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miércoles, 31 de octubre de 2018

Un autoritario ha sido electo presidente de Brasil. ¿Y ahora qué?

NOTICIAS |PERISCOPIO ELECTORAL
Un autoritario ha sido electo presidente de Brasil. ¿Y ahora qué?
Por CAROL PIRES 28 de octubre de 2018

Seguidores del presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, celebran la victoria de su candidato en Brasilia, el 28 de octubre de 2018 CreditEraldo Peres/Associated Press

La estrategia que llevó a Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil avanza por el mundo: el desprecio por las reglas democráticas, las minorías sociales puestas como chivos expiatorios, la nostalgia de un pasado supuestamente mejor y la popularización del antiintelectualismo, que favorece el saber de las redes sociales sobre el conocimiento de los expertos y la verdad de los periodistas. Todo diseminado a través de mentiras y noticias falsas o tergiversadas para causar un caos que solo el nuevo líder, contrario a la política tradicional establecida —llámese Trump, Erdogan, Duterte u Orbán—, será capaz de solucionar.
Con el 55 por ciento de los votos, Jair Bolsonaro le dio una victoria contundente a la extrema derecha, en parte porque convenció a sus electores de que las soluciones a la crisis no han sido rápidas solo por la falta de voluntad política. Pero ahora tendrá que entregar resultados, no solo retórica. A partir de enero de 2019, deberá resolver sus contradicciones para cumplir sus promesas electorales: leyes de posesión de armas a la población, erradicar la inseguridad pública —en un país donde 60.000 personas fueron asesinadas en 2017— y la disminución del gasto público.
Como es probable que Bolsonaro no pueda ofrecer resultados tangibles en poco tiempo, podría elegir esconderse en la trinchera que mejor maneja: la guerra cultural. Desconocido fuera de su reducto electoral en sus veintisiete años como diputado federal y electo presidente sin el respaldo de un partido importante, Bolsonaro se dio a conocer y construyó su poder político atacando a las instituciones democráticas y distorsionando el discurso feminista y de las minorías. Una de sus primeras cruzadas fue contra al “kit gay”, un libro que supuestamente iba a servir para enseñar sexualidad a los niños pero que en realidad nunca existió. Hay varios otros episodios que muestran que su campaña se ha basado en mentiras.
Las redes sociales y servicios de mensajes instantáneos fueron un factor determinante en estas elecciones. Un estudio de cien mil mensajes de WhatsApp de contenido electoral compartidos en Brasil determinó que más de la mitad tenía información engañosa o falsa. Y no eran solo distorsiones. Entre la información que las agencias de verificación de datos tuvieron que desmentir decía que Fernando Haddad, el candidato derrotado del Partido de los Trabajadores, había abusado sexualmente de una niña. Un reportaje de Folha de S. Paulo reveló que empresarios que respaldaron a Bolsonaro pagaron hasta 12 millones de reales por servicios de mensajería masiva contra el adversario de Bolsonaro —lo que está prohibido por la ley electoral brasileña—. La periodista que firmó el reportaje ha sido atacada digitalmente por grupos que apoyan a Bolsonaro. Pero no es el único caso: otros 140 periodistas más, incluida yo, hemos sido agredidos por seguidores del presidente electo.
En una entrevista de 1964, la filósofa Hannah Arendt le recordó al periodista Günter Gaus que el incendio del Reichstag, en Berlín, poco después de la llegada de Hitler al poder en 1933, le permitió al líder nazi imponer un estado de emergencia que duró doce años. El incendio se le atribuyó a un joven albañil comunista que acababa de llegar a Alemania, pero esta acusación nunca fue probada. Lo cierto es que el estado de emergencia permitió la persecución sistemática y masiva contra comunistas y llevó a la ampliación de poderes del nazismo. El punto es que no hay que esperar a que se repita un ejemplo extremo para entender cómo otros gobiernos autoritarios hicieron para garantizar la sumisión de la sociedad y consolidar su poder.
En el caso de Brasil, donde el 44 por ciento de la población rechaza a Bolsonaro, el desafío más urgente es no dejar que la indignación se diluya en la apatía, porque eso sería darle más poder a quien desdeña los valores democráticos. Sabemos que hay mucha más gente dispuesta a diseminar mentiras que a combatirlas. Y si Bolsonaro actúa como lo hizo durante la campaña, uno de sus principales blancos será la verdad.
La sociedad civil, la oposición política, la prensa y las instituciones públicas independientes, no pueden bajar la guardia. Un primer paso es proteger y rescatar la verdad, empezando por la verdad histórica.
Nuestra redemocratización fue construida a partir de un pacto de olvido —la Ley de Amnistía— que perdonó a quienes habían cometido “crímenes políticos”: militantes contrarios al régimen, pero también funcionarios del Estado acusados de tortura y asesinato. Años después, nuestra tardía comisión de la verdad terminó sin castigos a los torturadores de la dictadura militar (1964-1985), lo que permitió que fuera casi normal que un militar retirado del ejército que apoya la tortura gane la presidencia.
Si los brasileños no queremos perder las conquistas sociales más importantes logradas en los últimos gobiernos, debemos crear un contrapeso sólido para frenar los rasgos antidemocráticos de Bolsonaro. La prensa y los tribunales superiores tendrán que vigilar al poder ejecutivo más que nunca.
Bolsonaro dijo recientemente que los “rojos” (los del Partido de los Trabajadores) tendrán que salir del país o irán a la cárcel, una amenaza que suena a una dictadura, en donde no hay espacio para adversarios políticos. Sus seguidores se han contagiado de su discurso polarizante y violento. Y su concepto de quién es “rojo” es amplio: va de periodistas que lo molestan hasta el filósofo liberal Francis Fukuyama, quien dijo que Bolsonaro era una amenaza para la democracia.
Sus partidarios están haciendo de ese diagnóstico una realidad. Durante la campaña, protagonizaron al menos cincuenta ataques físicos por razones políticas. Bolsonaro dijo que no podía hacerse responsable por las acciones de quienes lo apoyan. Pero si no logra controlar ni a sus partidarios, ¿cómo va a solucionar la violencia de todo un país?

Después de la victoria de Bolsonaro, una mujer sostiene un ataúd con las iniciales del Partido de los Trabajadores, del candidato perdedor, Fernando Haddad. CreditNacho Doce/Reuters

En su primer discurso como presidente electo, Bolsonaro pronunció una oración evangélica y prometió respetar la Constitución y los valores democráticos, pero no hizo un llamado poselectoral a la unidad nacional, como se esperaba. En cambio, imprimió a su discurso un giro que podría parecer irónico: “El pueblo brasileño ha entendido la verdad. Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, dijo citando un versículo de la Biblia. Esto sugiere que tendrá un gobierno a imagen y semejanza de la fórmula que le dio resultado durante la elección: polarizador, mentiroso y cargado de prejuicios raciales, sociales y sexuales. Es también probable que haga uso de la represión estatal, con un precio importante para las libertades individuales de los brasileños.
Así que quienes creemos que hay que rechazar el autoritarismo, debemos estar alerta en momentos de choque y escrutar en las razones y pretextos que Bolsonaro podría usar para justificar la fuerza. Frente a las mentiras, será indispensable defender la verdad y nunca ceder en nuestra indignación.
https://www.nytimes.com/es/2018/10/28/bolsonaro-presidente-brasil-autoritarismo/?rref=collection%2Fsectioncollection%2Fnyt-es

martes, 30 de octubre de 2018

Un autoritario ha sido electo presidente de Brasil. ¿Y ahora qué?

PERISCOPIO ELECTORAL
Un autoritario ha sido electo presidente de Brasil. ¿Y ahora qué?
Jair Bolsonaro llegó al poder con una estrategia ya probada en varias latitudes: desacreditar la política tradicional, inventar a un enemigo y prometer limpiar al país de corrupción, violencia y comunismo. Pero ahora tendrá que ofrecer resultados a una sociedad que espera ver mejoras rápidas.
Por CAROL PIRES

Seguidores del presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, celebran la victoria de su candidato en Brasilia, el 28 de octubre de 2018 CreditEraldo Peres/Associated Press
Un autoritario ha sido electo presidente de Brasil. ¿Y ahora qué?
28 de octubre de 2018
La estrategia que llevó a Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil avanza por el mundo: el desprecio por las reglas democráticas, las minorías sociales puestas como chivos expiatorios, la nostalgia de un pasado supuestamente mejor y la popularización del antiintelectualismo, que favorece el saber de las redes sociales sobre el conocimiento de los expertos y la verdad de los periodistas. Todo diseminado a través de mentiras y noticias falsas o tergiversadas para causar un caos que solo el nuevo líder, contrario a la política tradicional establecida —llámese Trump, Erdogan, Duterte u Orbán—, será capaz de solucionar.
Con el 55 por ciento de los votos, Jair Bolsonaro le dio una victoria contundente a la extrema derecha, en parte porque convenció a sus electores de que las soluciones a la crisis no han sido rápidas solo por la falta de voluntad política. Pero ahora tendrá que entregar resultados, no solo retórica. A partir de enero de 2019, deberá resolver sus contradicciones para cumplir sus promesas electorales: leyes de posesión de armas a la población, erradicar la inseguridad pública —en un país donde 60.000 personas fueron asesinadas en 2017— y la disminución del gasto público.
Como es probable que Bolsonaro no pueda ofrecer resultados tangibles en poco tiempo, podría elegir esconderse en la trinchera que mejor maneja: la guerra cultural. Desconocido fuera de su reducto electoral en sus veintisiete años como diputado federal y electo presidente sin el respaldo de un partido importante, Bolsonaro se dio a conocer y construyó su poder político atacando a las instituciones democráticas y distorsionando el discurso feminista y de las minorías. Una de sus primeras cruzadas fue contra al “kit gay”, un libro que supuestamente iba a servir para enseñar sexualidad a los niños pero que en realidad nunca existió. Hay varios otros episodios que muestran que su campaña se ha basado en mentiras.
Las redes sociales y servicios de mensajes instantáneos fueron un factor determinante en estas elecciones. Un estudio de cien mil mensajes de WhatsApp de contenido electoral compartidos en Brasil determinó que más de la mitad tenía información engañosa o falsa. Y no eran solo distorsiones. Entre la información que las agencias de verificación de datos tuvieron que desmentir decía que Fernando Haddad, el candidato derrotado del Partido de los Trabajadores, había abusado sexualmente de una niña. Un reportaje de Folha de S. Paulo reveló que empresarios que respaldaron a Bolsonaro pagaron hasta 12 millones de reales por servicios de mensajería masiva contra el adversario de Bolsonaro —lo que está prohibido por la ley electoral brasileña—. La periodista que firmó el reportaje ha sido atacada digitalmente por grupos que apoyan a Bolsonaro. Pero no es el único caso: otros 140 periodistas más, incluida yo, hemos sido agredidos por seguidores del presidente electo.
En una entrevista de 1964, la filósofa Hannah Arendt le recordó al periodista Günter Gaus que el incendio del Reichstag, en Berlín, poco después de la llegada de Hitler al poder en 1933, le permitió al líder nazi imponer un estado de emergencia que duró doce años. El incendio se le atribuyó a un joven albañil comunista que acababa de llegar a Alemania, pero esta acusación nunca fue probada. Lo cierto es que el estado de emergencia permitió la persecución sistemática y masiva contra comunistas y llevó a la ampliación de poderes del nazismo. El punto es que no hay que esperar a que se repita un ejemplo extremo para entender cómo otros gobiernos autoritarios hicieron para garantizar la sumisión de la sociedad y consolidar su poder.
En el caso de Brasil, donde el 44 por ciento de la población rechaza a Bolsonaro, el desafío más urgente es no dejar que la indignación se diluya en la apatía, porque eso sería darle más poder a quien desdeña los valores democráticos. Sabemos que hay mucha más gente dispuesta a diseminar mentiras que a combatirlas. Y si Bolsonaro actúa como lo hizo durante la campaña, uno de sus principales blancos será la verdad.
La sociedad civil, la oposición política, la prensa y las instituciones públicas independientes, no pueden bajar la guardia. Un primer paso es proteger y rescatar la verdad, empezando por la verdad histórica.
Nuestra redemocratización fue construida a partir de un pacto de olvido —la Ley de Amnistía— que perdonó a quienes habían cometido “crímenes políticos”: militantes contrarios al régimen, pero también funcionarios del Estado acusados de tortura y asesinato. Años después, nuestra tardía comisión de la verdad terminó sin castigos a los torturadores de la dictadura militar (1964-1985), lo que permitió que fuera casi normal que un militar retirado del ejército que apoya la tortura gane la presidencia.
Si los brasileños no queremos perder las conquistas sociales más importantes logradas en los últimos gobiernos, debemos crear un contrapeso sólido para frenar los rasgos antidemocráticos de Bolsonaro. La prensa y los tribunales superiores tendrán que vigilar al poder ejecutivo más que nunca.
Bolsonaro dijo recientemente que los “rojos” (los del Partido de los Trabajadores) tendrán que salir del país o irán a la cárcel, una amenaza que suena a una dictadura, en donde no hay espacio para adversarios políticos. Sus seguidores se han contagiado de su discurso polarizante y violento. Y su concepto de quién es “rojo” es amplio: va de periodistas que lo molestan hasta el filósofo liberal Francis Fukuyama, quien dijo que Bolsonaro era una amenaza para la democracia.
Sus partidarios están haciendo de ese diagnóstico una realidad. Durante la campaña, protagonizaron al menos cincuenta ataques físicos por razones políticas. Bolsonaro dijo que no podía hacerse responsable por las acciones de quienes lo apoyan. Pero si no logra controlar ni a sus partidarios, ¿cómo va a solucionar la violencia de todo un país?

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Después de la victoria de Bolsonaro, una mujer sostiene un ataúd con las iniciales del Partido de los Trabajadores, del candidato perdedor, Fernando Haddad. CreditNacho Doce/Reuters

En su primer discurso como presidente electo, Bolsonaro pronunció una oración evangélica y prometió respetar la Constitución y los valores democráticos, pero no hizo un llamado poselectoral a la unidad nacional, como se esperaba. En cambio, imprimió a su discurso un giro que podría parecer irónico: “El pueblo brasileño ha entendido la verdad. Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, dijo citando un versículo de la Biblia. Esto sugiere que tendrá un gobierno a imagen y semejanza de la fórmula que le dio resultado durante la elección: polarizador, mentiroso y cargado de prejuicios raciales, sociales y sexuales. Es también probable que haga uso de la represión estatal, con un precio importante para las libertades individuales de los brasileños.
Así que quienes creemos que hay que rechazar el autoritarismo, debemos estar alerta en momentos de choque y escrutar en las razones y pretextos que Bolsonaro podría usar para justificar la fuerza. Frente a las mentiras, será indispensable defender la verdad y nunca ceder en nuestra indignación.



https://www.nytimes.com/es/2018/10/28/bolsonaro-presidente-brasil-autoritarismo/?rref=collection%2Fsectioncollection%2Fnyt-es

  • lunes, 29 de octubre de 2018

    Jair Bolsonaro: ¿Mesías o Mefistófeles?

    AMÉRICA LATINA

    Jair Bolsonaro: ¿Mesías o Mefistófeles?

    ¿"Misión de Dios" o pesadilla política? Después de la victoria electoral del ultraderechista Jair Messias Bolsonaro, el futuro de Brasil es incierto. Thomas Milz analiza los resultados desde Río de Janeiro.
    Brasilien Präsidentschaftskandidat Jair Bolsonaro (Getty Images/AFP/C. De Souza)
    Desde la victoria de Jair Bolsonaro a las 19:21 hora local del domingo (28.10.2021) ha comenzado una nueva era en Brasil. Normalmente, el ganador de las elecciones lo celebra con sus seguidores y envía un primer mensaje conciliador a la nación. Bolsonaro, en cambio, lo hizo en vivo a través de Facebook, donde primero citó la Biblia, luego juzgó duramente a la oposición de izquierda y finalmente él y sus seguidores rezaron frente a las cámaras de televisión. Bolsonaro agradeció a Dios y a sus médicos por la ayuda tras el ataque con cuchillo a principios del pasado septiembre. Ahora podrá continuar con su "misión de Dios". A través de sus grupos de WhatsApp se mostraron videos en los que se celebró la victoria del "Mesías".
    Corren nuevos tiempos. Que ahora Bolsonaro, quien anteriormente solo había llamado la atención por insultar a minorías y colegas, sea de pronto elegido presidente del país, se debe principalmente al estado catastrófico en el que se haya Brasil, después de años de crisis económica, gigantescos escándalos de corrupción y violencia fuera de control.
    Seguidores de Bolsonaro en Brasil.
    Los seguidores de Bolsonaro imitan sus gestos.
    Discurso belicista
    "Creo que Bolsonaro ha logrado la victoria por la decepción que siente una gran parte de la población con la política", analiza el politólogo Marco Aurélio Nogueira. "En la campaña electoral, él siempre atacó a la clase política y se presentó ante los votantes como opción al margen de la estructura política", añade.
    ¿Y también al margen del Estado de derecho? En sus 30 años de carrera política, el exmilitar alabó las atrocidades de la dictadura. Se debería haber matado a más opositores y no solo haberlos torturado, es solo una de sus controvertidas declaraciones. En la noche electoral, prometió defender la libertad, la democracia y la Constitución, pero siguió manteniendo el tono belicista. "Ya no podíamos coquetear con el socialismo, el comunismo y el populismo, como tampoco con el extremismo de izquierda", dijo Bolsonaro.
    La campaña electoral estuvo marcada por el uso masivo de las redes sociales y WhatsApp, desde donde se difundieron rumores, calumnias y noticias falsas. Según la Fundación Getúlio Vargas, el entorno de Bolsonaro difundió noticias falsas, por ejemplo, sobre urnas amañadas, que alcanzaron los 40 millones de clics en Youtube.
    Después de todo, "la experiencia en Brasil puede servir de lección", cree el sociólogo Marco Aurelio Ruediger, director del Centro de Análisis de Big Data DAPP de la Fundación Getúlio Vargas. De cara a otras elecciones, recomienda seguir el rastro del dinero para localizar a los fabricantes de noticias falsas. "Además, se deben configurar redes en universidades e institutos de investigación que muestren a la gente, de manera transparente, lo que es verdad y lo que no", dice Ruediger.
    Fernando Hadda, candidato del Partido de los Trabajadores (PT).
    Fernando Haddad, ¿demasiado dependiente de Lula?
    Dependiendo de Lula
    El politólogo Nogueira no cree que las noticias falsas fueran cruciales. "Más importante que los centros de distribución digital de rumores y noticias falsas fue la disposición de muchos votantes a difundirlos". Más bien, el Partido de los Trabajadores (PT) cometió graves errores estratégicos antes de la primera ronda. "Haddad dependía demasiado de Lula, por lo que no obtuvo el apoyo que de otra manera hubiera esperado", explica.
    Haddad esperaba un amplio "frente democrático" contra Bolsonaro después de la primera ronda de las elecciones generales, pero no fue así debido a que mucha gente estaba en contra de Lula. El PT tendría que haber apostado desde el principio por Haddad, cree Nogueira. "En el tramo final de la campaña, Haddad estaba mucho más comprometido y seguro de sí mismo, y cuanto más se separaba de Lula, mejor se sentía en una campaña adaptada a su perfil", aclara el politólogo.
    Brasil se encuentra ahora en una encrucijada. Bajo el PT, el país se había convertido en un pionero de los derechos de las minorías en el hemisferio sur. Bolsonaro está contra del aborto y de derechos especiales de las minorías, incluidas las cuotas universitarias para negros y pobres. Afirma que las escuelas y universidades deberían ser liberadas de "ideologías". Ya hubo un anticipo en los días previos a las elecciones cuando la policía intentó censurar conferencias y eventos en numerosas universidades. Sin embargo, el Tribunal Supremo reaccionó rápidamente y prohibió dichas acciones policiales.
    ¿Puede Bolsonaro actuar como mediador en un ambiente así? "Como persona, no está preparado para ello", dice Nogueira. "Pero uno puede esperar que su equipo lo controle y lo amolde un poco como hombre de Estado, porque si no funciona, el gobierno de Bolsonaro se verá amenazado con hundirse en la primera crisis en unos pocos meses", asegura el experto.
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    (rmr/er)

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    Los partidarios de Bolsonaro libran la guerra en la selva

    Los partidarios de Bolsonaro libran la guerra en la selva
    La mayoría en la frontera occidental fuertemente deforestada de Brasil apoyan a Jair Bolsonaro y sus promesas de progreso en lugar de protección
    por  en Porto Velho

    Imagen principal: Las encuestas muestran que Jair Bolsonaro cuenta con un 78% de apoyo en el estado de Rondônia, en el extremo deforestado deforestado, en la frontera occidental de Brasil. Fotografía: Imágenes ambientales / Grupo de imágenes universales / REX / Shutterstock

    El gruñido de una motosierra y el aullido de un motor de tractor en tensión fueron suficientes para atraer a los funcionarios del medio ambiente por un camino encallado hacia el bosque.
    En el claro al final del camino, tres madereros silenciaron sus máquinas y ofrecieron sus documentos. Dijeron que se les pagó en efectivo, casi cuatro veces el salario mensual mínimo brasileño de £ 200 ($ 258), para enviar hasta dos camiones por día de enormes troncos de madera dura.
    Y como la mayoría de las personas en el estado de Rondônia, en el extremo deforestado deforestado, en la frontera occidental de Brasil, están seguros de a quién votarán en la segunda vuelta electoral presidencial del domingo.
    “Tiene que ser Bolsonaro. Él nos apoya ", dijo Edivaldo da Silva, de 22 años.


    Las encuestas muestran que Jair Bolsonaro , el ex capitán de la extrema derecha, tiene un 78% de apoyo en Rondônia, dejando a su rival izquierdista Fernando Haddad en el polvo.
    En el Amazonas, Bolsonaro ha prometido progreso en lugar de protección.
    Y sus propuestas radicales - neutralizar a las agencias federales de medio ambiente, dar luz verde a lasrepresas hidroeléctricas destructivas , congelar la demarcación de las nuevas reservas indígenas y abrir las existentes a la minería - sonorizar con los votantes aquí, incluidos los que violan las leyes ambientales.


    Los madereros, los mineros de oro ilegales y los ocupantes ilegales en una reserva protegida dijeron al Guardian que votarán por Bolsonaro porque creen que les hará la vida más fácil.
    Los ambientalistas argumentan que los planes de Bolsonaro resultarán desastrosos para el Amazonas y 33 grupos no gubernamentales han advertido que sus propuestas representan “riesgos concretos e irreversibles” para los bosques, la biodiversidad e incluso la reputación de sus productores de agronegocios de Brasil.
    Los aliados de Bolsonaro desperdician tales preocupaciones. Su jefe de personal planeado y el candidato de su partido a gobernador de Rondônia criticaron la "interferencia" extranjera en el Amazonas y le dijeron al Guardian que tenían dudas sobre la ciencia del calentamiento global.
    Tales puntos de vista son comunes en un estado donde los pequeños propietarios dicen que son penalizados injustamente por violar las normas ambientales y argumentan que la responsabilidad por el cambio climático debe ser compartida a nivel mundial.

    Lucemar Kouchut conduce un envío de troncos.
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     Lucemar Kouchut conduce un envío de troncos. Fotografía: Dom Phillips

    Los tres madereros mostraron a los funcionarios de medio ambiente los documentos que, según dijeron, mostraban que su trabajo estaba autorizado bajo un plan que permitía el corte de árboles "sostenible".
    Pero los funcionarios concluyeron más tarde que los documentos se referían a otra parcela de tierra a 400 metros de distancia, no a esta área junto a un bosque protegido y una reserva indígena.
    Esta fue una estrategia común, dijo Sebastiana Almeida, ingeniera forestal de la agencia de desarrollo ambiental de Rondônia. "Con ese documento en sus manos, roban madera del área protegida o de la reserva indígena", dijo.
    La gente en Rondônia, el 43% de cuyo territorio ha sido deforestado, está de acuerdo en gran medida con dos cosas: que votarán por Bolsonaro y que el estado se está volviendo más y más seco.
    Los datos del gobierno respaldan eso. Las temperaturas medias anuales en la parte norte de Rondônia promediaron entre 26C-28C (79F-82F) en 2017, dos grados más que cinco años antes. La precipitación anual también ha caído en todo el estado.
    "El clima está confuso", dijo Wagner Matos, de 37 años, un conductor de Uber en su capital, Porto Velho, quien culpó a la deforestación.
    Pero el congresista Onyx Lorenzoni, el probable jefe de personal de Bolsonaro, niega que el calentamiento global sea un problema.
    "Hay cosas que son sólidas y otras que son ideológicas", dijo a The Guardian, antes de criticar a Greenpeace por inmiscuirse en el entorno brasileño. "Los brasileños estarán a cargo en el Amazonas, mi hermano, no los europeos".


    Otros aliados de Bolsonaro han pedido más industria en la Amazonía. El coronel João Chrisóstomo, un ingeniero retirado del ejército elegido como uno de los diputados federales del estado el 7 de octubre para el Partido Social Liberal de Bolsonaro (PSL), dijo que los militares deberían asfaltar sus caminos de tierra. "El medio ambiente no puede detener el desarrollo", dijo.
    Mejores caminos agradarían a los residentes de Rondônia como Sheila Barros, de 44 años, quien vive con su esposo pescador Adegilton Lopes, de 44 años, y sus dos hijos dentro de la reserva protegida de Lago do Cuniã.
    "No hay carretera, no hay manera de sacar nuestros productos", dijo. La reserva está a solo 70 km (43 millas) de Porto Velho, pero para llegar a ella se requieren horas de manejo en caminos de tierra, dos viajes en bote y un paseo en moto por un estrecho sendero forestal.

    "¿Dónde más hay tanta vegetación?", Dice la pescadora Mabel Lopes, residente de la reserva protegida Lago do Cuniã.
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     "¿Dónde más hay tanta vegetación?", Dice la pescadora Mabel Lopes, residente de la reserva protegida Lago do Cuniã. Fotografía: Dom Phillips

    Pero la historia de Amazon ha demostrado que los caminos pavimentados traen desarrollo y destrucción a reservas forestales como Lago do Cuniã, administrado por el Instituto Chico Mendes (ICMBio) del gobierno, que solo permite la pesca a pequeña escala y la agricultura sostenible para 400 residentes que viven al lado de una laguna majestuosamente hermosa. A caimanes y bandadas de pájaros.
    La pescadora Mabel Lopes, de 65 años, dijo que hasta que se creó la reserva en 1999, la laguna fue sobrepescada por forasteros. Hoy en día, dijo, hay un montón de peces. Asintiendo en el frondoso bosque, preguntó: "¿Dónde más hay tanta vegetación?"
    Bolsonaro previamente prometió retirar a Brasil del acuerdo climático de París, aunque el jueves dijo que cambió de opinión al retirarse del acuerdo.
    Sin embargo, se comprometió a poner fin al "activismo ambiental" de ICMBio y de la agencia ambiental Ibama, y ​​podría incluir al ministerio de medio ambiente en el ministerio de agricultura, cuyo jefe será elegido por el lobby de agronegocios.
    También ha prometido ayuda a los mineros artesanales conocidos como garimpeiros , algunos de los cuales trabajan ilegalmente, extraen lodo de los ríos del Amazonas en busca de oro, y en el proceso descargan toneladas de mercurio y envenenan las poblaciones de peces.


    En una tarde reciente, varias barcazas de madera del garimpeiro fueron amarradas en el río Madeira cerca del Lago do Cuniã. Dos hombres que manejaban las bombas a bordo de uno de los barcos admitieron que estaban trabajando ilegalmente y temieron las redadas de Ibama; luego dijeron que la promesa de Bolsonaro de traerles "dignidad y seguridad" había ganado sus votos.
    "Prometió que lo legalizaría, para que nosotros trabajemos", dijo Aroldo da Silva, de 53 años, dueño de la barca, mientras una tormenta azotaba el río. "Prometió cambios en la ley".
    Marcos Rocha, un coronel retirado de la policía del partido PSL de Bolsonaro que encabeza la votación para la segunda vuelta electoral del domingo para gobernador de Rondônia, también cree que los garimpeiros deben ser legalizados porque la gente necesita trabajar.

    La barcaza del garimpeiro de Aroldo da Silva.
     La barcaza del garimpeiro de Aroldo da Silva. Fotografía: Dom Phillips

    “Los garimpeiros y los madereros fueron las personas que comenzaron nuestro estado, pero hoy están marginados. Hay muchas personas en la pobreza ", dijo en una entrevista. "Queremos generar riqueza e ingresos para nuestro país".
    El Amazonas necesitaba "más industria", dijo, antes de sugerir que las elevaciones alarmantes de la temperatura del planeta podrían ser cíclicas y de origen natural.
    El actual gobernador del estado de Rondônia, Daniel Pereira, y su legislatura estatal están encerrados en un punto muerto judicial en 11 nuevas reservas forestales creadas por su antecesor y luego anuladas por los diputados estatales. Rocha se puso del lado de los legisladores y dijo que las personas que ocupan posiciones protegidas en reservas protegidas deben poder quedarse.
    Algunos de los ocupantes ilegales viven en Jaci Paraná, una reserva administrada por el gobierno estatal a unos 100 km (62 millas) de Porto Velho que solo permite la agricultura sostenible a pequeña escala por parte de miembros de una cooperativa. El ganado está prohibido, pero la reserva ha sido ampliamente deforestada por los ganaderos.
    La semana pasada, un grupo de funcionarios estatales del medio ambiente recorrió la reserva con una escolta policial armada. Se detuvieron en una granja de madera rodeada de ganado de pastoreo, donde Jessica da Silva, de 23 años, estaba sentada con sus dos hijos pequeños mientras su esposo, Alex dos Santos, cuidaba la manada.

    Un oficial de protección ambiental del estado de Rondônia, Nei Peres, observa una sección de tierras deforestadas en la reserva de Jaci Paraná.
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     Un oficial de protección ambiental del estado de Rondônia, Nei Peres, observa una sección de tierras deforestadas en la reserva de Jaci Paraná. Fotografía: Dom Phillips

    Da Silva dijo que no planeaba votar porque está registrada en otra ciudad, pero que su esposo votaría por Bolsonaro.
    Más abajo en el camino de tierra, pasaron junto a una motocicleta cuyo pasajero llevaba una motosierra en su regazo. Los oficiales agitaron la bicicleta y se acercaron, pero antes de que hubieran llegado muy lejos con sus preguntas, el pasajero corrió hacia la maleza. Uno de los oficiales disparó y el hombre fue devuelto con las esposas, pero más tarde fue liberado.
    Nadie presta mucha atención a las leyes ambientales aquí.
    Ednesio Diogo, de 51 años, y Jonas Dantas, de 22, estaban cocinando el almuerzo junto al marco de una casa de madera que estaban construyendo cuando llegaron los funcionarios.
    Diogo dijo que la casa era para su hijo, Wallan, de 21 años, quien recibió la tierra donde planeó criar ganado, plantar café y construir un vivero de peces.
    Cuando el oficial de protección ambiental Nei Peres les dijo a los hombres que estaban allí ilegalmente y que tendrían que irse, Diogo simplemente asintió. Ambos hombres dijeron que votarían por Bolsonaro.
    El sábado, los vehículos de Ibama fueron incendiados en Buritis, un día después de que los agentes de ICMBio en una misión de lucha contra la deforestación quedaran varados cuando los locales incendiaron un puente en Pará, otro estado del Amazonas.
    La nueva guerra de Brasil contra sus bosques y quienes los defienden ya ha comenzado.

    https://www.theguardian.com/world/2018/oct/24/bolsonaro-backers-wage-war-on-the-rainforest?CMP=share_btn_tw