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martes, 31 de diciembre de 2024

Exilio, cancelación de pasaportes y "traición a la patria": los paralelismos de los gobiernos de Venezuela y Nicaragua en su ofensiva contra la disidencia

Exilio, cancelación de pasaportes y "traición a la patria": los paralelismos de los gobiernos de Venezuela y Nicaragua en su ofensiva contra la disidencia

Ortega y Maduro

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Daniel Ortega y Nicolás Maduro mantienen una estrecha relación desde que el venezolano era canciller de Hugo Chávez hace más de una década.

Nicolás Maduro vio cómo en 2024 se erosionó su relación con Lula en Brasil y Gustavo Petro en Colombia, entre otros, por los resultados de las elecciones de julio, en las que fue declarado vencedor pese a que nunca se mostraron las actas oficiales de la votación.

No le falló, sin embargo, un fiel aliado: Daniel Ortega.

"No hay vuelta atrás, no hay paso atrás, Nicolás es el presidente legítimo", dijo el mandatario de Nicaragua, cuya legitimidad internacional es tan discutida como la de Maduro.

El año que termina profundizó la relación entre ambos países y al mismo tiempo los parecidos sobre cómo ambos gobiernos refuerzan su poder y se enfrentan a la disidencia.

Venezuela y Nicaragua, aliados ideológicos junto a Cuba con llamados gobiernos revolucionarios de izquierdas, son considerados regímenes autoritarios por organismos internacionales y países occidentales y han sido en los últimos años importantes focos de crisis política y social en América Latina.

"Ambos están entre los gobiernos más represivos de la región y utilizan prácticas y políticas de represión similares, incluyendo detenciones arbitrarias sin debido proceso, torturas, y la censura generalizada", le dice a BBC Mundo el subdirector de la División de las Americas de Human Rights Watch (HRW), Juan Pappier.

Paralelismos

Ortega acaba de promover una reforma de la Constitución para concentrar todos los poderes del Estado en su figura y la de su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, que pasará a ser "copresidenta".

Maduro, por su parte, renovó su mandato tras las elecciones del 28 de julio, consideradas fraudulentas por buena parte de las democracias del mundo.

Las actas oficiales publicadas por la oposición mostraban un claro triunfo de Edmundo González, el desconocido diplomático que sustituyó a la popular líder María Corina Machado, inhabilitada para postularse.

Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo.

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Con la reforma constitucional, que podría aplicarse a principios de 2025, Nicaragua se convertirá en el primer país con dos "copresidentes".

A la inestabilidad derivada del proceso siguieron denuncias de arrestos arbitrarios, juicios irregulares, torturas y la anulación de pasaportes a críticos del gobierno, entre otras medidas.

González, acusado por la Fiscalía venezolana -próxima al gobierno- de "instigación a la insurrección", tuvo que exiliarse en España, mientras que Machado ha sido acusada de "traición a la patria" y permanece en la clandestinidad dentro de Venezuela.

Algo parecido sucedió en Nicaragua en 2023, cuando el Ejecutivo expulsó a Estados Unidos a 316 opositores que mantenía presos y les retiró la nacionalidad.

Antes, en 2021, Ortega había sido elegido por quinta vez como presidente con 75% de los votos en unos comicios en los que prácticamente no tuvo rivales, después de que la Justicia -controlada por el oficialismo- ordenara el encarcelamiento de siete precandidatos además de 32 líderes opositores y empresarios.

Los acusaban, como ahora pasa en Venezuela, de "conspiración y traición a la patria".

Ambos países padecen, además, un pronunciado éxodo migratorio, sobre todo hacia Estados Unidos, que ofrece protección especial a sus solicitantes de asilo.

Expertos señalan que, desde el modo en que enfrentan la disidencia hasta cómo operan sus procesos electorales, Nicaragua y Venezuela exhiben numerosos paralelismos que se han reforzado este 2024.

María Corina Machado durante la campaña con adherentes

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,María Corina Machado era la candidata elegida por la oposición, pero fue inhabilitada e hizo campaña por Edmundo González.

Si bien tanto en Venezuela como en Nicaragua se realizan elecciones, "los dos gobiernos lograron desmantelar de forma similar los frenos y contrapesos propios de la democracia, cooptando el poder judicial y en la práctica anulando el ejercicio libre del derecho al voto", indica Pappier.

Los estándares internacionales no se cumplen, explican analistas, lo que ha servido para consolidar a ambos gobiernos.

“Probablemente Maduro le preguntó a Ortega sobre los procedimientos que ha utilizado y sigue utilizando para suprimir o inhibir, por un lado, la formación de una voluntad mayoritaria de cambio que amenace su régimen político, y por otro lado, cómo garantizar la estabilidad de su gobierno”, afirma el politólogo venezolano John Magdaleno.

Según él, “las inhabilitaciones y restricciones a los partidos políticos se han convertido en parte del repertorio de procedimientos que las autocracias del siglo XXI implementan para evitar cualquier cambio político”.

Los gobiernos de Venezuela y Nicaragua aseguran que esas medidas son decisiones legales tomadas por órganos independientes a la presidencia y obedecen a normas supuestamente quebrantadas por los opositores.

Exilio y cancelación de pasaportes

Otras de las medidas utilizadas por ambas administraciones para neutralizar a opositores políticos. son el exilio y la cancelación de pasaportes.

Aunque lo han hecho de forma diferente y el caso de Nicaragua es más extremo.

En 2023, Managua desterró en dos tandas a 316 opositores, entre ellos líderes políticos opositores como Félix Maradiaga o Cristiana Chamorro, sandinistas históricos como Dora María Téllez e intelectuales como la escritora Gioconda Belli o Sergio Ramírez.

La histórica dirigente sandinista Dora María Téllez, en una entrevista con la BBC en Washington DC tras su destierro en febrero de 2023.
Pie de foto,La sandinista disidente Dora María Téllez, en una entrevista con la BBC en Washington DC tras su destierro en febrero de 2023.

Los despojó de sus bienes, sus pasaportes y la nacionalidad nicaragüense tras una resolución judicial que los condenaba "por cometer actos que menoscaban la independencia, la soberanía y la autodeterminación del pueblo; por incitar a la violencia, al terrorismo y a la desestabilización económica".

En Venezuela, las denuncias sobre anulación de pasaportes se multiplicaron en los últimos meses tras las elecciones del 28 de julio.

Algunos de los afectados, como el dirigente político Andrés Caleca residen en el país, por lo que la medida les impide salir legalmente, mientras otros están en el exilio y, en ese caso, se les veta el regreso.

De acuerdo a analistas, al bloquear la movilidad de los disidentes dentro y fuera del país el gobierno busca, por un lado, evitar que la oposición interna participe en eventos internacionales y, por otro, prevenir que los exiliados regresen para agitar la oposición interna.

El caso más notable ahora es el de Edmundo González, refugiado en España después de recibir una orden de captura por usurpación de funciones, instigación a la desobediencia y conspiración, entre otros supuestos delitos.

González en un acto reciente durante su exilio en Madrid

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,González en un acto reciente durante su exilio en Madrid.

“El exilio de figuras de la oposición en Nicaragua fue el resultado de un acuerdo con los EE. UU. y sirvió para aliviar la presión sobre el gobierno de Ortega neutralizando a los alborotadores. El exilio forzado de González en Venezuela cumplió un propósito similar”, explica a BBC Mundo Michael Paarlberg, investigador del centro de estudios Institute for Policy Studies y profesor de la Virginia Commonwealth University en Estados Unidos.

Sin embargo, remarca una diferencia fundamental entre ambos: mientras en Venezuela aún hay una oposición interna significativa y organizada, en Nicaragua se ha eliminado cualquier atisbo de resistencia.

“El gobierno de Ortega sigue un enfoque más totalitario al reprimir a toda la sociedad civil, las organizaciones religiosas y la oposición, mientras desmoviliza a la población mediante la promesa de cierto grado de estabilidad económica, algo que Maduro no puede ofrecer”, apunta.

"Represión" y "traición a la patria"

Tanto Venezuela como Nicaragua han sido acusados de emplear sus sistemas judiciales y Fuerzas Armadas para perseguir a opositores y disidentes.

“Los dos regímenes usan aparatos parapoliciales y paramilitares para reprimir la disidencia y a la oposición”, le dice a BBC Mundo el politólogo John Magdaleno.

Ambos gobiernos defienden la imparcialidad de su sistema judicial y alegan que sus acciones contra opositores buscan combatir supuestas campañas subversivas financiadas por Estados Unidos y aliados.

Tras las elecciones del 28 de julio en Venezuela ha habido centenares de detenciones, muchas de ellas calificadas como arbitrarias por organismos locales e internaciones que defienden el debido proceso.

También se han denunciado desapariciones, torturas y ha habido varias muertes de disidentes que estaban en custodia policial.

El Helicoide, sede del SEBIN

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Pie de foto,El Helicoide, sede del SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional), es conocido por las denuncias de abusos y violaciones de derechos humanos contra detenidos en Venezuela.

Para Amnistía Internacional, el control del poder Ejecutivo sobre el sistema Judicial y la Fiscalía se traduce en arrestos arbitrarios o preventivos, juicios expeditos con escasas garantías para la defensa y sentencias determinadas de antemano.

Otras organizaciones como HRW (Human Rights Watch) señalan que en ambos países se han instrumentalizado las leyes de seguridad nacional y antiterrorismo para combatir las protestas.

Estas leyes, según un informe del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), son empleadas como herramientas para justificar detenciones y enjuiciamientos que, de otra manera, no contarían con un respaldo legal claro.

la temida cárcel nicaragüense conocida como "El Chipote" en Managua

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Muchos presos políticos son interrogados y sometidos a abusos en la temida cárcel nicaragüense conocida como "El Chipote" en Managua.

El gobierno de Ortega ha procesado a numerosas figuras de la oposición y líderes sociales bajo los cargos de terrorismo y conspiración.

Destacan los casos de Cristiana Chamorro y Félix Maradiaga, precandidatos a la presidencia en 2021, a quienes se imputó el cargo de conspiración en procesos judiciales que, según Amnistía Internacional, estuvieron plagados de irregularidades, como la ausencia de una defensa adecuada o el veto a observadores internacionales.

Bajo la excusa de proteger la soberanía nacional, "ambos gobiernos emplean el exilio forzado, la persecución judicial, normalmente por delitos vagos y abstractos como 'traición a la patria' o 'terrorismo', para amedrentar a críticos", apunta el representante regional de HRW, Juan Pappier.

En Venezuela, la traición a la patria se basa en el artículo 130 de la Constitución, que obliga a sus ciudadanos a “honrar y defender a la patria, sus símbolos y valores culturales; resguardar y proteger la soberanía, la nacionalidad, la integridad territorial, la autodeterminación y los intereses de la nación”.

El gobierno venezolano suele usarla para acusar a opositores políticos, a quienes en ocasiones atribuye conspiraciones para derrocar o asesinar a Maduro.

Maduro

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Pie de foto,Maduro acusa frecuentemente a sus opositores de trabajar para potencias extranjeras.

Entre los que han sido afectados están Juan Guaidó, Leopoldo López, y María Corina Machado, además de los exministros del oficialismo, Rafael Ramírez y Andrés Izarra.

Esta figura legal ha sido aún más recurrente en Nicaragua.

La Ley de Defensa de los Derechos del Pueblo, aprobada en diciembre de 2020, permite arrestar a cualquier persona que solicite sanciones extranjeras o "incite la injerencia extranjera en los asuntos de Nicaragua".

El gobierno usó esta figura para sentenciar a los 316 presos políticos desterrados en 2023, a quienes consideró agentes al servicio de intereses extranjeros.

Más recientemente, Ortega acusó de “traición a la patria” a su hermano menor Humberto, que murió en septiembre de 2024 tras meses de arresto domiciliario por calificar como “dictatorial” al gobierno que lideran su hermano y su cuñada, Rosario Murillo.

Daniel y Humberto Ortega

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Pie de foto,Daniel Ortega acabó procesando por "traición a la patria" a varios exdirigentes sandinistas, entre ellos su hermano y excompañero de lucha Humberto Ortega.

Los expertos coinciden en que los paralelismos entre Nicaragua y Venezuela confluyen en su mayor aliado político e ideológico: Cuba.

“La inteligencia cubana aún tiene mucha influencia y, al menos en Venezuela, se le atribuye haber desincentivado, desarmado e infiltrado cualquier tipo de movilización o desacuerdo estratégico dentro de las instituciones públicas, incluyendo la administración pública, las Fuerzas Armadas y cuerpos policiales”, asegura John Magdaleno.

El experto destaca que “el avance autocrático en Nicaragua es mucho más pronunciado que en Venezuela, y se aproxima más a una autocracia cerrada”.

No obstante, advierte, "en Venezuela también se empiezan a ver señales de avance en esa dirección”.

En términos similares se expresa el subdirector de las Américas de HRW, Juan Pappier.

"Mientras el gobierno de Maduro se turna entre estrategias de represión más dura y generalizada y otras más selectivas, al menos desde 2021 el de Ortega ha reprimido la crítica de forma generalizada, brutal y constante", sentencia.

https://www.bbc.com/mundo/articles/c5ygwn2kr5eo

miércoles, 10 de febrero de 2021

HRW denunció los asesinatos de líderes sociales en Colombia

América Latina 

HRW denunció los asesinatos de líderes sociales en Colombia  

Primera modificación: 10/02/2021 - 20:25

Nombres de personas que han sido masacres en al ciudad de Cali, Colombia. 13 de noviembre de 2020.

 Nombres de personas que han sido masacres en al ciudad de Cali, Colombia. 13 de noviembre de 2020. © Luis Robayo / AFP

5 min

La ONG Human Rights Watch publicó un nuevo informe que presenta la grave situación en la que esta Colombia y sus líderes sociales y comunitarios. Entre 2016 y 2020, más de 400 de ellos fueron asesinados, sin embargo, la Defensoría del Pueblo de Colombia asegura que la cifra supera las 700 muertes.

La inexistencia del Estado de Colombia en muchas zonas del país ha permitido que grupos ilegales puedan expandir su poder y sean ellos mismos las autoridades en las poblaciones abandonadas por el Gobierno.

Después de la firma del tratado de paz en noviembre 2016 entre el Gobierno de Juan Manuel Santos, y la exguerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), más de 400 líderes sociales y defensores de derechos humanos han sido asesinados por cumplir voluntariamente las funciones del Estado.

Las denuncias de Human Rights Watch (HRW) se resumen en un informe de 136 páginas titulado “Líderes desprotegidos y comunidades indefensas: asesinatos de defensores de derechos humanos en zonas remotas de Colombia”, donde hablan de la reacción “lenta y deficiente” del Gobierno colombiano en la implementación de políticas para prevenir estos homicidios.

“En los últimos años, Colombia ha tenido el mayor número de defensores de derechos humanos asesinados en América Latina. Mientras tanto, la respuesta del Gobierno ha estado más enfocada en elaborar discursos y anuncios que en adoptar medidas que tengan impacto en los territorios”, dijo en el informe José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch.

“El Gobierno del presidente Iván Duque condena frecuentemente estos homicidios, pero la mayoría de los programas gubernamentales para prevenir estos asesinatos apenas funcionan o tienen graves deficiencias”, agregó.

Según la ONG, la violencia en Colombia ha dejado a líderes asesinados en 28 de los 32 departamentos del país y en cerca del 20 por ciento de los municipios. Además, la falta de presencia de las autoridades en zonas controladas anteriormente por las FARC “ha permitido la violencia contra defensores de derechos humanos".

"El Gobierno ha desplegado tropas a muchas zonas, pero no ha fortalecido al mismo tiempo el sistema de justicia ni asegurado un acceso adecuado a oportunidades económicas y educativas, así como a servicios públicos”, prosiguió.

Muchas políticas, pocas acciones

Varias décadas de conflicto en Colombia fueron sosegados por un tratado de paz entre el Gobierno y las FARC. Ninguno se rindió, simplemente unieron fuerzas y lograron ponerle fin a años de guerras que dejaron decenas de miles de muertos y desaparecidos.

Eso fue en 2016. Desde entonces, el Gobierno de Juan Manuel Santos y luego el de Iván Duque, actual presidente de Colombia, le han mostrado al país todo lo que han hecho en materia de defensa de los más vulnerables.

Pero, cuatro años después de aquel día en que Colombia se vistió de blanco, son los propios colombianos vulnerables quienes asumieron el rol del Estado. El trabajo voluntario de los líderes sociales, comunitarios, indígenas y los defensores de derechos humanos se debe a la ineficacia de un Gobierno al que se le salió de las manos, -o de sus responsabilidades-, el cuidado de sus ciudadanos en los lugares más remotos.

La ley en muchas zonas de Colombia donde aún hay conflictos de intereses, es la de “cuídese usted mismo”. El trabajo de investigación de HRW revela este panorama que sigue estando teñido de muerte, violencia e irrespeto por la vida.

Mediante más de un centenar de entrevistas a autoridades, integrantes de la fuerza judicial, activistas, organizaciones sociales y miembros de la fuerza pública, HRW constató la falta de eficacia del Gobierno colombiano para responder a las amenazas a defensores de derechos humanos.

“Colombia tiene un gran número de políticas, mecanismos y leyes para prevenir abusos contra defensores de derechos humanos y otras personas en riesgo. Sin embargo, su implementación a menudo ha sido pobre”, denunció la ONG en el informe.

Uno de estos mecanismos es la Unidad Nacional de Protección, dependiente del Ministerio del Interior, que ofrece protección individual a quien denuncia ante la Fiscalía, pero “su presupuesto es muy limitado y la Unidad ha rechazado la gran mayoría de las solicitudes de protección colectiva que ha recibido”, asegura HRW.

Otro es el Sistema de Alertas Tempranas de la Defensoría del Pueblo de Colombia, pero que no ha servido para que se responda tempranamente en las zonas donde hay amenazas.

Por otro lado, HRW resalta los esfuerzos del Gobierno colombiano para llevar ante la justicia a los responsables de tantos asesinatos. “La Fiscalía General de la Nación ha aprobado directivas y ha creado una unidad especializada para investigar los asesinatos. En total, ha logrado 59 condenas por asesinatos de defensores derechos humanos cometidos desde 2016”.

Sin embargo, la ONG asegura que uno de los obstáculos para avanzar en las condenas es el número limitado de jueces, fiscales e investigadores en las áreas donde ocurren la mayoría de los asesinatos.

Con EFE y fuentes oficiales

https://www.france24.com/es/am%C3%A9rica-latina/20210210-hrw-masacres-asesinatos-lideres-sociales-colombia