Mostrando las entradas con la etiqueta Divisas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Divisas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de junio de 2026

Tabaco dominicano: la hoja que sostiene empleo, divisas y territorio

Tabaco dominicano: la hoja que sostiene empleo, divisas y territorio

Con más de 122,000 empleos, exportaciones que superan los US$1,359 millones y una expansión productiva que ya rebasa el Cibao para tocar con fuerza al Sur, la industria tabacalera confirma que en República Dominicana no solo sobrevive una tradición: se consolida una arquitectura económica de alto valor estratégico que merece visión, institucionalidad y proyección de largo plazo.

La industria del tabaco en la República Dominicana ha dejado de ser vista únicamente como una herencia agrícola o como un renglón manufacturero de arraigo histórico para convertirse, con cifras en la mano, en una de las expresiones más nítidas de cómo una actividad productiva puede articular empleo, exportaciones, identidad territorial y política pública efectiva. Que hoy el sector genere más de 122,000 empleos directos e indirectos y haya superado los US$1,359 millones en exportaciones no es un dato aislado ni un logro coyuntural: es la confirmación de que el tabaco dominicano se ha transformado en una columna vertebral de la economía nacional.

Cuando una industria alcanza esa dimensión, ya no puede ser leída desde la nostalgia ni reducida a la imagen clásica del cultivo en los campos del Cibao. Debe ser entendida como un ecosistema económico completo. En el caso del tabaco, ese ecosistema integra producción agrícola, manufactura, zonas francas, exportación, tecnificación, financiamiento, capacitación y desarrollo regional. Su impacto tampoco se limita a una cadena de valor encerrada en sí misma; se proyecta sobre el tejido social, dinamiza comunidades, fortalece empleos formales y aporta una estabilidad particularmente valiosa en tiempos en que muchas economías luchan por conservar competitividad y capacidad exportadora.

Hay, además, una dimensión institucional que debe reconocerse sin mezquindad. El 64 aniversario del Instituto del Tabaco de la República Dominicana (INTABACO) no es apenas una efeméride administrativa. Es la ocasión propicia para observar cómo la continuidad de una política sectorial, sostenida en el tiempo, puede producir resultados concretos. El director de INTABACO, Iván Hernández Guzmán, al presentar estos avances, coloca sobre la mesa una realidad que merece más atención del debate público: cuando el Estado acompaña de manera inteligente a un sector con vocación exportadora, el país gana. Y gana no solo en ingresos, sino en capacidad de organización productiva.

Que 40,000 de esos empleos correspondan a zonas francas revela otro aspecto central del fenómeno. El tabaco ya no habita únicamente en la lógica agrícola tradicional; también se ha integrado con fuerza a la estructura moderna de exportación del país. Ser la tercera mayor fuente de empleo dentro de ese régimen, solo detrás de textiles e insumos médicos, habla de una competitividad que no es casual. Es el resultado de una combinación precisa: experiencia acumulada, calidad del producto, reputación internacional, mano de obra especializada y una red institucional que ha permitido escalar en volumen sin perder identidad.

Las cifras comparativas refuerzan todavía más el peso del sector. Desde 2019, las exportaciones han crecido un 41 %, al pasar de US$940 millones a más de US$1,359 millones al cierre de 2025. El incremento de la superficie cultivada, de 100,000 a 160,000 tareas sembradas, junto al salto en la producción de 278,634 a más de 330,000 quintales, evidencia que no se trata solo de mejor precio o mayor demanda ocasional, sino de una expansión real de capacidad productiva. Del mismo modo, el crecimiento del empleo directo desde 97,486 en 2019 hasta superar los 122,000 en 2026 confirma que el tabaco no es una industria que expulsa trabajo: al contrario, es una actividad que sigue generando oportunidades a gran escala.

Estos resultados obligan a una lectura más profunda. En la República Dominicana, con frecuencia se discute el desarrollo como si se tratara de una abstracción o de un concepto dependiente únicamente de grandes proyectos de infraestructura. Pero una economía también se levanta desde sectores que logran crear riqueza estable, arraigar población en sus territorios, abrir mercados externos y conectar la producción local con circuitos globales de alto rendimiento. El tabaco está haciendo exactamente eso. Y lo está haciendo con una eficacia que merece ser colocada en el centro de la conversación económica nacional.

Hay otro mérito que no debe pasar inadvertido: la descentralización territorial del crecimiento. El hecho de que el 93 % de las empresas de zonas francas vinculadas al tabaco se concentren en la región Norte confirma el liderazgo histórico de Santiago y el Cibao en este sector. Pero la expansión hacia Azua y San Juan introduce una novedad de gran relevancia estratégica. Cuando el Sur comienza a integrarse a una cadena productiva de esta magnitud, lo que se abre no es solo una oportunidad sectorial, sino una posibilidad de equilibrio territorial. La instalación de empresas como Tabacalera El Artista, Tabacos del Sur y La Aurora en San Juan refleja una apuesta que puede reconfigurar economías locales, reducir asimetrías regionales y ampliar la base del desarrollo industrial.

Ese movimiento hacia nuevas geografías productivas tiene un valor político y social inmenso. La mejor política pública no es la que multiplica discursos, sino la que transforma territorios históricamente rezagados en polos efectivos de empleo y producción. Si el tabaco logra ayudar a ese proceso, estará haciendo más que exportar cigarros: estará exportando una señal de confianza sobre la capacidad de la República Dominicana para diversificar su crecimiento territorial con sentido estratégico.

También debe destacarse la alianza entre sector público y sector privado como factor estructural del éxito. El financiamiento a tasas preferenciales a través del Banco Agrícola, la construcción de naves industriales impulsadas por Proindustria, la asistencia técnica, la preparación de suelos, la entrega de plántulas y semillas, el control de plagas, el respaldo a la infraestructura de curado y la facilitación de trámites de importación y exportación no son acciones menores. Constituyen, en conjunto, una política industrial en funcionamiento. Y en un país donde con frecuencia se duda de la capacidad del Estado para acompañar de manera eficiente a los sectores productivos, este caso demuestra que sí es posible construir institucionalidad útil, concreta y medible.

Sin embargo, todo éxito auténtico debe venir acompañado de una exigencia superior. Precisamente porque el tabaco ha alcanzado esta dimensión, ya no basta con celebrar cifras. Hay que pensar su siguiente etapa. El país debe proponerse consolidar una estrategia que eleve todavía más el valor agregado del sector, profundice la trazabilidad, fortalezca la formación técnica, preserve estándares de calidad, expanda mercados y garantice sostenibilidad productiva. No se trata solo de producir más, sino de producir mejor, vender más caro, posicionar mejor la marca país y blindar la reputación internacional del tabaco dominicano como sinónimo de excelencia.

En un mundo donde la competencia es feroz y donde las cadenas globales de suministro premian cada vez más la calidad, la consistencia y la confiabilidad institucional, la República Dominicana no puede darse el lujo de administrar este liderazgo con rutina. Debe convertirlo en una política de Estado de nueva generación. El tabaco no puede ser visto solo como una industria exitosa del presente, sino como una escuela de lo que el país puede hacer cuando combina tradición, técnica, visión exportadora y acompañamiento público eficaz.

Al final, la lección es más amplia que el propio sector. El tabaco dominicano está diciendo algo esencial sobre la economía nacional: que sí existen actividades capaces de unir campo e industria, historia y modernización, exportación y empleo, identidad local y competitividad global. Esa es su verdadera grandeza. Y por eso mismo, esta industria merece no solo reconocimiento, sino una defensa activa de su futuro.

Porque cuando una hoja cultivada en la tierra dominicana termina sosteniendo más de 122,000 empleos, aportando más de US$1,359 millones en divisas y expandiendo oportunidades desde Santiago hasta San Juan, deja de ser simplemente un producto de exportación. Se convierte en una prueba de madurez económica. Y las naciones serias saben distinguir cuándo están frente a un sector más y cuándo, en realidad, están frente a uno de los nervios vitales de su desarrollo.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

NOTICIAS RELACIONADAS

Industria del tabaco genera más de 122,000 empleos y supera los US$1,359 millones en exportaciones en República Dominicana
Santiago, República Dominicana.— La industria del tabaco continúa consolidándose como uno de los principales pilares de la economía nacional al generar más de 122,000 empleos directos e indirectos, según informó el director del Instituto del Tabaco (INTABACO), Iván Hernández Guzmán. De ese total, unos 40,000 corresponden a zonas francas, posicionando al sector como la tercera mayor fuente de empleo dentro de este régimen, solo por debajo de la industria textil y de insumos médicos.
El funcionario ofreció estas declaraciones durante la misa por el 64 aniversario de INTABACO, celebrada en la Catedral Santiago Apóstol, en Santiago, con la participación de la gobernadora Rosa Santos, el alcalde Ulises Jiménez y otras personalidades. Hernández Guzmán destacó que el crecimiento sostenido de la industria tabacalera es resultado del trabajo conjunto entre el sector público y privado, lo que ha permitido un incremento significativo en la producción, las exportaciones y la generación de empleos.
Indicó que en el país operan actualmente 130 empresas de zonas francas dedicadas al tabaco y sus derivados, de las cuales el 93 % están ubicadas en la región Norte, el 5 % en la región Este y el 2 % en el Sur y Santo Domingo.
En términos económicos, señaló que las exportaciones alcanzaron los US$1,359 millones al cierre de 2025, unos US$19 millones más que el año anterior, y que desde 2019 a la fecha han crecido un 41 %, al pasar de US$940 millones, con proyecciones de seguir aumentando en 2026.
Este dinamismo también se refleja en indicadores clave del sector. Los empleos directos pasaron de 97,486 en 2019 a más de 122,000 en 2026, mientras que la superficie cultivada aumentó un 51 %, al pasar de 100,000 a 160,000 tareas sembradas. De igual manera, la producción se incrementó de 278,634 a más de 330,000 quintales de tabaco.
Hernández Guzmán resaltó además que la industria tabacalera se mantiene como el tercer producto de mayor exportación del país, solo superado por el oro y los insumos médicos, consolidándose como un motor clave del desarrollo económico nacional.
Asimismo, informó que la producción se está expandiendo hacia la región Sur, especialmente en Azua y San Juan, donde el Gobierno ha impulsado la construcción y remodelación de naves industriales en zonas francas que ya generan cientos de empleos. En San Juan se encuentran instaladas empresas como Tabacalera El Artista, Tabacos del Sur y La Aurora.

Finalmente, destacó el respaldo del Gobierno al sector mediante financiamiento a tasas preferenciales a través del Banco Agrícola, la construcción de zonas francas por medio de Proindustria, así como programas de capacitación, asistencia técnica, preparación de suelos, entrega de plántulas y semillas, control de plagas, apoyo a la infraestructura de curado, facilitación de trámites de importación y exportación, donación de equipos y promoción nacional e internacional, acciones que han contribuido a fortalecer y dinamizar este importante sector productivo del país.


martes, 19 de mayo de 2026

Exportaciones de zonas francas superan los USD 2,800 millones en el primer cuatrimestre de 2026


Energia

Exportaciones de zonas francas superan los USD 2,800 millones en el primer cuatrimestre de 2026

El CNZFE informó que el sector registró un crecimiento interanual de 4.3 %, consolidando el dinamismo de las exportaciones dominicanas.
18 de Mayo 2026 |  Zonas Francas


Santo Domingo.- El Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación (CNZFE) informó que las exportaciones del sector alcanzaron los USD 2,803.3 millones durante el período enero-abril de 2026, lo que representa un crecimiento interanual de 4.3 % y un incremento absoluto de USD 115.2 millones respecto al mismo período de 2025.

El desempeño del sector fue impulsado por segmentos estratégicos de alto valor agregado, como los productos médicos y farmacéuticos, que alcanzaron exportaciones por USD 966.0 millones, seguidos por el tabaco y sus derivados con USD 461.2 millones, y los productos eléctricos y electrónicos con USD15.2 millones.

En términos de crecimiento, estos últimos sectores mostraron importantes expansiones, evidenciando el fortalecimiento de la base industrial del país y su capacidad de insertarse en mercados sofisticados y exigentes.

El director ejecutivo del CNZFE, Johannes Kelner, destacó que: “Estos resultados confirman la extraordinaria solidez y sostenibilidad del régimen de zonas francas dominicano, así como su creciente atractivo para la inversión internacional. La República Dominicana continúa consolidándose como una de las plataformas más dinámicas, confiables y competitivas de la región para la producción orientada a la exportación, ofreciendo condiciones excepcionales para el desarrollo de operaciones de alto valor y proyección global”.

Asimismo, se observa un proceso sostenido de diversificación productiva, con crecimientos destacados en actividades como metales y sus manufacturas (62.5 %), comercializadoras (23.2 %) y productos químicos (20.6 %), lo que pone de manifiesto la evolución del ecosistema de zonas francas hacia actividades de mayor complejidad tecnológica y valor agregado.

El señor Kelnar resaltó la confianza del inversionista internacional en el modelo dominicano de zonas francas, sustentado en un entorno macroeconómico estable, un marco regulatorio competitivo y una infraestructura productiva en constante fortalecimiento. “Los resultados se ven potenciados por las políticas impulsadas por la actual administración del presidente Luís Abinader Corona, orientadas a la promoción de la inversión, la mejora del clima de negocios y la consolidación de la seguridad jurídica, concluyó el director”.

Las perspectivas para el resto del año se mantienen favorables, impulsadas por la continua llegada de nuevas inversiones, la expansión de capacidades productivas y la creciente integración de la República Dominicana en las cadenas globales de valor, especialmente en sectores intensivos en manufactura avanzada y servicios de exportación, concluye la nota.

https://presidencia.gob.do/noticias/exportaciones-de-zonas-francas-superan-los-usd-2800-millones-en-el-primer-cuatrimestre-de

OPINIÓN |
Zonas francas: el termómetro exportador que confirma el salto dominicano hacia el valor agregado

Con más de USD 2,803 millones exportados entre enero y abril de 2026, el régimen de zonas francas vuelve a demostrar que la competitividad no es un eslogan: es una arquitectura de datos, inversión, logística y confianza que el país debe profundizar para escalar en las cadenas globales de valor.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor
En economía, los hitos no se celebran solo por su magnitud, sino por lo que revelan: dirección, consistencia y capacidad de adaptación. Que las exportaciones de zonas francas hayan alcanzado USD 2,803.3 millones en el primer cuatrimestre de 2026 —con un crecimiento interanual de 4.3 % y un aumento absoluto de USD 115.2 millones— es, ante todo, una señal de que la República Dominicana está consolidando un patrón de desempeño que resiste la volatilidad externa y se afirma en un modelo productivo que aprende, corrige y escala. En un entorno global donde las cadenas de suministro siguen sometidas a tensiones geopolíticas, cambios regulatorios y presiones de costos, sostener el crecimiento exportador, aun en márgenes moderados, es una forma concreta de estabilidad: la que se expresa en órdenes de compra, empleo y divisas que entran al país.

Lo más relevante de este desempeño no es únicamente el monto total, sino su composición. La tracción proviene de segmentos de alto valor agregado, encabezados por productos médicos y farmacéuticos (USD 966.0 millones) y seguidos por tabaco y derivados (USD 461.2 millones), junto a la canasta de productos eléctricos y electrónicos, que mantiene su presencia como componente estratégico del portafolio exportador. Esta estructura no surge por azar: revela una apuesta por industrias con estándares exigentes, alta trazabilidad, cumplimiento regulatorio y capacidades técnicas que elevan el “listón” de la manufactura nacional. Dicho de otro modo, cuando el país exporta más dispositivos médicos, farmacéuticos o manufactura especializada, no solo vende bienes; exporta también procesos, certificaciones y reputación.

Ese salto cualitativo se entiende mejor cuando se observa el pulso trimestral. Entre enero y marzo de 2026, las exportaciones del régimen alcanzaron USD 2,085.1 millones, también con crecimiento de 4.3 %, y el mes de marzo registró USD 841.2 millones, señalado como un máximo mensual en la trayectoria del sector. Cuando un sistema exportador marca picos mensuales, normalmente se asocia a una combinación virtuosa: capacidad instalada operando con mayor eficiencia, demanda externa sostenida y una logística que responde. Y esto importa porque, en el comercio internacional, el verdadero diferenciador no es “producir”; es cumplir a tiempo, con calidad constante y previsibilidad, incluso cuando el entorno se vuelve adverso.

También hay un mensaje contundente en la diversificación productiva que reporta el propio ecosistema de zonas francas. Los crecimientos en metales y manufacturas (62.5 %), comercializadoras (23.2 %) y productos químicos (20.6 %) indican que el régimen no está “encerrado” en una matriz tradicional, sino en transición hacia actividades de mayor complejidad y, por tanto, mayor resiliencia. La diversificación no es una meta ornamental; es una política de riesgo: reduce la exposición a shocks sectoriales, abre espacio a proveedores locales especializados y aumenta el aprendizaje tecnológico dentro de las plantas y parques industriales. En ese trayecto, cada nueva línea de producción con más ingeniería, más control de calidad y más procesos de cumplimiento internacional fortalece el tejido industrial del país.

Ahora bien, un editorial responsable no se limita a aplaudir resultados; debe leer su significado estratégico y advertir los desafíos que vienen. Primero: el reto de la medición completa. El propio CNZFE ha subrayado el peso de las empresas que exportan servicios bajo el régimen, vinculadas a empleos y exportaciones que —si se integran plenamente a la contabilidad— podrían elevar la comprensión del impacto total, incluyendo aproximadamente 38,000 empleos y más de mil millones de dólares en exportaciones asociadas a servicios. Esto es crucial porque el mundo está moviéndose hacia cadenas híbridas: manufactura + servicios (diseño, soporte, analítica, back office, ingeniería), y quien mide bien, gestiona mejor. Si el país aspira a competir por proyectos de manufactura avanzada, también debe competir en data: estadísticas oportunas, interoperables y útiles para decisiones públicas y privadas.

Segundo: la inversión y el “pipeline” de capital. En el primer trimestre de 2026 se reportó una IED de USD 1,536.7 millones, y dentro de ese total el sector zonas francas captó 7.6 % (USD 117 millones). Esta cifra confirma atractivo, pero también advierte algo: el mundo del nearshoring y la relocalización productiva no premia a quien se duerme. La competencia regional por proyectos de dispositivos médicos, electrónica, logística industrial y servicios exportables es feroz; la inversión llega donde percibe estabilidad, costos competitivos, infraestructura, capital humano y rapidez regulatoria. En esa carrera, la República Dominicana debe seguir afinando el “paquete completo”: energía confiable, conectividad portuaria y aeroportuaria, trámites previsibles, seguridad jurídica y talento técnico.

Tercero: el desafío de los encadenamientos. Las zonas francas pueden ser un motor exportador y, al mismo tiempo, un puente hacia una mayor densidad de proveedores locales. Pero ese puente no se construye con discursos; se construye con certificaciones, financiamiento, asistencia técnica, compras estratégicas y estándares compartidos. En la práctica, el país tiene una oportunidad: usar el crecimiento exportador como palanca para que más empresas dominicanas se conviertan en suplidoras de calidad mundial, especialmente en empaques, plásticos industriales, metalmecánica, componentes eléctricos, logística de valor agregado y servicios profesionales. Si ese salto ocurre, el efecto multiplicador será mayor: más valor retenido localmente, más aprendizaje y más empleos con mejores salarios.

La lectura histórica también suma perspectiva. En el primer semestre de 2025, el sector zonas francas representó 62 % de las exportaciones totales del país, con USD 4,279.9 millones exportados, y Estados Unidos como principal destino con una participación dominante. Esa cifra deja una conclusión: el régimen no es un “sector más”; es un eje estructural del comercio exterior dominicano. Precisamente por eso, la conversación pública debe elevarse: no basta con medir récords; hay que administrar riesgos. Una alta concentración de destino o de mercados obliga a sostener una diplomacia comercial activa, vigilancia regulatoria (especialmente en sectores médicos y farmacéuticos) y capacidad de respuesta ante cambios arancelarios, sanitarios o de cumplimiento.

A partir de aquí, la pregunta estratégica es simple: ¿qué hacemos para que USD 2,803.3 millones en cuatro meses no sea solo una buena noticia, sino un peldaño hacia una economía exportadora más sofisticada? La respuesta, aunque compleja, puede resumirse en una idea: convertir el desempeño coyuntural en ventaja estructural. Eso implica acelerar la transformación tecnológica dentro de los parques, consolidar una gobernanza de datos robusta, ampliar la formación técnica alineada a los sectores de mayor crecimiento y fortalecer la infraestructura logística para sostener picos de exportación sin fricciones. Implica también proteger lo que ya se ha ganado: la reputación de confiabilidad del país como plataforma productiva, una reputación que se construye con cumplimiento y se pierde con retrasos, improvisaciones o incertidumbre.

En el fondo, el mensaje que deja este primer cuatrimestre es nítido: la República Dominicana está en una ventana de oportunidad. El mundo busca cadenas más cercanas, más resilientes y con menores riesgos. Y el país, a través de su régimen de zonas francas, está demostrando que puede responder con exportaciones crecientes, diversificación y segmentos de alto valor agregado. La tarea ahora es no conformarse: convertir la buena cifra en un proyecto nacional de competitividad exportadora sostenida, donde cada punto de crecimiento signifique más innovación, más valor local y más presencia dominicana en los mercados más exigentes del planeta.
https://noticiasguasabara.blogspot.com/2026/05/exportaciones-de-zonas-francas-superan.html

martes, 21 de abril de 2026

Nelson Arroyo marca una gestión innovadora en sus primeros 100 días al frente de Aduanas

 

Nelson Arroyo marca una gestión innovadora en sus primeros 100 días al frente de Aduanas

A esto se suman el incremento en recaudaciones, aumento de divisas, fortalecimiento del capital humano, la adopción de estándares internacionales de trazabilidad y cooperación.

Santo Domingo, RD., 21 de abril de 2026. – La Dirección General de Aduanas (DGA), bajo el liderazgo de Nelson Arroyo, celebra sus primeros 100 días de gestión con resultados positivos en las recaudaciones, gracias a la implementación de estrategias focalizadas en sectores claves y un aumento en las divisas, lo que refleja su compromiso con la eficiencia y el desarrollo económico del país.

Logrando, en el primer trimestre de este año, la mayor recaudación en la historia de la DGA para ese periodo. Asimismo, marzo de 2026 es el de mayor recaudación en comparación con años anteriores, concediéndole un periodo histórico a la gestión de su director general.

En cuanto a las divisas, las estadísticas oficiales de Aduanas arrojan resultados positivos que reflejan una notable recuperación y crecimiento en el ingreso de estas, marcando un precedente positivo para la economía nacional. Se incautaron US$725,895, EU€21,450.00, así como RD$35,000.00 en la frontera montos equivalentes a unos RD$46,425,774.54, a la tasa de cambio actual.

El titular de la entidad recaudadora afirmó que el reto central que tiene al frente de la DGA es garantizar una gestión aduanera ágil, predecible y alineada con las dinámicas del comercio global, capaz de facilitar el tránsito eficiente de mercancías, sin comprometer el control, la recaudación ni la seguridad de la cadena logística.

“De manera complementaria, trabajamos en la articulación efectiva con los demás actores del sistema logístico: puertos, aeropuertos, zonas francas y otras entidades del Estado, en el desarrollo del capital humano y en la adopción de estándares internacionales de trazabilidad y cooperación”, expresó Arroyo.

Agregó que una Aduana moderna trasciende en su rol recaudador y se consolida como un socio estratégico del desarrollo productivo, del nearshoring y de la atracción de inversión.

Durante el primer trimestre se desarrollaron programas de formación orientados al fortalecimiento de capacidades institucionales, donde más de 1,800 colaboradores han sido capacitados. 

Asimismo, colaboradores de la institución representaron a la República Dominicana en la Reunión Anual del Comité de Fortalecimiento de Capacidades de la Organización Mundial de las Aduanas (OMA). 

“Hemos concebido una iniciativa de mejora continua, orientada a fortalecer de manera progresiva y sostenible la gestión aduanera en los puntos fronterizos terrestres, al tiempo que promueve el desarrollo de capacidades técnicas y operativas del personal de la institución. Como parte de la misma, se implementará un programa piloto de pasantías operativas, en la que oficiales de aduanas que actualmente desempeñan sus funciones en las distintas administraciones del país participarán, durante un período de un mes, en labores de apoyo en las terminales fronterizas terrestres de Dajabón, Elías Piña, Jimaní y Pedernales”, aseguró el funcionario.

Arroyo prometió que dará continuidad a los programas Despacho en 24 Horas (D24H) y Exporta Más (+) mismos que forman parte de un plan estructurado y de una visión integral de Estado, orientada a modernizar y agilizar los procesos aduaneros, tanto en las importaciones como en las exportaciones.

Desde su llegada, ha impulsado iniciativas que promueven la capacitación continua, el desarrollo profesional y la integración de los colaboradores, reconociendo que el recurso humano es el pilar fundamental para el éxito y la eficiencia en el servicio aduanero.

Este enfoque ha permitido mejorar los procesos internos y elevar la calidad de atención, demostrando que el empeño puesto en el capital humano se traduce en resultados positivos para la institución y el país.

“Creo en la importancia de tener un entorno laboral donde haya acercamiento, se fomente la innovación, el trabajo en equipo y el sentido de pertenencia, en eso creo, en una fuerza laboral cada vez más motivada y, juntos, enfrentar los retos del sector aduanero”, aseguró.

OPINIÓN | Cien días que marcan rumbo: la Aduana como arquitectura del desarrollo bajo Nelson Arroyo

Los primeros 100 días de una gestión pública suelen ser un termómetro: no definen el total de una administración, pero sí revelan su brújula. En el caso de la Dirección General de Aduanas (DGA), el balance inicial bajo el liderazgo de Nelson Arroyo proyecta una intención clara: convertir a la Aduana en un órgano más ágil, más predecible y más alineado con el comercio global, sin ceder un milímetro en control, recaudación ni seguridad de la cadena logística. Esa combinación —facilitación con firmeza— es justamente la que distingue a las aduanas modernas en un mundo donde el tiempo es costo y la trazabilidad es confianza.

El dato más visible y, a la vez, más exigente para cualquier administración aduanera es la recaudación. La DGA reporta que, en el primer trimestre de 2026, se logró la mayor recaudación histórica para ese período, y que marzo se convirtió en el mes de mayor recaudación en comparación con años anteriores dentro de ese mismo marco temporal. Cuando el desempeño fiscal se acompaña de estrategias focalizadas en sectores clave, el mensaje institucional va más allá de “cobrar más”: implica mejorar la capacidad del Estado para sostener servicios, invertir y planificar; y, simultáneamente, elevar la credibilidad del sistema ante los actores económicos que requieren reglas claras, procesos eficientes y previsibilidad operativa.

Pero medir la efectividad aduanera solo por recaudación sería incompleto. La Aduana contemporánea es, por definición, un punto de equilibrio entre facilitar comercio y proteger fronteras. En ese sentido, el componente de control y cumplimiento también se vuelve central. Las cifras divulgadas sobre incautaciones de divisas en frontera —US$725,895, €21,450 y RD$35,000, equivalentes a aproximadamente RD$46,425,774.54 a la tasa actual— no son únicamente un registro contable: son una señal de que el control fronterizo está operando, de que se persiguen flujos ilícitos y de que la seguridad económica también se defiende con procedimientos, inteligencia y coordinación interinstitucional.

El propio Nelson Arroyo ha definido el reto con una formulación que, en términos de gestión pública, es correcta y ambiciosa: una DGA “ágil, predecible y alineada con las dinámicas del comercio global”. En otras palabras, una institución capaz de acelerar el tránsito legítimo de mercancías, reducir fricciones y costos logísticos, y a la vez sostener un estándar alto de fiscalización y seguridad. Ese enfoque se complementa con un punto clave: la articulación efectiva con puertos, aeropuertos, zonas francas y demás actores del sistema logístico. Porque una Aduana eficiente no se construye solo puertas adentro; se construye como red, como sistema y como plataforma.

Aquí aparece un concepto que el país debe internalizar con más fuerza: la Aduana no es simplemente un órgano recaudador; es un socio estratégico del desarrollo productivo. Esto es particularmente relevante en el contexto del nearshoring, donde las empresas buscan relocalizar o acercar cadenas de suministro a mercados de destino, priorizando estabilidad, rapidez y certidumbre. República Dominicana tiene ventajas comparativas —ubicación, conectividad, zonas francas, experiencia exportadora—, pero esas ventajas se convierten en ventajas competitivas cuando los procesos aduaneros acompañan el ritmo del mercado. Una traba documental puede costar un contrato; una demora de horas puede romper una cadena de frío; una imprevisibilidad operativa puede desincentivar inversión. Por eso, cuando la DGA se declara aliada de la atracción de inversión, está asumiendo un rol acorde con las exigencias del comercio internacional.

La modernización real, sin embargo, no vive solo en el discurso; vive en el músculo institucional. En este punto, la decisión de priorizar el capital humano es, probablemente, una de las apuestas más determinantes de estos primeros 100 días. El reporte de más de 1,800 colaboradores capacitados en el primer trimestre sugiere una estrategia que entiende una verdad simple: no hay transformación sostenible sin servidores públicos entrenados, motivados y orgullosos de su misión. Capacitar no es “gastar”, es blindar la institución con competencias técnicas, criterios unificados y cultura de servicio. Y en una entidad como Aduanas, donde la complejidad operativa es alta, la formación continua se traduce en mejores decisiones, menor discrecionalidad y mayor coherencia en la aplicación de normas.

A esto se suma la dimensión internacional, expresada en la participación de representantes dominicanos en la Reunión Anual del Comité de Fortalecimiento de Capacidades de la Organización Mundial de las Aduanas (OMA). La presencia en estos espacios no es protocolaria; es estratégica. Significa conectarse con estándares, buenas prácticas y marcos de cooperación que hoy definen la gobernanza aduanera global: trazabilidad, gestión de riesgo, intercambio de información, integridad institucional y facilitación. Una Aduana que conversa con el mundo se prepara mejor para competir y, sobre todo, para defender con mayor eficacia la seguridad de su cadena logística.

En la frontera terrestre, donde convergen desafíos operativos, sociales y geopolíticos, la iniciativa de mejora continua anunciada —con un programa piloto de pasantías operativas de un mes en Dajabón, Elías Piña, Jimaní y Pedernales— apunta en la dirección correcta. La frontera es, a la vez, oportunidad y presión: oportunidad para dinamizar comercio legal y desarrollar comunidades; presión por la necesidad de control, coordinación y respuesta ante el contrabando y otros ilícitos. Fortalecer capacidades técnicas y operativas en esos puntos es una inversión en soberanía logística, en gestión del riesgo y en orden institucional.

Asimismo, la promesa de continuidad de programas como Despacho en 24 Horas (D24H) y Exporta Más (+) es un mensaje de estabilidad de política pública. En un entorno económico donde la competitividad se mide por tiempos y costos, la continuidad es un activo: evita la improvisación, reduce incertidumbre y permite construir resultados acumulativos. Modernizar y agilizar procesos tanto para importaciones como exportaciones no solo beneficia al Estado; beneficia al aparato productivo, al consumidor y al posicionamiento del país como hub regional.

La frase de Arroyo sobre el entorno laboral —acercamiento, innovación, trabajo en equipo y sentido de pertenencia— puede parecer, para algunos, un elemento “blando”. Pero en realidad es un componente “duro” de la reforma institucional. La innovación no ocurre en estructuras rígidas; ocurre en culturas que premian la propuesta, corrigen con evidencia y alinean objetivos. Cuando el recurso humano se integra a una visión, la institución deja de “funcionar” y empieza a “gestionar”. Y una Aduana que gestiona es una Aduana que puede planificar, medir, corregir y mejorar.

Estos 100 días, por tanto, no deben leerse como una victoria final, sino como un inicio con señales concretas: resultados en recaudación, acciones de control que elevan la seguridad económica, impulso al capital humano, vinculación con estándares internacionales y un enfoque sistémico hacia la cadena logística. Lo verdaderamente importante ahora es sostener el ritmo, profundizar la interoperabilidad con los actores del comercio, consolidar la trazabilidad y asegurar que la agilidad no sea episodio, sino norma.

En un país que apuesta por insertarse con mayor fuerza en el comercio global, la Aduana no puede ser un cuello de botella; debe ser una autopista segura. Y en estos primeros 100 días, la gestión de Nelson Arroyo ha dejado una idea central: una DGA moderna no solo recauda, sino que habilita desarrollo, protege la economía y eleva la competitividad nacional.

Luis Orlando Díaz Vólquez

martes, 14 de abril de 2026

Zonas Francas consolidan su crecimiento y fortalecen exportaciones en 2026

 Zonas Francas

Zonas Francas consolidan su crecimiento y fortalecen exportaciones en 2026

Sector aprovecha cambios en el comercio global para expandir su presencia internacional en medio de un entorno desafiante.

Energia
Compartir:
facebook sharing button
sharethis sharing button

Santo Domingo.— El Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación (CNZFE) informó que las zonas francas de la República Dominicana continúan consolidándose como un pilar clave de la economía, al registrar un crecimiento sostenido en el valor de sus exportaciones durante el primer trimestre de 2026, capitalizando los cambios estructurales del comercio global y ampliando su alcance en los mercados internacionales, pese a la persistente incertidumbre macroeconómica.

Durante enero-marzo de 2026, el valor de las exportaciones del sector ascendió a USD 2,085.1 millones, lo que representa un incremento de 4.3 % al compararlo con los USD 1,998.9 millones registrados en igual período del año 2025, para un aumento absoluto de USD 86.2 millones.

Johannes Kelner, director ejecutivo del CNZFE, destacó el desempeño de las exportaciones correspondientes al mes de marzo de 2026, las cuales alcanzaron USD 841.2 millones, constituyéndose en la cifra de exportación mensual más alta registrada desde el establecimiento del sector de zonas francas en el país.

Asimismo, Kelner subrayó el avance trimestral del sector, destacando el desempeño de la actividad de dispositivos médicos, que lideran las exportaciones con un valor de USD 721.5 millones para un crecimiento de 9.3 % frente a igual trimestre de 2025, mientras que la manufactura de tabaco y productos eléctricos mostraron un empuje extraordinario con repuntes de 16.6 % y 17 %, respectivamente.

Otros rubros clave, como los químicos (+16.9%) y el de calzados (+6.6%), también mantuvieron su tendencia al alza, de modo que fortalecen la diversidad de la oferta exportable, en un entorno global marcado por la volatilidad y la incertidumbre macroeconómica.

Con este comportamiento, el CNZFE reafirma que estos resultados responden al fortalecimiento del clima de negocios en la República Dominicana, así como a la confianza y sólida gobernanza generada por las actuales autoridades del sector, encabezadas por el ministro de Industria, Comercio y Mipymes, señor Eduardo Sanz Lovatón, factores que continúan impulsando la competitividad y el posicionamiento de las zonas francas dominicanas en los mercados estratégicos internacionales.

https://presidencia.gob.do/noticias/zonas-francas-consolidan-su-crecimiento-y-fortalecen-exportaciones-en-2026

martes, 17 de marzo de 2026

BCRD informa que los flujos de remesas alcanzaron los US$1,870.4 millones entre enero y febrero de 2026


BCRD informa que los flujos de remesas alcanzaron los US$1,870.4 millones entre enero y febrero de 2026
Esto representa un aumento de 1.0 % en términos interanuales. Particularmente en el mes de febrero se recibieron US$887.6 millones 


Santo Domingo. República Dominicana. - El Banco Central de la República Dominicana (BCRD) informa que, entre enero y febrero de 2026, las remesas recibidas alcanzaron la cifra de US$1,870.4 millones, aumentando 1.0 % en términos interanuales. Particularmente en el mes de febrero, se recibieron US$887.6 millones, monto menor en US$29.4 millones al recibido en febrero de 2025, y evidentemente menor al recibido en enero de este año en US$95.2 millones, pues enero es un mes donde se reciben un mayor flujo de remesas por efecto de las visitas de los dominicanos no residentes. 
El BCRD explica que el comportamiento de las remesas responde al complejo entorno internacional que prevalece actualmente. Los conflictos en Medio Oriente han elevado los precios del petróleo y sus derivados, generando mayores presiones inflacionarias y reduciendo el ingreso disponible de los hogares. A esto se suma un desempeño económico de los Estados Unidos menos favorable de lo previsto, país desde donde se originó el 83.4 % de los flujos formales recibidos en febrero, equivalentes a unos US$663.5 millones.

En este sentido, el desempleo general en los Estados Unidos se ubicó en 4.4 % en febrero, ligeramente por encima del 4.3 % registrado en enero de 2026, con una pérdida neta de 92,000 empleos. En el caso de la población latina, la tasa de desempleo alcanzó 5.2 %, aumentando desde el 4.9 % observado en enero. No obstante, el índice de gestores de compras (PMI, por sus siglas en inglés) no manufacturero del Instituto de Gerencia y Abastecimiento (ISM) registró un valor de 56.1 en febrero, superior al 53.8 de enero, lo que indica una expansión del sector servicios. Este sector concentra una proporción importante del empleo de la diáspora dominicana, lo que contribuyó a amortiguar parcialmente la caída del empleo.

El BCRD destaca también la recepción de remesas por canales formales desde otros países en el mes de febrero, como España, por un valor de US$46.7 millones, un 5.9 % del total, siendo este el segundo país en cuanto al total de residentes de la diáspora dominicana en el exterior se refiere, así como Italia y Suiza, con 1.2 % y 1.0 % de los flujos recibidos, respectivamente. En el resto de la recepción de remesas se distinguen países como Haití, Canadá y Panamá, entre otros.

Respecto a la distribución de las remesas recibidas por provincias, el BCRD señala que el Distrito Nacional recibió una proporción del 48.0 % durante febrero, seguido por las provincias de Santiago y Santo Domingo, con un 10.5 % y 6.6 %, respectivamente. Esto indica que casi dos tercios (65.1 %) de las remesas se recibe en las zonas metropolitanas del país.

El crecimiento del 1.0 % en el flujo de remesas recibidas entre enero y febrero es coherente con las proyecciones de este Banco Central, las cuales mantienen para este 2026 un crecimiento interanual del 3.5 %, menor al observado en 2025, considerando la entrada en vigor en enero pasado del nuevo impuesto a los envíos desde EE. UU, y la incertidumbre del entorno internacional vigente. Analizando la evolución del sector externo, las perspectivas del BCRD contemplan una evolución favorable de los ingresos de divisas durante 2026, como son los ingresos de turismo, la inversión extranjera directa (IED) y las exportaciones, en conjunto con las remesas. En cuanto a las remesas, se estima que se ubiquen en torno a los US$12,200 millones y que la IED supere los US$5,000 millones al terminar el año.

Estos ingresos de divisas contribuirán a mantener la estabilidad relativa del tipo de cambio que se observa en la actualidad, de tal manera que al 28 de febrero de 2026, la moneda nacional se apreció 5.2 % frente al dólar estadounidense con respecto diciembre de 2025. Estos mayores flujos externos permiten también mantener un nivel adecuado de reservas internacionales, las cuales al cierre de febrero se ubicaron en US$16,180.7 millones, representando un 12.2 % del producto interno bruto (PIB) y cubriendo unos 5.7 meses de importaciones, indicadores por encima de los umbrales recomendados por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El Banco Central reafirma su compromiso con la vigilancia sobre el entorno económico actual para continuar tomando las medidas necesarias para contrarrestar el impacto en la economía dominicana del desafiante panorama internacional, a fin de garantizar la estabilidad de precios y del mercado cambiario.

Domingo 15 de marzo, 2026

Editorial @GuasabaraEditor

Remesas en un mundo incierto: estabilidad relativa en medio de la tormenta global

El comportamiento de las remesas durante los primeros meses de 2026 confirma una realidad cada vez más evidente para la economía dominicana: la resiliencia externa del país depende tanto de factores internos como de un entorno internacional crecientemente volátil. Que entre enero y febrero las remesas hayan alcanzado los US$1,870.4 millones, con un crecimiento interanual de 1.0 %, no es un dato menor en un contexto marcado por conflictos geopolíticos, presiones inflacionarias y señales de desaceleración en las principales economías emisoras de migrantes.

A primera vista, el crecimiento luce modesto si se compara con años anteriores. Sin embargo, una lectura más profunda revela que este desempeño es consistente con el escenario global actual y con las proyecciones prudentes del Banco Central de la República Dominicana (BCRD). En particular, febrero muestra una moderación clara respecto a enero y al mismo mes de 2025, reflejando no solo la estacionalidad —enero suele concentrar mayores flujos por visitas de dominicanos no residentes—, sino también el impacto de factores externos que comienzan a sentirse con mayor fuerza.

El telón de fondo es complejo. La escalada del conflicto en Medio Oriente ha elevado los precios del petróleo y sus derivados, presionando los costos de vida en las economías desarrolladas y reduciendo el ingreso disponible de los hogares. Este fenómeno tiene un efecto directo sobre la capacidad de envío de remesas, especialmente desde Estados Unidos, origen del 83.4 % de los flujos formales recibidos en febrero. Cuando el costo de la energía sube, el margen para ahorrar y transferir recursos se estrecha, incluso para comunidades tradicionalmente solidarias como la diáspora dominicana.

A ello se suma un desempeño económico estadounidense menos dinámico de lo esperado. El aumento del desempleo general a 4.4 %, la pérdida neta de 92,000 empleos y el incremento del desempleo entre la población latina hasta 5.2 % son señales que no pueden ignorarse. La diáspora dominicana está altamente concentrada en sectores sensibles al ciclo económico, lo que convierte cualquier enfriamiento del mercado laboral en un factor de riesgo para la estabilidad de las remesas.

No obstante, el panorama no es enteramente negativo. El buen desempeño del sector servicios en Estados Unidos, reflejado en un PMI no manufacturero de 56.1 en febrero, ha servido como amortiguador parcial. Este sector concentra una parte significativa del empleo de los dominicanos en el exterior, lo que explica por qué, pese a la pérdida de empleos en términos netos, el flujo de remesas no ha registrado una contracción abrupta. Es una muestra clara de cómo la composición sectorial del empleo migrante puede marcar la diferencia en momentos de estrés económico.

Otro elemento relevante es la diversificación geográfica de las remesas. Aunque Estados Unidos sigue siendo, con amplia diferencia, la principal fuente, los flujos procedentes de España, Italia, Suiza, Canadá y otros países europeos y del continente americano continúan aportando estabilidad. España, en particular, consolida su papel como segundo mayor emisor, lo que refuerza la importancia de una diáspora cada vez más distribuida y menos dependiente de un solo mercado laboral.

En el plano interno, la distribución territorial de las remesas confirma una tendencia estructural: la concentración en las zonas metropolitanas. Que el Distrito Nacional, Santiago y Santo Domingo capten más del 65 % de los flujos refleja tanto la densidad poblacional como la centralidad económica de estas áreas. Sin embargo, también plantea desafíos en términos de desarrollo regional, ya que las remesas siguen siendo una fuente clave de ingresos para hogares fuera de los grandes centros urbanos.

Desde una perspectiva macroeconómica, el mensaje del Banco Central es claro y, en buena medida, tranquilizador. El crecimiento moderado de las remesas es coherente con un escenario de normalización tras los picos excepcionales observados en años anteriores. Más aún, las proyecciones para 2026 —con remesas estimadas en torno a los US$12,200 millones e inversión extranjera directa por encima de los US$5,000 millones— sugieren que el país seguirá contando con un flujo robusto de divisas, complementado por el turismo y las exportaciones.

Estos ingresos externos han sido determinantes para mantener la estabilidad cambiaria. La apreciación acumulada de 5.2 % del peso dominicano frente al dólar a febrero de 2026 y el nivel de reservas internacionales —US$16,180.7 millones, equivalentes al 12.2 % del PIB y a 5.7 meses de importaciones— colocan al país en una posición sólida frente a los estándares internacionales. En un mundo donde la volatilidad financiera es la norma, estos colchones macroeconómicos son activos estratégicos.

Sin embargo, sería un error interpretar estos resultados como garantía de inmunidad. La entrada en vigor del nuevo impuesto a los envíos desde Estados Unidos introduce un factor adicional de incertidumbre para el resto del año. A ello se suman los riesgos derivados de una eventual profundización de los conflictos geopolíticos, una desaceleración más pronunciada de la economía estadounidense o nuevas presiones inflacionarias globales. El crecimiento proyectado de 3.5 % en las remesas para 2026, menor al de 2025, es una señal de realismo más que de pesimismo.

En este contexto, la política económica debe mantener un delicado equilibrio. Por un lado, preservar la estabilidad de precios y del mercado cambiario; por otro, seguir fortaleciendo los vínculos con la diáspora, promoviendo el uso de canales formales y reduciendo los costos de envío. Las remesas no son solo un flujo financiero: son un puente social y económico que conecta al país con millones de dominicanos en el exterior.

En definitiva, el desempeño de las remesas en los primeros meses de 2026 confirma que la economía dominicana navega en aguas turbulentas, pero con instrumentos adecuados. La estabilidad observada no es fruto del azar, sino de una combinación de prudencia macroeconómica, diversificación de ingresos externos y una diáspora que, aun bajo presión, sigue siendo un pilar fundamental del país. El reto ahora es sostener esa estabilidad en un mundo donde la incertidumbre ya no es la excepción, sino la regla.

Luis Orlando Díaz Vólquez

.