección de datos. Es la “segunda ola” del proyecto. 

8) Competencia efectiva en telecom y servicios digitales

Más cables (de 1 a 3 directos a EE. UU.) y más pares de fibra (x10) deben traducirse en mejores precios y calidad para hogares y empresas, no solo en capacidades “en papel”. 

9) Encadenamientos locales: compras y proveedores dominicanos

Definir porcentajes/planes de participación local en construcción, operación, mantenimiento, ciberseguridad, capacitación y servicios asociados, para maximizar derrame económico. 

10) Diplomacia tecnológica y posicionamiento regional

Si RD aspira a ser nodo entre Norte, Centro y Suramérica, debe activar una diplomacia tecnológica: acuerdos de interconexión, estándares, y cooperación en ciberseguridad regional.


7) Cómo medir el “protagonismo”: indicadores de impacto (no de anuncio)

Para evitar que el proyecto sea recordado solo como “un gran evento”, propongo un tablero público de indicadores:

  • Latencia promedio a servicios críticos antes/después (ms) y disponibilidad anual (SLA). 
  • Costo mayorista de tránsito y evolución de tarifas minoristas (internet fijo/móvil). 
  • Número de empresas tecnológicas instaladas (CDNs, data centers, servicios cloud, ciberseguridad).
  • Empleo tech: nuevas plazas, salarios medios, certificaciones emitidas (cloud, redes, seguridad).
  • Resiliencia: incidentes de conectividad y tiempo medio de recuperación (MTTR), aprovechando la conmutación entre cables.


8) Conclusión: la oportunidad es histórica; la responsabilidad, mayor

El anuncio del Puerto de Intercambio Digital —con decreto de prioridad, nuevos cables, anillo internacional, capacidad ampliada y ambición de ser hub de IA— es, por escala y simbolismo, un punto de inflexión para el país.
Pero el verdadero “antes y después” no será la obra física: será la capacidad de la República Dominicana de convertir conectividad en productividad, productividad en empleos de calidad y empleos en movilidad social, bajo un marco de competencia, ciberresiliencia y gobernanza transparente. 

En síntesis: la frase presidencial es una brújula; ahora hace falta el mapa. Y ese mapa debe construirse con Estado, empresa, academia y sociedad civil, porque —en el siglo XXI— la soberanía también se escribe con datos, talento y reglas.


Luis Orlando Díaz Vólquez

Sobre el autor

 

Luis Orlando Díaz Vólquez es ingeniero de sistemas de computadora, editor bibliográfico y productor de medios de comunicación. Autor de artículos de opinión y análisis sobre geopolítica, seguridad y comercio internacional. Ha seguido y escrito sobre procesos regionales y eventos de alto impacto (ferias internacionales, congresos sectoriales y coyunturas de seguridad nacional). Su enfoque privilegia la institucionalidad, el Estado mínimo funcional y la apertura económica con compliance como pilares para la normalización y el desarrollo sostenible.

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Editorial | @GuasabaraEditor

Del cable al valor: que el Puerto de Intercambio Digital sea una agenda país, no solo una obra

La República Dominicana ha sido colocada, de manera explícita, ante una oportunidad de reposicionamiento económico: dejar de ser únicamente consumidora de tecnología y aspirar a capturar valor en la economía digital. Ese giro se expresa en el anuncio del Puerto de Intercambio Digital impulsado por Google y en la narrativa oficial que lo presenta como un “antes y después” para la infraestructura tecnológica nacional. La pregunta editorial de fondo no es si la obra es importante —lo es— sino si el país está listo para convertir conectividad en productividad y productividad en bienestar

El anuncio viene acompañado de un marco de prioridad nacional: el Decreto 113-26 declara de alta prioridad la construcción de puertos de intercambio digital y la instalación, despliegue y operación de sistemas de cables submarinos para reforzar infraestructura y servicios digitales. En otras palabras, se reconoce que esta infraestructura no es un lujo tecnológico, sino un componente de competitividad y resiliencia. Esa decisión se alinea con un diagnóstico público: el tráfico de internet ha crecido de forma acelerada y parte relevante del tránsito se vincula a Estados Unidos, mientras varios cables existentes se acercan al fin de su vida útil. 

En términos técnicos, lo comunicado es ambicioso: un puerto “abierto y neutral” con capacidad para alojar hasta cuatro cables; el salto de uno a tres cables directos a Estados Unidos; el incremento de diez veces en pares de fibra hacia ese mercado; y, crucialmente, el primer anillo internacional de cable submarino desde el país hacia EE. UU., con capacidades de conmutación para resiliencia. Este paquete —si se ejecuta con estándares— reduce latencia, mejora redundancia y baja la fragilidad de depender de rutas envejecidas o únicas. No es retórica: es arquitectura de red con implicaciones económicas.

Ahora bien, el riesgo de las grandes obras digitales es conocido: pueden terminar siendo infraestructura de paso, una autopista por donde circulan datos sin que el país capture valor agregado. Para evitarlo, la conectividad debe ser tratada como “plataforma” y no como “fin”. La propia comunicación oficial subraya el “círculo virtuoso” que atrae centros de datos, empresas de servicios digitales y proyectos de economía del conocimiento cuando un país consolida conectividad de alta capacidad. Ese círculo virtuoso existe, sí, pero no ocurre en piloto automático: requiere reglas, talento, energía confiable, seguridad jurídica y un mercado competitivo.

Si la República Dominicana aspira a protagonismo digital, debe preguntarse: ¿qué parte de la cadena de valor quiere dominar? Porque “ser hub” no significa lo mismo para todos. Hay al menos tres rutas posibles: (1) productividad interna (mejores servicios digitales para banca, comercio, salud, educación y gobierno), (2) exportación de servicios (software, ciberseguridad, analítica, BPO/ITO), y (3) atracción de capital intensivo (data centers, CDNs, infraestructura cloud). El anuncio se presenta como un habilitador para esas tres rutas —especialmente por la conectividad de baja latencia y resiliencia—, pero sin una política deliberada, el resultado puede quedarse solo en “más velocidad”. 

De ahí que el punto crítico sea la gobernanza. Un puerto de intercambio, incluso cuando se declare “abierto y neutral”, puede concentrar poder estructural sobre interconexión, peering y condiciones técnicas del ecosistema. Por eso, la prioridad decretada debe traducirse en mecanismos verificables de acceso, no discriminación y transparencia, con supervisión técnica que evite sesgos de mercado y que asegure que la nueva capacidad se refleje en mejor calidad y precio para usuarios finales. El propio marco de decreto y el anuncio oficial abren la puerta a una coordinación multisectorial; toca convertirla en institucionalidad efectiva. 

A la par, la resiliencia no puede entenderse solo como redundancia física. Un anillo internacional reduce el riesgo de cortes y fallas de ruta, pero el nuevo ecosistema amplía la superficie de ataque: ruteo, infraestructura crítica, servicios cloud y dependencia de proveedores. Si el país se posiciona como nodo regional de intercambio digital, la ciberresiliencia debe ser política pública central: monitoreo, respuesta a incidentes, estándares de seguridad, ejercicios y coordinación público-privada. En un mundo donde la economía es digital, la seguridad también lo es. 

El otro pilar insustituible es el talento. Los anuncios insisten en que el mayor impacto será la generación de empleos especializados y oportunidades para la juventud. Eso exige metas explícitas: formación en redes, cloud, IA, ciberseguridad y data engineering; certificaciones; y empleabilidad real. Conectividad de clase mundial sin masa crítica de especialistas genera dependencia: se importan soluciones y se exportan rentas. Con talento, en cambio, se exportan servicios y se construye industria. El discurso oficial lo coloca como prioridad; corresponde materializarlo con programas y métricas.

También hay un requisito material que suele subestimarse: energía confiable y competitiva. Infraestructura digital moderna —y particularmente la que atrae centros de datos— demanda continuidad eléctrica, planificación, sostenibilidad y permisos robustos. Parte de la cobertura pública del proyecto ha señalado la necesidad de procesos y estudios para su desarrollo. Si este puerto es la puerta de entrada a la “segunda ola” (data centers y servicios), la política energética y ambiental debe estar alineada desde el día uno.

Por eso, la oportunidad que se abre no es solo tecnológica: es industrial. La República Dominicana puede usar esta inversión ancla para diseñar una agenda país con diez decisiones prácticas: (1) tablero público de hitos y KPIs; (2) reglas auditables de “open & neutral”; (3) estrategia nacional de peering para mantener tráfico local; (4) plan de ciberresiliencia crítica; (5) metas de formación masiva y especializada; (6) acceso a nube/IA para MIPYMES y startups; (7) paquete país para data centers; (8) competencia efectiva en telecom y servicios digitales; (9) encadenamientos locales y compras a proveedores dominicanos; y (10) diplomacia tecnológica regional para consolidar el rol de nodo. Todo esto es coherente con lo comunicado sobre capacidad, redundancia y vocación regional del proyecto. 

En definitiva: un puerto digital y nuevos cables pueden ser el “puente” hacia una economía más productiva y sofisticada; pero el progreso no viaja dentro del cable por sí solo. Viaja cuando el Estado regula bien, cuando el mercado compite de verdad, cuando la academia forma talento relevante y cuando las empresas convierten conectividad en innovación. El reto nacional es simple de enunciar y difícil de ejecutar: que esta obra no sea recordada como un hito de infraestructura, sino como el comienzo de una estrategia de soberanía tecnológica, competitividad y movilidad social

Luis Orlando Díaz Vólquez
@GuasabaraEditor


Fuentes 


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