lunes, 1 de diciembre de 2014

Miguel plantea AL debe tener mayor y mejor crecimiento, y superar "fatiga democrática"


 1 de diciembre 2014. Washington
El presidente del Comité de la Internacional Socialista para América Latina y el Caribe, (Siclac), Miguel Vargas, afirmó hoy que para terminar con la pobreza y el atraso y saltar al desarrollo, la región requiere de un mejor y mucho más alto crecimiento económico, y citó reformas del estado y los partidos políticos, la educación y la participación ciudadana como herramientas claves para encarar con éxito los desafíos presentes y porvenir.
Al pronunciar el discurso inaugural de la reunión que celebra Siclac hoy y mañana en el salon Las Américas de la Organización de Estados Americanos (OEA), en Washington, el también presidente y candidato presidencial del PRD advirtió que muchos países de América Latina y el Caribe, como es el caso de República Dominicana, han caído en una “fatiga democrática” que amerita un serio proceso de reformas y renovación.
En la ceremonia inaugural participaron José Miguel Insulza, secretario general de la OEA, Luis Ayala, secretario general de la Internacional Socialista, Carmen Chacón, secretaria de Relaciones Internacionales del Partido Socialista Obrero Español, y otras personalidades. Víctor Benoit, vicepresidente de la IS, y Elsa Espinosa, vicepresidenta de Siclac, participaron de la mesa directiva.
Al dirigirse al conclave que reúne a más de 30 partidos social demócratas, socialistas y laboristas, Miguel sostuvo que si bien se produjeron avances contra la pobreza y la desigualdad desde el año 2002, el ritmo menguó sensiblemene a partir de 2007.
Citó cifras del Banco Mundial conforme las cuales en “los años dorados” de la primera década del siglo, el crecimiento regional fue de 4.5% en promedio, pero ya entre los años 2011-2014 cayó a 2.3%.

También el Banco Mundial ha establecido la enorme brecha de la desigualdad expresada en que mientras el 20% de los hogares más pobres apenas recibe el 5% de los ingresos totales, el 20% más rico obtiene el 47%  
Expuso que una mirada crítica al crecimiento alcanzado por muchos países de la región muestra que se debió en lo fundamental a la demanda internacional de sus materias primas, “pero no a que nuestras sociedades se hubiesen transformado en más productivas o los estados en más eficientes”.
Puntualizó que “seguimos siendo en la mayoría de los países las tradicionales naciones del siglo XX, y ahora, cuando un crecimiento más demorado y lánguido amenaza, las cifras de pobreza y desigualdad volverán a incrementarse, con más inflación y devaluación.
Para Vargas es evidente que ahora “no se trata de crecer al doble de lo que se crece ahora sino de crecer mejor y mucho más”.
Agregó que el desafío que está planteado para el liderazgo regional es promover un crecimiento con capacidad de fortalecer sus fundamentos estructurales: educación de altísima calidad, entrenamiento para el trabajo y el emprendimiento, condiciones de seguridad jurídica y personal que bajen los costos individuales, familiares y empresariales, para elevar la productividad a raseros no vistos en la región.
Promover una política efectiva de empleo que tenga perdurabilidad, creando condiciones económicas, financieras, jurídicas y culturales para la inversión nacional y extranjera con las solas limitaciones que las reglas de la ética empresarial y las leyes imponen, es clave, para Vargas.
 “Fatiga democrática”
Ponderó que a pesar de los avances en materia social existen sectores empobrecidos que constituyen un reclamo vivo y cotidiano a los gobiernos; la ineficiencia estatal, la corrupción, la concentración del poder, el populismo electoral, la falta de compromiso y responsabilidad social de las empresas, los sindicatos que han dejado de representar los intereses de sus afiliados para defender los de sus burocracias, la falta de participación ciudadana efectiva, son temas que están allí, no resueltos y que demandan respuestas.
Consideró que si bien han sido superados los regímenes dictatoriales que predominaron en la región en décadas anteriores, y se han producido avances sociales, han aparecido nuevos problemas o alcanzado dimensiones colosales algunos que ya existían, como el narcotráfico, el consumo de drogas ilegales por parte de los jóvenes, la masiva inseguridad que azota pueblos y ciudades, la terrible complicidad entre mafias criminales y efectivos de los cuerpos de seguridad.
Así también la ausencia de futuro para muchos jóvenes, especialmente mujeres que se convierten en madres en una edad tan temprana que su maternidad las convierte sin quererlo en factor de reproducción de la pobreza, extendida hacia la generación siguiente. “Ese es, en mi país, un gravísimo problema”, puntualizó.
El desencanto con la democracia se muestra en altos índices de abstención electoral, en el descreimiento hacia los partidos políticos, en la búsqueda de “salvadores” que son el retorno caudillismo del siglo XIX, todo lo cual contribuye al descrédito de las instituciones fundamentales del Estado democrático.
En unos países la situación es peor que en otros, pero nadie está exento de lo que se ha dado en llamar “fatiga democrática”, por eso hay que reformular nuestra democracia, con audacia y claridad conceptual, sostuvo.
La transformación del Estado, mediante una reforma institucional a fondo, insiste Miguel, es condición indispensable para que pueda hacerse eficiente.
La reforma del Estado que plantea no puede ser confundida con interminables reformas legales: es indispensable un conjunto de reformas simultáneas, la de los partidos políticos para hacerlos más abiertos, democráticos y contemporáneos; la de los mecanismos y organismos para la participación ciudadana; la descentralización desde el poder nacional hacia el poder local.
Un elemento fundamental de la fórmula que plantea es abrir los gobiernos para un intercambio permanente, creciente y productivo con la ciudadanía,  para que los ciudadanos puedan saber cómo se maneja, cuánto cuesta y quiénes son los responsables de su funcionamiento.
La recuperación de la fe democrática en la región, entiende Vargas, requiere que la participación de los ciudadanos en las grandes decisiones de los países sea efectiva, que tenga consecuencias y no sea un rito que se cumple para satisfacer algún requisito legal. El remedio contra la “fatiga democrática” es la participación ciudadana informada, oportuna, con incentivos para hacerla, con resultados para evaluarla, organizada y sin formalismos que la restrinjan.

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