La inflación boliviana cruzó en 2025 un umbral que llevaba décadas intacto. El país cerró el año con una suba de precios de 20,4%, la más alta en casi 40 años, según el Instituto Nacional de Estadística.
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Inflación histórica: Bolivia enfrenta su mayor desafío económico en 40 años
Por Luis Orlando Díaz Vólquez
La inflación boliviana alcanzó en 2025 un nivel que no se veía desde hace casi cuatro décadas: cerró el año con un aumento de precios del 20,4%, según el Instituto Nacional de Estadística. Este salto inflacionario marca un quiebre significativo frente a las décadas anteriores, poniendo en riesgo tanto el poder adquisitivo de los hogares como la estabilidad monetaria.
El incremento anual rebasa por mucho el rango confortable para una economía en crecimiento, y aunque diciembre mostró una leve desaceleración con un aumento de 0,59%, el impacto acumulado sigue siendo severo. Los sectores más golpeados han sido el transporte y los productos básicos para el consumo diario, lo que transmite una sensación de deterioro constante en el bolsillo de los bolivianos.
Detrás de este fenómeno se combinan presiones externas —como el alza internacional de insumos y el impacto del tipo de cambio— con factores internos, entre ellos distorsiones en la cadena de suministros y efectos climáticos sobre la producción agrícola. El Gobierno atribuye a la estabilización del tipo de cambio y medidas como el control de carburantes una leve moderación, aunque las metas oficiales parecen fuera de alcance.
El 20,4% de inflación en 2025 no es solo un número: es un espejo que refleja la vulnerabilidad económica de Bolivia frente a shocks externos y desequilibrios internos. Más allá de las señales de moderación, queda claro que la tarea por delante es compleja. Si el Gobierno logra embridar la inflación sin paralizar la economía, estará dejando un legado de gobernabilidad y confianza institucional sostenible. De lo contrario, podría quedar bajo la lupa de una década dominada por la volatilidad económica y el descontento social.
Fuente: @BloombergLinea_
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Bolivia registra la inflación más alta en casi 40 años: 20,4% en 2025
9 de enero de 2026 | La Paz, Bolivia
El Instituto Nacional de Estadística (INE) informó que Bolivia cerró el año 2025 con una inflación acumulada del 20,4%, la cifra más elevada en casi cuatro décadas. Este incremento marca un punto de inflexión en la estabilidad económica del país, que durante años mantuvo niveles moderados de variación en los precios.
Según el reporte oficial, el aumento de precios se concentró principalmente en el sector transporte, alimentos fuera del hogar y bebidas alcohólicas, mientras que algunos productos como el pollo y el tomate registraron descensos. Solo en diciembre, la inflación fue de 0,59%, lo que refleja una leve desaceleración respecto a meses anteriores.
Expertos atribuyen este fenómeno a una combinación de factores internos y externos, incluyendo el impacto del tipo de cambio, la subida internacional de insumos y distorsiones en la cadena de suministros. El Gobierno ha señalado que medidas como la estabilización cambiaria y el control de carburantes han contribuido a moderar el ritmo inflacionario, aunque las metas oficiales quedaron lejos de cumplirse.
La cifra histórica plantea importantes desafíos para la política económica en 2026, con la necesidad de equilibrar acciones monetarias y fiscales para contener la inflación sin frenar el crecimiento.
Fuente: Instituto Nacional de Estadística (INE)
📈 Un punto de inflexión en la economía boliviana
Este salto inflacionario marca un quiebre significativo frente a las décadas anteriores. El incremento anual rebasa por mucho el rango confortable para una economía en crecimiento, poniendo en riesgo tanto el poder adquisitivo de los hogares como la estabilidad monetaria.
El aumento de solo 0,59% en diciembre evidencia una cierta desaceleración en la tendencia, cuya génesis se dio por la escalada de precios en transporte, alimentos fuera del hogar y bebidas alcohólicas. Aun así, cerrar con una inflación del 20,4% mantiene el consumismo bajo presión y frena la confianza de empresarios e inversionistas. [instantaneas.tic.bo], [opinion.com.bo]
🏠 Impacto directo en las familias
Los sectores más golpeados han sido el transporte y los productos básicos para el consumo diario, lo que transmite una sensación de deterioro constante en el bolsillo de los bolivianos. Si bien ciertos precios —como el del pollo y el tomate— descendieron, el efecto general sigue siendo contrario: el costo de vida escaló dramáticamente. [instantaneas.tic.bo], [opinion.com.bo]
🧭 Causas estructurales y coyunturales
Una combinación de factores está detrás de este fenómeno:
- Presiones externas: alzas internacionales de insumos, impacto de tipo de cambio y subida de los precios del petróleo.
- Factores internos: distorsiones en la cadena de suministros, posibles efectos de políticas expansivas y oscilaciones climáticas que afectaron los costos de producción agrícola.
El Gobierno atribuye a la estabilización del tipo de cambio y medidas como el control de carburantes y la provisión oportuna de alimentos una leve moderación del crecimiento de precios, aunque las metas vigentes (cercanas al 5-6%) parecen fuera de alcance. [opinion.com.bo]
🔮 Repercusiones y desafíos a futuro
- Política monetaria rígida: el Banco Central enfrenta la disyuntiva de endurecer su política —subiendo tasas— para frenar la inflación, aunque esto podría ralentizar el crédito y la inversión.
- Complemento fiscal: se necesitan mecanismos que alivien la carga de los sectores más vulnerables sin desequilibrar el presupuesto del Estado.
- Impulso productivo y estructural: estabilizar precios requiere también mejorar la oferta interna de alimentos, combustibles e insumos básicos.
- Comunicación transparente: es esencial reconstruir la confianza con datos claros y una hoja de ruta credencial para empresarios y consumidores.
El 20,4% de inflación en 2025 no es solo un número: es un espejo que refleja la vulnerabilidad económica de Bolivia frente a shocks externos y desequilibrios internos. Más allá de las señales de moderación, queda claro que la tarea por delante es compleja. La senda para recuperar estabilidad y crecimiento requiere un diseño de políticas coherentemente articuladas que integren monetaria, fiscal, productiva y socialmente.
Si el Gobierno logra embridar la inflación sin paralizar la economía, estará dejando un legado de gobernabilidad y confianza institucional sostenible. De lo contrario, podría quedar bajo la lupa de una década dominada por la volatilidad económica y el descontento social.
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