“Nos llena de orgullo decir que, desde nuestra llegada a la institución, hemos desembolsado un total de RD$16,025 millones de pesos, de los cuales el 52 % ha sido destinado a negocios liderados por mujeres”, informó el director. Las palabras de bienvenida estuvieron a cargo de la gobernadora provincial, Pura Casilla, mientras que el agradecimiento, en nombre de los prestatarios, fue pronunciado por Mariel Antonia Payano.OPINIÓN
Financiamiento territorial e inclusión productiva: avances del Gobierno dominicano en emprendimiento y mipymes a partir del caso Promipyme en Villa Altagracia
Por Luis Orlando Díaz Vólquez
La entrega de RD$90 millones a 400 prestatarios en Villa Altagracia por parte de Promipyme constituye un hecho puntual con significado estructural: evidencia un enfoque estatal que prioriza la inclusión financiera como política de desarrollo productivo, particularmente en territorios fuera de los grandes centros urbanos. En la narrativa oficial, el acto se inscribe en el mandato de “llevar el crédito a donde vive la gente”, idea que busca corregir asimetrías históricas en el acceso a capital, especialmente para microempresas que suelen depender de financiamiento informal y costoso.
Desde una perspectiva académica, este tipo de intervención puede interpretarse como un instrumento de política pública orientado a reducir fallas de mercado (restricciones de liquidez, ausencia de historial crediticio, falta de garantías) que limitan la productividad y la supervivencia empresarial de las mipymes. En el caso descrito, Promipyme enfatiza una tasa fija “hasta diez veces inferior” a la del mercado informal, lo cual apunta a un mecanismo de “compensación” frente a la usura y la segmentación financiera que enfrentan microemprendedores. Este diseño no solo reduce el costo del capital; también puede estabilizar flujos de caja en negocios de baja escala, donde la volatilidad de ingresos convierte cualquier tasa elevada en riesgo de cierre.
1) El crédito como política de desarrollo: escala, continuidad y señal pública
Un indicador clave de progreso no es únicamente el desembolso aislado, sino la capacidad de sostenerlo en el tiempo. En Villa Altagracia, la institución reporta que, desde el inicio de la gestión actual, ha desembolsado RD$16,025 millones, y que 52% de ese total ha ido a negocios liderados por mujeres. Esta cifra sugiere continuidad y expansión relativa de la cartera, y se alinea con reportes previos sobre desembolsos significativos y sesgo pro-inclusión femenina en diferentes jornadas de crédito. En términos de política pública, la continuidad es crucial: los microcréditos no generan impacto sostenible si operan como acciones episódicas; su valor se consolida cuando forman parte de un ciclo de acceso–acompañamiento–crecimiento.
Además, el hecho de que la representación del MICM en el acto subraye “apoyar, acompañar y ayudarles a crecer” apunta a una visión que trasciende el crédito como simple transferencia financiera y lo concibe como palanca para acumulación productiva. En literatura de desarrollo, este tránsito (de crédito a desarrollo empresarial) depende de complementariedad: capacitación, formalización, acceso a mercados y articulación con cadenas de valor. En ese sentido, Promipyme ha reportado iniciativas asociadas a capacitación y acompañamiento en comunidades, reforzando la dimensión no financiera de la intervención.
2) Enfoque territorial: del centro a la periferia productiva
La selección de Villa Altagracia no es menor. La estrategia territorial busca ampliar el alcance del Estado hacia zonas donde el crédito formal llega con dificultad, sea por ubicación geográfica, costos de transacción o inexistencia de garantías tradicionales. De hecho, Promipyme ha reconocido explícitamente barreras como localización, falta de garantías, escasa formación financiera y ausencia de historial crediticio, lo que sugiere que la institución está diagnosticando obstáculos típicos del microfinanciamiento. Este diagnóstico es relevante porque permite diseñar instrumentos de evaluación alternativos al scoring bancario clásico, frecuentemente inadecuado para microempresas.
En línea con ello, la entidad informó la implementación de nuevos “scores” crediticios y la ampliación del tope de préstamos hasta RD$12 millones, decisión autorizada por el consejo presidido por el ministro del MICM, lo que sugiere un intento de segmentar mejor el riesgo y atender escalas empresariales diversas (de micro a mediana). Académicamente, esto puede leerse como evolución institucional: pasar del microcrédito tradicional hacia un portafolio con mayor granularidad, donde el financiamiento acompaña trayectorias de crecimiento (graduación crediticia) y no solo supervivencia.
3) Inclusión de género: más que equidad, eficiencia económica
El dato de que 52% de los desembolsos acumulados benefician negocios liderados por mujeres (y que en algunos operativos el porcentaje femenino supera ampliamente ese umbral) no debe verse solo como equidad; también puede interpretarse como una estrategia de gestión del riesgo y productividad social. En otras intervenciones públicas, Promipyme ha argumentado que las mujeres exhiben mejor comportamiento de pago y que esta evidencia motivó orientar cartera hacia emprendimientos femeninos para reducir morosidad, además de crear programas específicos como “Tu Firma es Tu Garantía”.
Este punto es crucial: cuando una política de inclusión se fundamenta en evidencia de desempeño (morosidad, disciplina de pago, impacto en hogares), tiende a ser más sostenible fiscal e institucionalmente. Asimismo, en 2026 se reporta la intención de elevar el tope de “Tu Firma es Tu Garantía” (por coordinación con el MICM) para ampliar cobertura a mujeres sin codeudores ni historial bancario, una medida que ataca directamente una restricción típica de acceso: la garantía.
4) Articulación institucional: MICM, descentralización y modernización del crédito
En términos de gobernanza pública, el caso revela coordinación entre Promipyme y el MICM, tanto en presencia institucional como en decisiones estratégicas de cartera y techos de financiamiento. La agenda del ministro Eduardo Sanz Lovatón, al asumir el MICM, incluye explícitamente respaldo a mipymes, competitividad, formalización y fortalecimiento del clima de inversión, lo que da marco a la actuación de Promipyme como brazo operativo de inclusión productiva. Asimismo, la institución se define como aliada del MICM y alinea su estrategia con la visión gubernamental de territorialidad del crédito, lo cual consolida coherencia interinstitucional (un factor crítico para políticas de mipymes).
A esto se suman iniciativas complementarias reportadas por el Gobierno, como jornadas de inclusión financiera y transformación digital coordinadas con otras entidades (por ejemplo, Indotel) y acuerdos con organismos como ProCompetencia para fortalecer capacidades mipymes, lo que sugiere un ecosistema de apoyo que trasciende el financiamiento. En términos académicos, esta articulación es clave: el crédito rinde más cuando se combina con digitalización, competencia, capacitación y encadenamientos.
5) ¿Qué falta para convertir el crédito en productividad sostenida? (Retos y recomendaciones)
Aun reconociendo avances, una lectura académica exige atender riesgos y brechas. Primero, el impacto del crédito debería medirse no solo en montos desembolsados, sino en indicadores de resultado: supervivencia a 12–24 meses, crecimiento de ventas, formalización, creación de empleo y transición hacia financiamiento formal bancario. Promipyme ha señalado que su estrategia incorpora acompañamiento y educación financiera, pero el desafío es institucionalizar métricas públicas y evaluaciones periódicas para validar efectividad y ajustar instrumentos.
Segundo, la ampliación de topes (hasta RD$12 millones) y la introducción de nuevos scores elevan la relevancia de la gestión de riesgos: expansión sin control puede deteriorar cartera. En ese sentido, Promipyme anunció también RD$1,500 millones destinados a cubrir siniestros que afecten negocios, una medida que apunta a resiliencia y sostenibilidad, pero que requiere claridad técnica sobre criterios, cobertura y gobernanza del fondo. Tercero, para potenciar el emprendimiento, el crédito debería conectar con mercados: compras públicas, cadenas de proveedores, exportación (cuando aplique) y clústeres locales. Sin esa “salida comercial”, el financiamiento corre el riesgo de sostener solo capital de trabajo de baja productividad.
En conclusión, el acto de Villa Altagracia —RD$90 millones para 400 prestatarios— sintetiza un patrón más amplio: el Gobierno ha fortalecido una política de mipymes basada en territorialidad del crédito, tasa fija competitiva, foco en inclusión femenina y ajustes institucionales (scoring, ampliación de techos, programas específicos) que apuntan a modernizar el acceso al financiamiento productivo. La evidencia de desembolsos acumulados y la persistencia del sesgo pro-mujer sugieren una orientación clara hacia la inclusión económica como estrategia de desarrollo.
No obstante, el salto cualitativo pendiente —propio de toda política pública de emprendimiento— es convertir la expansión del crédito en un aumento verificable de productividad: más formalización, más empleo, más ventas y mayor escalamiento empresarial. Si el Estado logra anclar estos desembolsos a métricas de impacto y a una agenda de mercados y capacidades (digitalización, formación, competencia, encadenamientos), el crédito dejará de ser una herramienta de alivio para convertirse en un verdadero motor de transformación productiva.
Sobre el autor
Luis Orlando Díaz Vólquez es ingeniero de sistemas de computadora, editor bibliográfico y productor de medios de comunicación. Autor de artículos de opinión y análisis sobre geopolítica, seguridad y comercio internacional. Ha seguido y escrito sobre procesos regionales y eventos de alto impacto (ferias internacionales, congresos sectoriales y coyunturas de seguridad nacional). Su enfoque privilegia la institucionalidad, el Estado mínimo funcional y la apertura económica con compliance como pilares para la normalización y el desarrollo sostenible.
En Villa Altagracia, junto a las autoridades, en la entrega de préstamos por RD$90 millones a 400 microempresari@s y emprendedor@s. El 62% va dirigido a negocios liderados por mujeres. Como dice el presidente @luisabinader: “Llevando el crédito donde vive la gente”🇩🇴 pic.twitter.com/6gJNPfdh23
— fabriciogm13 (@Fabriciogm13) February 19, 2026

.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario