Ministro de Hacienda, Magín Díaz, jura a Nelson Arroyo como Director General de la DGA.
EDITORIAL | Aduanas en clave de Estado: continuidad y aceleración en la nueva etapa del gobierno de Abinader
Por Luis Orlando Díaz Vólquez
La juramentación de Nelson Arroyo como director general de la Dirección General de Aduanas (DGA) confirma que el rediseño del equipo de gobierno anunciado por el presidente Luis Abinader no es un ajuste cosmético, sino una estrategia para integrar producción, comercio exterior, vivienda, recaudación y política social bajo una conducción más coordinada y orientada a resultados. El relevo en Aduanas, acompañado por movimientos en carteras clave, persigue una meta nítida: fortalecer la capacidad operativa del Estado y traducirla en competitividad, previsibilidad y confianza para los ciudadanos y los agentes económicos.
Aduanas arriba a esta transición con una base de modernización ya probada —procesos más digitales, inspección no intrusiva, estándares de integridad— que ahora exige un salto cualitativo: convertir datos operativos en inteligencia de riesgo y trazabilidad, de modo que cada despacho sea más rápido sin relajar el control, y cada operación esté mejor documentada y auditable. La “aduana data‑driven” que el país necesita demanda interoperabilidad plena entre plataformas públicas y privadas, transparencia proactiva sobre tiempos y costos, y una experiencia de servicio que haga del cumplimiento la opción natural, más barata y más ágil.
En este contexto, la bisagra entre el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes, que ahora preside Eduardo Sanz Lovatón, y la DGA resulta crucial. La sincronía entre promoción de exportaciones, desburocratización de zonas francas y facilitación fronteriza es la condición para que las políticas industriales se reflejen en ventajas reales: cadenas de valor más fluidas, costos logísticos a la baja, menor incertidumbre regulatoria y un posicionamiento externo más competitivo. El impulso a la vivienda y la infraestructura complementa esa agenda al dinamizar el entorno urbano y la demanda agregada, creando un círculo virtuoso en el que producción, logística y hábitat se articulan.
El rediseño no se limita al frente económico‑productivo. La modernización tributaria y la mejora de la política social son piezas del mismo engranaje. Una administración fiscal más simple y digital, que estimule el cumplimiento y combata la evasión con inteligencia, refuerza el equilibrio presupuestario indispensable para financiar la protección social. A su vez, programas sociales con mejor focalización, mayor integridad operativa y evaluación constante sostienen la legitimidad de la acción pública y amortiguan las tensiones de un ciclo económico que exige a la vez inversión y prudencia.
Para que esta “nueva etapa” sea algo más que un enunciado, debe medirse con métricas claras y públicas. La evolución de los tiempos de despacho en importación y exportación; el comportamiento de los costos logísticos en corredores críticos; la efectividad del motor de riesgos en puertos y aeropuertos; el porcentaje de trámites íntegramente en línea y la satisfacción del usuario; la trayectoria del recaudo ajustada por actividad y formalización; y los resultados sociales en cobertura y focalización son indicadores suficientes para verificar si la reorganización del gabinete se traduce en beneficios tangibles. Publicarlos periódicamente y someterlos a auditoría externa fortalecería la credibilidad del proceso y alinearía expectativas entre gobierno, empresas y ciudadanía.
Este momento, entonces, no debe leerse como ruptura, sino como continuidad con aceleración. La República Dominicana ya ha avanzado en digitalización, control inteligente e integridad; ahora debe escalar esas capacidades, interconectarlas y gobernarlas con datos y cooperación interinstitucional. Si Aduanas consolida su giro hacia la analítica y el servicio, si la bisagra con Industria y Comercio funciona con disciplina y si la administración tributaria y la política social se modernizan al ritmo que el entorno demanda, 2026 puede ser el año en que la Aduana termine de afirmarse como plataforma habilitadora del desarrollo y no solo como puesto de control. En esa dirección, la juramentación de Nelson Arroyo es un punto de partida exigente: ganar tiempo, reducir costos y aumentar la confianza no es un lema, es una hoja de ruta.
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Por Luis Orlando Díaz Vólquez
La juramentación de Nelson Arroyo como director general de la Dirección General de Aduanas (DGA) confirma que el rediseño del equipo de gobierno anunciado por el presidente Luis Abinader no es un ajuste cosmético, sino una estrategia para integrar producción, comercio exterior, vivienda, recaudación y política social bajo una conducción más coordinada y orientada a resultados. El relevo en Aduanas, acompañado por movimientos en carteras clave, persigue una meta nítida: fortalecer la capacidad operativa del Estado y traducirla en competitividad, previsibilidad y confianza para los ciudadanos y los agentes económicos.
Aduanas arriba a esta transición con una base de modernización ya probada —procesos más digitales, inspección no intrusiva, estándares de integridad— que ahora exige un salto cualitativo: convertir datos operativos en inteligencia de riesgo y trazabilidad, de modo que cada despacho sea más rápido sin relajar el control, y cada operación esté mejor documentada y auditable. La “aduana data‑driven” que el país necesita demanda interoperabilidad plena entre plataformas públicas y privadas, transparencia proactiva sobre tiempos y costos, y una experiencia de servicio que haga del cumplimiento la opción natural, más barata y más ágil.
En este contexto, la bisagra entre el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes, que ahora preside Eduardo Sanz Lovatón, y la DGA resulta crucial. La sincronía entre promoción de exportaciones, desburocratización de zonas francas y facilitación fronteriza es la condición para que las políticas industriales se reflejen en ventajas reales: cadenas de valor más fluidas, costos logísticos a la baja, menor incertidumbre regulatoria y un posicionamiento externo más competitivo. El impulso a la vivienda y la infraestructura complementa esa agenda al dinamizar el entorno urbano y la demanda agregada, creando un círculo virtuoso en el que producción, logística y hábitat se articulan.
El rediseño no se limita al frente económico‑productivo. La modernización tributaria y la mejora de la política social son piezas del mismo engranaje. Una administración fiscal más simple y digital, que estimule el cumplimiento y combata la evasión con inteligencia, refuerza el equilibrio presupuestario indispensable para financiar la protección social. A su vez, programas sociales con mejor focalización, mayor integridad operativa y evaluación constante sostienen la legitimidad de la acción pública y amortiguan las tensiones de un ciclo económico que exige a la vez inversión y prudencia.
Para que esta “nueva etapa” sea algo más que un enunciado, debe medirse con métricas claras y públicas. La evolución de los tiempos de despacho en importación y exportación; el comportamiento de los costos logísticos en corredores críticos; la efectividad del motor de riesgos en puertos y aeropuertos; el porcentaje de trámites íntegramente en línea y la satisfacción del usuario; la trayectoria del recaudo ajustada por actividad y formalización; y los resultados sociales en cobertura y focalización son indicadores suficientes para verificar si la reorganización del gabinete se traduce en beneficios tangibles. Publicarlos periódicamente y someterlos a auditoría externa fortalecería la credibilidad del proceso y alinearía expectativas entre gobierno, empresas y ciudadanía.
Este momento, entonces, no debe leerse como ruptura, sino como continuidad con aceleración. La República Dominicana ya ha avanzado en digitalización, control inteligente e integridad; ahora debe escalar esas capacidades, interconectarlas y gobernarlas con datos y cooperación interinstitucional. Si Aduanas consolida su giro hacia la analítica y el servicio, si la bisagra con Industria y Comercio funciona con disciplina y si la administración tributaria y la política social se modernizan al ritmo que el entorno demanda, 2026 puede ser el año en que la Aduana termine de afirmarse como plataforma habilitadora del desarrollo y no solo como puesto de control. En esa dirección, la juramentación de Nelson Arroyo es un punto de partida exigente: ganar tiempo, reducir costos y aumentar la confianza no es un lema, es una hoja de ruta.
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Ministro de Hacienda juramenta a Nelson Arroyo como Director General de la DGA
Santo Domingo, R.D., jueves 8 de enero de 2026.- En acto oficial celebrado esta mañana, Nelson Arroyo fue juramentado por el ministro de Hacienda, Magín Díaz, y asumió como director general de la Dirección General de Aduanas (DGA), en cumplimiento del Decreto núm. 3‑26 emitido por el Poder Ejecutivo. Con este traspaso, Arroyo sucede a Eduardo “Yayo” Sanz Lovatón, quien pasa a desempeñar nuevas funciones dentro del equipo gubernamental, conforme a la reorganización anunciada por el presidente Luis Abinader.
La ceremonia, que reafirma la estabilidad institucional y el compromiso del Estado con la integridad de la gestión pública, contó con la presencia del ministro sin cartera, Deligne Ascención; el presidente del Senado, Ricardo de los Santos Hernández; legisladores; miembros del gabinete de la DGA; invitados especiales y medios de comunicación.
En sus palabras de despedida, Eduardo Sanz Lovatón destacó la idoneidad de su sucesor: «Aduanas queda en excelentes manos. Conozco a Nelson Arroyo como un hombre sensato, humilde e íntegro. Que Dios bendiga la Dirección General de Aduanas y esta nueva etapa».
Al asumir, Nelson Arroyo agradeció la confianza del presidente Luis Abinader y trazó las prioridades de su gestión: «La DGA es esencial para el equilibrio presupuestario y la facilitación del comercio. Nuestro compromiso es servir al país por encima de cualquier interés personal, asegurar una transición ordenada y consensuada, y trabajar con el equipo para elevar los estándares de eficiencia, trazabilidad y transparencia. El país está primero».
La nueva dirección de Aduanas enfocará sus esfuerzos en modernización tecnológica y gobierno digital, con énfasis en gestión de riesgos, inspección no intrusiva, automatización de servicios y consolidación de una cultura de integridad alineada con estándares internacionales. De igual modo, se fortalecerá la coordinación con el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM) y otras entidades del gabinete económico, para agilizar la logística, potenciar las exportaciones y reducir costos, en beneficio de los operadores económicos y la ciudadanía.
Es un honor servir desde #AduanasRD asumiendo una responsabilidad con el desarrollo y el futuro de la nación.🇩🇴 Acepto este nuevo reto, seguiremos trabajando en la modernización de los procesos para garantizar un mejor servicio. Gracias a @luisabinader por la confianza. pic.twitter.com/1g3URghKSF
— Nelson Arroyo (@nelsonarroyop) January 8, 2026
Con el objetivo de fortalecer el equilibrio presupuestario, incrementar las recaudaciones y facilitar aún más el comercio exterior, la Dirección General de Aduanas informa la puesta en marcha de una agenda 2026 centrada en resultados, transparencia y servicio al país.
— LuisOrlando Díaz Vólquez (@GUASABARAeditor) January 8, 2026
Pilares de…
.......................................................................................Nuevo director general de Aduanas asume enfocado en aumentar las recaudaciones y facilitar más el comercio
— LuisOrlando Díaz Vólquez (@GUASABARAeditor) January 8, 2026
Agradeció al presidente Luis Abinader y dijo estar comprometido con trabajar por el interés del país, por encima de cualquier otro. https://t.co/gMsRkSuTZF
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