Aduanas del Caribe: Un nuevo ciclo de cooperación, modernización y liderazgo desde la República Dominicana
Editorial | @GuasabaraEditor
La reciente celebración en Santo Domingo de la Reunión del Comité Ejecutivo y los grupos de trabajo del Consejo del Caribe para la Aplicación de las Leyes Aduaneras (CCALA/CCLEC) confirma una realidad que ya es imposible ignorar: el Caribe está reposicionándose en el mapa global del comercio internacional, y la República Dominicana se ha convertido en el corazón operativo de ese proceso. La presencia de doce administraciones aduaneras, junto al impulso político y diplomático para transformar el CCLEC en la futura Organización de Aduanas del Caribe, evidencia un momento decisivo para la región.
El director general de Aduanas, Eduardo Sanz Lovatón, lo expresó con claridad al subrayar que el Caribe “necesita con urgencia” una estructura de cooperación más robusta, capaz de intercambiar inteligencia, fortalecer capacidades y enfrentar amenazas transnacionales que evolucionan con rapidez. El crimen organizado, el contrabando, la subvaluación y el tráfico fronterizo exigen hoy instituciones más técnicas, integradas y transparentes. Y es evidente que la DGA ha asumido ese desafío con determinación.
Esto se refleja no solo en la agenda internacional de la institución, sino también en una serie de acciones internas que, en los últimos meses, han marcado un ritmo acelerado de transformaciones. La capacitación conjunta con la Contraloría General para fortalecer los controles internos; el homenaje póstumo al ministro Orlando Jorge Mera al designar con su nombre el Laboratorio Aduanero; y la consolidación de convenios con el Ministerio Público para perseguir el contrabando de divisas ilustran una gestión que combina rigor técnico, institucionalidad y sentido de Estado.
De manera paralela, el país continúa avanzando en su consolidación como hub logístico de clase mundial, una visión impulsada por el presidente Luis Abinader y cuyo modelo genera hoy empleos, inversiones y reconocimiento internacional. Los talleres del CNFC, las capacitaciones a empresas en Punta Cana, los encuentros con operadores logísticos y la participación en la Semana Global de Emprendimiento del ITLA confirman que la logística dejó de ser un concepto aspiracional para convertirse en una realidad tangible: más de 380 mil metros cuadrados en operaciones, una capacidad que podría duplicarse en menos de tres años, y un sector empresarial cada vez más involucrado en cadenas de suministro regionales.
El impacto económico de esta transformación es igualmente contundente. Con exportaciones que superan los US$13 mil millones y un crecimiento del 100 % en los últimos cinco años, la logística se ha posicionado —como señaló Sanz Lovatón— como “el nuevo gran renglón económico de la República Dominicana”, desplazando por primera vez en dos décadas al turismo como principal motor de ingreso de divisas.
En este contexto, la DGA también ha reforzado su compromiso con la transparencia y la equidad comercial. Las intervenciones recientes realizadas en comercios del sector asiático en Azua, la publicación del nuevo Manual del Viajero y el fortalecimiento de los esquemas de riesgo reflejan una visión clara: garantizar un comercio ordenado, competitivo y justo. Este objetivo solo es posible con una administración aduanera vigilante, actualizada y profundamente articulada con el sector
privado.
Otro aspecto que merece reconocimiento es la dimensión humana de la gestión. La Semana de la Calidad, el maratón familiar, el programa de pasantías que ya supera los 1,000 jóvenes formados, y las múltiples capacitaciones internas evidencian una apuesta sostenida por el talento y el bienestar institucional. Detrás de cada avance tecnológico o normativo hay equipos técnicos cuya preparación, motivación y espíritu de servicio continúan fortaleciendo la institucionalidad aduanera.
En conjunto, todos estos hechos —internacionales, técnicos, operativos y humanos— construyen una narrativa inequívoca: la República Dominicana no solo está modernizando su Aduana, está redefiniendo su rol en la arquitectura logística del Caribe y de las Américas. La celebración del CCLEC en Santo Domingo no es un evento aislado; es el resultado natural de años de inversión en cooperación regional, en modernización normativa, en digitalización, en controles internos, en alianzas estratégicas y en una visión país que entiende el comercio exterior como una de las fronteras más dinámicas para el desarrollo nacional.
El Caribe exige mayor integración; el comercio global demanda más seguridad y eficiencia; y la competitividad internacional requiere instituciones sólidas y transparentes. En ese cruce de caminos, la Dirección General de Aduanas ha decidido asumir un rol de liderazgo, y la región —como lo evidenció este encuentro histórico— reconoce ese esfuerzo.
Lo que ocurre hoy en la DGA no es simplemente gestión pública: es la construcción de un legado institucional que transformará, por décadas, la forma en que la República Dominicana se inserta en la economía global.
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