Hegemonía global y recomposición del poder
Por Luis Orlando Díaz Vólquez
Resumen ejecutivo | La hegemonía estadounidense entra en una fase de reconfiguración: no se trata de un colapso súbito sino de una compresión relativa de su dominio económico, tecnológico y narrativo frente a potencias emergentes y actores regionales. Esta recomposición será gradual y asimétrica: el dólar y las instituciones financieras de EE. UU. conservarán un papel central, pero perderán cuota de influencia en sectores y regiones donde China, y en menor medida Rusia e India, consolidan alternativas; la carrera por tecnologías disruptivas como la computación cuántica y la proliferación de capacidades militares avanzadas (hipersónicos, modernización nuclear) redefinen la naturaleza de la ventaja estratégica.
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Tabla comparativa de poder y proyección de influencia
| Actor | Fortalezas | Debilidades | Proyección de influencia 2030 |
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| Estados Unidos | Mercados financieros profundos; alianzas militares; innovación privada | Polarización interna; desgaste diplomático; competencia tecnológica | 35–45% |
| China | Coordinación estatal; inversión en infraestructura y tecnología | Vulnerabilidades financieras; dependencia de exportaciones | 25–35% |
| Unión Europea | Economía integrada; soft power regulatorio | Fragmentación política; dependencia energética | 10–15% |
| Rusia | Capacidad militar estratégica; influencia regional | Economía limitada; sanciones | 5–10% |
| India | Demografía; crecimiento económico; autonomía estratégica | Infraestructura y cohesión institucional | 5–10% |
| Actores regionales y bloques | Agilidad diplomática; alternativas locales | Recursos limitados | 5–10% |
Nota: Las cifras son estimativas y buscan reflejar proporciones relativas de influencia global en economía, seguridad y diplomacia hacia 2030, no medidas exactas. La proyección asume continuidad de tendencias observadas en 2024–2026 y escenarios de política exterior estables.
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Diagnóstico profundo
1. Economía y el papel del dólar
El dólar conserva ventajas estructurales: profundidad de mercados, liquidez y la condición de activo seguro. Sin embargo, la confianza que sustenta la hegemonía financiera es relacional y puede erosionarse por políticas internas erráticas, uso frecuente de sanciones y la búsqueda activa de alternativas por parte de grandes economías. Investigaciones recientes muestran procesos de “desdolarización” en reservas y facturación comercial que, aunque no suponen la sustitución inmediata del dólar, sí reducen la palanca económica unilateral de Washington.
Implicación: la capacidad de EE. UU. para imponer costos económicos se mantendrá, pero con márgenes más estrechos; la diplomacia financiera y la gestión macroeconómica serán claves para sostener la demanda internacional por activos en dólares.
2. Tecnología estratégica y la carrera cuántica
La computación cuántica es un campo dual: sus aplicaciones civiles (simulación, optimización) y militares (criptoanálisis, sensores) lo convierten en un vector de poder. EE. UU. mantiene un ecosistema privado-académico robusto, pero China ha desplegado una estrategia estatal de largo plazo que acelera avances y escala industrialización. El liderazgo en cuántica no es un monopolio inmediato, pero la primacía tecnológica en este dominio puede traducirse en ventajas decisivas en inteligencia, defensa y economía.
Implicación: la inversión sostenida, la protección de cadenas de suministro y la cooperación internacional en normas tecnológicas serán determinantes para preservar la ventaja relativa.
3. Narrativa, propaganda y soft power
El poder blando estadounidense —educación, cultura, medios— sigue siendo influyente, pero enfrenta competencia asertiva: China proyecta su modelo mediante inversión y diplomacia económica; Rusia emplea tácticas de “sharp power” para erosionar cohesión en democracias. La pérdida relativa de soft power no es solo reputacional: dificulta la formación de coaliciones y la legitimidad de acciones multilaterales.
Implicación: la batalla por la narrativa será central en la próxima década; quien controle marcos interpretativos tendrá ventaja para construir consensos y alianzas.
4. Seguridad estratégica y proliferación de capacidades avanzadas
La aparición y despliegue de armas hipersónicas por parte de Rusia y China, y pruebas exitosas por India, introducen incertidumbres operativas: acortan ventanas de decisión y complican la defensa antimisiles tradicional. EE. UU. moderniza su arsenal, pero la dinámica es de asimetría creciente en ciertos vectores. Esto eleva el riesgo de escaladas accidentales y exige nuevas doctrinas de disuasión y control.
Implicación: la estabilidad estratégica dependerá tanto de capacidades tecnológicas defensivas como de acuerdos de gestión de riesgos entre grandes potencias.
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Escenarios de recomposición global
1. Multipolaridad gestionada: Las grandes potencias comparten espacios de competencia y cooperación; instituciones multilaterales se adaptan; la economía global se fragmenta en redes interdependientes. (Probable si hay gestión diplomática activa).
2. Bipolaridad funcional: EE. UU. y China lideran bloques con esferas de influencia claras en tecnología y comercio; terceros actores se alinean pragmáticamente. (Posible si la rivalidad se institucionaliza).
3. Desorden competitivo: Fragmentación profunda, carreras tecnológicas y militares sin marcos de gobernanza; mayor riesgo de crisis regionales. (Riesgo si la cooperación falla).
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¿En manos de quién quedará el mundo y en qué proporción?
La hegemonía no se transfiere de forma binaria; se redistribuye. EE. UU. seguirá siendo un actor central en finanzas, defensa y tecnología privada, pero China consolidará influencia económica y tecnológica en amplias regiones; la Unión Europea mantendrá peso regulatorio y económico; India emergerá como polo demográfico y tecnológico regional; Rusia conservará influencia militar y energética en su vecindad. La proporción estimada en la tabla anterior refleja una transición hacia una multipolaridad asimétrica donde ninguna potencia alcanza la supremacía absoluta, pero varias comparten la capacidad de moldear agendas globales.
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Cómo debería navegar la República Dominicana
La República Dominicana (RD) enfrenta una oportunidad estratégica: su posición geográfica, estabilidad relativa y vínculos con EE. UU. y la región le permiten capitalizar la recomposición si adopta una estrategia pragmática y diversificadora.
1. Estrategia económica y financiera
- Diversificar socios comerciales y financieros: Mantener relaciones privilegiadas con EE. UU. sin depender exclusivamente de un solo mercado; fortalecer lazos con la UE, China y bloques regionales para reducir vulnerabilidades.
- Fortalecer la resiliencia macroeconómica: Construir reservas, mejorar la calidad de la deuda y desarrollar mercados locales de capital que atraigan inversión extranjera directa en condiciones favorables.
- Aprovechar la diáspora y la inversión extranjera: Diseñar incentivos para inversión productiva y transferencia de tecnología desde la diáspora dominicana.
2. Tecnología y capital humano
- Política de atracción de inversión tecnológica: Crear zonas francas tecnológicas con incentivos fiscales condicionados a transferencia de conocimiento y empleo calificado.
- Formación y retención de talento: Invertir en educación STEM y programas de posgrado vinculados a universidades extranjeras y empresas tecnológicas.
- Alianzas público-privadas: Promover incubadoras y fondos de capital riesgo locales con cofinanciación internacional.
3. Seguridad y soberanía digital
- Ciberseguridad y protección de infraestructuras críticas: Establecer marcos regulatorios y capacidades técnicas para proteger sistemas financieros y datos sensibles.
- Cooperación regional en seguridad: Participar en iniciativas del Caribe y América Latina para compartir inteligencia y buenas prácticas.
4. Diplomacia y posicionamiento internacional
- Política exterior pragmática y multialineal: Mantener la alianza estratégica con EE. UU. mientras se profundizan relaciones económicas con China y la UE; evitar alineamientos ideológicos rígidos.
- Actuar como puente regional: La RD puede ofrecer servicios logísticos, financieros y de mediación para proyectos de inversión en el Caribe y Centroamérica.
- Soft power dominicano: Potenciar cultura, turismo y educación como herramientas de influencia y atracción de inversión.
5. Infraestructura y sostenibilidad
- Invertir en infraestructura resiliente: Transporte, energía y puertos que conecten con cadenas de valor regionales.
- Transición energética: Aprovechar recursos renovables para reducir dependencia energética y atraer inversión verde.
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Riesgos y trade‑offs para la República Dominicana
- Dependencia externa: Diversificar no significa dispersar sin estrategia; la RD debe evitar endeudamiento que comprometa soberanía.
- Competencia por inversión: Otros países de la región competirán por capitales; la RD necesita ventajas comparativas reales (estabilidad, talento, logística).
- Riesgos geopolíticos: La polarización entre grandes potencias puede traducirse en presiones comerciales o tecnológicas; la neutralidad pragmática será costosa políticamente.
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Recomendaciones operativas para el corto y mediano plazo
1. Plan Nacional de Competitividad 2030: Integrar educación, infraestructura, innovación y diplomacia económica con metas medibles.
2. Fondo de Innovación y Talento: Cofinanciado por sector privado y organismos multilaterales para apoyar startups tecnológicas y formación avanzada.
3. Acuerdos de cooperación tecnológica: Firmar memorandos con universidades y centros de investigación en EE. UU., UE e India para transferencia de capacidades.
4. Estrategia de diversificación de exportaciones: Focalizar en servicios digitales, manufactura avanzada y agroindustria con valor agregado.
5. Política de resiliencia financiera: Mejorar marco regulatorio para atraer inversión extranjera directa de calidad y desarrollar mercado de capitales local.
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Conclusión
La recomposición del poder global no es una simple sustitución de un hegemón por otro; es un proceso complejo de redistribución de capacidades en el que la tecnología, la economía y la narrativa juegan roles centrales. EE. UU. conserva palancas significativas, pero su margen de maniobra se reduce frente a la emergencia de China y otros actores. Para la República Dominicana, el desafío es convertir la incertidumbre en oportunidad: diversificar socios, invertir en capital humano y tecnología, y proyectar una diplomacia pragmática que maximice beneficios económicos sin sacrificar soberanía. La estrategia correcta no es elegir bandos, sino construir resiliencia y relevancia en un mundo multipolar.
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Luis Orlando Díaz Vólquez
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