miércoles, 7 de enero de 2026

Caracas entre la coerción y el precedente: una marcha oficialista que desnuda la crisis de soberanía

Caracas entre la coerción y el precedente: una marcha oficialista que desnuda la crisis de soberanía

Comentario de opinión

El martes, funcionarios del gobierno venezolano condujeron una multitud por Caracas para exigir la liberación del presidente depuesto, Nicolás Maduro, un episodio que, más allá de la escenografía de consigna, expone una crisis de soberanía y escalada de coerción social. Diversas crónicas y registros han documentado concentraciones oficialistas que llaman a “liberar” a Maduro tras su captura por fuerzas estadounidenses, mientras voceros del régimen denuncian “secuestro” y movilizan estructuras partidarias y estatales para sostener el relato de agresión externa. [efe.com], [aljazeera.com]

La marcha oficial no ocurre en el vacío: es la respuesta performativa de un poder que intenta restaurar legitimidad doméstica luego de un golpe de realidad—la extracción del jefe del Estado y su traslado a Nueva York para enfrentar cargos federales por narco‑terrorismo y armas. Ese hecho fue informado en tiempo real por medios internacionales y canales oficiales: el presidente de EE. UU. afirmó que su país “administrará” Venezuela hasta una transición “segura, adecuada y juiciosa”, y fuentes judiciales confirmaron la comparecencia inicial ante un tribunal del Distrito Sur de Nueva York. [usatoday.com], [cbsnews.com]

En este marco, la cacería de celebrantes—la persecución de quienes festejan públicamente la captura—funciona como mecanismo de disuasión social y control territorial. Reportes desde Caracas describen un clima de silencio y cautela tras la operación: más filas en supermercados y gasolineras que festejos abiertos, y una vigilancia difusa que desalienta manifestaciones espontáneas contra el régimen. Al mismo tiempo, verificaciones independientes desmontaron videos virales que atribuían “millones en las calles celebrando”, subrayando que buena parte del júbilo ocurrió fuera de Venezuela, mientras dentro predominó el miedo y la prudencia. [bloomberg.com], [politifact.com]

La marcha oficialista persigue tres objetivos. Primero, normalizar la narrativa de que la captura fue una violación intolerable de la soberanía y que la única salida es la “liberación” del líder, con la ciudadanía convertida en coro de lealtad. Segundo, disuadir la disidencia callejera mediante la exhibición de fuerza (funcionarios, milicia, civiles armados) y la estigmatización de celebrantes como “colaboradores del enemigo”. Tercero, internacionalizar el agravio para captar solidaridades externas—Rusia, China y aliados que han condenado la operación—y tensar el tablero diplomático. [aljazeera.com], [themoscowtimes.com]

Sin embargo, la eficacia de ese libreto enfrenta límites. Fuera de Venezuela, la narrativa se topa con un mosaico de reacciones: países y medios que celebran el fin de un régimen autoritario, otros que cuestionan la legalidad del operativo y advierten por el precedente, y un bloque que pide elecciones con verificación internacional y respeto al derecho y a las reglas de alianza (OTAN, UE). Dentro de ese debate, la promesa de “administrar” Venezuela añade una capa de complejidad: ¿cómo conciliar orden y legalidad sin convertir la transición en ocupación, ni la justicia en revancha? [dw.com], [pbs.org]

Desde la perspectiva de seguridad ciudadana, la marcha y la cacería de celebrantes se inscriben en una gramática de coerción que el chavismo ha perfeccionado: censura, vigilancia digital y campañas de desinformación que buscan ahogar voces críticas y sembrar miedo. En días de incertidumbre, la señal es clara: quien festeje en público arriesga represalias. Esa estrategia no crea consenso; lo sustituye por silencio. A mediano plazo, ese silencio erosiona la resiliencia social y atasca la reconstrucción institucional que cualquier transición requerirá. [icij.org]

¿Qué debería observar la comunidad internacional ante estas escenas? Primero, distinguir entre apoyo ciudadano auténtico y mobilización dirigida; la evidencia en terreno sugiere más temor que euforia, más utilitarismo que adhesión, y una ciudad que se repliega para sobrevivir el corto plazo. Segundo, proteger a defensores de derechos humanos, periodistas y celebrantes pacíficos que hoy son blanco de intimidación. Tercero, exigir que cualquier ruta de transición incluya garantías procesales para los acusados, protección de civiles y un calendario verificable hacia elecciones libres, con misiones de observación y auditoría. [bloomberg.com], [aljazeera.com]

Queda un interrogante crucial que la marcha no resuelve: ¿puede un Estado que apela a multitudes dirigidas y a la cacería de celebrantes sostener legitimidad durable frente a pruebas documentadas, cargos formales y un proceso judicial con estándares probatorios? El terreno inmediato seguirá cargado de tensión y ambigüedad: las calles de Caracas mezclarán despliegues de lealtad con silencios densos; los pasillos judiciales de Nueva York, argumentos sobre jurisdicción e inmunidad; y los foros internacionales, disputas sobre precedentes y normas. La responsabilidad de quienes defendemos el Estado de derecho es doble: no romantizar marchas que encubren coerción y no trivializar derechos que sostienen toda transición—verdad, justicia y garantías—para que el día después no sea una repetición del día anterior, con nuevos nombres y viejos métodos. [cbsnews.com], [pbs.org]

En síntesis: la marcha del martes dramatiza la batalla por el relato tanto como por el poder. Si la respuesta internacional mantiene el foco en reglas, derechos y evidencia, la táctica de coerción ritual perderá eficacia. Y si la ciudadanía, dentro y fuera, encuentra canales seguros para expresarse sin miedo, el silencio impuesto dejará de ser la banda sonora de Caracas. [aljazeera.com], [efe.com]

Nota: Este comentario se fundamenta en coberturas y actualizaciones publicadas entre el 3 y el 7 de enero de 2026 sobre la captura de Nicolás Maduro, las reacciones en Venezuela y el entorno judicial en Nueva York. [usatoday.com], [dw.com]

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Government officials in Venezuela led a large crowd through Caracas, the capital, on Tuesday, marching to demand the release of Nicolás Maduro, the nation’s ousted president. At the same time, its loyalists were on the hunt for anyone celebrating his capture by the U.S. https://trib.al/TQfZ92k

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