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jueves, 16 de julio de 2026

El nuevo proyecto de ley de sanciones de EE. UU. apunta a las exportaciones de petróleo de Rusia y a su flota paralela.

El nuevo proyecto de ley de sanciones de EE. UU. apunta a las exportaciones de petróleo de Rusia y a su flota paralela.

Por el personal de RFE/RL - 15 de julio de 2026, 9:00 a. m. CDT

  • El proyecto de ley revisado sustituye el arancel del 500% propuesto anteriormente por aranceles de hasta el 100%, dirigidos principalmente a los mayores compradores de petróleo y gas rusos.
  • La legislación impondría amplias sanciones a funcionarios rusos, instituciones financieras, proyectos energéticos, oligarcas y la flota paralela utilizada para evadir las sanciones existentes.
  • Si bien la propuesta cuenta con un sólido apoyo bipartidista en el Senado, enfrenta críticas en la Cámara de Representantes por la cantidad de facultades arancelarias otorgadas al presidente.
Congreso de los Estados Unidos con bandera

El 14 de julio, un grupo bipartidista de senadores estadounidenses presentó la Ley de Sanciones a Rusia de 2026, dando a conocer un paquete revisado de sanciones y aranceles destinado a estrangular las finanzas bélicas de Moscú y a superar las preocupaciones que habían paralizado versiones anteriores de la legislación.

El proyecto de ley, que ha reunido a más de 26 copatrocinadores bipartidistas, y cuyos partidarios esperan que esa cifra aumente rápidamente, ha adquirido una mayor relevancia política tras la repentina muerte del senador Lindsey Graham de Carolina del Sur, uno de sus principales artífices, durante el fin de semana.

El líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, de Nueva York, pidió una votación inmediata en el pleno, diciendo que la legislación debería aprobarse "en honor a Lindsey", mientras que el líder de la mayoría en el Senado, John Thune, de Dakota del Sur, dijo que tenía "la esperanza de que podamos lograrlo".

Esta legislación representa la culminación de más de un año de negociaciones bipartidistas, y Graham anunció apenas un día antes de su muerte que los legisladores habían llegado a un acuerdo con la Casa Blanca sobre disposiciones clave después de meses de discusiones.

Según sus colegas, Graham había regresado de Ucrania poco antes de su muerte y había hablado con el presidente estadounidense Donald Trump sobre el paquete de sanciones, expresando optimismo de que la administración finalmente lo respaldaba.

«Estaba absolutamente eufórico», dijo el senador demócrata Richard Blumenthal de Connecticut, principal socio demócrata de Graham en el proyecto de ley, refiriéndose a su última conversación. «Nunca lo había oído tan exuberante».

Blumenthal afirmó que apoya que la legislación lleve el nombre de Graham, calificándolo como "parte de su legado".

El proyecto de ley centra su atención en los principales compradores de energía rusa.

La legislación revisada modifica sustancialmente una propuesta anterior que había suscitado críticas por parte de legisladores y aliados de Estados Unidos debido a la amplitud de sus disposiciones arancelarias.

En lugar de imponer un arancel general del 500 por ciento a los países que compran energía rusa, la nueva versión autoriza aranceles de hasta el 100 por ciento dirigidos a los cinco principales compradores de petróleo y gas natural rusos, un grupo que, según sus promotores, incluye a China e India.

La legislación también establece exenciones para los países que importan menos del 15 por ciento de las exportaciones anuales de gas natural de Rusia, siempre que estén tomando "medidas significativas" para reducir su dependencia de la energía rusa.

Según sus partidarios, los cambios estaban diseñados para reducir las consecuencias económicas no deseadas para los aliados de Estados Unidos, al tiempo que se mantenía la presión sobre la fuente de ingresos más importante del Kremlin.

"La gran mayoría de los ingresos de Rusia, en particular los que se utilizan para financiar su guerra de agresión en Ucrania, provienen de sus exportaciones de petróleo y gas rusos", dijo un asesor del Senado, describiendo la legislación como específicamente diseñada para atacar a ese sector.

Además de los aranceles, el proyecto de ley contempla sanciones en un plazo de 30 días a partir de su entrada en vigor contra el presidente ruso Vladimir Putin, altos dirigentes políticos y militares, empresas estatales, instituciones financieras, proyectos energéticos, oligarcas y empresas extranjeras que apoyan la base industrial de defensa de Rusia.

También amplía las sanciones contra la denominada "flota en la sombra" rusa, compuesta por petroleros viejos y con bandera cambiada, utilizados para eludir las restricciones existentes a las exportaciones de energía rusas.

En comparación con las versiones anteriores, la nueva legislación también elimina la cláusula que condicionaba las sanciones a la participación de Rusia en las negociaciones de paz, convirtiendo muchas de las penas en obligatorias.

La flexibilidad de la Casa Blanca sigue siendo un compromiso fundamental.

Un elemento clave de las negociaciones con la administración Trump se centró en preservar la flexibilidad presidencial.

El proyecto de ley revisado otorga al presidente la autoridad para eximir de sanciones en determinadas circunstancias, lo que refleja la preocupación de la Casa Blanca de que el poder ejecutivo conserve margen de maniobra para actuar cuando ello sirva a los intereses nacionales de Estados Unidos.

Al mismo tiempo, los negociadores demócratas consiguieron disposiciones de supervisión más estrictas que obligan a la administración a notificar al Congreso y justificar cualquier exención de sanciones.

El acuerdo se alcanzó tras meses de negociaciones en las que participaron Graham, Blumenthal, la senadora demócrata Jeanne Shaheen de New Hampshire y altos funcionarios de la administración, incluido el secretario del Tesoro, Scott Bessent.

El 14 de julio, Trump afirmó que la legislación tenía "buenas posibilidades" de ser aprobada, aunque sugirió añadir sanciones contra Irán y Hezbolá. Blumenthal se opuso a reanudar las negociaciones, argumentando que el proyecto de ley ya contaba con la aprobación de la Casa Blanca y debía seguir adelante sin más modificaciones.

Los partidarios ven presión sobre la maquinaria de guerra del Kremlin.

Los partidarios de la ley argumentan que esta ataca directamente la base financiera de la invasión rusa de Ucrania, al menos en detrimento de los ingresos procedentes de las exportaciones de petróleo y gas.

“Si el Kremlin puede financiar su maquinaria de guerra mediante la venta de petróleo y gas, podrá seguir adelante”, dijo Shaheen. “Detendrá esas compras. Dejará claro que esas compras tienen un coste real”.

Blumenthal describió la propuesta como la imposición de "sanciones demoledoras" a Rusia y sus partidarios, mientras que la senadora republicana Katie Britt de Alabama dijo que Graham creía que la medida se convertiría en "lo más trascendental" que lograría durante su carrera en el Senado.

Los senadores que viajaron con Graham a Ucrania la semana pasada dijeron que él consideraba la legislación como un punto de inflexión que podría fortalecer la posición de Kiev tanto en el campo de batalla como en cualquier negociación de paz futura.

Daniel Fried, ex subsecretario de Estado estadounidense para Europa y Eurasia, que trabajó bajo siete administraciones, afirmó que la mayor fortaleza de la legislación revisada reside en su mayor enfoque en las exportaciones energéticas rusas.

"La disposición más contundente es el artículo 113, dirigido contra las exportaciones rusas de petróleo y gas", declaró Fried a RFE/RL.

“Esa sección es más práctica que la versión original, pero su implementación podría resultar complicada. Aun así, su aprobación podría ser beneficiosa en el momento oportuno: presionar a Rusia para que ponga fin a la guerra.”

La oposición en la Cámara destaca el primer obstáculo legislativo.

A pesar del amplio respaldo del Senado, la propuesta enfrenta críticas en la Cámara de Representantes.

El representante Gregory Meeks de Nueva York, el principal demócrata de la Cámara de Representantes en materia de política exterior, argumentó que la legislación otorga a Trump una autoridad arancelaria excesiva en lugar de imponer sanciones automáticas contra Moscú.

"Esto no es tanto un proyecto de ley de sanciones como una enorme autorización encubierta para que el presidente Trump imponga más aranceles, incluso a nuestros aliados europeos", dijo Meeks.

Advirtió que las sanciones, en última instancia, quedan sujetas a la discreción presidencial e instó a los legisladores a impulsar una legislación bipartidista basada en la Ley de Apoyo a Ucrania aprobada por la Cámara de Representantes a principios de este año.

Las críticas ponen de manifiesto que, si bien los partidarios del proyecto de ley en el Senado creen estar cerca de conseguir los votos suficientes, aún podría enfrentarse a un debate importante antes de llegar al despacho de Trump.

Sin embargo, Blumenthal expresó su confianza en que el proyecto de ley está cerca de ser aprobado.

“Este proyecto de ley se ha negociado durante casi dos años, con mucho esfuerzo y, a veces, con dificultades”, dijo. “Creo que tenemos los votos”.

Por RFE/RL https://oilprice.com/Energy/Energy-General/New-US-Sanctions-Bill-Targets-Russias-Oil-Exports-and-Shadow-Fleet.html

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viernes, 10 de julio de 2026

Cómo esconderse de los drones asesinos

The economist

Cómo esconderse de los drones asesinos

En la guerra de Ucrania, las tácticas anti-IA están produciendo formas extrañas de camuflaje

Por The Economist | 10 Jul, 2026 01:39 a. m. EST

Ilustración: The Economist/Exilenova+
Ilustración: The Economist/Exilenova+

En los últimos meses, los camiones militares rusos en Ucrania han comenzado a lucir un llamativo esquema de colores con franjas blancas y negras intensas. Como camuflaje, no resulta muy efectivo contra la vista humana. Pero claro, no pretende engañar a la vista humana. Su objetivo es frustrar los sistemas de visión artificial instalados en los drones ucranianos que sobrevuelan los campos de batalla en busca de presas.

Las franjas recuerdan al camuflaje deslumbrante utilizado por la Marina Real Británica en la Primera Guerra Mundial. Pero mientras que el camuflaje deslumbrante tenía como objetivo disimular la silueta de un barco, dificultando así calcular su velocidad y rumbo, la nueva variante pretende engañar a las máquinas haciéndoles creer que un camión no es, en realidad, un camión.

La visión artificial se basa en el reconocimiento de patrones. Un modelo se entrena exponiéndolo a imágenes, algunas de las cuales contienen camiones (o tanques, o aviones) y otras no. Tras incontables exposiciones, el ordenador deduce reglas que le permiten identificar aquello que sus entrenadores quieren enseñarle. Dado que es improbable que aparezcan camiones con franjas de cebra en los datos de entrenamiento, explica Todd Humphreys, ingeniero de la Universidad de Texas en Austin, una IA que se encuentre con uno en el mundo real podría no darse cuenta de lo que está viendo.

Las computadoras suelen basarse en características muy específicas para reconocer un objeto. Esto genera un problema conocido como “fragilidad”, en el que pequeñas variaciones pueden provocar clasificaciones erróneas extrañas. Los “ejemplos adversarios”, diseñados para explotar las peculiaridades de la visión artificial, existen desde hace años. Uno de ellos, desarrollado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts en 2017, presentaba una tortuga de plástico. Engañada por el patrón de su caparazón, una computadora la clasificó erróneamente como un rifle. En otro proyecto, los investigadores crearon pegatinas que, al colocarse en las carreteras, provocaban que el software de conducción autónoma de un Tesla se desviara hacia el carril contrario.

El Dr. Humphreys afirma que los esfuerzos para contrarrestar la visión artificial en el conflicto de Ucrania se basan en el mismo principio: ocultar las características esperadas con otras inesperadas. Se han observado aviones rusos estacionados con filas de neumáticos viejos en sus alas para confundir el software de reconocimiento de imágenes de los drones. Algunos drones rusos también cuentan ahora con su propio camuflaje deslumbrante, presumiblemente para dificultar su identificación por parte de los drones interceptores ucranianos.

Es probable que estas tácticas se vuelvan más comunes. Actualmente, la mayoría de los drones de combate todavía son operados a distancia por un operador humano, quien difícilmente se dejará engañar por las marcas. Pero a medida que los drones se multipliquen —Ucrania tiene como objetivo producir 10 millones este año— y la tecnología mejore, la IA asumirá una mayor parte del trabajo.

El resultado probable será una carrera armamentística que enfrentará a sistemas de visión artificial cada vez más sofisticados contra métodos cada vez más ingeniosos para engañarlos. La ventaja de cualquier patrón de camuflaje en particular probablemente sea temporal. Después de todo, una vez que los camiones con rayas de cebra sean lo suficientemente comunes, comenzarán a aparecer en los datos de entrenamiento y los modelos comenzarán a verlos como lo que realmente son. Un portavoz de Brave1, una rama del gobierno ucraniano que busca acelerar la tecnología militar, reconoció que los rusos se estaban adaptando, pero afirmó que Ucrania se estaba adaptando más rápido.

© 2026, The Economist Newspaper Limited. All rights reserved.

https://www.infobae.com/economist/2026/07/10/como-esconderse-de-los-drones-asesinos/

miércoles, 27 de mayo de 2026

Confianza que se construye, competitividad que se sostiene

Presidente AbinaderOPINIÓN | Confianza que se construye, competitividad que se sostiene

El reconocimiento del sector empresarial a los avances de la República Dominicana en manufactura, exportaciones, logística, energía, turismo e inversión extranjera invita a una reflexión más amplia: el desarrollo duradero no depende de consignas, sino de instituciones estables, acuerdos nacionales, productividad creciente y una visión compartida de futuro.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

La intervención del presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP), Celso Juan Marranzini, en el marco del 63.º aniversario de esa organización y del Día Nacional de la Empresa Privada, no debe leerse únicamente como una valoración coyuntural de la economía dominicana. Debe asumirse, más bien, como una señal de que el país ha logrado consolidar ciertas bases que hoy le permiten ser observado con interés en una región donde el crecimiento se ha vuelto más lento, la productividad más débil y la incertidumbre más persistente. El señalamiento de avances en manufactura, exportaciones, infraestructura logística, energía, turismo e inversión extranjera coloca sobre la mesa un hecho significativo: la República Dominicana ha construido un perfil económico más robusto, diversificado y visible en el escenario regional. 

Esa percepción no surge por casualidad. Cuando el liderazgo empresarial habla de estabilidad, capacidad productiva, diversificación y confianza internacional, está identificando elementos que, en la práctica, son decisivos para atraer inversión, sostener empleo y ampliar oportunidades. En economías pequeñas y abiertas como la dominicana, la credibilidad es un activo tan importante como la infraestructura o el capital. Un país puede tener ubicación estratégica, acceso preferencial a mercados o una demografía favorable, pero si no ofrece previsibilidad, normas claras y capacidad de ejecución, esas ventajas se diluyen. Por eso, la confianza no debe entenderse como una abstracción retórica, sino como el resultado de años de acumulación institucional, de aprendizaje económico y de coordinación entre actores que comprenden que el desarrollo no se decreta: se construye.

El contexto internacional refuerza aún más la importancia de esa lectura. En su discurso, Marranzini vinculó el posicionamiento dominicano con las transformaciones que atraviesa la economía global, desde la reorganización de las cadenas de suministro hasta el auge de nuevas industrias y la creciente competencia por atraer capital productivo. También participaron en la actividad el presidente Luis Abinader e Ian Bremmer, fundador de Eurasia Group, en una señal de que el debate económico nacional ya no puede separarse del entorno geopolítico que redefine mercados, alianzas y prioridades productivas. La República Dominicana no compite solo con sus vecinos; compite con todos los destinos que hoy intentan mostrarse como plazas seguras, eficientes y estratégicas para producir, exportar e innovar. En ese tablero, la ventaja no se obtiene únicamente por costo, sino por confianza, agilidad y capacidad para anticipar el cambio. 

En ese sentido, resulta especialmente revelador que se destaque al país como una economía observada con interés por centros de análisis internacionales. El Harvard Growth Lab proyecta a la República Dominicana entre las economías con mayor potencial de crecimiento del PIB real y del ingreso per cápita en la próxima década, al punto de ubicarla como la única nación de América Latina y el Caribe dentro de los primeros lugares del ranking global de crecimiento per cápita para el período 2024-2034. Esa proyección, difundida por distintos medios y sustentada en el Atlas of Economic Complexity, no constituye una garantía automática de éxito, pero sí valida que el país dispone de capacidades productivas y de una base económica diversificada que pueden sostener un desempeño superior al promedio regional. 

Ahora bien, toda buena noticia económica debe ser leída con sentido de realidad. Si algo muestran las experiencias internacionales es que el crecimiento proyectado puede frustrarse cuando no se enfrenta a tiempo aquello que limita la productividad. Y justamente ahí reside uno de los puntos más valiosos del mensaje empresarial: no hubo complacencia. Junto al reconocimiento de avances, también se señalaron desafíos estructurales como la informalidad, el sistema eléctrico, el ordenamiento territorial y la necesidad de fortalecer la educación en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas. Es decir, se valoró lo alcanzado, pero sin perder de vista que la sostenibilidad del progreso dependerá de la capacidad de corregir debilidades históricas que todavía restringen la competitividad nacional y limitan la incorporación de más ciudadanos a la economía formal. 

Esa combinación entre reconocimiento y exigencia debería asumirse como una actitud saludable para el debate público. A veces, los países se estancan no porque les falte potencial, sino porque sustituyen la planificación por la improvisación o el consenso por la confrontación. El vicepresidente ejecutivo del CONEP, César Dargam, insistió en que el desarrollo dominicano ha sido posible porque distintas generaciones decidieron creer, invertir, arriesgar y apostar por un país aún en construcción, y subrayó que los grandes saltos al desarrollo no se logran desde la confrontación entre sectores, sino desde acuerdos nacionales, visión compartida e instituciones que funcionen. Esa idea merece ser resaltada: el progreso durable exige cooperación social, no uniformidad ideológica; exige reglas, continuidad y prioridades comunes, aunque existan diferencias legítimas en el debate. 

Hay, además, un aspecto que conviene subrayar con énfasis: el sector privado no es una realidad abstracta ni una consigna de élites. Cuando se afirma que su composición incluye pequeños negocios, jóvenes emprendedores, agricultores, industriales, comerciantes y profesionales independientes, y que en conjunto genera la mayor parte del PIB, de la inversión y del empleo, se está recordando que el tejido productivo es, en realidad, una expresión concreta de la sociedad trabajando. Marranzini afirmó que el sector privado representa el 85 % del PIB, el 90 % de las inversiones y el 86 % de los empleos del país. Más allá de la cifra puntual, el mensaje de fondo es claro: la defensa de un entorno propicio para producir, emprender e innovar no debe verse como un interés sectorial aislado, sino como una condición necesaria para multiplicar oportunidades en toda la estructura social. 

Desde esa perspectiva, el concepto de institucionalidad adquiere una dimensión mucho más concreta. No se trata solo de respetar leyes o mantener formas administrativas; se trata de crear condiciones estables para que la inversión llegue, el talento se forme, la innovación se expanda y la productividad mejore. Un país institucionalmente confiable es aquel en el que los proyectos avanzan con reglas claras, donde las políticas sobreviven a los ciclos, donde el capital humano encuentra caminos de ascenso y donde el Estado y el sector productivo pueden dialogar sin sospechas permanentes. Esa es, probablemente, una de las claves del momento dominicano: entender que la competitividad no nace solo en el mercado, sino también en la calidad de las instituciones que organizan la vida económica y en la seriedad con que se ejecutan las prioridades nacionales.

La República Dominicana parece estar ante una oportunidad histórica. Tiene sectores dinámicos, una ubicación estratégica, un empresariado que reconoce fortalezas pero también reclama reformas, y una sociedad que ha demostrado resiliencia y capacidad de trabajo. Sin embargo, ninguna oportunidad se convierte por sí sola en bienestar. Para que el crecimiento proyectado se transforme en progreso tangible, será indispensable traducir la confianza en empleos de calidad, la inversión en encadenamientos productivos, la modernización en inclusión y la estabilidad en movilidad social. Ahí radica el verdadero desafío nacional. No basta con ser vistos como una economía prometedora; hace falta consolidarse como una nación capaz de convertir esa promesa en prosperidad compartida, con visión de largo plazo, sentido institucional y la convicción de que el desarrollo, cuando se construye sobre acuerdos y productividad, deja de ser una aspiración para convertirse en destino.

Si desea, también puedo prepararle ahora una versión más periodística, una columna de 7 párrafos, o una adaptación para prensa digital y redes sociales.

🇩🇴📈 República Dominicana fortalece su crecimiento y atrae más inversiones
El sector privado reconoce los avances del país en áreas clave como manufactura, exportaciones, energía, turismo e infraestructura logística 💼⚙️🌍. La estabilidad, la diversificación económica y la… pic.twitter.com/qTa99Zl1mb

— Orlando Díaz, Luis (@LuisOrlandoDia1) May 27, 2026
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EDITORIAL | Institucionalidad, competitividad y confianza: señales de una economía que busca consolidarse

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

El reconocimiento expresado por el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) sobre los avances de la República Dominicana en manufactura, exportaciones, infraestructura logística, energía, turismo e inversión extranjera coloca sobre la mesa una realidad que merece ser observada con rigor: el país continúa proyectándose como una de las economías más dinámicas del entorno regional. En un contexto latinoamericano marcado por bajo crecimiento, rezagos de productividad e incertidumbre internacional, que el sector empresarial destaque la estabilidad, la diversificación y la confianza como activos nacionales no es un dato menor, sino una señal de madurez institucional y de capacidad de adaptación económica.

Más allá del valor simbólico del pronunciamiento, lo relevante es el fondo. Cuando el empresariado reconoce mejoras en áreas estratégicas, está validando condiciones que inciden directamente sobre la decisión de invertir, expandirse y generar empleo. La competitividad de una nación no depende únicamente de sus indicadores macroeconómicos, sino de la articulación entre infraestructura, seguridad jurídica, capacidad logística, disponibilidad energética, capital humano y visión de largo plazo. En ese sentido, la República Dominicana ha venido construyendo una narrativa de confiabilidad que, bien administrada, puede traducirse en mayores oportunidades productivas y en una inserción más inteligente dentro de las cadenas globales de valor.

El énfasis de CONEP en la relación estratégica con los Estados Unidos también refleja una comprensión acertada del momento internacional. La reorganización del comercio global, el rediseño de las cadenas de suministro y la búsqueda de destinos más cercanos, estables y eficientes para la inversión están abriendo espacios concretos para economías como la dominicana. Sectores como dispositivos médicos, manufactura especializada, logística, agroindustria avanzada y servicios tecnológicos pueden encontrar en este nuevo escenario una plataforma de expansión, siempre que el país continúe fortaleciendo sus condiciones estructurales y su capacidad para responder con rapidez a la demanda internacional.

Sin embargo, ningún reconocimiento debe conducir a la autocomplacencia. El propio planteamiento empresarial identifica desafíos que siguen siendo determinantes: la informalidad, el sistema eléctrico, el ordenamiento territorial y la necesidad de elevar la calidad de la educación, especialmente en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas. Es decir, el país exhibe fortalezas evidentes, pero su sostenibilidad dependerá de la capacidad de transformar esas ventajas en una agenda de reformas continuas. Crecer no basta; también es necesario elevar productividad, reducir brechas, fortalecer instituciones y ampliar el acceso de más ciudadanos a los beneficios del desarrollo.

Hay otro punto medular que no debe perderse de vista: el sector privado no actúa en abstracto. Como recordó la dirigencia empresarial, detrás de la actividad productiva están los pequeños negocios, los jóvenes emprendedores, los agricultores, los industriales, los comerciantes y los profesionales que dinamizan la economía real. Esa afirmación introduce una idea central para cualquier visión moderna de desarrollo: la empresa no es solo una unidad de rentabilidad, sino también un vehículo de movilidad social, innovación y generación de oportunidades. Por eso, promover un entorno favorable para la libre iniciativa, dentro de reglas claras e instituciones sólidas, forma parte de una arquitectura democrática orientada al progreso.

Del mismo modo, el llamado a construir consensos nacionales merece una lectura estratégica. Las economías que logran saltos cualitativos no lo hacen únicamente por acumulación de capital o apertura comercial, sino por la existencia de acuerdos básicos entre Estado, sector privado y sociedad. La experiencia comparada demuestra que el desarrollo duradero necesita continuidad, coordinación y confianza entre actores. Cuando el debate público se concentra en lo esencial —educación, productividad, institucionalidad, innovación, formalización y competitividad— se crean mejores condiciones para avanzar sin que cada coyuntura interrumpa el horizonte nacional.

La República Dominicana parece estar ante una oportunidad que no debe desperdiciar. La confianza internacional, el interés inversor, el posicionamiento logístico y la resiliencia de su tejido productivo son activos importantes, pero su verdadero valor radica en la capacidad de traducirlos en bienestar tangible, empleos de calidad, mayor formalidad y crecimiento más inclusivo. El reconocimiento del empresariado, por tanto, no debe leerse solo como un respaldo coyuntural, sino como un recordatorio de que el país dispone de bases reales para consolidar su ascenso, siempre que mantenga el rumbo de la institucionalidad, el diálogo y la visión estratégica.

#GuasábaraEditor

Conep reconoce acciones del Gobierno para fortalecer el crecimiento económico y atracción de inversiones

Destacó, además, la confianza internacional y los avances alcanzados por la República Dominicana en áreas estratégicas.

Conep reconoce acciones del Gobierno para fortalecer el crecimiento económico y atracción de inversiones

27 de Mayo 2026 | 14:26 | Institucionalidad

Presidente Abinader

Santo Domingo.– El presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep), Celso Juan Marranzini, destacó este miércoles los avances que ha consolidado la República Dominicana en áreas estratégicas como manufactura, exportaciones, infraestructura logística, energía, turismo e inversión extranjera, al tiempo que reconoció los esfuerzos del gobierno del presidente Luis Abinader para continuar fortaleciendo la competitividad nacional y la relación estratégica con los Estados Unidos.

Durante su intervención, Marranzini afirmó que el país ha logrado posicionarse de manera diferenciada en América Latina gracias a su estabilidad, diversificación económica, capacidad productiva y confianza internacional.

Marranzini habló en estos términos en el marco de la celebración del 63. ° aniversario del Conep y el Día Nacional de la Empresa Privada, que contó con la participación del presidente Luis Abinader y del conferencista internacional Ian Bremmer, presidente y fundador de Eurasia Group, quien analizó las tendencias que están redefiniendo el orden internacional y sus implicaciones para países como la República Dominicana.

“Pero antes de mirar hacia afuera, conviene reconocer lo que la República Dominicana ha sido capaz de consolidar desde hace décadas. Lo vemos en nuestra manufactura, en exportaciones cada vez más diversificadas, en una infraestructura logística que nos conecta con el mundo, en una matriz energética más moderna y en niveles históricos de inversión extranjera que reflejan la confianza internacional en nuestro país”, manifestó Marranzini.

Asimismo, sostuvo que mientras gran parte de América Latina enfrenta una etapa de bajo crecimiento, la República Dominicana continúa destacándose por su capacidad de generar confianza y crecimiento sostenido.

“Y al observar esos avances, debemos reconocer que mientras América Latina enfrenta una trampa de bajo crecimiento marcada por el estancamiento de su productividad, el mundo sigue mirando a la República Dominicana de una manera distinta. Y eso no ocurre por casualidad. Ocurre porque el país ha logrado construir estabilidad, diversificación económica, capacidad productiva y confianza”, expresó.

El presidente del Conep indicó además que organismos internacionales como el Harvard Growth Lab proyectan a la República Dominicana entre las economías con mayor potencial de crecimiento de capital per cápita durante la próxima década, siendo la única nación de América Latina y el Caribe incluida en ese grupo.

En ese sentido, reconoció los esfuerzos que ha venido realizando el gobierno del presidente Luis Abinader para seguir fortaleciendo la relación estratégica con los Estados Unidos, principal socio comercial del país, y aprovechar las oportunidades que surgen de la reorganización de las cadenas globales de suministro y del crecimiento de industrias como dispositivos médicos, manufactura especializada y servicios tecnológicos.

Marranzini afirmó que el sector privado ha sido un actor fundamental en la transformación económica, institucional y social de la República Dominicana desde la fundación del gremio hace 63 años y agregó que no es un grupo aislado de la sociedad, sino que representa a millones de dominicanos que trabajan, emprenden, innovan y generan oportunidades para el desarrollo del país.

Indicó que el sector privado está conformado por pequeños negocios, jóvenes emprendedores, agricultores, industriales, comerciantes y profesionales independientes que, en conjunto, generan el 85 % del producto interno bruto (PIB), el 90 % de las inversiones y el 86 % de los empleos de la República Dominicana.

Asimismo, sostuvo que la libre empresa representa el derecho de cada ciudadano a transformar su esfuerzo en progreso y aseguró que el Conep nació precisamente para defender esa libertad y promover una sociedad democrática, abierta e institucional.

Marranzini consideró necesario impulsar reformas orientadas a mejorar la competitividad nacional, incluyendo el fortalecimiento de la educación en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, así como enfrentar desafíos estructurales relacionados con la informalidad, el sistema eléctrico y el ordenamiento territorial. “Y justamente por eso, iniciativas como la Estrategia Nacional de Desarrollo y Meta-RD 2036 adquieren tanta relevancia”, indicó.

Finalmente, el presidente del Conep expresó que el principal activo de la República Dominicana es su gente, a la que definió como una población joven, trabajadora, resiliente y con gran capacidad de aprendizaje, al tiempo que llamó a construir consensos nacionales que permitan al país convertirse en una de las economías más dinámicas y prósperas de América Latina.

Oportunidades para todos los ciudadanos 

El vicepresidente ejecutivo del Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep), César Dargam, aseguró que el futuro de la República Dominicana debe seguir construyéndose sobre la esperanza, la confianza y la capacidad de generar oportunidades para todos los ciudadanos.

Aseguró que el desarrollo del país ha sido posible gracias a generaciones que apostaron por el crecimiento nacional y mantuvieron la fe en el futuro. “La República Dominicana moderna no nació por accidente, sino que fue construida por generaciones que decidieron creer, invertir, arriesgar y apostar por un país que todavía estaba en construcción”, expresó.

Dargam afirmó que promover la iniciativa privada y la libertad de empresa no significa defender intereses particulares, sino impulsar oportunidades capaces de transformar vidas y reiteró que los países que han logrado dar el salto al desarrollo no lo han hecho mediante la confrontación entre sectores, sino a través de acuerdos nacionales, visión compartida, instituciones que funcionan y una sociedad capaz de coincidir en lo esencial, incluso en medio de sus diferencias.

El vicepresidente ejecutivo del Conep aseguró que la República Dominicana ha demostrado en distintas etapas de su historia su capacidad de avanzar cuando apuesta por sí misma. “Cuando una sociedad logra multiplicar esa convicción millones de veces, entonces comienza a transformar su realidad y construir un mejor futuro para todos”. 

En la actividad acompañaron al presidente, los presidentes, del Senado, Ricardo de los Santos; de la Cámara de Diputados, Alfredo Pacheco; los ministros de Relaciones Exteriores, Roberto Álvarez; de Trabajo, Eddy Olivares;  de Educación, Luis Miguel De Camps; de Industria, Comercio y Mipymes, Eduardo Sanz Lovatón; de Vivienda, Hábitat y Edificaciones, Víctor “Ito” Bisonó; de Cultura, Roberto Ángel Salcedo; de Agricultura, Oliverio Espaillat; de Administración Pública, Sigmund Freund; de Energía y Minas, Joel Santos, y de Justicia, Antoliano Peralta, entre otros.

https://presidencia.gob.do/noticias/conep-reconoce-acciones-del-gobierno-para-fortalecer-el-crecimiento-economico-y-atraccion

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EDITORIAL

Institucionalidad, competitividad y confianza: señales de una economía que busca consolidarse

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

El reconocimiento expresado por el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) sobre los avances de la República Dominicana en manufactura, exportaciones, infraestructura logística, energía, turismo e inversión extranjera coloca sobre la mesa una realidad que merece ser observada con rigor: el país continúa proyectándose como una de las economías más dinámicas del entorno regional. En un contexto latinoamericano marcado por bajo crecimiento, rezagos de productividad e incertidumbre internacional, que el sector empresarial destaque la estabilidad, la diversificación y la confianza como activos nacionales no es un dato menor, sino una señal de madurez institucional y de capacidad de adaptación económica.

Más allá del valor simbólico del pronunciamiento, lo relevante es el fondo. Cuando el empresariado reconoce mejoras en áreas estratégicas, está validando condiciones que inciden directamente sobre la decisión de invertir, expandirse y generar empleo. La competitividad de una nación no depende únicamente de sus indicadores macroeconómicos, sino de la articulación entre infraestructura, seguridad jurídica, capacidad logística, disponibilidad energética, capital humano y visión de largo plazo. En ese sentido, la República Dominicana ha venido construyendo una narrativa de confiabilidad que, bien administrada, puede traducirse en mayores oportunidades productivas y en una inserción más inteligente dentro de las cadenas globales de valor.

El énfasis de CONEP en la relación estratégica con los Estados Unidos también refleja una comprensión acertada del momento internacional. La reorganización del comercio global, el rediseño de las cadenas de suministro y la búsqueda de destinos más cercanos, estables y eficientes para la inversión están abriendo espacios concretos para economías como la dominicana. Sectores como dispositivos médicos, manufactura especializada, logística, agroindustria avanzada y servicios tecnológicos pueden encontrar en este nuevo escenario una plataforma de expansión, siempre que el país continúe fortaleciendo sus condiciones estructurales y su capacidad para responder con rapidez a la demanda internacional.

Sin embargo, ningún reconocimiento debe conducir a la autocomplacencia. El propio planteamiento empresarial identifica desafíos que siguen siendo determinantes: la informalidad, el sistema eléctrico, el ordenamiento territorial y la necesidad de elevar la calidad de la educación, especialmente en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas. Es decir, el país exhibe fortalezas evidentes, pero su sostenibilidad dependerá de la capacidad de transformar esas ventajas en una agenda de reformas continuas. Crecer no basta; también es necesario elevar productividad, reducir brechas, fortalecer instituciones y ampliar el acceso de más ciudadanos a los beneficios del desarrollo.

Hay otro punto medular que no debe perderse de vista: el sector privado no actúa en abstracto. Como recordó la dirigencia empresarial, detrás de la actividad productiva están los pequeños negocios, los jóvenes emprendedores, los agricultores, los industriales, los comerciantes y los profesionales que dinamizan la economía real. Esa afirmación introduce una idea central para cualquier visión moderna de desarrollo: la empresa no es solo una unidad de rentabilidad, sino también un vehículo de movilidad social, innovación y generación de oportunidades. Por eso, promover un entorno favorable para la libre iniciativa, dentro de reglas claras e instituciones sólidas, forma parte de una arquitectura democrática orientada al progreso.

Del mismo modo, el llamado a construir consensos nacionales merece una lectura estratégica. Las economías que logran saltos cualitativos no lo hacen únicamente por acumulación de capital o apertura comercial, sino por la existencia de acuerdos básicos entre Estado, sector privado y sociedad. La experiencia comparada demuestra que el desarrollo duradero necesita continuidad, coordinación y confianza entre actores. Cuando el debate público se concentra en lo esencial —educación, productividad, institucionalidad, innovación, formalización y competitividad— se crean mejores condiciones para avanzar sin que cada coyuntura interrumpa el horizonte nacional.

La República Dominicana parece estar ante una oportunidad que no debe desperdiciar. La confianza internacional, el interés inversor, el posicionamiento logístico y la resiliencia de su tejido productivo son activos importantes, pero su verdadero valor radica en la capacidad de traducirlos en bienestar tangible, empleos de calidad, mayor formalidad y crecimiento más inclusivo. El reconocimiento del empresariado, por tanto, no debe leerse solo como un respaldo coyuntural, sino como un recordatorio de que el país dispone de bases reales para consolidar su ascenso, siempre que mantenga el rumbo de la institucionalidad, el diálogo y la visión estratégica.

#GuasábaraEditor

OPINIÓN | Confianza que se construye, competitividad que se sostiene

El reconocimiento del sector empresarial a los avances de la República Dominicana en manufactura, exportaciones, logística, energía, turismo e inversión extranjera invita a una reflexión más amplia: el desarrollo duradero no depende de consignas, sino de instituciones estables, acuerdos nacionales, productividad creciente y una visión compartida de futuro.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

La intervención del presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP), Celso Juan Marranzini, en el marco del 63.º aniversario de esa organización y del Día Nacional de la Empresa Privada, no debe leerse únicamente como una valoración coyuntural de la economía dominicana. Debe asumirse, más bien, como una señal de que el país ha logrado consolidar ciertas bases que hoy le permiten ser observado con interés en una región donde el crecimiento se ha vuelto más lento, la productividad más débil y la incertidumbre más persistente. El señalamiento de avances en manufactura, exportaciones, infraestructura logística, energía, turismo e inversión extranjera coloca sobre la mesa un hecho significativo: la República Dominicana ha construido un perfil económico más robusto, diversificado y visible en el escenario regional. 

Esa percepción no surge por casualidad. Cuando el liderazgo empresarial habla de estabilidad, capacidad productiva, diversificación y confianza internacional, está identificando elementos que, en la práctica, son decisivos para atraer inversión, sostener empleo y ampliar oportunidades. En economías pequeñas y abiertas como la dominicana, la credibilidad es un activo tan importante como la infraestructura o el capital. Un país puede tener ubicación estratégica, acceso preferencial a mercados o una demografía favorable, pero si no ofrece previsibilidad, normas claras y capacidad de ejecución, esas ventajas se diluyen. Por eso, la confianza no debe entenderse como una abstracción retórica, sino como el resultado de años de acumulación institucional, de aprendizaje económico y de coordinación entre actores que comprenden que el desarrollo no se decreta: se construye.

El contexto internacional refuerza aún más la importancia de esa lectura. En su discurso, Marranzini vinculó el posicionamiento dominicano con las transformaciones que atraviesa la economía global, desde la reorganización de las cadenas de suministro hasta el auge de nuevas industrias y la creciente competencia por atraer capital productivo. También participaron en la actividad el presidente Luis Abinader e Ian Bremmer, fundador de Eurasia Group, en una señal de que el debate económico nacional ya no puede separarse del entorno geopolítico que redefine mercados, alianzas y prioridades productivas. La República Dominicana no compite solo con sus vecinos; compite con todos los destinos que hoy intentan mostrarse como plazas seguras, eficientes y estratégicas para producir, exportar e innovar. En ese tablero, la ventaja no se obtiene únicamente por costo, sino por confianza, agilidad y capacidad para anticipar el cambio. 

En ese sentido, resulta especialmente revelador que se destaque al país como una economía observada con interés por centros de análisis internacionales. El Harvard Growth Lab proyecta a la República Dominicana entre las economías con mayor potencial de crecimiento del PIB real y del ingreso per cápita en la próxima década, al punto de ubicarla como la única nación de América Latina y el Caribe dentro de los primeros lugares del ranking global de crecimiento per cápita para el período 2024-2034. Esa proyección, difundida por distintos medios y sustentada en el Atlas of Economic Complexity, no constituye una garantía automática de éxito, pero sí valida que el país dispone de capacidades productivas y de una base económica diversificada que pueden sostener un desempeño superior al promedio regional. 

Ahora bien, toda buena noticia económica debe ser leída con sentido de realidad. Si algo muestran las experiencias internacionales es que el crecimiento proyectado puede frustrarse cuando no se enfrenta a tiempo aquello que limita la productividad. Y justamente ahí reside uno de los puntos más valiosos del mensaje empresarial: no hubo complacencia. Junto al reconocimiento de avances, también se señalaron desafíos estructurales como la informalidad, el sistema eléctrico, el ordenamiento territorial y la necesidad de fortalecer la educación en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas. Es decir, se valoró lo alcanzado, pero sin perder de vista que la sostenibilidad del progreso dependerá de la capacidad de corregir debilidades históricas que todavía restringen la competitividad nacional y limitan la incorporación de más ciudadanos a la economía formal. 

Esa combinación entre reconocimiento y exigencia debería asumirse como una actitud saludable para el debate público. A veces, los países se estancan no porque les falte potencial, sino porque sustituyen la planificación por la improvisación o el consenso por la confrontación. El vicepresidente ejecutivo del CONEP, César Dargam, insistió en que el desarrollo dominicano ha sido posible porque distintas generaciones decidieron creer, invertir, arriesgar y apostar por un país aún en construcción, y subrayó que los grandes saltos al desarrollo no se logran desde la confrontación entre sectores, sino desde acuerdos nacionales, visión compartida e instituciones que funcionen. Esa idea merece ser resaltada: el progreso durable exige cooperación social, no uniformidad ideológica; exige reglas, continuidad y prioridades comunes, aunque existan diferencias legítimas en el debate. 

Hay, además, un aspecto que conviene subrayar con énfasis: el sector privado no es una realidad abstracta ni una consigna de élites. Cuando se afirma que su composición incluye pequeños negocios, jóvenes emprendedores, agricultores, industriales, comerciantes y profesionales independientes, y que en conjunto genera la mayor parte del PIB, de la inversión y del empleo, se está recordando que el tejido productivo es, en realidad, una expresión concreta de la sociedad trabajando. Marranzini afirmó que el sector privado representa el 85 % del PIB, el 90 % de las inversiones y el 86 % de los empleos del país. Más allá de la cifra puntual, el mensaje de fondo es claro: la defensa de un entorno propicio para producir, emprender e innovar no debe verse como un interés sectorial aislado, sino como una condición necesaria para multiplicar oportunidades en toda la estructura social. 

Desde esa perspectiva, el concepto de institucionalidad adquiere una dimensión mucho más concreta. No se trata solo de respetar leyes o mantener formas administrativas; se trata de crear condiciones estables para que la inversión llegue, el talento se forme, la innovación se expanda y la productividad mejore. Un país institucionalmente confiable es aquel en el que los proyectos avanzan con reglas claras, donde las políticas sobreviven a los ciclos, donde el capital humano encuentra caminos de ascenso y donde el Estado y el sector productivo pueden dialogar sin sospechas permanentes. Esa es, probablemente, una de las claves del momento dominicano: entender que la competitividad no nace solo en el mercado, sino también en la calidad de las instituciones que organizan la vida económica y en la seriedad con que se ejecutan las prioridades nacionales.

La República Dominicana parece estar ante una oportunidad histórica. Tiene sectores dinámicos, una ubicación estratégica, un empresariado que reconoce fortalezas pero también reclama reformas, y una sociedad que ha demostrado resiliencia y capacidad de trabajo. Sin embargo, ninguna oportunidad se convierte por sí sola en bienestar. Para que el crecimiento proyectado se transforme en progreso tangible, será indispensable traducir la confianza en empleos de calidad, la inversión en encadenamientos productivos, la modernización en inclusión y la estabilidad en movilidad social. Ahí radica el verdadero desafío nacional. No basta con ser vistos como una economía prometedora; hace falta consolidarse como una nación capaz de convertir esa promesa en prosperidad compartida, con visión de largo plazo, sentido institucional y la convicción de que el desarrollo, cuando se construye sobre acuerdos y productividad, deja de ser una aspiración para convertirse en destino.

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