domingo, 17 de septiembre de 2017

Libres Cicerón, libres - por Yvelisse Prats-Ramírez de Pérez

EN PLURAL

Libres Cicerón, libres

Yvelisse Prats-Ramírez de Pérez
Puntos de vista sábado, 16 de septiembre de 2017
  • Libres Cicerón, libres
Dos mil años atrás, Cicerón afirmó: “Somos esclavos de las leyes, para ser libres”.
La frase del ilustre filósofo orador romano, era un desafío al imperio, representado en el poder absoluto de los césares, dueños  de vida y hacienda.
Transcurridos dos milenios, en los que la ley ha sucumbido con frecuencia ante el imperio de las tiranías, republicanas muchas veces, la sentencia de Cicerón sigue siendo más un deseo ético que una verdad cumplida.
Sobre todo en los países subdesarrollados, la institucionalidad es solo una retórica santiguada en la gran ley que no se cumple, la Ley de leyes, la Constitución, las otras leyes, las adjetivas, no solo se “esclavizan” a la ciudadanía, para que estas sean libres de abusos de poder; se desconocen, desde los tribunales mismos, espacios que se degradan al renunciar de su razón de ser.
Donde la justicia, en base a la ley no manda, reina la anarquía. Y en esa confusión, se impone una ley: la del más fuerte. Se cometen excesos, abusos contra quienes, cada vez más débiles, exentos de la armadura de una ley que los proteja, se rinden, se convierten en esclavos de quien manda, quien posee, quien da y quita. Ese ser terrenal supremo, o esos seres, porque a veces se constituyen una corporación de poderes, son los primeros en irrespetar la Constitución; él o ellos encarnan la ley, son “batuta y Constitución” como los define certeramente el pueblo.
Para que ese poder no se menoscabe, tiene que ser así de omnímodo. Por eso, la rapiña se impone, hay que acumular cada vez más su fuerza, y hay que hacerlo sin susto, seguros, incluso exhibiendo sus opulencias mal habidas.
La corrupción y la impunidad dominan, cómplices, mellizas, siamesas madrinas del dolo, el cohecho y pilares de la injusticia.
La labor de zapa que ha hecho el neoliberalismo en su exacerbación del individualismo y en su negación de los valores, “na es na”, “comamos y bebamos, que mañana moriremos”, ha contribuido a que los ciudadanos olviden que son ellos los que tienen derecho a reclamar que impere la ley, única garante de libertades que nos pertenecen. Una falsa democracia de autorización, es la que creemos elegir a nuestros representantes, que luego no nos representan, poner en manos de unos pocos el poder: con él, se prostituyen las leyes, por voluntad antojadiza de los “autorizados”.
Como la historia no existe, murió, junto a las ideologías, así lo proclaman Fukuyama y Hauyek, Cicerón y sus “ridículas” ideas son conocidos por pocos, esos que negamos creer en el neoliberalismo, y que interpelamos historia para buscar referentes.
A lo más una educación sin teología ni axiología que permite la tecnología para que las leyes en lugar, informe, y eso, “asigún” convenga, pretende construir robots, obedientes, no a las leyes, sino a los selectos nimbados que se abrogan la potestad de ser corruptos e impunes, y que además, se les agradezca.
He ido describiendo situaciones límites de la negación  de ese imperio de la ley que reclamó Cicerón. No he citado casos específicos. No he puesto en blanco y negro el nombre del país, de fechas ni sucesos, defino, describo, no hago un estudio de un caso, el que me duele. La similitud de los rasgos revela un pueblo que amamos pero que fuimos incapaces de reconocer durante muchos años, como presa de ese imperio de la corrupción y la impunidad consentida.
La Marcha Verde ha hecho su parte, Dios, el resto. Como un milagro, hay ya muchos dominicanos que han abandonado su indolencia, que recuperan su criticidad. A esta altura de En Plural han puesto nombre al modelo perverso de país que describo: es la República Dominicana y ahí están, sacándole la lengua a la ley, los casos de Sun Lind, de OISOE, los Tucano y Odebrecht, ejemplos inauditos de corrupción e impunidad, vergonzoso escándalo en un país que tiene en su historia tanta decencia y tanta dignidad.
Empezar a rechazar la corrupción y la impunidad es un paso importante, pero los milagros modernos requieren de la participación y el impulso humano en el caso, de nuestro país, la protesta, el reclamo.
Empoderarse, despertar a los que aun duermen narcotizados; ampliar y difundir la confianza en nosotros mismos, libres, porque queremos ser esclavos de la ley.
La tarea no es fácil, lo sé, también sé que es posible.
¡Y que suaves y gozosas sentiremos las cadenas de la ley, cuando seamos libres de la corrupción y la impunidad!
¡Libres, Cicerón, libres! https://www.listindiario.com/puntos-de-vista/2017/09/16/482646/libres-ciceron-libres

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