viernes, 19 de junio de 2026

Microsoft en China: el negocio de la inteligencia artificial que expone la gran contradicción estratégica de Occidente

Microsoft en China: el negocio de la inteligencia artificial que expone la gran contradicción estratégica de Occidente

Si Washington insiste en que la carrera por la IA es el conflicto decisivo de nuestro tiempo, pero una de sus empresas más poderosas vende modelos avanzados a gigantes tecnológicos chinos, entonces el problema ya no es solo geopolítico: es doctrinal. El caso Microsoft revela que, en la economía de la IA, la frontera entre competir, contener y comerciar se ha vuelto cada vez más difusa.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #Guasáb
araEditor

La revelación de que Microsoft ha construido un negocio relevante vendiendo modelos de inteligencia artificial a empresas chinas no es solo una noticia corporativa: es un espejo incómodo de la época. Según reportes publicados el 18 y 19 de junio de 2026, ByteDance ha sido en los últimos años el principal cliente de IA de Microsoft en China y estaría en camino de gastar más de US$1,000 millones anuales en servicios de IA y nube de la compañía; además, firmas como Ant Group, Meituan y Tencent también figuran entre los compradores significativos a través de Azure. Todo esto ocurre mientras en Washington se endurece el discurso según el cual el ascenso tecnológico chino representa una amenaza directa para la supremacía industrial y estratégica de Estados Unidos.

La magnitud del asunto se vuelve más interesante cuando se observa el detalle menos visible: OpenAI y Anthropic no venden directamente sus modelos a compañías en China, alegando temores relacionados con el robo de propiedad intelectual y los posibles usos dañinos de esa tecnología; Microsoft, sin embargo, gracias a su relación singular con OpenAI, sí fija sus propias reglas de comercialización para modelos como los GPT en ese mercado. En otras palabras, mientras algunos de los principales laboratorios estadounidenses trazan una línea roja comercial frente a China, Microsoft ha optado por ocupar el espacio que esa cautela dejó abierto. No es un matiz menor: es una decisión de posicionamiento estratégico con consecuencias económicas y geopolíticas.

La defensa más inmediata de Microsoft es conocida: su negocio en China sigue siendo relativamente pequeño en el conjunto global de la empresa. Brad Smith declaró ante el Congreso que la operación china representó apenas alrededor del 1.5 % de los ingresos totales en 2024, y también ha argumentado que la presencia de la compañía en ese país le permite proteger información y secretos comerciales de clientes multinacionales, además de mantenerse al día con la innovación local. Pero precisamente ahí reside una de las paradojas más importantes del caso: si el peso financiero todavía es acotado, entonces la controversia no se explica por la necesidad de sobrevivir, sino por una apuesta deliberada a ocupar una posición estratégica en el mercado chino de IA, aun sabiendo que ese movimiento sería políticamente sensible en Estados Unidos.

Más aún: puertas adentro, Microsoft no parece haber tratado este negocio como una incomodidad táctica, sino como una historia de éxito. Bloomberg reportó, a través de transcripciones revisadas por sus periodistas y recogidas por otros medios, que en una reunión de ventas realizada en julio de 2025 el entonces chief commercial officer, Judson Althoff, destacó que los ingresos de IA de Azure crecían en China más rápido que en cualquier otro territorio, aproximadamente triplicándose en el ejercicio fiscal terminado en junio de 2025, tras haber aumentado 400 % el año anterior. La frase atribuida al ejecutivo es reveladora no solo por su franqueza, sino por su lógica: Microsoft se veía a sí misma como la empresa que conectaba “la costa oeste de Estados Unidos” con “la costa este de China”, es decir, los dos polos más poderosos de la inteligencia artificial contemporánea.

Y, sin embargo, la narrativa pública de la propia compañía en Washington parece avanzar a veces en la dirección contraria. En mayo de 2025, durante una audiencia del Senado sobre cómo ganar la carrera de la IA frente a China, Brad Smith sostuvo que el factor decisivo para determinar si gana Estados Unidos o China sería qué tecnología logra una adopción más amplia en el resto del mundo. En esa misma comparecencia, Smith afirmó que Microsoft no permite a sus empleados usar DeepSeek por preocupaciones relacionadas con la vulnerabilidad de datos y con la posibilidad de propaganda asociada a la aplicación china. El contraste es difícil de ignorar: la empresa que advierte sobre los riesgos de una herramienta china para sus propios trabajadores es la misma que ha encontrado una oportunidad multimillonaria suministrando modelos estadounidenses a algunas de las mayores compañías tecnológicas de China.

Aquí emerge la verdadera pregunta de fondo: ¿qué significa “ganar” la carrera por la IA? Si la respuesta es simplemente vender más, entonces Microsoft actúa con una lógica impecable: monetiza la demanda china, expande la dependencia de terceros respecto de su nube y convierte la distribución global de modelos occidentales en una palanca de influencia. Pero si la respuesta incorpora variables de seguridad nacional, control tecnológico, protección de propiedad intelectual y contención estratégica del competidor, entonces la ecuación se vuelve más ambigua. Reuters reportó en 2026 que legisladores estadounidenses de ambos partidos impulsaban iniciativas para contrarrestar la expansión internacional de las tecnologías chinas de IA, mientras en audiencias públicas se hablaba de una “nueva Guerra Fría” tecnológica y de la necesidad de que Estados Unidos prevalezca en ese terreno. En ese contexto, que Microsoft mantenga una pasarela comercial hacia clientes chinos con acceso a modelos de frontera no es una simple nota de color: es una tensión estructural en la estrategia occidental.

La contradicción se agudiza todavía más por la preocupación existente en torno a la distillation, es decir, el uso de salidas de modelos avanzados para entrenar sistemas competidores más baratos o especializados. Distintos reportes han señalado que OpenAI ha presionado en privado a Microsoft para reforzar las salvaguardas frente a clientes chinos que puedan usar esta vía para replicar capacidades de modelos estadounidenses. Al mismo tiempo, OpenAI ha advertido a legisladores estadounidenses sobre métodos “cada vez más sofisticados” empleados por compañías chinas para extraer valor de modelos de frontera. Dicho de otro modo: una parte del ecosistema estadounidense pide más protección frente a la apropiación indirecta de su ventaja tecnológica, mientras otra parte del mismo ecosistema —en este caso, Microsoft— sigue rentabilizando el acceso a ese mismo tipo de capacidades en el mercado chino.

No se trata de reducir el debate a un juicio moral simplista sobre Microsoft. En rigor, lo que hace la compañía expone algo más profundo: la imposibilidad de separar con facilidad el capitalismo digital de la geopolítica. Las empresas tecnológicas estadounidenses no son brazos puros del Estado ni actores completamente desprendidos de él; operan en una zona híbrida donde el interés corporativo, la arquitectura global de la nube, las alianzas tecnológicas y la rivalidad entre potencias se superponen. Microsoft, en ese sentido, está actuando como lo que realmente es: una plataforma de escala planetaria que ve en la difusión de sus sistemas una forma de consolidar poder. La pregunta incómoda no es si está siendo coherente con su lógica de negocios; la pregunta es si esa lógica coincide con la narrativa estratégica que Washington quiere defender ante el mundo.

El caso también deja una enseñanza crucial para quienes observan la competencia entre Estados Unidos y China como si fuera un proceso de separación lineal e irreversible. No estamos ante un desacople limpio; estamos ante una interdependencia selectiva, gestionada y contradictoria. Estados Unidos restringe chips, debate controles, discute subsidios para que aliados compren tecnología occidental y advierte sobre el riesgo sistémico del ascenso chino; pero al mismo tiempo, una de sus compañías más influyentes monetiza la demanda de IA generada por gigantes tecnológicos chinos. La coexistencia de ambas realidades indica que la carrera por la IA no se parece a una muralla, sino a una red de puertas que se cierran por un lado y se abren por otro.

En definitiva, lo que ha hecho Microsoft en China no invalida la tesis de que la inteligencia artificial es el campo decisivo de la disputa tecnológica del siglo XXI; lo que sí hace es desnudar la fragilidad intelectual con la que Occidente intenta administrar esa disputa. No se puede sostener indefinidamente que China representa un desafío casi existencial para la industria estadounidense y, al mismo tiempo, celebrar sin reservas que una empresa norteamericana sea “la que une ambos polos” del mapa global de la IA. O se entiende que la difusión comercial también redistribuye poder, o se acepta que el mercado terminará corrigiendo la doctrina geopolítica. Microsoft, con su pragmatismo, ha puesto el dedo exactamente en esa herida: en la era de la inteligencia artificial, la lucha por el dominio global no se libra solo en los laboratorios o en los parlamentos, sino también en los contratos que convierten la rivalidad estratégica en facturación trimestral.

Microsoft has built a big business selling AI models to Chinese companies, despite the growing rivalry between the US and China over artificial intelligence.

However, the company's China business is controversial in some quarters, with American tech executives and lawmakers describing Beijing's AI push as a potentially existential threat to the US industry: https://bloom.bg/4gxKoBA

OPINIÓN | Santo Domingo y la hora de convertir el EPA en poder real


OPINIÓN | Santo Domingo y la hora de convertir el EPA en poder real

La intervención del presidente Luis Abinader en la Quinta Reunión del Consejo Conjunto CARIFORO–Unión Europea trascendió la mera formalidad diplomática: constituyó una definición estratégica de alto nivel. En ella, la República Dominicana dejó clara su aspiración de que el acuerdo evolucione de un marco técnicamente correcto en el papel a una verdadera palanca de integración efectiva, expansión de exportaciones, atracción de inversiones y generación de prosperidad compartida.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

Lo ocurrido este 19 de junio de 2026 en Santo Domingo merece leerse más allá del protocolo. Que la República Dominicana haya sido sede, por primera vez, de la Quinta Reunión del Consejo Conjunto CARIFORO–Unión Europea tiene un valor político y económico que no debe subestimarse. No se trató simplemente de recibir delegaciones, sino de colocar al país en el centro de una conversación decisiva sobre comercio, cooperación e inserción internacional en un momento en que el mundo reordena cadenas de suministro, rutas logísticas y alianzas productivas. 

El presidente Luis Abinader entendió bien el tono de esa coyuntura. Por eso su mensaje no se limitó a celebrar la vigencia del Acuerdo de Asociación Económica (EPA), sino que reclamó algo más importante: una implementación “más práctica, más efectiva y cercana a las necesidades reales” de las economías caribeñas. Esa frase contiene una verdad de fondo. En el Caribe y en América Latina abundan los acuerdos bien redactados y escasean, demasiadas veces, los resultados suficientemente tangibles para productores, mipymes y exportadores. Al poner el énfasis en la ejecución, Abinader desplazó la discusión del simbolismo al rendimiento. 

Los números que presentó el mandatario respaldan la seriedad de ese planteamiento. En 2025, el intercambio comercial de la República Dominicana con los países del CARIFORO alcanzó los US$420 millones, de los cuales más de US$300 millones correspondieron a exportaciones dominicanas; además, la canasta exportadora pasó de 1,070 productos en 2020 a 1,184 en 2025. No es un dato menor: significa que el país no solo vende más, sino que está logrando vender una oferta más diversa, una condición indispensable para reducir vulnerabilidades y escalar en valor agregado. Incluso Diario Libre reportó que las exportaciones representaron 71.42 % del comercio dominicano con CARIFORUM, un indicador que confirma el peso específico que ya tiene la oferta nacional dentro de ese espacio regional.

Más contundente todavía es la dimensión europea de la ecuación. Abinader recordó que en 2025 el intercambio comercial entre la República Dominicana y la Unión Europea alcanzó US$5,171 millones, mientras las exportaciones dominicanas al mercado europeo crecieron 19 %, hasta situarse en US$1,158.49 millones. Esa cifra desmiente cualquier visión reduccionista que pretenda encerrar la política comercial dominicana en un horizonte estrictamente insular. La relación con Europa ya no es un complemento diplomático: es una plataforma concreta para escalar exportaciones, atraer inversión, elevar estándares y fortalecer la reputación internacional del país como economía confiable.

Aquí conviene detenerse en un punto esencial: el EPA CARIFORO–UE nunca fue concebido como un simple tratado arancelario. La propia información oficial de la Unión Europea recuerda que este acuerdo, firmado en octubre de 2008, abarca no solo comercio de bienes, sino también servicios, inversión, compras públicas, propiedad intelectual, competencia y dimensiones de desarrollo sostenible. Además, establece acceso libre de aranceles y cuotas al mercado europeo para los productos del CARIFORUM, mientras el Caribe dispone de plazos asimétricos de entre 15 y 25 años para liberalizar parte de sus importaciones desde la UE. Es decir, el marco existe; lo que reclama ahora la República Dominicana es aprovecharlo con mayor inteligencia, velocidad y realismo. 

Por eso resulta acertado que el Presidente haya insistido en que el acuerdo debe medirse por sus resultados sobre empresas, productores, mipymes y ciudadanos. Esa es la diferencia entre una visión burocrática y una visión de Estado. Un acuerdo comercial vale poco si no mejora financiamiento, certificación, trazabilidad, logística, encadenamientos productivos y capacidad exportadora. Vale todavía menos si las pequeñas y medianas empresas no logran traducirlo en oportunidades reales. Abinader también reconoció, con lucidez, que la Unión Europea empuja estándares cada vez más exigentes en sostenibilidad y trazabilidad; pero advirtió que la transición hacia esos requisitos debe ser acompañada y viable para los productores, especialmente los pequeños y medianos. Ahí hay una defensa legítima del interés nacional sin romper la lógica de modernización. [

La dimensión regional del discurso merece igualmente atención. Cuando el jefe de Estado afirma que el Caribe es para la República Dominicana “un socio económico natural”, está corrigiendo una vieja insuficiencia de nuestra cultura estratégica: durante años, el país miró más hacia mercados externos distantes que hacia la construcción de cadenas de valor con sus vecinos más inmediatos. Sin embargo, el propio EPA incorpora una cláusula de preferencia regional y mecanismos pensados para favorecer la integración caribeña y las cadenas regionales de valor. En otras palabras, la región no debe ser vista como una periferia sentimental de nuestra política exterior, sino como un espacio productivo donde la República Dominicana puede ejercer liderazgo económico, logístico y normativo.

Santo Domingo acogió este encuentro después de un largo silencio institucional: el Consejo Conjunto no se reunía desde 2017. La observación de Abinader —“no debemos durar otros nueve años más sin reunirnos”— fue una crítica elegante, pero inequívoca, a la intermitencia con que a veces se administran los mecanismos regionales. La integración no puede sobrevivir de reuniones esporádicas, discursos amables y comunicados finales. Requiere continuidad técnica, seguimiento político y capacidad de traducir consensos en metas verificables. En esa dirección apunta también la información divulgada por Diario Libre sobre la instrucción presidencial de conformar un comité especial para identificar nuevas oportunidades de inversión y comercio con la Unión Europea. Si se concreta con método, ese paso podría convertir la coyuntura en política pública.

Hay, además, una lectura geoeconómica que favorece a la República Dominicana. La reunión se celebró en un contexto en que los grandes mercados buscan relocalizar centros de distribución, asegurar suministros y reducir fragilidades en las cadenas globales. La Presidencia destacó precisamente que este encuentro llega en un momento clave para el comercio mundial y que el país, como anfitrión, fortalece sus relaciones con el Caribe y con Europa para incrementar y diversificar sus exportaciones. Traducido al lenguaje de la estrategia: la República Dominicana aspira a ser más que una economía exportadora; quiere consolidarse como plataforma de conexión entre regiones, con estabilidad institucional, ubicación geográfica ventajosa y una diplomacia comercial cada vez más definida

Ese es, en el fondo, el alcance más relevante del mensaje presidencial. Abinader no solo defendió un acuerdo; defendió una idea de país. Una República Dominicana que no se conforma con ser observadora de la integración regional, sino que pretende influir en ella; que no se limita a celebrar cifras, sino que las usa como punto de partida para exigir más diversificación y mayor valor agregado; que no asume los estándares internacionales como castigo, sino como desafío que debe ser acompañado con políticas inteligentes. Si ese enfoque se mantiene, el EPA dejará de ser un instrumento subutilizado para convertirse en un vehículo real de competitividad, inversión y desarrollo sostenible. Y entonces sí, Santo Domingo no habrá sido solo sede de una reunión: habrá sido escenario de una redefinición estratégica del papel dominicano en el Caribe y ante Europa.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

Ingeniero de Sistemas | Editor bibliográfico | Productor de medios de comunicación
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Presidente Abinader llama a fortalecer la integración regional y a impulsar una implementación más práctica y efectiva del Acuerdo CARIFORO–Unión Europea

Destaca que en 2025, el intercambio comercial con los países del CARIFORO alcanzó US$420 millones, de los cuales más de US$300 millones correspondieron a exportaciones dominicanas y la canasta exportadora pasó de 1,070 productos en 2020 a 1,184 en 2025.

Además, resalta que en 2025, el intercambio comercial con la Unión Europea alcanzó US$5,171 millones, y las exportaciones de RD hacia el mercado europeo crecieron 19%, hasta alcanzar US$1,158.49 millones

Santo Domingo, R.D., 19 de junio de 2026.– El presidente Luis Abinader afirmó este viernes que el Acuerdo de Asociación Económica (EPA) CARIFORO–Unión Europea debe asumirse como una herramienta de desarrollo sostenible, integración regional, inversión, competitividad y cooperación, al tiempo que llamó a fortalecer la articulación económica del Caribe y avanzar hacia una implementación más práctica, más efectiva y cercana a las necesidades reales de las economías.

Al participar en la Quinta Reunión del Consejo Conjunto CARIFORO–Unión Europea, celebrada por primera vez en República Dominicana, el mandatario destacó la importancia del encuentro, al tratarse de la primera reunión de este órgano desde 2017.

“Este encuentro reviste una importancia particular, pues es la primera vez que se reúne desde 2017. El Consejo Conjunto es el órgano superior de gobernanza del Acuerdo de Asociación Económica CARIFORO–Unión Europea, responsable de supervisar su implementación y de definir orientaciones estratégicas para fortalecer la relación económica, comercial y de cooperación entre nuestras regiones. En ese sentido, no debemos durar otros 9 años más sin reunirnos”, expresó.

El jefe de Estado sostuvo que para República Dominicana el Caribe representa mucho más que su entorno geográfico; "es un socio económico natural” y en ese sentido, informó que en 2025 el intercambio comercial con los países del CARIFORO alcanzó los US$420 millones, de los cuales más de US$300 millones correspondieron a exportaciones dominicanas. Asimismo, destacó que la canasta exportadora dominicana hacia el CARIFORO pasó de 1,070 productos en 2020 a 1,184 productos en 2025.

Abinader también resaltó la solidez de las relaciones económicas con la Unión Europea y señaló que en 2025 el intercambio comercial entre ambas partes alcanzó los US$5,171 millones, mientras que las exportaciones dominicanas hacia el mercado europeo crecieron un 19 %, hasta situarse en US$1,158.49 millones. “Estos datos reflejan una relación sólida, pero también nos recuerdan que todavía existe un amplio espacio para crecer, diversificar y agregar mayor valor”, manifestó.

El jefe de Estado afirmó que el EPA CARIFORO–UE debe trascender su dimensión comercial y convertirse en una plataforma para impulsar el desarrollo de los países de la región. “El Acuerdo EPA CARIFORO–UE no debe verse únicamente como un acuerdo comercial. Es también una herramienta de desarrollo sostenible, integración regional, inversión, competitividad y cooperación. Su éxito debe medirse por los resultados que genera para nuestras empresas, nuestros productores, nuestras MIPYMES y nuestros ciudadanos”, enfatizó.

Asimismo, señaló que los países del Caribe tienen el desafío de fortalecer su integración, construir cadenas regionales de valor y aprovechar mejor las oportunidades que ofrece el mercado europeo.

“República Dominicana asume con responsabilidad su rol dentro del CARIFORO y reafirma su voluntad de contribuir a una agenda regional más competitiva, más articulada y orientada a resultados”, afirmó.

El mandatario también reconoció el liderazgo de la Unión Europea en materia de sostenibilidad, trazabilidad y altos estándares de calidad, aunque consideró necesario garantizar que la transición hacia esos estándares sea acompañada y viable para los productores, especialmente para los pequeños y medianos.

“Compartimos esa visión. Pero también debemos asegurar que la transición hacia esos estándares sea acompañada, proporcionada y viable para nuestros productores, especialmente para los pequeños y medianos”, expresó.

Finalmente, el presidente Abinader llamó a aprovechar la reunión para renovar el compromiso común de ambas regiones y fortalecer una alianza estratégica orientada al desarrollo y al bienestar de sus pueblos. “Desde Santo Domingo, República Dominicana reafirma su compromiso con el comercio abierto, con reglas claras, con la integración regional y con una alianza CARIFORO–Unión Europea más fuerte, más moderna y beneficiosa para nuestros pueblos”.

La reunión se desarrolla en el marco del Acuerdo de Asociación Económica (AAE) CARIFORO–Unión Europea, un mecanismo comercial de alto nivel que reúne a 42 países miembros, y que se celebra por primera vez en República Dominicana.

Durante sus palabras de bienvenida ante los representantes de los países presentes.

En el acto estuvo encabezado además por el ministro de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), Yayo Sanz Lovatón; el comisario de Comercio y Seguridad Económica de la Unión Europea, Maroš Šefčovič; y la secretaria permanente del Ministerio de Asuntos Exteriores de Chipre, Theodora Constantinidou.

Durante las jornadas de trabajo, los miembros de CARIFORUM, delegados y equipos técnicos abordarán temas clave relacionados con la implementación del Acuerdo de Asociación Económica y la facilitación del comercio. 

Sobre CARIFORO–Unión Europea

La Quinta Reunión del Consejo Conjunto forma parte de los mecanismos de seguimiento del AAE suscrito entre la Unión Europea y los países del CARIFORO. Este instrumento, compatible con las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), tiene como objetivo contribuir a la reducción y eventual erradicación de la pobreza mediante el fortalecimiento del comercio, el desarrollo sostenible y la integración regional del Caribe.

El acuerdo fue firmado el 15 de octubre de 2008 y, desde su entrada en vigor, ha servido como una plataforma para diversificar las exportaciones caribeñas, mejorar la competitividad regional y fortalecer los vínculos económicos entre ambas regiones.

CARIFORUM está integrado por 15 Estados miembros: Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Haití, Jamaica, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Surinam, Trinidad y Tobago y la República Dominicana.

Por su parte, la Unión Europea está conformada por 27 Estados miembros, con los cuales el Caribe mantiene una amplia agenda de cooperación enfocada en el desarrollo económico, la sostenibilidad, la resiliencia y el fortalecimiento institucional.


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Destaca que en 2025, el intercambio comercial con los países del Cariforo alcanzó USD 420 millones, de los cuales más de USD 300 millones correspondieron a exportaciones dominicanas y la canasta exportadora pasó de 1,070 productos en 2020 a 1,184 en 2025.

Presidente

Santo Domingo.– El presidente Luis Abinader afirmó este viernes que el Acuerdo de Asociación Económica (EPA) Cariforo–Unión Europea debe asumirse como una herramienta de desarrollo sostenible, integración regional, inversión, competitividad y cooperación, al tiempo que llamó a fortalecer la articulación económica del Caribe y avanzar hacia una implementación más práctica, más efectiva y cercana a las necesidades reales de las economías.

Al participar en la Quinta Reunión del Consejo Conjunto Cariforo–Unión Europea, celebrada por primera vez en República Dominicana, el mandatario destacó la importancia del encuentro, ya que este órgano no había vuelto a reunirse desde 2017.

“Este encuentro reviste una importancia particular, pues es la primera vez que se reúne desde 2017. El Consejo Conjunto es el órgano superior de gobernanza del Acuerdo de Asociación Económica Cariforo–Unión Europea, responsable de supervisar su implementación y de definir orientaciones estratégicas para fortalecer la relación económica, comercial y de cooperación entre nuestras regiones. En ese sentido, no debemos durar otros 9 años más sin reunirnos”, expresó.

El jefe de Estado sostuvo que para República Dominicana el Caribe representa mucho más que su entorno geográfico; "es un socio económico natural” y al respecto informó que en 2025 el intercambio comercial con los países del Cariforo alcanzó los USD 420 millones, de los cuales más de USD 300 millones correspondieron a exportaciones dominicanas. Asimismo, destacó que la canasta exportadora dominicana hacia el Cariforo pasó de 1,070 productos en 2020 a 1,184 productos en 2025.

El presidente Abinader también resaltó la solidez de las relaciones económicas con la Unión Europea y señaló que en 2025 el intercambio comercial entre ambas partes alcanzó los USD 5,171 millones, mientras que las exportaciones dominicanas hacia el mercado europeo crecieron un 19 %, hasta situarse en USD1,158.49 millones. “Estos datos reflejan una relación sólida, pero también nos recuerdan que todavía existe un amplio espacio para crecer, diversificar y agregar mayor valor”, manifestó.


El jefe de Estado afirmó que el EPA Cariforo–UE debe trascender su dimensión comercial y convertirse en una plataforma para impulsar el desarrollo de los países de la región. “El Acuerdo EPA Cariforo–UE no debe verse únicamente como un acuerdo comercial. Es también una herramienta de desarrollo sostenible, integración regional, inversión, competitividad y cooperación. Su éxito debe medirse por los resultados que genera para nuestras empresas, nuestros productores, nuestras mipymes y nuestros ciudadanos”, enfatizó.

Asimismo, señaló que los países del Caribe tienen el desafío de fortalecer su integración, construir cadenas regionales de valor y aprovechar mejor las oportunidades que ofrece el mercado europeo.

“República Dominicana asume con responsabilidad su rol dentro del Cariforo y reafirma su voluntad de contribuir a una agenda regional más competitiva, más articulada y orientada a resultados”, afirmó.

El mandatario también reconoció el liderazgo de la Unión Europea en materia de sostenibilidad, trazabilidad y altos estándares de calidad, aunque consideró necesario garantizar que la transición hacia esos estándares sea acompañada y viable para los productores, especialmente para los pequeños y medianos.

“Compartimos esa visión. Pero también debemos asegurar que la transición hacia esos estándares sea acompañada, proporcionada y viable para nuestros productores, especialmente para los pequeños y medianos”, expresó.

Finalmente, el presidente Abinader llamó a aprovechar la reunión para renovar el compromiso común de ambas regiones y fortalecer una alianza estratégica orientada al desarrollo y al bienestar de sus pueblos. 

“Desde Santo Domingo, República Dominicana reafirma su compromiso con el comercio abierto, con reglas claras, con la integración regional y con una alianza Cariforo–Unión Europea más fuerte, más moderna y beneficiosa para nuestros pueblos”.

La reunión se desarrolla en el marco del Acuerdo de Asociación Económica (AAE) Cariforo–Unión Europea, un mecanismo comercial de alto nivel que reúne a 42 países miembros y que se celebra por primera vez en República Dominicana.

El acto estuvo encabezado, además, por el ministro de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), Yayo Sanz Lovatón; el comisario de Comercio y Seguridad Económica de la Unión Europea, Maroš Šefčovič, y la secretaria permanente del Ministerio de Asuntos Exteriores de Chipre, Theodora Constantinidou.

Durante las jornadas de trabajo, los miembros de Cariforo, delegados y equipos técnicos abordarán temas clave relacionados con la implementación del Acuerdo de Asociación Económica y la facilitación del comercio. 

Sobre Cariforo–Unión Europea

La Quinta Reunión del Consejo Conjunto forma parte de los mecanismos de seguimiento del AAE suscrito entre la Unión Europea y los países del Cariforo. Este instrumento, compatible con las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), tiene como objetivo contribuir a la reducción y eventual erradicación de la pobreza mediante el fortalecimiento del comercio, el desarrollo sostenible y la integración regional del Caribe.

El acuerdo fue firmado el 15 de octubre de 2008 y desde su entrada en vigor ha servido como una plataforma para diversificar las exportaciones caribeñas, mejorar la competitividad regional y fortalecer los vínculos económicos entre ambas regiones.

Cariforo está integrado por 15 Estados miembros: Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Haití, Jamaica, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Surinam, Trinidad y Tobago y la República Dominicana.

Por su parte, la Unión Europea está conformada por 27 Estados miembros, con los cuales el Caribe mantiene una amplia agenda de cooperación enfocada en el desarrollo económico, la sostenibilidad, la resiliencia y el fortalecimiento institucional.

🌎🇩🇴 República Dominicana lidera la integración entre el Caribe y Europa 🤝🇪🇺

¡Hito histórico! RD acoge por primera vez la Reunión del Consejo Conjunto Cariforo–Unión Europea, consolidándose como un actor clave en el comercio global 🌍📈

El presidente @luisabinader destacó el crecimiento sostenido del comercio y la importancia del tratado de libre comercio del Caribe para impulsar oportunidades y विकास regional 🚀

📊 Datos clave:

Exportaciones duplicadas: de US$700M (2019) a más de US$1,400M (2025)

42 países fortaleciendo vínculos comerciales

Más inversión, más empleo y más integración regional 💼

💬 RD se posiciona como puente estratégico entre el Caribe y Europa, impulsando desarrollo sostenible, competitividad y cooperación internacional

🌟 Más comercio, más integración, más futuro

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📲 @luisabinader @PresidenciaRD @MIC_RD @SanzLovaton @EU_Commission @MarosSefcovic @CARICOMorg

https://x.com/LuisOrlandoDia1/status/2068028395469021350?s=20

Fox compra a Roku: cuando el poder ya no está solo en el contenido, sino en la puerta de entrada

Fox compra a Roku: cuando el poder ya no está solo en el contenido, sino en la puerta de entrada

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor
La compra de Roku por parte de Fox en una operación valorada en aproximadamente US$22 mil millones no debe leerse como un movimiento más dentro del ecosistema del entretenimiento, sino como una señal de época: la batalla por el futuro de la televisión ya no se define únicamente por quién produce el mejor contenido, sino por quién controla mejor la distribución, la data, la publicidad y la relación directa con la audiencia. Fox anunció que adquirirá Roku a US$160 por acción, combinando efectivo y acciones, y con ello une su portafolio de noticias, deportes y entretenimiento —incluyendo Tubi— con una plataforma de streaming que llega a más de 100 millones de hogares.

Ese dato, por sí solo, ya explica la profundidad del movimiento. Durante años, muchas empresas mediáticas creyeron que la clave era producir más series, más películas o más señales exclusivas; sin embargo, el mercado ha demostrado que el contenido vale todavía más cuando viene acompañado de alcance, inteligencia de usuario y capacidad de monetización publicitaria. La combinación Fox-Roku apunta precisamente a eso: fusionar la fortaleza de un grupo históricamente poderoso en deportes en vivo, noticias y entretenimiento con la infraestructura tecnológica y comercial de una plataforma conectada al televisor, con datos de primera mano y presencia directa en el hogar digital. No es casualidad que las propias compañías presenten la operación como la creación de una empresa “de próxima generación” situada en la intersección entre la vigenci
a del contenido en vivo y el ascenso continuo del streaming.

Hay una idea central que merece atención: Fox no solo compra una empresa; compra una posición estratégica en la nueva geografía del consumo audiovisual. En un ecosistema donde la fragmentación de audiencias ha debilitado el modelo tradicional del cable, tener una vía de acceso tan amplia como la de Roku significa reducir dependencia de terceros, fortalecer el negocio publicitario y ampliar el radio de influencia digital. Reuters explicó que la adquisición daría a Fox acceso a los más de 100 millones de hogares que usan la plataforma Roku, algo fundamental para mejorar la segmentación publicitaria y disminuir su dependencia de la distribución clásica. Esa lectura coincide con el enfoque de Fox y Roku al presentar la transacción como una expansión de escala, engagement y monetización.

La operación también demuestra que el mercado ha entrado en una nueva etapa. Ya no basta con “estar en streaming”; ahora se trata de dominar el punto de encuentro entre contenido, interfaz, algoritmo y pauta comercial. En ese sentido, Roku representa mucho más que una marca conocida por sus dispositivos o su canal gratuito: representa una infraestructura de visibilidad, una presencia privilegiada en la pantalla inicial del televisor y una relación permanente con hábitos de consumo que resultan valiosísimos para anunciantes y programadores. Bloomberg destacó que esta combinación dará lugar al tercer mayor jugador de televisión en Estados Unidos por participación de visualización, abarcando broadcast, cable, local y streaming. Dicho de otro modo: Fox está intentando situarse donde pocos pueden estar, en varios frentes al mismo tiempo.

Además, la integración de Tubi con The Roku Channel no es un detalle menor, sino una pista clara sobre la dirección del negocio. La industria ha aprendido que el modelo de suscripción pura enfrenta límites de saturación, presión sobre precios y creciente resistencia del consumidor. En cambio, el universo del streaming con publicidad ha ido ganando tracción por su accesibilidad y por su atractivo para marcas que buscan audiencias masivas pero segmentables. Al unir Tubi con el ecosistema de Roku, Fox fortalece su posición en uno de los segmentos con más potencial de expansión: el de la televisión digital gratuita financiada por anuncios, pero con inteligencia de datos y escala nacional. Que la empresa resultante proyecte estar entre las más relevantes del mercado estadounidense confirma que la apuesta no es defensiva; es ofensiva.

Naturalmente, una transacción de esta magnitud no llega sin interrogantes. Reuters reportó que las acciones de Fox cayeron con fuerza tras el anuncio, en medio de preocupaciones por la dilución accionaria y por la complejidad de integrar dos negocios diferentes, además de posibles tensiones con socios existentes. Es una reacción comprensible: cuando una compañía tradicional compra una plataforma de alta exposición tecnológica, el mercado suele preguntarse si podrá capturar todo el valor prometido o si terminará administrando una sinergia más elegante en el papel que en la práctica. Pero incluso esa cautela confirma la magnitud del paso: nadie discute si el negocio es importante; se discute si Fox será capaz de ejecutarlo con eficacia.

Lo relevante, desde una mirada editorial, es que esta adquisición desnuda una verdad incómoda para muchos actores del sector: la televisión del futuro será menos una industria de canales y más una industria de ecosistemas. Quien posea el contenido sin la plataforma correrá el riesgo de depender de otros; quien posea la plataforma sin contenido distintivo tendrá dificultades para fidelizar; quien logre integrar ambas cosas, junto con data y publicidad, tendrá una ventaja estructural. Fox parece haber entendido eso antes que muchos competidores. Por eso esta operación no debe verse como una compra oportunista, sino como una respuesta estratégica a una transformación que llevaba años madurando.

Hay también una dimensión simbólica que no puede pasarse por alto. Según Reuters, esta es la primera gran adquisición de Fox desde que Lachlan Murdoch consolidó el control del grupo, lo que convierte la transacción en una declaración de ambición corporativa. No se trata únicamente de proteger activos heredados; se trata de redefinir el terreno en el que Fox quiere competir durante la próxima década. La lógica es nítida: si el consumo de video seguirá migrando hacia entornos conectados, entonces la empresa que aspire a seguir influyendo de manera masiva no puede limitarse a producir señales; tiene que estar sentada en el centro mismo de la experiencia del usuario.

En definitiva, la empresa adquirida es Roku, pero lo que Fox realmente está comprando es algo todavía más estratégico: presencia permanente en el hogar digital, músculo publicitario, datos de comportamiento y una puerta privilegiada al televisor del siglo XXI. Si la integración funciona, estaremos ante uno de los movimientos más importantes de la nueva etapa audiovisual; si falla, servirá como recordatorio de que la escala no siempre garantiza cohesión. Pero una cosa ya parece clara: en la economía del streaming, el poder no pertenece solo a quien crea el contenido más visto, sino a quien logra controlar el recorrido completo entre la pantalla, el anuncio y el espectador. Y Fox ha decidido competir exactamente ahí.

Con información de: Fox agreed to acquire a streaming platform in a deal that values the target at about $22 billion. Which company is being acquired?

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