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viernes, 10 de julio de 2026

El fracaso de la bancarización en Cuba: jubilados hacen fila desde el amanecer para cobrar pensiones de menos de 10 dólares

América Latina

El fracaso de la bancarización en Cuba: jubilados hacen fila desde el amanecer para cobrar pensiones de menos de 10 dólares

Cajeros vacíos, negocios que rechazan billetes y una infraestructura digital precaria convierten el día de cobro en una odisea para más de 1.700.000 personas

Por Infobae en Cuba 10 Jul, 2026 06:01 a. m. EST



Jubilados hacen fila en los bancos de Cuba

Más de 1,7 millones de jubilados cubanos cobran pensiones de menos de 10 dólares mensuales y deben hacer fila desde las cinco de la mañana frente a los bancos para intentar retirar un efectivo que, con frecuencia, no está disponible.

Esa es la cara más visible del colapso del programa de bancarización impulsado por el régimen de Cuba tres años atrás, un proceso que prometía modernizar la economía y que hoy es reconocido incluso por la prensa oficialista como “un problema social”.

El caso del periodista jubilado Arturo Chang, de 74 años, resume la arbitrariedad del sistema. Días atrás, Chang intentó pagar 10 panes en un negocio privado de Santa Clara con 100 billetes de cinco pesos, dinero que el propio banco estatal le había entregado como pensión. La empleada del establecimiento se negó a aceptarlos.

Su pensión máxima es de 3.653 pesos cubanos mensuales, el equivalente a menos de 10 dólares. “Sin dudas, es una cadena en la cual el eslabón que siempre se rompe es el de los clientes, sobre todo, los más envejecidos”, escribió Chang en el periódico Trabajadores, recogido por el portal CiberCuba.

Los jubilados son el grupo más golpeado por la escasez de liquidez, en parte porque la mayoría carece de teléfonos inteligentes y no puede recurrir a los pagos electrónicos que la dictadura promueve como solución. La brecha tecnológica los obliga a depender del efectivo en un sistema donde los cajeros automáticos están vacíos o directamente fuera de servicio.

Una anciana camina con la ayuda de un bastón en La Habana Vieja (Foto AP/Ramón Espinosa/Archivo)
Una anciana camina con la ayuda de un bastón en La Habana Vieja (Foto AP/Ramón Espinosa/Archivo)

En La Habana, más del 50% de los cajeros ya no funcionaban en mayo, según datos publicados por CiberCuba. El Banco Metropolitano habría reducido, además, el límite de retiro a 3.000 pesos por operación, por debajo del propio tope legal de 5.000 pesos fijado en 2023.

La magnitud del fracaso queda expuesta en los números. A escala nacional, apenas el 3,77% de las transacciones son digitales, pese a que las autoridades han detectado más de 26.500 deficiencias, aplicado 15.240 multas y ordenado el cierre de 269 establecimientos.

En Pinar del Río, solo entre el 10% y el 12% de unas 700.000 operaciones mensuales se realizan por vías digitales. En Sancti Spíritus, menos del 10% de las mipymes y trabajadores privados acepta transferencias como método de pago habitual, de acuerdo con un sondeo del mes pasado.

Ante ese panorama, el Banco de Crédito y Comercio (Bandec) lanzó una nueva campaña en redes sociales para defender la bancarización y ofrecer su diagnóstico del problema. A través de una infografía publicada por Bandec Matanzas, la entidad sostiene que la escasez de efectivo se produce porque los negocios que cobran en efectivo no depositan sus ingresos, lo que deja el dinero “retenido fuera del sistema financiero”. La propuesta del banco es directa: “Más pagos digitales para que el dinero regrese a las sucursales y pueda redistribuirse”.

La respuesta en redes sociales fue inmediata y mayoritariamente crítica. Uno de los comentarios más respaldados señaló que “el dinero de los jubilados tiene que estar ahí, no pertenece ni al banco ni a los comerciantes; el banco solo es el custodio”. Otros usuarios apuntaron que el Estado debería aumentar la oferta de productos en pesos cubanos para que el dinero vuelva de forma natural al sistema. “No le echen más la culpa a las personas”, escribió otro internauta, mientras que un tercero comparó el argumento del banco con responsabilizar a los ciudadanos por los apagones.

Las críticas a la infraestructura tecnológica también abundaron. Muchos establecimientos aún no cuentan con terminales de punto de venta (POS) o sufren cortes frecuentes de conectividad, lo que hace prácticamente inviable el uso cotidiano de los pagos electrónicos, en especial para las personas mayores.

Personas caminando en La Habana (EFE/Ernesto Mastrascusa)
Personas caminando en La Habana (EFE/Ernesto Mastrascusa)

El propio director de políticas macroeconómicas del Banco Central de Cuba (BCC) lo admitió en mayo: “Si el pago electrónico no es más fácil de hacer o más rápido que pagar en efectivo, por supuesto que no va a calar”, según recogió CiberCuba.

La situación ha generado un mercado paralelo donde la extracción de efectivo “al por ciento” —con comisiones de entre el 35% y el 50%— se ha normalizado como única vía de liquidez para miles de cubanos. En Santiago de Cuba, la policía detuvo en mayo a individuos que cobraban esas comisiones por convertir transferencias en efectivo. El ciudadano Freddy De León López tardó tres días en retirar apenas el 40% de su salario debido a cajeros sin efectivo y caídas del sistema. Cuando lo logró, un negocio privado rechazó su pago electrónico.

El Banco de Crédito y Comercio (Bancec) de Ciego de Ávila emitió un comunicado exigiendo a mipymes y cuentapropistas el cese del rechazo de billetes de cinco, 10 y 20 pesos, al calificarlo de “flagrante violación de los derechos de los ciudadanos”. La respuesta ciudadana fue contundente: “Si es una ley, no hace falta ningún llamado de conciencia. Lo que corresponde es aplicarla sin mano blanda”.

El régimen aprobó el 19 de junio un paquete de 176 medidas que incluye, por primera vez desde 1959, la autorización de banca privada y la eliminación de límites en las extracciones de efectivo.

Las reformas llegan cuando el sistema bancario ya opera en condiciones de colapso, según reconoció el periódico oficialista Venceremos de Guantánamo, que admitió que la crisis del efectivo “ha dejado de ser una dificultad bancaria para convertirse en un problema social”.

https://www.infobae.com/america/america-latina/2026/07/10/el-fracaso-de-la-bancarizacion-en-cuba-jubilados-hacen-fila-desde-el-amanecer-para-cobrar-pensiones-de-menos-de-10-dolares/

viernes, 5 de junio de 2026

Cuba entre la épica agotada y el deber del pragmatismo

Cuba entre la épica agotada y el deber del pragmatismo

Durante demasiado tiempo, la política cubana —tanto en la isla como en el exilio— ha estado atrapada entre relatos de pureza heroica, maximalismos ideológicos y lealtades simbólicas que, al final, han terminado trasladando el costo del conflicto a la vida cotidiana de la gente común. Hoy, en medio del colapso económico, la represión persistente y el éxodo demográfico, el verdadero debate ya no debería ser quién conserva la superioridad moral del relato, sino quién está dispuesto a colocar en el centro la supervivencia, la dignidad y el futuro de los cubanos. 

La tragedia cubana no puede entenderse solamente como el fracaso de un modelo económico ni como el resultado mecánico de la presión exterior. Es, también, la consecuencia de una imaginación política secuestrada durante décadas por la lógica de la pureza: una pureza revolucionaria que convirtió toda crítica en traición y una pureza anticastrista que, en no pocos momentos, privilegió la caída total del régimen por encima del alivio inmediato del sufrimiento social. Esa tensión ha sido devastadora. El poder en La Habana ha insistido en administrar la escasez bajo una narrativa sacrificial, mientras una parte del discurso del exilio más duro ha llegado a tolerar que el dolor interno funcione como palanca de desenlace político. El resultado ha sido el mismo: la población cubana, dentro y fuera de la isla, cargando con el precio de una confrontación sostenida por símbolos más que por soluciones. 

Hoy esa contradicción es más visible que nunca. El deterioro de las condiciones de vida en Cuba ha dejado de ser un episodio coyuntural para convertirse en una crisis estructural de dimensiones históricas. Organizaciones de derechos humanos y reportajes internacionales coinciden en describir un país marcado por apagones prolongados, escasez aguda de alimentos y medicinas, deterioro del sistema de salud, restricciones crecientes al espacio cívico y un éxodo masivo que ha reducido de forma dramática la población residente. Human Rights Watch ha documentado que cientos de críticos y manifestantes continúan detenidos arbitrariamente, mientras el acceso a derechos básicos se deteriora junto con los servicios públicos; por su parte, investigaciones periodísticas recientes hablan abiertamente de un colapso de los pilares que durante décadas sostuvieron la legitimidad simbólica del castrismo, desde la sanidad hasta la educación.  

Ese agotamiento material ha coincidido con el desgaste del mito. Durante años, la Revolución cubana exportó una épica formidable: la del pequeño país resistente, la del socialismo caribeño capaz de desafiar a Washington, la del sacrificio como fuente de virtud histórica. Pero cuando esa épica deja de traducirse en bienestar mínimo, movilidad social o expectativas de futuro, termina revelando su costado más cruel: el de justificar la precariedad como destino político. En los últimos años, incluso voces cercanas a la sensibilidad progresista latinoamericana han comenzado a reconocer que la narrativa heroica ya no alcanza para explicar un país envejecido, despoblado y emocionalmente exhausto. El problema no es que Cuba haya perdido un relato; el problema es que el relato ha empezado a funcionar como sustituto de la realidad. 

Pero sería intelectualmente insuficiente cargar toda la responsabilidad sobre La Habana y pasar por alto la dimensión de la política estadounidense. El embargo de larga data, las restricciones acumuladas, las limitaciones financieras y, más recientemente, el endurecimiento de medidas que afectan suministro energético y canales de alivio externo, han contribuido a agravar una crisis que ya era seria. Human Rights Watch reconoce que la política de aislamiento de Estados Unidos continúa siendo un factor relevante, y reportajes recientes han señalado que nuevas decisiones de presión sobre el petróleo han profundizado el colapso de servicios esenciales en la isla. Negar el peso de esa presión sería tan dogmático como negar la responsabilidad del régimen cubano en la ruina productiva y la represión. Cuba está atrapada, precisamente, porque dos rigideces se alimentan mutuamente: la del poder que no reforma a tiempo y la del castigo externo que convierte la asfixia en estrategia. 

En ese contexto, hablar de pragmatismo no es una concesión ideológica; es una exigencia humanitaria y política. Pragmatismo significa entender que ninguna transición sostenible puede construirse sobre el hundimiento absoluto de la sociedad. Significa aceptar que abrir espacios al emprendimiento, facilitar remesas, restablecer puentes consulares, ampliar márgenes para la sociedad civil y permitir una economía menos militarizada no equivale a legitimar el autoritarismo, del mismo modo que exigir libertades públicas y liberación de presos políticos no equivale a apoyar un colapso indiscriminado. La alternativa a este enfoque no es la coherencia moral, sino la prolongación del castigo colectivo. Y un país que ha perdido alrededor de una décima parte de su población en años recientes no puede seguir siendo tratado como laboratorio de posturas absolutas.  

También el exilio cubano enfrenta aquí una prueba de madurez histórica. Durante mucho tiempo, buena parte de su identidad política se construyó sobre una memoria legítima de despojo, persecución y ruptura. Pero toda memoria corre el riesgo de endurecerse cuando se convierte en doctrina única. Las nuevas generaciones de cubanos fuera de la isla, más conectadas con las urgencias familiares que con las ortodoxias de la Guerra Fría, parecen comprender algo esencial: que ayudar a respirar a Cuba no es traicionar la causa de la libertad, sino hacerla viable. El maximalismo puede tener rentabilidad retórica, pero pocas veces produce gobernabilidad futura. Si la política hacia Cuba sigue definida por la necesidad de demostrar inflexibilidad antes que por la voluntad de mejorar vidas concretas, el resultado será una perpetuación del estancamiento, no una solución.  

La gran cuestión, entonces, no es si Cuba debe cambiar. Eso ya no admite discusión: Cuba necesita cambiar en lo económico, en lo político, en lo institucional y en su relación con el mundo. La cuestión real es si ese cambio será secuestrado otra vez por guardianes de la pureza —de un lado y del otro— o si por fin se impondrá una ética de responsabilidad. Esa ética exige reconocer, sin evasivas, que el régimen cubano ha reprimido, censurado y administrado mal; pero también exige admitir que la política de castigo perpetuo no ha democratizado la isla y sí ha contribuido a su sufrimiento social. En esa doble verdad incómoda reside la única base seria para una salida.  

Cuba no necesita más épica: necesita oxígeno. No necesita más liturgias ideológicas: necesita instituciones que funcionen, energía, alimentos, medicinas, libertades y horizonte. Tal vez la señal más clara de este tiempo sea que cada vez más cubanos, dentro y fuera de la isla, parecen estar menos interesados en la pureza de las consignas que en la posibilidad de una vida vivible. Y quizá ahí, justamente ahí, comience la única revolución útil: la del pragmatismo moral que antepone al ser humano sobre el mito.

Luis Orlando Díaz Vólquez
#GuasábaraEditor

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For too long, dreams of heroic purity have harmed ordinary Cubans, both on the island and in exile. Register for free to learn why some are ready for more pragmatism https://econ.st/4uPZmra

jueves, 30 de junio de 2022

Los enemigos de la democracia | por Nelson Espinal Báez | OPINION

EN DIRECTO

Santo Domingo - jun. 29, 2022 | 12:01 a. m. | 5 min de lectura

Los enemigos de la democracia

Hoy más que nunca, la extrema derecha y la extrema izquierda coinciden

En una ocasión escribí en mi cuenta de twitter “cuando la violencia entra por la puerta, la política sale por la ventana”. Como una forma de tratar de descodificar la realidad que vivimos, copada por los extremismos, los radicalismos, de izquierda y derecha, que buscan purgar nuestras culpas y nos conminan a abandonar toda racionalidad para satisfacer a partidarios que militan en las redes sociales. 

Hoy más que nunca, la extrema derecha y la extrema izquierda coinciden. Lo autoritario los une. Antes, unos amaban a Fidel Castro y otros a Ronald Reagan, hoy ambos aman a Vladimir Putin. 

En términos de autoritarismos y de entropía social, el trumpismo es a la derecha, lo que el chavismo es a la izquierda. Ambos desprestigian las plataformas en que originalmente se sustentan: la derecha tradicional conservadora y la izquierda democrática. Y es que ambos tienen una gran capacidad de división y destrucción, a tal punto de que son capaces de destruirse a sí mismos, sus partidos y sus propias naciones con tal de alcanzar o mantenerse en el poder.  En términos políticos son plataformas para exaltar egos, engañar al pueblo humilde y aprovecharse de una ciudadanía insatisfecha por una inmensa necesidad de seguridad, no así de libertad y sienten que las instituciones democráticas no les provee esa anhelada seguridad. 

Democracia como sinónimo de aspiración de libertad y procedimiento institucional, no personal, de toma de decisiones.

Y es que los extremos se tocan. Son la extrema derecha y la extrema izquierda las que han coincidido, como el Nacionalsocialismo de Hitler y el Fascismo de Mussolini que usaron la misma vieja receta de la extrema izquierda dictatorial de la historia: estatismo, colectivismo, violencia y control social.

El hecho de que los fascistas perseguían a los comunistas y ambos se odian mutuamente, no ha sido por razones ideológicas, sino de dominación. Poder crudo. 

Ambas, el fascismo y el comunismo, son doctrinas colectivistas, que ponen al Estado sobre el individuo, su aspiración es la búsqueda de un estado todo poderoso que busca controlar la vida de una sociedad, a la que mantendrán capturado por todo el tiempo que puedan. Ejemplo, Cuba, Venezuela, Nicaragua y por supuesto la Unión Soviética, la Alemania Nazi y la Italia de Mussolini.

Ambas doctrinas te indican que no importa que el estado tenga poder sobre tus bienes, sobre tus hijos e incluso sobre ti mismo. Una forma de intentar amalgamar el poder del estado con el pueblo es afirmando que el “estado somos nosotros”, totalmente falso. El estado administra el dinero de los contribuyentes y regula nuestra vida en sociedad, para ello “tiene el monopolio de la violencia física” (Max Weber), pero el estado no somos nosotros, y precisamente por eso es que necesitamos una Carta Magna que nos garantice, como individuos y como sociedad, derechos fundamentales. 

Ambos, el fascismo y el comunismo, consideran la violencia como una acción política legítima para avanzar a sus objetivos. Y los violentos, incluso los que cometen actos terroristas son “nuestros héroes”. Por supuesto, una vez en el poder, su objetivo primario es ocuparse de la enseñanza que deben recibir los niños, “si el Estado está pagando la educación, entonces el Estado manda”. 

Para la extrema izquierda y la extrema derecha, el Estado sustituye a Dios. Olvidan que el Estado lo componen hombres y mujeres con las debilidades propias de la condición humana. Intentan así obviar a los más interesados en que esos niños reciban la mejor educación posible: sus padres.  

Ambos extremos, siempre intentarán imponiendo, a través de la violencia ilegítima o con la fuerza del Estado, su manera totalitaria de gobernar. Por eso los millones de migrantes son los que escapan de esos regímenes. 

Decía Fernando Mires recientemente que “en América Latina falta una derecha social. Mientras no aparezca, las elecciones van a ser como están siendo: izquierdistas contra millonarios”. Igual sucede en EE.UU. la derecha debe recobrar sus principios y valores primigenios. Los que cohesiona y tradicionalmente articula a sus adherentes, que empieza con la libertad, la legalidad y el republicanismo. Igualmente, en América Latina falta una izquierda económica, donde lo racional impere sobre lo emocional, donde nos orientemos primero a crear valor y luego, en forma legítima, venga el proceso distributivo. Lamentablemente lo hacen al revés, primero distribuyen, después distribuyen y por ultimo siguen distribuyendo, y lo hacen desde el más rancio e ilegítimo personalismo: “Exprópiese” “Exprópiese” decía Hugo Chávez, hasta que llevaron toda la nación a la miseria. 

Si algo nos ha enseñado la historia es que no hemos aprendido las lecciones de la historia. En nombre del pueblo y de Dios se han cometido los mayores crímenes contra la humanidad. 

https://t.co/7AM424tHhX 

  • IZQUIERDA
  • DERECHA
  • DEMOCRACIA
  • viernes, 3 de septiembre de 2021

    China prohíbe a la televisión que muestre "hombres afeminados" Los canales de televisión deben "poner fin con determinación a los hombres afeminados y otras estéticas anormales''. En su lugar, deben promover "la cultura revolucionaria y socialista" / #China #socialismo #Comunismo #XiJinping

    China prohíbe a la televisión que muestre "hombres afeminados"

    Los canales de televisión deben "poner fin con determinación a los hombres afeminados y otras estéticas anormales''. En su lugar, deben promover "la cultura revolucionaria y socialista".

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    El gobierno de China prohibió este jueves (02.09.2021) que la televisión muestre a "hombres afeminados" y ordenó a los canales que promuevan "la cultura tradicional china, revolucionaria y socialista", con lo que la administración comunista fortalece su campaña para reforzar el control sobre los negocios y la sociedad y hacer cumplir la moral oficial.

    El documento también estipula que los medios no contraten a actores e invitados con "posiciones políticas incorrectas" o que sean contrarias al Partido Comunista de China (PCCh) o la nación.

    Las emisoras deben "poner fin con determinación a los hombres afeminados y otras estéticas anormales'', indicó la Administración Nacional de Radio y Televisión, que usó el término coloquial insultante "niang pao", que literalmente significa "pistolas afeminadas''.

    Asimismo, el organismo busca terminar con la participación de menores en programas de variedades y reality shows.

    El ejecutivo de Xi Jinping también pide que se rechace la ostentación de la riqueza y el fenómeno de los influyentes. En su lugar, el organismo quiere fomentar "la cultura tradicional china, revolucionaria y socialista".

    La semana pasada y en una línea similar, la Administración del Ciberespacio de China anunció medidas para acabar con lo que definió como "caos" en la cultura virtual de los seguidores de los famosos.

    efe/ap /rr         

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